Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins y yo debería ir presa por profanar el cuerpo de Peeta!:D

Nos leemos abajooo...


Capitulo 2

Era pequeña cuando mi padre murió. Él era el sostén de la familia, el proveedor, era nuestro hombre… Era esposo devoto, padre presente. Era un ser sumamente querible y la felicidad de mi madre, mi hermana y mía se debía a la compañía de aquel hombre, que nos recordaba todos los días que éramos las mujeres a quien más amaba en la vida.

Lamentablemente papa murió en un accidente, un maldito accidente en el puto trabajo. Recordar aquel día me hace mucho mal. Es el día donde me perdí como persona y con tan solo 11 años empecé a recorrer el camino de la adultez de forma precoz. Mamá entró en estado catatónico, la muy inútil no podía ni siquiera alimentar a mi pequeña hermana. Prim es la persona que más amo en el mundo, la persona por la que haría cualquier locura, la razón por la que no me deje morir de tristeza cuando papá se fue de este mundo. Prim… Todo se reduce a ella, esto que estoy haciendo es por ella, porque ella no debe pagar el precio de la muerte de nuestro padre, ni pagar por el estado depresivo de nuestra madre.

Esa tarea me corresponde a mí. Porque soy fuerte y puedo aguantar el peso en mis hombros, porque sé que puedo ponerle el pecho a la realidad y tirar con el desasosiego de la vida y con mi hermana. Porque es algo que alguien debe hacer y yo he elegido tener la responsabilidad de ser el sostén de mi hermana y hasta quien dice de mi madre, de mi fracturada familia, pero mi familia al fin al cabo, por la cual relego mi alma en pos del bienestar de ella. Porque si ellas están bien, todo para mí está bien.

El poco dinero que nos dieron del seguro de vida de papá se esfumo en unos pocos años, por culpa de una madre que se dedico al alcohol y a despilfarrar lo poco que teníamos. Es desgarradora la imagen mental que tengo de mí, tirando de los brazos de mí madre para que no hullera por las noches en busca de ese maldito veneno que le consumió la poca vida que le quedaba. Es desgarradora la imagen de mi hermana llorando por la ausencia de ese ser que debía estar ahí para cuidarla. Es desgarradora la imagen de mi misma recorriendo las casas de vecinos en busca de algunas sobras que nos pudieran alimentar. Todo paso tan rápido. Mamá ya no tuvo dinero para costear su adicción y eso la término de trasformar en una planta, es una cosa inerte y sin vida. Solo se dejo vencer por la tristeza olvidándonos, abandonándonos, como si no existiéramos en este mundo.

A los 16 años abandone la escuela. Ya no podía sostener los mínimos gastos que requerían mi estudio y el de mi pequeña hermana así que preferí invertir en el futuro de Prim. Comencé a trabajar cuidando a los niños del vecindario a cambio de un poco de comida y algo que dinero que me permitiera costear los gastos mínimos de la casa. Pero eso duro unos pocos meses. Odiaba a los niños, tan felices, sin problemas, tan amados por sus padres, tan consentidos…, simplemente me daba asco saber que mi hermana y yo tendríamos que haber corrido la misma suerte.

Una noche de mucho frio y hambre me escabullí de mi casa y fui a recorrer las calles de ese "hermoso" barrio, donde vivía, en busca de algo que hacer para obtener algo de dinero. Me tope con la solución en una esquina lúgubre y oscura. Allí exhibiendo su cuerpo, regalando placer, denigrando su condición de mujer me encontré con Annie.

Esa hermosa chica de baja estatura, de los ojos verdes más profundos que podía haber, esa chica que irradiaba alegría y demencia. Quede estupefacta al ver a lo que se dedicaba, como se apoyaba en la ventanilla de los autos que aclamaban su atención, que requerían de sus servicios, de sus bajos y sucios servicios. Me revolvió el estomago verla allí, entregándose como si fuese un pedazo de carne imperfecto que los hombres podían tener a cambio de unos cuantos billetes. Varias noches la observe, varias noches la miraba desde las penumbras de las noche, amparada ante la oscuridad de la sombras. Indignación es lo que sentía al verla derrochar su joven vida así. Repugnancia me daba ver su falsa sonrisa ante los bocinazos de los autos que la venían a buscar. ¿Cómo podía hacer una cosa así? ¿Cómo soportaba la humillación de ser la acompañante sexual de esos seres inescrupulosos que la reclamaban suya con un par de mugroso billetes en la mano? ¿Qué motivos tenia para dejar que su juventud y belleza fueran profanadas de esa manera?

La respuesta llego luego de varios meses, una tarde humedad de mayo. Por suerte o causalidad, nos topamos en esa esquina donde tantas noches la había observado en secreto. Me entregó una mirada de amabilidad, no de esa falsa amabilidad que tenia con sus clientes, si no de la más sincera amabilidad que desde hace años no tenían conmigo.

— ¿Ya te aburrí? últimamente ya no vienes a verme—Quedé sorprendida. Es verdad que hacía varias semanas que ya no frecuentaba aquel sitio, definitivamente no entendía por qué ella hacia eso y verla allí sonriente, tristemente sonriente me daba rabia y envidia. Pero la verdad es que no tenía conciencia de que ella sabía de mi presencia, creía que la noche se ocupaba de proteger mi identidad. ¡Maldición!

—Esteeee…yo…no sabía que tu sabías, que yo sabía que tu hacías "eso"— ¡Estúpida Katniss! ¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Acaso no sabes hablar?

—Jajajajaajaja no quería ponerte nerviosa, solo que me estaba acostumbrando a tener una "guarda espalda" nada más— Annie habló con toda la espontaneidad que podía salir de sus poros.

—Yo…no entiendo…porque…

—Shhhh…— Me calló— El dinero pequeña, el dinero. ¿Sabes? Tengo que comer y este…bueno no es el mejor trabajo del mundo pero por lo menos hace que tenga un plato caliente de comida y pago mis cuentas.

Es verdad. ¿Cómo pude juzgarla así? ¿Qué otra razón podría tener más importante que el dinero? ¿Placer? No, lo dudo. Dudo que alguien pueda sentir placer regalándose así.

—Mira nena, sé perfectamente que hay otras cosas que uno podría hacer pero necesitaba el dinero con urgencia. Mi abuela estaba muy enferma y la única forma de conseguir el dinero para sus pastillas era esta. Bueno, quizás ahora no tenga razón para justificar por qué lo sigo haciendo, ella paso a un mundo mejor…y bueno, yo me acostumbre a este estilo de vida.

Ahí estaba Annie, tan sincera como una hoja en blanco, tan cálida como el sol, tan ardiente y orgullosa de quien era. Sin vergüenza, sin pudor, y con esos ojos verdes llenos de esperanzas. Esperanza que no entendía de dónde sacaba. Si ya no tenía razón por la cual luchar ¿para que seguía con su vida? ¿Acaso no es más fácil dejarse morir que llenarse la miserable vida con la saliva de extraños pervertidos que solo la ven como una cosa? Su voz cantarina me despertó de mis pensamientos.

—Katniss ¿Verdad? Así te llamas…Katniss Everdeen

— ¡¿Qué?! ¿Cómo sabes mi nombre?— Estaba otra vez sorprendida

—Tu papá y mi abuela Mags eran amigos…en la mina. No lo debes recordar porque, bueno eras chica cuando fallecieron, pero estuvimos en su funeral. Mi abuela quería mucho a tu padre y en contadas ocasiones Los Everdeen venían a cenar a nuestra casa.

Trate hacer fuerza y recordar aquello que esta chica me decía pero mi mente había bloqueado los recuerdos de mi padre. Me lastimaba tanto la realidad de no tenerlo que no podía permitirme ni siquiera poseerlo en mis memorias. Era un acto demasiado egoísta, un acto que no hacia participe a Prim y eso me llenaba de tristeza y culpa.

—Annie, me llamo Annie

Nunca voy a olvidar como desde aquel día Annie se transformo en mi ángel de la guarda, como me adopto como su hermana menor, como adopto a Prim como su propia hija. Nunca voy a olvidar la noche en que tome mis cosas y las de Prim y nos fuimos vivir con ella, dejando a un lado a mi madre…si es que podía seguir llamándola así.

Nos hicimos inseparables, nos transformamos en almas gemelas, si es que esa basura existía en verdad. Ella regresaba todas las mañanas agotada del "trabajo" y yo estaba allí esperándola con el desayuno. Me contaba de sus clientes, nos reímos de las extrañas cosas que debía hacer para cumplir las fantasías mas excéntricas, llorábamos cuando volvía golpeada por algún maldito sádico y guardábamos silencio cuando regresaba con las pupilas dilatas y los ojos desorbitados por la ingesta de alguna extraña sustancia que algún condenado adicto le pidió que consumiera. Annie era así. Cumplía con todos los pedido de sus clientes por más extraños y raros que fueran.

El día que decidí dedicarme a lo mismo que ella fue un día que tengo grabado a fuego, un día donde todo mi mundo cambio radicalmente. Annie volví con la novedad de que había una vacante en "El Capitolio", el burdel más conocido de la cuidad; donde, según Annie, se ganaba muy muy bien y los clientes eran hombres incursionados en política y empresarios de renombre. O sea los ricachones de la cuidad. Me insistió para que la acompañara a su "entrevista laboral". La idea me resultaba bastante retorcida y a su vez me moría de curiosidad saber que clases de cosas podrían pasar en una entrevista de esta clase, así que decidí acompañarla.

Annie se vistió con sus mejor atuendo, un sexy y ceñido vestido que le marcaba su espectacular figura. Se peino su corto cabello castaño claro y se maquillo majestuosamente. Realmente era increíble cómo podía lucir tan bien, sencilla y complejamente fresca, esa frescura y electricidad que solo ella podía tener.

Nos adentramos por las calles de la cuidad y rápidamente dimos con el lugar. Aquel lugar llenos de luces segadoras y tintineantes. Donde la oferta era mucha, pero la demanda aún mayor. El caudal de hombres y mujeres que frecuentaba el cabaret era sorprendente.

Nos acercamos a la barra y Annie pregunto por un tal Gale. Nos dijeron que Gale no estaba tomando las entrevistas, si no que las tomaba una tal Johanna. Nos indicaron el camino escaleras abajo hacia los "camerinos".

Tocamos la puerta que nos habían indicado y ante nosotras se presento la gloriosa Johanna. Esa morena alta, de los ojos más café y más hermosos que alguna vez allá visto, las facciones más perfectas que uno pueda imaginar; una mujer fuerte y determinada, fría y cálida a la vez. Quede encantada ante la presencia sensual y femenina que irradiaba.

Sencillamente nos hizo sentar en un cómodo sofá y empezó con su interrogatorio. Le pregunto a mi amiga cual era su experiencia, si anteriormente había hecho ese "trabajo", donde lo ejercía, en fin una serie de preguntas lógicas si me ponía a pensar detenidamente, pero para mí era totalmente denigrante que le preguntara con tal naturalidad las "habilidades" amatorias de mi Annie. Le pidió que se sacara la ropa y esta obedeció de inmediato. La recorrió con la mirada, inspecciono la turgencia de su pecho y la dureza de sus nalgas.

—Bueno querida creo que tienes un lugar asegurado aquí. Eres muy bonita y tu belleza aniñada es precisamente lo que estamos buscando. Solo debe darte el visto bueno el señor Snow y ya estas adentro— Johanna no dejaba de sonreír como una muñequita.

Mientras Annie se vestía la morena fijo los ojos en mí.

— ¿Y tu cariño? ¿No vas a contarme tu experiencia?

— ¡¿QUIEN?! ¡¿YO?! No señora, yo solo vengo de apoyo logístico para mi amiga.

—Mmm es una lástima porque veo mucho potencial en ti. Y por cierto, no soy señora.

— ¡¿Potencial?! — Reí—Lo dudo. Es más soy virgen, así que creo que no hay nada que yo pueda ofrecerle SEÑORA – Dije desafiante

— ¡¿Virgen?! Nenita eres un diamante en bruto. No sabes la cantidad de dinero que puedes ganar si vendes tu virginidad…Piénsalo. Es más dinero del que podrías ganar en meses en cualquier burdo trabajo. Porqué no te lo piensas unos minutos mientras le presento al señor Snow a tu amiga.

Johanna me hacía sentir extrañamente cómoda. Y por primera vez tuve u impulso más allá de la desesperación por cuidar de mi Patito. Era algo punzante que latía bajo mis bragas… ¿excitación quizás?

Aun así no se muy a ciencia cierta cuál fue la verdadera razón de mi decisión. Si mi desafiante y autodestructiva personalidad, o la certeza de querer un futuro mejor para Prim y Annie, o la nueva sensación que me causaba respirar el mismísimo aroma de aquella morena. Solo sé que salí de El Capitolio aceptando la propuesta de Johanna. Al fin y al cabo es verdad que necesitaba el dinero sea para el fin que sea. No podía vivir de Annie eternamente, pensar en el futuro de Prim, sus estudios universitarios y demás; y hasta quizá podía recuperar a mi madre de las manos de la depresión. Así que sin más vueltas acepte la oferta de trabajo…aunque no sabía cómo me las ingeniaría para prender el oficio. Pero las últimas palabras de Johanna me giraban aun en la mente

—Mañana mismo empieza tu entrenamiento. Yo misma te lo daré

Y no podía dejar de sentir ansiedad y la humedad ante la primera clase que Johanna iba darme.


Hola mis perversss! La verdad es que les tengo que agradecer infinitamente su apoyo a este fic medio retorcido y totalmente lleno de malas intenciones! Con sinceridad les digo que pense que fracasaria en mi intento de escritora pero veo que no fue taaaaan asi! Millon de GRACIAS PERVERS!

Me han encantado los review de todas pero este capítulo se lo voy a dedicar a mi cuñada Carla Mellark, que es una genia total! Carlita querida trillonada de gracias por la dedicatoria del final de Tengo ganas de ti :D! Por cierto si no lo leyeron peguen se una vuelta por ese fic que se zarpa!

Mi pipi (Sweet. Dreams. 86) acaba de finalizar su fic Aprendiendo! Ahhhhi no es una genia total?! Seguro que todas las que estan aca lo han leido...no es el fic mas lindo del mundo?! Y la que no lo leyo... WTF estas esperando mi querida?! Ejem, Ejem, Ejem...me pongo pesada cuando hablo de mi chica!

Bueno mis pervers hermosas sigan dejando sus reviews que tendran mis corespondientes saludos y agradecimientos por PM!

Nos leemos el viernes que viene...y recuerden que el señor Peeta Mellark solo deja que YO me coma su baguette!;D