Escocia nota como le cierran la puerta en las narices y se pasa la mano por el pelo. Da una vuelta por la sala NERVIOSO pensando que lo ha echado todo a perder y que esto es oficialmente un DESASTRE absoluto. Seguro no le vuelve a hablar nunca, seguro no quiere ni verlo...

¡Le ha reventado la cara, por dios! ¡Y es una chica! ¡¿Cómo puede haber sido tan idiota?! Le da una patada a una fila de bancos de la sala de espera que genera que la viejecita que trapea el suelo le mire con una ceja levantada. Ni siquiera la nota y decide salir fuera a fumar, HISTÉRICO.

Quiero recordarle a Escocia que tiene bolsa de Bélgica. La lleva en la mano sin ni siquiera notar que la lleva. De hecho, no está notando a casi nadie, ni nada.

Su puro tranquilizador le saluda en su mano mientras algunas personas pasan por afuera sin notar su histeria. Sigue dando vueltas en los jardines, cuando llega sólo un policía en una pequeña patrulla de manera bastante sigilosa, porque insisto con la pequeñez del pueblo. Pasa bastante cerca de él antes de estacionarse frente a la clínica.

De ella baja un jovencito, que no parece tener más de veinte años en realidad, alisándose el pelo rubio casi blanco antes de ponerse la gorra y es que iba a llegar en bicicleta, pero como se iba a llevar al detenido, ¡si no!

El pelirrojo ni siquiera lo nota, aun lamentándose, se sienta, se levanta, se vuelve a sentar, se vuelve a levantar dando vueltas. El pequeño policía no tarda mucho en averiguar lo que pasa, saliendo otra vez por la puerta de acuerdo a las instrucciones de la viejecita trapeadora.

Cuando Escocia se está dando golpes en la cabeza repitiéndose "IDIOTA IDIOTA IDIOTA", el chico, que no debe tener demasiadas asignaciones como esta en realidad, se ajusta la gorra y mira para un lado de la calle.. Y joder, es que no es como que haya muchos individuos con pelo ROJO que se ajusten a su descripción circulando por el mundo... más aún con lo POCO agresivo que parece en estos momentos.

—Hallo, heer —Le saluda acercándose a él.

Por si necesitaba motivación, Escocia le da un puñetazo a una farola en ese momento. El policía se preocupa un poco y como él ha visto bastantes series policiacas norteamericanas, decide que quizás sea buena idea pedir refuerzos.

—Heer? Hallo. Soy el oficial Bemelmans —se toca la gorra hablando un poco más fuerte pero con una voz tremendamente... aguda.

El británico que hasta ahora no le había ni visto, levanta las cejas con la palabra "oficial" que hace el truco. Le mira fijamente.

—Podría venir conmigo un segundo, alstublieft —alguien debió enseñarles a todo ese grupo de germanos/individuos del norte a hacer palabras que no requieran escupir para pedir por favor.

—Bollocks... —pone los ojos en blanco imaginando por donde va el asunto—. Ha sido un bloody accidente —protesta señalando a dentro—. ¿Cree que si hubiera querido hacerle daño la hubiera traído al bloody hospital o me habría quedado aquí fuera como un imbécil?

—No lo sé, pero justamente por eso es bueno que escuchemos a la señorita que rinda su declaración y ambos nos expliquen lo que ha pasado —se le acerca un poco—. Alstublieft.

—¿Y qué planea? ¿Detenerme? ¿Usted y cuantos más? —humo a la cara, empezando a estar irritado.

—Mire... la señorita va a presentar cargos con o sin usted si acaso es culpable; pero nada de eso es necesario porque todo fue un accidente. Alstublieft... venga conmigo —pide tratando de no toser con el humo en la cara.

Los ojos verdes se entrecierran un poco mirándole fijamente. Putos idiotas. Y mandaban sólo a un tío. A un enclenque medio mierda, seguramente podía romperle la boca y partirle las piernas en sólo un par de movimientos estudiados que estaba muy habituado a hacer, y aun podría apagarle la colilla del puro en un ojo y salir de ahí caminando tranquilamente... pero estaba ella.

Si hacía eso tendría que subirse al primer tren de regreso a Gran Bretaña y dejarla colgada... aprieta los ojos, le da una última calada larga al puro y le tiende las muñecas.

Seguramente ella le denunciaría, ya lo había hecho, pero bueno, podría resolverlo diplomáticamente y mandarla a la mierda con todas las de la ley si lo hacía... y si no... Bueno, ¿podía considerarse esto una especie de acto principesco? Pura mierda pero... al final es que realmente quisiera que eso funcionara con ella.

El oficial se tranquiliza un poco al ver que el tipo parece cooperar y asiente vacilando un segundo. Habitualmente no tendría por qué esposarle si no habían levantado aun cargos ni nada... pero a la vez el tipo se veía grande y fuerte y un poco intimidante.

—Vamos sin grilletes… ¿Le parece? —pregunta haciéndole un gesto y tomándole del brazo.

Escocia facepalm. Los belgas son buenos tipos, pero se deja llevar, claro.

—¿Quiere contarme qué ha pasado? —pregunta mientras camina a la puerta.

—Lo que ha pasado...

—Sí, querría saber su versión del... incidente.

—Verá, yo estaba borracho y puesto de cocaína, ¿sabe? Y hemos tenido una discusión muy fuerte porque ella... ya se ha negado otras veces a prostituirse, pero el caso es que me jodía con que no quería que su hija lo hiciera, porque es una menor, así que le he dado una hostia bien merecida cuando ha amenazado con destapar lo del cadáver por nuestro negocio de juego ilegal.

El policía se queda CONGELADO con la puerta de la clínica abierta en una mano y el brazo del escocés en la otra. Escocia le da otra calada a su puro, tranquilamente.

—Podría detenerlo con semejante historia, ¿sabe? —el chico le mira con el ceño fruncido arrepintiéndose de no haberle puesto las esposas.

—¿De veras? —finge sorprenderse.

—Tire su puro —más fruncido el ceño.

—No lo he terminado.

—Heer.

Ooootra calada larga. Bien... el brazo que estaba sólo agarrado de su mano... ahora tiene un grillete. Es lo que tiene el poner nervioso a un policía jovencito.

—Yo que usted no haría eso.

—Heer... está terminando con mi paciencia. Entre —Igual le da oootra calada —A la siguiente voy a tener que forzarle los grilletes. Va a entrar AHORA a la clínica, no vine aquí para verle fumar —responde muuuuy serio. Escocia tira la colilla y vuelve a echarle el humo a la cara —. Deme el otro brazo —frunce el ceño moviendo el grillete que ya tiene en uno hacia atrás con intención de esposarle por la espalda.

Escocia coopera con eso y el poli le empuja un poco a través de la puerta... crispado.

—Sólo una idea, para que piense en ello: Inmunidad diplomática no combina bien con brutalidad policial.

—La brutalidad de género no combina bien con nada, Heer —le sienta en una de las sillas y le pide a la enfermera información sobre la curación de la chica.

El británico le mira y sonríe cínicamente, de lado. La enfermera le explica lo que ella les ha dicho y lo que le están haciendo. El escocés escucha con atención la explicación.

—Bien, no hay retiro de cargos, entonces —decide el chico asintiendo y girándose al escocés y tomando la bolsa que le ha quitado de las manos antes de ponerle las esposas—. Nos vamos a la comisaría.

El británico pone los ojos en blanco.

—Levántese —le toma del brazo haciendo que se levante. Y Escocia lo hace, hombre, lo hace—. Verás cómo no te le vuelves a acercar a la chica. No le gustan los golpeadores —murmura saliendo con él por delante.

Suspira pensando que seguramente no, ya que más da, esto ya no es exactamente por salvar una cita y una situación insalvable. La bolsa de Bélgica se queda ahí sentadita tan mona en los asientos del hospital. No, Escocia la toma aun con las manos a la espalda, para llevársela o lo intenta.

Ah, pues el policía no enterado de lo nerviosito que está.

Bélgica, bienvenida al mundo de los británicos, le manda a decir Francia. En el que siempre acabas metida en un LÍO sin saber ni cómo.

—¿Sabe? Conozco celdas de comisarías de casi todo el mundo. Todos los policías in Great Britain me conocen personalmente.

—Veo que eso le genera mucho orgullo —niega con la cabeza desaprobatoriamente—. Voy a leerle sus derechos, entre ellos, que todo lo que diga será usado en su contra. Espero que esta sea la ÚLTIMA mujer a la que golpee.

—Ojalá amigo, ojalá, no se crea que me gusta golpearlas, a uno también se le cansa el brazo, ¿sabe? —sonríe cínicamente. El chico le FULMINA por el retrovisor.

—Que cínica es la ESCORIA como tú.

—Creo que nunca he estado en una celda belga... no había subido a un coche patrulla vuestro tampoco. Tenéis un país muy pequeñito, es difícil cometer delitos con tan poco espacio —más fulminación por el retrovisor—. Sin embargo, sabes que estás frente a un maestro del crimen cuando el tipo lo consigue aun así. ¿No cree?

—¿Golpear a una mujer indefensa te parece algo digno de hacer un mal chiste? ¡Eres un psicópata!

—¡Indefensa! Hace mucho que no... ¿Verdad, amigo? —sonríe de lado y señala con la cabeza hacia abajo—. Creo que se te ha olvidado que una mujer NUNCA está indefensa.

—¡¿Disculpa?! —levanta las cejas.

—Además siempre tienen un motivo para pegarlas, que tú no lo sepas todavía no significa que no exista.

—¡¿Un motivo para pegarles?! Ya, claro... Un maldito motivo para pegarles. ¡MALDITO MISÓGINO!

—Pues eso es lo que siempre se ha sabido, hay que pegarles para que sepan quién manda y no te pierdan el respeto —total, ya de esta iba a tener que intervenir la diplomacia internacional, ¿qué importaba? Podía divertirse un rato—. Y más con unas copas de más es tremendamente relajante.

La patrulla se detiene afuera de la comisaría.

—Uno creería que tipos tan despreciables como tú sólo existen en la escuela de policía... ¡Es una lástima encontrarme con uno! —¡Uy, indignado el muchacho!

Sería divertido ver como después de que la belga le destrozara la casa a su hermanito, tendría que ir arrastrándose a pedirle perdón y ofreciendo acuerdos en pro de que el escándalo no saliera a la luz. Este cabrón.

—¿Despreciable? ¿Qué pasa? ¿Que tú no les pegas? ¿Es que no tienes huevos o qué? Seguro por eso estás más sólo que la una y las tías no te tocan ni con un palo.

Abre la puerta de atrás y le mira con el ceño fruncido. Le señala su cinturón donde tiene una pistola de esas que dan una descarga eléctrica.

—Dame un motivo para usar esto. UNO. Me encantará verte en el suelo babeando y retorciéndote de dolor.

—Ah, un táser MDieciocho, ¿a cuánto lo tienes? ¿A dos con uno? Puedo aguantar hasta cinco con cinco y sólo tendrás dos minutos antes de que me recupere. Sinceramente me parece más funcional y ergonómico el XVeintiseis, pero es tu trabajo —el chico parpadea —. What? Te he dicho que conozco a un montón de policías —sale del coche y sonríe de lado.

—Cierra la boca —frunce más el ceño y le empuja para que camine preguntándose si no se habrá metido con un gánster o algo así. Pobre chica la golpeada. Niega con la cabeza entrando a la comisaría.

El escocés anda tranquilamente en eso, sí, cooperando. El otro hombre que hay en una de las mesas de escritorio de melanina gris, es mayor y está leyendo el periódico. Levanta las cejas al verles entrar.

—Traigo un caso de abuso de género —murmura el chico frunciendo el ceño y acercándose a la mesa.

—He hablado con Elisabeth —asiente refiriéndose a la doctora, que seguramente es su hija—. ¿Es este muchacho? ¿Le has tomado declaración?

—No, hablé con Martina —la enfermera —. Sí, es este animal —le quita el grillete de un lado—. Pon tus cosas aquí —Lo hace y saca otro caramelo, metiéndoselo a la boca—. ¿Esta es tu cartera? ¿Cuál es tu nombre? —pregunta el chico frunciendo el ceño y tomando su cartera.

—No, esa es la de ella, yo no llevo documentación.

—¿Cómo no vas a traer documentación? ¿Dónde vives?

—En el norte —se sienta en una silla.

—¿En el norte de dónde?

—De Great Britain.

—¿Y cómo entrasteis país?

—Ilegalmente —le tiende su cartera.

El chico mira al más viejo y se la arranca de las manos. El hombre mayor levanta las cejas y Escocia mira al joven tranquilamente.

—Tío, la tienes difícil, te lo garantizo —asegura abriendo la cartera y revisando.

Escocia se encoge de hombros y debe encontrar su pasaporte diplomático de nación. El chico nota el pasaporte que tiene las letras DIPLOMÁTICO grandes y doradas escritas debajo del escudo y del "Great Britain". Y ahí empieza a palidecer.

—Yo te hablé sobre la inmunidad, amigo.

—Pero es que... Oh, cielos... —susurra enseñándole el pasaporte al otro hombre—. ¡Golpeaste a la chica!

—También te dije que fue un accidente —se encoge de hombros y el hombre mayor flipa, levantando las cejas.

—¿Y dónde demonios...? Pero es que como es que no me... ¡Pero SEÑOR! —grita el pobrecito poli. El británico inclina la cabeza y le mira fijamente con su sonrisita cínica, notando que ahora es un señor—. ¡No sabes las cosas que me dijo! —le grita al hombre mayor—. ¡Golpeador!

El hombre mayor mira al joven.

—Si el señor dice que fue un accidente, yo no veo que pueda ser otra cosa —responde y el británico pone los ojos en blanco.

—¡Me ha dicho que las golpeaba BORRACHO! ¡Y hay una chica ahí que lo denunció!

—¿Tienes la denuncia?

—¡No! —aprieta los ojos—. Pero...

—No podemos retenerle sin una base sólida.

—¡Pero no sabes lo que me ha dicho! ¡Es un misógino! —protesta emberrinchándose.

—No podemos meternos... —mira al escocés de reojo y hace un gesto al poli para que se acerque—. Escucha, esto es un asunto del gobierno, no... No van a escucharnos, ¿entiendes? —susurra—. No se puede hacer nada, tómale declaración si quieres, aunque nadie la va a leer y déjalo marchar.

—¡Pues sí que se la voy a tomar, es un IMBÉCIL! ¡Dijo cosas horrendas! —el chico traumatizado pensando en vender la historia a los periódicos o ALGO.

—En realidad, casi puede decirte lo que quiera... —sigue susurrando—. Diga lo que diga van a cubrirlo y a desmentirlo.

—Pero... Pero... ¡PERO! —protesta enfadado entre dientes—. Voy a... Voy a... ¡Argh!

—No es justo, yo lo sé —responde el policía mayor sabiendo de instinto que tiene el joven.

—¡Pues claro que no lo es! Anda... Voy a soltarlo —bufa con ganas de ir a darle una golpiza en el callejón de atrás—, y como me entere que le ha dado una golpiza a otra mujer...

—Ya tengo el brazo descansado, ¿me puedo marchar ya? —pregunta Escocia. El chico le FULMINA de nuevo, frunciendo el ceño y queriendo matarlo. El escocés sigue sonriendo.

—Mira, idiota... Como te atrevas a tocar a otra mujer —le señala con un dedo.

—Me aseguraré que sea tu madre y que lo disfrute.

El chico aprieta los puños a punto de echársele encima.

—LARGO.

Escocia se levanta, recuperando las cosas y se va tranquilamente... en cuanto pone un pie fuera de la comisaría vuelve a salir corriendo en busca del ambulatorio.

Bélgica para entonces ya se tomó su analgésico y está esperando a que le haga efecto. Ha preguntado ya varias veces por Escocia.

—Se lo han llevado a comisaría, sólo tiene que ir luego a presentar la denuncia.

—Oh... Dioses... ¡Fue un accidente, se los he dicho ya! Sí, está bien que quiera matarle, pero esto es RIDÍCULO.

—¡¿Quiere matarla?! —se nos escandaliza la doctora.

—¡No! ¡Yo a él por BURRO! ¡Sólo quería abrazarle!

—Seguramente me dirá que esto no es de mi incumbencia, pero usted es una mujer que vale más que un desgraciado como ese, con un poco de ayuda puede usted ser fuerte y encontrar a alguien que la quiera y la respete de verdad como persona.

Bélgica suspira.

—¡Él me quiere y respeta como persona! —se sonroja —, bueno no sé si me quiere...

—Puedo darle el número de teléfono de un buen psiquiatra aquí en Brugge, o en Bruxelles si lo prefiere.

—¡No quiero un psiquiatra! Quiero salir de aquí e ir a buscarlo... ¿Tiene usted mi bolso? —hace por levantarse.

—¿Su bolso? Espere, no se levante aun.

—Ya me siento mejor... ¿Cómo va la inflamación?

—Está redimiendo, pero preferiría que se quedara en observación un rato más.

Bélgica se cruza de brazos fastidiaaaaaaada. Y la enfermera viene a buscar a la doctora porque acaba de llegar un niño quejándose de mucho dolor de estómago. Sí, viene de una confitería, con su padre divorciado.

—¿No cree que es bastante con esto que tenga en la cabeza? Quizás ya pueda irme...

—No, ahora mandaré a una enfermera. No se mueva de aquí.

—De verdad que no es necesario... Consígame mi bolso.

Pero ella sale sin contestarle ni escucharla casi. Bélgica se incorpora un poco y se marea levemente, aunque no del todo. Aún le duele un poco la cabeza.

Unos instantes más tarde... el delincuente escocés se cuela en la sala de consultas al notar que la doctora se ha ido, cerrando la puerta a su espalda.

—¿Encontró mi bolso? —pregunta sentándose y sin mirar a la puerta.

—Are you OK? —pregunta acercándose a ella con la bolsa en las manos.

—Ohhh! —levanta las cejas y le duele el lado izquierdo... Hace un gesto de dolor. Él la mira desconsolado acercándose a ver.

—I'm sorry... I...

—¡Has vuelto! —sonríe sin poder evitarlo extendiendo una mano hacia él.

—Tenía tus cosas y quería saber si estabas bien, he visto a la doctora salir y me he colado, seguramente me echarán en cuanto noten que estoy aquí.

—No... No, no. Nadie te va echar. Todo esto es... ¿Cómo lo conseguiste? —pregunta realmente sin poder estar muy enfadada—. ¿Fuiste a la comisaría?

—Yes, me fugué del coche patrulla en marcha, con las manos esposadas a la espalda. Fue épico, lamento no haber visto las celdas de este país —sonríe un poco mirando de nuevo como lo tiene, ahora está todo amarillo del yodo.

—Te has... ¿En serio? —se ríe un poco poniéndole una mano en el pecho y vacilando un poco—. No me pegues.

—No te he pegado expresamente, lo siento, ha sido un accidente, de verdad —repite poniéndole las manos en la cara con suavidad, mirando el golpe y luego mirándola a los ojos desconsolado. Bélgica parpadea con el ojo que tiene abierto y funcional, sin quitarle la mano del pecho.

—Si esto es lo que va a pasar cada vez que te toque de la cintura, quizás voy a necesitar clases de boxeo —asegura con suavidad—. ¿Qué nadie te toca nunca?

Escocia se sonroja un poco apartando la vista y se humedece los labios.

—No... No por la espalda sin que me lo espere.

—Oh... ¡Pero somos pacíficos, te dije que aquí casi nunca pasaba nada! —le acaricia un poco el pecho.

—I'm sorry, estoy acostumbrado a que más bien intenten robarme.

La belga suspira.

—¿Cómo se me ve el ojo?

—Parece que... hayas salido de una pelea. Ya no das el aspecto de una chica buena.

—¿Con quién me peleé? Mmm... ¿Recuerdas este chico dulce, amable y pelirrojo con el que tuve una cita? Sí... Nos peleamos. ¡Y no has visto como le dejé a él! —se ríe.

El británico se ríe un poco dejando caer la cabeza y se sonroja con lo dulce y amable.

—Pegas fuerte... ¿Crees que debería empezar a tenerte miedo? —pregunta sonriendo un poco, subiendo la mano de su pecho hasta su hombro.

—No ha sido a propósito... —repite derrotado y le acaricia un poco el cuello con los dedos que aún tiene en sus mandíbulas.

—Lo sé... —asegura —, si te sirve de consuelo fue la doctora la que insistió en la denuncia por maltrato, yo ni siquiera vi donde te quedaste.

—Seguramente al final pareces una chica buena de la que han abusado —aprieta los ojos.

—Lo cual me resulta ofensivo. ¿Sabes que me han dicho que sea fuerte y me han ofrecido una consulta con el psiquiatra?... ¿Qué les hace pensar que si me golpearás seguiría contigo? —esas implicaciones...

—¿Qué... lo he hecho? —es que no se perdona a sí mismo, aunque nota lo de seguir.

—Hablo de real violencia... —hace un gesto con la mano tomando la bolsita de hielos y volviendo a ponérsela en la ceja—, no es como que pretendas golpearme otra vez.

—No! Of course not! —la mira muy serio.

—Porque sé que tu brother lo hace con France... Como no sea una cuestión familiar... —le sonríe un poquito, porque sabe bien que esto fue un accidente. Mueve la mano a su cuello y le acaricia un poco, quitándose los hielos de la cara.

—My brother is the biggest arsehole in the world... y yo... puedo compensarte por esto.

—Oh! ¿Cómo?

—Pues... no lo sé. ¿Quieres pegarme tú a mí?

—Claro que no, en realidad... Preferiría otra cosa.

—¿El qué? —se humedece los labios pensando que ojalá le pida un beso... aunque seguro ya no pasa... quizás le pedía no volver a verle nunca, esa era la clase de suerte que siempre tenía, aunque antes había dicho eso de seguir juntos. Ella se sonroja un poquito.

—Puede que suene un poco tonto...

Escocia traga saliva, ¿en qué estás pensando, idiota? ¿Cómo te va a pedir un beso después de lo que le has hecho? ¿Quién te crees que eres? Va a decirte que te marches ahora, seguro, seguro, eso es lo que siempre te pasa, crees que la gente es mala y alejas a la gente buena y por eso nunca tienes gente buena alrededor y crees que la gente es mala, es el puñetero círculo vicioso que conforma tu vida...

Bélgica se revuelve un poquito sintiéndose medio boba... Pero ya le había casi extirpado un ojo con el codo, era increíble que aún no se hubieran dado un beso de verdad... Así que bueno, ahora mismo ya le importaba un pepino si se "daba a respetar" o no... ¡Era un maldito beso! Y si se lo pedía, seguro no podría huir.

Y ella estaba vacilando tanto, seguro no encontraba la forma de decírselo, seguro, toda su diplomacia, era difícil, quizás hasta tenía miedo que reaccionara violentamente de nuevo, lo cual no sería para nada raro.

—I'm sorry, lo entiendo. Me... me marcharé —susurra.

—Dame un besito —pide a la vez con la fórmula ESTÚPIDA que solía ocupar España, le ha salido sin pensar.

—What? —se detiene, no muy seguro de lo que ha oído.

—I... ¿Irte? —pregunta de nuevo a la vez.

—Has dicho... —empieza a preguntar y entonces entra la enfermera por la puerta.

—¿Cómo está señorita Bella...? ¡Pero! ¡Usted! ¡No puede estar aquí!

—¡No! ¡Sólo he entrado un segundo! —se excusa Escocia separándose de ella y sonrojándose como si les hubiera atrapado a mitad de...

—Y está bien que esté aquí —asegura Bélgica crispadita.

—No podemos dejar entrar a acompañantes a los consultorios, espere fuera, por favor, caballero —pide ella de nuevo.

—Ahora salgo, ¿vale? —Bélgica suspira. Escocia la mira sin estar muy seguro aun de nada, pero asiente y sale de nuevo a la sala de espera.

—Ahora salgo, ¿vale? —Bélgica suspira. Escocia la mira sin estar muy seguro aun de nada, pero asiente y sale de nuevo a la sala de espera.

—Qué MAL momento para entrar —le protesta Bélgica a la enfermera, levantándose de la cama. La enfermera levanta las cejas y se acerca a ella—. Ya me voy.

—Lo siento, es la norma, a veces vienen grupos numerosos y es para evitar que se metan en las salitas demasiadas personas o personas non gratas para el paciente que este no se atreve a pedir que se marchen.

—Entiendo, entiendo —asegura—, pero ya bastante hicieron con mandarle a la comisaría por un accidente...

—No entiendo cómo es que le han dejado marcharse tan pronto, la verdad, me pregunto si no le estarán buscando.

—Espero que no. Pero si es que lo buscan, no deberían —garantiza negando con la cabeza —. ¿Puede llamar a la doctora?

—Todos estaríamos más seguros si algunas personas estuvieran encerradas. ¡Con ese pelo y esa ropa, se ve a lo lejos lo violento!

—No venga aquí con prejuicios por cómo se viste la gente. Es un buen muchacho —insiste aunque nota que no puede decir que no sea violento... La enfermera niega con la cabeza acercándose a ella y acabando de prepararle para que pueda marcharse.

—No sé cómo te ha pasado esto, hija mía, pareces una chica lista y buena... ¿cómo has ido a enamorarte de esa clase de macarra?

—No es ninguna clase de... —se detiene a si misma notando algo—. No es que esté enamorada.

—Pues la forma en la que lo defiendes y no escuchas los consejos... —suspira.

—Es que fue un accidente... —insiste pensando para sí... ¿De verdad estaría enamorada? No podía estar enamorada con verle DOS veces... Pero sí parecía colgada e idiotizada y sí le estaba defendiendo pese al golpe aunque, se repite a sí misma una vez más... — UN ACCIDENTE.

—Bien, bien... ya puedes marcharte entonces.

Bélgica sonríe con eso.

—Gracias por su preocupación...

La enfermera asiente y sonríe un poco de vuelta.

—Cuídese, por favor.

—Seguro, quédese tranquila.

Asiente de nuevo.

—Agradezca a la doctora de mi parte, por favor y... ¿Podría darme un poquito más de hielo antes de irme, por favor?

—Sí, descuide —va a buscarlo y le entrega una bolsa de gel de ese azul congelado.

La belga le sonríe yendo hacia la puerta. La enfermera se despide yendo al ordenador a escribir algo de burocracia que a nadie le importa.


Estoy segura que hay mejores metodos... pero en fin ¡GraciasJosita!