Capítulo 7. Miedos

Oliver se estaba volviendo loco de rabia. Se dirigía a toda velocidad a casa de ella, esperando encontrarla todavía allí. Felicity había dejado la grabación esperando que él la escuchara al día siguiente, cuando ella ya estuviera volando a Nueva York y no tuviera forma de hablar con ella. Pero algo había salido mal y ahora Oliver conducía como un loco hacia su casa. Cuando se habían marchado los chicos esa noche del sótano, el había querido buscar por su cuenta en el ordenador de Felicity algo más de información sobre el caso pero en cuanto accedió a sus archivos, una pregunta apareció en pantalla, una que ella sabía que solo él sabría responder. "¿De que color era el bolígrafo?" le preguntaba ella desde el ordeandor y Oliver, sorprendido lo hizo. Automáticamente la grabación se puso en marcha y él, escuchando en silencio su voz fue entendiendo lo que pretendía. No se iba a despedir de él cara a cara y eso le entristeció y a la vez le enfadó. No iba a dejarla marchar tan fácilmente. Cuando llegó a la casa, bajo rápidamente de la moto y aporreó la puerta con el puño en lugar de llamar al timbre y Felicity, al oírle, asustada se pegó a la pared y dejó de respirar.

- Estoy viendo luz Felicity, abre la puerta!

"Maldita sea, ya lo sabe." pensó ella y se miró en un espejo. Como iba a abrirle con aquellas pintas, de eso nada. Siempre iba perfectamente arreglada, bien peinada y maquillada, con tacones para parecer menos bajita. Pero en ese momento estaba en pleno caos de mudanza, terminando de hacer maletas y de llenar cajas. Llevaba un moño en lo alto de la cabeza totalmente despeinado, nada de maquillaje, unas mallas negras y una cómoda sudadera de sus años de estudiante. No esperaba a nadie así que ni siquiera llevaba zapatos. Se sobresaltó cuando él volvió a llamar. Antes de dirigirse a la puerta, al menos se quitó el moño y se alisó un poco el pelo. Abrió y se quedó petrificada con la cara de enfado de él.

- ¿Que haces aquí? - preguntó con un hilo de voz.

- ¡¿Que hago aquí?! - Oliver entró antes de ser invitado para comprobar con sus propios ojos como el salón de Felicity estaba casi desmantelado por completo. Tras mirar a su alrededor se giró hacia ella que estaba pegada a la pared. Cerró la puerta ya que ella no parecía ser consciente de que seguía abierta.

- ¿Has escuchado mi carta verdad? - se atrevió a decir, sin moverse del sitio.

- Si. - dijo él apretando los labios. Hizo una mueca para evitar gritarle. Estaba realmente enfadado y sentía una opresión en el pecho que no conocía antes. - ¿Eso es todo? Pensabas irte y ya está.

Felicity sacó el coraje que necesitaba para evitar llorar delante de él. Esa situación, del todo inesperada para ambos, no iba a tener un final feliz, y ella lo sabía.

- Ya he dicho todo lo que tenía que decirte. - le respondió seria.

- Pues no lo acepto. - dijo él entre dientes. No llevaba el traje de Arrow pero se movía igual que cuando sostenía su arco en la mano, como un león enjaulado en ese pequeño salón. Volvió a mirarla, tan desaliñada, en su casa, nunca había estado allí antes y entonces se relajó ligeramente. Felicity parecía más vulnerable, tan natural, sin maquillaje ni sus habituales tacones. Se acercó mas a ella, necesitaba mayor contacto. La diferencia de estatura entre ambos la obligó a levantar la mirada. Al verla así se dio cuenta de que esa era ella sin todo el peligro de Arrow a su alrededor, si se iba, podría ser ella misma. Tenía que dejarla marchar. Puso su mano sobre el hombro de ella, lo que quería era atraerla hacía él y pedirle que no se marchara, pero no podía hacer eso. Él no podía estar con nadie, y aunque Felicity hasta entonces había podido seguir a su lado trabajando juntos, todo tenía un fin.

La miró profundamente y le dijo:

- No es fácil dejarte ir. - ella se quedó quieta, esperando, esperando, pero no llegó nada más y la desilusión le formó un nudo en el estómago. Intentando relajar la situación hizo una mueca y le dijo que no se iba para siempre. Tenía pensado regresar cada cierto tiempo para verles, ver como la pequeña Sara iba creciendo y siempre que necesitaran su ayuda, allí estaría. Pero necesitaba cerrar la herida que Oliver le provocaba y para eso tenía que alejarse.