Los personajes son de la asombrosa Stephanie Meyer, lo demás es invención mía.
Isabella Swan, es una recién graduada de medicina, se casó con el inquieto, egocéntrico, infiel y también médico, Edward Cullen que le juraba haber cambiado por ella. Al descubrir sus infidelidades la Dra. Swan decide ponerle fin al enlace de apenas dos meses y huir hacia otro país con la esperanza de rehacer su vida, pero justo cuando empieza a hacer su especialidad en Cardiología, se da cuenta que ha surgido un inconveniente, está embarazada. Sin embargo con la ayuda de su padre, quién decide acercarse a ella, al darse cuenta de la inesperada noticia, logra sacar su especialización, cuando su pequeño hijo cumple tres años. Todo parecía ir miel sobre hojuelas hasta que Edward se da cuenta de la verdad y decide ir tras su hijo ¿Qué pasará cuando vuelvan a encontrarse?
Capítulo 5. Términos y Condiciones.
No, no es necesario que lo entienda,
porque nunca le ha servido la razón
al corazón, el corazón no piensa…
No mi vida, ¿para qué te esfuerzas?
No me tienes que explicar,
siempre amaré tu libertad, por mucho que eso duela
Y si, entiendo que quieres hablar,
que a veces necesitas saber de mí
pero no sé si quiera saber de ti,
y vivir así, seguir así… pensando en ti.
En los últimos días la paranoia aumentó a niveles extremos, tenía miedo de salir de mi casa y mi padre pensaba que estaban siendo unas vacaciones de mierda, exceptuando por la compañía de su nieto, pero para mí lo primordial era la seguridad de Maximillian y que Edward estuviese acosándome mientras yo lo ignoraba, no daba mejores resultados.
No podía evitar sentirme como una adolescente cuando lo veía, perdía el control de mis emociones y pensaba que si me llegase si quiera a tocar, daría rienda suelta a mis sentimientos, mala idea.
Cada que miraba a mi pequeño príncipe mi corazón se estrujaba dentro de mí, él era idéntico a Edward, incluso me daba aquellas sonrisas torcidas que su padre tenía cuando adivinaba sus intenciones.
Lo extrañaba, extrañaba a ese maldito bastardo en más de una manera.
Pero de extrañar no se vivía y tenía que ser sensata, Edward Cullen no me amaba, nunca me amó, y nunca me amaría. Lo único que nos ataba era un maldito papel y nuestro hijo, entonces yo me estaba comportando como una perra perversa y le estaba haciendo pasar las de Caín con el asunto, se lo merecía.
Estaba enamorada, pero ya no era la idiota niña ilusa que él uso para regodearse.
La última vez que mi bebé preguntó por su padre, no se me ocurrió otra cosa que decirle que estaba en un viaje muy largo, no tenía las agallas de herir sus sentimientos porque sabía que rompería a llorar. Se la pasaba refunfuñando sobre que sus compañeritos del jardín de niños tenían a sus papás y él no.
– Pero tienes al abuelo Charlie mi príncipe – eso no había sido suficiente y me había dejado sola en la sala, segundos después escuche el estruendo que hace una puerta al cerrarse fuerte.
Había creído que no tendría que atenerme a eso hasta la adolescencia, pero dadas las circunstancias podía esperarme de todo en esta vida.
Días más, días menos transcurriendo y mi último encuentro con Edward en el estacionamiento de McDonalds el día anterior ya había quedado en el olvido, pero Diosito no pensaba dejar que me escapara, él tenía grandísimos planes para que jamás me aburriera ¿No es así, Señor Dios?
Era un sábado por la mañana, estaba usando unas licras de gym negras demasiado ceñidas al cuerpo a juego con unos tennis nike y una ligera blusa mangas largas sin ningún tipo de parafernalia o logo, todo del mismo color, incluso las gafas cuadradas de sol que protegían mis ojos con éxito. Maximillian por otra parte usaba uno de sus tantos pants harem* grises con sus addidas skateboarding* azules con blanco y una sencilla camiseta, ambos deportivos, Charlie no usaba un cómodo pant, solo un pantalón de mezclilla y una camisa de cuadros, nos veíamos relajados pero lo cierto es que mis días estaban llenos de tensión.
Papá me había convencido que no podía seguir encerrada, que tenía que ser una mujer adulta y enfrentarme con el mundo, que no debía tenerle miedo a nada ni nadie y para que cerrara la boca, accedí molesta.
Sin embargo elegí un destino turístico en que sabía que las probabilidades de encontrarme con mi indeseable ex marido eran nulas, Venice Beach*.
Y eso era lo que hacíamos, paseábamos mientras Charlie y Max se divertían jugando como críos, de verdad me parecían adorables y el ambiente tranquilo y pintoresco de Venice me hacían estar en estado de calma, aunque fuese momentáneo, servía para que mis agarrotados músculos se soltasen.
Estaba degustando un delicioso helado de Chocolate con Brownie que me estaba haciendo delirar más o menos cuando escuché una angelical voz que solo podía pertenecer a una persona.
– ¿Bella? – Y si pensaba que antes estaba jodida, ahora estaba doblemente jodida.
Me giré para encontrarme cara a cara con la muerte en forma de mi ex cuñada, Alice Cullen, muy en el fondo me alegré de verla, le echaba mucho de menos, era lo más cercano que tenía de una hermana, me rompió el corazón saber que probablemente ella estaría molesta conmigo por irme así.
Genial, ahora todos los jodidos Cullen están en Los Ángeles.
¿Cuánto tardaría en comenzar a correr? La respuesta fue instantánea, contra Alice no tenía oportunidad
– Alice – Musité con la voz temblorosa, no era momento de parecer una completa idiota, así que inspiré audiblemente, ella notó mi incomodidad.
Comencé a rezar para que Maximillian, que jugaba a las atrapadas con su abuelo a unos metros de distancia no se diera cuenta de la escena y decidiese intervenir, el niño era un manipulador al igual que su tía, todo en él gritaba Cullen por donde le mirase, iba a darle una escueta despedida pero…
– Mami, el abelo no me leja shubid al alborl – Mi respiración de detuvo por lo que pareció ser una eternidad de tiempo y enseguida mi bebé hizo su carrera hasta dónde nos encontrábamos su tía y yo, triple mierda. – Mami, ¿quied es ela? – preguntó curioso, observando a Alice a quién parecía que sus ojos se saldrían de sus cuencas y su boca podría estar desencajada y no lo habría notado.
– Bella – fue lo único que ella pudo pronunciar llevando su pequeña mano a su pecho – Es…es… – sí, su hijo. – ¡Oh, dios mío Bella!
– Mi cielo, ella es tu tía duendecita – Señalé a mi acompañante mientras ella intentaba dar crédito a lo que veía, parecía como si estuviera malditamente embarazada de lo que sus ojos estaban brillando y supe que no podría ni tenía el valor de separar a Maxi de su familia paterna.
– ¿Tita duedetita? – interrogó mientras en sus facciones bailaba la intriga y la emoción ¿mencioné que adoraba a la gente que no conocía? Alice asintió frenéticamente ante mi presentación.
– Si, muñequito, soy tu tía duendecita, como los duendes de Santa Claus, tu papá es mi hermano – Y ella había pronunciado las palabras que no debía, los orbes esmeraldas de mi niño se llenaron de ilusión, a lo lejos Charlie estaba completamente paralizado, sus piernas no le daban para acercarse.
– ¿Papito eta contido tita duendetita? – Que dios me guardara si pensase en algún momento lo contrario pero el pequeñito rostro de Maximillian se convirtió en una mueca de esperanza.
¿Había dicho ya que estaba jodida como el demonio?
Suelta mi mano ya por favor
Entiende que me tengo que ir,
Si ya no sientes más este amor
No tengo nada más que decir.
No digas nada ya por favor,
Te entiendo, pero entiéndeme a mí.
Cada palabra aumenta el dolor
Y una lágrima quiere salir.
Estaba segura de una cosa, aquella era una batalla perdida antes de empezarla, sobre todo porque una vez que Alice mencionó que Edward estaba con ella, Maximillian pidió, no...Exigió que lo llevara a ver su padre. Ella me dijo que simplemente no podía seguir ocultándolo, que Edward quería conocerlo y estaba trabajando duro para que yo accediese a ello, y tenía que reconocérselo.
Me dejé convencer, claro que lo hice porque en el fondo de mi mente, todavía ansiaba ver a Edward cargando a su pequeño hijo, esa imagen me había perseguido por los últimos cuatro años desde que me había enterado que estaba en estado. Era inútil, no podía negarle el derecho de verlo.
Una vez que todos nos calmamos, Alice y yo hicimos las paces, me rogó que no la mantuviera lejos de su sobrino, que por cierto no se despegaba de su regazo y estaba más que contento de conocer a su tía duende, me contó sus planes y me planteó la posibilidad de ser parte del equipo de médicos que se instalaría en Los Ángeles para el Center Medical Cullen y que a Carlisle le encantaría, sutilmente la rechace alegando que estaba contenta en mi trabajo, me dejó un regusto amargo el saber que entre revelaciones, ella me daba a entender que Edward estaría de nuevo en mi vida. Mi rostro era el de una muerta en vida, sentía que me podía dar un ataque cardíaco.
Llegamos al delicado tema dónde claramente no pude ganar, y al final pronuncié las palabras que acabarían con mi tranquilidad y mi poca cordura, volvería a ser una jodida casa en ruinas pero tendría la certeza de que mi nene era feliz.
– De acuerdo, Alice. Dejaré que Edward vea Maximillian, pero con dos condiciones – Por supuesto que no se iba a salir del todo con la suya – La primera, que tú le acompañes – esa era la fácil – La segunda, es que en cuanto se cumpla el plazo, quiero el divorcio, pero eso se lo diré yo, tú solo dile la primera.
Ojo por ojo, diente por diente.
Y por favor no me detengas,
siempre encuentro la manera de seguir
y de vivir aunque ahora no la tenga.
Y no mi vida, no vale la pena
para que quieres llamar
si la que era yo, ya no va a estar
esta es la última escena…
Una vez que la feliz noticia fue comunicada, todos querían conocer a Max, Carlisle y Esme eran los más emocionados, aparte de Edward claro.
Mi bebé no paraba de revolotear por el pent, sacando unos juguetes y guardando otros, intentaba decidir cuál era más conveniente tener fuera para que su papá jugara con él, negué mientras mis labios se curvaban en lo que pareció una sonrisa, pero no estaba segura.
Charlie había preferido no presenciar el momento así que se puso de acuerdo con sus colegas para pasar el día fuera, y la noche también, según él. Y yo, yo estaba nerviosa, mis manos estaban sudando de nuevo y me encontré un par de veces olvidando respirar. Había tomado ese día libre y Max no había ido al colegio ni a sus clases extracurriculares, todos estábamos a la espera.
Mi atuendo tan solo consistía en un jean de mezclilla prelavado de tubo y una especie de body beige con cuello en forma de u, mangas largas por supuesto, el detalle estaba en la espalda, un gran ovalo se extendía dejando ver toda la extensión de mi espalda, me hice una cola de caballo y mis Jimmy Choo rojos completaron mi atuendo ¿No era demasiado, no?
¿Quieres verte bien para Edward? Canturreó mi consciencia traicionera, definitivamente no.
Las manecillas de rolex de oro que descansaba en mi mano izquierda apuntaban las dos de la tarde con cero minutos cuando el intercomunicador, anunciando la llegada de Edward, inundó el ambiente, tragué pesado y comencé a hiperventilarme en el sofá ¡Vamos Bella, tu puedes, vamos!
No era ninguna jodida nenita, así que me preparé para hacer frente a la que se venía.
Cuando la fornida figura de mi ex esposo apareció en el umbral de mi puerta, su expresión era cautelosa, no mencioné ni siquiera un saludos solo me hice a un lado para que pasara.
– Buenas tardes, Isabella – su voz de terciopelo comenzó a hacerme delirar, él era absolutamente guapo con sus cabellos cobrizos descontrolados, sus ojos como el jade y esa sonrisa matadora. Su cuerpo era definido y trabajado por el ejercicio y podía recordar con claridad como en su ingle se marcaba la dichosa V, era un pecado hecho hombre, ni el David de Miguel Ángel podía compararse con él. La elegancia y el poder estaban impregnados en cada una de sus células, hasta que se echaba a morir en depresión y entonces parecía un indigente, uno terriblemente sensual.
Ni siquiera en mis pesadillas imaginé que volvería a tener a Edward tan cerca y mucho menos invadiendo mi espacio personal, porque eso era lo que estaba haciendo.
– Mamita ¿puedo shacad mi dobot tanfodmed? – La pequeña vocecilla de Max se coló por mis oídos y de nuevo dejé de respirar, él se aproximaba corriendo hasta mí, no reparaba su vista en Edward aun, lo observé de reojo y mi cónyuge estaba literalmente paralizado
– Maxi, quiero presentarte a alguien muy especial – Comencé sin firmeza, pero debía hacerlo, era ahora o nunca. Tomé a mi bebé en brazos y él me observó impaciente, escuché a Edward soltar el aire contenido – Mira, él es tu papi Edward – Sabía de antemano que ese momento tenía que llegar algún jodido día pero jamás pensé que fuese tan pronto.
A partir de ese momento, la vida me volvió a dar un giro.
El cuerpecito de Max se revolvió chillando de emoción en mis brazos para que le bajara.
– Paaaaaaaaapi, vinite – Exclamo y lo solté, podía soportar cualquier cosa, excepto la escena que se desarrolló después, mis ojos fueron testigo de cómo al tener a Maximillian envuelto, Edward empezó a llorar.
– Edward… – el hecho de que sintiera compasión era la prueba de que mis sentimientos por ese pendejo estaban latentes.
– Mami pote mi papi lloda, no quiedo que llode, papi no llodes pofavod – La carita Maxi estaba enrojeciendo y formó un puchero, tiernamente limpió sus lágrimas con su pequeña manito ¡Y mierda que se vio adorable! El aire volvió a mi pecho y en ese momento no me dolió respirar
– No es eso campeón, es que estoy muy feliz de poder verte – en sus palabras podía sentir todo el amor que le profesaba a Max, a pesar de no haberlo conocido antes, él quería a su hijo…
¿Quién lo diría? Edward puto Cullen tenía sentimientos…
– Mami dide a papito que no llode, ¿veda que no lo dejadas idse ota vez? – negué al ser incapaz de pronunciar palabra alguna, me abrace a mi cuerpo y solté un jadeo.
– ¿Max, por qué no vas a traer tu robot transformer para que se lo enseñes a papá? – necesitaba sacarlo de ahí ahora, venía la parte difícil.
– Shiiiiii – exclamó descendiendo de los brazos de su padre y se echó a correr a su cuarto de juegos o su habitación, depende de dónde hubiese dejado el juguete la última vez.
Un silencio sepulcral se instaló en la sala y le indiqué que tomara asiento en el momento en que yo me hacía lo mismo.
– ¿Dónde está Alice? – pedí saber inexpresiva.
– Nos alcanzará en unas horas, tuvo que ir a recoger a Jasper en el aeropuerto.
De nuevo el silencio.
¿Qué diría ahora?
– Bien, supongo que Alice te habrá dicho la condición que exigí para que puedas ver a Maximillian – comencé vacilante, nada había quedado de la Bella que lo había echado de su oficina un par de semanas atrás.
– Si Bella, y me parece razonable, pero yo también tengo mis condiciones – Le lancé una mirada mordaz, no estaba en posición de objetar.
– Tengo otra condición – el agridulce de mi tono era casi palpable, su rostro me decía que sabía que lo peor estaba por venir – Quiero que cuando el plazo se cumpla, me des el divorcio.
Pensé que había ganado, que podría salirme triunfante de ésta pero por supuesto Edward tenía un as bajo la manga, pareció permanecer inescrutable por una cantidad de tiempo en la que pude escuchar como mi hijo revolvía sus cosas.
– Bien, pero si yo acepto darte el divorcio, presentaremos a Maximillian con mi apellido – y una jodida mierda, me quedé sembrada en mi lugar.
Tenía que tomar una decisión, si para ser libre el precio que debía pagar era que Maximillian dejara de llamarse Maximillian Charles Swan y pasara a ser Maximillian Charles Cullen Swan, tenía que pensármelo bien, estuve divagando por lo que pareció una eternidad y Edward me miraba impaciente, apenas llegaba e intentaba reclamar todos esos derechos de paternidad, derechos que yo no podía negarle porque técnicamente él no sabía que tenía un hijo y seguro que de haberlo sabido, habría asumido su responsabilidad, a simple vista él podía ser un marica mandilón, pero adoraba demostrarme a mí y al mundo que podía superarse como persona.
Estaba retrasando lo inevitable…
– De acuerdo – parecía que después de todo íbamos a necesitar los abogados para otra cosa.
– Bella yo quisiera… – No pudimos continuar, el pequeño Tasmania regresó con su robot y reclamó la atención de su padre.
– Bien, creo que tenemos una charla pendiente – anuncié encogiéndome de hombros.
La tarde transcurrió lentamente y para mi sorpresa estaba relajada, Edward no parecía aburrirse de los tontos juegos que Maximillian inventaba cada cinco minutos, para cuando él aprendía la logística del juego anterior, él ya tenía uno en mente nuevo y reía, me atrapé varias veces suspirando de encanto, si tan solo fueras mío, nene…
Al final Edward y yo llegamos a un extraño pacto de no agresión, no sin que antes el tuviese su oportunidad para besarme el trasero un poco con sus perdones de mierda que no quería, el tiempo de las promesas y disculpas ya había pasado, ahora solo debíamos mantener la cordialidad por el bien de nuestro hijo, nuestro…
Los días que tuviese guardia, Max podría quedarse con Edward en vez de recurrir a Nina, la niñera, como todavía los preparativos del nuevo centro médico se estaban concretando, Edward debía pasar mucho tiempo libre porque todavía no conseguía el inmobiliario perfecto.
A las cinco y cuarenta, Alice junto con Jasper llegaron para darnos la buena nueva, habían encontrado un perfecto Townhome en Wilshire Boulevard que se ajustaba a las necesidades de su hermano, ella y Jasper estaban en la fortuita búsqueda de otro lugar cerca, pero aún no encontraban nada.
No podía culparlos Beverly Hills presentaba una amplia gama de lugares para asentarse.
Maximillian parecía estar como en navidad, le encantaba estar con la gente, y ahora no quería despegarse de papito Euar, de tita duedetita, y había hecho buenas migas con tito budy, si ese era el nuevo apodo de Jasper.
No era consciente de lo bien que se sentía pasarlo en familia hasta ese momento, sobre todo porque por primera vez en años Edward estaba siendo un adulto, lo encontré más de una vez observándome fijamente de manera lasciva, yo sabía que después de girarme un poquito a propósito más o menos podía tenerlo comiendo de mi mano o más bien de mi trasero, pero no era momento de andar provocando a mi demasiado dispuesto ex marido.
Para la cena comimos Sushi de un nuevo restaurante, Max pasó y solo se comió una especie de puré de papas con mucho queso cheddar y mantequilla que Nina había hecho para ese tipo de casos. El cielo empezó a oscurecerse, Alice y Jasper decidieron que era momento de salir de escena.
– Muchas gracias Bella, la hemos pasado bien ésta noche, nos volveremos un poquito fastidiosos pero si nos tienes paciencia yo creo que podrás acostumbrarte – solté una leve risa sofocada ante su explicación.
– ¡Oh Alice! De verdad no tienes de que preocuparte, me sentí mucho mejor al tenerlos aquí – le di un fuerte abrazo haciéndole una promesa de un día de shooping porque estábamos locas por las compras, también me despedí de su esposo con un gesto cariñoso y les desee buenas noches.
Al girarme me encontré con Edward persiguiendo a Maximillian por toda la casa, la imagen me causo gracia.
– Max, es hora de tu baño. – Tan solo mencionar esas palabras mágicas comenzó a despojarse de sus prendas sin dejar de reír, él se la estaba pasando en grande y con eso yo era feliz.
– Papito pofavod báñame tú – me sentí celosa, pero tenía que comprender que la ausencia de una figura paterna que lo llenara de esos detalles, era mi culpa.
Tenía que dejarlo ser, asentí mirándolos a ambos y suspiré.
– Debes leerle un cuento para dormir, Edward – le recordé encendiendo mi MacBook, había trabajo por hacer.
Tal vez y solo tal vez, aquello no fuera tan malo.
Bueno, éste es mi capítulo de hoy, quizás para el mañana tengamos el próximo. Muchísimas gracias por las que se toman el tiempo de dejar Reviews y las que comentan en el grupo de Facebook.
Es increíble lo rápido que he hecho para escribir todo y complacerlas, espero que lo disfruten.
Las cosas se empezaran a poner intensas prontooooo.
*Pants Harem: son unos pants que están muy de modas, los chicos lo usan muy por debajo de sus caderas y suele verse su ropa interior, un trozo de tela grande queda entre sus piernas. En lo particular me parecen sexys y en niños, se ven adorables.
* Addidas skateboarding: Son unos tennis que también están de moda, son de corte alto y de cierre mágico, al estilo supras.
*Venice Beach: es un distrito deLos Ángeles,California,Estados Unidos. Es más conocida por sus canales y playas, pero también tiene un área residencial algo bohemia, así como su colorido paseo junto al océano.
