Los personajes son de Collins y bla bla bla todo lo se ya saben...
Capítulo 14
Todo era oscuridad y silencio total, no veía nada más. No podía ver nada aunque estuviera adelante mío, sólo negrura espesa y absoluta. Caminaba en cualquier dirección, estaba perdida, estaba desorbitada, mis sentidos estaban nulos y muertos. Caminaba y caminaba pero era inútil, no tenía idea a donde me dirigía. Me volteé, sobre mis talones, mirando que había detrás de mí, cuando me di cuenta que había manchas de sangre por todos lados. Pero ¿de donde venían? Creo que salían de… ¿mí?
Me llevé las manos a la cara pero mis manos seguían igual, sin ningún rastro de sangre. Me toqué el pecho y panza pero tampoco estaba lastimada allí. Me llevé las manos a mi entrepierna y descubrí que de allí brotaba la sangre. Me vi las manos llenas de líquido rojo, bajé la mirada y me vi totalmente desnuda, y como un gran charco de sangre reinaba bajo mis pies. Grité y grité pero no escuchaba mis propios gritos, de mi garganta no salía sonido alguno. Grité y lloré muy fuerte ¿Qué me estaba pasando?
Volví a tomar mi sexo y a comprobar que evidentemente el sangrado venía de ahí. Me hice un ovillo en el suelo y abrasé mis rodillas. Lloré…lloré…lloré; grité… grité… grité… pedí ayuda… pedí socorro… pero nunca salió mi voz. Me sentía ahogada, con un gran nudo en la garganta, con ganas de salir de allí.
Sabía que moriría desagrada y sola... esperaba mi muerte lenta y dolorosa.
Su mano se posó en mi hombro y giré mi cabeza para verla. Era Prim, que parecía enfada conmigo.
—Me juraste que me cuidarías hasta el final. Me juraste que harías cualquier cosa por mí. Me juraste que me protegerías siempre y nunca te separarías de mí
—¡Pero Prim no me digas eso! Aún lucho por un futuro para ti, para mí, para ambas, para nosotras
— ¡MENTIRA! ¡Eres una mentirosa! Me vas dejar sola y te vas a ir con papá porque eres una cobarde, una miedosa, una egoísta de mierda, sólo piensas en tú felicidad. Te rendiste Katniss. Me das asco. Eres igual que mamá
—¡NO, NO, NO! ¿Qué estas diciendo Prim? Sabes que eso no así. Yo te necesito, te necesito a mi lado… por favor no te vallas… no me dejes… no me dejes por favor...
Prim fue absorbida por las sombras mientras yo me levantaba y corría para alcanzarla. Pero era en vano, no había lugar donde correr...
— ¿Sabes que si hubieras aceptado ser mía esta no te estaría pasando?
Esa voz…esa voz que era conocida.
Me giré y frente a mi estaba Peek. Me baño un miedo atroz y corrí mientras escuchaba sus pasos seguirme y gritarme cosas horribles. Me alcanzó y me tomó fuerte de los hombros, sus ojos totalmente ennegrecidos y los míos llenos de lágrimas se encontraron y sin medir palabra me golpeó en la boca, en la nariz, en el rostro. Podía sentir la piel magullada, el daño que sus nudillos provocaban en mi cara. Sus ojos idos, su cara repleta de rabia, su boca con una sonrisa sádica y jocosa. El calvario disminuyo un poco cuando mis piernas no pudieron resistir más el padecimiento que sufría, dejando de ser mi sostén, dejándome caer de lleno el piso.
Me arrastré por el sueldo sucio y lleno de pétalos de rosas, desangrándome poco a poco, tragando mi propia sangre; que sabia a vino y oxido.
Una voz me llamó.
—Katniss tranquila ya estoy a aquí
— ¿¡Gale!?...¡Gale! ¡Gale! ¡Aquí estoy!
Su presencia se reveló ante mis ojos. Me tendió su mano y yo la acepté. Me abrazó con fuerza mientras caminábamos entre las penumbras. Una gran cama se presentó en mitad de nuestro camino. Nos quedamos quietos a los pies del catre hasta que de un rincón salió el viejo hijo de puta de Snow.
— ¡Señorita Everdeen llega justo para su prueba!... Gale ya sabes que hacer
Gale me tumbó con brutalidad sobre la cama y comenzó a sacarse los pantalones, me abrió las piernas y me penetró violentamente. Yo me retorcía del dolor, sentía que me desgarraba por dentro, me descuartizaba internamente y me lastimaba demasiado. Debía parar, él no quería hacer esto, solo seguía órdenes de Snow…Gale sería incapaz de propiciarme tal castigo.
—¡Gale no… Gale para por favor… Gale no ya no más!
Pero él seguía y seguía metiendo su pene en mí, abriéndome por dentro, despedazándome, lastimándome, rasgándome. La sangre salía a borbotones de mi vagina y salpicaban el cuerpo de ese personaje que simulaba ser mi amigo. Sentía las carcajadas de Snow como el fondo musical.
Gale sacó su pene embebido en sangre y lo insertó en mi boca de sopetón, mientras yo hacia el esfuerzo por no tragar mi propia sangre ni su semen. Me forzó tanto que me dieron arcadas e inevitablemente vomité. Me vomité encima.
Gale me insultaba, me llamaba puta, zorra, ramera, mientras volvía a penetrarme haciéndome exudar. Él ingresaba con más ferocidad, con tanta crueldad y atropello, como si me odiara. La risa de Snow se escuchaba más fuerte, me aturdía. El hedor de mi propia regurgitación mezclado con el olor a rosas de Snow me causaba arcadas.
Gale bombeando con toda su rabia dentro de mí y yo sólo gritando de dolor. Gritaba para hacerlo entrar en razón, lo llamaba para que saliera de su estado de posesión y cayera en la cuenta de lo estaba haciéndome.
—¡Gale… Gale…Gale!
Parecía inútil. Grité otra vez…
—¡Gale… Gale…Gale!
Una vez más…
—¡Gale… Gale…Gale!
Y de repente el silencio y la oscuridad espesa surgieron nuevamente. Cerré los ojos para dejarme al fin morir, cuando sentí su peso sobre el colchón. Me pasó su suave mano por el rostro como tratando de borrar mis lágrimas. Su palma acarició mi cabeza, lo cual me serenó y sentí que todo el dolor iba menguando, sentí paz y calidez, me sentí protegida y querida.
¿Papá? Es mi papá que vino a rescatarme. ¡Sí, lo sabía! Porque esa calma y alivio solo lo sentía con él, ese cuidado y cariño solo podían dármelo él, esa armonía y seguridad solo estaba bajo el poder de mi padre. Sentía como sus mimos tocaban mi alma y como su presencia alejaba todo el mal que me rodeaba, todos esos fantasmas que me torturaban en la soledad, esos que vivían en el fondo de mi corazón y se alimentaban de mis inseguridades y temores.
Tarareaba una canción…
Sólo cierra tus ojos
El sol se está poniendo
Vas a estar bien
Nadie puede hacerte daño ahora
Ven, luz de la mañana
Tú y yo estaremos sanos y salvos
Pero su voz me reveló quien estaba a mi lado…era Peeta.
–¡¿Peeta?! ¿Eres tú?
–Hola preciosa…Sí, soy yo
–¿Donde estamos?
–En mi habitación…
No me había dado cuenta que estaba despierta, que estaba otra vez en la realidad, que esto no era parte de la horrible pesadilla que había tenido. Que ese muchacho rubio y de ojos azules, ese que me había ayudado y salvado del cruel abuso de Peek.
Pero mi desconfianza siempre primó en mis sentidos, así que solo me arrinconé a un costado de la cama y tomé una posición defensiva. Al fin y al cabo Peeta debía de ser tan perverso y sucio como su padre. Pero esa cara de nene bueno y esos ojos que parecían sinceros, como si pudieras tocar su alma a través de su mirada traslúcida y cristalina, me hacían dudar de su verdadera naturaleza. Pero no debía dejarme engañar. Al fin y al cabo Peek me generaba tranquilidad y un aire paternal, bajé la guardia y casi me violó. Y aunque me haya rescatado de las manos de su padre y estaba agradecida con este muchacho, no dejaba de ser hijo de Peek, el hombre que casi me acababa la poca dignidad que me quedaba. Estiró su mano tratando de agarrarme pero ese movimiento brusco solo provocó que me acurrucara más contra una esquina de la cama.
Me miró decepcionado, quizás esperaba otra reacción de mi parte y no una tan grosera. Y era lógico después de todo lo había pasado no confiera en él. Lo que más me preocupaba era estar bajo el mismo techo que Peek, era algo insoportable y doloroso. Los recuerdos de esa noche pasaban, me atormentaban, esa pesadilla horrible e inhumana volvía a golpear mis sentidos, quería largarme, debía hacerlo.
Peeta carraspeó inquieto, se podía olor el nerviosismo en su piel, la incomodidad y la tensión entre nosotros. Bajó su mirada avergonzada mirando hacia algún punto fijo en el suelo, con su cabeza agachas y sus manos intranquilas entre lazadas.
–Katniss lo siento tanto…lo que paso anoche…mi padre…yo…yo…no sé que decirte. Solo puedo pedirte perdón y…
– ¡Peeta basta!– Le espeté de golpe, callándolo automáticamente y poniéndolo mas tenso aun– ¡Basta! No quiero oírte. No quiero tus disculpas. No me interesa tu perdón. No te creo nada tu papel de príncipe azul en su corcel blanco
Peeta solo me miraba con cara de consternación, al parecer le dolía lo que le decía. Pero era cierto, me daba igual su perdón, él no era culpable de nada en todo lo era su padre…pero aun así no me fiaba de la amabilidad aparente de este muchacho, seguro algo oscuro ocultaba.
Nos quedamos callados largos e interminables minutos. Él solo estaba ahí nulo, nervioso e incómodo con mi presencia, y yo estaba aún tratando de asimilar todo lo ocurrido hace unas horas atrás. Por fin Peeta se levantó de la cama, detalle del cual no me había percatado, él durmió al mi lado. Levanté las sabanas y vi mi cuerpo desnudo y lastimado reposar sobre el colchón. ¿Y realmente Peeta creía que podía verlo con buenos ojos después de ver esa escena? Mi mente solo me decía que no confiera en él pero aun así una sensación de desesperación se arropó en mi corazón cuando Peeta de levantó de la cama.
El silencio incomodo era parte de la orquesta de sonidos reinantes en la habitación, mis palabras duras chocaban contra las paredes y se repetían como un jodido eco, lastimando a quien debía estar agradecida. Pero así era yo. Una desconfiada, una cerrada, una persona que se creía autosuficiente y fuerte, una persona que podía sola, una egoísta, una orgullosa, una de esas personas que por más equivocada que estuviese no sabía pedir perdón. Eso era yo. Eso es algo que me alejaba de las personas y las que tenía cerca a regañadientes aceptaban. Peeta se dirigió a al armario y hurgó los prendas que tenía en el perchero. Descolgó una vestido y lo posó a los pies de la cama.
–Era de mi madre, odiaba el color verde…
Se dio la vuelta y dándome la espalda, preparándose para irse, cuando de sin pensar demasiado abrí la boca.
–…Gracias...
–No tienes que dármelas, es lo menos que puedo hacer por ti dado los acontecimientos de anoche
–No quiero hablar de eso…prefiero vestirme e irme
–Lo entiendo perfectamente
Peeta salió rápidamente de la habitación dejándome sola y haciéndome sentir culpable. Era un buen chico después de todo. Podría haberle preguntado como es que apareció de golpe, como es que terminé en su cama, si realmente no se había aprovechado de mi, podría haberle dicho tantas cosas pero no pude, no ahora, no podía, solo quería largarme de ahí con urgencia. Así que me vestí con rapidez. Cuando estuve a punto de tirar del picaporte de la puerta, me giré y miré algo que llamó mi atención. Una de las paredes de la habitación tenía una gran fotografía, una fotografía que ocupada la totalidad del muro. Era el bosque, mi bosque, esa lomada donde solía sentarme mientras miraba nadar a papá, era ese lago lleno de flores acuáticas, esas flores que me daban nombre, esa agua dulce iluminada por los rayos de sol que lograban entrar a través de las ramas de los arboles. Era una imagen preciosa, exacta de como recordaba yo la vera de la laguna. Me acerqué para contemplar esa foto más de cerca cuando me di cuenta que no era una fotografía, era una pintura, un retrato exacto de como se ve el bosque en la primavera. Podía notar las pinceladas en la pared, esas gruesas acumulaciones de pintura que creaban efectos y colores que eran casi desconocidos para quienes nunca pisaron esa zona del Distrito. Aun así eso no fue lo que me llamó la atención del retrato. Sobre un alto pino se podía ver la silueta de una persona, una persona pequeña, un niño aparentemente…mejor dicho una niña. Su pelo con dos trenzas a los lados y su vestido negro me daban la pauta de que era una niña…o eso me parecía por que no se podía apreciar muy bien ya que algunas ramas de pinos interferían con la imagen. Me sentí extrañada el ver esa pieza de arte reposar sobre el frio cemento de la pared. Esa imagen que me hacia reconfortar el corazón y me acercaba mas a mi misma y a mi naturaleza salvaje. Pero que una persona como Peeta retratara tan exactamente ese paisaje y más aun captar la esencia mística que posee el bosque, me dejaba más en evidencia la sensibilidad que este muchacho tenía.
Salí de la pieza y bajé con muy recaudo las escaleras. El corazón se me estaba apunto de salir, palpitaba como un tambor y perdí toda la paz que sentía dentro del cuarto del rubio. Escuchaba la voz de Peeta, miré la puerta principal que estaba delante mio, miré de reojo a Peeta que hablaba por teléfono, miré nuevamente la puerta de entrada, miré a Peeta y él me devolvió la mirada, miré la puerta, el pasador y me lancé hacia afuera.
Las nubes tapaban el sol del amanecer, aun quedaban algunas sombras dando vueltas por el Distrito, sombras que me escondían, que me seguían y me protegían. Corrí tan veloz como pude, sintiendo dolerme los pies bajo el choque de mí piel contra el asfalto, los gritos de Peeta no me tocaban, su sonido no me alcanzaba, solo quería irme a casa. Estaba herida, herida en el cuerpo y en el alma, una vez más herida, una vez más vencida, una vez más en deuda, una vez más con sed de justicia, de venganza, de ecuanimidad.
No estaría en deuda con Peeta si él nunca hubiese visto a Peek casi violarme. Peek no lo hubiese hecho si yo no hubiese ido. Yo no hubiese ido si Haymitch, mandado por Gale, no me lo hubiese asignado. No me lo hubiesen asignado si no trabajase para el viejo hijo de perra de Snow. No trabajaría para Snow si mi madre hubiese sido capaz de afrontar su papel y responsabilidad con Prim, ni siquiera conmigo. No odiaría a mi madre si mi padre siguiese con vida. Injusticia, simple y llanamente injusticia. Y ya no la necesitaba, tenía sed de equilibrio, exigía lo que me fue arrebatado, esa vida que me cagaron y se robaron todos de a trozos. Papá, mamá, Gale, Johanna, Snow, Haymitch y Peek. Todos tenían un pedazo de Katniss y yo misma no tenía nada de mi misma, cada vez era más nada, cada vez era más un muñeco inerte sin voz ni voto.
Llegué a casa y vi a Prim dormir tan cómoda y tranquila que ahí estaba la respuesta y soluciones a todas mis preguntas. Prim era mi todo, ese mundo donde yo era feliz, esa persona por la que me sed de justicia era calmada y apagada. No podía perder el último bastión de alegría que quedaba en mi vida. Debía hacerme dura, fuerte y resistente ante los miles de golpes que tendría si quería conservar a mi patito a mi lado. Me senté a un costado de Prim y me dediqué a acariciarla, me dediqué a hacerle sentir mi amor incondicional, mi apoyo ante todo. Pero yo misma soy mi peor enemiga, y recordé todo lo que estos meses venían pasando, lo que ayer sucedió, lo que al despertar me encontré. Pero cada vez que sentía mi piel erizarse al rememorar los roces de Peek en mí, escuchaba la voz de Peeta que me cantaba y me repetía
Sólo cierra tus ojos
El sol se está poniendo
Vas a estar bien
Nadie puede hacerte daño ahora
Ven, luz de la mañana
Tú y yo estaremos sanos y salvos
Su aroma a pan y sus ojos sinceros y azules chocaban en mi cabeza una y otra vez. Se sentía extraño. Recordarlo me hacia sentir rara. Tranquila y protegida, como si realmente podía dejarme llevar por sus palabras y creerle cuando me decía que "vas a estar bien nadie puede hacerte daño ahora". Me acosté al lado de mi hermana y la abrasé con la poca fuerza que me quedaba.
Mi cerebro, que estaba entrando en la inconsciencia, me zarandeó con un recuerdo más. Mis labios posándose sobre los labios de Peeta, sus manos grandes acaparar la mayor cantidad de superficie de mi cuerpo y mi cuerpo sentir los efectos de su blancura mezclarse con mi aceitunada piel. Pero no era una recuerdo…era la manifestación de un deseo, de una extraño deseo que sentía desde el momento en el que este chico me cautivó con su pelo color oro y sus ojos azul mar. Caí rendida ante el mortal cansancio que me atestaba, con una respuesta muda a una trunca pregunta que en mi mente se presentaba…
Peeta Mellark… ¿Qué estarás haciéndome?
Hola pervers como andan? Yo aca aburrida y al pedo. Aca escuhando uno temitas romanticos que muy amablemente me paso un amigota. La muy guacha me quiere hacer llorar! Jajajajajajjaa
Bueno Gale Gale Gale...la cuestion que el flaco se la estab violando en sueños. Jajajajajaja es un capitulo un poco duro despues de leer la contra parte de lo que siente Peeta por ella. Pero Katniss ya esta entrando en la fuerza gravitatoria de Peeta asi que pronto la vamos a ver rendida a sus pies. Claramente el tema es Safe and Sound...no hace falta que ni lo diga no? Lo raro es que por lo general los temas que suelo incorporar al fic son los que casualmete estoy escuchando mientras escribo. Y aunque lo cante Tailor siempre me imagine a Peeta cantandoselo a hay mucho que decir mas que agradecer por los review! Nunca pense llegar a mas de 100! De verdad que mi fe como escritora es pobre y tiendo a pensar que les aburre mi forma de escribir y eso. Jajajajaja Ya vendran lo lemmons otra vez, tened pasiencia!
Buenos gracias a todas, Chica en Llamas, johaguzman, AbigaiMalfoyMellark, Que el capitulo anterior no les di las gracias. Como siempre a las demas les super agradesco. Ah mi amigota loca que me pasa musica para cortarme las venas con un galletita de arroz el "gato de la vendinia" no la voy a nombras por que despues me dice que no tengo codigos! Pero te kiero loca! Vendimia Gay en Marzo! Bancame que ya voy! Y para tu cumple!
Nos leemos el viernes que viene locas pervertidas, cerdas del sexo y diosas de la morbosidades!
