–16–

Su piel era suave y cálida como siempre, y su cuerpo aún mantenía esa delicadeza que él no había vuelto a encontrar en ninguna otra mujer y que tanto había añorado durante aquellos interminables años sin ella. Apoyó la mejilla contra su pelo: olía tan bien… aquella conocida esencia de vainilla mezclada con algo más que él no pudo identificar, pero que asociaba con algo ya muy lejano para él; algo que, pese a toda su riqueza y poder, nunca había conseguido recuperar: el calor de un hogar.

Loki cerró los ojos, perdido en la ensoñación y en las dulces sensaciones de tener a su esposa abrazándolo tan afectuosamente. Lástima que ese abrazo tan cariñoso estuviera destinado a otra persona.

El dios del engaño detestaba a Sif. La mezcla de atracción y repulsión que había sentido por ella durante su juventud había degenerado directamente en aversión, sobre todo después de aclararse en su corazón sus sentimientos hacia Sigyn. La incondicional adhesión de la guerrera hacia Thor, sólo comparable a la que Sigyn había mostrado hacia él mismo, le había granjeado un total desprecio por parte del embaucador, alcanzándole a ella una parte del mismo odio que éste dedicaba a su hermano adoptivo. Pero eso no quería decir que su forma no constituyese un excelente disfraz.

No era la primera vez que Loki se hacía pasar por Sif. Había recurrido a ese truco varias veces para entrar en Asgard, para realizar alguno de sus desmanes o a robar… mejor dicho, recuperar alguna de sus propiedades. El respeto que inspiraba la ya única Princesa consorte de Asgard, junto con la admiración y el cariño que despertaba en la gente ya desde antes de casarse con Thor, disipaban cualquier sospecha por parte de los asgardianos.

Ni siquiera a los magos contratados por Odín para prevenir su presencia se les ocurría volver los ojos hacia él… o ella, cuando adoptaba la apariencia de su amada Princesa. Ni pensaban en la posibilidad de sondear psíquicamente a Sif, creyendo que Loki jamás tendría la osadía de arriesgarse de tal manera, robando la identidad de la esposa de su peor enemigo. Pero parecía que no conocían bien a Loki. No existía nada demasiado osado para él.

Si no había empleado más veces ese truco había sido porque era demasiado bueno para "quemarlo" abusando de él. Y siempre estaba el riesgo de encontrarse por casualidad con la auténtica Sif, un riesgo que no debía desdeñar. Pero allí en Midgard no tendría que preocuparse por eso. Sif permanecía en Asgard y nunca se presentaría allí para fastidiarle a él la fiesta.

–Dios mío Sif, qué maravillosa sorpresa… –Sigyn se separó de él y lo contempló con cariño–. No puedo creer que estés aquí. ¿Cómo te has enterado de que… bueno, ya sabes, que estoy aquí en Midgard?

Loki se encogió de hombros. Por supuesto, había preparado una explicación que tenía mucho de verdad… aunque contemplado desde una perspectiva distinta.

–Estaba haciendo una visita a Heimdall, cuando de repente Loki se presentó en el Observatorio hecho una furia, reclamándole que te hubiera dejado escapar hace quince años y exigiéndole que le revelara el sitio exacto donde te encontrabas ahora. Imagínate cómo me quedé: todo el mundo creía que estabas muerta.

–Increíble. No sólo huiste, sino que que fingiste tu propia muerte –comentó Tess–. Creía que eso sólo salía en las películas.

Sigyn sacudió la cabeza en un gesto malhumorado.

–Yo no hice nada, sólo me marché. Eso de mi supuesta muerte sólo fue un malentendido.

"Ya, un malentendido…", añadió Loki para sí, cáustico. Un malentendido que tanto Heimdall como ella habían decidido convenientemente no desmentir, y del cual él había sido víctima.

–Entonces, ¿fue así como Loki me encontró, a través de Heimdall? –continuó Sigyn– Nunca pensé que él…

–Y no lo hizo –repuso Loki, quien quería ajustarse lo más posible a los hechos, por si acaso. Siempre era mejor decir la verdad hasta donde fuera posible–. Se negó categóricamente y Loki tuvo que marcharse. ¿Así que dices que te localizó al final? Debió haber empleado otro sistema.

Sigyn asintió.

–Seguramente. Tenía un espejo que era capaz de… bueno, qué más da. Entonces, ¿ya todo el mundo sabe…?

–No, no. Sólo yo. Supliqué a Heimdall que me dijera dónde estás, y ni me lo pensé. Tenía que verte.

–Entiendo.

–Ni siquiera Thor sabe que estoy aquí… –aclaró rápidamente él. Más valía prevenir–. Y te agradecería que no le dijeras nada. No estaría de acuerdo con que viniera a verte por mi cuenta.

–No te preocupes, no he hablado con Thor desde que estoy en la Tierra, él también piensa que estoy muerta. Aunque me sorprende que Sif, la indomable e independiente, se vea obligada a hacer algo a escondidas de él –se burló Sigyn, un poco para devolverle todas las veces que Sif le había echado en cara el dominio que Loki tenía sobre ella. El semblante de Sif (de Loki) se tensó: era un fallo de lógica.

–Oh, no es por eso. Pero si se enterara, enseguida querría meter a sus amigos Vengadores de por medio. Y supuse que eso no te gustaría –alegó, de nuevo esgrimiendo argumentos auténticos para apoyar su impostura.

–En eso tienes razón. Cuanta menos gente esté metida en esto, mejor. Dejemos que Thor juegue a los héroes con sus amigos mortales, que yo me ocuparé de mis propios asuntos –concluyó, para gran alivio de Loki.

Nosotras –la corrigió él–. Ahora ya no estás sola. He venido aquí precisamente para eso. Para apoyarte, para ayudarte…

–¿Para protegerme? –añadió ella– ¿Protegerme de Loki?

–No creo que necesites protección, al menos no de él –repuso éste, algo molesto–. Pero sí, para protegerte también. De cualquier cosa que te amenace.

–Pues te lo agradezco mucho –asintió Sigyn, contenta. En el fondo estaba asustada ante la idea de tener que pasar por aquello sola, y era muy feliz al saber que no tendría que hacerlo. Se separó un poco de "Sif", tomándola de las manos para contemplarla–. Estás guapísima, tal vez sea el cambio de imagen: antes nunca vestías de ese color.

Loki se encogió de hombros.

–Llevas quince años sin verme. Ahora siempre voy así.

–Pues te queda genial. Tienes algo diferente… –observó, inquietando un poco a la "mujer"–. Un aire más misterioso, más sexy… No sé, me recuerdas a alguien… –reflexionó un segundo, pero enseguida sacudió la cabeza–. El caso es que estás radiante, aún más guapa de lo que te recordaba.

–Gracias. Tú también estás increíble.

–El divorcio me ha sentado bien –rió ella, sin percatarse de la pequeña disminución del entusiasmo que mostraba el semblante de "Sif" al mencionar la palabra divorcio. Hizo un gesto de invitación–. Pasa, por favor. Te quedarás a cenar, ¿verdad?

–En realidad he venido a quedarme unos días –dijo Loki–. Si no te importa.

–¿Importarme? ¡Nada me haría más feliz! –exclamó Sigyn entusiasmada– Tess y yo estaremos encantadas de que te quedes, ¿verdad, cariño? –le preguntó a su hija, que estaba algo apartada en un rincón, escuchando la conversación con una actitud entre curiosa y suspicaz. Al verse interpelada directamente, se encogió de hombros de forma displicente.

–Sí, por qué no. Pero si venías a quedarte, ¿por qué no te has traído equipaje?

Otro error de lógica. Por muy bien pensado que tuviera su papel y construida su historia, siempre cabía la posibilidad de que por un lado u otro salieran aquellos pequeños fallos que podían hacer venirse todo abajo. Pero Loki era un mago de la improvisación, y en ese aspecto prácticamente nunca perdía la calma ni la sonrisa.

–Dudo que mi ropa de Asgard me hubiera servido para moverme por aquí en la Tierra sin llamar la atención.

–Tienes razón, pero no hay mayor problema –repuso Sigyn–. Te prestaré ropa mía, aunque no sé hasta qué punto te estará bien –añadió, fijándose en que Sif tenía el pecho bastante más grande que ella–, pero te servirá hasta que podamos ir de compras y conseguirte ropa verdaderamente de tu talla. Vamos, pasa y ponte cómoda –se adelantó hacia la cocina para recalentar la cena, que con tanta charla y la aparición de Sif debía haberse quedado fría–. La cena estará lista enseguida. Tess, enséñale el baño por si quiere refrescarse antes –se oyó su voz desde la cocina.

–Claro, mamá.

Tess se quedó observando a la inesperada visita con curiosidad, como analizándola. Un actor con menos sangre fría que Loki habría acabado sintiéndose incómodo ante el profundo examen, pero él llevaba años acostumbrado a mantener las más diversas máscaras con toda la naturalidad del mundo. Con una perfecta indiferencia, volvió a tomar la foto del recibidor y a contemplarla con despreocupada curiosidad.

–Creo que es de mi octavo cumpleaños –explicó Tess–. Mamá me hizo una gran fiesta con payasos, magos, una gran tarta y todos mis amigos. No faltó de nada.

Loki observó la imagen: la pequeña Tess, con un gorrito de fiesta, y su madre abrazándola por detrás mientras la niña se disponía a soplar las velas encendidas sobre una enorme tarta, rodeadas por un montón de niños mortales. Ambas se veían contentas, relajadas. Felices. Era una estampa encantadora.

–Faltaba tu padre, ¿no? –dijo él sin poder evitar algo de amargura, dejando de nuevo la fotografía en el aparador.

–Oh sí –asintió la chica–. Desde luego, faltaba él. Aunque ahora que lo pienso, dudo que mamá hubiera estado tan sonriente si él hubiera estado allí –reflexionó.

–Sí –admitió Loki de mala gana–. Supongo que tienes razón.

–Vamos, te enseñarse el baño –ofreció ella–. Los de tu planeta sabéis utilizar el baño de los mortales, ¿verdad? –preguntó, un tanto burlonamente. Él le devolvió la sonrisa: su hija había heredado su socarrón sentido del humor.

–Algo sabemos –le siguió la broma–. No es la primera vez que estoy aquí en la Tierra.

–*–*–*–*–*–

Una vez encerrado en el baño, Loki se contempló en el espejo del armarito que había sobre el lavabo. No se atrevió a recobrar su auténtica forma, aunque de nuevo sus ojos –los ojos de Sif– volvieron a resplandecer con una luz verde antes de recuperar su apacible color azul oscuro. La habilidad de cambiaformas de Loki era una de las más formidables del universo, aunque sería la primera vez que exploraría sus límites forzándose a mantener aquella apariencia falsa durante tanto tiempo y viéndose sometido a la tensión de tener que interpretar otra personalidad tan diferente a la suya en presencia de dos personas que lo afectaban tanto como su mujer y su hija. Pero no había reto al que el dios del engaño no pudiera enfrentarse.

No era aquello lo que en esos momentos preocupaba a Loki mientras contemplaba la imagen de Sif en aquel espejo. De nuevo, volvía a estar furioso contra Sigyn. Furioso… desalentado y molesto. Abatido. La contemplación de aquella fotografía de cumpleaños de Tess le había hecho consciente una idea que hasta el momento sólo había tenido de forma vaga: todo lo que se había perdido durante aquellos quince años.

No había podido estar en aquella fiesta de cumpleaños de su hija, ni tampoco en ninguna de las anteriores, ni en las posteriores. No había podido disfrutar de los primeros pasos de Tess, ni de sus primeras palabras… la mentira de Sigyn le había privado de eso también. Era extraño, ya que, salvo con Narvi y en menor grado con Váli, eso tampoco le había importado tanto en el pasado, estaba demasiado centrado en sí mismo y en sus ambiciones… pero ahora sí le dolía habérselo perdido con Tess. Que en el pasado le hubieran arrebatado a sus hijos asgardianos de una manera tan abrupta y traumática había sensibilizado a Loki sobre la importancia de conservar a la familia, y de hecho incluso con Fenrir y Jormungand intentaba reanudar una relación más paternal… por desgracia, al igual que con Hela, era demasiado tarde porque ninguno de ellos podía verle ya como a un padre.

Pero tal vez con Tess no fuera demasiado tarde. Ella era joven y moldeable y prácticamente no sabía nada de él, lo que le daba una ocasión inmejorable de empezar de cero con ella, poder ganársela. Se había perdido todos los cumpleaños de su hija hasta entonces, pero ya no se perdería ni uno más. Le gustara a Sigyn o no.

–*–*–*–*–*–

–Tenemos hamburguesas caseras, las favoritas de Tess –anunció Sigyn mientras Loki y la muchacha se sentaban a la mesa–. Hay bastante para las tres, aunque no creo que se acerque a la esplendidez de los banquetes a los que estás acostumbrada en Asgard –bromeó con una tímida sonrisa de disculpa.

–Seguro que será suficiente –la tranquilizó Loki–. Aunque si yo fuera Volstagg, ya sería otra cuestión.

Sigyn se echó a reír.

–Para él, esto apenas sería el aperitivo.

–¿Quién es Volstagg? –quiso saber Tess.

–Un amigo nuestro de Asgard –respondió Loki. No era amigo suyo, pero sí de Sif, y se suponía que era ella–. Alguien con bastante… buen apetito.

–¡Eso ha sido un buen eufemismo! –continuó riendo Sigyn mientras servía las hamburguesas y se volvía a la cocina a llevar la sartén.

–Al final ha sido una suerte que te dejaras caer por aquí –susurró Tess hacia Loki–. Pones de muy buen humor a mi madre y eso nos viene muy bien ahora; que mi padre haya reaparecido de repente la tiene muy tensa.

–¿Y a ti no? –preguntó la falsa Sif, y Tess se encogió de hombros.

–Supongo que aún me estoy haciendo a la idea, aún tengo que conocerlo para juzgar. Por lo cual también me viene bien tenerte aquí: viniendo de Asgard, me imagino que sabrás cosas de él, ¿no? Sobre mi padre.

Sigyn había vuelto de la cocina y su sonrisa se desvaneció al oír la pregunta de su hija, pero no pudo impedir que Loki respondiera:

–Unas cuantas. Lo conozco incluso desde antes que tu madre. Prácticamente nos criamos juntos.

Lo cual era cierto también en el caso de la verdadera Sif, ya que la guerrera había sido amiga de la infancia de Thor, con lo que ella, el difunto Balder y Thor habían formado una piña inseparable, piña en la que a menudo Thor imponía la presencia de su hermano menor.

–Entonces, ¿me contarás cosas sobre él? Mamá se niega a hacerlo, y…

–Tess, Sif no ha venido aquí a que la sometas a un tercer grado sobre tu padre –la interrumpió Sigyn, un poco molesta.

Disimulando su incomodidad ante la actitud de Sigyn cuando oía hablar de él, Loki comenzó a comer. En las anteriores ocasiones en que había estado en la Tierra, nunca se había fiado de la comida de los midgardianos, pero aquella hamburguesa olía bastante bien, y él tenía hambre. Y si le gustaba a Tess, que se le parecía tanto, no podía estar muy malo.

Le dio un pequeño mordisco, no del todo convencido, y al percibir el sabor abrió los ojos y le dio un mordisco aún mayor. Para su sorpresa, aquello estaba bastante bueno. Encima Sigyn sabía cocinar; otro de sus talentos ocultos que desconocía.

–Háblame de Asgard –le pidió Sigyn–. ¿Cómo van las cosas en el Reino Dorado?

Él se encogió de hombros. Pese a lo comprometido de la pregunta, podía responder con cierta precisión, ya que gracias a sus espías estaba bien enterado de todo. Y era una suerte, porque nunca se sabía cuándo podía venirle bien esa información, como en ese preciso momento.

–Todo sigue igual, no hay mucha novedad. En Midgard los años suponen muchos cambios, pero en Asgard no tanto. Me casé con Thor, y ahora soy Princesa consorte.

–¿De veras? ¡Y dices que no hay mucha novedad! –Sigyn pareció entusiasmada– ¡Me alegro tanto por ti! Quiero decir, esa mortal con la que Thor estaba cuando me fui, esa científica, parecía una chica estupenda, pero nadie podría resultar mejor pareja para él que tú. ¡Siempre le has querido tanto! Habréis sido muy felices.

–Ejem… –carraspeó Loki, molesto– Sí, supongo que sí –No se sentía cómodo hablando de la vida familiar y sentimental de Thor.

–¿Y tenéis hijos?

–Dos. Magni y… –tuvo un breve momento de pánico hasta que consiguió acordarse del otro nombre, aunque logró disimular fingiendo que examinaba las patatas fritas de su plato–… y Modi –Afortunadamente, ninguna de las dos pareció darse cuenta de su vacilación.

–¡Qué bien! –sonrió Sigyn– Me alegro mucho por vosotros.

–¿Quién es Thor? –quiso saber Tess.

–El hermano mayor de… de tu padre –logró decir ella al final–. Es decir, tu tío. Así que en realidad Sif es tu tía.

–En realidad no son hermanos –él no pudo evitar saltar. Le incomodaba que le recordaran la relación que lo había unido al que ahora consideraba su principal enemigo. No eran hermanos, hacía mucho que no lo eran; nunca lo habían sido realmente. Y cada vez que algo o alguien se lo recordaba, se sentía irritado… o quizás herido.

–¿Entonces…?

–Es su hermano adoptivo –explicó Loki de mala gana–. Tu padre fue adoptado por la familia de Thor.

–Ya, pero aun así son hermanos. Me consta que para Thor nunca significó nada que no fueran de la misma sangre, siempre quiso muchísimo a Loki –comentó Sigyn, incomodando aún más a éste.

–No son hermanos de sangre, así que no hay nada que les una –insistió "Sif" vehemente. Sigyn se sorprendió un poco, pero no quiso discutir. Recordó que Loki siempre le había caído bastante mal a su amiga y tal vez le molestara la idea de ser cuñada de alguien a quien detestaba.

–Vale, como tú digas –a continuación continuó explicándole a Tess–. Tal vez hayas visto a Thor en la televisión. Es el hombre grande y rubio que aparece en el grupo de Tony Stark, mi jefe.

–¿Ese Thor? –se sorprendió la chica– ¿Quieres decir que no es un actor o un personaje que se ha inventado Stark para hacer publicidad?

–No. Es el auténtico dios del trueno. En fin, quienes los mortales asocian con el dios del trueno.

–Dejemos de hablar de Thor: ¿qué hay de ti? –saltó él enseguida, deseando cambiar de tema. Realmente le interesaba mucho más la vida que había llevado ella en la Tierra que estar inventándose tonterías sobre la vida de su hermano y su cuñada– ¿Qué ocurrió? Todo el mundo creía que te habías suicidado, y al final resulta que no…

Tess estuvo a punto de atragantarse con su hamburguesa.

–¿Suicidado?

–¡No! –exclamó ella, un poco contrariada de que a su amiga Sif se le hubiera escapado aquella indiscreción– Repito que sólo fue un malentendido. Simplemente huí, no sé quién difundió el bulo de que yo… ya sabes –acabó algo avergonzada, evitando a propósito esa palabra. No quiso añadir que en un primer momento su intención había sido realmente ésa, quitarse la vida. Era algo que no quería que su hija supiera.

–Entiendo –asintió Loki, que sabía que Sigyn estaba mintiendo pero que al igual que ella tampoco quería que Tess conociera aquellos sórdidos detalles. Ya tendrían tiempo de hablar de todo aquello más adelante, cuando la chica no estuviera presente–. Entonces cuéntame, ¿qué has estado haciendo desde que llegaste a Midgard?

Más cómoda, la mujer comenzó a contarle su vida desde que abandonó Asgard y se instaló en la Tierra, incluyendo el nacimiento de Tess, su etapa en Lubbock como maestra, su traslado a Nueva York y cómo comenzó a trabajar en la Fundación Stark.

–Entonces no tienes nada que ver con Thor –concluyó Loki–. Ni con Tony Stark.

–¿Yo? ¡Qué voy a tener! –exclamó Sigyn– Si me fui de Asgard fue para dejar todo eso atrás, no quiero tener nada que ver con ellos ni con sus luchas de poder –añadió duramente–. Stark, Thor, el propio Loki… son niños ricos que se dedican a buscar pelea para matar su aburrimiento como si el universo fuera un enorme patio de colegio. Si tuvieran que madrugar y trabajar de verdad para mantener a una familia, ya verías cómo no tendrían tiempo ni energía para perder en todos esos combates sobre el poder y el honor. No son más que niños grandes. Con todos los poderes que quieras, pero unos críos inmaduros.

Loki se había quedado cabizbajo, contemplando los restos de su hamburguesa.

–¿Eso crees?

–Oh, lo siento –se disculpó Sigyn, malinterpretando su expresión–. Olvidé que estábamos hablando de tu marido. No tenía intención de ofenderle.

–No te preocupes –Él intentó quitarle importancia, pero no era agradable saber que su mujer, además de odiarle, también le despreciaba.

Tras la cena, Tess volvió a su cuarto a hacer los deberes –o eso decía, aunque lo más probable era que se pusiera a navegar por Internet y a chatear con sus amigas–, y Sigyn comenzó a recoger la mesa y a lavar los platos. Loki, a su lado en el fregadero, la observaba afanarse en las tareas de la casa; no podía quitarle los ojos de encima. Era la primera vez que estaban a solas en que ella parecía comportarse con naturalidad, sin mirarle con odio, miedo o desconfianza.

–¿Quieres que te ayude con los platos? –se ofreció él, más por cortesía que por otra cosa. Como príncipe criado entre algodones, detestaba todo tipo de trabajo manual, por lo que se sintió aliviado cuando ella rechazó la oferta sonriendo:

–Tranquila, no me hace falta. Además, eres mi invitada.

–¿Por qué no tienes sirvientes? –le preguntó, genuinamente curioso. Él mismo, cuando viajaba a la Tierra disfrazado de mortal, siempre se aseguraba de contratar un amplio número de sirvientes mortales si tenía que quedarse más de un día: no era alguien a quien le gustara pasar ningún tipo de privaciones. La sonrisa de ella se amplió, parecía divertida.

–En la Tierra sólo la gente rica puede permitirse tener sirvientes. Ahora que lo pienso, tampoco es tan diferente de Asgard… –murmuró pensativa, pero pronto se le olvidó cuando vio que Sif la tomaba de las manos sacándoselas del fregadero y se las examinó con tristeza, comprobando que estaban húmedas y enrojecidas por el detergente. Ya no eran las manos delicadas e impecables de una noble.

–Y pensar que fuiste Princesa de Asgard… –le susurró con una mirada afectuosa, como compadeciéndola. Sigyn retiró las manos suavemente de las de él y se encogió de hombros con una sonrisa, siguiendo con los platos.

–No me importa. Trabajar no es indigno, Sif. Lo que sí es indigno son muchas de las cosas que la gente hace para evitar el trabajo.

Loki no respondió: ¿sería eso una especie de alusión a él? Pero no importaba, tenía muy claras sus ideas sobre el particular. Cuando aquel tonto juego del escondite acabara y él la llevara a Jotunheim, Sigyn ya no tendría que fregar platos ni realizar ningún trabajo que estropeara sus lindas manos nunca más.

–Sif –dijo Sigyn de repente–. ¿Puedo pedirte algo?

–Claro.

Ella habló sin mirarle, como avergonzada.

–Tess está deseando que le cuentes cosas sobre su padre. ¿Podrías… no sé, no ser demasiado explícita sobre el particular?

–¿Por qué? –preguntó él– ¿No crees que tiene derecho a saber de él?

–Sí, lo sé, pero… no es tan sencillo. Con Loki de por medio las cosas nunca son sencillas. Hay ciertos episodios de nuestra vida que aún no estoy segura de cómo plantear. En realidad, toda nuestra vida, nuestro matrimonio, sus hermanos fallecidos… no sé cómo empezar a hablarle de eso. No quiero mentirle y contribuir a que idealice falsamente a su padre, pero tampoco quiero decirle la brutal verdad para que lo odie.

Él se la quedó mirando.

–Eso te honra.

–No lo hago por él, lo hago por ella. Tess siempre se ha preguntado cómo era su padre y se ha construido una imagen muy romántica de él, imagen que se reforzó cuando él apareció ayer en casa, tan guapo y tan carismático y tan… –se interrumpió irritada, al ver que su subconsciente la estaba traicionando de nuevo–. ¿Cómo crees que se sentiría al saber quién es él realmente?

Loki clavó una fría mirada en ella.

–¿Y quién es él realmente?

Sigyn respondió con los ojos aún fijos en el fondo del fregadero, como si en él estuvieran las respuestas a todas las preguntas del universo.

–Alguien a quien no le importa nada ni nadie más que él mismo.

–Eso no es cierto –replicó él duramente, herido y sin poder contenerse–. Vosotras le importáis.

Por fin Sigyn apartó la vista del fregadero, clavándola en él. Y parecía realmente enojada:

–¿Qué te pasa, Sif? Tú eras una de las que más me prevenía contra él, la que más me decía que no tenía que aguantar ninguna de las cosas terribles que me hacía –lo atacó–, ¿y ahora lo defiendes? ¿Se puede saber a qué viene ese cambio?

"Oh-oh. Cuidado", se dijo Loki. Terreno pantanoso. Había vuelto a olvidar que ahora era Sif, aquella zorra feminista que lo odiaba casi más que él a ella. Otro fallo de lógica. Tenía que estar más atento.

–Yo… no lo defiendo. Pero creo que ha cambiado. Parecía realmente afectado cuando se enfrentó a Heimdall. Creo que lo pasó muy mal cuando pensaba que estabas muerta.

Aquello pareció tranquilizar a Sigyn, pero no de la forma que él hubiera deseado. En vez de conmoverse, se echó a reír:

–Al final, ha conseguido engañarte a ti también. Yo creo que ha estado quince años tan ricamente, pasándoselo en grande con sus planes para dominar el mundo y con todas las amantes que ha querido, y que sólo ha "recordado" que me echaba de menos cuando descubrió que estaba viva. Que se le había escapado una de sus propiedades –añadió con una mueca amarga–. Él siempre fue así. Nunca me quiso a su lado, pero tampoco quería dejarme marchar. Y como sabe que si intentara hacerme volver a la fuerza yo enseguida llamaría a Tony Stark o a Thor, ahora sale con ese cuento de lo mucho que me quiere y cuánto me ha echado de menos. Por favor… –acabó con despectivo sarcasmo, alcanzando un trapo de cocina para secarse las manos–. ¿Y tú te lo crees? Pensé que eras más lista.

Loki recordó las, para él, noches sin cuento que no había podido dormir acordándose de ella, soñando con ella. Las numerosas ocasiones en que había fantaseado con tenerla en sus brazos mientras poseía a Lorelei. Aquello había sido auténtico –dolorosamente auténtico–, pero por muchas veces que lo repitiera ahora sabía que jamás convencería a Sigyn. Como le había dicho a Hela, lo peor de ser el dios del engaño era que, las pocas veces en que decía la verdad, nadie quería creerle.

–Lo siento –murmuró Sigyn, algo avergonzada–. Estoy muy tensa, no quisiera pagarlo contigo. Realmente es una bendición que hayas decidido venir, y no quisiera que te enfadaras…

–No te preocupes –él le quitó importancia– Y eso ya lo has dicho antes. Varias veces.

–Sí, es cierto –admitió con una risita–. Sé que estoy un poco pesada, pero de verdad que no sabes lo oportuna que has sido dejándote caer por aquí –De hecho, Loki sabía muy bien lo oportuno que había sido, pero obviamente se callaría al respecto–. Es muy tarde. Ven conmigo, es hora de dormir.

Loki la siguió por el pasillo, pero antes Sigyn se detuvo a llamar a la puerta de un dormitorio decorada con un provocativo cartel de "Prohibido el paso".

–¡Buenas noches, cariño! –se despidió de su hija– Y no te quedes "estudiando" hasta demasiado tarde –añadió, remarcando la palabra con un matiz burlón que demostraba que sabía de sobra que lo que ella haría no sería estudiar.

–…Hasta mañana, mamá –se oyó la voz de Tess al otro lado de la puerta.

–Aún está un poco molesta –le explicó Sigyn a Loki–, pero ya se le pasará. Los adolescentes son muy… suyos.

Mientras hablaba, acabó de guiarle hasta su dormitorio, situado al lado del cuarto de baño –al otro lado estaba la habitación de la propia Tess– y decorado en tranquilizadores tonos azul, verde claro y amarillo.

–Por desgracia el apartamento es pequeño –iba comentando Sigyn–, no te imaginas lo desorbitado que está el alquiler de los pisos en Manhattan, y más con la crisis que hay, así que no podemos permitirnos uno más grande. Además, tampoco nos había hecho falta antes. Pero eso significa que sólo tenemos dos dormitorios: el de Tess y el mío –se quedó pensativa, como preocupada, y añadió–: Ahora que lo pienso, esto debe ser una miseria comparado con los aposentos que debes tener en Asgard. Tal vez no sea tarde para buscar un hotel donde estarías más a tus anchas.

–Oh, no, no te preocupes. Está perfecto –se apresuró a decir él, de nuevo mintiendo aunque sólo a medias. Ni los aposentos más grandes y lujosos de cualquier Reino o el mejor hotel de Midgard podrían compararse con ese pequeño apartamento donde podía estar con su mujer y su hija. Sólo por eso valía la pena cualquier molestia–. Además, el sofá tiene aspecto de ser cómodo.

Sigyn volvió a reír. A él le fascinaba oírla reír: lo había hecho tan poco mientras ellos estaban casados…

–Me crees tan grosera como para dejarte dormir en el sofá –se sentó en la cama, señalándola con unos golpecitos sobre la colcha–. La cama es doble, y aunque seguramente es más pequeña que la tuya de Asgard, yo también soy más pequeña que Thor, así que una cosa compensa la otra. A menos que te moleste dormir conmigo –bromeó.

Loki abrió la boca pero tardó un par de segundos en elaborar la respuesta, de lo atónito que se había quedado. Jamás en la vida se habría esperado aquello.

–Yo… en absoluto.

No podía creer cómo podían cambiar las cosas en tan poco tiempo: apenas tres días antes estaba en la enorme cama de su fortaleza de Jotunheim, sintiéndose terriblemente solo y pensando desolado en una mujer a la que creía muerta, diciéndose que lo habría dado todo por volver a verla… y ahora allí estaban. Sigyn, viva y mostrándose tan dulce y cariñosa con él –sólo que no era con él con quien estaba siendo amable–; y ofreciéndole dormir en la misma cama que ella…

–Sigyn, antes de dormir… yo quería hablar de ciertas cosas contigo que son un poco delicadas… y algunas tienen que ver con tu marido… –empezó a decir, un poco torpemente–. Sé que es un poco tarde, pero antes de dormir hay ciertas cosas que querría saber, y…

Se detuvo, quedándose de piedra al ver que ella empezaba a desabrocharse los pantalones delante de él.

–Qué… –casi le faltó el aliento al decirlo– ¿Qué estás haciendo?

Al principio, Sigyn se detuvo algo sorprendida, pero después sonrió despreocupadamente y continuó sacándose los pantalones para empezar con el jersey, quedándose al final en ropa interior.

–Pues cambiarme para dormir, qué otra cosa voy a hacer. No te importa que lo haga delante de ti, ¿verdad? Después de todo, estamos entre amigas.

Sí, entre amigas… pensó Loki disgustado. O disgustada, porque en ese momento era una mujer. Lo cual era un desperdicio, porque como hombre podría haber aprovechado el delicioso cuerpo femenino que se mostraba tan inocente ante él/ella, ignorante del deseo que podía llegar a despertar.

–Yo… no, claro –repuso con voz un poco estrangulada.

–Ah, lo olvidaba. Tengo que prestarte algo para dormir –añadió y abrió el armario, tomando un camisón de color malva y textura sedosa– ¿Te arreglas con esto? Es mío, pero supongo que te valdrá –añadió, intentando comparar a ojo las complexiones de ambas.

A Loki no le gustaba nada la idea de ponerse esa cosa tan femenina para dormir, pero se encogió de hombros y se esforzó por sonreír. Disimulo ante todo… por mucho que le costara.

–No hay problema.

–Pues cámbiate tú también –dijo Sigyn, pasándole la prenda y volviéndose de nuevo al armario para buscar otro camisón para ella, uno similar al que le había dado a Loki pero de color azul–. Y tranquila que no miraré si eso te incomoda –añadió al ver la expresión sonrojada de "Sif", y le guiñó un ojo medio en broma–. Qué gracia, no sabía que fueras tan vergonzosa.

No era exactamente vergüenza lo que Loki sentía en aquel momento, viendo a su mujer en ropa interior delante de él. Al principio quiso ser honrado y apartar la vista, recordando que si ella se mostraba tan confiada era porque creía que estaba con otra mujer, con una amiga… pero su buena voluntad apenas duró unos segundos.

Pronto fue incapaz de resistirse y echó una mirada disimulada, pero bajó de nuevo los ojos molesto consigo mismo cuando ella lo pilló observándola como hipnotizado. El conjunto de encaje negro que llevaba su esposa estaba tirando por tierra todos sus esfuerzos para simular indiferencia. Maldita sea, encaje negro; se dijo intentando conservar la calma. La Sigyn que él conocía jamás había llevado encaje negro. Y por todos los demonios del Muspelheim… le quedaba increíble. Le estaba costando la misma vida no tirársele encima.

Por supuesto, Sigyn se dio cuenta de la mirada fascinada de "Sif" sobre su cuerpo. Al principio se sintió un poco extraña, pero después sonrió al haberle encontrado una explicación.

–Oh, esto –comentó desenfadadamente–. ¿Te gusta?

¿Que si le gustaba? Qué pregunta… si en aquel momento hubiera podido convertirse en hombre de nuevo, pensó Loki, se habría enterado en serio de lo que le gustaba.

–Es de una tienda llamada Victoria's Secret –él tragó saliva antes de darse cuenta de que le estaba hablando de su conjunto de ropa interior–. Todo un descubrimiento, tienen cosas realmente preciosas. Mira el encaje, qué fino es –se acercó a Loki para que admirara el detalle de la puntilla bordada, haciéndole casi saltar–. En Asgard la lencería siempre era tan… floja y voluminosa, tan poco sexy.

A él se le había secado totalmente la garganta. Casi no podía oír lo que su mujer estaba diciendo: la tenía a pocos centímetros de él, en ropa interior, y eso era todo lo que podía percibir. Ahora agradecía no ser un hombre físicamente, porque sabía que de haberlo sido, sus hormonas habrían tomado el control y lo habrían hecho cometer una locura. Y aun así casi no podía contener sus deseos de alargar la mano y tocar su vientre… volver a sentir su piel, su calor. Habían sido quince años añorándola, deseándola, y ahora iba ella y se paseaba casi desnuda delante de sus narices la primera noche que lo tenía en casa. ¿Lo hacía para torturarlo?, se preguntó. Si no hubiera estado seguro de que ella realmente creía que era Sif, sin duda habría pensado que sí.

Ahora Sigyn tenía una figura preciosa, mucho mejor de lo que recordaba en ella. Tal vez ese "ejercicio" que solían hacer los mortales también tenía efecto sobre los asgardianos. Recordó que hubo una época, poco después de nacer Váli, en el que ella había ganado un poco de peso y él se había convencido de desearla menos por eso. Pero en ese momento, no sabía si objetivamente ella había mejorado o era que su visión de ella ahora era diferente con tras haber aceptado sus sentimientos por ella, pero le parecía increíble. No era el cuerpo perfecto y adolescente de Lorelei, por poner un ejemplo, pero no le hacía falta. Era lo suficientemente bonito como para hacerle lamentar no poder ser un hombre en aquel momento.

Pero… apartando su mirada del –impresionante– conjunto, se dio cuenta de la leve y blanquecina cicatriz, que cruzaba la parte baja del vientre de su mujer, paralela al borde del bikini. Era muy fina pero aun así visible si uno se fijaba bien.

–¿Y eso? –preguntó, señalándola.

–Oh –ella se ruborizó y se puso el camisón, algo que Loki lamentó, si bien ponía fin a la tortura–, es de la cesárea de cuando nació Tess.

–¿Cesárea? –Loki tenía unos vagos conocimientos de la cirugía que empleaban los mortales: había leído algo sobre aquello durante el primer embarazo de su mujer, preocupado por si hacía falta algo similar con Sigyn por tener un mestizo de gigante de hielo, aunque al final no había sido necesario.

–Bueno, hubo algunos problemas… –admitió ella–. Lo cierto es que fue un parto bastante malo. Tal vez fuera porque Tess es mestiza de jotun, aunque con sus hermanos no tuve tantos problemas; pero con Tess… no sé. Por desgracia, la operación me dejó esta cicatriz; sé que queda muy fea –admitió avergonzada–, pero aquí en la Tierra no conocen las piedras curativas.

Suspiró un poco, perdida en sus recuerdos.

–Fue una época un poco difícil… –confesó, sentándose al lado de Loki–. Tuve depresión post parto, supongo que el que estuviera totalmente sola tuvo algo que ver, estaba bastante asustada. Las primeras semanas me las pasé llorando, acordándome de cuando nacieron los hermanos de Tess, pensando que mi hija jamás conocería a su padre…

Loki la escuchaba fascinado, o más bien consternado.

–¿Por qué no me llamaste? –susurró. Incluso durante aquel tiempo, por perverso e inhumano que resultara ser con sus enemigos o simplemente con cualquiera que estimara que no merecía recibir un trato mejor, sí se consideraba un padre que se preocupaba por sus hijos, al menos tras la muerte de Narvi y Váli. La noticia de que Tess o su madre corrían peligro lo habría hecho dejarlo todo y acudir junto a ellas, dando de lado el rencor, al menos por un tiempo.

–¿A ti? Oh vamos, ¿por qué iba a hacerlo? No tenía por qué meterte en mis problemas.

–No me refería a… –recordó con quién creía estar hablando Sigyn–. Quiero decir, ¿por qué no llamaste a Loki?

Ella soltó una carcajada.

–Sí, en eso estaba yo pensando.

Esa carcajada le dolió más que todo lo que le había dicho la noche anterior, mucho más que la bofetada.

–¿Tan mal padre fue?

Ella bajó la vista.

–Era un buen padre, por lo menos cuando quería –volvió a mirarle–. Pero no podía dejar que conociera nuestra existencia, ¿comprendes? Me habría quitado a mi hija y lo más probable es que hubiera acabado utilizándola contra mí, para castigarme por haber escapado de él. Ya sabes lo vengativo y lo retorcido que puede ser cuando se siente traicionado –sin percatarse de la sombría expresión de "Sif", se metió en la cama despreocupadamente.

Él permaneció inmóvil durante un par de segundos. Cada vez que Sigyn decía algo hiriente sobre él, aún le costaba digerirlo, pese a saber que tenía toda la razón del mundo: si hubiese querido castigarla, era justamente lo que habría hecho. Y desde luego habría querido hacerlo… de no haberse tratado de ella, de su amada.

Tomó el camisón malva de Sigyn que le había prestado como ropa para dormir y lo dejó deslizar entre sus dedos disfrutando del suave tacto de la seda, casi tan suave como la piel de su dueña. Aprovechando que ella no estaba mirando, se lo llevó a la nariz y aspiró su aroma extasiado: al igual que su pelo, también olía a ella, a ese sutil y delicado matiz de vainilla que tanto asociaba a ella, aquella fragancia que sólo dos días antes había creído perdida para siempre. Le daba pena estropearla poniéndoselo, pero no le quedaba más remedio que hacerlo. Por muy inocente que fuera Sigyn, empezaría a sospechar que pasaba algo raro si él no hacía otra cosa que quedarse allí sentado en la cama oliendo aquel pedazo de tela con ojos soñadores.

De mala gana se quitó la ropa rápidamente y se puso el camisón. Había que reconocer que el tacto del raso era suave y confortable, pero él no era del tipo a quien le gustara vestir camisones de mujer, por mucho que en esos momentos fuera una mujer… prefería ese tipo de prendas sobre las mujeres de verdad, sobre todo si eran guapas.

Se volvió a mirar de nuevo a su esposa, conteniendo la respiración. Después de tanto tiempo soñando con ella, ahora iban a dormir juntos en la misma cama… al igual que tantos años atrás, cuando aún estaban en una relativa armonía, antes de que todo se desmoronara entre ellos. Sus ojos volvieron a recorrer ansiosamente las curvas de la mujer, apenas recubiertas por el finísimo y sedoso tejido del camisón y sólo tapadas por la sábana hasta la cintura.

–Veo que también te gustan mis camisones –Sigyn sonrió divertida. Loki se obligó a bajar la vista otra vez mientras se metía en la cama. Ninguna de sus anteriores actuaciones había estado tan llena de errores y tropiezos, se dijo maldiciendo su torpeza; pero tampoco antes había estado sujeto a tanta presión. Jamás se había jugado tanto, y a la vez había tenido tantas… distracciones.

–Yo… sí, lo siento. Es que son muy bonitos.

–No te preocupes. ¿Sabes lo vamos a hacer? –sugirió mientras se apoyaba sobre un codo– Cuando vayamos a comprar ropa juntas, te llevaré a esa tienda que te digo, y vamos a comprar varios conjuntos de ropa interior y camisones como los míos para ti.

La oferta alarmó a Loki.

–Oh no, no es necesario…

–¡Claro que sí! No necesitarás ponerte esos sacos asgardianos. Tú tienes un cuerpo mucho más bonito que yo, y sólo hay que verte para darse cuenta de que te sientan de miedo. Y apuesto a que Thor se volverá loco si te ve con uno de éstos puesto.

Loki torció el gesto, malhumorado. Realmente no tenía interés en saber qué enloquecía sexualmente a su hermano.

–Aunque seguro que no le hace falta –añadió Sigyn con una risita–. Tu marido tiene aspecto de no necesitar de estímulos para ser una fiera en la cama.

–¿Te importa si cambiamos de tema? –repuso él, cada vez más incómodo. No le gustaba nada el rumbo que estaba tomando la conversación y la idea de que Sigyn se preguntara acerca de la capacidad sexual de Thor lo estaba molestando bastante.

Ella se echó a reír otra vez.

–Lo siento, no quería incomodarte. No me acordaba de lo diferentes que son las culturas de la Tierra y de Asgard. Aquí estamos acostumbrados a hablar de esas cosas con más libertad.

–No es eso, es que… es un tema muy personal –improvisó él–. ¿Qué sentirías tú si yo te preguntara cómo era tu marido en la cama?

Esperaba que se enojara de nuevo o como mínimo se encerrara en sí misma, pero ella volvió a sorprenderlo cuando en sus labios se dibujó una dulce sonrisa nostálgica.

–Espectacular –la palabra pareció escaparse de su boca sin que pudiera evitarlo–. Tampoco es que pueda compararlo con nadie, pero… en ese aspecto nunca tuve queja de él. Cuando quería era verdaderamente maravilloso, podía hacerme tocar el cielo.

Él la contempló arrobado, y con el corazón acelerándosele en el pecho.

–¿De veras? –le salió en un susurro, y ella asintió.

–Ajá –se tumbó en la cama con un suspiro y añadió–: Es una verdadera lástima que sólo estuviera así el cinco por ciento del tiempo que duró nuestro matrimonio.

–¿Sólo el cinco por ciento? –preguntó él, desalentado, y Sigyn volvió a sonreír, esta vez de forma dura e implacable.

–¿He dicho cinco? Quería decir el dos por ciento. El noventa y ocho por ciento del tiempo restante se comportaba como un bastardo despótico al que daban ganas de castrar –de nuevo le guiñó un ojo a "Sif" y se dio la vuelta sobre su lado de la cama para apagar la luz de la lamparita de la mesilla, sin darse cuenta de lo pálida que parecía haberse puesto ante el comentario–. Buenas noches, amiga mía. Realmente me alegro mucho de que estés aquí.

Él tragó saliva de nuevo.

–Sí, yo también. Buenas noches.

La oscuridad se hizo en la habitación, algo que él agradeció: así Sigyn no podría ver su rostro ni su expresión atribulada. Le habría gustado recuperar su forma de hombre para descansar un poco –el uso de sus poderes, por fácil que le resultara, requería de cierta concentración–, pero no se atrevía, ni siquiera con ella dormida. Parecía que tendría que seguir siendo una dama durante algún tiempo más.

Pero después de cómo ella lo había abrazado creyendo que era Sif, y de haberla visto tan sugerente en ropa interior, y todo lo que ella le había contado, como lo de que era espectacular como amante… tenía que realizar un esfuerzo inmenso para controlarse y no revelarle su auténtica identidad, abrazándola y acabando con sus reparos a fuerza de besos.

Sin embargo, también le daban vueltas en la cabeza todas las otras cosas que había dicho de él. La noche anterior había descubierto que su mujer le odiaba, pero había sido esa noche, cuando ella había podido hablar con libertad y decir todo lo que pensaba de él, cuando veía hasta qué punto. Le había llamado "bastardo despótico", y había afirmado que había sentido ganas de… prefería no recordar el verbo que había utilizado. Se sentía ofendido, herido en su orgullo; aunque en el fondo admitía que tenía todo el derecho de insultarlo así y de peores formas, después de cómo la había tratado. Así que por el momento no se lo tendría en cuenta… aunque esperaba que no siguiese insultándole. Nunca se había tomado demasiado bien las críticas.

De todas formas… ¿de verdad ella había preferido enfrentarse a una terrible operación y pasar aquellas espantosas semanas tras el nacimiento de Tess sola antes que llamarle? ¿Y durante el noventa y ocho por ciento del tiempo su matrimonio había sido un infierno para ella? Sin embargo, al igual que había habido un noventa y ocho por ciento de infierno, también había habido un dos por ciento de paraíso. Ella misma lo había admitido sin que nadie la obligara.

Aquella noche soñaría con el día en que consiguiera transformar ese dos por ciento en un cien por cien… es decir, si era capaz de dormir. Empezaba a comprender que pasar la noche al lado de Sigyn no iba a ser tan maravilloso como había pensado; no, al menos, mientras se viera obligado a actuar como una simple "amiga", sin poder tocarla, acariciarla, estrecharla entre sus brazos tal y como su cuerpo demandaba exigente. De hecho, y al igual que antes al verla en ropa interior, ahora se daba cuenta de que aquello sería una auténtica tortura. De acuerdo, no podía decir que no se lo había buscado.

–*–*–*–*–*–

En su lado de la cama, y pese a que Loki no pudiera saberlo, Sigyn tampoco podía dormir y, al igual que él, tenía los ojos muy abiertos, fijos en la oscuridad. En realidad se sentía agotada, después de haber pasado la noche anterior en blanco, pero también estaba nerviosa por todo lo que había ocurrido.

No debería haberle dicho a Sif que Loki era un amante espectacular, se reprochó. Sif había puesto una cara muy rara al oírlo, como si lamentara lo que se había perdido eligiendo a Thor y no a su hermano. ¿De verdad Sif aborrecía a Loki como ella siempre había creído? Le sorprendía la vehemencia con que lo había defendido en la cocina tras la cena. Tal vez ella estuviera equivocada respecto a los sentimientos de Sif por su ex marido. Tal vez Sif lo criticaba tanto porque se sentía celosa de que se hubiera casado con Sigyn y no con ella.

Lo cual era absurdo, porque Sigyn no ignoraba que Sif había sido el primer amor de Loki, o por lo menos la primera mujer por la que él se había sentido atraído. Muchas veces, durante los años en Asgard, lo había visto contemplar a la hermosa guerrera con un desprecio que intentaba esconder sin conseguirlo una minúscula chispa de deseo en sus ojos. Si Sif hubiera querido tener a Loki, habría podido hacerlo en cualquier momento. En el fondo Sigyn siempre la había envidiado un poco por eso, al igual que había envidiado a Angerboda, a Freyja y a cualquier otra mujer que hubiera llamado la atención de su marido, todas más bellas, más deslumbrantes y más seguras de sí mismas que ella. ¿Por qué no podía ser un poco más como ellas? Tal vez así Loki no se hubiera alejado de su lado.

Pero, pese a sus celos, se alegraba de tener a Sif allí. Se sentía protegida teniéndola en su casa. Sif era una guerrera y no se dejaría embaucar por Loki, un apoyo muy oportuno teniendo en cuenta los días tan difíciles que le esperaban.

Era obvio que él no se daría por vencido; el dios del engaño jamás se daba por vencido fácilmente cuando se trataba de salirse con la suya. Ella sabía que pese a su amenaza de avisar a Thor o a Stark, volvería a verle. Su retirada era meramente temporal, eso si había llegado a alejarse realmente, algo de lo que no acababa de estar muy segura. No, seguramente no se había alejado: Loki estaba allí, en alguna parte. Podía sentir su presencia cerca, muy cerca; y no sabía si la idea la emocionaba o la aterraba, probablemente ambas cosas a la vez. Era una suerte para ella que Sif hubiera aparecido en un momento tan acertado.

Era curioso: quitando a Tess, en cuya cama muchas veces se había quedado dormida mientras le leía para dormirla a ella, Sif era la primera persona que había dormido con ella desde que había dejado de hacerlo con su marido. Y no se sentía extraña, para nada. Siempre había echado de menos dormir acompañada.

Con todas aquellas ideas dando vueltas en su cabeza, al final el cansancio pudo más y se fue adormilando poco a poco. Ya casi totalmente dormida, casi no se percató del cuerpo que se aproximaba hacia ella, como buscando su calor, y una mano masculina que acariciaba su cabello. Pero su subconsciente tal vez sí lo hiciera.

–No… basta Loki… –murmuró en sueños– No vuelvas a hacerlo, por favor… no te acerques, no me toques. ¿Por qué has vuelto? ¿Quieres acabar la faena… terminar de destruirme? No podré soportar más dolor que venga de ti…

–No… –creyó oír la voz de él a su lado–. No Sigyn, ya no más, nunca más. Te quiero…

Al mismo tiempo notó el suave tacto de unos labios sobre su mejilla, tan dulces y amantes que casi dolía. Un beso que en absoluto podía provenir de Loki, parecía demasiado tierno para ser suyo… pero que, de algún modo, ella podía sentir que era suyo.

Como en aquellos sueños en los que él la seducía, y ella acababa gozando de ello y confesando que aún lo amaba…

Esos sueños…

Como en otras ocasiones, abrió los ojos y se incorporó muy deprisa, jadeando y con el corazón golpeando con violencia contra su pecho. ¿Lo habría soñado? Miró a su lado, de donde había creído sentir la cercanía de Loki… pero no, allí sólo estaba Sif, que respiraba profundamente. Claro que lo había soñado, ¿qué otra cosa podía ser?

Y la voz de él, tan suave, tan persuasiva, tan dulce y masculina a la vez, había conseguido que por un momento ella tuviera la impresión de que aquellas palabras parecieran sinceras… pese a que ella sabía que eran mentira. Tenían que serlo.

Se tendió en la cama de nuevo mientras esperaba que su respiración se ralentizara y recuperaba el ritmo cardíaco normal. Por si Loki no le hubiera quitado bastantes cosas ya, ahora volvía a robarle el descanso. Genial.

Y, con todo… una parte muy pequeña de ella, un vestigio de la Sigyn más débil y estúpida que había sido, había vibrado con aquellas palabras y disfrutado de aquel beso, al igual que con el de la noche anterior. Aquella pequeña y necia parte de ella habría deseado que, en vez de Sif, hubiese sido realmente Loki el que hubiese estado allí con ella, durmiendo en su cama.

Menos mal que Sif no sospechaba que parte de esa Sigyn aún seguía existiendo, reflexionó observando a su amiga dormida. La despreciaría si lo supiera, y con toda la razón.


Muchos, muchos malentendidos, algo que viene rodado no sólo por quiénes son Loki y Sigyn, sino por el disfraz de Sif y la relación de ésta con Thor. Este capítulo ha estado medio cómico por tanto enredo, sobre todo por las escenitas de Loki pasándolo fatal cuando Sigyn se desnuda delante de él, tan inocente ella XD… pero ya era hora de que su mischief le hiciera pasar mal rato a él, en lugar a los demás :P Agradezco especialmente la inspiración de Saku-Zelda en forma de un precioso cómic, de nuevo consultad los links en mi perfil.

Estoy pensando que lo mismo Sigyn os parece un poco tonta por no darse cuenta de lo que ocurre, pero el asunto es que ella no sabe que Loki es un cambiaformas. Sabe que tiene poderes como la telequinesis, la telepatía, etc., pero esa habilidad la desconoce y simplemente no puede imaginar que la persona que ella conoce como Sif no sea ella.