Capítulo 8. El tiempo

Cuando él se marchó Felicity se dejo caer, deslizándose por la pared lentamente hasta que llegó al suelo. Su pelo caía a ambos lados de su cara, escondiéndola de la luz de la lámpara que inundaba el salón. Finalmente él no había luchado por que se quedara y, aunque ella ni siquiera esperaba lo que acababa de ocurrir, no podía dejar de sentirse triste. Secretamente había deseado que él olvidara sus miedos y borrara la barrera que había puesto entre ambos. Pero Oliver seguía pensando que esto era lo mejor para ellos. Felicity sollozó aliviando el nudo de su garganta que le abrasaba por todo lo que había estado reprimiendo. Ya era un hecho, al día siguiente se marcharía dejando atrás su vida allí. Sabia que olvidarle no iba a ser tan sencillo como coger un avión y amanecer en otra ciudad. Ójala lo fuera. Pero ese era el primer paso para conseguirlo. Era una ironía tan rápido como se había enamorado de él y cuanto le iba a costar olvidarle.


Habían pasado tres meses desde que se había marchado. Tres interminables meses. Ese viernes por la mañana Oliver se levantó más ansioso que nunca. Entrenó el doble de fuerte que el resto de días y a las 9 de la mañana ya estaba en casa de Diggle y Lyla, con la sonrisa de un niño pequeño, dispuesto a desayunar deprisa y empezar el día que tanto le emocionaba. Felicity había estado en contacto con Diggle desde que se había ido. Siempre era a él a quien llamaba y Oliver intentaba respetar esa distancia que ella había impuesto. John no le contaba mucho de lo que sabía de ella, para no machacarle más por su ausencia. Solamente hablaron de ella cuando en dos ocasiones habían necesitado de su ayuda para resolver casos del equipo. Pero hacía dos días que Diggle le había mencionado que ella iba a venir a Starling City para la celebración del primer cumpleaños de Sara. La alegría que sintió al escuchar las palabras de su amigo se reflejó en su mirada y nuevamente tuvo que escuchar como John le decía lo tonto que estaba siendo por no decirle que la quería. El día en que ella iba a volver había llegado y Oliver solo hacia que mirar el reloj aunque los minutos pasaran lentamente. Diggle le observaba divertido mientras tomaba café. Felicity llegaría en apenas una hora al aeropuerto y pensaban ir todos a recogerla. En un principio habían sido Diggle y Lyla quienes habían dicho que irían a por ella pero al enterarse Oliver, automáticamente había dicho que él también iría y no cabía discusión respecto a eso. Nunca se había sentido tan nervioso por una mujer, tenía su aspecto normal pero antes de salir del apartamento se miró en el espejo.

La pequeña Sara crecía muy deprisa y para Oliver era su ojito derecho. Era una niña muy alegre, con los ojos grandes y oscuros como los de su padre. La llevaba en brazos cuando se aproximaron a la salida de pasajeros del aeropuerto. Diggle y Lyla estaban mirando en la pantalla cuándo llegaría el avión de Central City, al parecer, sin retraso, no tardaría más de diez minutos. Oliver hacia reír a la pequeña haciéndole cosquillas y payasadas.

- ¿Quien viene hoy peque? Felicity. Ella te quiere mucho y viene para celebrar tu cumpleaños. Ya veras que guapa es. - y le guiñó un ojo a la pequeña.

Estaba tan nervioso que le sudaban las manos y cada dos segundos miraba hacia la puerta de salida. Nadie lo sabía, pero una semana después de que ella se marchara, fingiendo que tenía que arreglar unos asuntos familiares, había cogido un avión y se había marchado dispuesto a ir por ella. Se había acercado a su trabajo y había esperado pacientemente a verla salir por la enorme puerta de entrada del edificio pero, cuando por fin la vio, se quedó paralizado. Iba con otra mujer, aventuró que una compañera e iban riendo por algo que Felicity le contaba a la otra chica. No la veía reír de aquella manera muy a menudo en Starling City y se quedó maravillado. En ese momento no se atrevió a llegar hasta ella. Después de todo el viaje infundiéndose coraje y allí estaba una vez más, dejándola escapar. Sabía que sus motivos eran importantes y que lo hacía por ella, pero volver a pasar por ello era duro para él. Se sintió decepcionado consigo mismo por no poder ser lo bastante valiente para ella. Finalmente había regresado solo a casa y nadie, ni siquiera Felicity sabían que había estado a punto de dar el paso.

Entonces, mientras Sara jugaba con Oliver, dándole golpecitos en la cara, la puerta de llegadas se abrió y entre la gente que salió buscando con la mirada a sus familiares, estaba ella. Felicity estaba deseando llegar y abrazar a sus amigos y la pequeña. Les había echado terriblemente de menos pero antes de poder hacerlo, al localizar a Diggle su mirada se topó con la de Oliver. No sabía que él también estaría allí y mientras andaba hacia ellos notó cómo dejaba de escuchar nada a su alrededor y solo oía los latidos de su corazón como se iban acelerando. Su mente como siempre iba a cien por hora atacándola con un sin fin de preguntas. "¿Por que Diggle no me ha dicho que también vendría él?" "Seguro que llevo una pinta horrible." "¿Por que no me he maquillado hoy?" "Porque ibas a pasar varias horas en un avión y no esperabas que él viniera a espararte."

La mirada de Oliver la atrapó por un segundo y su mente se acalló. Entonces fue Sara quien llamó su atención volviendo a golpear con sus manitas la cara de Oliver mientras reía. Una sonrisa apareció en la cara de Oliver que desvió un segundo la mirada de Felicity a la niña y señaló hacia donde ella estaba diciéndole a Sara:

- Mira quién está ahí!? Es Felicity! - Sara era muy pequeña y todavía no entendía pero sonrió a Felicity.

En cuanto llegó hasta ellos Diggle y Lyla la abrazaron rápidamente contentos de que ya estuviera allí. La mirada de Felicity viajaba de cada uno de ellos a Oliver.

- Hola John! - Felicity le abrazó quedando atrapada entre los brazos del hombre que era el doble de grande que ella. John le besó la mejilla y paternalmente le dijo:

- ¿Has tenido buen viaje? - ella asintió y se dirigió a Lyla.

- Bienvenida. - le dijo Lyla. Aquellos dos desde que se habían convertido en padres actuaban como los cabezas de familia entre todos ellos. Al fin y al cabo, eran una pequeña familia. Ellas dos se habían hecho buenas amigas y cada vez que Felicity llamaba a su casa para hablar con Diggle, Lyla le contaba cosas de la pequeña y se la ponía al teléfono para que le dijera algunas tonterías que aun no entendía.

- Hola. - le dijo al fin a Oliver, dirigiendo toda su atención a la maravillosa estampa que tenía delante de ella. Oliver con Sara en brazos ambos embobados mirándola. Le sonrió a él, feliz de que hubiera ido a recibirla.

- Hola pequeñaja! - se acercó a él para coger a Sara en sus brazos y su perfume la invadió. Cogió a la niña y la abrazó fuertemente llenándola de besos sin moverse de donde estaba, muy cerca de Oliver. La niña estaba feliz en sus brazos y cuando decidieron todos ponerse en marcha para ir al coche, Diggle fue a coger la maleta de Felicity pero Oliver fue más rápido.

- Yo la llevo. - dijo poniéndose la maleta al hombro bajo la mirada de Felicity. Diggle le hizo una mueca divertido por como se comportaba su amigo.

El matrimonio iba delante buscando la salida al parking y detrás de ellos Felicity haciéndole tonterías a la niña para hacerla reír y achucharla y Oliver a su lado. De vez en cuando sus miradas chocaban pero ella devolvía su atención enseguida a la niña mientras él se deleitaba observándolas.