–4–
Loki casi había acabado su desayuno cuando el ambiente empezó a temblar, o más bien a vibrar en la habitación, pero él no mostró la menor reacción; estaba acostumbrado a que ocurriera eso cuando un portal interdimensional se abría dentro del castillo. Por unos instantes la atmósfera en el centro de la estancia se volvió borrosa, como el aire que se mezcla con el humo de un gran incendio, y cuando se aclaró de nuevo había alguien más en la sala con él.
Se trataba de un hombre joven y delgado, de apariencia humana e impecablemente vestido con traje sastre gris con corbata plateada a juego. Su imagen era la de un auténtico dandy mezclada con la de un ejecutivo agresivo. Su cabello, más largo que el de Loki y atado en una elegante coleta, era de un color rubio platinado, casi blanco; su piel era muy pálida y sus ojos destellaban con una mezcla de gris acuoso y verde.
–Buenos días –saludó–. ¿Llego a tiempo para el desayuno?
–Claro, hijo –respondió Loki desenvuelto–. Siéntate.
Jormungand, pues no era otro que él disfrazado de mortal midgardiano, recuperó mientras se acercaba a la mesa su auténtica apariencia jotun, con su piel gris azulada, sus ojos escarlata, sus escarificaciones, su trenza verdosa y sus ropas de manufactura de Jotunheim. Al contrario que a su padre, a ambos Lokison les gustaba mostrarse con su apariencia original cuando no adoptaban sus formas favoritas de serpiente o lobo.
–¿Cómo van las cosas por ahí abajo? –se interesó Loki, mientras Jormungand se sentaba y se iba sirviendo un poco de casi todo lo que había en la provista mesa.
–Inmejorables –repuso éste–. Esos estúpidos mortales nos quitan la mercancía de las manos –comentó tomando un sorbo de su té de hierbas.
Terroristas, fanáticos extremistas, guerrilleros y criminales de la mitad de las naciones que componían Midgard ya se abastecían de armas con aquel misterioso consorcio internacional denominado Leviathan que había surgido casi de la nada.Aunque también estaba muy extendida en las tiendas legales debido a sus buenos precios, era en el mercado negro donde más se había popularizado esta marca. Ofrecían una calidad similar a la de las armas de Stark Industries, a un precio casi regalado y sin hacer preguntas, por lo que no era de extrañar el enorme éxito que habían alcanzado entre cualquiera que estuviera al margen de la ley y que necesitara armas.
Tras beber su té, Jormungand, la cabeza visible de dicho consorcio bajo la identidad falsa mortal Seth Nidhogger, añadió ufanamente:
–Vamos a ganar una fortuna con esto.
Loki sacudió la cabeza con una sonrisa un tanto irónica y paternalista, como si su hijo fuera aún un niño pequeño al que le costara entender las cosas.
–No. Ya te lo he dicho muchas veces. Me parece muy bien que disfrutes tanto jugando a los vendedores, si eso te divierte; pero ése no es el objetivo de nuestro trabajo.
–Ya lo sé… –suspiró Jormungand, previendo que se le venía encima el sermón de siempre, pero aun así Loki continuó:
–Nuestra verdadera meta, hijo, es saturar la Tierra de armamento militar, y que todas las naciones que conforman ese reino tengan acceso a la mayor cantidad de armas posible. Las ganancias monetarias son un asunto secundario; después de todo, sólo es dinero de Midgard. Para nosotros no tiene el menor valor.
–Que sí… –asintió su hijo con la voz cansina de quien ha oído lo mismo miles de veces.
–Es que parece que no te entre en la cabeza. Los mortales son violentos, autodestructivos, y tenemos que aprovechar eso. En cuanto estalle el menor conflicto se acabarán matando entre ellos, ¿y qué mejor que nosotros les facilitemos los medios para ello? Así, cuando acaben de hacerlo, estarán tan diezmados y debilitados que cuando nosotros vayamos allí prácticamente será un paseo para nosotros –explicó–. Ahora mismo las cosas ya están crispándose y llegando al punto de ebullición. Cuando veamos que la tensión internacional está en su punto álgido, prenderemos alguna mecha, aún no he decidido cuál, y todo saltará por los aires. Allí lo llamarán "Tercera Guerra Mundial".
–¿Tercera? –se sorprendió Jormungand– ¿Es que ya han tenido otras dos?
–Sí, recientemente. Por cierto, si vas a acabar gobernando Midgard, deberías estudiarte también su historia, no sólo su economía o su sociología –le sugirió su padre–. Han tenido otras dos "Guerras Mundiales". Vamos, lo que ellos llaman así; en el fondo no dejaban de ser pequeñas escaramuzas entre distintas naciones, y siempre acababan recuperándose. Pero no se recuperarán esta vez; no ahora que les estamos proporcionando los medios para mejorar esa maravillosa tecnología nuclear que han desarrollado. Reconozco que en eso han sido bastante ingeniosos… –murmuró como para sí mismo.
–Además, tú sigues en Europa trabajando en ese programa armamentístico, bajo ese disfraz mortal, ¿no?
–Ajá –asintió Loki. Haciéndose pasar por un científico noruego, les estaba dando todas las claves para crear super soldados con una fuerza similar a la del Capitán América, uno de los aliados de su hermano. En realidad, les estaba ayudando a crear adversarios que pudieran combatir a ese tal Steve Rogers, uno de los individuos más peligrosos de esa especie, tal y como Loki había tenido ocasión de comprobar en más de una ocasión, ya que había luchado personalmente contra él.
–Ni siquiera tendremos que conquistarlos –agregó el dios del engaño con mirada calculadora–. Ellos mismos nos facilitarán la tarea. Cuando todo acabe, sólo tendremos que bajar allí y recoger las migajas; y los supervivientes no tendrán ni fuerzas para detenernos. Con suerte, incluso nos habremos librado de esos estúpidos Vengadores.
Jormungand se cruzó de brazos. Daba un poco la impresión de un niño caprichoso y enfurruñado.
–Yo no quiero gobernar un planeta que esté hecho pedazos.
–Ni tienes por qué: lo reconstruiremos. De todos modos, tendríamos que hacerlo igual: no se puede construir un nuevo edificio sin derribar las ruinas del viejo, ¿no crees? Lo limpiaremos todo de arriba abajo y lo convertiremos en un lugar cuyo esplendor rivalice con el de Asgard. Esos mortales parece que estén hechos para que los gobernemos. Lo único es que quedarán bastantes menos de ellos, pero incluso eso es una ventaja. La Tierra ahora está superpoblada. Es incómodo… –añadió con desagrado–, agobiante.
Loki era un hombre fundamentalmente práctico que solía presumir de estar preparado para todo. Sabía, por lo que había leído en la Völuspá, lo que probablemente ocurriría en el Ragnarök, pero eso no le impedía hacer planes de conquista con posterioridad. Nunca se sabía, tal vez esta vez tuviera suerte y pudiera librarse de su destino, o incluso ganar la guerra. Y si eso ocurría, tenía perfectamente pensado qué hacer. No sólo Jotunheim: Asgard y Midgard también serían suyos. Y quién sabía… puede que el resto de los reinos del Yggdrasil los siguieran.
–¿Y quién te dice que con tantas armas como les estamos dando no se rebelarán contra nosotros? –comentó Jormungand, algo inquieto.
Loki contestó con una sonrisa de suficiencia.
–Dame un voto de confianza, hijo. No les estamos dando las mejores armas que tenemos, ni las más avanzadas. Ésas las guardamos para nosotros. Además, como te decía, cuando llegue ese momento también les superaremos en número. Y claro está, tenemos la magia también.
El joven jotun asintió.
–Me parece una buena idea que combinemos magia y tecnología.
–Desde luego, ¿por qué hay que elegir? Los poderes místicos que aprendí en Asgard, y los adelantos tecnológicos que he visto en Midgard o en Nidavellir. Hay que aprender a tomar lo mejor de todos los mundos. Y no sólo en la guerra –señaló con la mirada hacia una pequeña fuente que había en la mesa, que disponía unas doradas rodajas de manzana–. ¿Seguro que no quieres? El contrabando de manzanas de Idunn es el más caro de todos los de Asgard y me cuesta una fortuna todos los meses, qué menos que tú puedas beneficiarte también de ello.
Jormungand hizo un gesto de repugnancia ante el plato.
–Ya te he dicho mil veces que no, padre; deja de ofrecérmelas. Sabes que tanto Fenrir como yo aborrecemos esa porquería asgardiana.
–Esta "porquería asgardiana" te mantiene joven –repuso Loki con tranquilidad, sirviéndose alguna de las rodajas y empezando a comerlas.
–Prefiero seguir con mi ciclo de vida normal y envejecer a mi ritmo –contestó el joven un tanto bruscamente, y se llevó la mano al cuello de la camisa tirando de él, agobiado–. ¿Y por qué tiene que hacer siempre tanto calor aquí? Es sofocante.
–¿De veras? –Loki levantó la cabeza, como intentando percibir lo incómodo de la temperatura aludido por su hijo– A mí no me parece que esté mal –De hecho, salvo el calor extremo, Loki se adaptaba muy bien a casi todas las temperaturas, desde las muy bajas por su genética de gigante de hielo, a las cálidas, por haber crecido en el clima moderado de Asgard.
–Claro que no, es temperatura asgardiana –saltó Jormungand y se incorporó de la silla, cada vez más molesto–. ¿Te das cuenta de que aún hoy eres más asgardiano que jotun? –señaló la mesa y todo lo que la rodeaba– Comida asgardiana, lujos asgardianos, temperatura asgardiana… Incluso –vaciló–, has metido en casa rameras asgardianas, y hasta te revuelcas con una de ellas.
Loki no pareció afectado por el ataque.
–Más te vale que Amora no te oiga hablar así de su hermana y de ella… –comentó tranquilamente, aunque en sus palabras había un ligerísimo matiz de advertencia–; y mis asuntos de alcoba no te incumben.
–Claro que no, pero es que también intentas cambiarnos a Fenrir y a mí –añadió el joven–. ¿Sabes? A veces me da la impresión de que intentas convertirnos a todos en asgardianos para que podamos sustituir a la familia que perdiste.
Loki se levantó también bruscamente de su silla, y a su pesar Jormungand retrocedió algo atemorizado. A veces no controlaba sus palabras cuando hablaba con su padre, olvidando quién era él, qué era él. Y aquello era algo que no debía olvidar, como demostraba la mirada de Loki, fría pero a la vez despidiendo un fuego verde a través de sus pestañas oscuras.
–Esa impresión es totalmente errónea, Jormungand –dijo con voz calmada pero helada–; nunca podréis sustituirlos.
El joven serpiente pareció impactado por aquellas palabras, pero aquello sólo duró un segundo. Después se echó a reír, un poco nerviosamente.
–De acuerdo. Me lo tengo merecido.
Loki se rió también.
–Así es –caminó hasta él y puso un brazo sobre sus hombros–. Tienes que aprender a sujetar tu lengua, hijo. Aunque parezca lo contrario, eres aún más impulsivo que tu hermano, pero de ti espero más. De los dos espero mucho, sólo que en aspectos diferentes.
–Lo sé, padre –asintió Jormungand. De repente la conversación se había vuelto mucho más distendida.
–No debes estar celoso de mis hijos de Asgard, ellos murieron hace muchos años. Y si me gusta lo asgardiano es por la fuerza de la costumbre; en fin, me crié allí. No confundas mis gustos personales con mis lealtades. Asgard es el enemigo: vosotros y Hela sois mi única familia ahora.
–Aunque Hela no te soporte.
–Aunque no me soporte –concordó él–. Vamos, tenemos mucho que hacer. Amora ha encontrado una forma de contactar con Ymir.
–¿En serio? –se sorprendió Jormungand– ¡Ya era hora! A veces creo que si te empeñas tanto en ralentizar nuestro envejecimiento con esas asquerosas manzanas es para que no nos hagamos viejos mientras esperamos a que te decidieras.
Loki se echó a reír. La risa distendía e iluminaba las facciones bellas pero normalmente severas del dios del engaño, haciéndole verse aún más joven y encantador de lo que era, pese a que ni siquiera se trataba de una risa agradable.
–Tú mismo dijiste que no te importaba esperar cuanto fuera necesario. Sabías que debíamos dejar pasar un tiempo para que nuestros enemigos se confiaran.
–Sí, un tiempo, ¿pero quince años? Pensé que nos estabas dando largas con el tema.
–Pues ya ves que te has equivocado.
En realidad Jormungand no se equivocaba, al menos no del todo. El mismo Loki tampoco le encontraba una explicación satisfactoria a la pregunta de por qué lo había pospuesto tanto. La justificación de esperar un tiempo prudencial para que Odín y Thor se confiaran era en parte correcta, pero aun así… Loki admitía, sólo ante sí mismo, que sus razones iban un poco más allá.
Midgard era fácil. Con Midgard podía permitirse jugar todo lo que le apeteciera; de hecho disfrutaba mucho con aquellas maliciosas travesuras en las que él atacaba a los mortales y enseguida Thor tenía que salir en plan "mamá gallina" para protegerlos, con esos estúpidos Vengadores detrás. Pero Asgard era otra cosa. Cuando atacara Asgard, ya sería su última contienda, la batalla definitiva. Y en parte lo deseaba más que ninguna otra cosa, pero… otra parte de él se resistía. No era el miedo a la muerte, pese a que sabía que era probablemente lo que le esperaba. Era algo en cierta manera peor: la ominosa sensación de no estar preparado. Durante aquellos quince años, no se había sentido preparado para volver a pisar Asgard, no como conquistador.
Era una debilidad que agradecía que nadie en absoluto conociera. Tal vez, tenía que admitir, lo que había ocurrido quince años atrás lo había dejado más debilitado de lo que había pensado en un principio. El haber tenido que salir huyendo de su casa como un criminal, rompiendo tan bruscamente los lazos con sus padres y hermano adoptivos, para ser posteriormente secuestrado y torturado… no quería reconocerlo, pero sí lo había afectado.
Eso, por no hablar de la espantosa muerte de sus hijos que había sido obligado a presenciar. Aquellos niños dulces y maravillosos cuya única culpa había sido tenerle a él como padre. Y luego, como remate de todo eso, estaba ella. Pero no quería pensar en ella. Se sentía demasiado mal cada vez que lo hacía.
–Además, ya te lo dije –comentó, con un tono de voz desenfadado y seguro totalmente opuesto a los sentimientos que pasaban por su interior–, no podíamos seguir adelante hasta que yo pudiera hablar con Ymir. Y esto no ha sido posible hasta que llegó Amora. En todos estos años, ni siquiera yo he podido hallar un hechizo que me permitiese convocarlo con seguridad.
–No me digas que el siempre infalible dios del engaño admite un fracaso.
–No llega a ser un fracaso –dijo él, algo tenso–, sólo que me habría llevado más tiempo que a Amora.
–Llega a ser lo mismo.
–Pues ya ves –se encogió de hombros, riéndose de sí mismo–, tal vez no sea tan infalible.
–No digas esas cosas a menudo, padre –le recomendó Jormungand sonriendo jocosamente–; quién sabe, tal vez podría llegar al punto de dejar de respetarte.
Loki le devolvió la sonrisa. Pero no era una sonrisa corriente, sino una un tanto sarcástica y peligrosa. Una sonrisa que constituía un signo de advertencia, como muchos de los gestos aparentemente cordiales que empleaba con sus hijos.
–Tú nunca serías tan estúpido, ¿verdad?
–*–*–*–*–*–
Odín, el Padre de Todos, monarca de los asgardianos, empuñó a Mjolnir con gesto regio, mostrándolo ante los ojos maravillados de todos los súbditos, los cuales presenciaban llenos de asombro la solemne ceremonia. Por un momento, en el martillo sagrado destelló el místico símbolo de la triqueta grabado sobre el Uru, el metal mágico con el que Mjolnir había sido forjado en el corazón de una estrella muerta.
–Contemplad, que todos en el Árbol del Mundo sean testigos de este día… –entonó con voz potente–, y que sepan que quien sostenga este martillo, si es digno, poseerá su poder.
Tomándolo en sus manos, lo dejó sobre el altar en posición vertical. Como mágicamente, el martillo se sostuvo solo.
–Mjolnir…
Después, se dirigió hacia el hombre que se arrodillaba humildemente ante él, y le indicó con un gesto de su mano:
–Álzate, Thor, hijo mío.
Él levantó la vista muy serio, y se puso de pie ante el altar sobre el que Mjolnir parecía flotar. Su actitud era mucho más formal y respetuosa de lo que había sido en aquella primera ceremonia de su coronación. Ya no era un crío y sabía que el objetivo de aquello no era presumir.
–A partir de ahora, y en espera de que algún día seas coronado rey, eres el Campeón de nuestro reino. Por Asgard, ¿la protegerás siempre? –Odín recitó la fórmula ritual, que Thor contestó con idéntica solemnidad:
–Lo haré.
Un halo de luz pareció surgir del altar y del martillo, luz que se intensificó cuando Thor alargó la mano y extendió suavemente sus dedos sobre la empuñadura.
–Por Asgard.
Unos débiles rayos se extendieron tanto sobre el martillo como sobre su portador cuando éste lo empuñó definitivamente; y cuando Thor alzó a Mjolnir sobre su cabeza, el resplandor de mil relámpagos provenientes del cielo y que caían sobre ellos los iluminó a ambos.
–¡Por Asgard! –entonó con más fuerza, notando cómo la potencia del trueno, el poder centelleante de la tormenta que estaba presente en los cielos de los Nueve Reinos, lo atravesaba inundándolo de luz y de vigor. Por supuesto, Mjolnir y él ya eran viejos conocidos, pero aquélla era la primera vez que lo sentía con tanto poder. Con energía, dio vueltas a su asa de cuero y lo lanzó al espacio, atrayendo una gran cantidad de electricidad que pareció explotar en un estallido de luz que debió verse en todos los reinos.
Todos los súbditos asgardianos aclamaron a su nuevo Campeón, un cariñoso gesto que Thor acogió con una sonrisa.
El banquete posterior a la ceremonia fue fastuoso, tanto como el preparado tantos años atrás para la auténtica coronación del príncipe y malogrado precisamente por un ataque de furia de éste ante la frustración de su sueño. Éste, por el contrario, fue consumido y disfrutado por docenas de comensales nobles –especialmente por Volstagg–, quienes se deleitaron con los manjares y las deliciosas bebidas que había dispuesto la reina para celebrar una ocasión tan solemne.
Pero el príncipe condecorado, Thor, no participaba en el bullicio de la fiesta. Comía, bebía y sonreía al resto, pero en sus ojos no se veía el brillo nervioso e ilusionado que habían mostrado la primera vez, cuando había estado a punto de ser coronado.
Buscó con los ojos a su padre, y no lo encontró. Cuando acudió al asiento de su madre para preguntarle por su paradero, le dijo que se había levantado nada más acabar la cena, renunciando al alegre intercambio con sus súbditos. Era algo que hacía a menudo. En los últimos quince años, toda la familia –los miembros que quedaban– se había vuelto bastante más sombría, lo cual se notaba incluso en las ocasiones más festivas.
A Thor sólo le hizo falta un contacto visual con su esposa para que ella supiera que iba a salir. En los años que llevaban casados e incluso antes, la compenetración entre ambos se había consolidado de tal manera que con simplemente mirarse cada uno ya sabía en qué estaba pensando el otro. Y Sif sabía perfectamente lo que estaba pasando por la mente de su marido. Asintió y lo observó marcharse hacia el mirador en busca de su padre. Suspiró: le habría gustado ayudar a Thor, pero en eso no podía hacerlo. Nadie podía.
El Padre de Todos permanecía de pie en el mirador, contemplando el horizonte en crepúsculo con una luz nostálgica en su único ojo azul. Casi podría confundírsele con Heimdall el guardián del Bifrost, de no ser por su actitud y su posición, menos rígida y más… abatida.
–Padre –lo llamó el dios del trueno.
Odín no se volvió.
–Esta vez no ha habido incidentes –comentó el anciano con su voz solemne.
–No, padre –Thor se colocó a su lado, adoptando su misma actitud contemplativa.
–Pero aun así, pareces casi tan decepcionado como la primera vez.
Él se encogió de hombros.
–No es decepción, es… no sé explicarlo.
–¿Lamentas que haya sido tu proclamación como Campeón de Asgard en lugar de tu coronación como rey?
–No, claro que no –Thor intentó enfatizar la respuesta para evitar que su padre tuviera la menor duda al respecto–. Sabes bien que ya no me interesa ser rey. No sé por qué estaba tan empeñado en esa idea en el pasado. Supongo que era un crío estúpido.
–Sí que lo eras –sonrió Odín. Ahora podían tomarse todo eso a broma, pero la inmadura reacción del joven ante la incursión de los gigantes de hielo estuvo a punto de hacer entrar en guerra a los dos reinos años atrás. Odín no se habría enfurecido y desterrado al príncipe a la Tierra sin una buena razón.
–Tenías razón, no estaba preparado entonces; ni tampoco lo estoy ahora –comentó él–. Ni es necesario. No sé para qué los asgardianos tendrían que cambiar de rey, cuando ahora mismo tienen el mejor que podrían desear. Mientras vivas, no veo la necesidad de que yo tenga que gobernar.
El anciano, que había estado sonriendo ante las elogiosas palabras de su hijo, ensombreció su semblante al oír la última frase.
–Entonces, ¿cuál es el problema? –preguntó de todos modos, intentando disimular– Pensé que te sentirías contento al tener por fin tu día triunfal.
–Aunque lo hagas más por tus súbditos que por mí.
–¿Por…? –Odín pareció ofendido– ¿Cómo puedes pensar algo así? ¿Vas a ponerte en el mismo plan de…? –no llegó a acabar la frase, incapaz de pronunciar el nombre– En parte, sí lo he hecho por ti, aunque no como crees.
–"En parte" –repitió él con una sonrisa.
–Esta ceremonia no pretendía adular tu vanidad. Una de las dos razones por la que he querido hacer esto es que deseo que recuerdes que, por muchos amigos que hagas fuera, ésta es tu casa, y que nosotros somos tu familia. Es a nosotros a quien te debes, en el fondo.
Thor bajó la cabeza, sonriendo un tanto irónico.
–Ya sé adónde pretendes llegar. Por muchas veces que vaya a Midgard a a ayudar a los mortales, nunca olvidaré mis raíces.
–Me alegra saberlo –asintió Odín gravemente.
–Aun así, mañana tenía pensado bajar una o dos semanas a la Tierra, a controlar un poco la situación. Últimamente se producen muchos más conflictos entre los mortales que de costumbre y muchos requieren de la intervención de mis amigos. Quiero estar ahí.
–Bien –fue la única respuesta de su padre. No parecía especialmente ilusionado con aquello, pero se resignaba.
–Sé que te molesta que esté todo el día viajando a la Tierra, y te agradezco que no me lo prohíbas.
–No podría hacerlo aunque quisiera. Lo admito, no me acaba de complacer del todo que te impliques tanto con los mortales, pero ya eres un hombre y no puedo darte órdenes como a un muchacho.
–Podrías. Eres el rey de Asgard.
–Pues no quiero, no me tientes –bajó la mirada–. Quiero hacer las cosas bien. Ya he cometido suficientes errores como padre.
–Eres un buen padre –intentó animarle él.
–No me refería a errores contigo.
Ambos se quedaron callados durante unos instantes, algo que siempre ocurría cada vez que alguien aludía al tema. Al final Thor habló, y su voz tenía un matiz nostálgico.
–Tú también le echas de menos, ¿verdad?
Los rasgos del Padre de Todos se endurecieron aún más.
–No deseo hablar de él ahora.
–¡Padre, alguna vez tendrás que hablar de él! –saltó el dios rubio, encarándose con el rey asgardiano– ¡Y madre también! ¡Os empeñáis en hacer como si no existiera y no es así! ¡No está muerto!
Odín suspiró.
–A veces, desearía que lo estuviera.
Thor se quedó mirándole escandalizado.
–Eso es…
–Espantoso, ya lo sé. Y cruel, para venir de un padre. Pero no me malinterpretes. Si a veces siento ese deseo atroz y egoísta, no es por mí ni por lo que tu hermano hiciera en el pasado. Es por lo que va a hacer.
–¿Qué va a hacer? –Odín no contestó, sólo siguió contemplando el horizonte con expresión taciturna, así que insistió– Padre.
Eso pareció arrancarle de su ensimismamiento.
–¿Recuerdas la cena de conmemoración de Balder y Nanna?
Thor asintió; nunca la olvidaría. Era la última vez que habían visto a Loki en Asgard, donde éste había declarado la guerra eterna a todos los asgardianos, en especial a su familia… con él como su objetivo número uno.
–¿Y recuerdas lo que dijo él antes de marcharse?
–¿Esa siniestra amenaza sobre desatar la guerra final sobre Asgard?
Odín asintió.
–Lo llaman Ragnarök. Tal vez lo conozcas como Crepúsculo de los Dioses.
–Pero eso es una leyenda, ¿no? Un mito que Loki mencionó para asustarnos.
El monarca sacudió la cabeza.
–No. Hablaba en serio.
Thor lo pensó un momento.
–Pero seguramente cambió de opinión. Ya no creo que sea Asgard lo que le interese. En cambio, parece obsesionado por Midgard, me imagino que para fastidiarme más que otra cosa. He perdido la cuenta de las veces que he tenido que pararle los pies allí, creo que es ese reino el que quiere conquistar.
Odín pareció escéptico.
–Por supuesto que quiere conquistar la Tierra, pero es más bien algo secundario. Midgard es sólo un entrenamiento. Quiere Asgard, y lo conseguirá… o lo destruirá.
–¿Estás seguro? En quince años, nunca se ha vuelto a mostrar interesado en Asgard, salvo en excepciones o para robar alguno de sus juguetes. ¿Quién te dice que no lo ha olvidado todo? Apuesto a que ya ni se acuerda de ese Ragnarök y que esa oscura amenaza nunca se hará realidad.
Odín dejó pasar un par de segundos antes de sentenciar:
–Ya ha empezado.
–¡¿Qué? –Thor no podía creer lo que estaba oyendo–. Pero… ¿cómo…?
–Supongo que tú, con tus continuas visitas a Midgard, estarás al tanto de su situación política –su padre pareció cambiar de tema inexplicablemente, algo que lo confundió.
–Bueno… un poco. No mucho –confesó. A él lo que le iba era guerrear, las aventuras, salvar inocentes; no la política. Por eso mismo había renunciado a su idea inicial de ser rey de Asgard.
–Tú mismo lo acabas de decir. En los dos últimos años terrestres, los conflictos bélicos, los enfrentamientos y las guerras civiles entre los mortales han experimentado un incremento realmente preocupante –explicó Odín. Thor lo escuchaba pasmado, sin entender por qué su padre, en vez de continuar con el tema del Ragnarök, ahora se ponía a hablar de la Tierra–. Hermano contra hermano, dentro de las propias naciones que conforman ese reino. Los mortales siempre han sido conflictivos, orientados a la violencia y a la autodestrucción. Por eso un recrudecimiento en esa violencia no nos llamó la atención… ni a nosotros ni tampoco, tristemente, a ellos mismos.
Thor no tenía nada que añadir, era verdad que los propios mortales tendían a volverse unos en contra de los otros, no todos pero sí muchos de ellos… aunque era cierto que en los últimos dos años o incluso antes aquellas guerras parecían más sangrientas que nunca, como si todo el mundo estuviera armado hasta los dientes y determinado a utilizar esas armas contra sus semejantes. De hecho, su propia guerra personal contra Loki –o más bien, la guerra personal de Loki contra él– se había recrudecido mucho en ese lapso de tiempo, pero no lo había achacado a ninguna razón en concreto. La violencia siempre tendía a aumentar, no a decrecer… hasta que estallaba y lo arrasaba todo.
Hermano contra hermano, acababa de decir su padre. Pero eso no le aclaraba por qué había sacado aquello a colación.
–No entiendo nada. ¿Qué tiene que ver la situación política de la Tierra con Asgard?
–Y además es el segundo año allí que el invierno no da paso a la primavera –añadió Odín, de forma aún más incongruente–. El primero lo dejé pasar por si resultaba ser una casualidad. No es la primera vez que el clima de la Tierra se vuelve loco y más aún en los tiempos recientes, debido a lo alterada que está su atmósfera por la contaminación que generan los mortales. Pero después de esto… ya no lo puedo dejar pasar como casualidad.
La confusión del dios rubio comenzó a transformarse en impaciencia.
–¿Me puedes explicar de qué demonios hablas, por favor? –se dio cuenta de a quién le estaba hablando, y añadió con un tono un poco más respetuoso– Padre.
–Tres años de invierno perenne, y de matanza y batalla sangrienta entre hermanos. Así está vaticinado. Los mortales no se dan cuenta porque, al existir ya todas esas guerras previas entre ellos, el Fimbulwinter, el más largo invierno, sólo las está haciendo intensificarse, aunque no lo atribuyen a ninguna causa extraña y lo toman como algo normal. El ciclo siempre dura tres años. Y ya han transcurrido dos.
–¿Y qué pasará cuando acabe ese ciclo? –La voz baja del dios del trueno escondía cierta fascinación mezclada con horror.
–Después… vendrá el final. El fin de todas las cosas, para los mortales, y para nosotros. Y posiblemente para todos los reinos del Yggdrasil.
Un escalofrío subió por la columna de Thor.
–No puede ser.
–Me temo que sí lo es.
–¡Hay que hablar con Loki! –saltó él con cierta desesperación.
–¿Y quién crees que va a desatar todo ese horror? –gruñó el Padre de Todos.
–Pero seguramente él no querrá… –se interrumpió, desazonado–. Bah, claro que querrá. A quién pretendo engañar –La mente de Thor ya se había rendido a la evidencia, pese a su fuerte deseo de creer que su hermano no podía caer tan bajo. Tras quince años enfrentándose, sabía perfectamente lo bajo que podía caer.
Como también lo habría sabido, probablemente, Karnilla la reina Norn, la causante de la muerte de la familia de Loki. A Asgard habían llegado pocas noticias de su destino: todo lo que sabían era que un poco después de la huida de Loki, Karnilla desapareció misteriosamente. Nunca encontraron su cadáver, y Thor estaba seguro de que Loki había estado detrás de aquello. Tenía miedo de pensar hasta qué punto habría llegado la crueldad de su hermano para llevar a cabo su venganza, por mucho derecho que tuviera a ella.
–Así es, querrá. Es lo que ha buscado siempre. Y ésa es la otra razón para tu proclamación oficial como Campeón de Asgard. Extraoficialmente no era necesario, pero quiero enviarle un mensaje a Loki. Puede que no haya estado aquí hoy, pero indudablemente se enterará a través de sus espías.
–¿Loki tiene espías aquí? –Thor cada vez estaba más anonadado.
–¿Acaso esperabas otra cosa? –su padre sonrió.
El caso era que no le sorprendía, correspondía perfectamente a los métodos de su hermano. Lo que lo dejaba de piedra era que su padre lo supiera y no hiciera nada.
–¿Y cómo no investigas para averiguar quiénes son?
–Oh, estamos bastante bien informados de quiénes son.
Thor parpadeó. Todo aquello superaba su entendimiento.
–No… no lo comprendo. Tienes espías de Loki en Asgard, sabes quiénes son y no los detienes.
–Hijo mío, eres el mejor guerrero de la historia de nuestro reino, muy superior a lo que yo fui nunca –en la voz de Odín había cierto tono irónico–, pero como estratega aún te queda mucho que aprender. Prefiero saber quiénes son y tenerlos localizados, y por tanto controlar lo que averigüen; a detenerlos y que dentro de un tiempo Loki envíe otros espías que nosotros no podamos localizar.
El joven asintió. Tal vez su padre tuviera más en común con su hijo adoptivo que con él mismo.
–Como te dije, con esta ceremonia intento enviar a tu hermano un mensaje –continuó Odín–. Quiero que sepa que nosotros sabemos lo que va a hacer. Y que estaremos preparados.
En ese momento Thor no lo sabía, pero su expresión de absoluto asombro e incredulidad era muy similar a la del propio Loki tantísimo tiempo atrás, cuando averiguó la verdad sobre sus auténticos orígenes.
–¿Por qué no me lo has dicho antes? –no pretendía que sonara como un reproche, pero de todos modos lo hizo.
–No quería que te preocuparas sin necesidad. De todas formas, no habrías podido hacer nada si lo hubieras sabido. Y así al menos has podido disfrutar un tiempo más de Sif y de los gemelos –se giró hacia el mirador, perdiendo su mirada de nuevo en el horizonte azul–. Además, llevamos tiempo preparándonos. Tyr, el Alto General de mis ejércitos Einherjer, lleva entrenando a los soldados desde hace un tiempo, aunque no les ha dicho para qué: esto sólo lo sabemos unos pocos. No queremos que cunda el pánico.
–¿Y no crees que merecen saberlo?
–No. Como te he dicho, el que lo sepan o no, no cambia nada. Dejémoslos disfrutar mientras puedan, y ser felices… –bajó la vista de su único ojo a los jardines, donde algunos de los comensales paseaban, abandonando el banquete. Muchos estaban ebrios–. Ya llegará la época de la sangre y del miedo. ¿Para qué adelantarla en sus corazones?
–Yo… –Thor pareció dudoso, pero al final asintió–. Entiendo. Dejemos que el pueblo disfrute sus últimos días de paz. Puede que no volvamos a conocer otros.
Odín no contestó, pero hizo un ligero gesto afirmativo con la cabeza.
–Aun así, padre, tendrías que habérmelo dicho a mí; podría haberme implicado desde el principio… –reflexionó el guerrero, para terminar resueltamente–. Pero no importa, no dejaremos que nos derroten. Me da igual lo que diga esa ridícula profecía del Ragnarök. Loki puede hacer lo que quiera; pero nosotros le demostraremos de qué estamos hechos los asgardianos.
De nuevo, no tuvo respuesta de su padre. Aunque Thor no podía ver su rostro, su postura, su silencio y todo su lenguaje corporal revelaban su deseo de que lo dejasen solo, y él decidió respetarlo. Se giró y se dispuso a marcharse, pero se detuvo al oírle hablar de nuevo.
–Creí… creí que esta vez sería diferente.
Más que sus palabras, fue el tono apesadumbrado con el que fueron dichas lo que dejó atónito al dios del trueno.
–¿A qué te refieres?
–A tu hermano. Todas las veces me digo que esta vez será diferente, y todas las veces acabo fracasando.
Aunque Thor estaba bastante a gusto en su piel, en ocasiones sí tenía la impresión de ser un completo idiota como Loki había dicho siempre. ¿Cómo que "todas las veces"? ¿De qué estaba hablando ahora? Pero lo que peor le hacía sentir era aquella voz tan triste, así que, olvidando sus propias dudas, intentó consolarle:
–Vamos, padre, no es culpa tuya…
–Sí lo es –Odín se giró hacia su hijo, y si antes Thor se sentía un poco aturdido, ahora se quedó helado al ver la humedad rezumando en el único ojo del anciano–. Con Loki, fracasé. Y ahora todo el universo pagará por ello.
Uno de los puntos destacables de este capítulo son los planes que tienen Loki y sus hijos con respecto a Midgard (aún no estoy segura del plan concreto que tiene el personaje para apoderarse de la Tierra en la peli de los Vengadores, si va a incluir a los Skrulls o no, pero el que detallo arriba me parece más propio de él, y no necesita Skrulls, Cubo Cósmico ni ningún otro tipo de artefacto extraterrestre).
Sobre los nombres, me pareció adecuado dar a todo lo que rodea a Jormungand nombres relacionados con serpientes o reptiles míticos. Leviathan, o Leviatán, es el nombre genérico que se daba a las serpientes marinas en la antigüedad. En cuanto al nombre mortal del personaje, Seth es un dios egipcio que a veces toma forma de serpiente y Nidhoggr, en la mitología nórdica, es un dragón que vive en el Niflheim donde crece una de las raíces del árbol Yggdrasil.
El comentario de Jormungand sobre Loki disfrazado de científico noruego hace referencia al cómic de los Ultimates (una versión modernizada de los Vengadores), donde Loki adopta el disfraz de "Gunnar Golmen", el científico a cargo de la filial noruega de la "Iniciativa de Defensa Europea", la contraparte europea de los Ultimates (que intenta crear "rivales" para éstos). De hecho es una historia muy interesante y tenía pensado incluirla, pero ya con la trama del Ragnarök se va a hacer suficientemente densa y no es cuestión de complicarla más, así que me limito a mencionarla.
Y aunque esta historia es totalmente alternativa en cuanto al argumento respecto a la peli de los Vengadores, es muy lógico y factible que a lo largo de los años Loki se haya enfrentado al Capitán América (como aparecen en algunos vídeos de escenas de la peli), por lo que lo he incluido en el contexto del fic.
La ceremonia de proclamación de Thor como Campeón de Asgard (que también tendrá relevancia en la trama) es la que aparece en el trailer del juego cuyo enlace en youtube os di hace un par de capítulos. En el cap. 5 aparece detallada la escena de Loki con Ymir, o mi visión de ella.
La conversación entre Odín y Thor prepara la intriga del Ragnarök, que será crucial en el desarrollo del argumento de la segunda mitad del fanfic. El Fimbulwinter, originalmente llamado Fimbulvetr, es el ciclo que antecede inmediatamente al Ragnarök en el mundo de los mortales. Son tres años de invierno permanente que coinciden con un recrudecimiento de la violencia entre los hombres. Más adelante podréis leer cómo ven en Midgard lo que está ocurriendo.
Y quiero mostrar a Odín como un personaje un poco más cercano. En la película de Thor queda fatal, entre lo del destierro de Thor, y luego el famoso "no, Loki" que impulsa a éste a dejarse a caer en el abismo… aquí quiero reivindicarlo un poco (quiero reivindicar a todo el mundo, jeje). Seguramente vosotras lo odiéis por cómo trató a Loki, pero aquí quiero presentarlo como alguien que es consciente de que ha metido la pata hasta el fondo con su hijo menor y que se arrepiente de ello (al igual que Loki con respecto a Sigyn).
