Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins

NOS LEEMOS ABAJO...


Capítulo 12

Para mis adentros lo único que podía hacer es insultar a Gale por convertirme en una cosa. Sí, lo se, estoy pecando de injusta pero es tan indigno sentirse algo, sentirse un pedazo de carne tomada y profanada. Aun así Gale seguía cumpliendo con sus promesas por más lejos que se encontrara. Una parte de mi lo odiaba por irse, por tomarme, por casi jugar con mi vida como si fuese potestad de él; y otra parte le estaría eternamente agradecida por haber sido un capítulo muy importante en mi vida, un sostén, un apoyo, un amigo fiel. Pero lamentablemente no soy de las que perdonan y esa maldita nota me dejó un sabor muy amargo. "¡¿Negocios son negocios?!" Eso era para él, un puto negocio…

Me resigné a sentirme así, a sentirme usada, porque al fin y al cabo tendría esta sensación de ser un objeto cada vez que acabara de revolcarme con algún hombre. Y por más que reniegue de mi condición actual es una decisión que tomé, y debo aceptarla como tal, sumirme en este mundo y absorber mi nueva vida para volverme una superviviente. Y si me lo ponía a pensar había sobrevivido al hambre y al abandono, a la muerte y la desidia, a la ignorancia y el desinterés. Mejor dejar de lado las reflexiones filosóficas de la vida, en definitiva era una asquerosa vida, pero por lo menos seguía siendo mía y yo siendo artífice de mis propias elecciones.

Me fui con Johanna a prepararme para ir a ver a mi primer cliente, me acerqué al perchero donde se encontraba el atuendo que usaría; un vestido de color rosado muy pálido, un rosado casi imperceptible, que hacía que lo oliváceo de mi piel contrastara notoriamente. Se sujetaba de un solo hombro y era un poco ajustado el pecho provocando que mis senos se volvieran más redondos y pareciesen más grandes. Aunque supongo que ese efecto también lo daba el ancho lazo de encaje blanco radiante que se sujetaba por debajo de la línea del pecho. Lo bueno era que el vestido luego caía en una natural cascada de tela suave y volátil llegando unos centímetros por encima de mis rodillas. Los zapatos fueron el gran problema, eran muy incomodos, no servían para estar parada ni para caminar por mucho tiempo pero debo decir que estilizaban mi figura creando que mis piernas cobraran kilométricos centímetros. No me gustaban demasiado que fuesen tan llamativos, con todos esos ínfimos cristales que los cubrían, formando casi todos los colores del arcoíris en un par de zapatos que debía de ser de color plata…creo…

Cada vez estaba más convencida de que evidentemente mi sentido de la estética estaba atrofiado.

Para mi sorpresa tanto el maquillaje como el peinado eran sumamente sutiles y sencillos; unos cuantos rizos que sucumbían en mi espalda y un poco de rubor y un labial pegajoso y brillante. Creo que nunca me había sentido tan bonita como en ese momento y lo peor de todo es que me estaba acostumbrando a estar así de arreglada y ser sexualmente apetecible. Aun recordaba cuando Johanna me dijo que tenía potencial y por primera vez estaba cayendo en la cuanta que me gustaba ser un poco desfechada y provocadora; supongo que la provocación es parte innata de mi ser.

Mientras Johanna me repetía una y otra vez que me quedara tranquila por que el "señor" Mellark era una persona muy amable y dulce que jamás se propasaría, adornaba mi cuello por un collar de pequeñas y blancas perlas.

Me dirigí raudamente al auto que me llevaría a casa de mi cliente. Mi corazón saltaba de mi pecho, tenía un nudo en el estómago, me flaqueaban las piernas y el aire que respiraba me era insuficiente. Estaba aterrada y muy nerviosa. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si este tipo no era lo que todos decían? ¿Y si era un pervertido como yo creía? Preguntas, preguntas, preguntas que obviamente no ayudaban a mi estado de nerviosismo.

Traté de subir al auto con la mayor tranquilidad posible. El chofer me dijo que se llamaba Thresh, era un muchacho joven moreno y de semblante serio. Solo atiné a decirle un tímido "hola" cuando arrancó el auto negro hacia nuestro destino. Me distraje mirando a través de los espejados cristales las calles distrito, esas calles que no nunca había recorrido, esas calles que dejaban ver las diferencias de clases que había entre ellos y yo, esas calles que me dejaban en claro que entraba a la burbuja de los ricos. Después de recorrer varias cuadras mas paramos frente una casa, una casa un poco antigua pero que aun conservaba su halo de lujo. Mientras Thresh bajaba del auto y se ocupaba de ayudarme a bajar; yo me encomendaba a la gracia del destino, serenándome, sedando mi mente y dejando que mi instinto me lleve.

Nos paramos frente a la puerta principal y mi chofer tocó la puerta, esperamos unos breves minutos antes de que se abriera y saliera aquel hombre que me dejó perpleja. Su rostro emanaba un aire amable y paternal, un aire protector y generoso. Su piel era de tez blanca, la suavidad de su piel se notaba a simple vista. Su cabello era dorado y de plata, se notaba que el rubio de sus años de juventud era invadido por las canas de su actual edad. Lo que mas me cautivó fue su mirada serena y profunda, esos ojos azul mar eran vibrantes y sabios.

Me observó mientras yo nerviosa esperaba su veredicto pero él me regalo una gran sonrisa con esos labios color bermejón. Estiró su mano entregándole un sobre a Thresh, el moreno solo se lo guardó en el bolsillo y se retiró rápidamente, dejándome sola.

– ¡¿Me haces el honor de entrar, por favor!? – Hasta su voz sonaba confiable, combinaba con lo que su primera impresión me dio. Aun así estaba sumamente nerviosa por lo que solo me dediqué a entrar a su casa en silencio.

Apenas cruce el umbral un vaho dulce me invadió, olía a hogar, olía a comida casera, a tarta, a cariño, era un aroma ciertamente embriagador. La decoración era antigua, barroca, los revestimientos en madera completaban la armonía del ambiente.

–Por favor toma asiento…–Indicándome un gran sofá que reinaba en el centro de la sala principal –Voy por leña para prender el hogar, es que a mi edad uno siente mas el frio...–Solo le respondí con una sonrisita forzada mientras él desaparecía.

Me sentía un poco incomoda, me costaba entrar en confianza y estaba dando el aspecto de muda o de mal educada, y la verdad que no podía darme ese lujo. Me levanté del sofá para estirar un poco las piernas y sacarme un poco los nervios, estar en actividad me ayudaba; así que me acerqué a una de las paredes y comencé a ver las fotos que estaba colgadas. Aparentemente eran del señor Mellark con su esposa en la apertura de una panadería, o por lo menos eso decía en los vidrios del negocio. Luego estaba su mujer meciéndose en una silla con una gran panza, supongo que estaba embarazada. Le seguía otra fotografía de su mujer nuevamente embarazada y tomada de la mano por un pequeño niño. Y la última foto era de dos niños de uno años jugando con otro más pequeño. Supongo que esos tres niños son sus hijos. Mis ojos buscaron más fotografías hasta que reparé que sobre el hogar dormía un gran retrato de la familia. Allí estaban el señor y la señora Mellark y sus hijos. Todos rubios y de ojos azules, eran como versiones más chicas de su padre. Me hizo recordar al retrato que tenía de mi familia, de cuando era una familia, con papá y mamá abrazados, con Prim sonriendo y con toda la inocencia de la niñez expuesta en mi sonrisa. Me sentí nostálgica pero la voz del señor Mellark me exaltó.

–Son mi esposa y mis hijos. Uno de ellos pintó ese retrato – Me dijo mientras intentaba encender los leños en la chimenea –El más pequeño tiene dotes artísticos, se llama Peeta

– ¿Peeta? Es un nombre muy bonito –Carraspeé y le estiré mi mano –Me llamo Katniss

–Peek, Peek Mellark–Tomó mi mano con su mano fría y grande, saludándome –Mucho gusto Katniss. Discúlpame que no me presenté con anterioridad pero te vi tan nerviosa que preferí que te relajaras un poco

–Gracias señor Mellark. A decir verdad estaba un poco nerviosa. Esta es la primera vez que nos conocemos y siendo honesta entre Delly y yo hay una gran diferencia…supuse que quizás no me "aprobaría"…–La risa del hombre me dejó un poco perpleja

–Jajajajaja…eres una muchacha muy bonita Katniss, sería un tonto si no te "aprobaría", como dices tú. A decir verdad eres más linda que Delly pero…ssshhh no se lo cuentes a ella ¿vale?

–Vale, no le diré nada –Respondí con una gran sonrisa por el comentario. No por sentirme más que Delly si no por la cortesía que este hombre tuvo conmigo

– ¿Katniss puedo decirte algo?

–Sí, claro

–No me llames señor Mellark. Soy Peek

–Esta bien…Peek

–Así esta mejor

Peek tenía problemas para encender la fogata, así que sin preguntarle me arrodillé a su lado y lo ayudé. Para cuando caí en la cuenta estaba encendiendo los leños mientras Peek solo me miraba sonriendo. Pues no me había dado cuenta que en vez de ayudarlo terminé por quitarle el lugar. Peek se levantó y me ofreció su mano para ponerme de pie.

–Sí, definitivamente eres mejor que Delly…– Solo me volví a reír – ¿Sabes que estaba pensando Katniss? Que en vez de salir a cenar, como tenía planeado, mejor nos quedamos y cocinamos nosotros la cena. ¿Qué te parece?

–No soy muy buena cocinado. Es mas soy pésima cocinera Peek –Le dije un poco avergonzada

–Pues cocinaré yo así tú aprendes. Vamos a la cocina Katniss. Ven, sígueme

La cocina era casi tan grande como la sala. Todos los muebles eran de un blanco radiante y puro contratando con el negro del mármol de la mesada. Y una amplia mesa de madera lustrada tenía en el centro una botella de un líquido rojizo con notas violáceas y dos copas anchas de cristal. Peek comenzó a sacar verduras de las variadas, un montón de trastos de distintos tamaños, y miles de utensilios de cocina. Peek me hablaba de lo que haría de cenar, de su las verduras, de la técnica que usaría para cortar cada vegetal; pero yo no le prestaba atención ya que me preguntaba que es que un hombre como Peek buscaba en unas ordinarias chicas como las que trabajamos en el Capitolio. Supongo que mi cara de intriga fue muy obvia por que Peek interrumpió mis pensamientos con su voz.

—Katniss ¿quieres preguntarme algo?

—Me preguntaba…bueno…no quiero parecer una entrometida pero me pregunto que podría querer un hombre de su clase con una chica de tan corriente como yo

—Voy a contarte una historia Katniss pero antes me gustaría que me sirvieras una copa del vino que dejé sobre la mesa

Le serví una copa a él y una para mí, me senté sobre la mesada y escuché con atención lo que el señor Mellark me contaba.

— Mi esposa y yo nos conocíamos desde pequeños. Nuestras familias eran muy cercanas y desde siempre tuvimos una relación de amistad muy intima. Tanto es así que nuestros padres decían que terminaríamos casándonos por que aparentemente el destino ya nos había unido desde temprana edad. La verdad que yo la veía como una gran amiga, solo eso, y con el correr de los años mas estaba convencido de mi devota amistad por ella. Claro que ella no sentía lo mismo, ella si me amaba desde pequeños. A los 12 años conocí a una chica que me robó el corazón, una chica que ignoraba completamente, que no sabia de mi existencia, una chica que era demasiado lista y madura para un niño como yo. Con el pasar del tiempo y de los años esta pequeña niña se convirtió en una hermosa mujer, inteligente, segura, independiente, y de la cual estaba perdidamente enamorado. Así que me armé de valor y la invité a salir, y para mi sorpresa accedió. El día de la cita ella nunca llegó, yo quedó totalmente destrozado por su desplante. Pero la mujer que me acompañó y me consoló y cuidó de mi fue esa fiel amiga que luego unos meses luego se transformaría en mi esposa. Con lo años aprendí a amarla y a quererla, además se convirtió en la madre de mis tres hijos. El primero se llamó Elmod. Elmod tenía el mismo carácter temperamental que su madre, esa terquedad y rudeza lo unía más a ella. Luego de dos años vino Kace, era muy sociable, divertido, amistoso y también un poco fanfarrón, se parecía a mi en mi juventud. Mi esposa no quería mas niños, con Elmod y Kace le era suficiente, solía decirme que no era una coneja para estar teniendo críos, que ya bastante trabajo tenia con esos dos y encima yo no la ayudaba porque me la pasaba encerrado en la panadería

—Pero tuvieron uno mas, Peeta ¿no?—Interrumpí a Peek

—Sí, claro que tuvimos uno más. Peeta llego cuando Elmod tenía 7 y Kace 5. Mi esposa había perdido todo interés en Peeta. En muchas ocasiones peleábamos por que era demasiada severa con él, o no le prestaba la suficiente atención como merecía, hasta tuve que resignarme a la idea de que ella no lo quería, que no lo aceptaba como hijo. Peeta fue el que siguió mis pasos, se encargaba de la panadería en mi ausencia, se levantaba antes que saliera el sol para hornear conmigo, además creó una beta artística que mi esposa odiaba porque decía que era una perdida de tiempo

—Sí que es dura con él…

—Sí, lo era. Peeta es un muchacho amable y dulce, inocente, seguro y determinado, pacifico y cariño. Todas las cualidades que mis otros hijos no tenían, las tenía todas Peeta. Así que nos volvimos muy unidos tanto porque él y yo somos muy parecidos como a raíz del accidente

— ¿El accidente?

—Si Katniss, el accidente donde murieron mis hijos y mi esposa. Sucedió hace tres años, el 19 de Junio, cuando mi esposa estaba de vacaciones con Elmod y Kace en otro distrito. Kace se durmió y el auto desbarrancó. Murieron al instante. Así que solo quedamos Peeta y yo. Es por eso que todos los días 19 de cada mes no me gusta pasarlo solo. Me recuerdan que se suma un mes más a la eterna soledad que me arropa desde la muerte de mis hijos

Nos quedamos un buen rato callados. Yo miraba el piso mientras de reojo veía como Peek se secaba las lágrimas de su afligida cara. Realmente era gran hombre. Y hasta me sentí mal en dudar de las verdaderas intenciones de Peek. El pobre hombre solo necesitaba alguien que lo escuchara, alguien que le prestara algo de atención en un día tan duro para el. Había encontrado un similitud con Peek, yo sentía lo mismo y estaba agradecida de tener a Prim conmigo para apoyarme y no pasarla tan mal. Peek rompió por fin el silencio y comenzó a contarme anécdotas familiares. Como cuando Elmod trato de quitarle un diente a Peeta para que el "hada de los dientes" le trajese dinero, o cuando Kace y Elmod mandaban a Peeta a por galletas y dulces, o cuando Kace y Elmod se peleaban porque querían ligarse a la misma muchacha.

Nos acabamos la primera botella de vino mientras cocinábamos…bueno mientras Peek cocinaba y yo miraba. Nos sentamos a cenar el exquisito estofado de cordero el cual acompañamos con otra botella de vino y con mas anécdotas familiares pero ya no solo de Peek sino también mías. Increíblemente me sentía en confianza con él además de sentirme mas liberada gracias al alcohol que corría por mi sangre. Supongo que parte de ello se debía a la perdida de vergüenza que causaba el alcohol y otra parte a lo paternal que emanaba de la voz de Peek.

Era ya de madrugada cuando Peek y yo nos echamos en el sofá a ver fotografías viejas de sus hijos, de su mujer, de él, de su infancia, en fin toda su vida. Obviamente que otra botella de vino nos acompañaba pero este era muy dulce, casi no se sentía el gusto alcohólico de la bebida gracias a la dulzura del vino. Comíamos una deliciosa tarta de moras y crema mientras Peek hablaba y hablaba, yo sentía mi cabeza girar; mis sentidos eran más torpes, me reía de nada...creo que estoy un poco borracha. Cierro los ojos un momento tratando de aguardar hasta que la habitación deje de darme vueltas cuando siento sus dedos rozar a penas mi mejilla y acomodar un mechón de cabello detrás de mi oreja. Su toque no me molesta sólo me sorprendió un poco, pero Peek había demostrado ser un caballero, ser un hombre, un padre así que lejos de ponerme a la defensiva sólo me relajé más.
– Tienes una piel muy suave y fresca Katniss
–…Gracias... –Le respondí como sí estuviera dormida y hasta quizás lo estaba por que todo era demasiado perfecto como para ser real. Así que abrí mis ojos para comprobar sí estaba soñando cuando sus ojos color mar me miraba fijamente. Sentía una forma extraña de verme, como sí sus iris recorrieran detalladamente mi cuerpo y mi rostro. Su mano nuevamente se posó en mi cara brindándome sutiles caricias mientras su cuerpo se movía lentamente sobre el sofá acercándose más mi cuerpo. Una señal de alerta tintinea débilmente dentro de mi cabeza pero el alcohol ha bañado mis neuronas, relentisando mis movimientos.

Estaba levemente nerviosa e incómoda baja la sigilosa mirada de Peek.

–Ella se llamaba Kala...pasaron unos largos años y mis padres fallecieron así que las visitas al cementerio eran frecuentes en mi vida. Una tarde muy nublada de invierno me perdí y por casualidad fui a dar con la tumba de mi amaba Kala. Su epitafio decía que había muerto el mismo día de nuestra cita, esa donde nunca llegó. La culpé muchos, muchos años por no haber aparecido, por no poder dejarme amarla y vivir nuestro amor. Siempre me pregunte que hubiese sido de mi vida sí Kala se hubiese presentado a nuestro encuentro… pero ya ves...murió. El destino no quiso que nos uniéramos, que nos quisiéramos, que nos amaramos… nuestro destino no era estar juntos

–…Peek...lo siento mucho, se nota que ella realmente fue el amor de tú vida

– ¿Sabes una cosa Katniss? Pienso que la vida me está compensando por habérmela quitado. Cuando te vi frente a mi puerta no pude salir de mi asombro al notar que eres exactamente igual a Kala. Las mismas facciones, el mismo castaño en sus cabellos, la misma piel oliva…y esos ojos grises, esa mirada triste y determinante…Igual a ti

Su cuerpo se pegó al mío, sus ojos se fijaron en mi boca y su mano se apoyó sobre mi pierna. Estaba estática y rígida, sorprendida por la extraña actitud de Peek. Tenía miedo, sabía que algo malo iba a pasar, me lo gritaba la débil voz de supervivencia en mi cabeza.

–Por fin vas a ser mía Kala…

Peek se abalanzó sobre mí tratando de besarme pero fui más veloz y corrí mi cara justo a tiempo y traté de levantarme del sofá pero él me atrapó en el aire obligándome a caer encima de él. Mi espalda estaba pegada a su pecho, sus manos brutas trataban de abarcar la mayor cantidad de piel posible, sus dedos se adentraban bajo mi falda rozando la cara interna de mis muslos. Me zafé y tontamente caí al suelo y comencé a gatear así la salida, pero el vino me había dejado lenta y mareada como para ponerme de pie y echar a correr. Él era más fuerte que yo así que me tomó como sí mi peso fuese el de una pluma y me volvió a estampar contra el sillón. Peek no estaba muy consiente tampoco así que trastabilló con la alfombra, lo cual me dio unos segundos para tratar de correr a la puerta; pero me volví a alcanzar y me estrelló contra una pared recargando su peso en mi.

–Peek… Peek… Peek… no soy Kala, soy Katniss… ¿Recuerdas? Peek ¡por favor! Soy yo, Katniss

–¡NOOO! esta vez no vas a zafar de mi Kala, eres una perra asquerosa y manipuladora, me hiciste esperar más de 20 años para poder hacerte mía…y ahora mismo la serás

–¡NO…NO…NO…NO…NO! Soy Katniss –Grité otra vez tratando de recobrarle la conciencia a Peek–… por favor ¡reacciona! Soy... – Sentí la mano de Peek golpear con furia mi boca callándome y haciendo brotar sangre de mis labios.

Mis gritos se ahogaban bajo su piel, mis manos se movían con urgencia tratando de defenderme del ataque, mis piernas estaban presionadas con las suyas y me era imposible moverme. La adrenalina y el miedo eran tan fuertes que corrían por mis venas que ya no poseía una gota de alcohol. Nuevamente trate de zafarme y forcejear con él pero eso sólo me canso rápido y me dejó a merced de su deseo.

Me resigne a que ser violada por Peek, a que entrara con violencia en mi, era más fuerte que yo y yo me rendí ante su fortaleza y su locura. Mis manos dejaron de luchar y mi garganta paró sus gritos, mi cuerpo se tenso y temblaba como una hoja seca. Las manos de Peek se movían como sí fuesen miles, su boca recorría mis hombros con frenesí y sentía su miembro ponerse duro bajo mi vientre.

Traté una vez más de hacer entrar en razón a Peek pero sería inútil, lo sabía incluso antes de intentarlo.
–Peek… por favor ¡no! ¡Estas confundido! ¡Soy Katniss! Peek… por dios… no quieres hacer esto

Sus ojos que alguna vez fueron azules estaba totalmente ennegrecidos, totalmente idos, como si fuese un predador ante una indefensa presa…Peek estaba fuera de sí.

Clavó su mirada llena de odio en mis ojos llorosos y con ambas manos rodeo mi tráquea y apretó con fuerza. Sentí caer las perlas de mi collar en el suelo, el sonido era lejano y cada vez mas débil, el aire ya comenzaba a faltarme y la vista se me nublaba; cuando sentí como sus manos se alejaban de mi cuello. Mientras tosía y trataba de recuperar el aliento, Peek rasgaba mi vestido haciéndolo pedazos, dejando mis pechos al descubierto y mi falda convertida en un andrajo que apenas cubría mi sexo. Las lágrimas caían sobre mi pecho, estaba totalmente entregada a lo que pasaría.
Peek desabrochó sus pantalones que cayeron hasta sus tobillos y con sus piernas abrió las mías, abriéndose camino fácil hacia mi intimidad. Con una de sus manos masajeaba su virilidad y con la otra amontonaba, hacia un costado, mi braga. Sentí su punta rozar mi entrada y los ojos de Peek mirarme directo a los míos. Lloraba en silencio dejando caer gruesas lágrimas, apretando los dientes y rogando a alguna fuerza divina que no me doliera tanto y que todo termine rápido. Traté de poner mi mente en blanco para no escuchar los insultos de Peek…

–Eres una zorra arrastrada, asquerosa, sucia, una ramera, una puta que me dejó esperando por casi 25 años para follarla. ¡Puta! ¡Zorra! ¡PUTA! ¡Cerda repugnante!

Cerré los ojos, apretándolos con fuerza para no abrirlos, tomé aire y dejé que pasará lo debía pasar.

El tiempo parecía no pasar nunca por que esperaba que Peek me tomara y me penetrara con la fura que despotricaba momentos antes…pero nada… Hasta que sentí el sonido de algo colisionar contra el suelo, algo pesado y grande…

Con mucho temor abrí los ojos y vi a Peek yacer en el suelo con un charco de sangre que se formaba por debajo de su cabeza. Estaba totalmente estupefacta con la imagen que mis ojos me devolvían. Simplemente no entendía que sucedía hasta que…levanté la mirada y lo vi.

– ¿Estas bien?

Esos ojos azules, más azules que el cielo, como si fuesen replicas del firmamento adornando su rostro. Sus cabellos rubios como el trigo, como si su pelo fuesen miles de hilos de oro. Me miraba asustado, apenado, culposo, como si todo fuera un gran error de su parte… Tiró hacia al piso el pesado candelabro de plata, con el que supongo golpeó a Peek por las salpicaduras de sangre que tenia. Lentamente se fue acercando a mí. Mi mente no procesaba tantos acontecimientos juntos. Se quitó su camisa y cubrió mi cuerpo escuálido y desnudo. Solo me quedé estática un momento para luego apretarlo contra mí.

Susurré, con un moribundo hilo de voz, contra su oído mientras él me envolvía entre sus brazos.

– ¿Eres un ángel? ¿Has venido a ayudarme?

–No…Soy Peeta Mellark…


Hola mis pequeñas pervers! Yo les cuento que vengo del cine. Acabo de ver Amanecer! Buenisima peli, me sorprendi y eso que no soy fan de Crepusculo. Pero barbara la pelicula, me gusto muchisimo. Inevitablemente me puse a llorar al final por que bueno soy una sensible de mierda y lloro de nada.

Buenoooooo ya está! Peeta esta oficialmente dentro del fic! Espero que no les haya decepsionado el capitulo. Sienceramente se que tarde mucho en que Peeta a pareciera y eso, y mi mayor temer es que el capitulo les resultara una mierda. Que tengan la sensacion de "para esto espere tanto?" Asi por favor haganme saber que onda, dejeme sus review para saber que les parecio. SI les gusto la parte del abuso del Pekk, si les gusto los nombres, si les gusto como aprecio Peeta! Noseeeeeee haganme llegar sus idea desde un primer momento es que Peeta llegue en un momento donde Katniss este vulnerable y no pueda mas que rendirse ante la ayuda de Peeta. Queria que la entrada de Peeta se impactante para Katniss asi como para ustedes...espero poder conseguir su aprobacion.

Bueno notaran lo temprano que subi el capitulo pero mañana trabaja todo el dia y seguro no iba a tener tiempo asi que mejor ahora! Asi que pervers no tengo mucho que contarles ademas estoy cansada. Espero que no me despierten a las 7 de la mañana una que yo se, que es mala y como tiene que estudiar y me envidia, me molesta a esa hora! La verganza nunca es buena mata el alma y la envena, dice el Chavo. Pero esto tiene mas gusto de denuncia publica! Asi mi adorada katnissj te mando al frente! Mala mala mala!

Bueno chicas...y chicos!Si chicos! Un parajito con anteojos me contó que les metió presion para leer asi que bienvenidos a las filas de la perversion! Ah si seguramente les encantó el cap 1,los hombres aman a las lesbianas, qunque nosotras no e ustedes pero eso es otro tema! Asi que gracias hija mia por pervertir estos dos muchachitos!

Nos leemos el viernes que viene mis pervers...tengo sueñoooooo!