No voy a aclarar más que la historia es de Collins...me parece una perdida de tiempo! Nos leemos abajito!


Capitulo 23

Envuelta entre sus sábanas blancas y sus brazos fuertes, el leve ronquido del rubio me había sacado de mi ensoñación. Y los acontecimientos de los últimos tres meses no tardaron en azotarme esa noche.

Ya había pasado demasiado tiempo para retractarme de mis sentimientos por Peeta, por más que lo intentara.

Lo reconfortante de su cuerpo sobre el mío y lo seductor de lo prohibido eran una combinación explosiva y excitante. Todo por un puñado de billetes.

Los meses corrieron tan pronto que me vi envuelta en una relación totalmente formal con el panadero. No recuerdo el momento en el que me encontré presentándolo ante Prim, ni el lugar donde me dí cuenta que estaba jodidamente atrapada por él. Las palabras más dulces y esperadas llegaron, una noche, después de una gran pelea entre ambos. Allí comprendí por que Peeta no podía dejarme ir, por que me amaba; más que todo en esta vida. ¿Y yo? Pues no pude responder de la misma forma, todavía no puedo. No se decir Te Amo por que no se que significa eso. O por lo menos no lo se desde el plano romántico.

Se que he amado a mi padre con locura y que amo a Prim más que a mi misma alma. Creo que no puedo amar a Peeta por que solo concibo el amor por esas dos personas. Y lamento tanto no poder sentir como siente él. Aun así intento que día a día su cariño cambie mi mal formada alma y mi muerto corazón.

Tengo esperanzas en que él logre tan intrépida hazaña.

Dijimos basta al juego de puta-cliente. Aunque la decisión fue más mía que suya, los dos estuvimos de acuerdo en que ponernos en ese lugar era peligroso para la sobrevivencia de nuestra relación; real. Sin contar que el dinero que estaba invirtiendo en mí; era una desproporción insostenible.

Y también ideamos un plan.

Plan que nos llevaría lejos del Distrito 12. Plan que nos daría la oportunidad de ser alguien más. Un plan lleno de ilusiones y sacrificios. Y quizás un plan que nos destruiría. Pero teníamos que intentarlo. Por él, por Prim, por mí.

Así que con la idea de irnos lejos de todos, concordamos un trato. Yo seguiría en el Capitolio, llenándome los bolsillos de dinero y él, tragándose los celos con el afán de vivir un futuro, juntos.

Es en este punto donde todos eso días de paz que reinaban entre nosotros se vinieron en picada, como una pesada roca cayendo en la oscuridad y la incertidumbre de no saber cuando todo terminaría.

El invierno era duro, el frío no solo estaba en el ambiente si no que también se había posado entre Peeta y yo. Él no dormía bien por las noches, los celos le carcomían el cerebro; susurrándole palabras que lo envenenaban cada vez más.

El sexo ya no era como antes. No era algo dulce y tierno. Se había transformado en una declaración de bienes. Yo había pasado a ser un bien, había pasado a ser algo sobre el cual, tenía derecho. Y, sorpresivamente, no oponía resistencia.

El maltrato y la cosificación de mi persona eran moneda corriente. Pero la dominación de Peeta sobre mí me parecía el acto menos egoísta. O por lo menos el menos egoísta en comparación con el resto de los hombres.

La claridad de la mañana apenas iluminaba la habitación y me permitió captar esos detalles que solo uno encuentra cuando todo alrededor es calma absoluta. Su piel caliente, ligeramente sudada, con su cabellera dorada desalineada, sus facciones relajadas y sus tentadores labios rozando los míos. Esas imperceptibles cicatrices, la variante de tonalidades de sus pestañas, lo terso de su piel, el ritmo de su respiración.

Esas cosas pequeñas que me fascinaban de él.

La situación era perfecta, deseaba que Peeta no despertase nunca y poder seguir entibiando mi corazón con su calor, así que me acurruqué sobre su pecho y volví a transitar las sendas del mundo onírico.

Para cuando al fin desperté me encontré sola y abandonada. El lugar donde el Chico del Pan reposaba junto a mí, se hallaba vacío y frío. Lo llamé varias veces pero mi voz estaba un poco adormecida y a duras penas se oía. Miré el reloj que reposaba sobre la mesa de luz, daban las 9 de la mañana, horario en el que Peeta usualmente está en casa.

Afiné mi olfato tratando de percibir algunas de las fragancias dulces y suculentas que la cocina usualmente despide; pero nada. Agudicé el oído tratando de captar algún sonido, alguna señal del rubio; pero nada. No tuve opción más que levantarme y buscarlo. Recorrí las habitaciones de la planta alta pero solo encontré olor a humedad, polvo y desolación. Sin otra alternativa, descendí apresurada las escaleras.

No era la primera vez que Peeta no amanecía a mi lado pero, a diferencia de otras ocasiones, en esa oportunidad no había señal alguna de él. Y eso me asustaba un poco.

Porque Peeta estaba cada vez más desquiciado y alterado. Sentía que a cada instante que pasábamos juntos más se mimetizaba con mis falencias y defectos. Y esos celos, esos malditos y estúpidos celos, eran cada vez más absurdos, cada vez más fantasiosos, cada vez más delirantes. Varias veces tuve que impedir que fuese a la casa de algún cliente para amenazarlo por estar conmigo. O la rivalidad que imaginaba que existía entre Finnick y él. Temía que esa vez se hiciese realidad alguna de las desopilantes amenazas que tantas otras veces me propinó.

Recorrí la planta baja y me encontré sin señales de Peeta. Pasaron pausada y tortuosamente los segundos, los minutos, las horas, y Peeta no aparecía. Así que me marché sórdidamente por las calles abandonadas y raídas por la lluvia y el tiempo.

Caminé sin rumbo, como si me encontrara perdida, hasta que escuché los pasos sólidos y resonantes sobre la acera. No tuve tiempo a girar, antes recibí apretón en la cintura. Ese perfume a flor silvestre, esos brazos lánguidos y delicados, el calor cordial y afectuoso, la suave presión de su pequeño cuerpo contra mi espalda; no podía ser nadie más que ella.

– ¿…Prim…?

–Hermanita –Me dijo con su voz dulce mientras me estrujaba más fuerte.

–Prim ¿que estás haciendo aquí? Deberías estar en el instituto

–Lo sé, lo sé, lo sé pero me han sacado unas horas antes para…

En ese momento vi como Peeta hacia su entrada en escena, con una sonrisa cómplice entre ellos. Llevaba una cesta labrada de mimbre en una mano que me llamo la atención.

–Lo siento Katniss, ha sido culpa mía. Es que queríamos darte una sorpresa –Me dijo mientras se acercaba peligrosamente a mí y posaba sus dulces labios sobre los míos.

Mis mejillas se tiñeron de rojos, podía sentirlas arder. Prim nos miraba con una cara satisfecha e iluminada. Como si aquella muestra de cariño entre nosotros le llenara el pecho. Era evidente que Peeta ya se había ganado el cariño de mi hermana.

– ¡Quisimos aprovechar tu día libre Katniss! Por eso Peeta y yo planeamos esta sorpresa para ti. No estas enfadada ¿verdad?– Me cuestión Prim con su cara de niña buena y su voz de "no he hecho nada malo".

– ¡Claro que no! Solo estoy una poco abrumada eso es todo

–Fuimos a recogerte a mi casa pero ya no estabas allí – Me soltó el Chico del Pan.

Sin más preámbulos nos dirigimos los tres hacia lo profundo de la Veta. Y sabía perfectamente donde íbamos a parar; al bosque.

Mi patito iba algunos pasos por delante de nosotros, tarareando felizmente alguna canción que yo desconocía, sonriendo, llenando el aire con su voz que era el mejor sonido que podía oír. Estaba un poco absorta son toda la situación. Me generaba cierto recelo la familiaridad con la que Prim y Peeta se trataban, como si se conocieran desde mucho antes, como si yo no fuera el nexo entre ambos, como si no existirá.

– ¿Desde cuándo son tan "amigos"?– Pregunte por lo bajo a Peeta, que enseguida notó mi tono molesto.

–Pues…varias veces ha ido a la panadería con su Rue y Orcheyt. Hemos pasado tardes enteras juntos –Me respondió con una naturalidad que me dejó helada.

– ¿Y porque nunca me dijiste?– Volví a cuestionar belicosa.

–No lo sé. Supongo que nunca se dio la oportunidad de comentarlo. Siempre ocupamos en tiempo en otras cosas –Y me lanzó una mirada picara. Lo cual me cayó fatal y le retruqué con una mirada fría y desdeñosa.

–Veo que no te hace gracia la idea.

–No, no me hace gracia que me ocultes cosas Mellark

–Bien…Lo siento, no fue intencional. Pero realmente ocupamos el poco tiempo sueles tener en otros temas. Y me estoy refiriendo al sexo si eso es lo cruza por tu cabeza.

Solo seguí caminando con los brazos cruzados, sinónimo de mi obvia molestia.

Y es que no sabía muy bien que me molestaba de la situación en sí misma. Creo que eran celos de que Prim se relacionara con alguien; además de mí; con tanto desenvolvimiento. Sumado a que Peeta estaba cada vez más inmiscuido en mi vida, y eso me asustaba.

– ¡Hey Katniss! Por favor no es para tanto. Vuelvo a pedirte perdón por no haberlo mencionado con anterioridad –Me dijo Peeta con su voz seria y calma.

–Olvídalo…Quizás este exagerando. Pero no quiero que vuelvas a ocultarme nada Peeta Mellark

Y con solo regalarme una sonrisa afable y una mirada azul intensa, estaba totalmente perdonado.

Llegamos a la pradera, ese lugar donde tantas veces me senté a llorar a mi padre. Se encontraba casi igual desde la última vez que había estaba allí; hace ya casi 6 meses desde la partida de Gale. Parecía que el invierno no había llegado allí, las pequeñas violetas y campanillas toleraban más fácilmente el frío; producto de las alteraciones genéticas que los científicos de la gran capital habían inventado.

Sentí mi espíritu revitalizado, mis pulmones llenarse del aire fresco y limpio, el hormigueo en mis músculos. Aun que aun podía escuchar las voces de Rory y Vick, la risa de Posy. Aun podía sentir a Gale.

Me quité los zapatos y me eché a correr, hundiendo mis dedos en la tierra húmeda y negra, manchando mi falda de verde, impregnando mi camisa de pétalos, robándole la energía al sol. Peeta y Prim pronto se unieron a mí. Corrimos, giramos, nos acostamos sobre la hierba blanda, nos cegamos con el sol, inventamos historia gracias a las nubes, reímos, cantamos, vivimos.

Pero todo se esfumó cuando la casualidad; o causalidad; me golpeó en la cara tan duro que no pude reaccionar.

Una silueta, una sombra conocida, un aroma familiar. Un hombre. Un nombre surtió mis tímpanos.

Todo se movió en cámara lenta. Prim corrió a sus brazos, desperada por ser la primera en llegar. Él la estrechó contra su pecho fuertemente. La mirada de Peeta se trasformó en incógnita y algo más que no supe dilucidar. Y yo no pude más que quedarme paralizada por la sorpresa.

Se acercó despacio hasta mí. Y su voz causó un estupor en mi cuerpo.

– ¡Hey Catnip!

–…hey…Gale…


Buenas noches, dias, madrugadas...mis pervers! Hayyyyyy que emocion otra vez por aca!

Primero:Les debo una disculpa inmensa! Se que me desaparecí pero maaaaaal! Pero entre mi depresion por no poder escribir ni una linea, entre mi intento fallido de escribir una nueva historia y la vida misma queme pude que trabaje como un chango para poder comer...no pude cumplir con sus espectativas con esta historia. Les prometía que no iba a abandonarla, y les juro que esta ayer estaba con la fuerte idea de borrar todo de Fanfic y desaparecer en el anonimato pero en la vida real no soy asi,asi que aqui estoy.

No se como esperan que termine la historia pero creo que no dura mas de una para de capitulos. Creo que la historia se me fue un poco de las manos. Supongo que como mi primera vez en hacer una historia estuve mas o menos bien pero me di cuenta en este tiempo de muchas cosas que no me sientan bien, como esto de hacerla tan extensa. Quizas las proximas cosas sean mas cortas. En fin...si tienen ganas me dicen que les parecio este cap! Pero sin obligacion de compra ya que muchas deben estar muy decepcionadas y enojadas conmigo!

Le vuelvo a pedir perdon y prometo no desaparecer tanto tiempo!

Un beso a todas! A masturbarse mucho que es una practica poco valorada en los dias que nos acontesen!