Así que bueno, venga... ahí va a sentarse Bélgica nerviosita porque además no hay tanta gente pero el sitio sí es medio oscurito y no parece precisamente romántico, pero... sí es pequeño. No entiende NADA por cierto de lo que pasa con este hombre.
Escocia se sienta a su lado y deja la bolsita con la caja de caramelos en la mesa, mirando el sitio.
Es un bar... lleno de tarros de cerveza de tres asas colgados en una pared, varias mesitas, y una barra con cervezas diferentes. El chico pone la mano en la mesa, esperando que esté pegajosa. Lo está... un poquitín, pero no tiene medio centímetro de pegajosidad. Chasquea la lengua un poco desaprobatoriamente.
Bélgica le pone la mano encima a la suya. Él la mira.
—Ehh... —vacila un poquito. Escocia levanta las cejas y ella se sonroja pero no quita la mano de la suya, en realidad no tiene mucha idea de qué hacer, sólo es que quiere tocarte —. ¿Oscura o clara?
—Estaba pensando en pedir un par para tirar por encima de la mesa antes de elegir una para tomarme.
—¿Un par para... qué? ¿Tirar por encima de la mesa? —inclina la cabeza.
—Bueno, hay un hombre libre aquí, así que esto es ahora un pub escocés. Ningún pub escocés que se precie tiene una mesa cuya mierda no trate de comerte la mano cuando la pones encima.
—Oh... mira qué afán de conquista. Aquí no hay mierda que te coma la mano... ¿vale una belga que lo haga?
—Eh... —se la da, nervioso, imaginando quien sabe qué.
Bélgica se pone nerviosa... hablaba de... detenerle la mano y así, no especialmente comérsela. Piensa en darle un beso y se sonroja un montón porque... es que eso es lo que haría Fraaaaaancia. Con SU mano. Tiene manos nudosas y delgadas, aunque parecen ser fuertes. TOOOOOOORPEMENTE levanta la mano del escocés hasta su mejilla.
Creo que él se ha embobado otra vez, así en resumen.
Bélgica está a punto de entrar en combustión, no sé qué espera... que le haga un cariño, que le bese o que le dé un manotazo sin querer como al hombre del tren. Pues no, él le acaricia la mejilla porque la piel de las chicas siempre es suave y está calentita en comparación a las puntas de sus dedos fríos, con la boca entreabierta y el corazón acelerado.
La belga cierra los ojos inclinando un poco la cabeza hacia su mano. Y seguro, seguuuuuuuuro viene un mesero a interrumpirles.
Baja un poco la mano y le acaricia los labios con el pulgar con extrema delicadeza. Esos estúpidos labios que desea y se pregunta si la piel del resto de su cuerpo será igual de suave y caliente... cuando llega el camarero a ver que van a pedir y se mete un susto apartando la mano y casi metiéndose bajo la mesa.
Bélgica entreabre los labios y se pregunta por qué demonios es que no puede hacer eso mismo que hace con sus dedos, pero con la boca. Pega un gran salto más con el escocés asustado que con el mesero.
—Bonjour! —sí, tiene que ser francés.
—Dios mío de mi vida que no existes —protesta Escocia y se ríe de la adrenalina.
—¿Qué quieren tomar hoy? ¿Vienen de luna de miel?
—What the hell? —evidentemente se sonroja con eso.
—Es broma, es broma... Sólo un poco de promoción a nuestra cerveza de la casa Luna de miel —sonríe.
—En realidad, no es luna de miel, es el décimo aniversario y estamos un poco hartos, así que la señorita va a cambiarse de butaca, se va a sentar sobre mí y me la voy a tirar aquí discretamente frente a todo el mundo porque eso nos pone mucho a los dos. Sabiendo eso, ¿puede traernos un par de esas o de las que sea y no volver a aparecer por aquí hasta que no le hagamos señales de humo o algo parecido? —sonrisa falsa con todos los dientes.
Bélgica va abriendo los ojos poco a poco a POCO hasta parecer búho sonrojado.
—J-Je... He... Ehm... Carolus. D-Dos. Bien —el hombre le mira a él y luego a Bélgica y levanta las cejas... Asiente y se da la vuelta dando un silbido.
Escocia le fulmina mientras se va y luego mira a Bélgica de reojo... sí, el sonrojo es realmente contagioso.
—L-Lo que... Le has dicho...
—Ah... ehm... well —se encoge de hombros—. Yo sólo... era una broma. I'm sorry, no sé si aquí te conocen o algo —se agobia ahora porque no lo ha pensado.
—Pues... Sí, bueno... No él, es nuevo pero... —balbucea.
—I'm sorry —aprieta los ojos—. Me ha cabreado, puedo ir y retractarme —se levanta.
—Nooo! No! —le detiene del brazo. Escocia se vuelve a sentar—. Es... No sé ni siquiera como se te ocurren esas cosas.
—Well... yo... sólo las digo, sin pensar —aparta la mirada.
—Tienes buena imaginación... —sonríe un poco aún sonrojada, sin soltarle del todo el brazo.
—No que no estuviera pensando en ello... I mean, no que quisiera... o que no quisiera o que... YES! THAT IS! IMAGINATION!
Ella se ríe un poquito sin poder evitarlo.
—¿Así que quisieras... aquí en público?
—What? —se sonroja más, sinceramente es probable que si no fuera porque tú le has pedido que te respete, se te habría tirado hasta sentado sobre la reina si era necesario.
Traga saliva y sonríe más sonrojada aún al saber en lo que ÉL está pensando... Y pensar en lo mismo.
—No creo que en público pero...
—I mean... no soy un pervertido o algo, sólo se lo dije para que no dé por culo, yo...
—Cálmate, no estoy diciendo que lo seas —se ríe y el escocés se relaja un poco y hasta sonríe ligeramente otra vez—. Entonces, ¿en qué estábamos? —pregunta así como quien no quiere la cosa, sonriendo un poco de lado y soltándole del brazo.
—Pues... —piensa en qué estaban... la mano en su mejilla, sus labios... se sonroja y aprieta los ojos, un poco más atrás... la mano en la mesa, la mierda de la mesa, cielos un terrible chiste que además ya no tiene gracia, más atrás, la discusión del regalo, las esculturas de hielo... aun quería pedirle eso pero... traga saliva.
Sonríe un poco más porque sabe en qué estaban. Sí que lo sabe. La pregunta es qué va a elegir él entre los temas previos.
—¿Ajá?
—Al final no sé ni qué cerveza he pedido.
—Carolus. Es la del tarro de las tres orejas. La más famosa, por eso la ha elegido —explica señalándole la pared.
—¿Y está buena? —pregunta mirando donde le señala.
—Claro que lo está. ¡Yo hago la mejor cerveza del mundo! —asegura levantando la nariz.
—Sorry? ¡Tus mesas ni siquiera tienen cerveza por encima! Será la mejor cerveza continental, pero dudo que sea para nada mejor que la mía.
—Tú haces cerveza en el sótano de tu casa... —le sonríe—. No está mal para entretenerte y eso... para tu consumo personal o para regalar a las chicas, pero...
—Nah, en el sótano de mi casa hago Whiskey, la cerveza la compro hecha —sonríe también. Ella se ríe.
—Hoy aprenderás cual comprar.
—Me gusta mucho... ¿cuál es la que más odias? ¿La alemana? —tan cínico como eso, Sí. Bélgica se ríe haciendo los ojos en blanco.
—La española me parece horrenda, pobrecito mío, lo que él sabe hacer es vino...
—Ah, eso, la Damm, ¿verdad? Es mi favorita —se nota, no sabes ni cuál es la marca.
—Aunque no creo que te atrevas a decir que te gusta... o sabré que de verdad no tienes ni... —se calla. Escocia se ríe—. Cielos.
—Nah, nah, suelo pedir Heineken —sonríe, una holandesa, es su hermano, le parecerá... mejor.
—Lo que eres capaz de decir con tal de llevarme la contraria... — sonríe—. La verdad... esa cerveza tampoco me gusta aunque la marca comercial es buena y me roba mucho mercado. Me alegra saber que a partir de hoy tu gusto mejorará en relación a las cervezas.
—De hecho, suelo pedir cosas más fuertes, pero bien —asiente.
—Seguro... cerveza de desayuno. Debes beber Guiness y más Guiness —se ríe y es que en esta historia Irlanda del Norte y Portugal son amigos y viven en un universo paralelo.
—¡Eh, cuenta como cereales! —se defiende levantando las manos y sonriendo.
—A mí no me digas, que yo también desayuno cerveza a veces —se encoje de hombros. Chico... no hay muchas chicas como esta, no la dejes ir. El pelirrojo levanta las cejas y la mira fijamente—. No tiene nada de malo —se defiende sin saber si él bromeaba antes.
—Cásate conmigo —suelta sin pensar... y cuando nota lo que ha dicho se sonroja de muerte. Bélgica levanta las cejas y se sonroja... y sonríe pensando en broma, claro.
—Cosas que nunca pensé que pasarían por confesar que desayuno cerveza...
Se ríe aun medio nerviosito, de hecho, claro que es broma. Bélgica le mira fijamente unos segundos escrutándole un poco, sin dejar de sonreír un poquito.
—Al menos sale del estereotipo —se encoge de hombros.
—Y me da puntos —cruza la pierna por debajo de la mesa mientras el chico de hace un rato les trae la cerveza en un tarro de tres orejas, mirándoles un poco curioso aun, medio divertido medio asustadillo con Escocia.
—¿Puntos? —él mira la cerveza y fulmina al hombre otra vez.
— A... — vacila un poco y carraspea mirando al chico también que decide no decir nada y desaparecer a la velocidad que Austria desaparece de Rusia. Escocia se vuelve a ella y le sonríe—. Vaya... al menos funciona —Admite levantando las cejas.
—¿Eh?
—Decirle eso al chico... ha puesto pies en polvorosa.
—Ah, sí, es la forma de ganar todas las batallas de una sola vez.
—Buena táctica in extremis —Toma su tarro. Él toma el suyo y lo levanta hacia ella—. Por... la cerveza en el desayuno.
—Por muchos años siga siendo una buena idea.
—Claro que siempre será buena idea —asegura dando un trago a su cerveza.
—Quizás dentro de un tiempo digan que es mala y da cáncer, como el tabaco —también le da un trago.
—Ese día... quizás me muera ahogada en cerveza.
—Qué dramática —se ríe relamiéndose un poco.
—Es literal —sonríe—. Si nadie comprara cerveza... Produzco tanta que me ahogaría en ella en un par de horas.
—También dijeron del tabaco, ahora no se puede fumar en ningún sitio y aun así quedamos idiotas que lo compramos.
—¡Y no entiendo por qué! ¿Has pensado en dejarlo?
—Yes, lo dejo todos los días varias veces.
La belga sonríe de lado y niega con la cabeza.
—¿Te ha gustado lo que has visto de Brugges hasta ahora?
—Yes, es un pueblecito muy limpio y encantador. Creo que tanto encanto me pone nervioso...
—La cosa es quejarse.
—No, no, en lo absoluto, es que no me imagino a nadie cometiendo un delito... salvo yo.
—Oh! Vaya... ¿Qué tipo de delito?
—No lo sé, cualquiera, me hace pensar que si pasa cualquier cosa, van a venir por mí —sonríe.
—Oh... En realidad no están tan preocupados ni histéricos. Es un pueblo tranquilo y la gente se suele portar bien. Mientas no hagas algo excesivamente... Llamativo.
—¿Ves? A eso me refiero. Nadie espera que alguien haga nada, así la gente es taimada y nadie es sospechoso, pero la gente como yo tenemos problemas para demostrar inocencia.
—Con tu cara de malo y tu sonrisa cínica y tus declaraciones de tener sexo a medio bar... —da otro trago a la cerveza, sonriendo—, vamos a decir que no me extraña que tengas problemas para demostrarlo.
—Lo bueno es que todo el mundo espera que haga esa clase de cosas malas, pero si las hago buenas es una sorpresa agradable... aunque nadie se crea que sea yo.
—He de decir que yo te he visto hacer tantas cosas malas como buenas... en un sentido un poco retorcido de "cosas buenas".
—¿Cuáles cosas buenas? ¡Yo no las hago! ¡Seguro es una confusión o un accidente!
—Cosas, cosas buenas con toooodo y todo. Al menos algunas, mira... Me has detenido de la cintura para que no me cayera en el tren, me has traído un regalo, te has bañado, vestido y peinado para venir aquí, has dicho "thank you" por los dulces... —aprieta los ojos porque la lista es bastante desastrosa.
Levanta las cejas con esas consideraciones y se sonroja un poco porque ha notado el corte de pelo.
—Todo un héroe —tan sarcástico. Bélgica hace los ojos en blanco.
—Sinceramente no, pero bueno... que no se diga que nosotros no vemos lo bueno en las personas.
—Bueno, al menos no soy una chica peor.
—Al menos no eres una chica, eso sin duda... ¿Pero cómo que una chica peor?
—Ya te lo dije, de las que parecen buenas pero luego rompen ceniceros y se cuelan en casas ajenas.
La belga se sonroja riendo.
—Y que desayuna cerveza, te falta decirlo—. Aunque eso sí lo haces... así que eres un tercio de chica peor.
—La clave está en parecer bueno, en realidad, también me meto en casas ajenas.
—Para parecer bueno te falta muchísimo entrenamiento, querido.
—Quizás podrías enseñarme.
—Lo primero es poner de verdad cara de bondad... y sonreír de buena manera, y sentarte bien y... en realidad creo que deberías imitar un poco a France, sin ofender.
—Imitar a France... ¿France te parece un buen chico?
—Mmm... France parece ser un buen chico, no digo que lo sea. Pero cuando quiere... cuando es necesario, hace todas las cosas esas que son necesarias para parecer un perfecto gentleman.
—Uf... soy un actor terrible.
—Estamos en problemas entonces —niega con la cabeza sonriendo—. La verdad... creo que no necesitas parecer un buen chico.
—¿Ah, no?
—No, a mi me g... —se detiene a sí misma sonrojándose y desviando la mirada—, m-me... parece que así está bien.
—Es más auténtico.
—¿Quieres algo más... o vamos afuera a seguirte aterrorizando con mis encantos?
—La verdad... —mira las jarras vacías y mira a los camareros—. No, pero después de lo que le he dicho y de no haber conseguido... —se humedece los labios y se sonroja sin acabar la frase. Bélgica levanta una ceja y le mira de reojo sonrojándose también.
—... absolutamente nada —completa ella la frase.
—Da un poco de vergüenza —carraspea él. La chica se humedece un poquito los labios.
—Es lo malo de EXAGERAR, aunque aún podríamos al menos...
—Supongo que eso salvará tu reputación.
—Mmmmmm —nada segura—. No estoy segura de que quisiera salvar TANTO mi reputación, es decir… —se sonroja. El escocés levanta las cejas mirándola—. Es decir, obvio no lo que habías dicho, pero...
—Pero...
—Pero como siempre nos vamos al lado exactamente opuesto —se encoge de hombros—. Saca tu tarjeta de crédito.
La mira aun unos instantes y se levanta, frunciendo el ceño, yendo a pagar.
Bélgica aprieta los ojos y suspira preguntándose uuuuuuna vez más por qué es que esto no termina por funcionar del todo bien. Quizás debería de dejar de reclamarle ella a él que las cosas no van por donde ella quiere. Le mira en la barra de espaldas a ella y piensa que ha dicho que es un poco vergonzoso por no haber conseguido nada... toma aire, su bolsa, la bolsita con los caramelos y se levanta acercándose a él en un impulso.
Cuando llega a su espalda vacila unos segundos apretando los puños antes de ponerle las mano en la cintura, abrazándole un poco, poniéndose de pie a su lado.
Escocia se acerca a la barra de mal humor, ¿qué coño con ella? ¿Qué tenía que decirle? Bueno, ya estaba bien de marear la perdiz, le diría de una buena vez para saber que esperar o que no, porque estaba empezando a desesperarse en el bloody mar de la maldita incertidumbre... ¡hasta se había levantado a pagar sin pensar siquiera en ello!
Sí, nada más salieran le diría que... se pierde en la línea de pensamientos al notar las manos en su cintura y tiene un impulso de girarse y darle un codazo al ladrón. Y romperle la nariz... de hecho, creo que lo hace. O sea, se detiene cuando la ve, no lo suficientemente pronto pero consigue no rompérsela del todo.
Vamos a decir que el instinto de Bélgica, y los años de vivir entre hombres... consiguen que mueva un poco la cara y que lo que le no rompa del todo no sea la nariz, que es más antiestético... sino justo debajo de la ceja. Sí. Va traer el ojo morado mañana seguramente... si no es que al rato.
—¡Auuuu...! —protesta con las manos en la cara y la cabeza mirando al suelo, habiendo visto luces con el golpe, de verdad sin entender un PIMIENTO de qué demonios es lo que ha pasado.
Escocia levanta las cejas y se pone PÁLIDO al notar lo que ha hecho entrando en pánico automáticamente.
—I'm sorry! I'm sorry! ¿E-Estás bien?
Bélgica sisea algo en flamenco apretándose el lado golpeado de la cara tratando de no caerse en primer lugar, tratando de ver si tiene sangre... de hecho tratando de ver si tiene cara aún.
—¡Oh... cielos! —exclama el hombre de la barra mirando la escena y llevándose las manos a la boca notando la reacción de la chica con el desafortunado accidente. Antes de pensarlo mucho más se gira buscando una bolsa de plástico.
—Cielos, cielos, déjame ver —pide Escocia agobiadísimo tomándola de la cara, cuando le devuelven su tarjeta, se la guarda en un revuelo—. ¡Me has asustado! Lo siento, no me esperaba... ¿dónde está el Hospital?
—Peroesquecomoesque... —sigue con las manos en la cara quitándoselas un poco de los ojos tratando de enfocar y notando que... ¡yay! Al menos aún tiene DOS ojos y ve por ellos, aunque de uno un poquito borroso.
—¡Oh! ¡Por dios! Vamos, vamos a que te vea un médico —pide examinándole un poco la mejilla y luego tirando de ella, tomándola de una muñeca.
—Pero es que espera que... —se deja tirar, a decir verdad echándosele un poco encima, ahora sí con ninguna intención doble o pensando especialmente en abrazarle —. No sé ni donde...
—Tranquila, tranquila —la toma de los hombros abrazándola contra sí sin pensar y detiene a alguien de la calle espachurrándole contra una pared con el brazo en el cuello del pobre transeúnte—. ¡El bloody ambulatorio! ¡YA! —le grita.
—A-A-Ambulatorio... el... hay... hacia allá —señala hacia donde es, un poco/mucho/casimeado individuo.
—Thank you —le suelta y se vuelve a ella guiándola hacia donde le ha dicho —. ¿Te duele mucho? No te marees.
Bélgica se pregunta por ahora si está tan mal acaso, aunque si siente que la cabeza se le ha partido un poquito en dos y sólo le faltan los pajaritos dando vueltas alrededor de ella, clásicos de cómic. Le abraza de la cintura aun cargando los dulces y su bolsa.
—No, no... Estoy bien, no sé si necesito ir al doctor —chica, seguuuuuro necesitas que alguien te ponga un poco de hielo y te de un antiinflamatorio de menos, por dios —. ¿Me, me has dado en el ojo? ¿No tengo sangre verdad?
—Sí tienes sangre y espero que no tengan que darte puntos... lo tienes todo hinchado. Lo siento mucho, mucho —la ayuda a andar tremendamente agobiado—. ¿No ves bien? Quizás es por la hinchazón, te he dado muy cerca, se te pasará, pronto, créeme, he tenido de estos miles de veces.
—¿S-Sí tengo sangre? ¡Oh por dios! —Se agobia más, porque en general a uno le duele más la cosa cuando se da cuenta de lo trágico que es —. E hinchado... dioses, no quiero puntos... Pero es que... es que... —le abraza con más fuerza.
—Quizás no es necesario, I'm really really sorry —mira alrededor notando el ambulatorio y dirigiéndola hacia ahí. Las cosas que les pasan a los brits...
—Pero yo no hice nada... de verdad —murmura notando también la clínica a la que nunca he entrado—. No te vayas a ir...
—Ya lo sé, ya lo sé, me asustaste, nadie se me acerca por la espalda, creía que eras un ladrón o algo así —se mete dentro.
—Pero te he dicho que este es un lugar PACÍFICO —protesta un poquito cuando la enfermera de recepción les ve entrar... y como Brujas es una ciudad pequeñita, lo que suelen tener habitualmente es un turista que se torció el tobillo, o alguien con indigestión. Les hacen pasar de inmediato a un consultorio.
—Ha sido un golpe, no ha sido muy fuerte pero creo que puede necesitar puntos, no estaba mareada pero parece que no ve bien del ojo —explica Escocia nervioso a la enfermera y a la doctora mientras se la llevan, con conocimiento de causa. Ya vemos que es un experto. Bélgica le deja su bolsa y sus caramelos.
—Thank you —agradece la doctora al escocés deteniéndole del pecho para dejarle fuera, cerrando la puerta y guiando a la chica a que se siente a la camilla.
—Bella Van Der Hoeven —responde con el nombre humano que suele usar cuando no quiere dar explicaciones... como ahora—, él... ha sido un accidente yo sólo quería tomarle de la cintura.
—Levante la cabeza, por favor... ¿Él le ha hecho esto? ¿Ese chico que la ha traído? —pide examinándola con cuidado bajo la luz.
—Y-Yes, yes. Alba —asegura echando la cabeza hacia atrás, y quiero decir que no está realmente segura de si está o no aun aquí—. Ha sido con el codo... en un segundo sólo dejé de ver, dice que quizás necesite puntadas...
—¿Es su novio? ¿Han peleado por algo?
Bélgica se sonroja un poco, aun con todo.
—Hemos peleado todo el día —suelta sin pensar en lo absoluto en que esto se pueda interpretar mal.
—Oh, entiendo... llamaré a la policía para que ponga una denuncia y le retengan, es un feo asunto la violencia de género.
—No, no no... Espere —la toma del brazo. La doctora la mira—. Es... un malentendido, no es que se requiera una denuncia...
—Shhhh... No se preocupe, está a salvo ahora... aún está conmocionada por el golpe, no se preocupe, ya no va a pasarle nada —empieza a curarla con un poco de yodo y llama a la enfermera.
—No, es que... espere, no es necesario que llamen a nadie, yo hablo con él —insiste.
—Calma, no tiene el hueso roto, pero va a pasar unos días con la cara hinchada y dolorida, le voy a dar unos antiinflamatorios y empezará a sentirse mejor y a volver a ver con normalidad.
—¿Y no necesito puntadas? —pregunta parpadeando y mirándole un poco desenfocada pero no TANTO.
—No, no, tiene un hematoma más grande que un corte.
Bélgica se alivia con ello, sinceramente.
—Lo siento CALIENTE.
—Le traeré un poco de hielo —la suelta.
—Gracias doctora... ¿Podrían prestarme un espejo o algo donde pueda verme? —pide mordiéndose el labio.
—Hay un pequeño aseo tras esa puerta —la señala y cuando sale a por el hielo, es cuando pide que vayan a por Escocia porque es un caso de violencia de género.
¿Y en un lío más gordo no cabías, no, muchacho? ¡Gracias Josita!
