Este capitulo es un regalo de Nvidad y de Año nuevo. Nada tiene que ver con la historia que estaba contando! Espero les guste y por fa dejenme su opinion.
Los personajes de son Susana Collins y yo me cago en el copyright y me invento mi historia!
Feliz Navidad, mi insaciable zorrita
Odio la Navidad, no es un complejo del Grinch que tengo, es que simplemente la soledad duele más por la noche y más en una ocasión especial como esta.
Como, desde hace 3 años, lo pasaría sola.
Había dejado mi pueblo natal, aquel lugar que olía a carbón y azufre, ese donde el gris era el color preponderante. Ahora mi lugar era un pequeño departamento en el barrio más barato de una ruidosa ciudad, una de esas ciudades gigantes llenas de luces, una de esas ciudades con no duermen.
Tenía el menú en la mano, había decidido que esta vez pediría mucha comida, postres y vino para pasar la noche y brindar a la distancia con mi familia. Mi madre y mi hermana no querían venir a pasar el Año Nuevo ni la Navidad junto a mí. Se excusaban en que la cuidad no les gustaba y como yo era la que se había mudado me correspondía, por ende, viajar hasta allí. Pero no podía volver a mi casa, no después de lo que pasó entre Gale y yo.
Gale había sido mi amigo durante muchísimos años, desde que era una pequeña niña de 11 años y por casualidad nos encontramos. Desde allí crecimos juntos, maduramos, sufrimos, reímos, nos enamoramos perdidamente el uno del otro. Yo lo amaba más que a mi propia alma, más que a mi misma, más que a nada ni nadie. Pero supongo que el sentimiento no era tan mutuo como creía. Cuando cumplía mis 23 años Gale me pidió matrimonio. Gustosamente acepté, era mi sueño casarme y formar una familia junto a él, quería una casa cerca del bosque, ese lugar mágico donde hicimos el amor por primera vez. Quería un perro, un gato pero sobre todo quería hijos, niños que tuvieran sus ojos, su nariz, su pelo, sus habilidades, sus genes, su corazón. Gale era el mejor hombre que había conocido…o eso creía yo. Estaba tan boba por él, era una ciega, mi amor no me dejaba ver la realidad. Unas horas antes de que la ceremonia de casamiento empezara, alguien tocó a mi puerta. Yo ya estaba enfundada en mi vestido blanco e impoluto cuando corrí por el medio del salón ante la atenta mirada de los invitados, del sacerdote y de mi prometido. Me acuerdo perfectamente ese momento. Fue algo tan absurdo, tan sub realista, tan bochornoso, tan doloroso y triste. Madge se escondía detrás mio, con el maldito sobre blanco entre sus manos temblorosas y asustadas. Ella solo lloraba a mares, y aunque era tan culpable como Gale, no podía olvidarme que era mi mejor amiga. Gale no supo que decir. Hacía casi dos años mantenía una relación paralela con Madge, y ahora a solo una horas de enlazar mi vida al hombre al cual me entregué de cuerpo y alma, ella me confirmaba que esperaba un hijo de él. Tomé el primer tren que salió para la cuidad más alejada de mi pueblo, de mi pasado, de la vergüenza pública, de mi humillante realidad. Con mis ahorros en los bolsillos, con mi maleta llena de decepciones y mi corazón hecho polvo, me instalé en esta ciudad hace ya tres años, ya casi cuatro. Conseguí trabajo como mesera de un bar de mala muerte, donde la paga era bastante mala pero las propinas eran muy buenas, eran las ventajas de trabajar con borrachos. Y aunque me lie con cuanto ser humano se me cruzó, me costó mucho poder sobre ponerme a la traición de Gale y de Madge. Mi hermana me contó hace unos meses atrás que ellos se casaron y que están esperando su segundo hijo. Lo cual me dio como un puto puñal en el corazón e hizo que decayera nuevamente. Por eso había decido no volver nunca más a mi pueblo a no ser que necesitaran de mi presencia con demasiada urgencia.
Así que allí estaba, sola, otro año más, otra Navidad más, otro Año Nuevo más; seguramente sola. Menú en mano, llamé al restaurant y pedía mi cena, comida china, pollo frito, mucho vino y mousse de chocolate. Esta vez festejaría a lo grande.
Mi pedido llegaría dentro de una hora y media, tiempo suficiente como para que me alistara. Hoy estrenaría ese vestido rojo que me había auto regalado por Navidad. Me duché con tranquilidad, en cremé mi cuerpo y me maquillé. Cuando estaba terminando de peinarme tocaron el timbre, corrí hacia la puerta pensando que se trataba de alguna visita inesperada, quizás mi madre y mi hermana se arrepintieron y viajaron a verme pero no. Era mi pesada vecina de junto que venía a desearme una linda Navidad. Bla, bla, bla era lo único que escuchaba. No me interesaba en lo más mínimo su saludo falso y soso, si nunca hablábamos en todo el año ¡¿Por qué me venía a desear Feliz Navidad?! Al fin se marchó y me dejó terminar de peinarme.
Me quedé junto al gran ventanal del comedor mirando los relámpagos refucilar en el cielo naranja y nublado. ¡Genial! Que Navidad de mierda pasaría…otra vez. La tormenta se desató casi tan rápido que solo me dio tiempo para juntar la ropa que tenía colgada en el balcón. ¡Bárbaro! Peinado arruinado y maquillaje corrido.
La comida no llegaba y ya eran las 23 horas. Hacía como 20 minutos que tendía que haber llegado. Hambrienta y enojada marqué el número del restaurant cuando tocaron el timbre. "Salvado por la campana" pensé y mientras revolvía mi cartera buscando mi billetera me decía a mi misma "muchacho no te has ganado mi propina". Levanté el teléfono intercomunicador y pregunté quien era.
– ¡¿Si?!
–Su pedido
–Ya bajo
Bajé, abrí la puerta y me encontré con un chico empapado de lo pies a la cabeza. El color rubio de su cabellera estaba oscurecido por el agua, sus ojos azules brillaban con cada rayo que surcaba el cielo. Como era verano la remera que llevaba se le pegaba al cuerpo de lo mojada que estaba. ¡Dios! ¡Que cuerpo! Este chico debería ser modelo y no repartidor.
–Buenas noches… ¿que te debo?
–Son 74,25…perdón la demora es que con esta tormenta están casi intransitable las calles
–Me imagino. Para colmo ya estamos sobre las 12 y ahora vas a tener que apurar el paso para llegar y festejar con tu familia
–Nah, ni te preocupes que yo la paso solito…soy de un pueblito muy chico y mis padres odian venir a la cuidad así que estoy acostumbrado a pasarla solo
– ¡¿De verdad?! Igual yo
– ¡¿Tu?!¿Una muchacha tan linda como tú no tiene aunque sea un novio con quien cenar? No te creo
–Pues así es. Ni siquiera tengo mascota así que…–Le dije mientras le daba un billete de a 100.
–El mundo si que esta mal–Me decía mientras abría su billetera en busca del cambio.
–Quédate con el cambio
–Gracias. Bueno hermosa Feliz Navidad– Me decía mientras volvía a encender su moto para marcharse. La lluvia volvía a golpear fuertemente y el viento huracanado azotaba con violencia impidiendo hasta abrir los ojos. Así actué por instinto.
–HEY…HEY…HEY–Grité fuerte por que mi voz no se oía entre las ráfagas de viento y el motor de la motocicleta– ¿QUIERES QUEDARTE A CENAR CONMIGO?
– ¿¡QUE?!–Me contestó el rubio casi a punto de arrancar.
–QUE SI TE QUIERES QUEDAR A CENAR CONMIGO
Parece que se lo tomó mal ya que arrancó y ni siquiera se despidió. No, esperen un momento, ahí volvía. Se dio la vuelta para poder guardar la moto en el hall del edificio así quedaba mejor acomodada.
–Hola de nuevo preciosa–Me dice mientras baja su vehículo–Soy Peeta, para servirte
–Hola extraño…soy Katniss
Me ayudó con las cajas y bolsas donde venía la comida. Caminábamos en silencio mientras nos dirigíamos hacia el ascensor, toqué el botón llamándolo. Peeta me miró y me regalo una sonrisa, una sonrisa un poco incomoda. Y yo le respondí de la misma forma. Las puertas mecánicas del elevador se abrieron y nos metimos dentro. Apreté el botón que decía cuatro e imperceptiblemente subíamos. Para mis adentro pensaba "Katniss estás loca. Mira si el chico es un asesino serial o un loco o un ladrón" Pero sinceramente no tenía aspecto de nada de eso. No se a ciencia cierta su edad por que tiene rasgos muy aniñados, esa piel blanca, esas pestañas largas y tupidas, esas pequeñas ondas que se le formaban en la frente, su nariz recta y masculina y la insipiente barba de unos días. Las puertas se abrieron nuevamente y, gracias a Dios por que la baba se me estaba empezando a caer de tanto ver a este chico.
–Bueno…llegamos. Vas a tener que disculpar el desorden Peeta
–Hey no pasa nada. Mi casa es un nido de ratas
Abrí la puerta, entramos y dejamos las cosas sobre la mesa. Peeta miraba para todos lados mientras asentía con la cabeza.
–Es un departamento muy bonito. Huele muy bien y esta decorado tan femeninamente. Te felicito Katniss tienes un departamento hermoso
–Gracias Peeta. ¿Sabes que estoy pensando? Que seria mejor que te ducharas así no te refrías
–Bien, creo que es buena idea
Acompañé a Peeta hasta el baño, le indiqué los grifos de agua caliente y fría y me fui. Estuve tentada de mirar por la cerradura de la puerta pero temía que me descubriera. Yo abrí una de las botellas de vino y me tomé una copa de una sola vez, mientras ponía la mesa. Me prendí un cigarrillo, sí un vicio nuevo que había adquirido aquí en la cuidad que me ayudaba a pasar más rápido las noches, y aguardaba por Peeta.
Pensaba en todas las cosas que había vivo este año. Las cosas buenas como tener una nueva vida, la posibilidad de ponerme a estudiar dentro de uno meses y la gran oportunidad que tenía de entrar a trabajar como gerente en un nuevo bar de jazz. Las cosas malas…la soledad. No había podido hacerme de un amigo o amiga digna de confianza, todos de alguna forma me decepcionaban. Pero algo rompí la narrativa de mis pensamientos.
–Creo que debiste de dejar dos toallas
Peeta estaba en medio de la sala, con el pelo desordenado, el torso desnudo y la toalla atada a su cadera. Las gotas de agua se resbalaban por su piel blanca y ese pecho esculpido a mano. Estaba condenadamente sexy. Demasiado para mi salud mental. Me levanté como tiro de la silla y corrí hasta mi habitación a buscar algo se pudiera poner. Aunque el hecho de que Peeta este desnudo en medio del comedor no me molestaba en lo más mínimo.
Si algo había aprendido en esta ciudad es que cualquiera puede ser un buen amante. He pasado por varios hombres después de Gale, ahora me doy cuenta que quedarse con la primera opción no siempre es lo mas conveniente.
Revolví los cajones, pero aun mis camisetas más amplias no eran lo suficientemente grandes para Peeta. Él miraba desde el umbral de la puerta y se sonríe ante mi búsqueda implacable por ropa. Quise pasar apurada entre la puerta y él, cuando choqué contra su masa musculosa. Su piel colapsando con la mía me causó un cosquilleó en la entre pierna.
Estaba nerviosa. Tenía hambre. Hambre de sexo. Y si no encontraba ya que ponerle a ese chico iba a terminar la noche violándolo. Debo esforzarme por arrojarme sobre él como un león famélico se arroja a las gacelas.
Sentí que Peeta se para de tras de mí y su voz me envuelve y me va mojando lentamente.
– ¿Estas bien? Pareces nerviosa
–Estoy bien–Dije con la voz un poco ahogada mientras apretaba los muslos de la excitación– No estoy muy acostumbrada a tener chicos desnudos en la sala de mi casa…solo eso
Peeta me tomó de los hombros y me giró para que lo viera. Sus ojos azules vibraban a pesar de que la luz de mi departamento era casi nula y tenue, los relámpagos se encargaban de mostrármelos. Con sus manos grandes y cálidas me acaricio los brazos hasta encontrase con mis manos pequeñas. Las tomó y las puso sobre la toalla, y entre los dos tiramos de ella dejándolo completamente expuesto.
–Ahora si soy un chico desnudo en tu sala
La atracción es muy fuerte, luchar contra nuestros deseos imposibles, tenernos cerca incontrolable. El deseo aflora, nuestros cuerpos elevan su temperatura. Me tiro sobre él y él sobre mí. Sus labios rojos y aterciopelados se funden con los míos. Nos besamos con frenesí, lo cual me vuelve loca y me enciende más. Su lengua dentro de mi boca baila sin fin y se enreda con la mía que la aprisiona sin intenciones de dejarla ir. Sus dientes muerden mi boca y los míos su cuello. Sus manos van a parar a mi trasero y las mías a su pecho. Me arrodillo ente él y frente a mi encuentro esa magnifica prolongación de su cuerpo que empezaba a elevarse como por arte de magia.
Tomé entre mis manos su pene, grueso, largo, venoso y velludo, él me miraba desde arriba, expectante. Abrí la boca y saqué mi lengua, probando la punta roja de su miembro. Levanté a penas la vista y ese par de ojos azules me observaban desde las alturas dándome la orden de que siga, que pruebe más. Abrí más la boca y me meto la longitud de su verga en mi boca. Él gruñe y suspira como si los segundos anteriores hubiesen sido una tortura. Me esfuerzo por lubricar todo el largo de su sexo con mi saliva, lamiendo todo la suavidad de su piel y rozando mis labios con algunos de sus pelos rizados. Cierro los ojos concentrándome lo más que puedo en mi tarea, chupando la punta que cada vez estaba más hinchada y roja. Me tomé unos segundos para recobrar el aliento mientras ambas manos lo masturban. Le regalé una sonrisa desde el suelo para hacerle saber que me encanta chuparle el pene, él me miraba implorándome que siga, con ansias y desesperación. Entonces raudamente me introduje la totalidad de su miembro en mi boca. Sintiendo la punta raspar mi garganta y darme unas pequeñas arcadas, arcadas que eran lógicas teniendo en cuenta el tamaño del pene de Peeta. El rubio se volvió loco y sus manos se posicionaron en mi nuca, haciendo que su sexo entrara más en mi tráquea. Me saltaban algunas lágrimas de los ojos pero no pensaba parar, su verga en mi gañote era una tortura muy estimulante.
– ¡No puedo creer que te la tragues entera!– Me dijo totalmente agitado e ido. Mi respuesta fue mirarlo sensualmente y dejar caer mi saliva por los costados de mi boca, como si fuese un agobio vivir un segundo sin su glande en mi boca– ¡Dios mio! Te voy a follar la boca nena– Las caderas de Peeta se movían de atrás hacia adelante con un ritmo bastante veloz mientras sus manos acompañaban el movimiento de mi cabeza. Yo seguía succionando con más afán que antes sintiendo la hinchazón de su cabeza, la dureza de su pene y las venas inflamadas de sangre. Estuvimos así unos minutos más y por fin Peeta deja mi nuca para posar su mano derecha en su hombría y masturbarla con premura. Aproveché para relajar mi mandíbula que me dolían por los movimientos de vaivén penetrantes, me sequé un poco la saliva y me volví a acomodar entre las piernas de Peeta esperando mi premio. Mientras él se cascaba sin reservas y yo me comí sus testículos de sorpresa. Su mano marchaba con más brío que antes, yo lo miraba desde mi lugar sugestivamente para que acabara de una vez. Me tomó de la cabellara sin ninguna delicadeza y colocó la punta de su sexo en mi cara, yo abrí la boca indicándole donde quiero su semen. Mientras Peeta rugía de excitación, disfrutando su orgasmo, yo recibía las salpicaduras de su néctar en mis labios y en mi lengua.
–Trágate todo la leche zorra– Me dijo el repartidor con voz ronca. Y una vez que descargó toda su leche en mi boca me levanté y le mostré como todo su orgasmo ahora formaba parte de mí.
El rubio se apoyó en el respaldo de una de las sillas más cercanas, recuperando el aliento, mientras el sudor recorría parte de su espalda ancha y robusta.
Supongo que la acción se terminó. Estaba acostumbrada a que los tipos fuesen muy egoístas y no recordaban que una también tiene ganas de coger. Pero cuando creí que todo había acabado Peeta me estrechó entre sus brazos fuertes y marcados, atrapando mi cuerpo flaco y ligero.
– ¿¡Pensaste que te me había olvidado de ti?! No, no, no preciosa. Ahora me toca a mí jugar contigo
Y dicho esto me besó apasionadamente, hurgando en mi boca, buscando sabores, buscando mi lengua, prendiendo nuevamente la llama de la pasión. Nos devoramos con tanta hambre que nunca noté mi cuerpo chocar contra la pared de la habitación. Peeta no tuvo necesidad de quitarme el vestido, solo sacó mis pechos por encima del escote quedando mis tetas más expuestas, más redondas, más armadas, más regaladas y expectantes. La falda subió dejando ver mi braguita diminuta, esa minúscula tanga color rosada.
Sus dientes mordían sutilmente mis pezones erectos y sensibles. Yo me movía extasiada sobre el muro que me sostenía. Su lengua lamía mis pechos uno a la vez, sus manos pellizcaban mis botones rosados y sus dientes me quitaban jadeos con cada bocado que le da a mi busto. Yo seguía sus movimientos con mi mirada, mordiendo mi labio inferior para descargar el placer de cada lengüetada en mis tetas. Él me observaba superiormente, a sabiendas que era el causante de mi calentura. Sus labios comenzaban a trazar el camino hacia abajo, hacia mi sexo. Su saliva se evaporaba al pasar por mi piel hirviendo de gozo, su barbilla me hacía a penas cosquillas al pasar por mi vientre plano y mi vagina estaba completamente anegada de flujo. Peeta pasó de largo mi intimidad y se dedicó a mordisquear mis muslos, mi culo, mis piernas. Contraje los labios de mi femineidad buscando sentir más placer, rozando mi clítoris contra las paredes de mi órgano. Mis manos acariciaban mis senos recordando los labios y manos del rubio que yacía a mis pies. Peeta se levantó y volvió a atacar mis labios, mi cuello, mi mentón. Me dejó marcas de dientes y yo rasguños en su espalda. Su sexo esta despertando lentamente, pude sentirlo palpitar tenuemente en el rose con mi pubis. Su mano fue a parar directo a mi vagina untándose los dedos con mis jugos.
–Estas muy mojadita… ¿es por mí?
–…Si…por ti– Apenas pude esbozar palabra.
El muchacho se acomodó nuevamente y muy suavemente abrió mis piernas y comenzó a acariciar mi vagina con su lengua. Empezó a chuparme los labios muy delicadamente para luego seguir con mordiscos y sobadas más contundentes. Me estremecí, me excité, me contorsioné de pasión y locura, mis espasmos de deseos eran incontrolables. Su lengua encontró mi clítoris y jugó con él como si no hubiese un mañana, mis gritos eran cada vez más fuertes y seguidos, la respiración me fallaba y las piernas no aguantaban mi peso.
–Necesito que me penetres Peeta
–No– Me respondió cortante– Todavía no hermosa
Acarició, chupó, lamió y metió su lengua en mí, sentí que un espasmo llegaba de repente haciendo inminente mi organismo, y en ese momento fui toda suya y mientras él abría más mis labios vaginales para introducir ese animal descontrolado en que se había convertido su boca. Temblé de placer al descargar mi orgasmo en su lengua que no dejaba de lamer mi clítoris. Sentí como su boca se iba llenando de mi flujo y me daba gusto ver como se tragaba el fruto mi excitación. Mis manos agarraban sus cabellos con fuerza y sin ninguna vergüenza, necesitaba dejar hasta el último milímetro de jugo en sus labios. Grité complacida, aun vibrando de deleite, tiritando y queriendo más y más de Peeta.
El repartidor se levantó de un salto y acercó su boca a la mía.
– ¿Te gusto?
–Me encanto– Respondí sensual y caliente.
Otra vez nuestras bocas se unieron para dejándonos sin aliento, quemándose, ardiendo, enroscándose como dos víboras en un árbol. Su hombría estaba nuevamente erecta, podía sentirla pincharme el bajo vientre, lo cual volvió a mojarme nuevamente. Entre besos mis manos se escurriendo y tomaron su pene masturbándolo con un ritmo apresurado. Peeta mordía mis labios de mucho que le gusta que lo masturbe. Subí mi pierna para poder sentir el rose se su sexo contra el mío. Mi entrada estaba preparada para su llegada en cuando quisiera pero preferimos torturarnos mutuamente. Su miembro acariciaba mi sexo, y su hombría hacía el esfuerzo de no penetrar mi lubricada vagina. Jugamos un poco con nuestro auto control y el deseo del otro. Desafiándonos a ver quien pierde la paciencia primero. Pero es él quien perdió la cabeza primero.
Me dio vuelta contra la pared, quedando de bruces contra el muro y acariciaba mi culo con la cabeza de su pene. Me robó unos gemidos lo cual creo suponer que lo volvían más loco por que me tomó del cabello salvajemente y se dedicó a besarme desbocadamente mientras rozaba su sexo contra mis nalgas, tratando de encontrar el pequeño agujero que se esconde tras de ellas.
Me paré en puntas de pies y extiendo mis caderas hacia atrás, él se ajustó detrás mio y volvió a embadurnar el largo de su verga en mi femineidad.
– ¡Pídemelo! ¡Pídeme que te coja!– Me ordenó Peeta.
–Fóllame Peeta. Cógeme de una maldita vez
Y sin dudar me penetró de una sola estocada. Las paredes de mi órgano se pegaron a su pene, era tan placentero sentir su sexo raspando mi interior. Mi estreches y su grosor nos hacían jadear sin control. Él gruñía y yo gemía sin parar. La pasión no me dejaba pensar, el deseo nos unía cada vez más.
Comenzaban nuestros cuerpos a seguir un ritmo cada vez más veloz y violento, sin límites, el deseo nos arropaba. Poco a poco con su verga como animal tan grande y desbocado, sentí morir de placer. Una de sus manos me cacheteó el culo, lo cual me encantó y veo que a él más.
El ritmo de la penetración subió y ya no aguantaba más para venirme, necesitaba acabar ya.
–Peeta…me vengo…me vengo…
–…Juntos… acabemos juntos
Esperé uno segundos más y sentí como Peeta bombeaba más fuerte, él también ya se venía. Jadeantes, sudorosos, gimiendo, rugiendo, gritando…
– ¡DIOS PEETA! ¡No puedes follarme tan bien, joder!
– ¡TODO POR MI PUTITA!
…Acabamos…
Sentí su esperma caliente chocar en mi espalda baja y resbalarse pacientemente por el surco de mi trasero. Me arrastré por la pared y me dejé caer al suelo tratando de recuperar el aliento. Peeta se sentó a mi lado agitado buscando un poco de aire también. Nos miramos y nos besamos tiernamente cuando escuchamos el sonido de los juegos artificiales. Nos levantamos y nos paramos frente al ventanal del comedor mirando los colores luminosos y fantásticos que se formaban el cielo. Los brazos de Peeta me abrazaron por detrás y su cabeza se recostó sobre la mía, sus labios me dieron un beso dulce en el cuello y su voz me rodeó el oído.
–Feliz Navidad, mi insaciable zorrita
–Feliz Navidad, extraño
Nos despertamos al otro día muy tarde, tomamos un café entre charlas y risas. Peeta no era un chico común y corriente, era bastante especial. La atracción física era innegable, la química en la cama era natural y la complementariedad de nuestros caracteres era justa. Pero todo había sido una casualidad, no vería más a Peeta después de que cruzara esa puerta y se subiera a su moto. Y tampoco me daba la cara como para proponerle verlo más veces ya que esto era solo sexo, sexo ocasional y nada más. Quedaría como una estúpida y desesperada chica, y no quería que me viese así. Me había vuelto orgullosa y cuidaba mi dignidad con fiereza a partir de lo de Gale. Así que mejor lo dejaría pasar.
Bajamos y Peeta subió a su vehículo, encendió su moto y antes de ponerse el casco me regalo un último beso. Lo vi irse hasta que se perdió de mi vista. Subí a mi departamento y me dejé caer en el sofá, sofá que aun guardaba el aroma a sexo de esta tarde antes de que él se fuera, el perfume de nuestro ultimo polvo.
Alguien tocó el timbre de mi departamento y como estaba medio dormida abrí la puerta sin mirar por el rabillo de la puerta.
Allí parado frente a mí estaba Peeta.
– ¡¿Peeta?!
– ¿Tiene con quien pasarla en Año Nuevo?
–No…
–Bien…entonces tenemos una cita preciosa ¿Aceptas?
–Acepto extraño
– ¡Bien, esa es mi insaciable zorrita!
Perveeeeeeeeersssss! Como las vengo peloteando con el lemmon de Katniss y Peeta quise regalarles este pequeño capitulo para aplacar su ansias! Tengo varios anuncios!
1) Feliz Navidad(atrasada) y Muy Feliz Año. Particularmente este año fue de lo más raro, duro y lindo que me tocaron. He conocido gente de la cual me he flechado y gente que me ha desepcionado, me he animado a asumir cosas muy importantes en mi vida(como mi eleccion sexual) y me he enamorado completamente de la escritura, ese hobby que desde chica practicaba a escondidas. Conocí los Juegos y las conocí a ustedes. Me he hecho grandes amigas gracias a este lugar y he conocido a otras más que amigas tambien! Pero fue un año muy duro y jodido para mí. Sufrí crisis horribles, tristezas muy profundas, me quedé sin laburo, me peleé muchisimo y sufrí mucho fisicamente con mis dolores. Pero dicen que cuando se cierra una puerta se abre una ventana y apesar de todo lo malo, que fue muchisimo hasta el ultimo momento, este año será uno de los más importantes para mí. Ojala que el 2013 nos depare más cosas positivas que negativas y espero que sea el año de todas ustedes y el mio! Mis mejores energías y ondas para todas y todos! Los quiero...
2) Me voy de vacaciones! Al fin puede disfrutar de unas vaciones muy al estilo de mi niñez...Mar del Plata, primos, tios, playa, hermanos y pura diversion! Como cuando era en nena! Asi que desafortunadamente esteré volviendo a subri despues de esos dias de reseso que mi cuerpo y mi mente necesitan...y principalmente nesecito lavar mis energias con el mar y cicatrizar el corazon que viene bastante vapuleado.
3) Les quiero agradecer muchisimo el apoyo de todas aquellas que me dejan sus review! Sus opiniones me dan fuerzas para seguir escribiendo ya que tengo un ojo muy auto crítico suelo pensar que lo que escribo es muy malo. Pero tengo alguna personas que me dan una mano y me alientan seguir y esas son ustedes! Gracias de todo corazon. Le debo confesar que tenia un miedo atroz al subir el primer capitulo pero mi fic ha tenia cierto exito y creo que les gusta así que supongo que no debo de hacerlo tan mal como creía! Ojo no soy ni una centesima de lo que es Collins pero bueno che...es lo hay! A las seguidoras y que dieron favorita la historia tambien les agradesco muchisimo aunque no den la cara y no sepa su opinion! Les agradesco muchisimo a todas las que participan activamente de esta historia.
4) Por mi estado de salud, mi trabajo y otra hierbas tengo poco tiempo de escribir asi que no puedo darles una fecha exacta de cuando voy a volver a subir capitulo. Tengo dos de reserva pero no tiene gracia que los suba antes de ir de vacaciones por que despues me van a matar sin la continuacion! Tenganme pasiencia pervers que su mamita ando pacucha!
Bueno les deseo lo mejor para este año! Mucho amor, muchisimo sexo, muchas cosas lindas y poco feas! Nos vemos el año que entra mis queridisimas hijitas! UN BESOTE Y UN ABRAZO. Y les dejo una ultima frase..."Como me gustaria ser horno para que Peeta me meta su hogaza de pan"
