—Mira que adorable te ves cuando estás sonrojado.
—Hace bastante que nadie me llama "adorable" —Gales cierra los ojos.
—¿Por qué? Es una bonita palabra.
—Sin duda lo es... supongo que nadie considera que yo lo sea —sonríe de lado—. Tampoco suelo sonrojarme a menudo así que...
—Ay, eso no está bien, a mi me gustan mucho los hombres sonrojados —y eso se lo pasaste a tus hijos ESTÁ CLARO.
—No te preocupes, pareces tener una habilidad especial para sonrojarme —abre los ojos otra vez y le mira, sin dejar de moverse haciendo que den una vuelta. Galia se ríe un poco siguiéndole, volviendo a abrazarle del cuello.
—Entonces tú tienes una habilidad especial para parecerme adorable.
—¿Adorable como un buen macho cabrío, o adorable como un pequeño minino? —le acaricia un poco la espalda y baja suavemente la mano en ese punto en el que la espalda empieza a perder su casto nombre, pero que aún no puede decirse que lo haya perdido del todo.
—Adorable como un buen chico del que definitivamente podría confiarme más de lo adecuado —se apoya más sobre él al notar eso.
—Evidentemente, las siguientes dos preguntas son... ¿qué tanto es lo adecuado y por qué no sería tan adecuado? —sonríe hablando un poco más suavemente, tratando de tranquilizarse más porque sabe perfecto que tiene el corazón acelerado.
—Más de lo adecuado porque dejaría de tener cuidado de lo que haces... aunque en tu caso pienso que no me harás ningún daño, no sólo por ti, por tu madre —apoya la cabeza suavemente, mejilla con mejilla, cerrando los ojos.
Cierra los ojos también, y aun cuando la mujer deja de cantar y se acaba la música por unos segundos antes de empezar la siguiente pieza, no deja de moverse. Es... peligrosa toda esa declaración de la gala. No es tanto el asunto de lo que él pueda hacerle de daño, le preocupa bastante más lo que él pueda involucrarse con una semi copia al carbón de Francia para que al final... esté Roma o cualquier otro.
Abre los ojos. ¿Estaba diciendo qué? Se sonríe a sí mismo por adelantarse tanto a los hechos y casi suelta una risotada de sí mismo. Esto era sólo un baile.
—Eso me hace parecer un malo de película, Galia. No creo que tengas que cuidarte mucho más de lo que hago yo de lo que yo mismo he de cuidarme de ti.
—No sería la primera vez que muero por confiar en el hombre incorrecto... —le besa la mejilla. Él se humedece los labios y le mira de reojo. Galia le sonríe.
—Al menos pudiste morir —susurra.
—Y él también parecía tremendamente bueno y adorable. De hecho no lo parece, como tú, lo es... ¿Qué tiene de bueno haber muerto?
—Y sigues viviendo con él... no debe ser tan malo a pesar de todo —el trauma de los hijos británicos con Roma. Suspira y sonríe de lado—. A veces es mejor morir de amor, que vivir solo en desamor.
—Por eso digo que lo es, igual que tú. No lo creo —niega—. Me he perdido muchas otras cosas buenas y los corazones rotos se curan.
—¿Lo hacen? —sonríe de lado—, eso me han dicho muchas veces, pero aún no estoy seguro. Sin embargo, entiendo que quieras ser cuidadosa.
—¿Nunca has curado el tuyo entonces?
—¿El mío? —levanta las cejas sin poder evitar sonrojarse, haciendo que den una vuelta y acercándola más a él. Se sonroja un poco sin poder evitarlo pero hace un esfuerzo por reírse un poco—. Para hacer esto más dramático te diré lo que suelo decir ante esa pregunta, yo me he quedado sin corazón hace varios años.
—No digas que no tienes corazón —le mira desconsolada.
—¿Tan grave sería? ¿Un chico bueno y adorable no puede no tenerlo? —sonríe mirándola a los ojos.
—Claro que sería grave, no se puede ser bueno, sin corazón.
—Quizás sólo está apagado esperando a que alguien lo reviva...
—La melancolía es tan... —suspira.
—Dramática. Lo sé, y no creas que me regodeo en ella —asegura riendo un poco—. Prefiero volver a los temas incómodos y perturbadores.
—Me gusta el aire melancólico y dramático.
El galés se ríe un poco más volviendo a acariciarle el brazo con la punta de los dedos.
—El problema luego es salir de la melancolía y el drama, my dear —responde con sinceridad.
—¿Por qué vas a salir?
—¿Crees que puedo vivir infinitamente en la melancolía y el drama? —le mira de reojo.
—Seguro, lo bueno de ello es que es en rachas —vuelve a enrollar el pelo en el dedo.
—Sería imposible que fuera constante, ¿no? No hay corazón que aguante eso —tiene un escalofrío otra vez, porque sí le gusta que le toque en términos generales.
—Debería ser un corazón muy fuerte.
—Preferiría no probarlo —sonríe y se humedece los labios—. ¿Y qué hay de tu corazón?
—Mi corazón no es tan interesante —suspira... otra a la que le gusta el drama.
—¿Ah, no? —suspira y le mira—. ¿Sólo existe Rome?
—Pues... no.
—¿Entonces? —levanta la mano y le acaricia un poco la cara.
—Nunca está sólo Rome, pero siempre está él... no es tan interesante.
—¿Eso no te parece muy interesante? ¿Qué te gustaría que pasara?
—No lo sé, quizás como es algo que me pasa a mí no me parece interesante.
—Quizás... —sonríe un poco de lado—, podríamos hacerla más interesante.
—¿Cómo? —inclina la cabeza.
—No lo sé, se me ocurren algunas... ideas —otra vuelta, abrazándola más e inclinando un poco la cabeza.
—Cuéntamelas —se ríe porque las vueltas le gustan.
—No, me da vergüenza —miente evidentemente.
—Oooh —protesta.
—Pero como siempre con los incentivos apropiados...
—¿Y cuáles son esos?
Se sonroja un poco.
—Cualquiera que se te ocurra, ya te he dicho yo que consigues bastante sólo con una sonrisa —otra vuelta, porque ya descubrió que le gustan.
—Aun no me has contado lo otro igualmente —vueeelve a reírse. Él echa la cabeza un poco hacia adelante, "derrotado".
—Yo que estaba intentando darte vueltas y vueltas hasta que lo olvidaras —oooootra vuelta, se ríe un poco—. Preguntabas mi opinión de que fueras la mejor amiga de mother, right?
—Sí —más risas.
—Pienso que eres una mujer muy hermosa —la suelta un poco de la cintura y hace que dé una vuelta ella sola. Ella hace un par de piruetas porque... es una princesa feliz.
—Gracias —sonríe con eso cuando se detiene.
—Aunque estoy consciente de que eres la amiga de mother, que me conoces desde pequeño y me cambiabas los pañales... lo cual tiene su parte muy extraña y... —pausa, ella inclina la cabeza sonriendo y le recuerda de bebé—. A la vez, siendo sincero, tiene cierta cuestión... sensual —admite—, porque creo que no deberías gustarme.
—¿Y eso por qué?
Gales se ríe un poco.
—Porque eres la mejor amiga de my mother —disminuye la velocidad del baile al notar que otra vez se ha terminado a pieza, poniéndole las dos manos en la cintura—, y la madre de France.
—Sí... ¿y qué? —de verdad, es que a ella le gusta Suiza y sabe las cosas que hace Roma... incluso con Austria.
—No lo sé, Galia... no sé, además mother... bueno, no sé qué podría llegar a pensar —se encoge de hombros sonriendo y piensa que, en realidad, la parte de ser la madre de France le pone bastaaaante nervioso con todo y todo—, ¿tú qué piensas de que yo sea hijo de Britania?
—Que confío en ti, porque ya te conozco, que te has vuelto muy mayor y apuesto, así que apenas puedo verte como un niño, que te quiero desde ya, porque eres hijo de la persona que más quiero en el mundo... y que a tu madre le gusta mi niño, así que no veo que esto sea diferente.
Parpadea y le mira a los ojos.
—A mum... what? —pregunta con una leve sonrisa, un poco maligna. Galia le sonríe con sinceridad.
—Claro, mi niño France... ella dice que no, pero no es cierto, he visto como le mira.
Gales aprieta los ojos con esto y vuelve a apretarla un poco contra sí.
—Bloody hell con France —medio protesta, envidiando de nuevo al idiota de Inglaterra y a la vez considerando el asunto un poco gracioso.
—Ah, no te preocupes por eso, ella no va hacer nada más que guardárselo como un placer culpable, en cuanto aparece Rome se le olvida por completo todo el mundo —le acaricia un poquito el cuello.
—No me preocupo —se humedece los labios y sonríe—. De hecho... me gusta en parte que digas que me quieres desde ya —sigue un poco la caricia y entreabre los ojos—. Debería decirte algo...
—¿El qué? —como nota que la sigue y que le gusta lo hace más.
—Probablemente ya lo sepas o lo hayas intuido —traga saliva sin quitarse de la caricia—, o te dé lo mismo. Sin embargo he aprendido que darle vueltas a algunas cosas no sirve de nada y he evitado decírtelo directamente.
—Entonces... ¿Qué te aflige? —no puede evitar sonar un poco maternal. El galés lo nota y entrecierra los ojos.
—No me aflige, sólo te cuento para que no vengan mis hermanos idiotas a contártelo —murmura sin poder evitar a su vez, sentirse un poco infantil al contárselo—. Eso... eso que te contaba hace rato, sobre los problemas del corazón y esas cosas melancólicas.
—Ajá...
Desvía la mirada sonrojándose un poquito, porque no suele NUNCA admitirlo, a excepción de cuando representan un problema que se interpone en su existencia, entonces procura abordar las cosas de la manera más directa y cínica posible. Vuelve a mirarla frunciendo el ceño.
—Bueno, esa historia es con France.
—Oh... él —se humedece los labios—. ¿Qué te sucedió?
Se encoge de hombros.
—Hay cosas que simplemente no funcionan.
Vuelve a acariciarle la mejilla, mirándole desconsolada, con empatía.
—Pasó hace muucho tiempo y, thank God, es cosa que ha quedado atrás —asegura asintiendo—, como verás no es nada que me preocupe más allá de cuando hago drama y hablo con melancolía para impresionar a una chica bonita.
Se acerca a él y le besa. Pero esta vez... beso... BESO.
Gales levanta las cejas los primeros segundos, sin esperarse esta reacción, pero rápidamente se le funde el cerebro, apretándola contra sí y respondiéndole con los ojos cerrados y con el corazón más acelerado de lo que quisiera admitir, porque a pesar de que sí ha superado bastante el caso Francia, sigue siendo complicado hablar de ello y el beso es un FANTÁSTICO consuelo.
Ella le hunde las manos en el pelo, acariciándole mientras le besa y seguramente cuando se separen Gales no va a tener NI IDEA de dónde están... ese fenómeno tan fantástico que tienen ciertos elementos sobre los británicos. Y claro... ¿Francia? ¿Quién coño es Francia? Cosa que pasa en este instante.
—Mmmm... —se relame con los ojos cerrados y sin soltarla... probablemente con una mano en su culo, porque estos niños no son latinos pero tampoco son germanos.
—¿Por qué no me cuentas que es eso de el graduado que decían todos en casa? —pide ella sonriendo un poco para cambiar el tema.
Le cuesta unos segundos encontrar su cerebro y ponérselo otra vez en donde va, en lugar de irse de nuevo a besarla. Ah, y un par de segundos más, antes de conseguir que la cara le responda y sonreír de lado.
—Ah! E-El graduado, yes —balbucea un poco torpe y se ríe un poco de sí mismo con ello, empezando a moverse otra vez ahora que ha vuelto a empezar la música (sí, la música seguía, cielo, sólo has recordado que existe) —, es una película.
—¡Me encantan las películas! ¿Cuál es? ¿De qué trata? —ella se sigue moviendo con él como si nada.
—Un día podríamos verla —asegura—, creo incluso que la tengo en casa. Es... un muchacho joven, recién graduado de la universidad... que cuando vuelve a casa es seducido por la esposa del socio de su padre.
—Ah, mis favoritas son las de amor —asiente con el plan. Él le sonríe.
—El entonces se convierte en... su amante secreto sin que nadie lo sepa. Y... bueno, ella tiene además una hija.
—Oh, ¡que romántico!
—Ella lo intenta de manera bastante persistente hasta que consigue que se acuesten, pero él conoce a la hija y se enamora de ella —se sonroja un poco con su propia problemática en relación a la historia, aunque levanta la mano y le peina un poco pasándole un mechón de pelo por detrás de la oreja—. Lo demás ya podrás imaginártelo.
—Creo que me gustará verla —asiente.
—No me gusta del todo como comparación con esto... Benjamín, que es el chico, no tiene nada que hablar con Mrs. Robinson, es todo completamente sexual y... bueno, insisto, ya te imaginarás el final —se ríe—, pero podemos verla cuando quieras. Además, tú eres mucho más guapa que Mrs. Robinson y... yo soy considerablemente menos joven que Ben, por desgracia.
—Oh, tus hermanos... les enfants terribles —sonríe negando con la cabeza con desaprobación.
—Yes, mis hermanos son completamente les enfants terribles —cierra los ojos súper serio—. Yo, en cambio, soy un ángel de bondad que sólo es una víctima... —el cínico. La gala se ríe con ello—. Eh, hablo en serio. Mira qué triste mi situación bailando aquí y dándome besos con la chica más hermosa de todo el bar —sonríe de lado.
—Taimado —resume y se vuelve a reír.
—¿Taimado yo? —levanta las cejas aún con su cara de inocente antes de acercarse otra vez y darle un beso rápido en los labios.
—Irremediablemente astuto —sonríe más.
—Voy a tomarme eso como un muy buen cumplido, Galia —asegura dando un par de vueltas y acercándosele al oído—, y no te rías así, que me enamoro.
Ahora es ella quien echa la cabeza atrás moviéndose el pelo, riendo.
Y es algo así como "bella y bestia soooon", pero no tan bestia. Germania se cruza de brazos porque con él se ríe menos. Ya le he dicho yo que tooodos se ríen menos con él, quizás a excepción de Roma... (Y luego no le gusta que se rían porque le recuerdan a Roma).
De hecho es posible que Gales el bestia la abrace un poco de la cintura y de unas vueltas un poco más rápidas... aun cuando todo es muy delicado y suave. Ella se separa un poco para aprovechar la inercia de la vuelta, levantando la cabeza.
Y Gales se ríe un poco, sincero a pesar de lo estirado que es, deteniéndose de dar vueltas.
—Perdona, perdona... olvido que estoy tratando con alguien mayor, no quiero desarmarte con las vueltas —bromea un poco.
—¡Ah! ¡No soy tan mayor! —protesta igual sonriente—. E igual eres muy delicado para lo que estoy acostumbrada.
—En realidad creo que te ves más joven que yo —asegura y le mira a los ojos—. ¿Quién osa tratarte con poca delicadeza?
—¿Tú quién crees? Vivo con bárbaros e incivilizados casi vikingos.
—¿El... ehm... intratable Rome? Ah, olvido que duermes también con Germania. Dioses, y... quiero asumir que te gusta esa incivilización y barbarie.
—A veces sí —admite—. Antes también estaban Escandinavia y Cartago, ellos eran... igual, pero diferentes. Rome es el único que es un poco suave.
Él sonríe un poco y niega con la cabeza.
—No pareces el tipo de mujer que disfruta la fuerza —se ríe un poquito.
—Bueno, a veces tiene su encanto —se encoge de hombros—. Aunque me parece que ellos también intentaban ser suaves conmigo a su manera.
—Y entonces... ¿quién es el que más te gusta?
—Es difícil porque me gustan por cosas diferentes.
—Es decir... te gustan todos —sí, te sigue preguntando porque le sigue dando curiosidad.
—Esa es una forma... correcta de resumirlo, pero injustamente poco exacta.
—Injusta e inexacta. Te gustan casi todos entonces... ¿Cuál sería una mejor manera de decirlo? — Sonríe.
—Mmm... ¿Qué tal que soy propensa a ver la parte buena de los chicos? —plantea—. En realidad tu madre ya me dice que me enamoro demasiado deprisa —vamos, que eres un pendón. Dilo como quieras pero todos te conocemos, a ti y a tus hijos. El que se ha tirado a medio mundo y el que se ha casado con el otro medio.
—¿Entonces te enamoras de alguien cada semana? —Se muerde un poco el labio y sonríe de lado entrecerrando los ojos y sabiendo bien el peligro que conlleva esto—. Galia, ¿sabes el peligro que representas?
(Suiza refunfuña como principal conocedor de los galos)
—Ah, no veo donde está el peligro de eso, si acaso para mí, que sufro el desamor cada semana —draaaama.
—Es terriblemente peligroso para alguien como yo —asegura serio y la separa un poquito de la cintura—. Vas a terminar rompiéndome el corazón.
—Ay, no... —le mira desconsolada porque eso sí que no lo quiere, acariciándole la cara. El británico sonríe un poco dejándose mimar.
—Quizás sea ya un adulto, Galia... Uno que no va a enamorarse así de pronto. A mí también me gustan muchas chicas —muy seguro. Advierto de antemano que no será así...
Galia le mira fijamente a los ojos y él se ríe un poco y le acaricia el brazo una vez más. Ella sonríe un poco lánguida y apoya la cabeza sobre su hombro.
—Además... Sólo estamos bailando, ¿no? Y pasando un buen rato —se agacha un poco y le besa la mejilla.
Sonríe y ahí te va otro beso como respuesta, más lánguido y suave esta vez, lamiendo y mordisqueando los labios. Gales responde suavemente, cerrando los ojos de nuevo y haciendo un "mmm", disfrutándolo más de lo que quisiera y ella se siente mejor al notar que lo disfruta.
Gales le toma de la mejilla y el cuello, con una poca más de autoridad, inclina la cabeza y le acaricia suavemente los labios con los suyos. Es él el que se separa con el corazón acelerado. Galia vuelve a sonreírle un poco, más tranquila y le pasa una mano por el pelo con cariño.
Cierra los ojos peleando un poco contra el dejarla consentirle.
—Galia... —murmura agachándose un poco y dándole un beso en la base del cuello.
—Dime, mi amor... —baja la mano un poco la mano abrazándole contra sí.
No puede dejar de sentir este gesto un poco maternal, una vez más. Decide entreabrir los labios y morderle un poco, suavemente. Galia cierra los ojos e inclina la cabeza dejándole hacer y enseguida se le queda marca porque tiene la piel muy blanca y sensible.
—¿Cuales son tus expectativas reales para el resto de la noche? —pregunta lamiéndole un poco la marca que acaba de dejarle.
—No lo sé, no las he pensado. No suelo hacerlo, sólo me dejo llevar —dice la chica y Gales sonríe con esto porque no suena mal—. ¿Cuáles son las tuyas?
—Como en el baile, no lo haces nada mal —asegura tratando de retomar las riendas de esto, sonríe de lado —. Mis expectativas dependen del devenir de los acontecimientos, sin duda y de lo que tú digas, pero...
—¿Ajá?
Le acaricia la cintura y baja un poco la mano hacia su culo y Galia se ríe nada más con eso porque no es como que no conozca a los hombres y sus deseos.
—Claramente, hay un desenlace que... —sonríe de lado al ver que se ríe—, me resultaría el más... Satisfactorio.
—Ahí puede que tu madre sí se enfade —sonríe de lado y se muerde el labio coqueta. Conste que no te ha dicho que no.
—¿Ah sí? ¿Y eso por qué? —pregunta sonriendo más y notando claramente que no le ha dicho que no—, soy un adulto, tú eres un adulto... No es nada que no hagamos todo el tiempo con otras personas...
—Creo que hasta mi hijo se enfadaría con ello... aunque ciertamente no es como que fuera ni siquiera la primera de la casa en hacerlo.
—Tu hijo... France? Cielos, Galia... Él ha hecho enfadar a toda la humanidad con cosas como esta —hace los ojos en blanco y va a besarle otra vez el cuello, debajo del oído—. Además Rome se acuesta con todos... Y tú eres una chica muy muy hermosa, ¿qué esperan todos que haga yo?
—Justo a eso me refiero con no ser la primera —sigue acariciándole la espalda mientras cierra los ojos y le deja hacer—. ¿No te parecerá extraño después de tu historia de desamor?
—Me empiezo a preguntar... ¿De qué lado estas? —sonríe besándole ahora el hombro.
—¿Por? ¿Te parece capcioso?
—No, me parece que quizás estás buscando motivos para no hacerlo —se separa y la mira a los ojos. Ella sonríe un poco, niega y apoya la frente en la suya y Gales le acaricia la mejilla dejándola hacer.
—Lo que ocurre es que no quiero que luego te traiga problemas, no es bueno para un corazón herido nada más sucumbir al deseo.
—Si fuera así, Galia... Sería un monje de retiro, completamente célibe —se ríe—. Ya basta del drama del corazón herido, tú no eres... Él.
—No puedes evitar que me preocupe, es quizás la parte mala de que ya te quiera.
—Y no puedes tú tampoco evitar que, si me seduces, termine entonces seducido —le mira a los ojos y sonríe—. Mrs. Robinson... Se supone que es usted quien debería intentar convencerme a mí y no al revés.
—¿Necesitas que te convenza? —Se ríe.
—Quizás a la que le parecerá extraño es a ti, darling.
—Ah, no, ya te lo he dicho varias veces, ahora eres un hombre muy apuesto —besito.
—Quizás sí necesite que me convenzas —decide cínicamente.
—Tan listo, ¿lo ves? —más risas, se humedece los labios y le toma una mano y el galés se deja, sonriendo un poquito, angelical.
—El más listo de todos.
—Me parece —le lleva la mano a sus labios haciendo algo que le hace Roma a ella, hablando el francés como antes tal como le ha explicado Francia—. Que usted ya está convencido —más besos mientras sigue subiendo por el antebrazo—. Y lo único que espera —beso por encima del codo y en el hombro—. Es que una pobre chica —beso en el cuello subiendo hacia detrás de la oreja—. Le ruegue —acaba en un susurro.
Y el otro en un escalofrío porque ahí atrás... Hay un buen receptor brit. Además es muy guapa y sexy.
—Es demasiado pedir, ¿verdad? —pregunta hundiéndole un poco la nariz en el cuello y el pelo.
—Y me parece que las princesas deben saber lograrlo sin tener que pedirlo.
—Te lo dije cuando llegamos... —susurra acariciándole la espalda —, una sonrisa tuya podría detener al más poderoso ejército.
La chica sonríe y vuelve a besarle con suavidad de forma corta y esta vez sí se va tras ella cuando se separa.
—¡Oh! —levanta las cejas al notarlo y se ríe un poco volviendo a acercarse.
Le pone el pulgar sobre el labio abriéndoselo un poco justo antes de besarla, bastante profundamente. Y se lo devuelve, ella, dejándole guiar esta vez, siguiéndole... no es como que no esté acostumbrada a los hombres dominantes.
Sólo que este a pesar del dominio es suave, sutil y quizás un poco tímido aunque no lo quiera. Se separa después de un poco. Ella sonríe con satisfacción porque así se imagina los besos de príncipe... sus cuentos mentales.
—Estoy seguro que no hay un sólo hombre aquí que no me envidie.
—Yo no veo a ninguno...
—Hasta yo me envidio a mí mismo —sonríe tontamente. Galia baja la cara hacia su propio hombro y se ríe un poquito acomodándose el pelo—.¿Quieres beber algo más? —propone para no pedirle poco sutilmente que se vayan ya.
—No, no hace falta —niega entendiendo.
Se humedece los labios poniéndose nerviosito él sólo. Galia le toma de la mano otra vez y tira de él para llevárselo y Gales se ríe, sin poder evitar sonrojarse... Caminando tras ella y tocándole un poco el culo aprovechado la situación.
Se le echa encima de espaldas, más para esconder ese gesto que otra cosa, sonriendo... y buscando donde es que hay que ir a pagar o lo que sea. Gales le abraza de la cintura y saca la cartera con la otra mano dejando un par de billetes sobre la mesa... Ahora sí visiblemente nerviosito.
Ella pone las manos sobre las suyas, le da un beso en la mejilla y se separa un poco para ponerse el abrigo. Le ayuda caballerosamente, aún sin creerse que va a tirarse a la mejor amiga de su madre... ¡Y seguro es buenísima en la cama! Más nerviosos y se ríe un poco al darle el brazo para caminar al elevador.
—¿Y a dónde vas a llevarme? —pregunta tomándole de brazo con naturalidad, tras agradecer el gesto del abrigo.
—Puedo llevarte a mi casa... Y hacer que mother se enfade en serio. Podemos ir a... Un hotel a pasar la noche. Podemos volver a casa y ser en extremo sigilosos.
—Ah... ¿Quieres que sea un secreto?
—¿Yo? —Se ríe subiendo al elevador—. En lo absoluto, yo lo digo por ti.
—Mmm... Britania me va a preguntar y Rome lo va a saber, no sé si él se lo diga de todas formas.
—¿Entonces? ¿A dónde quiere ir la princesa? —pregunta acercándose a ella otra vez a comerle el cuello.
—A donde prefieras, me dejo llevar... seguramente se lo contaré yo misma.
—Lo cual tiene todo un tinte pervertido —se ríe —. Vamos a casa de England entonces…
—¿Te lo parece? —se ríe.
—Completamente... Casi querría estar ahí cuando le cuentes —le pone una mano en el muslo y la acerca un poco a él volviendo a abrazarla y... a preocuparse de que, bueno, esta chica suele hacerlo con Roma... Que como sea la mitad de bueno que Francia...
—Puedes estarlo, si vamos a casa de England puedo contárselo mañana por la mañana.
—¿No quieres contárselo juntos en el desayuno?... Puedes ir desnuda y besarnos frente a ella…
—Oh, ¡eso es perverso! ¡No quiero enfadarla tanto! —se ríe.
—¿Es perverso? ¡Si con quien se va a enfadar es conmigo!
—Con mayor motivo entonces... —inclina la cabeza y le da un beso—. Tú también eres un enfant terrible.
—Yes, I am —asegura sonrojadito—. Y más terrible aún con las mujeres mayores que se aprovechan de mi inocencia —Levanta una mano y se la pone directamente sobre el pecho, mirándole a la cara. Y Galia se vueeeeelve a reír, dejándole, claro—. ¿Ves? Esto es aprovecharte mí —sonríe moviendo los dedos.
—Ya veo... me parece que es por la brecha cultural, en los tiempos antiguos tenía otro nombre —pone la mano sobre la suya.
Se acerca hacia ella hasta recargarse le pecho con pecho, quitándole la mano de encima y subiéndola a hacerle un cariño en la cara.
—¿Cómo se llamaba?
—Desde luego, aprovecharse no —se ríe de nuevo y él tira un poco de ella ahora que se han abierto las puertas del elevador, para salir.
—Menos mal que aprovecharse, no —sonríe recargándola en las puertas del elevador en cuanto se cierran, aprisionándola un poco contra ellas—. ¿Entonces?
—Bueno... —manos en las caderas de Gales, caída de ojos—. En esa época no estaba mal visto, ni siquiera con niños bastante pequeños, como ahora.
—¿Me estás contando alguna de tus aventuras, Galia? ¿O acabas de llamarme un niño bastante pequeño? —pregunta besándole el cuello. Ella se ríe.
—No, no, yo no tenía ninguna necesidad... lo que digo es que había adultos que iban con chicos mucho más niños que tú sin que nadie les reprochara.
Se ríe un poquito y se separa de su cuello mirándola a los ojos.
—Acabas de llamarme niño —puntualiza.
—No exactamente... pero tú fuiste quien dijo que eres joven e inocente —sonríe y se encoge de hombros.
—La verdad... Empiezo a disfrutar la perversión —se relame un poco de pura anticipación volviendo a notar lo guapa que es (Ehm... aunque una vocecita en su cabeza le vuelve a recordar lo MUCHO que se parece a Francia) le da un beso SÚPER suave en los labios.
Galia cierra los ojos y entreabre un poco los labios… Y las puertas del ascensor se abren y casi se cae de espaldas. Levanta los brazos de miedo, colgándose al cuello, gritando un poquito, porque además aun no acaba de acostumbrarse del todo a las cosas que se mueven solas
El verdadero grito de nena, hecho por una nena... en acción.
Gales también se descoloca un poco, está descerebrado el pobre con tus besos, abrazándola de la cintura y sonrojándose un poco... atrapado. Se siente a sí mismo... Extraño con la vergüenza y el sonrojito, un poco vulnerable como hacía tiempo no se sentía. Se mueve para que salgan las personas del elevador, poniéndose un poco serio y en su pose de estirado de nuevo, que había perdido ya hacia un buen rato.
—Siempre se me olvida que ahora las cosas no se quedan quietas como las dejaste —se disculpa ella un poco sin soltarle.
—Asumo que es difícil acostumbrarse —asiente humedeciéndose los labios y mirándola de reojo —. Recargarte en la puerta del elevador no ha sido lo más inteligente de mi parte.
—Por otra parte, has conseguido que te abrace otra vez —cariño en la cara. Él le mira de lleno de nuevo—. Y me has salvado de caerme —sonríe y cierto calorcito se asienta en la base del estómago del galés con esa sonrisa—. Gracias, mi príncipe —le besa otra vez.
Cierra los ojos y le besa de vuelta, esta vez un poquito más consciente de "esto que haces es peligrooooso para ti"; resulta que eso no lo hace menos excitante o atractivo.
—Vamos a casa antes de que tenga ideas extrañas —murmura con voz grave y los ojos cerrados cuando se separan. Ella asiente.
Abre los ojos y le mira aún sin sonreír del todo, más nerviosito, empezando a caminar hacia la puerta para pedir su coche.
—¿Qué pasó? —pregunta preocupada con el cambio de actitud, andado hasta tomarle del brazo.
—¿Pasar? —Le mira de reojo y le pone una mano con suavidad sobre el brazo que tiene enlazado con el suyo, se humedece los labios—. Nothing important.
—Pero estabas tan contento... y ahora pareces preocupado por algo.
Pide el coche al chico del valet y levanta el brazo para abrazarla mientras llega.
—La realidad, lo único que ha pasado es que me he dado cuenta de que realmente me gustas —asegura sonriendo un poquito. La chica sonríe de nuevo, cierra los ojos y se le recarga encima —Eso te hace... peligrosa —se ríe un poco dándole un beso en el pelo.
—No hay nada que temer —levanta la cara y se la hunde en el cuello. Él sonríe un poco y tiene un escalofrío.
—Estoy seguro de que no —se humedece los labios inclinando la cabeza para que tenga más espacio. Ella le besa justo ahí.
Gales tiene otra sensación de calorcito en el estómago, cuando llega el coche. Se recuerda a sí mismo que esto va a ser sexo casual por completo, y que decididamente no debe terminar enamorado de Galia. Para dar valor a esta idea baja la mano con la que la esta abrazando y le da un par de palmaditas en el culo.
—Ha llegado ya el coche, darling.
—Oh... —se separa y sonríe.
Se le acerca con un beso rápido en los labios, moviéndose para ser él el que le detenga la puerta al subir. Galia hace un gesto de agradecimiento sonriendo a eso, arreglándose la falda del vestido para meterse de forma elegante.
Gales le mira y se humedece los labios, guardándose las manos en los bolsillos. A pesar de todo le trae unas GANAS, que no puede con ellas.
Y seguimos con ellos dos... lamento la gente a quienes no les gusten, a mi me parecen sacados de algo como "Masters of sex" ¿Alguien ha visto esa serie? de todos modos, bueno ¡Gracias, Josita!
