El universo donde trascurre la historia es perteneciente a Nina S.A. Mientras que los personajes son propiedad exclusiva de Susanne Collins!

Como siempre nos leemos abajo!


Capítulo 17

Peeta me arrastraba con violencia haciendo rechinar mis tacones por el mármol del suelo. Me apretaba el brazo con fuerza, prohibiéndome zafar de su amarre. Estaba consternada y sorprendida por su actuación pero más por las palabras que había tenido conmigo. ¿Qué íbamos a follar? ¡¿De donde sacó esa idea absurda y perversa?!

Rápidamente nos alejamos de la sala y nos adentramos en el corazón de la casa de Finnick. Un gran pasillo adornado con pinturas y estatuas, que eran alumbradas por la luz de la luna que se colaba por una gran ventana, terminaba en los primeros escalones de una larga escalera que daba al ala superior. Hice un gran esfuerzo por deshacer la unión de su mano en mi extremidad y al fin lo conseguí. Peeta se giró y me miró con mala cara, lo cual me enfureció más. No puede aguantar las ganas de gritarle con furia.

– ¿Que te pasa Peeta Mellark? ¿Te has vuelto loco de remate? ¿Quién te has creído que eres?

– ¡¿Qué que me pasa?! ¡Me pasa que no puede creer el espectáculo que acabas de dar!

– ¿Y que esperabas? ¡Soy una jodida puta maldita sea! ¿Acaso crees que no me da asco lo hago? ¿Te piensas que me da gusto andar regalándome? ¡Maldición Peeta te creía un poco más inteligente!

La cara de Peeta cambio radicalmente. Atrás había quedado ese semblante áspero y duro con el que me miraba con anterioridad. Sus ojos se volvieron nuevamente azules borrando el negro que los opacaba. Su rostro volvió a cobrar la apariencia del Peeta Mellark que conocía, del que creía conocer. El silencio se volvió incomodo, ni siquiera nos atrevíamos a mirarnos el uno al otro, solo el silencio nos acompañaba en el pie de la escalera que nos llevaba a las habitaciones de la casona. Unos pasos nos obligaron a mirar hacia atrás. Finnick hacia su entrada.

–Vamos Everdeen no puedes dejarme así…– El cobrizo se calló de inmediato en cuanto sus ojos verdes se cruzaron con los ojos azules que tenía a mi espalda.

– ¡Hey Peeta amigo! ¿Como estas?

Pero con una velocidad inhumana el chico del pan se abalanzó sobre él. Peeta trababa de golpearlo y Finnick de que los manotazos no le impactaran. Forcejearon un rato.

– ¡Hey Peeta tranquilo! ¡¿Que te pasa joder?!– Le dijo entre dientes Finnick.

Pero Peeta no reaccionaba, solo seguía tirando golpes al aire y sin suerte.

– ¡Oye Mellark ya cálmate!– Y dicho esto Finnick le dio un puñetazo justo en la boca del estómago dejando a Peeta sin aliento y retorciéndose de dolor sobre el piso. Corrí como una luz y me arrodillé interponiéndome entre ambos. Peeta tocía y trataba de recobrar el aliento mientras Finnick lo miraba iracundamente desde arriba. Me paré de golpe y le di un empujón a aquel imponente hombre de cabellos de bronce.

– ¡¿Qué te pasa Odair?! No ves que apenas es un chico– Le grité olvidándome quien era él y quien era yo y donde estábamos. Mi furia ante el ataque a Peeta era incontrolable.

–Él empezó Everdeen…– Me dijo como si fuera una buena escusa.

– ¡Katniss! ¡Katniss! ¡Ya! Estoy bien. Solo tráeme un vaso de agua por favor– Me dijo Peeta entre tosidas y voz ronca. Así que lo obedecí de inmediato.

Mientras volvía al salón principal, tratando de disimilar mí presencia me preguntaba ¡¿Porque otra vez estaba frente al chico del pan?! Que jodida coincidencia. Estaba harta de que Peeta apareciese de improvisto frente a mí y yo como una estúpida no supiera como reaccionar. Porque el rubio me dejaba tonta cada vez que se presentaba ante mí. Y aunque me costaba muchísimo admitirlo estaba agradecida, estaba feliz de ver a Peeta después de largos días sin saber de él; me sentía como una boba niña con juguete nuevo.

Llegué otra vez al pie de la escalera y gran sorpresa me llevé en cuanto vi a ambos jóvenes estrecharse las manos y luego darse un abrazo fraternal y amistoso. Puede oír que Finnick le pedía perdón y le decía lago así como "no sabía que era ella". Pero ni siquiera pude darme el lujo de analizar muy bien la frase ya que mi presencia fue detectada inmediatamente por los dos. Me acerqué y le tendí el vaso con agua al rubio, que se la bebió de un sorbo.

–Lo siento Finnick– Dije más por compromiso que por real lamento.

–No pasa nada Everdeen. Eso sí ahora vas a tener que oficiar de niñera tú porque una fiesta que me espera

–…bien…– Traté de decir de mala gana aunque por dentro estaba feliz de serlo.

–Primer cuarto a la izquierda…

– ¿Perdón?– Le respondí confusa

–Para que Peeta se recueste. Primer cuarto a la izquierda–Y dicho esto se retiró.

Tomé a Peeta del antebrazo y jalé de él para que subiera las escaleras. Aunque, en parte pensaba que él se merecía el golpe que Odair le había dado, no podía soportar que alguien le hiciese daño frente a mis ojos. Una sorprendente y natural fuerza de protección me nació por Peeta. Sabía que esto estaba mal. Este nuevo sentimiento por el muchacho de aroma a pan no era bueno para mí. Y debía aceptarlo de una vez, Peeta Mellark me estaba provocando cosas que jamás creí poder sentir. Ese fuego, esas ganas desmedidas de perderme en sus la labios, esa fragancia que me dopaba, esos ojos, esos malditos ojos, azules, brillantes, profundos, sinceros, amables, hermosos… Esas sensaciones que muy tenuemente Gale, alguna vez, me causó.

Llegamos a la planta de arriba de la mansión, primer cuarto a la izquierda. Prendí las luces, cerré las cortinas y abrí la cama para que Peeta se recostara y se recuperara. El golpe no fue tan grave para hacer toda esta pantomima pero era una escusa para poder cruzar algunas palabras con el chico de los ojos azules. Pero para variar a ambos nos costaba comunicarnos. Peeta se quitó el saco de su traje y se sentó en la cama. Parecía pensativo, lo cual me incomodó un poco, lo que asocié a que aun estaba molesto conmigo; por vaya a saber uno el porqué. Me disponía a retirarme cuando otra vez la voz de Peeta se hacía eco en mi cabeza…"Vamos a follar".

– ¿Así que vamos a follar?– Le pregunté seria pero el chico no me dijo nada, solo se movió incomodo en su lugar – ¿Por qué te pusiste así?– Volvía a preguntarle. Y aunque demoró unos minutos al fin me respondió.

–Si te digo ¿prometes no reírte de mí?

– ¿Reírme? Yo no le encuentro el chiste a todo esto ¿sabes?

–Sí, lo siento…Veras Katniss…– Peeta resopló vergonzoso– Me dieron celos…me puse celoso de lo que estabas haciendo con Finnick

– ¿Celos?– Le repetí incrédulamente

–Pues…sí, celos. Creo que me…que me…que me gustas– Sus mejillas estaban rojas y su mirada perdida se encontró conmigo, pero no puede mantener mis ojos en los suyos sin sentir como mi cara también se sonrojaba. No supe que decir ni que pensar – ¿Al menos dime algo?

–Es que no sé que decirte

–Desde que era pequeño sentía la necesidad de plasmar mis sentimientos de alguna manera y en la pintura encontré ese descargo. A mi madre no le causaba demasiada gracia, solía decirme que era una perdida de tiempo y que era un niño estúpido y débil por tener una preferencia tan "fémina" como la pintura. Cuando empecé a trabajar en la panadería la parte que más satisfactoria para mí era la decoración de los pasteles. Pero eso no saciaba mis ansias de expresión así comencé a pintar a escondidas de mi madre y de mis hermanos. Papá me apoyaba y me dejaba las tardes libres para fuera por el Distrito y encontrara inspiración para mis cuadros. El Palacio de Justicia, la panadería, mi casa, el pueblo, las personas en la plaza principal, las personas que iban u venían, La Veta, todo caía bajo el poder de mis pinceles. Pero un día se me ocurrió ir al cementerio a retratar esa parte que a nadie de le gusta de la vida. Ese día había un funeral, vi llegar a varias familias destrozadas, llorando incontrolablemente, niños pequeños que no entendían que sucedía, hermanos más grandes que tragaban sus lágrimas para ser el sostén de los más débiles. Entre todas esas personas hubo alguien que me llamó la atención– Peeta me miró y en ese preciso momento supe de quien hablaba.

Tenía que ser un chiste. Ese momento tan doloroso en mi vida volvía otra vez a mi mente. Ese momento que trataba de mantener en los rincones más oscuros de mi memoria. Ese dolor que no menguaba nunca. Esa herida abierta que nunca cicatrizaba. No puede ser que Peeta estuviera en ese momento. Tenía que estar jugándome una artera broma.

–Las dos trenzas ataban sus cabellos castaños, sus ojos reflejaban tristeza y dolor, ese vestido negro me decía que había perdido a alguien. No sé que me provocó pero sentía algo extraño en cuanto la vi. La niña no soportó ver el cajón mientras era enterrado para siempre en la tierra. Salió corriendo sin que nadie intentara detenerla, y yo corrí tras sus pasos. Era rápida y en unos minutos la había perdido de vista, justo en la entrada de aquel bosque, lugar que era prohibido para mí. La busqué pero no la hallé hasta que un sonido me despertó una enorme curiosidad aplacando el temor que tenía por estar allí. Seguí el canto del pájaro que tan majestuosamente propinaba su melodía. Cada vez estaba más y más cerca, más hundido en la profundidad y espesura que ese monte arbolado. Ante mí se abrió un maravilloso lugar, lleno de flores silvestres de los colores más delicados que alguna vez vi en mi vida. El estanque de agua cristaliza, fresca y limpia, las saetas flotando en la superficie como reinas del lago, la luz tenue del sol entibiando los rastros fríos del invierno y ese canto que reinaba allí. Tuve la necesidad de plasmar aquel perfecto lugar, tan virgen, tan único, tan tranquilo, tan oculto

Peeta se detuvo un momento pensativo como recabando en su mente los detalles de aquel sitio familiar y especial para mí. Me miró y tomó mi mano, envolviéndola en las suyas. Esas manos grandes, blancas y suaves me relajaban y ya no tenía miedo de aceptar que este hombre que tenía frente a mí, me volvía completamente loca.

–Cuando me estaba por ir, levanté la vista y escondida entre las ramas de un pino frondoso estaba aquella niña de ojos grises. Y la vi llorar, llorar en silencio, llorar con dolor y congoja, llorar en soledad, sin poder saber ni entender que cual era su pesar. Volvió a cantar aquella ave, esa que me guió hasta ese lugar, esa música salvaje y delicada a la vez. El pájaro dejó de ser pájaro para convertirse en la niña de las trenzas, esa niña que lloraban inundando el prado con su dolor, esa que despedía a alguien con su canción. Y como por arte de magia la pequeña se desvaneció, dejándome con la intriga de saber quien era, que le sucedía, como podía ayudarla. Nunca más supe de ella, nunca más volvía verla y a pesar de ir varias veces al bosque, nunca pude volver a encontrar ese valle donde la niña cantaba su canción. Pero desde hace unas semanas atrás volvía a encontrarme con ella, con esa pequeña de ojos tristes y grises que por tantos años se ha quedado con mi corazón. Eres tú…esa pequeña eres tú

¡Dios! ¡Dios! ¡Dios! Era yo, esa niña era yo. Lo sé. Lo supe desde la primera vez que estuve en casa de Peeta. Desde la primera vez que vi ese mural durmiendo en su habitación. ¿Como podía ser posible? ¿Será que el destino estaba encaprichado en enlazar nuestras vidas? Sentí el tibio calor de una gota derramarse desde mis ojos. Los dedos largos y delicados de Peeta me secaron esa pequeña lágrima. Levanté la vista y allí estaba él. Con sus ojos azules como el firmamento, su piel blanca y rosada, perfecta y sutil, su sonrisa amable y contemplativa, y sus labios, rojos, inigualables, sabrosos, gruesos, pulposos, una puta perdición.

No pude más. No soporté más esta auto represión, esta auto censura, este engaño en el cual quería creer. Sí, maldita sea. Sí, me encantaba Peeta. Estaba deseosa de saber y descubrir el porqué de mi fascinación por ese muchacho. Pero me costaba abrirme tan fácil a él. Sería todo una hazaña que pueda ser todo eso que alguna vez fui con Gale; amigos, compañeros, amantes, hermanos, familia. Pero no pude más. Era una tortura su piel acariciando mi rostro, sus ojos brillar tan naturalmente, su aroma a pan, sus destellos rubios cubrir su cabeza. Era una tortura verlo y sentirlo a unos pocos centímetros de mí y yo sin reaccionar hasta ese momento donde por fin me di por vencida conmigo misma y me rendí ante ese ser humano perfecto, magnifico, impecable.

Me abalancé sobre él como la hambrienta niña que alguna vez se abalanzó sobre las sobras que encontraba en la basura. Lo primero que hice fue envolver mis brazos en su cuello y dejar caer mi peso sobre su esqueleto sorprendido y atontado. Mi olfato se extasío con su perfume a levadura y hogazas recién salidas del horno. Las yemas de mis dedos manoseaban sin ningún reparo el suave y terso cabello dorado de Peeta. Sentía una gran desesperación por tenerlo lo más pegado a mi. Como si de repente lo sintiese más necesario que el mismo aire, como si fuese más necesario que cualquier otro ser humano en el mundo, como si las puertas del paraíso eran abiertas en cada vello de mi piel tocándose con los suyos. Su aroma a pan, su piel caliente, sus manos aferradas a mi cintura, su respiración rozando mi rostro, sus pestañas rubios y tupidas, sus labios carnosos y húmedos, su nariz perfecta, su tez blanca y tersa, su pecho chocando con el mio, sus latidos y los míos; y el silencio. Nada más que nuestras miradas cruzadas, nuestros corazones palpitantes, nuestro pulso tembloroso, nuestras respiraciones agitadas.

Rodeé mis brazos en su cuello, acortando más la distancia entre ambos. Cerré los ojos, muriendo en la profundidad de su fragancia a levadura, apenas a milímetros su boca y la mía, besé sus labios con mi voz.

–No me gustas nada Peeta Mellark– Falso, completamente falso– Y vas a ser un gran problema para mi negocio– Eso si era verdad.

Me rendí ante Peeta Mellark. Al fin podía sentir su boca fundida en la mía sin culpa alguna. Su aliento mezclarse con el mio, su lengua húmeda entrelazarse y quemarse junto a la mía. Mis dedos enredados en sus dorados cabellos, sus pestañas largas acariciar la sensibilidad de mi rostro, sus manos apretando con más brío, uniéndonos más, su exhalación entrar en mi cuerpo y excitando cada célula de mí ser. Tocaba el cielo con las manos, el beso más glorioso, memorable, ilustre y celestial que había tenido en mi vida. Él recorría mi cuerpo con sus manos, con tanta sutileza, cariño y familiaridad que era como si nuestros cuerpos se conociesen de otra vida. Yo no podía dejar de saborear su lengua, su saliva, su gusto, era tan delicioso, exquisito. Sus gruñidos, mis suspiros, su erección, mi flujo anegando mi sexo, sus dientes mordiendo mis labios, los míos mordiendo los suyos.

Nuestras bocas se separaron pero aun yo seguía abrazada a su cuello y él a mi cintura. Su frente se pegó a la mía, jadeaba igual que yo, podía jurar que sentíamos lo mismo, ese fuego en medio de nuestros vientres, esa voracidad por comernos nuevamente, ese impulso de poseernos en ese mismo momento. Pero no podía. No podía echarlo todo a perder por las tontas caricias que Peeta le hacía a mi alma. No era justo para Prim que arriesgara todo por sentirme querida y protegida por alguien. Gale lo había intentado y le enviaron al Distrito Dos, lejos de mí y yo lejos de sus cuidados y su amor.

–Sabes que esto nunca llegará a buen puerto ¿verdad? No soy lo que necesitas

–No sabes que necesito o no– Me replicó

–Sé que no necesitas a una puta de amiga

–He soñado con tenerte desde que te vi. Desde que tus ojos grises se fijaron en mí, esa noche…esa noche con mi padre– Que me haya hecho recordar lo de su padre me crispó un poco los nervios haciendo que me parara de golpe–No quería incomodarte Katniss. Lo siento

–Peeta esto que ha sucedido... fue un error. ¿Tú y yo? Es una insana locura. Además tengo otras cosas en que pensar y nunca tendría tiempo para un hombre– Me arregle un poco el pelo y la ropa. Debía irme y escapar de la fuerza de gravedad que Peeta tenía sobre mí.

–El problema soy yo ¿verdad? No lo suficiente hombre para ti. Me ves como un niño mimado nada más. ¿Es eso verdad?– La voz de Peeta indignada, clamaba una explicación, mientras yo apuraba mis pasos para largarme de la habitación.

–No es eso…tú no deberías conformarte con algo tan pobre y mísero como yo

Di unos pasos más y tomé el pestillo de la puerta. Necesitaba alejarme del chico del pan. Le arruinaría la vida. Sé que le cagaría la vida con todas mis porquerías y mierdas. Y además era probable que Snow le hiciese algo malo si se enredaba conmigo. Era mejor dejarlo ahora que no era mío. Aunque se me partiera el alma no poder drogarme más en sus labios o en su fragancia. Abrí la puerta y cuando estaba a punto de salir lo escuché…los celos otra veces.

–Es por ese tal Gale ¿no? Es que el será mejor en la cama que yo ¿verdad?– Estaba helada por las palabras del rubio. Detrás de mi escuchaba las pisadas acercarse – Es que él te folla como nadie ¿no? Es por él ¿verdad? Es tu puto novio…y yo creyendo en que realmente sentías algo por mí…Eres una ramera de primera, me creí todo tu cuento como el buen imbes…–No soporté más una palabra de Peeta. Una ira invasiva me explotó desde las entrañas más oscuras de mi corazón y con la rabia y la fuerza de mi enojo abofeteé al rubio.

– ¡No sabes que mierda dices Peeta! Púdrete infeliz

Regresé nuevamente a la sala principal de la casa, abocada a ahogar mis penas en alcohol y en el cuerpo del primero que se cruzara en mi camino… ¡Gracias a Dios con quien me topé fue con Finnick Odiar! Hoy apagaría mi fuego interno con el miembro de Finnick.


Hola mis queridas pervers! I'M BACK! Me extrañaron?! Bueno mas les vale que si! Les cuento que en el universos real de la vida de Nina han pasado muchas cosas que me han dejado poco tiempo para actualizar y escribir. Lo capitulos dereserva son cada vez menos y eso me preocupaba por esa razon no estaba subienso capitulos. Pero despues me dije "mujer duerme menos y escribe mas" Asi que tratare de escribir mas seguido para poder darles mas cap!

En fin...muchas review en el cap anterior y muchos nuevos Follow! Gracias a todas! Realmente eso me llena de fuerzas para no abandonar y seguir! Muchas me han mandado pm preguntando mi estado de salud. Bien les comento que estoy bastante estable y que proximamente vere al cirujano para tener la fecha de mi operacion! Yeeea! No tengo miedo! Maaaaaaammmmmmmmmmmaaaaaaaaa aa! :D

Bien la historia se va a ir complicando mas y mas! Ahora a aparecido Finnick como potencial fuente de suspiros para Katniss! Y voy a aclarar algo! Annie y Finnick en esta no juegan! Annie no tendra a Finnick. El cobrizo estara medio colado por Katniss. Y ella? CHAN CHAN ...Leean y veran!

Cosas que me olvide del cap anterior! La cancion que canta Katniss es "No ordinary love" de Sade, peeeerrrrrrooooo yo utilice la version que cantan The Civils War...si alguna lo saco se ganó una miguita de pan de Peeta! Un dato curioso y a tener en cuenta por si se les ocurre releer la escenita hot de Kat y Finn es que mientras escribia esa parte esta escuchando "Fallin" de Alicia Keys. Estaria bueno que lo leyeran con esa cancion es sus auriculares o en su mente...es mucho mas sugestiva y cachonda!

Que maaaassss!? Creo que nada mas! AAAAAhhhhh si es noticia vieja pero participe en un concurso del foro La Cornocopia y sali 4! Primero me dije Wow! Sali cuarta! Y despues dije Sali cuarta!? y mas tarde me dije " BUUUUAAAAA SALI CUARTA!" JAJAJAJAJAJAJA ennnn fin! Les agradesco a todas las qe leyeron y me han hecho llegar sus opiniones! NO saben lo importante que es para mi leer sus comentarios asi que entre mas largos mejores! Tambien me gusta saber de sus vidas, digo no? Ya que estamos dentro del mismo clan por que no ser mas unidas no? Algunas pervers ya son amigas mias y ns tenemos en FBy todo asi que la que guste puede tambien unirse a las filas perver mas haya de fanfic!

MIS QUERIDISIMAS NIÑAS LAS DEJO TRANQUILAS! ESPEROS SUS REVIEW! ODIENMEEEE! SI ODIENME POR QUE EL LEEMON PYK ESTA VERDE AMARILLO TODAVIA! MUAJAMUAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

FEEEEEEEEEEEEELIIIIIIIIIIIII IIIIIIIIIIIIZZZZZZZZ DIAAAAAAAAAAAAAAAAA DE LA MUJEEEEEEEEEEEEEEEEER!

LAS QUIERE...MAMA PERVER NINA!