–19–

"¿Qué? ¿Quiere que le haga el amor? ¿Que le haga el amor como en… los otros sueños?", repitió la mente de Loki. Si sólo aquella petición le había cortado la respiración, la idea de que ella tuviera sueños eróticos con él lo excitó hasta casi el frenesí.

–Estás… ¿estás segura?

–Demonios, sí. Sólo es un sueño, ¿no? ¿Qué importancia puede tener un sueño? En la vida real nunca te enterarás. ¿Por qué estás tan indeciso? –sonrió divertida– Las otras veces nunca te has mostrado tan tímido. Bésame, por favor… no puedo esperar…

Casi temeroso de que aquello fuera una ilusión o realmente un sueño –pero un sueño de él, en lugar de ella–, se inclinó hacia ella y buscó su boca; nunca se había sentido tan feliz concediendo una petición a nadie.

Sentir por primera vez sin trabas los labios de Sigyn, tan carnosos, tan suaves y atrayentes… La primera noche que la vio, el domingo anterior, el beso que le había robado había sido demasiado rápido; y esa misma noche, cuando había empezado a besarla como Sif, ella se había alejado cuando apenas había empezado disfrutar de las sensaciones más sutiles como su tacto o su calor, dejándolo tan frustrado como alguien a quien, muriéndose de sed, le permiten beber sólo un pequeño sorbo de agua. Ahora que tenía la oportunidad, pensaba desquitarse todo lo que pudiera.

Con un apagado gemido ella respondió al beso, con su dulce boca buscando la suya, abriéndose a él y dejando paso a su lengua, incluso haciéndola juguetear con la suya… y Loki sintió cómo se apretaba contra él como lo había hecho al principio de su matrimonio, buscando el contacto más estrecho posible. Sus curvas, cada uno de aquellos sensuales recodos de su cuerpo, que antes le habían excitado tanto sólo con su mero roce… ahora podía sentirlos todos y cada uno de ellos, ciñéndose contra el cuerpo masculino de forma provocativamente deliberada. Y él no era de piedra. Recordó cuando Angerboda se le presentó semidesnuda y prácticamente se lanzó en sus brazos para seducirlo. En aquel entonces, no pudo resistir aquello, pero ahora le pareció que podría haberlo hecho si hubiera querido. Pero no podía resistir tener el cuerpo de Sigyn entre sus brazos, buscándole y rozándose contra él. Aquello era más fuerte que él.

Aun así intentaba contenerse y procuraba acariciarla con delicadeza, como si fuera una frágil muñeca que no quería romper con un trato demasiado violento. Y entonces fue ella quien, ansiosa, se apretó aún más contra él, aumentando la intensidad de los besos, del contacto. Era ella quien lo estaba besando a él más que al contrario, prácticamente llevando la iniciativa, sorprendiéndole bastante… pero de forma muy agradable.

Y acabó de descolocarle del todo cuando sintió su mano, que casi siempre se había limitado a su torso, bajando por su vientre, metiéndose por debajo de la ropa y acariciándole dulcemente entre las piernas, en aquella zona que para entonces ya estaba a punto de estallar. ¿De verdad aquella ardiente mujer era su dulce y pequeña Sigyn, la inocente muchacha que había conocido y que se ruborizaba cuando la miraba un poco más intensamente de lo normal? Una semana atrás se había burlado al descubrir que había desarrollado poderes psíquicos afirmando que era una caja de sorpresas; pero era ahora cuando estaba comprobando lo sorprendente que podía resultar.

Aquel comportamiento lo tenía desconcertado pero a la vez fascinado: Sigyn siempre había sido casi totalmente sumisa y nunca la había visto así antes, tan voluptuosa, tan sexual. Había creído ver un atisbo de aquello la última noche que habían pasado juntos, pero había transcurrido tanto tiempo que acabó creyendo que sus recuerdos le engañaban. Pero sus sentidos no podían engañarle ahora, a menos que verdaderamente fuera un sueño, y suplicó que no lo fuera. Casi le recordaba al fuego de Angerboda, de no ser porque ni aun mostrando toda aquella pasión Sigyn perdía en ningún momento aquella dulzura, aquella fragilidad que siempre lo habían enternecido. Y aquella mezcla de sensualidad y ternura lo estaba volviendo loco.

Anhelante como jamás se había mostrado, Sigyn acabó colocándose encima de él como aquella noche de quince años atrás, cuando habían concebido a Tess, besándole sin parar de todas las maneras posibles: de forma leve y húmeda primero, casi absorbiendo su labio inferior, estimulándolo de una manera terriblemente erótica; y más profundamente después, con su lengua hundiéndose en su boca, exigiendo la suya. Parecía no cansarse de besarle, y con sólo aquellos besos los dos ya estaban muriéndose de deseo, de hambre por el otro, por explorar hasta dónde podían llegar los límites de aquella pasión que iba subiendo y subiendo cada vez más.

Loki continuó acariciándola, realmente no podía parar. Se recreó en la suavidad de su cuello, de sus pechos, de su espalda, de su vientre y de sus muslos, que recorrió en sentido ascendente hasta apretar sus nalgas, oprimiendo el cuerpo de ella contra el suyo, sonriendo al oír una exclamación ahogada surgiendo de la garganta de ella cuando notó –no podía dejar de notarlo– la dureza de su excitación presionando contra su pelvis. Pronto dejó de sonreír para gemir a su vez cuando Sigyn repitió el movimiento intensificando la presión, con lo que fue él quien sintió el delicioso roce enviando estremecimientos de placer por su cuerpo.

Rápidamente le quitó el camisón sacándoselo por arriba, con tanta ansia que llegó a enganchársele en la cabeza y tuvo que darle un tirón para acabar de sacarlo. Ella quedó desnuda ante él como tantos años atrás, en el que la pasión de ambos era tan apremiante que no había tiempo para romanticismos ni preliminares. Y respondió igual que entonces: empezando a sacarle a él su propia ropa, también a tirones. A excepción de la primera etapa de su aventura con Angerboda, en la que no había querido yacer con Sigyn por considerarla aburrida, siempre se habían entendido perfectamente en el lecho; y Loki descubrió que por mucho tiempo que hubiera transcurrido desde su última vez, aquella compenetración no se olvidaba. Lo que entonces era rutina, ahora era un excitante redescubrimiento.

Pero aún quiso tomarse unos instantes para prolongar aquella torturante pero deliciosa anticipación; aunque pocos, porque casi no podía aguantar más. Abarcó sus pechos suavemente con las manos, llevándolos a su boca con un ansia que por fin podía liberar tras reprimirla dolorosamente durante quince solitarios años sin ella y aquella angustiosa semana a su lado sin poder tocarla. Los besó y saboreó con delicada habilidad; y ella echó la cabeza hacia atrás con un suspiro de placer, abrazándolo, mientras su larga cabellera dorada resbalaba por su espalda y sobre su pecho, mezclándose con los mechones de él, negros como la noche.

Aquel sueño era diferente, pensaba Sigyn. Era un millón de veces mejor que todos los anteriores. Era tan real… no se parecía a ninguno de los sueños que había tenido antes. Y era la primera vez que él la trataba tan dulcemente, sin la menor sombra de dominación. Al contrario, esta vez parecía más atento que de costumbre, mucho más… tierno.

–Cómo me gustaría estar así contigo… en la realidad… –jadeó contra el cabello de su marido.

–¿Y por qué no podemos hacerlo? –preguntó él con idéntico tono.

–Porque en la vida real nunca serías tan dulce conmigo. O si lo fueras sería para hacerme daño después.

Él estuvo a punto de traicionarse y revelar la verdad, decirle que aquello era real y que estaban bien despiertos… pero no se atrevió. Se obligó a morderse la lengua. Todo iba demasiado bien y no quería estropearlo.

–Sshhh… –se limitó a susurrar– No pienses en eso. Déjate llevar…

Ella así lo hizo y se dejó caer sobre él de forma desesperantemente lenta o al menos eso le pareció a él, recibiéndolo en su interior con un suave gemido. Una unión tan largamente pospuesta y que ambos habían anhelado durante quince años, desde la última vez. Tanto tiempo, tantas heridas, tantas cosas que habían ocurrido y que les separaban, parecían caer alrededor de ellos como las gotas de lluvia que resbalaban por la ventana, rodeándolos sin tocarles.

Comenzó a moverse sobre él, al principio muy despacio para poco a poco incrementar el ritmo y la intensidad de sus movimientos voluptuosos, insoportablemente sensuales. Gradualmente también fue soltándose en la manifestación de su placer, y sus jadeos y gemidos aumentaron de volumen.

Sigyn creía estar en un sueño, y ahora Loki también lo creía. Quince años soñando, fantaseando con ella; y ahora estaba allí con ella, dentro de ella, acariciando su cuerpo, amándola a ella, a ella por entero y no a uno de esos fantasmas con su cara que superponía a los cuerpos de otras mujeres, y que nunca habían sido ni la mitad de dulces, de tiernos o maravillosos de lo que lo era aquel ángel que ahora estrechaba entre sus brazos. ¿Cómo había podido confundir a Lorelei con ella? O a cualquier otra mujer. No había comparación posible.

Ella gemía cada vez más alto y pese a que él apenas podía pensar en nada, totalmente transportado por la idea y el goce de poseer a la mujer que tanto había añorado, le preocupaba que la adolescente que dormía un par de habitaciones más allá pudiera oírlos.

–Baja la voz… –susurró jadeante–, vas a despertar a Tess.

–¿Tess? –repuso ella sin aliento– ¿Por qué tendría que despertarse? Ella no está aquí, esto sólo es un sueño… –hizo una pausa, y se detuvo al notar la extraña petición de Loki– …¿o no?

Él no contestó, pero en su rostro se reflejó una fugacísima vacilación. Aquella reacción hizo que Sigyn cayera en la cuenta de la realidad, para ella espantosa.

–No es un sueño… –murmuró horrorizada, para repetir furiosa–: ¡No es un sueño! ¡Loki, asqueroso bastardo, maldito seas! –exclamó, intentando levantarse, pero él la aferró por las muñecas y la obligó a permanecer junto a él– ¡Suéltame!

Loki parecía confuso, desilusionado por haber sido descubierto. Se quedó muy quieto, pero no se apartó ni la soltó al principio, aunque al final no le quedó otro remedio que hacerlo para no lastimarle las muñecas de tanto como ella se estaba debatiendo; pero sin resignarse a permitir que se alejara, la agarró por la cintura, estrechándola contra sí. Sigyn intentó liberarse golpeándole sin que él pareciera resentirse de ninguno de aquellos golpes; y él continuó inmóvil, sin apretarla demasiado pero sin soltarla, como si no supiera qué hacer. Ella intentó ensayar una defensa telequinética para alejarlo, pero no sabía si estaba tan nerviosa que no le salía o simplemente él bloqueaba sus escasos poderes, el caso era que no era capaz de concentrarse para conjurarla.

–Sigyn… –murmuró él. Parecía sinceramente preocupado.

–¡Que me sueltes, te digo!

–Mi amada…

–¡No te atrevas a llamarme así! –exclamó ella con rabia– ¡Y como no me dejes ir ahora mismo, hundiré el bloque con mis gritos!

–Entonces sí que despertarás a Tess –repuso él con expresión triunfal. No había hecho gesto de soltarla aún–. ¿Eso es lo que quieres? ¿Quieres que entre aquí y nos vea… así?

Llena de impotencia, ella giró el rostro a un lado con los ojos cubiertos de lágrimas de rabia. Comprendió que por mucho que luchara nunca conseguiría imponerse sobre él, y no quería traumatizar a su hija poniéndose a chillar y atrayéndola para que presenciara aquella escena.

–Sabía que tarde o temprano acabarías haciendo esto. Por alguna razón que no comprendo te detuviste aquella vez, pero tenías que salirte con la tuya, aunque sea a la fuerza o engañándome… qué importa. Tienes que hacerme cumplir mi deber de esposa, ¿verdad? Bien, sigue, pero que sepas que no pienso colaborar. Y espero que cuando acabes vuelvas a cansarte de mí y nos dejes en paz.

Horrorizado, él se apresuró a soltarla. Al instante, ella retrocedió agazapándose contra el cabecero de la cama, intentando esconder su desnudez con la almohada. Eso dolió a Loki. Cuánto miedo le tenía ella aún.

–Sabes que no es eso lo que quiero. Quiero recuperaros. A Tess y a ti.

–¿Y creías que violándome ibas a tener más opciones?

De nuevo él se mostró aturdido.

–Pero si hace unos minutos me has pedido…

–¡Porque no sabía que eras realmente tú! –se defendió ella. Una defensa bastante endeble, lo reconocía, pero aun así se mantuvo en sus trece. Si le dejaba algo de cancha o mostraba la menor vacilación, él acabaría derrotándola con su retórica–. Sabías que yo respondía a tus avances porque creía que estaba soñando y a pesar de todo has continuado. Te has aprovechado de mi estado vulnerable, que es lo mismo que una violación.

–Yo sólo quería complacerte… –replicó él de mala gana–. Tú querías hacer el amor, y eso era lo que estábamos haciendo.

Ella se encogió y retrocedió aún más en la cama.

–No podemos hacer algo que ya no hay entre nosotros –susurró, con la cabeza agachada.

–Sabes que eso no es así. Hasta hace un momento, todo estaba yendo tan bien… Incluso dijiste que querías hacerlo en la realidad, por eso seguí hasta el final –contestó él en voz baja, clavando en ella aquellos intensos ojos verdes que ella no se atrevía a mirar–. Déjame amarte, Sigyn. Déjame compensarte tantas cosas que tengo que…

–No –lo interrumpió ella. No quería seguir escuchándolo, sabía que su capacidad de persuasión era uno de sus poderes más peligrosos–. Así no se compensan las cosas, no hay modo de compensar todo lo que me hiciste. Quiero que te vayas. Ahora mismo. O empezaré a chillar y ya me dará igual que Tess se despierte. Así podrá comprobar lo cerdo que es su padre.

Él suspiró. Casi dolorosamente.

–Está bien. Pero no creas que eso significa que me doy por vencido.

–Mientras te pierda de vista ahora mismo, haz lo que quieras.

–Con una condición. Déjame darte un último beso.

Ella levantó los ojos hacia él, escandalizada.

–¿Qué? Ni hablar.

–Vamos, hace un momento estábamos…

–Sé lo que estábamos haciendo –lo cortó ella, incómoda y apretando la almohada contra su cuerpo.

–Entonces, ¿qué puede importarte un beso más? –replicó él– Déjame besarte, y si después de eso quieres que me vaya, te juro que lo haré.

–No. No quiero que vuelvas a tocarme.

–Entonces no me echarás de aquí.

Sigyn suspiró. Quería perderlo de vista cuanto antes –mentira–, para no tener que seguir sometida a esa tensión de verle, a esa tentación. Y un solo beso no era un precio demasiado alto, si conseguía endurecerse y no sentir nada cuando él lo hiciera. O si sentía algo, debía disimular y no permitir que él se enterara.

De mala gana, se despegó del cabecero y se acercó un poco a él, aún tapándose con la almohada. Seguía con expresión molesta, enfadada con él y con la situación, pero aun así le ofreció la cara para que la besara. Tenía los ojos cerrados, como si no quisiera ver nada de lo que estaba pasando. Se dejaría besar, pero tampoco en eso pensaba colaborar lo más mínimo.

Loki se acercó muy despacio, delicadamente tomó su rostro entre sus manos y unió sus labios a los de ella, sintiendo de nuevo su suavidad, su calor, todo ello delicioso a pesar de que ella permanecía inmóvil, sin responder. Al igual que antes, volvió a saborearlos sin prisas, disfrutando del exquisito roce, e incluso los rozó con su lengua, pasándola por las comisuras. Eso la hizo estremecerse.

–Ya está bien –murmuró ella, intentando alejarse, pero él no se lo permitió.

–Quedamos en que me dejarías besarte.

–Pero no recrearte. Vete.

–Sólo un poco más… –susurró él, profundizando en el beso y hundiendo su lengua en la boca de ella, explorándola, jugando con la de ella. Por más que lo intentó, ella no pudo evitar gemir, y sin darse cuenta sus manos soltaron la almohada y se alzaron como si tuvieran voluntad propia sobre la nuca de él, entrelazando sus dedos en su cabello oscuro. Siempre le había fascinado su pelo.

Percatándose de aquello, él sonrió sin dejar de besarla y muy despacio le quitó la almohada con la que se estaba tapando, interponiéndose entre la desnudez de ambos. Después, empezó a ejercer una leve presión para recostarla sobre la cama boca arriba y bajo él. Ella aún intentó resistirse… mínimamente.

–Dijiste que te marcharías si te permitía besarme.

–Te dije que me iría si querías que me fuese. ¿Quieres que lo haga? –dijo, aunque siguió besándola sin parar, como si no quisiera dejarla hablar.

–Sabía que era otra de tus trampas… –jadeó ella en cuanto Loki abandonó sus labios un mínimo segundo, más que nada para recuperar aire; pero en vez de alejarlo, entonces fue ella quien empezó a acercarse a él, como protestando por la interrupción del beso. Como pidiendo más. Y él estaba encantado de concederle esa petición.

–Dime que… quieres que… me vaya y… lo haré… –susurró entrecortadamente, pero al mismo tiempo aprovechaba cada pausa para darle un beso, y otro, y otro… cada uno más profundo y más ardiente que el anterior. Y Sigyn ya no se resistía, sino que empezaba a devolvérselos con la misma pasión que antes, puede que incluso más.

–Lo que quiero es que te calles de una vez –acabó diciendo anhelante, lo cual lo hizo sonreír; y volvió a rodear su espalda con sus brazos, atrayéndole otra vez hacia ella.

Volvieron a acabar tumbados sobre las sábanas y él no dejaba de besarla en la frente, en las mejillas y en sus labios, de aquella forma tierna y delicada que ella no recordaba en él en el pasado. Pronto se coló entre sus piernas y ella pudo notar de nuevo su excitación, sintiendo presionar su recia dureza contra ella.

Sigyn no quería pensar demasiado en lo que estaba ocurriendo. Ahora sabía que Loki, el hombre por el que tanto había sufrido –y el hombre al que tanto había amado– estaba verdaderamente allí, sobre ella, que no era ningún sueño, y precisamente el saberlo real era lo que le daba una sensación de irrealidad. Una parte de ella quería detenerlo, empujarlo como otras veces y salir corriendo, pero otra, que cada vez cobraba más fuerza, deseaba que continuara más que ninguna otra cosa en el mundo. Sus deseos, reprimidos durante quince años y frustrados por sus sueños interrumpidos, exigían que le dejara continuar.

De nuevo él se introdujo en su interior y ella no pudo dejar de responder a la deseada invasión de forma similar a la primera vez, gimiendo audiblemente y cerrando los ojos. Después se arrepentiría de manifestar de modo tan visible el placer que él le producía, pero en ese momento no podía evitarlo. Definitivamente aquello hacía que todos los sueños eróticos que había tenido hasta el momento palidecieran en comparación con aquella realidad celestial.

–Amada mía… –susurró él jadeante, mientras empezaba a moverse sobre ella.

–Te dije que no me llamaras así –gruñó ella, y buscó sus labios, besándole casi con violencia para hacerlo callar. No era algo que a él le molestase, de todas formas; como demostró devolviéndole el beso con idéntica intensidad.

Sigyn acompañó sus movimientos con los brazos entrelazados sobre sus hombros y las piernas cruzadas sobre su zona lumbar, de modo que ambos podían sentir cada embestida de la forma más intensa posible. Movimientos rítmicos, profundos. Enloquecedores.

El placer casi insostenible, cada vez más cercano al clímax, que él le proporcionaba la tenía al borde de la locura.

–M-más fuerte –gimió casi sin respiración.

–¿Seguro? –dijo él preocupado– ¿No te estoy haciendo daño?

–¿Es que no me has oído? –exclamó Sigyn agresivamente y apretó los dedos contra su espalda, casi arañándolo. Estaba a punto de…– Más fuerte… y no pares. No pares, amor mío –no pudo evitar que se le escaparan aquellas humillantes palabras, y él sonrió al escucharlas.

–Será un placer –jadeó, aumentando el ritmo.

–¡Oh, Dios! –Sigyn no pudo soportarlo más. El orgasmo fue cegador y la golpeó con una fuerza brutal, superior a todo lo que había sentido antes. En medio de las oleadas de placer que la colmaron, sintió que él también alcanzaba el clímax, inundándola con su semilla. Cerró los ojos, notando cómo él la besaba mientras los cuerpos de ambos se convulsionaban, su lengua reclamando la suya, buscando ahogar los gritos de ambos para no ser escuchados por su hija.

Cuando todo hubo pasado, él se separó un poco, observando el rostro de ella. Jadeaba y estaba sudoroso por el esfuerzo, pero su rostro mostraba una expresión plácida, llena de felicidad. Acercó su boca a la de Sigyn para volver a besarla, esta vez con más suavidad, liberado por fin del apremio de la pasión, pero esta vez ella le giró la cara, esquivándole.

–¿Ocurre algo? –quiso saber él, desconcertado, sin embargo ella no le contestó. Su actitud volvía a ser fría, hostil.

–Quítate de encima.

Algo más que ligeramente confuso, Loki se apartó, y al instante ella se incorporó y saltó de la cama, recogiendo su camisón y vistiéndose.

–Ya puedes irte –le dijo con voz inexpresiva, sin mirarle.

–¿No quieres que me quede? –preguntó él, y ella le respondió con una sarcástica sonrisa.

–¿Para qué? No irás a perder las "buenas" costumbres ahora, ¿verdad? Sólo ha sido sexo, Loki. No tengo el menor interés en que te quedes.

Él se levantó también. Empezaba a comprender lo que pretendía ella y la ira amenazaba con hacerle perder el control.

–Tú, maldita… me has…

–¿…Utilizado? Sí. Duele, ¿verdad? –sonrió de nuevo ante la expresión ultrajada de él–. Vamos querido, no te lo tomes así. Conseguiste lo que querías y yo también, pero eso es todo. No es nada personal. Sólo diversión, como tú dijiste.

Loki entrecerró los ojos al reconocer sus propias palabras de quince años atrás, pero lo poco que se veía a través de sus largas pestañas era puro fuego verde.

–Sé lo que estás haciendo. Intentas castigarme por lo que te hice en el pasado.

La sonrisa de ella se desvaneció, siendo sustituida por una expresión pétrea, una expresión que tenía bastante de odio. Al ver la cama libre, volvió a subirse a ella y retrocedió hasta apoyarse en el cabecero con actitud desafiante.

–Si sientes que te estoy castigando, tal vez sea porque te lo mereces, bastardo. Ahora, fuera de mi casa. Sif está durmiendo en el salón y te odia casi tanto como yo, y aunque no se haya traído su espada, seguro que me ayuda a echarte de aquí.

–Hay ciertas cosas de tu amiga Sif que no sabes… –se le escapó a él sin que pudiera evitarlo– Ella no es quien tú crees que es.

–Deja ya de sembrar cizaña, embustero. Ella es mejor persona de lo que tú nunca podrías llegar a ser. Pero aun así, si entre las dos no nos bastamos para echarte, todo es cuestión de hacer una llamada a Stark.

Loki estaba increíblemente furioso, pero no podía dejar de ver que tenía razón. Si ella llamaba a Stark y a su grupito de borregos, él tendría que salir huyendo y seguramente no podría volver a acercarse a ella ni a Tess, porque a partir de entonces ya no las dejarían solas ni a sol ni a sombra. Sintió la tentación de echarse sobre ella, aprisionarla y despertar a Tess y llevarlas a las dos a la fuerza a Jotunheim; basta de juegos y de contemplaciones.

Pero no. Una idea mejor acudió a su mente. Así que ella había jugado con él, ¿verdad? O más bien creía que había jugado con él. Pero él le demostraría que sabía jugar a ese juego mucho mejor que ella. Demonios, él había inventado ese juego, y una simple aficionada como su mujer no le ganaría en él.

"Bien Sigyn, si eso es lo que quieres, jugaremos". Se la iba a devolver.

Sigyn frunció el ceño cuando vio que él sacudía la cabeza con una sonrisa, y empezaba a vestirse con tranquilidad. Ya no se veía el menor rastro de cólera en su expresión.

–¿Y ahora de qué te ríes?

–De que me la has jugado bien, amada –dijo él de buen humor–. Que no se diga que el dios del engaño no sabe encajar una derrota con elegancia. Y me gusta esa manera que tienes de vencer. Por mí, podemos repetirlo cuando quieras.

–Nunca más, Loki. Sólo te he dejado continuar para que sepas lo que te vas a perder. Esto no volverá a pasar jamás.

La sonrisa de él se amplió.

–Eso ya lo veremos.

Una vez completamente vestido, le hizo una leve reverencia.

–Querida…

–Entre nosotros no hace falta tanta ceremonia –espetó ella, que en realidad hablaba con dureza para disimular su confusión por aquel súbito e inexplicable cambio de actitud–. Lárgate de una vez.

Él le lanzó una mirada retadora, juguetona, que prometía muchas cosas… y pocas de ellas buenas. Luego, se desvaneció en el aire. Y de nuevo se hizo el silencio en la habitación, un silencio que sólo era roto por el sonido de la lluvia cayendo en la calle y en los cristales de la ventana.

Sigyn se quedó en la cama, respirando agitadamente, aturdida… y asustada por aquella mirada y esa actitud tan extraña y desconcertante por parte de él. Loki había dicho "que no se diga que el dios del engaño no sabe aceptar una derrota". Precisamente era lo que jamás había podido hacer.

Y estaba sorprendida consigo misma por su reacción tan dura y fría con él después del sexo, cuando prácticamente había imitado el comportamiento de él aquella noche de quince años atrás, cuando concibieron a Tess. Él había dicho que intentaba castigarle y había tenido toda la razón: era precisamente lo que quería. No quería tenerlo cerca, pero si a pesar de todo él se empeñaba en acercársele, iba a probar en sus carnes todo lo que le había hecho a ella.

Aunque había algo extraño en todo aquello. Pocas horas antes se había sentido aterrorizada con la simple idea de su cercanía, pero después, en cuanto se dio cuenta de la situación, de que él la había vuelto a seducir aprovechándose de su debilidad por su sueño, se había sentido tan humillada… que, temerariamente, se había atrevido a chillarle, a golpearle, a insultarle y a burlarse de él, olvidando que el hombre al que estaba desafiando era terriblemente peligroso, un sociópata para el cual la vida humana no tenía ningún valor. Estaba jugando con fuego, indudablemente. En otras circunstancias, en el pasado, ya la habría castigado severamente por su atrevimiento.

Pero, al igual que ella, él tampoco había reaccionado según lo esperado. Sí, se había enfurecido en un primer momento, pero aparte de eso no se había mostrado violento, ni la había amenazado… en su lugar, se había echado a reír y se había ido como si le diera igual, aunque tampoco eso significaba nada. Que ya no quisiera emplear la fuerza física contra ella no quería decir que no siguiera siendo malvado, sólo que después de todo aquel tiempo se había vuelto más sutil. Ella y su hija seguían estando en peligro.

Pero no era el peligro que corrían lo que la tenía casi sin respiración y agolpando lágrimas en sus ojos. Más de quince años después de haber yacido juntos por última vez, había comprobado que su cuerpo seguía clamando por él tanto como en su juventud. Y no sólo su cuerpo: su corazón también. Le había costado tanto, tanto, endurecerse y tener que decirle esas cosas tan crueles… porque tenía que decírselas. Tenía que herirle.

Sigyn no lo había planeado así. La furia y la humillación que había sentido al darse cuenta del engaño se desvanecieron enseguida cuando él empezó a besarla; y su deseo había despertado de nuevo, tan exigente e inflexible que sintió que estallaría si seguía reprimiéndolo, o peor, estimulándolo de nuevo para volver a retraerlo después. De forma que se había rendido y había permitido que él la tomara, sintiendo de una vez por todas aquella dulce liberación.

Pero no bien hubo acabado todo y ella pudo pensar con claridad, se sintió aterrada ante lo que había hecho. Le había dado de nuevo poder sobre ella. Ahora él volvería a despreciarla, a burlarse, a abandonarla. Volvería a hacerle daño. A menos, claro estaba… que ella se le adelantara. Así que actuó exactamente como lo habría hecho él en su lugar… fría, despectiva. Cruel.

Pero el precio de haber quedado por encima de él tal vez había sido excesivo. La mirada herida que había visto en sus ojos al echarlo así le había dolido casi más que a él. Sí, él se lo merecía pero… a ella le seguía doliendo igual tener que hacerlo. Ojalá hubiera podido ser verdaderamente rencorosa y disfrutar con todo aquello, pero no era capaz.

Ahora las lágrimas corrían sin freno, deslizándose por las mejillas de la mujer. Acalló los sollozos apretando la almohada contra su cara hasta que estuvo a punto de quedarse sin respiración. Habría dado cualquier cosa porque él se hubiera quedado con ella y la abrazara toda la noche… pero tenía que ser fuerte. En el pasado su corazón había sido su debilidad y le había costado muy caro. Ahora no le permitiría vencer. Lo pisotearía si hacía falta, y a Loki también.

Aquella noche ya no pudo dormir. Salió de su habitación en dirección al salón, y se sintió fatal cuando vio a Sif tumbada en el sofá, durmiendo profundamente. Aunque estaba con la cabeza hecha un lío y casi no podía prestar atención a nada más, aún pudo darse cuenta de que estaba desabrigada y fue a buscar una manta para taparla. Se sentía tan culpable por haberla mandado fuera de la habitación. Ahora que lo pensaba, había sido por culpa de eso que Loki había tenido oportunidad de meterse en su cama, pensó suspirando mientras dejaba caer la manta sobre Sif muy suavemente para no despertarla; y se dirigió a la cocina.

Se pasó el resto de la noche mirando por la ventana de la cocina, bebiendo café –ahora era café en lugar de té– y reflexionando. Haciendo cábalas. Buscando una salida.

Sus esperanzas habían resultado ser vanas. Obviamente Loki no la dejaría en paz, ni tampoco a Tess. Su mirada autocomplaciente antes de marcharse y aquella inquietante sonrisa demostraban a las claras que él aún no había dicho la última palabra en aquel asunto, ni siquiera estaba cerca. Lo conocía bien, y temía cuál sería esa última palabra.

Tenía que volver a adelantarse a él. Huir, como ya pensó en hacerlo en Asgard, antes de que Karnilla la capturara. Esta vez no vacilaría, tomaría a Tess y se iría. Pero ahora que él sabía que estaba viva, ¿a qué lugar de la Tierra podía ir con Tess de forma que él no acabara encontrándolas? A ninguno. Europa, Sudamérica, incluso en el Polo Norte. Él las encontraría en cualquier parte.

Al amanecer, ya había consumido una cafetera completa, pero seguía sin saber qué hacer. Sintió un ruido a sus espaldas y se giró sobresaltada, para luego relajarse. ¿Habría vuelto Loki? Pero no. Era Sif, que se acababa de levantar. Llevaba su largo cabello oscuro revuelto y los últimos rastros de sueño aún pegados en el rostro.

–Te has levantado muy temprano –murmuró con voz pastosa y adormilada.

–No podía dormir.

La mujer morena pareció inquieta:

–Eehhh… respecto a lo de anoche…

Vagamente Sigyn recordó lo que había ocurrido entre ellas la noche anterior. El tema, que tanto la había inquietado antes de dormirse, en esos momentos se le había ido totalmente de la cabeza con la aparición de Loki y todo lo que había ocurrido después. Por si las cosas no estuviesen ya lo bastante embrolladas, pensó de mal humor.

–Si no te importa, hablaremos de ese asunto más adelante, Sif –contestó sin poder evitar cierto gesto de tensión–. Ahora tengo problemas más graves en los que pensar.

–¿Ah sí? ¿Qué problemas? –preguntó Sif inquieta, casi temerosa–. ¿Ha… ocurrido algo?

Sigyn volvió a girarse hacia la ventana.

–Ha estado aquí.

–¿Quién?

–¿Tú quién crees? Loki, por supuesto.

–¿Cómo? No es posible –Sigyn no se dio cuenta de que Sif no parecía demasiado indignada, y su sorpresa era un poco artificial.

–Pues así es. No entiendo cómo tú que estabas durmiendo a pocos metros no has oído nada… –murmuró, sin darse cuenta de que detrás de ella su amiga respingaba ligeramente–, debe haberte puesto algún hechizo para hacerte dormir o algo así.

–Sí, supongo que ésa puede ser la explicación… –murmuró Sif, con una ligera expresión de alivio–. Y… –vaciló–, ¿te ha hecho daño o algo?

–¿Que si me ha hecho daño? –Sigyn se volvió a mirarla, sin saber qué decir. Se ruborizó y bajó la vista– Yo… es complicado de explicar. Con él, todo es complicado –tomó otro sorbo de café–. No sé qué hacer, no me va a dejar en paz. Tengo irme de aquí, pero no sé adónde. Vaya adonde vaya, él nos encontrará.

–Eso es cierto –asintió Sif gravemente, y se acercó a ella–. No puedes estar escondiéndote toda la vida. Sabes muy bien cuál es la solución.

–¿Ah sí? Pues dímela, ya que lo tienes tan claro.

–Es obvio. Tenemos que marcharnos de aquí, de la Tierra. Aquí ya no estás segura. Debéis venir conmigo, a casa.

"A casa…". Aquellas palabras de Sif suavemente susurradas en su oído empezaban a cobrar un tentador atractivo. Sí, ella tenía razón: lo más conveniente era regresar a Asgard. Aunque Loki supiera que estaban allí, no podría amenazarlas. Aquél era el único sitio de todo Yggdrasil donde Loki no tenía poder. Ni siquiera podría acercarse, habiendo sido declarado fugitivo por el Padre de Todos. En la Tierra también era buscado como criminal, pero allí podía ir y venir a su antojo, ya que los mortales eran incapaces de localizarle, mucho menos de detenerle. En Asgard, sin embargo, había hechiceros como él, magos al servicio de la corona que lo detectarían no bien pusiera un pie allí. Y tal vez Odín tuviera compasión de ella y se aviniera a protegerla.

Pero dejar la Tierra, el lugar donde había nacido Tess y al que ella se había acostumbrado durante los últimos quince años… no le agradaba la idea. No estaba segura de querer regresar a Asgard. Allí todavía había demasiados malos recuerdos.

–Tal vez debería pedir ayuda a Tony Stark… –murmuró, y Sif pareció alarmada.

–Si lo haces, os encerrarán a Tess y a ti y nunca más seréis libres –objetó. Si Sigyn no hubiera estado con la cabeza hecha un lío, se habría dado cuenta de que aquél era el mismo argumento que había utilizado la primera vez que había vuelto a ver a su marido.

–Sí, es cierto –admitió su propio razonamiento–. Dirían que sólo lo hacen para protegernos, pero en el fondo seguro que quieren usarnos como cebo para capturar a Loki, y tampoco quiero eso.

–Veo que a pesar de todo, sigues sin desearle ningún mal –comentó Sif débilmente, y Sigyn se encogió de hombros.

–No quiero vernos metidas en ese asunto, eso es todo. Mi hija y yo no seremos instrumentos de nadie. Tienes razón, Sif. Nuestra única opción es regresar a Asgard y esperar que el Padre de Todos sea capaz de protegernos. Huí de allí para que todo el mundo y sobre todo Loki pensaran que estoy muerta, pero ahora que él sabe que no lo estoy, puedo volver. Ya me había acostumbrado a la Tierra, pero… –suspiró– …Loki no me ha dejado elección. Nunca me la deja.

–¿Y cuándo nos iremos? Podemos salir ahora mismo. Levantamos a Tess, y…

–De acuerdo… –ella empezó a asentir, pero pronto se corrigió–, no, aún no. Pepper Potts esperaba que le comunicase mi decisión de quedarme o no en la Fundación esta semana. Iré hoy mismo a hacer efectiva mi dimisión.

–¿Para qué? –saltó Sif– ¡Que se vayan al infierno esos estúpidos mortales! Que… –se detuvo ante la mirada de extrañeza de Sigyn. Ésta seguía asombrada del desprecio que su cuñada sentía hacia Midgard y sus habitantes, que contrastaba muchísimo con el amor que les tenía Thor, su marido. Tal vez, pensó, fuese precisamente por eso. Sif podría sentir celos de Midgard como en su momento ella los tuvo de Angerboda, de la magia negra y de todo lo que apartaba a su esposo de ella.

–Pero no puedo irme sin más. Los mortales de esta parte de Midgard se toman muy en serio las desapariciones de personas, y aún más cuando hay menores implicados como es el caso de Tess. Si nos esfumamos como si nada se montará un revuelo enorme y podrían ponerse a investigar, eso no nos conviene. Si, en cambio, voy a verle y simplemente le digo que me voy de viaje durante un tiempo, puede que Potts sospeche, pero lo dejará estar. Si queremos hacer las cosas bien, debemos dar la apariencia de máxima normalidad, es una de las pocas cosas útiles que aprendí de mi marido –tras un segundo, vaciló–. Quiero decir, de mi ex marido. No me cuesta nada acercarme a Stark y hacer un poco de teatro para apaciguar las cosas. Después, nos iremos. Aunque debemos tener cuidado con Loki. Si descubre nuestras intenciones, seguro que intenta impedírnoslo –volvió a mirar por la ventana con cierto gesto de aprensión–. No debemos subestimarle, Sif. Ni siquiera las dos juntas seríamos rivales para él. Y Tess podría salir herida.

–Él nunca haría daño a Tess –protestó Sif, casi ofendida.

–Conscientemente, tal vez no. Pero cuando se trata de salirse con la suya, no sabe controlarse. Le da igual quién salga perjudicado, amigos o enemigos –vio que Sif iba a protestar de nuevo, y ella habló, interrumpiéndola–. Sí, sé lo que me vas a decir: que llamemos a Thor. Pero tampoco quiero meterlo en esto. No quiero ni imaginar la que se armaría si lo hiciésemos y Loki se enterara. Y seguro que ese grupito de "Vengadores" acabaría metiéndose también. Lo siento Sif, si tu marido y mi ex se quieren matar entre ellos que lo hagan, pero no cuando estemos nosotras de por medio, ¿de acuerdo?

–Está bien –asintió dócilmente su interlocutora. Sigyn continuó perdida en sus pensamientos, intentando idear un plan.

–Mientras yo esté en Stark, vosotras id a algún sitio público, permaneced siempre a la vista de la gente. Así Loki no podrá intentar nada contra vosotras. Y en cuanto acabe mi cita con Potts, me reuniré con vosotras y buscaremos una manera de darle esquinazo. Clea, mi maestra, me enseñó a ocultarme de la vista de los demás tal y como lo hace él, lo que no sé es si funcionará con él.

–Seguro que sí. Probablemente no espera que tengas unos poderes similares a los suyos –razonó su amiga.

Sigyn volvió a suspirar.

–Tenemos que intentarlo. En caso de que no consigamos librarnos de él, nos separaremos y tú te llevarás a Tess a Nuevo México, ella te guiará para tomar un autobús. Cuando estéis allí, llama a Heimdall para que os baje el Puente Arco Iris y llévatela a Asgard. Loki no os seguirá, es a mí a quien quiere. Bueno, también a Tess, pero sobre todo a mí.

Sif le acarició amablemente el brazo para animarla.

–¿Y qué pasará contigo?

Ella se encogió de hombros.

–Eso es lo de menos, podré manejarlo. Ahora lo que me importa es apartarlo de Tess.

Su amiga bajó la cabeza, como si aquello le doliera. Pero se rehizo enseguida y la abrazó, para darle su apoyo, supuso Sigyn. Y, como la noche anterior, ese mero abrazo hizo aparecer mariposas en el estómago de la mujer. ¿Por qué demonios le pasaba eso?, se repitió desconcertada.

–No te preocupes –le susurró Sif–. Todo saldrá bien.

Ella no le rechazó, pero estaba asustada por aquel giro dramático de los acontecimientos y el enorme vuelco en su vida que había provocado el regreso de su ex marido.

–Siempre que me he dicho eso, al final nunca ha salido bien –murmuró–. Y menos con Loki andando cerca.

Sif se separó de ella y fijó sus ojos en los suyos, intentando transmitirle confianza. Sigyn bajó la vista, apesadumbrada.

–Tenía ilusión de ver a Tess ir a la universidad… –suspiró por última vez–. Otra cosa que me arruina ese imbécil.

Loki la contempló mientras ella se tomaba el último sorbo de café y se iba a duchar. Mientras esperaba, se quedó reflexionando con una media sonrisa en los labios.

"Ah, Sigyn…". Debía de hacerlo de forma inconsciente, porque siempre acababa poniéndole las cosas en bandeja. Ella misma le había dado la solución al problema que tan caviloso lo había tenido hasta la noche anterior. ¿Que no quería irse con él por las buenas? De acuerdo, lo haría por las malas. Pero había otras maneras de conseguirlo que no implicaban utilizar la fuerza, ni falta que le hacía. No le llamaban "dios del engaño" por nada.

Hasta entonces había descartado esa opción porque no había querido recurrir a eso –recordó vagamente su propósito de la noche anterior de jugar limpio con ella–, pero Sigyn había sido la que había empezado a jugar sucio, así que, en cierto modo, ella se lo había buscado. De hecho, ahora casi se alegraba de que lo hubiera hecho. Así le daba una excusa para engañarla, como una especie de "retribución" ante su jugarreta. Ella se habría burlado de él, pero sería él quien reiría el último… y de paso se saldría con la suya.

Sigyn salió de la ducha vestida de forma práctica para ir al trabajo con un traje sastre y acabándose de abrochar su camisa turquesa.

–Os llamaré al móvil de Tess –prometió.

–Bien –asintió Loki. Sigyn pareció reflexionar un momento y miró a la mujer a la que creía Sif con expresión culpable.

–Sé que te estoy poniendo en peligro al encomendarte a Tess, y te agradezco especialmente lo que estás haciendo por nosotras.

–Vamos, no será para tanto…

–Sí lo es. Loki puede ser muy peligroso. Aunque ayer estaba muy raro… –murmuró como para sí misma–. No parecía él. Pero cuando se comporta de manera diferente es cuando más hay que temerle. Trama algo, estoy segura.

Loki tuvo que contenerse de sonreír, viendo que su mujer lo conocía tanto que era capaz de prever sus reacciones, pero que a pesar de todo no podía sospechar lo que se le venía encima. Sigyn se dirigió hacia la puerta y desde el umbral le echó un vistazo general al recibidor y al salón, un poco melancólica.

–Y pensar que ésta es la última vez que veo mi casa… –suspiró.

–Pronto estarás en tu casa de verdad –intentó animarla Loki.

"Sí", se dijo Sigyn. "Volvemos a Asgard". La idea la emocionaba y la asustaba a partes iguales, aunque eso era si lo conseguía, algo que todavía estaba por ver.

–Ten cuidado, Sif. Si ves a Loki, tienes mi permiso para aporrearlo todo lo que haga falta. No preguntes, ni le dejes hablar: sólo golpéale y salid corriendo, ¿OK?

Él sólo pudo contestar con una forzada sonrisa, y luego Sigyn se marchó.

"No te preocupes querida, eso no será necesario", pensó él fríamente.

Se dirigió hacia el cuarto de baño para ducharse también él, y al abrir la puerta lo recibió una vaharada de vapor y del dulce perfume del gel de baño que Sigyn había utilizado apenas unos minutos atrás, que él aspiró embelesado. Atrancó bien la puerta y pudo recuperar su forma normal de hombre.

Se sintió aliviado: estaba ya harto de hacerse pasar por una mujer. El cuerpo de Sif había tenido su gracia la primera vez que adoptó su forma –era un cuerpo que siempre había deseado en su juventud, y que nunca habría sospechado que acabaría poseyendo… de esa manera–, pero habitar en él no era tan cómodo. Afortunadamente ya no le quedaba mucho de tener que representar aquella comedia absurda. Pronto todo el teatro acabaría y él podría adoptar su auténtica personalidad, y hacer cumplir a Sigyn su verdadero papel de esposa.

Se quitó el pijama y se metió en la ducha, silbando de buen humor. Ya faltaba poco. Aquel mismo día, ya tendría a su esposa y a su hija de vuelta en casa.

En aquel momento, ninguno de los dos sabía que S.H.I.E.L.D. andaba tras la pista de Sigyn.


Espero que os haya gustado el primer lemon real de la pareja (aunque como habéis visto no implica que esté cerca la reconciliación, aún queda bastante). Precisamente al ser el primer encuentro auténtico, ya quitando sueños, fantasías, etc., ha sido más romántico y un poco menos explícito que los otros, más cercano a los limes de EW, centrándose en los sentimientos más que en descripciones gráficas. Por si os interesa, mi inspiración musical para escribirlo fue "Green eyes make me blue" de Dead Cool Dropouts (tenéis un enlace a la canción en mi perfil, así como un pequeño montaje que hice para ilustrar la escena).

Aquí ya se empieza a ver lo que os comenté desde el principio del fic: Sigyn le ha "devuelto" a Loki lo que le hizo quince años atrás (concretamente en el cap. 23 de EW), cuando la dejó abandonada de forma tan humillante. Ahora, ella no sólo le ha hecho lo mismo sino que incluso reproduce sus mismas palabras. Como dije, aunque aún ama a Loki, tiene mucho rencor dentro. Y no es la última vez que vais a ver este tipo de "escenas invertidas" para que él sienta exactamente lo que sintió su mujer en el pasado. Claro que Loki no es como Sigyn. Él no reacciona llorando y lamentándose, sino planeando devolver la jugada. No esperaríais otra cosa del dios del engaño.

Durante los siguientes capítulos habrá algunas alusiones a hechos que suceden en la película de Avengers, pero como os avancé en la introducción, esto es un semi AU. Es decir, que hay cosas que coinciden del canon de la película y otras no, ya que, como ya saben las lectoras habituales, esto empecé a publicarlo antes de que se estrenara la película, y ponerme a cambiarlo sería muy engorroso. Así que, cuando veáis la peli y veáis algo que se contradiga con el fic (como personajes que no deberían estar ahí, ya me entendéis), simplemente ignoradlo.