Historia propiedad de Collins (y no Phill si no Susana)


La casa estaba muda. No había sonido alguno que nos distrajera. Verlo. Sentirlo tan cerca me provocaba un nudo en el estómago. Nervios, como si aquel fuese un descocido. Todo era muy tenso entre ambos.

Me levanté, hurgué en un cajón y saqué una cajetilla de cigarrillos. Encendí uno y comencé a llenar el espacio vació con humo.

— ¡Santo Dios! ¿Ahora fumas?

—Sí, un hábito que adquirí hace no mucho. ¿Te molesta?

—Para nada…hay hábitos peores.

Suspiró y me hizo un gesto para que volviera a sentarme. Obedecí.

— Voy a irme. Tengo todo planeado. Voy a huir de esta mierda del Capitolio. No hay futuro. No quiero ser como Haymicht ni como Snow. No quiero que mi vida valga tan poco.

Y nadie quería ser como esos dos. Yo no quería terminar como ninguna de las chicas más veteranas allí. Gale sigue.

—Lo he pensado mucho…Quiero que nos vayamos.

— ¡¿Estás mal de la cabeza?! ¡¿Irnos?! ¡¿Dónde?!

— Sí, quiero que nos fuguemos. Juntos, como antes. Como alguna vez dijimos…Siempre juntos Catnip. Tengo un contacto en el Distrito 13…—Pero antes de que siguiera contándome su plan, reparé en lo que me estaba diciendo y reaccioné con asombro.

— ¿En el 13? Es un lugar un poco turbio para vivir ¿no?—Dije con indiferencia.

—Es mejor que esto—Me repicó con seguridad—A demás nos conseguirá refugio y trabajo. Tengo que ultimar algunos detalles pero todo está arreglado para que huir con mi familia. Y tú aún eres parte de mi familia.

La distancia de nuestros cuerpos se desvaneció cuando Gale tomo tímidamente mi mano entre las suyas, entrelazando los dedos con los míos y mirándome a los ojos con todo ese cariño que alguna ambos sentimos.

Aún lo quería. Aún era parte de mi familia. Aún era mi Gale.

—Peeta también es parte de mi familia ahora.

Gale no supo que más decir. Solo le limitó a sorber la taza de café que tenía delante de él. Otra vez el frío nos bañó con su presencia.

Y que podía decirle más que la verdad. La estúpida moralidad que me corre por las venas es muy potente, y no podía ocultar que en mi vida ya no había lugar para un "nosotros". Ahora estamos separados. Juntos como familia pero nunca como hombre y mujer.

Y sentirlo tan cerca. Ahí. A centímetros de mi cuerpo, me provocaba una sensación extraña al no poder tenerlo; no como antes. No consolándome y luchando hombro a hombro conmigo. Y todo ese fastidio y enojo que algunas vez creí sentir por él se desvaneció.

Había vuelto. Había vuelto para salvarme una vez más. Como lo había hecho hace meses atrás. Dispuesto a compartir el bote conmigo antes que el barco se hunda.

—Yo….estoy con Peeta ahora—Acoté con timidez—No seremos más como antes. Nunca más.

Gale se mantuvo distante un momento. Momento que se hizo eterno.

— ¿Lo amas?

— ¿A Peeta?

—…de él estamos hablando ¿no?—Me contestó con desdén.

—…No…—Balbuceé.

— ¿No?—Preguntó extrañado. Lógico. Estaba haciendo el papel de idiota frente a él.

—No puedo amar Gale. No estoy diseñada para eso.

— ¿Lo quieres, entonces?

—Pues…si. Me está ayudando en muchas cosas…

— ¿Te gusta? ¿Lo deseas?— Me re pregunta con un tono irónico y extrañado.

Sin tener la voz firme y algo molesta por dejar en evidencia mis sentimientos, arremetí incómoda.

— ¡¿Por qué tanto interés en Peeta?!

—Mi interés no es en Peeta, querida. Es en poder entender que te causa tanto malestar.

—Sí, estoy con Peeta por algo algún motivo que no puedo explicar fácilmente. Lo quiero. Mis sentimientos son confusos. Quizás su compañía me reconforta. Quizás esa solo eso, una compañía. Estoy…embobada con él y eso me alcanza y sobra como para no dejarlo ir tan ligeramente.

Levanto la mirada y me penetró con sus ojos. Sus ojos que podían leerme como si fuese un libro abierto. Creo que no hizo falta que agregara más, al observarme comprendió que mi amor por Peeta era lo que era. Algo no tan importante y serio como para decir "Te Amo" pero algo no tan indiferente como para dejarlo a su suerte.

—No te sulfures tanto. Solo estoy "preocupado" por ti, eso es todo.

Nos tomamos un momento para respirar y dejar que la tensión se esfumé del ambiente. No me hizo gracia quedar como una niña encaprichada con un "juguete" nuevo. Y aún así esa confusión me dejaba la puerta entreabierta para poder caer en la tentación que me daban sus labios y su olor. Sé que él está pensando en lo mismo.

Carraspeó.

—El asunto es que no me dejaran ir. Así que tengo desaparecer. Desaparecer para siempre sin dejar pistas y rastros; como si nunca hubiese existido. Así también debe hacerlo mi familia…Y la tuya.

— ¿Todo se resuelve huyendo?

—No, no se resuelven las cosas huyendo. Los problemas se enfrentan. Mi "desaparición" sea momentánea.

Lo miré con cara de incógnita. En ese momento no entendía que tenía planeado ni lo iba a hacer. Solo pude pensarlo unos segundos antes de darme cuenta que es verdad. Si quería una vida, una vida normal, debíamos irnos; lejos y ya.

Toda la vida formada y construida en este tiempo se iba descascarando poco a poco. Pero la idea primera de tener la libertad de ser dueña de mi vida, de mis actos y de mi cuerpo, es una oferta que nadie; en mi situación, podía rechazar.

Y ello que planeamos con Peeta no era un delirio celópata de él ni un acto rebelde de mi parte. Era un deseo, un anhelo. Y allí tenía la puerta que me llevaría a mi futuro. Allí delante tenía a la única persona que podía convencerme de que estábamos por hacer lo mejor, para nosotros y nuestra familia.

— ¡Vayámonos!—Dije segura de mis palabras—Debo confesar que he fantaseado con la idea muchas veces. También iba a largarme de aquí pero puedo ver que tú estás más organizado que yo.

—Es la mejor decisión que podrías tomar.

Gale se paró, tomo su chaqueta y antes de salir otra vez de mi vida, se volvió y me dijo.

—Un amigo se pondrá en contacto contigo. No puedo decirte quien. Confía en él, es de fiar. Gale ya no existirá y mi familia no tardará en desaparecer también. Ten cuidado.

Antes que pudiera reaccionar, Gale se esfumó; con la misma rapidez con la que apareció. Y tomé la decisión más estúpida que se cruzó por mi mente. Fui corriendo a contarle a Peeta.

Con cada palabra la cara de Peeta se iba transformando. No supe discernir entre rabia o asombro. Hasta el momento donde me asalto con violencia de la cara, apretando con fuerza mi mentón; impidiendo que siga hablando.

—Aún eres mía. Y yo soy con debes huir. NO CON EL MALDITO DE GALE.

Hacía un tiempo que Peeta sabía mi historia con Gale. Y lo odiaba.

— ¡Calma Peeta! No voy a huir con él. Vamos a hacerlo los tres…

— ¡NO!—Gritó echando espuma por la boca—Vamos a irnos nosotros por nuestra cuenta. Nada con Gale. No lo quiero cerca de ti.

—Pero Peeta…

Y ahí en ese preciso momento pude ver al mounstro asomando detrás del iris azul.

Primera me azotó con violencia y agresividad. La segunda con más energía que la anterior. La tercera con ímpetu y ferocidad. Para cuarta ya las sensaciones eran una mezcla de todo eso y dolor.

Dolor en el alma. Ese dolor que hace tiempo no me invadía. Aquel que creí amortiguar el día que mi suerte se encontró con Peeta.

Y allí estaba. Peeta. La rabia. La impotencia. La cobardía del cual era víctima en ese momento.

Aún duelen la carne, los huesos, la piel. Duele alma. Recordar que esa noche fue la noche donde todo comenzaría. El desenlace de la historia. De mí historia.

Esa noche, todo comenzaría.

Comenzaría con el primer golpe.

La laceración primera.

No se que decir. La vida, las responsabilidades de ser una mujer casada y principalemente la falta de millones de dolares en banco, hacen que me se muy complicado seguir. Lo he deja a votacion y me han dicho que queria seguir leyendo a esar de la tardanza. Bueno aca esta.

NO es mucho, no es lindo. Quizas es Peeta que no les guste. Pero siempre en ki cabeza tuve la teoria de que Peeta bajo la locura del veneno de Capitolio podia llegar a hacer cosas como esas. Bueno..intero matar a Katniss apenas la vio. Asi que tomense esa libertad con Peeta!

Gracias a las lean esto.