–7–
Sigyn volvió a palidecer como el papel.
–¿Cómo que vienen para acá?
–Así es, llegarán en cualquier momento. ¿Quiere esperarles? Así podría conocer a Thor y él podría firmarle el autógrafo que desea.
Ella se levantó apresuradamente y empezó a recoger su cartera y el abrigo. Trataba de contener los nervios, pero el pánico había vuelto a apoderarse de ella. ¡Tenía que salir de allí!
–En realidad tengo bastante prisa ahora mismo –comentó con una sonrisa nerviosa pese a sus esfuerzos por disimular–. Es que tengo que recoger a mi hija de su entrenamiento de hockey. ¿Qué tal la próxima vez?
Por un momento Pepper la miró extrañada por su agitada reacción, pero luego pareció no darle importancia.
–Claro.
–Tranquila, no se moleste en acompañarme –agarrando el abrigo, la carpetilla y su cartera de cualquier manera, abandonó el despacho de Pepper Potts, la cual se quedó mirando la puerta con expresión desconcertada.
A Sigyn tampoco le importaba demasiado la última impresión que se hubiera llevado. Había sacado en claro que ya no duraría mucho en aquel trabajo y que seguramente era lo mejor, porque al haber empezado a despertar sospechas no pasaría mucho tiempo sin que alguien creyera conveniente encerrarla en algún agujero para interrogarla. Si no dimitía en ese mismo momento, era por esa oferta de una suculenta comisión por encargarse de recibir ricachones en esa estúpida fiesta, sólo tendría que esperar un poco.
Bueno, un problema a la vez. Ahora tenía que salir de aquel edificio, a poder ser sin tener un encontronazo con su ex cuñado y arruinar el secreto que había protegido con su falsa identidad, la cual había cuidado y mimado tanto durante quince años.
Pero la ley de Murphy también se cumple en esos casos… la posibilidad de un encuentro entre dos personas conocidas dentro de un mismo edificio es inversamente proporcional al deseo que una de las dos tenga para que se produzca. O dicho de otro modo, bastaba con que Sigyn quisiese escapar de allí sin ser vista, para que todas las circunstancias parecieran favorecer justo el hecho contrario.
Los pensamientos de la mujer se congelaron cuando vieron quién estaba al otro lado del pasillo. Algunos de los miembros de aquel grupo de Stark, los famosos Vengadores, venían caminando hacia ella, acercándose inexorablemente. Charlaban de forma animada entre ellos, sin al parecer reparar en su presencia. ¿Por qué iban a hacerlo? Su apariencia no era diferente a la del resto de empleados de Stark Industries que caminaban por aquel corredor.
Encabezando el grupo iba un hombre cuyo rostro le era conocido: lo había visto no sólo en la televisión, sino en las páginas de sociedad –normalmente en crónicas de fiestas, o relacionado con esculturales modelos o actrices– y hasta en los memorándums de la Fundación; no en vano era el dueño de todo aquello. Tony Stark era aún más alto y atractivo en persona de lo que parecía en las fotos. Aquellos ojos penetrantes, su bigote oscuro y aquella expresión permanente de estar de vuelta de todo eran inconfundibles y magnéticos para cualquiera, hombre o mujer.
–…Pues no sabe qué pena me da –decía un tanto sarcástico al militar de color y con el parche en el ojo–, pero aun así tengo que ir a Hong Kong. No me perdería una fiesta sin una buena razón.
–Pensaba que a ti las fiestas de beneficencia te aburrían –apostilló el hombre que los acompañaba con una sonrisa. Pese a su expresión un tanto maliciosa al meterse con Stark, la bondad era evidente en cada uno de sus rasgos, en su rostro de típico chico americano (aunque con cierta dulzura infantil), y en sus ojos de un azul intenso.
–Amigo Steve… –Stark rodeó los hombros de éste con un brazo, algo un tanto difícil teniendo en cuenta la estatura del aludido–, ninguna fiesta es aburrida si se tiene alcohol. Y en ese caso, si es necesario, yo me convierto en la fiesta.
–Tengo entendido que le había prometido a la señorita Potts que dejaría de beber –objetó el militar de color.
–Le prometí que dejaría de beber tanto. Y además, ¿qué le importa lo que yo haga en mi tiempo libre, Fury? Mientras mi rendimiento en el equipo no se vea perjudicado, puedo hacer lo que me venga en gana.
–Mmm… –gruñó el llamado Fury, pero no dijo nada. Después de todo, Stark era uno de los que pagaba, y eso implicaba tener que pasar por alto su comportamiento caprichoso y excéntrico, por poco que le gustara.
Sigyn pasó al lado de ellos intentando disimular, aparentando toda la normalidad del mundo. El militar y el hombre rubio al que Stark había llamado Steve la ignoraron, pero no así el propio Stark. Detuvo el paso y se dirigió hacia ella mirándola sensualmente; dándole un susto de muerte.
–Hola, preciosa… ¿tú trabajas para mí? Nunca te he visto por aquí…
Steve debió de ver la cara desencajada que puso Sigyn, porque aferró el brazo de Stark y tiró de él hacia delante, sonriendo hacia ella como forma de disculpa por el comportamiento del empresario.
–Perdone, señorita… –dijo y se inclinó un poco de manera caballerosa, como si aún estuvieran en los años cincuenta– Vamos Tony, dijiste que no volverías a hacer esto –susurró hacia su compañero.
–Si es una de mis empleadas… –se justificó Stark.
–Con más razón –intervino Fury, acercándose a ellos… y mirando intensamente a Sigyn como si pudiera leer dentro de ella. Ella se estremeció: tal vez fuera por el único ojo, pero le recordaba a la mirada penetrante de Odín–, nuestro grupo no puede permitirse la publicidad negativa de otra demanda por acoso.
–¡Pero si no las acoso! Sólo las… piropeo un poco. ¿Te has sentido acosada? –Stark interpeló a Sigyn, sobresaltándola de nuevo y haciéndola bajar la cabeza, sacudiéndola con timidez.
–Gracias, señorita. Y sería un detalle que olvidara esta conversación –la despidió Fury, permitiéndola seguir adelante, algo que ella hizo con un suspiro de alivio y apretando la carpeta contra su pecho, como escondiéndose tras ella. Aun así, siguió captando los últimos retazos de la conversación:
–Me parece que has perdido tu toque con las mujeres, Tony –se burló Steve; y el aludido suspiró también, pero resignado.
–El día que eso pase de verdad, mi vida habrá acabado.
–Volviendo al tema, fue buena idea lo de esa Fundación, y esas galas para recaudación de fondos –añadió Steve–. Qué pena que no podamos ir ninguno.
–Ah, pero el deber es lo primero, por raro que suene que sea yo el que lo diga –bromeó Stark–. Vosotros tenéis que salir para Oriente Medio cagando leches antes de que la guerrilla que tienen allí les estalle a nuestros queridos soldados americanos a la cara –dijo mordaz–. En cuanto a mí, ya sabéis que me encantaría acompañaros, pero este fin de semana tengo que estar en Hong Kong. Stark Industries pasa por momentos difíciles. Esa empresa nueva, esos condenados Leviathan, nos está haciendo la competencia del modo más sucio; y no puedo permitirme descuidar la compañía ahora. Cuando acabe la convención tecnológica, me reuniré con vosotros, ¿de acuerdo?
–Y si la señorita Potts va a ir contigo a Hong Kong, ¿quién se quedará a cargo de la gala benéfica?
El empresario se encogió de hombros.
–Pepper me dijo que buscaría a alguien de la propia Fundación. Después de todo, sólo es una fiesta sin importancia, no creo que ninguno de nosotros hagamos falta ahí. Sólo habrá que cuidar de los invitados, darles mucho alcohol y hacer que suelten la pasta: eso cualquier idiota puede hacerlo.
Sigyn frunció el ceño, ofendida. ¿Cualquier idiota? ¡Eso no era tan fácil como parecía! "Mortal insolente…", pensó; y sus ojos aguamarina destellaron. Simultáneamente, Stark dio un respingo.
–¡Me cago en…!
–¿Qué pasa? –preguntó Fury.
–Este cacharro me ha dado un calambre –explicó Stark, sacándose el teléfono móvil del bolsillo.
–¿Y no lo había hecho antes?
–No, nunca –repuso él extrañado, examinando el aparato, que tenía un aspecto completamente normal.
–Justicia poética –rió Steve.
A sus espaldas, Sigyn esbozó una ligera sonrisa maliciosa. Justicia poética… un tanto forzada. Clea la mataría si supiera que utilizaba sus poderes para ese tipo de cosas, pero después de todo, era algo inofensivo.
La sonrisa se heló en su rostro y su corazón se paró durante un segundo por el pánico cuando vio acercarse al segundo grupo formado por el resto de Vengadores que quedaban, que hasta entonces había estado algo alejado. Entre ellos había un hombre musculoso de cabellos y barba rubios al que conocía bien, alguien a quien habría reconocido entre millones… y lo peor, que también la reconocería a ella.
"Thor…" susurró inaudiblemente, quedándose paralizada durante un instante sin saber reaccionar. Él aún no se había dado cuenta de que estaba allí, concentrado como estaba en su conversación con sus compañeros, pero Sigyn supo que sólo tenía unos segundos antes de que llegaran cerca de donde ella estaba y él pudiera verle la cara. Entonces toda la cortina de humo que había construido para proteger su vida y su secreto se vendría abajo.
Se escondió tras una de las columnatas ornamentales que había distribuidas por el corredor, incapaz de hacer nada más. De todas formas, sabía que si salía corriendo llamaría la atención de cuantos le rodeaban, y puede que de los propios Vengadores también. No dejaría de resultar raro que aquella mujer de apariencia ordinaria y vestida con un traje sastre saliera corriendo, alejándose de ellos como uno de los criminales a los que combatían.
De forma que se quedó allí tras la columna, totalmente inmóvil y con el corazón latiéndole con violencia, esperando a que aquel grupo pasara y suplicando con todas sus fuerzas que ninguno de ellos advirtiera su presencia. "Por favor, por favor, que pasen de largo".
Y eso parecieron hacer, recorriendo la galería y pasando justo al lado de la columna detrás de la que ella se encontraba sin realizar el menor gesto que pudiera hacerla pensar que se habían percatado de que estaba allí. Un hombre taciturno y solitario, y poco detrás de él, otro con facciones agradables que ella había visto repetidas hasta la saciedad en los periódicos y en la televisión años atrás… el famoso Bruce Banner. Quién hubiera dicho que alguien con un aspecto tan inofensivo podría llegar a causar toda esa destrucción, reflexionó Sigyn. Y por último, vio a Thor conversando con una bella mujer de cabellos cortos y aún más rojos de lo que lo habían sido los suyos propios cuando tenía su color natural.
Al ver que pasaban por su lado sin el menor signo de haberla visto, empezó a soltar un poco la respiración que había estado conteniendo durante aquellos largos y angustiosos segundos. Entonces Thor se detuvo a pocos pasos de donde ella estaba, y Sigyn notó cómo el miedo que había empezado a desanudarse de su estómago volvía a estrujarlo dolorosamente.
El dios del trueno se había quedado allí inmóvil, centrado en sus pensamientos y en sus percepciones, como si meditara algo… o lo presintiera. Cerró los ojos, aspirando hondamente por la nariz. Sigyn se mordió los labios tan fuertemente como para hacerlos sangrar cuando Thor giró el rostro hacia la columna detrás de la que ella se encontraba, como si siguiera un rastro…
La mano de ella se movió automáticamente hacia su colgante, como un acto reflejo que intentara atraer buena suerte hacia un amuleto, y sus ojos azulados destellaron de nuevo en medio de su pánico. En ese momento, la máquina de café que había al otro lado del pasillo explotó violentamente atrayendo la atención de todo el mundo, Thor incluido. Los Vengadores rápidamente se pusieron en posición defensiva, dirigiéndose hacia allí.
Algunos empleados de seguridad de Stark y el hombre al que habían llamado Fury incluso sacaron sus armas, temiendo algún tipo de causa siniestra o incluso un atentado. Con las actividades de Stark y de su grupo, no era extraña la idea de que la sede central fuera objeto de ataques terroristas nacionales, internacionales… o incluso extraterrestres. Pero enseguida un par de ellos se acercaron a la máquina de café y la examinaron. Ésta chisporroteaba y derramaba café casi por todas partes, pero no parecía haber estallado como resultado de ninguna bomba o juego sucio.
"¡Falsa alarma!", exclamó uno de los de seguridad, haciendo que todos los demás respiraran aliviados. "Una sobrecarga de tensión, o tal vez se tratara de un cortocircuito". En medio de aquel revuelo, nadie se fijó en la mujer de traje que caminaba un tanto apresuradamente por el pasillo, abandonando el edificio sin que nadie reparara en ella.
Sin embargo, tras unos minutos, mientras observaban cómo limpiaban los restos de café y piezas mecánicas del estropicio, Thor pareció recordar algo y le preguntó a la mujer pelirroja que tenía a su lado:
–Natasha, ¿tú has cambiado de perfume?
La mujer a la que llamaban la Viuda Negra le miró con cierta expresión curiosa en sus bellos ojos azules.
–¿Estás ligando conmigo, dios del trueno? Te recuerdo que eres un hombre casado.
–Sí, como si eso te importara… –intervino incisivamente y medio en broma el hombre reservado que siempre iba solo, aislado del resto, y ella lo ignoró con una mueca despectiva. Thor sonrió divertido. Clint y Natasha tenían una relación muy extraña desde que los había conocido, que se podía definir como amor y odio, el "ni contigo ni sin ti". Salían y rompían, volvían juntos y cortaban de nuevo, así una y otra vez. En ese momento no estaban juntos, pero eso no evitaba que se metieran el uno con el otro todo el día.
–No, no te lo decía por eso –repuso Thor–. Es que antes he creído oler como… perfume de vainilla.
–No, no era mío. Yo nunca uso vainilla. ¿Por qué?
–Por nada. Me ha traído recuerdos, eso es todo.
–¿Recuerdos de tu mujer? –preguntó ella, curiosa, y él sacudió la cabeza– ¿De alguna antigua novia, quizás? –sugirió, con un tono algo más malicioso.
–No. Era… de una pariente. Solía usar perfume de vainilla.
–¿Ah sí? ¿Crees que alguien de tu familia podría venir hasta aquí a verte?
De nuevo, Thor negó con la cabeza, muy serio.
–Ésta no. Murió hace bastantes años –dijo, y sin poder evitarlo añadió–: Ella… se suicidó.
–Oh, Dios mío Thor… –se horrorizó Natasha. Pese a su apariencia dura, se preocupaba sinceramente por sus amigos– Lo siento mucho.
–Gracias –agradeció él, y por un momento suspiró, perdido en sus recuerdos–. Fue una época muy dura para mi familia. Y en el caso de mi cuñada… no sé. Siempre me quedó el remordimiento de que pude haber hecho algo más por ella.
–¿Tu cuñada? No querrás decir… la mujer de ese chiflado medio hermano tuyo, ¿verdad? –se interesó Natasha, y Thor asintió– ¿Ese psicópata estaba casado? Vaya, entonces no me extraña que ella se suicidara.
Los ojos de Thor se endurecieron un tanto.
–No es todo tan radical, Tasha. Loki no siempre fue así. Hubo un tiempo en que fue una persona casi normal, tenía una familia y todo –"Hubo un tiempo en el que fue mi hermano", pensó desalentado.
Ella se encogió de hombros.
–Pues viendo cómo ha acabado, la verdad es que no me lo imagino.
–*–*–*–*–*–
Sigyn, ignorante de ser tema de conversación entre el dios del trueno y su compañera Vengadora, se subió el cuello del abrigo para protegerse del viento crudo que la recibió al salir del edificio, se encasquetó la boina de lana y se dio una vuelta más a la bufanda que rodeaba su cuello para resguardar su garganta. Miró hacia el cielo, en el cual se concentraban amenazadoras unas nubes de color plúmbeo.
Procurando no correr para no llamar la atención pero sin perder tiempo, caminó apresuradamente hasta su coche y se metió allí, cerrando de inmediato las puertas. Sólo entonces, ya a salvo, respiró profundamente y se relajó. El corazón aún le latía rápidamente por la descarga de adrenalina. "Ha estado cerca…", pensó. Si Thor la hubiese visto, todo se habría descubierto. Como mínimo, el dios del trueno se lo habría contado a su familia, Sif y los Tres Guerreros también se habrían enterado… y si eso ocurría, el resto del mundo también lo sabría. Todo el mundo.
Objetivamente, la culpa era suya. ¿Quién le mandaba a ella meterse en aquellos berenjenales? Con lo tranquila que estaba dando clases a niños de primaria, y había tenido que salirse de eso para irse a Nueva York y meterse a trabajar en aquella organización benéfica, que conllevaba el riesgo de atraer la indeseada atención de uno de los más peligrosos enemigos de su ex marido sobre ella.
Pero no había tenido opción. No, nadie la había obligado, pero… realmente no había podido elegir. Ya había empezado a tener problemas para dormir mientras estaba en Lubbock, antes de verse forzada a mudarse. Y todo había comenzado con los ataques de Hulk, que habían dejado veintenas de muertos y decenas, centenares de heridos a lo largo de la Costa Este.
Al principio, Sigyn había intentado desentenderse de aquello, seguir con su vida, fingir que no sabía nada o no tenía nada que ver con aquello, pero había sido imposible. Por supuesto que todo aquello era culpa suya, no podía mentirse a sí misma. ¿Quién estaba controlando mentalmente a Hulk, quién le había dado orden de causar el caos a su alrededor con tal de provocar una respuesta de Thor? Loki, su mari… su ex marido. ¿Y quién, mucho antes de que aquello ocurriera, había salvado la vida de Loki cuando Karnilla –sentía náuseas al recordar su nombre– lo había encerrado en aquella trampa destinada a matarle lenta y dolorosamente?
Ella. Sólo ella. Ella había permanecido a su lado, apartando el ácido veneno de su rostro durante aquellas largas y penosísimas horas. Ella había matado al guerrero Norn que hubiera puesto un fin rápido a su miseria. Y ella había avisado a los hijos de Loki para que lo rescatasen de su prisión.
Y ni siquiera podía alegar que no sabía lo que iba a hacer. El propio Loki le había revelado sus futuros planes, su intención de seguir matando y destruyendo hasta que acabara con Thor, lo cual se había planteado como la meta de su vida. Ella se había horrorizado, pero aun así continuó ayudándole. Pese a ser consciente de todo lo que iba a desencadenar conservando aquella vida que no debería haber sido conservada, siguió protegiéndole. En aquel momento aún mantenía la esperanza de que él mintiera, como siempre; o que cambiara de opinión. Pero aunque hubiera sido totalmente consciente de que no lo iba a hacer, habría seguido ayudándole. Tan estúpida como siempre.
Y durante el tiempo que llevaba en la Tierra, había podido comprobar lo que su compasión –su amor–, les había costado y seguía costándoles a los mortales. Cada una de las muertes causadas por Hulk se debía a su debilidad. Parte de toda la sangre que manchaba las manos de Loki, que era muchísima, manchaba también las suyas propias. ¿Cómo iba a poder dormir?
Lo había intentado con química. Los somníferos y los antidepresivos la habían ayudado un tiempo, pero pronto dejaron de ser suficiente.
Precisamente el oír hablar de una asociación específicamente encaminada a ayudar a las víctimas de los crímenes de su ex marido fue lo que la llevó a Nueva York. En aquel momento no sabía que estaba financiada por Stark, la empresa que también había lanzado ese grupo de super combatientes que se enfrentaban a Loki, pero le dio igual. Ella sólo quería hacer algo útil, paliar, aunque fuera un poco, el mal que él estaba haciendo, el que ella misma había contribuido a que hiciera. Por supuesto, apenas constituía una gota de agua en el desierto, pero era más que nada, y la ayudaba a dormir.
Nunca había pretendido llegar a administradora. Al principio su colaboración como voluntaria con la Fundación había sido prácticamente anecdótica, recaudando fondos a pie de calle, organizando terapias de grupo y talleres o simplemente trayendo el café y haciendo fotocopias. Pero se fue animando a medida que pasaba el tiempo, y al final su entusiasmo y dedicación llamaron la atención del antiguo administrador, el cual le ofreció un puesto en la plantilla como su ayudante, con nómina y todo.
Y cuando éste tuvo que jubilarse –ya había tenido dos infartos y quiso retirarse antes de que el estrés le pasara un tercer strike–, ella, que conocía los mecanismos, los métodos y las cuentas, "heredó" el que dejar su trabajo parcial en una guardería y aprender contabilidad, y ahora se dedicaba a la tarea, mucho menos divertida que dar clases a niños, de idear maneras de sacar el dinero a esos ricos avaros, pero saber que con aquello contribuía a arreglar un poco el mal que hacía Loki la contentaba y hacía mucho por su paz interior. Había aprendido lo valiosa que era la paz interior, un concepto que mucha gente daba por sentado.
¡Pero aquella aventura tocaba a su final! En fin, había sido bonito mientras había durado. Y, de todos modos, existían muchas más formas de ayudar a la gente, formas que no la hicieran a ella arriesgarse sin necesidad.
Se miró el reloj de pulsera. Realmente no estaba mintiendo cuando le había dicho a Pepper Potts que tenía que ir a recoger a su hija del entrenamiento. Sí, Tess era muy independiente y siempre podía desplazarse en metro, pero a Sigyn le gustaba, siempre que podía, tenerla lo más controlada posible. Con eso de que era invierno a aquellas horas ya había anochecido y a Sigyn no le gustaba que su hija anduviera por el metro después del anochecer. Aun sin contar con su problemático pasado familiar, lo que ya sería bastante grave, Tess era una chica preciosa, y las muchachitas lindas como ella eran la presa preferida de depravados, maníacos sexuales y todo tipo de depredadores.
Nunca, nunca, dejaría que su hija corriera el menor peligro si ella podía evitarlo. Su despreocupación ya le había costado cara en el pasado.
Los entrenamientos de Tess con el equipo junior femenino de hockey sobre hielo eran en un polideportivo situado a veinte minutos de allí. De todas formas, cuando llegó, las chicas aún no habían acabado su entrenamiento.
Sigyn caminó por uno de los laterales aledaños a la cancha en dirección a las gradas para esperar, mientras observaba a las chicas deslizarse velozmente sobre patines y manejar con agilidad sus sticks para intentar encajar el disco en la portería del contrario. Frecuentemente también se producían fuertes choques entre las jugadoras; aunque se tratara de un equipo femenino, el entrenador las alentaba a jugar tan duro como si fueran chicos. A Sigyn no le acababa de hacer gracia que su hija se involucrara en un deporte de contacto tan violento, pero hasta el momento nunca había tenido ningún susto. Normalmente, de los encontronazos de su hija con otras jugadoras, eran estas últimas las que salían perdiendo.
Tess era una de los extremos, la más ágil y la más agresiva. También era la capitana de su equipo, por múltiples razones. No sólo era la mejor jugadora de su equipo y la que más se implicaba en los partidos; también era la más inteligente para pensar formaciones y estrategias para desorientar y burlar a sus rivales. Tampoco era que hiciera mucha falta pensar en ese deporte, pero en Tess parecía ser una intuición.
Sigyn observó a su hija adolescente llena de orgullo maternal, antes de empezar a subir las escaleras que la llevarían a la grada. Al pensar en Tess o mirarla –mientras no fuera demasiado tiempo–, le parecía que ningún problema tenía importancia. Podría cambiar de trabajo, podría mudarse mil veces. Y podía acabarse el mundo si quería. Nada de eso sería tan malo, si podía estar al lado de su hija.
La muchacha, que patinaba manejando el stick como si no hubiera hecho otra cosa en su vida y a la que apenas se veía bajo el montón de protecciones que se ponían los jugadores –hombreras, perneras, coderas, casco…–, divisó la figura de su madre y saludó agitando una mano; luego volvió a concentrarse en el juego. El encargado de mantenimiento del polideportivo, un ancianito con pinta afable, cabello blanco y gafas que ya debería haberse jubilado hacía tiempo, se detuvo al lado de Sigyn.
–Buenas noches, señora Black.
–Qué hay, señor Lee –le sonrió ella cortésmente.
–Otra vez a recoger a su hija, ¿verdad?
–Ajá.
–Entiendo que se preocupe tanto por ella. Tess es una chica muy especial –comentó el hombre, mientras los dos contemplaban cómo la joven se deshacía del acoso de una de las defensas con un fuerte empujón–. Toda una ganadora. Aunque un poco demasiado competitiva.
Sigyn sonrió, un tanto melancólicamente.
–Ha salido a su padre –Las palabras habían salido de su boca antes de que hubiera tenido oportunidad de contenerlas, y de inmediato se arrepintió de haberlas dicho.
–¿Se refiere al señor Black? –el anciano pareció interesado–. Creo que no le conozco. Nunca lo he visto por aquí.
–En realidad, murió antes de que Tess naciera –dijo ella con naturalidad. Había repetido esa mentira tantas veces que ya le salía de forma casi automática.
–Oh, lamento su pérdida. Nunca lo habría sospechado. Como todavía lleva su alianza de boda…
Ella bajó la vista y contempló su anillo de oro asgardiano.
–Lo conservo como un recuerdo –Aunque ya no sabría decir si era un recuerdo bueno o malo, reflexionó.
Mientras, las muchachas habían acabado su entrenamiento y Tess avanzaba hacia ella sonriendo. Aún llevaba el uniforme y las protecciones, y su lindo rostro estaba arrebolado por el esfuerzo del ejercicio y brillante por el sudor.
–No hacía falta que vinieras –aun así, parecía contenta de verla–. Sabes que podría haber tomado el metro.
–Bueno, no me costaba trabajo hacerlo. He salido antes del trabajo y… –Sigyn intentó acercarse para darle un beso, pero ella se apartó.
–¡Estoy hecha un asco, mamá! –dijo, entre incómoda y risueña– Dame cinco minutos para una ducha rápida y nos vamos.
–Vale –asintió ella.
He tenido que pasar muy rápido por los Vengadores, por eso se llama cameo ;) Obviamente las caracterizaciones de cada uno, relaciones y demás darían, no ya para un capítulo sino para un fic para ellos solos (hey, si alguien quiere hacerlo yo lo leería encantada ^^). Me he detenido algo más en Tony Stark porque me encanta, ese plan de "libertino y orgulloso de serlo". Steve Rogers es adorable, el "buen chico americano", por lo menos cuando no combate. A Nick Fury lo considero un tipo muy duro, más preocupado por el equipo que por todo lo demás.
A Clint Barton, Bruce Banner o Natasha Romanoff los tengo más desdibujados, aunque los he visto en las otras pelis donde han salido, no me queda claro cómo van a ser en relación al resto del equipo así que no me detengo mucho en ellos, aunque no me pude resistir a poner romance entre Clint y Natasha. Son pareja en el canon del cómic y yo me confieso shipper de ellos en el movieverse, aunque no sé si en la peli tendrán romance o no (espero que sí).
No sé hasta qué punto será buena mi caracterización (sobre todo cuando salga la peli), pero por ahora me los imagino así.
En cuanto a Tess, ya ha aparecido (al menos despierta :) ), y en el siguiente capi podéis ver cómo es. Por ahora, sabéis que le gusta jugar al hockey sobre hielo. Y es que quería verla haciendo algún deporte de contacto. Pensé en karate o capoeira (el estilo de lucha que practicó Hiddles para entrenarse para hacer de Loki en combate cuerpo a cuerpo), pero me pareció muy repetitivo. Y me gustaba la idea del hockey, porque se juega sobre el hielo (que es el elemento de Tess, mucho más de lo que pensáis), y exige mucha habilidad y reflejos.
Y supongo que habréis adivinado quién es ese viejecito encargado de mantenimiento del polideportivo (señor Lee! XD). Stan Lee hace cameos en muchas de las pelis de Marvel, así que me dije que merecía aparecer en este fic también ^^
