–2–

Loki jadeó, intentando recuperar el aliento mientras los últimos retazos del sueño se disipaban de su memoria. Poco a poco, consiguió tranquilizarse y recuperar la sangre fría que lo caracterizaba prácticamente todo el tiempo que estaba despierto, y que le era imposible conservar mientras soñaba.

Aún adormilado, reconoció el entorno familiar. Su lujoso lecho con las sábanas de raso color oliva revueltas; su habitación en la fortaleza donde vivía, en Jotunheim. Estaba donde debía estar. Allí no había ninguna cueva, ninguna cadena que lo aprisionara. Y si la hubiera, ninguna que él no pudiera quebrar sólo con pensarlo. Era libre, y casi todopoderoso. Y como había dicho la Sigyn de sus sueños, estaba solo.

Bueno, aquello no era cierto del todo. Junto a él en el enorme lecho, casi sepultado entre el revoltijo de sábanas, yacía el esbelto cuerpo de una mujer joven. Al sentirlo a él agitarse, se movió en sueños y pasó un brazo sobre su pecho, apretándose contra él. El largo cabello cobrizo de la muchacha le rozó en el pecho y la nariz, haciéndole cosquillas. Cabello rojo… medio dormido aún, Loki la atrajo hacia sí en un gesto casi vulnerable, como si necesitara tenerla a su lado. Cabello rojo, como el de Sigyn. Una parte de él, su inconsciente, necesitaba creer que el cuerpo que dormía allí a su lado era el de Sigyn.

No lo era, por supuesto. Y Loki se dio cuenta en cuanto el olor de la joven se le metió por la nariz. En lugar de la dulce y sutil esencia de vainilla que solía asociar a su esposa y que jamás había olvidado, el perfume de aquella mujer era más fuerte, intenso y sensual. Jazmín, con un toque de sándalo.

Aquello acabó de despertarle. Se incorporó y abrió del todo los ojos, y si antes había atraído dulcemente el cuerpo de aquella chica hacia sí, ahora la sacudió sin miramientos.

–Despierta, Lorelei.

–Mmm… –se quejó la muchacha, aún somnolienta– ¿Qué ocurre, Loki?

–Que despiertes, te digo –le ordenó él fríamente–. ¿Qué estás haciendo aquí?

Ante la pregunta, ella acabó de espabilarse y se incorporó. En sus ojos –violetas, rasgados, muy diferentes a los de Sigyn, pero aun así bellísimos– brilló una chispa maliciosa.

–¿No lo recuerdas, querido? Lo pasamos muy bien anoche. Tú al principio no parecías estar por la labor, como siempre, pero no me tomó mucho tiempo convencerte. Como siempre –repitió juguetonamente–. Me basta desnudarme delante de ti para…

–Recuerdo lo que estuvimos haciendo –la cortó él con severidad–. Lo que no recuerdo es haberte dado permiso para que te quedaras a dormir después.

Su antipática réplica pareció hacer por primera vez mella en la muchacha.

–Oh. No sé. Supongo que me quedé dormida. De todas formas, ¿por qué te molesta tanto? –preguntó con voz mimosa– Tu lecho es grande, y yo pequeña. No creo que te estorbe…

–Me estorbas; me gusta dormir solo. Aquí vienes a lo que vienes, y cuando acabamos te vuelves a tus aposentos, que para eso te los asigné y los mandé decorar con todo el lujo que deseaste. En eso fue en lo que quedamos, y tú te mostraste de acuerdo.

Lorelei bajó la vista, apenada como una niña reñida por su padre.

–Lo sé, pero…

–En eso fue en lo que quedamos –repitió él–. Y si no te gusta nuestro arreglo, ya sabes la solución. No soy yo quien te busca a ti, sino tú a mí. ¿Estamos de acuerdo?

Ella no respondió. Su bello rostro empezaba a enfurruñarse.

–¿Estamos de acuerdo? –insistió él, alzando un poco la voz, y ella asintió en silencio, de mala gana– Pues vístete y largo de mi habitación –le ordenó sin el menor tacto.

Tras eso, Loki se volvió en el lecho y le dio la espalda, dispuesto a intentar dormir de nuevo, pero en ese momento una almohada le golpeó en la cabeza: ella se la había tirado. Al volverse a mirarla, asombrado por su atrevimiento, ella ya había salido del lecho y estaba envuelta con una de sus sábanas. Y tenía la cara totalmente roja por la furia.

–¡Eres un ser odioso! –le gritó– Sin la menor sensibilidad ni corazón. No sé qué hago acudiendo a tu lecho todas las noches.

–Yo también me lo pregunto –replicó él mordazmente–. Si quieres puedes dejar de venir, te aseguro que no te echaré de menos. En menos que canta un gallo encontraré a otra que te sustituya.

–¡Ah, cómo te detesto! –chilló Lorelei, y salió corriendo del dormitorio… o al menos, todo lo que podía correr sin tropezar con la ancha sábana que envolvía su cuerpo desnudo.

Cuando la puerta se cerró tras ella, Loki se dejó caer de nuevo en el lecho, respirando aliviado al verse a solas por fin. Esa Lorelei lo agotaba, y no sólo sexualmente. Se comportaba con una mezcla de agresividad y pasividad infantil, y de lascivia y hostilidad, que lo extenuaba y lo ponía de mal humor, salvo los momentos que compartían en el lecho y en los que ella, por fortuna, se callaba y se portaba maravillosamente. Porque era realmente experimentada en el lecho, a pesar de su juventud. Con su corta edad, ya había tenido casi más amantes que él.

Su extraordinario rendimiento sexual era lo único que hacía que él la soportara. Eso, y su cabello. A Loki le gustaba contemplar su larga y preciosa melena cobriza durante el sexo y, especialmente cuando no podía verle la cara, fantasear que ese cabello, y ese cuerpo que estaba poseyendo, pertenecían a otra mujer. La única mujer con la que él hubiese deseado estar, pero que ya nunca jamás podría volver a tener.

Tras horas de dar vueltas en la cama, desistió de intentar dormir de nuevo. Faltaba poco para el amanecer y un nuevo día le aguardaba.

–*–*–*–*–*–

El alba avanzaba lentamente, haciendo desaparecer el triste azul de la noche y llenando el horizonte de bellos tonos rosas, anaranjados y finalmente dorados. Thor, el dios del trueno, se encontraba en el mirador del palacio de su familia contemplando el despuntar del nuevo día sobre Asgard con un ánimo que sólo podía definir como melancólico.

Debería haberse sentido muy feliz, aquél sería un gran día; pero no era así. Estaba contento, desde luego, pero era más bien una sensación agridulce. Por fin había llegado el día que tanto había deseado tras aquella interrupción que había pospuesto su triunfo… ¿cuántos años? Ni lo recordaba, para la gente como él los años apenas suponían gran cosa. Pero, al contrario que en aquella ocasión –¡qué joven era!–, ya no estaba nervioso ni impaciente ni emocionado. Ahora sólo se sentía… nostálgico.

Aquella primera vez, su hermano había estado con él, animándole. Bromeando con él para tranquilizarle, burlándose de su casco, hablándole con cariño. Y luego, cuando todo salió mal, de nuevo estuvo a su lado, consolándolo. Sí, luego se descubrió que había sido él mismo quien le había estropeado la ceremonia, pero por alguna razón Thor no era capaz de guardarle rencor por aquello. Loki siempre había sido así por naturaleza y era así como Thor lo conocía y como lo había apreciado. Puede que él mismo fuera demasiado ingenuo, todo el mundo se lo decía, pero aún hoy le costaba creer que lo hubiera hecho con verdadera mala intención.

¡Cuánto tiempo había transcurrido desde entonces! ¡Cuántas cosas habían pasado, y cómo habían cambiado ellos mismos! Ahora ya no eran hermanos, sino enemigos mortales. Habían librado tantas batallas, se habían enfrentado tantas veces en escenarios diferentes y por motivos tan diversos que… casi había perdido la esperanza de que lo suyo tuviera arreglo, de que el vínculo que una vez los había unido pudiera restablecerse algún día. Thor había intentado muchas veces en el pasado hablar con Loki, intentar aclarar las cosas, pero éste se negaba. "Tú y yo ya no somos hermanos, acéptalo", solía sentenciar siempre Loki. "Y seguiremos enfrentándonos hasta que sólo uno de los dos quede en pie".

A veces Thor tenía la impresión de que, con su actitud, Loki inconscientemente le suplicaba que lo detuviera. Tal vez continuaba ese baño de sangre para que él perdiera la paciencia y olvidara que era su hermano, y acabara con sus sufrimientos. Thor temía que aquel impulso de autodestrucción que una vez lo había hecho abandonarse al abismo aún latiera en el corazón de Loki, pero como éste era demasiado orgulloso como para suicidarse, esperaba que él realizara el trabajo sucio en su lugar.

Lo que más miedo le daba era que cabía la posibilidad de que algún día no muy lejano él efectivamente se viera obligado a hacerlo. Y no quería. Por mucho que él lo negara, Loki siempre sería su hermano. Y Thor seguía echando muchísimo de menos a su hermano pequeño, al joven un tanto malicioso pero risueño y afable que siempre se las había arreglado para sacarle una sonrisa con sus bromas.

Pero eso no lo detendría de acabar con él, si realmente no le dejaba otra opción.

Su sentimiento de pérdida era aún mayor que aquella primera vez, cuando Loki se había hundido en el abismo tras el primer enfrentamiento de sus vidas, en el Observatorio de Asgard. Después de eso Thor no sabía si estaba vivo o muerto, pero el corazón le decía que estaba vivo, y que volvería a ellos para poder aclarar las cosas, regresar a la familia.

Ahora era peor. En la actualidad sabía que estaba vivo y bien, al menos físicamente, ya que habría que ver cómo estaba su mente… prefería no pensarlo. Por lo que sabía, Loki vivía en Jotunheim con todo el lujo que se podía permitir alguien en aquel duro reino y dándose todos los caprichos a los que siempre había estado acostumbrado –su hermano siempre había sido un hombre de de gustos refinados, así como de recursos para satisfacerlos–, pero estaba más lejos de ellos que los simples años luz que había de Asgard a Jotunheim, más lejos aún que si efectivamente hubiera muerto. La separación entre ellos superaba mil universos de distancia. Loki estaba vivo y bien, pero ellos lo habían perdido para siempre.

Sus padres ya no hablaban nunca de Loki, al menos como hijo. Cada vez que recibían noticias de él desde Jotunheim o la Tierra o aludían a su existencia, las facciones del Padre de Todos se endurecían, Thor no sabía bien si por aversión o por dolor y puro sentido de culpa.

Y Frigga ni siquiera había vuelto a mencionar su nombre. Todo lo que había ocurrido, la transformación de su más querido hijo en un traidor, asesino y enemigo jurado de Asgard, y el hecho de que él los hubiera abandonado así… todo eso había destrozado totalmente el corazón de la reina. Ella había adorado a Loki en su momento. Ya se dice que cuanto más se ama a una persona, más duele su traición, o su pérdida; y en el caso de Loki, Frigga había tenido que enfrentar a las dos cosas: traición y pérdida. Thor pensaba que su madre aún no lo había superado. De hecho, ninguno de ellos lo había superado.

Como tampoco habían sido capaces de superar la tragedia ocurrida sobre la familia de Loki, cuando él se reveló como el asesino de su primo Balder. Al principio en Asgard habían creído que Loki se había fugado con su mujer y sus hijos, pero luego se descubrió que no había sido así.

Tiempo después, un desertor del ejército de Karnilla, la reina Norn, llegó a Asgard reclamando una recompensa por una información que, decía, interesaría mucho a la Familia Real asgardiana. Al principio todo el mundo lo tomó por un estafador, pero la espantosa historia que contó concordaba con el estado en el que Sigyn, la mujer de Loki, se encontraba la última vez que había sido vista con vida.

Karnilla, esa reina loca enamorada de Balder, los había secuestrado a todos para vengarse por la muerte del joven. Mató salvajemente a los pobres niños y torturó a Loki durante horas, una tortura de la que sólo pudo escapar con la ayuda de la desdichada y fiel Sigyn. Pero tantos sufrimientos fueron demasiado para la pobre mujer: incapaz de resistir todo lo que había ocurrido, se suicidó arrojándose al abismo que había bajo el Observatorio de Asgard, el mismo en el que una vez había caído Loki.

El propio Loki se lo había confirmado bastante tiempo atrás, durante uno de sus innumerables enfrentamientos. Al principio Thor no había podido creerlo, y menos aún la expresión y la voz impasibles con las que su hermano le había comunicado la noticia. Siempre había pensado que en el fondo Loki sí había querido aunque fuera un poco a su mujer, pero a juzgar por la indiferencia de éste al hablarle de aquello, ya no estaba tan seguro. Aunque… también era verdad que Loki siempre había sido un maestro en el arte de ocultar sus sentimientos. Con él, uno nunca podía estar seguro de nada.

Durante un tiempo, Thor tuvo la esperanza de que ella hubiera podido regresar al igual que Loki, pero habían pasado quince años y esa esperanza se había desvanecido hacía mucho. Loki pudo haber sobrevivido con su resistencia de gigante de hielo, pero Sigyn no era más que una frágil y delicada asgardiana. Demasiado frágil y delicada también como para soportar todo aquello.

Thor cerró los ojos con fuerza, sintiendo que la angustia se le agarraba al estómago cada vez que la idea acudía a su mente. Él no podía soportar que un inocente sufriera daño y el infortunado destino de su cuñada y sus sobrinos lo llenaba de pesar.

Sobre todo porque él no había sido capaz de evitarlo. Con los niños no había tenido oportunidad, pero con Sigyn sí, y había fallado. La última vez que se habían visto allí en el Palacio de Asgard, ella parecía tan extraña, tan dura, tan desconocida… tan poco ella. En ese momento sus hijos ya estaban muertos, pero ella ni siquiera se lo dijo. Y él no fue capaz de prever lo que ella tenía planeado hacer. Ojalá hubiera tenido un poco más de vista; ojalá ella hubiese confiado más en él. Ojalá hubiese podido ayudarla. En cambio, se limitó a darle un caballo y dejarla marchar, ignorando que ella tenía intención de dirigirse al Observatorio de Asgard para morir.

Y quince años después de aquello, seguía sintiéndose culpable. Loki ya era destructivo cuando estaba casado con Sigyn, pero Thor no podía evitar pensar que, si ella hubiera vivido, habría acabado por hacer entrar en razón a su hermano. Era una mujer tan buena y dulce, y quería tanto a Loki… no, no había merecido acabar así. Ni los niños tampoco.

El Padre de Todos pagó al desertor la recompensa exigida por la información y más, y luego le pidió amablemente que abandonara Asgard. Después, se encerró en sus aposentos durante tanto tiempo que todo el mundo creyó que había vuelto a caer en el Sueño de Odín.

En cuanto a Frigga, realmente enfermó. Prácticamente nadie solía enfermar en Asgard gracias al consumo regular de manzanas de Idunn, pero Thor sabía que lo que su madre tenía no era una enfermedad del cuerpo, sino el corazón roto. Era una mujer que amaba realmente a su familia, y acababa de perder más de la mitad de ella: su sobrino, la mujer de éste, su nuera y sus nietos estaban muertos; y el hijo que tanto había querido se había ido para siempre, y no sólo de forma física, que era aún peor. Fueron necesarios el paso del tiempo y mucho cariño y apoyo por su parte y la de su marido para que poco a poco empezara a sentirse otra vez con ganas de vivir.

Tanto dolor… tanta muerte. Tanto sufrimiento. ¿Y para qué?

Inmerso en sus pensamientos cargados de pesadumbre y en sus remordimientos, casi no se percató de la presencia femenina hasta que la tuvo casi pegada a él, a sus espaldas. Se sintió un poco molesto consigo mismo. Aunque se encontraba en un entorno muy relajado y estaba en familia, un futuro Campeón de Asgard no debería dejarse sorprender así.

–Esposo… –lo saludó la mujer con voz suave y afectuosa, mientras lo abrazaba con dulzura por la espalda–. Te has levantado muy temprano.

Él no se movió. Contemplaba aún el horizonte, cada vez más claro y dorado.

–No podía dormir.

–¿Nervioso por la ceremonia de hoy?

Él se encogió de hombros.

–En parte, supongo.

–Piensas en tu hermano, ¿cierto?

Sorprendido, Thor se volvió hacia su mujer. ¿Es que era capaz de leerle el pensamiento?

–¿Cómo lo has sabido?

–Llevamos casados bastantes años, amado mío, y conozco tus reacciones. Y esa mirada nostálgica en tus ojos sólo la veo en dos ocasiones: cuando piensas en Loki, y cuando te acuerdas de ella. Y la verdad, espero que ahora mismo a quien añores sea a tu hermano. Por mal que me caiga, prefiero que lo eches de menos a él que a ella.

Thor acarició el rostro de su esposa, apartándole del rostro algunos mechones de cabello, negro como ala de cuervo.

–No me digas que la valiente y siempre segura de sí misma Sif aún está celosa. Sabes que Jane sólo es parte del pasado.

–No lo estoy –replicó Sif, molesta–, pero sé lo mucho que significó para ti. Y estoy dispuesta a aceptarlo, pero… eso no quiere decir que no me duela.

Thor la abrazó.

–La quise mucho, eso es cierto. Pero ahora eres tú mi esposa, la madre de mis hijos, y sobre todo la mujer que amo. Y por mucho que te moleste, es a Loki a quien debemos nuestra felicidad.

–No me lo recuerdes… –rezongó ella, muy seria. Sabía que Thor tenía razón y eso la irritaba mucho.

–Si Loki no se hubiera puesto aquella noche a decir aquellas cosas tan horribles, yo no me habría dado cuenta del error que estaba cometiendo con Jane. Y contigo.

La noche, tantos años atrás, en la que Loki se había presentado borracho a la cena en conmemoración a Balder y Nanna, y se había puesto a insultar y lanzar improperios a diestro y siniestro a todo el mundo –Thor tenía que reconocer que diciendo también verdades bastante grandes–, había mencionado también dos cosas que resultaron trascendentales en el destino del corazón del dios del trueno.

La primera era el hecho de que su amor por Jane Foster era imposible. Por mucho que él la quisiera y ella le correspondiera, era una historia condenada al fracaso. Un asgardiano y una midgardiana… no tenía razón de ser, pero no por lo que Odín hubiera argumentado, no tenía nada que ver con el supuesto descenso de nivel que implicaba unir su vida a una mortal. Sí, la palabra clave era ésa: mortal. Su problema nunca había sido el amor, ni la diferencia de clases, ni siquiera la de especies, que en realidad eran prácticamente idénticas. Su problema, totalmente irresoluble, era el tiempo.

El ritmo de envejecimiento de los asgardianos no tenía nada que ver con el de los mortales. Los asgardianos no eran inmortales, pero comparados con los humanos de la Tierra lo parecían. Y las crueles palabras de Loki dirigidas hacia Sif hicieron a Thor caer en la cuenta de lo que le estaba haciendo a Jane. Si continuaba su romance con ella, acabarían en un punto en el que ella envejecería y se marchitaría, mientras que él… continuaría igual. Joven y vigoroso durante siglos. Y aunque a él no le importaba demasiado, ya que había madurado lo suficiente como para no centrar sus sentimientos en el aspecto físico, ¿qué sentiría Jane cuando eso ocurriera, cuando ella fuera una anciana y tuviera a su lado al mismo hombre joven de siempre?

Pero tenía que admitir que tampoco estaba siendo totalmente desinteresado al pensar en eso. Sí, era capaz de verla envejecer, y aun así seguir amándola. Lo que no se veía capaz de soportar era de verla morir. Y sabía que eso ocurriría tarde o temprano, y para él más temprano que tarde. Sí, todo el mundo moría, incluso los asgardianos, pero éstos tardaban siglos en morir. Y Thor no quería despertarse un día para encontrar a su amada a su lado y muerta de vejez antes de tiempo. Incluso aunque en estándares mortales Jane viviera muchos años, en el cómputo temporal de los asgardianos ella habría muerto de la noche a la mañana.

Por eso, tenía que dejarla marchar. Y cuanto antes, mientras aún era joven y atractiva y podía rehacer su vida con otro mortal, algún hombre semejante a ella, digno de ella, y sobre todo que fuera capaz de envejecer junto a ella.

Le costó, desde luego. Su parte egoísta le pedía seguir conservándola a su lado, a despecho de todas esas razones que le pedían alejarse de ella. Pero tenía que demostrar que había madurado de alguna forma. Y demostró lo mucho que la amaba precisamente renunciando a ella.

Así que la siguiente vez que él visitó la Tierra hablaron y se lo explicó. Sorprendentemente, ella se lo tomó muy bien. De hecho, le dijo que en los últimos tiempos ella también había estado pensando algo similar. Era lo lógico, de todas formas. Jane era maravillosa, dulce y adorable, pero en ella había primado siempre el aspecto racional. Después de todo era una mujer de ciencia.

Thor había llegado a pedirle que se fuera con él a vivir a Asgard y que intentasen ralentizar el ritmo de su envejecimiento a base de una dieta basada en manzanas de Idunn, tal vez alguna fórmula o poción con esos extractos… pero Jane se negó. Su vida estaba en la Tierra, le dijo. Y más ahora que su carrera iba en un ascenso meteórico y sus teorías empezaban a tomar prestigio dentro de la comunidad científica internacional. Su amor por Thor era innegable, pero su trabajo siempre había sido su vida. No podía renunciar a él, y el dios del trueno la comprendía. En Asgard nunca habría sido feliz.

De modo que todo acabó. Amistosamente, sin tragedias. Aunque eso no quería decir que hubiese sido menos duro para ninguno de los dos.

Y eso lo llevaba al segundo punto mencionado por Loki. Sif.

No por pacífica, la ruptura con Jane había resultado menos devastadora para Thor. ¡Eso de hacer lo correcto no era tan fácil como la gente pensaba! Su alma había experimentado un terrible vacío durante mucho tiempo, como una especie de luto que añadir al que sentía por el resto de seres queridos que había perdido para siempre: Balder, Loki… y durante ese período de luto, Sif había estado allí. Siempre había estado allí para él, y sin esperar nada a cambio. Sí, sus amigos los Tres Guerreros estuvieron también apoyándole mucho, pero por alguna razón no lo distraían tanto de su dolor como lo hacía ella.

Paulatinamente, la fiel y constante presencia de Sif, que siempre había considerado un bálsamo para su tristeza y soledad, empezó a convertirse en imprescindible. Y una vez transcurrido un tiempo –cuando su corazón dejó de guardar luto por Jane–, Thor no tardó en darse cuenta, asombrado, de que se había enamorado de su mejor amiga.

Fue una sorpresa para él, casi tanto como la revelación que había hecho Loki, sobre que ella lo había amado en secreto desde hacía mucho tiempo. En aquel momento él no había querido creer a su hermano, siempre había supuesto que había dicho aquello durante el banquete para mortificar a Sif. Luego se enteró, estupefacto, de que no sólo era cierto, sino que era algo que todo el mundo sabía excepto él. Se sintió como un estúpido, en ese aspecto Loki había tenido razón. Muchas veces no había sabido ver lo que tenía delante de sus narices: el amor de Sif, el resentimiento del propio Loki, el sufrimiento de Sigyn.

Se casaron poco después, Thor no quiso esperar. Si Sif había conseguido hacerle olvidar a Jane, a la que había creído no poder olvidar jamás, era por algo. Sif era la mujer adecuada para él. Y no tenía nada que ver que sus padres estuviesen contentísimos con su elección. Aun si se hubieran opuesto, Thor habría vuelto a desafiarles –aunque le hubiese costado otro destierro– con tal de luchar por Sif. La amaba. Y aunque el período de noviazgo había sido relativamente corto y su matrimonio se había llevado a cabo de forma un poco precipitada para tratarse del heredero del reino, en todos aquellos años Thor no se había arrepentido ni una sola vez. Al contrario: cada día se alegraba más de haberlo hecho. Cuando uno tenía algo tan claro, demorarlo más era absurdo.

Ahora el tiempo había pasado y el dios del trueno había madurado y era mucho más consciente de sus defectos de lo que lo había sido en el pasado. De sus defectos y de sus debilidades. Aunque su romance con Jane fuera ya cosa del pasado, algo de lo que no se arrepentía pero que había decidido dejar atrás, aún continuaba su historia de amor con la Tierra. Le encantaban los mortales, se sentía tan vinculado a ellos, tan protector. Antes de su destierro nunca los había tomado mucho en consideración, pero su contacto directo con ellos demostró lo errónea que había sido su opinión sobre ellos.

Así que seguía bajando de vez en cuando a verles, sobre todo si tenía que echar una mano con problemas de seguridad, o simplemente por visitar a sus amigos. No era que éstos no supiesen valerse por sí mismos: durante los años que había pasado yendo y viniendo, había trabado amistad con mortales muy interesantes: valerosos, honorables, luchadores; y muchos con poderes casi equiparables a los suyos propios. Thor admitía que eran capaces por sí solos de desafiar cualquier peligro que se les pudiera por delante, pero en fin… se sentía obligado a ayudar. Sobre todo porque muchos de aquellos peligros les venían por parte del propio Loki.

Sí, Loki sabía muy bien que él sentía debilidad por la Tierra y sus habitantes; y tal vez por eso mismo había establecido allí una especie de reinado del terror, buscando nuevas y retorcidas maneras de someterlos y obtener el poder sobre ellos. Hasta ahora no había tenido demasiado éxito, gracias a los esfuerzos de sus amigos, ese grupo que se hacía llamar Vengadores –sabía Odín por qué–, pero aun así Thor no quería lavarse las manos y dejarles tirados. Sabía que la culpa del interés de Loki por la Tierra era principalmente suya. Y ayudándoles a combatirle, esperaba poder tener más contacto con su hermano, llegar a hablar con él y que él le escuchara y, quién sabe… tal vez podría convencerle algún día de lo innecesario que era que continuaran con aquella guerra. Pero esa esperanza, casi fantasía, cada vez le parecía más lejana.

Al contrario de lo que creía en el pasado, Thor no estaba preparado para ser rey de Asgard, ni lo estaría en mucho tiempo. Ni hacía falta que lo estuviera, mientras su padre –el mejor rey que pudiera haber– viviera. Además, si fuera rey, no podría ser tan libre como lo era en aquel momento para ir a la Tierra siempre que lo deseara.

Pero los asgardianos ya se habían acostumbrado a la idea de que algún día sería su rey, y estaban incómodos con sus demasiado frecuentes visitas a la Tierra. Más de uno ya había expresado su temor sobre que su príncipe, el único que quedaba para heredar la corona ahora que el otro se había convertido en un forajido, se dedicase únicamente a la Tierra, descuidando el reino que en el futuro terminaría por heredar. Por eso la idea de la ceremonia de su proclamación como Campeón de Asgard, que se le había ocurrido a Odín.

Era algo meramente simbólico, ya que en esa ceremonia lo único que harían sería nombrarlo representante del reino en todos los conflictos con los demás mundos y su paladín en caso de peligro, duelos o así –algo desusado en aquellos tiempos–; y concederle el uso del Mjolnir, algo que al fin y al cabo llevaba ostentando desde hacía años. Pero era algo que tranquilizaría a todos los súbditos asgardianos, que les demostraría que, por muchos viajes a la Tierra que hiciera, ellos nunca perderían a su príncipe; que éste siempre estaría allí para ellos.

–Vamos, amado mío –le susurró Sif. El matrimonio y la maternidad le habían hecho perder parte de la agresividad que había tenido en su juventud y la habían dotado de cierta dulzura, si bien aún seguía siendo temible con la espada–. Tienen que prepararte para la ceremonia.

–Enseguida voy. Tú ve adelantándote –la despidió él con un beso.

Solo de nuevo, el dios del trueno contempló durante unos instantes más el horizonte, donde ya el día se alzaba, claro y brillante, como correspondía a aquella fecha señalada. Ese día ya nada ni nadie podría arruinárselo. Y paradójicamente, en ese momento ya casi no le hacía ilusión.

Era feliz teniendo a Sif y a los gemelos, pero seguía echando de menos a su hermano. Sus bromas siempre le habían hecho sonreír.

Ojalá hubiera estado allí, aunque le hubiese estropeado también la ceremonia. Y Sigyn también. Y sus sobrinos, los pobres Narvi y Váli. Se habrían llevado muy bien con Magni y Modi.

Thor no sabía en qué momento concreto había empezado a estropearse todo, pero lo lamentaba más de lo que las palabras podían expresar.


Sé que hoy he puesto mucho más de Thor que de Loki, pero eso no será siempre así. Quiero hacer un par de referencias a cómo se han tomado en Asgard todo lo que pasó quince años atrás, y luego ya me extenderé sobre la vida de Loki. Además, así tenemos un poco de angst bromance, que como os comenté eché de menos meter un poco más en EW.

En cuanto a Thor y sus padres, quería ofrecer algo similar a un retrato de una familia destruida por lo que pasó, incluso quince años después. Es lo que creo que debió mostrar la película después de que Loki cayera en el abismo. Quiero decir, ¿uno de los dos príncipes muere -aparentemente- y al poco ya están celebrando un banquete? Y el único que parece lamentar un poco lo que pasó es Thor: ni Odín, ni Frigga... y mira que me gusta la película, pero faltó un poco de realismo ahí. O es que no querían tanto a Loki. En mi historia, angst puro como os podéis imaginar, todos han acabado destrozados por lo que ocurrió. Que es lo que creo que pasaría en una familia normal.

Lo de la ceremonia de proclamación de Thor como Campeón de Asgard hace referencia a la intro del videojuego (por si no sabéis de qué hablo, es /watch?v=YnovNBnSUeE). No juego con consolas, no tengo planeado meter nada del videojuego en el fic (por ejemplo, lo de la Cueva de los Tiempos no tengo pensado meterlo a menos que se me ocurra algo que me convenza), pero esta intro sí la vi y me gustó, por lo que tengo planeado incluirla en la historia. A mi modo, que seguramente no tenga nada que ver con el argumento del videojuego, os aviso, pero me ha servido de inspiración.

Lorelei es un personaje de los cómics. Es la hermana menor de Amora, la Encantadora (que también aparece en la historia), y en el canon también fue amante de Loki (¡y de Thor!), en los números 42 y 43 de Thor, vol. 1 (correspondientes a The Mighty Thor #358-359), y lo de que Loki la trata como a un trapo también es canon (¡echadle la culpa al cómic, no a mí! ;) ). En el próximo capítulo se conocerán algunos más detalles sobre ella y cómo ha llegado a tener esa relación con Loki en el fic.

No la he visto en demasiados cómics, y en aquéllos donde la he visto aparece como un personaje algo caprichoso y obsesionado por controlar a los hombres a los que seduce, por lo que mi caracterización de ella es un tanto especial, tal vez rozando el OoC, lo siento. No sé si llega a ser basheo, porque ella no me cae mal, pero aquí hace un papel no muy agradable, aunque no igual que Angerboda. Supuestamente en el canon tiene los ojos azul verdoso, pero como mi imagen de Sigyn también los tiene de ese color, aquí los he cambiado a violeta.

Y como veis, Loki sigue tan "simpático" como siempre. El cambio de caracterización al que os aludí en el otro capítulo no va por ahí. Sigue siendo un villano y ahora más que nunca, ya que está amargado. Y sigue con su tendencia de intentar dominar a todo y a todos los que le rodean.

Otra cuestión: pido disculpas a las fans de la pareja Thor/Jane. Realmente me gusta la pareja, en serio, pero no la veo viable por lo que explico en el texto. Han pasado quince años y no quería vérmelas con una Jane que pareciera más vieja que Thor. Además, he leído tantos cómics para documentarme donde el canon es más Thor/Sif que Thor/Jane que al final me he acabado orientando a la pareja.