–22–

Afortunadamente, la potencialmente desastrosa situación a la que les había conducido el fallo energético no duró mucho. El descenso incontrolado del Helitransporte, que cada vez era más acusado y a mayor velocidad, se detuvo súbitamente. La alarma dejó de sonar –algo que los oídos de todos agradecieron– y la luz normal se restableció, aunque parecía un poco menos brillante.

Los cuerpos de los tres héroes acusaron la brusca parada perdiendo el equilibrio durante un segundo, pero no tardaron en ponerse de pie. Poco después, Nick Fury entró en la sala, acompañado por los agentes Coulson y Romanoff.

–¿Me puede decir qué demonios ha pasado, Stark? –demandó. No parecía muy contento.

–Como he dicho antes, seguramente se trataba de un fallo de energía en el generador principal nuclear, pero eso no significa que el Helitransporte se fuera a estrellar –contestó severamente el aludido mirando hacia Steve Rogers, como reprochándole su falta de confianza–. ¿Me creéis tan idiota como para construir una nave tan grande, un sitio donde me paso tanto tiempo además, sin generadores de emergencia? Para vuestra información, esta monada tiene hasta cuatro generadores auxiliares, y ahora mismo cada uno está alimentando una parte de la nave. No son tan potentes como el principal, pero cada uno de ellos daría para mantener la energía de un edificio de doce plantas, y os garantizo que no nos vamos a caer, incluso aunque fallaran uno o dos.

–Y si disponemos de esos generadores auxiliares tan maravillosos, ¿por qué se ha montado este follón?

–Porque no se ponen en marcha de forma automática –se defendió el empresario–. Una vez el sistema detecta un problema en el generador principal, los auxiliares tardan unos segundos en activarse –explicó–. Cuando tenga tiempo revisaré las rutinas de control para acortar el proceso de transición.

–Un momento –intervino Natasha Romanoff, reflexiva–, eso quiere decir que durante esos segundos de transición, no ha funcionado nada en el Helitransporte.

–Mmm… no.

–Incluidos los sistemas de seguridad.

–Así es, incluidos los… –Stark se detuvo al comprender adónde quería llegar su compañera Vengadora–. Oh. Ahora esos sistemas se están reiniciando. Creo que tardarán unos minutos.

–Sigyn… –murmuró Thor, preocupado. Coulson se abalanzó sobre la sofisticada consola central, y tecleando unas instrucciones en un futurista panel holográfico, dio orden de visualizar en la pantalla principal la transmisión de la cámara de vigilancia que había en la sala donde habían confinado a Sigyn. El sistema recibió correctamente la orden, pero la imagen que se veía por la pantalla era simple estática.

–La cámara debe estar estropeada –murmuró el agente–. Probaré con la que usamos para grabar los interrogatorios.

Por suerte esa cámara sí debía funcionar aún, ya que la pantalla mostró por fin una imagen de la habitación… y estaba completamente vacía.

–Mierda.

–Exacto, mierda –corroboró Fury, su expresión endureciéndose aún más de lo que tenía por costumbre–. Hay que encontrar a esa mujer –añadió, girando la muñeca como si quisiera controlar la hora en su reloj, aunque lo que en realidad estaba mostrando era su intercomunicador digital de última generación, sujeto a su muñeca como un reloj de pulsera–. Atención, agentes. Tenemos una fuga… –dijo al aparato y esperó unos segundos, pero no recibió respuesta–. ¿Y ahora qué coño pasa? ¿Es que nada funciona a derechas hoy?

–Lo que sea que haya causado ese fallo energético, aún debe estar alterando las comunicaciones –dedujo Stark.

–O quien sea –recordó Steve Rogers, mirando a Thor con intención, y todos comprendieron la alusión.

–Como sea, permanezcan atentos, señores –asintió Fury–. Tal vez en estos momentos estemos teniendo visita. Esta vez tenemos que estar preparados para que no nos ocurra lo de la última vez.

–Razón de más para encontrar a la señora Black –añadió Coulson–. Pero, ¿cómo lo haremos? Mirad –señaló, tecleando de nuevo el panel holográfico–, la mitad de cámaras de la nave se ha fundido, y el resto retransmite con interferencias.

Tony Stark pareció reflexivo.

–Dadme un minuto –dijo, y salió de la sala. El resto de los miembros del equipo se quedó mirándose entre sí un tanto confuso, pero un minuto exacto después volvió a entrar con su armadura de Iron Man. Se acercó a Thor y levantó hacia él una de sus manos enguantadas en la aleación de titanio que constituía el principal material de su traje; y el dios del trueno sintió como una especie de nube eléctrica alrededor de su cabeza que erizó su cabello dorado.

–¡Eh! –protestó– ¿Se puede saber qué me estás haciendo?

–Tranquilo, sólo estoy escaneando tus ondas cerebrales –le explicó–. Al parecer, todo el mundo tenemos ondas cerebrales diferentes: los de tu especie y nosotros, e incluso dentro de nuestra propia especie las de los mutantes son de una manera y las de los no mutantes de otra. Hace tiempo trabajé con el profesor Charles Xavier, ese experto en mutantes, y él me enseñó a incluir en mi armadura un rastreador de ondas cerebrales similar al que tiene él, pero a pequeña escala. Ahora sólo tengo que explorar la nave en busca de alguien que emita unas ondas cerebrales similares a las tuyas.

–Brillante… –asintió Coulson complacido, pero Nick Fury no parecía tan fácil de impresionar:

–¿Y podría localizar también a quien realmente nos interesa, ese terrorista que es su marido?

Iron Man tardó unos segundos en contestar, concentrado en ordenar al sistema de su armadura que rastreara la nave buscando a Sigyn:

–Sólo si emitiera unas ondas mentales similares a las de Thor.

–Entonces me temo que tendremos que olvidarnos de ese método. Loki no es asgardiano, sino jotun. De otra especie –aclaró el aludido, ante la mirada interrogante de sus compañeros.

–Vaya follón familiar que tenéis montado en casa, ¿eh? –bromeó Stark sin dejar de atender a su sistema, que escaneaba, nivel por nivel, las ondas cerebrales de todas las personas que se movían en ese momento por el Helitransporte y comparándolas con las del dios del trueno. De repente, el ordenador de su armadura le avisó de que había localizado un resultado similar–. La encontré. Está en el sector B del Área 2, me imagino que se dirige hacia la superficie.

–Estupendo –dijo Coulson con tono de aprobación, y comenzó a teclear de nuevo–. Aunque las telecomunicaciones estén fastidiadas, espero que el sistema habitual no. Daré orden de que vayan a por ella… –pero Nick Fury lo interrumpió:

–Deténgase, no dé ninguna orden. Mantengámonos a la espera.

–¿Qué? ¿Por qué? –inquirió él, extrañado.

–¿Nunca ha ido a pescar, agente? –sonrió el general, malicioso– Yo sí, y he aprendido una cosa: el mejor cebo que es el que está vivito y sobre todo coleando… porque son sus movimientos los que atraen a la presa.

Los Vengadores se miraron entre sí, confusos.

–*–*–*–*–*–

Tess no sabía dónde se habían materializado. Estaban al aire libre y en lo que parecía una base aérea, a juzgar por el ruido característico de aparatos volando, las avionetas militares que se veían estacionadas a los lados, y en las marcas blancas en el cemento gris, que parecían delimitar pistas de aterrizaje para éstas. Había soldados con extraños uniformes pululando por todas partes, pero como se habían aparecido detrás de unos bidones de combustible nadie podía verlos por el momento, aunque el riesgo de ser descubiertos en cualquier momento era muy alto. Al ser aún invierno –un perpetuo invierno–, los días seguían siendo cortos y en aquel momento empezaba a oscurecer, lo cual los favorecía.

Levantó la mirada hacia su padre y volvió a pegar un respingo cuando vio que había vuelto a cambiar de apariencia. Ahora su aspecto era idéntico al de uno de los hombres de traje de los que se había deshecho, aquél al que había estado a punto de rebanar el cuello con su espada / bastón y al que junto con su compañero había dejado tirado, con letargo mágicamente inducido de por medio, en aquel callejón de Nueva York.

–¿Papá? –preguntó cautelosamente– Eres tú, ¿no?

–Sshhh –chistó él, examinando los alrededores–. Debemos tener cuidado. Estamos en territorio enemigo.

Loki esperó el momento propicio en el que no hubiera nadie mirando en su dirección, y de repente tomó a Tess por el brazo sin demasiada delicadeza y avanzó por las instalaciones a plena vista. De repente, unas mascarillas de oxígeno se materializaron sobre las bocas de ambos, aunque más para aparentar que porque realmente les hicieran falta: ni él ni Tess tenían los problemas para respirar que tenían los mortales a tan gran altura; y aunque hubiera sido así, él era capaz de alterar el ambiente a su alrededor para ajustarlo a sus necesidades, tanto en lo relativo a la cantidad de oxígeno como en la temperatura.

–Sígueme la corriente –le susurró a su hija–. Y sobre todo no se te ocurra llamarme papá.

–Está bien –asintió ella dócilmente–. ¿Pero dónde estamos?

–Unas instalaciones pertenecientes a estos tontos mortales que se creen que se pueden medir con los dioses –dijo él con desdeñosa ironía–. Conozco este sitio bastante bien. No es la primera vez que estoy aquí.

–¿Ah, no?

–Hace bastantes años estuve encerrado aquí. Fue en uno de mis primeros enfrentamientos contra estos mortales.

–¿Ellos consiguieron capturarte? –Tess parecía atónita.

–Sólo porque yo dejé que lo hicieran –dijo Loki con una de sus típicas sonrisas de suficiencia–. Formaba parte del plan.

–Pero lograste escapar.

–Desde luego –repuso éste, arrogante–. ¿Qué te creías?

–¿Entonces, tu plan tuvo éxito?

–Bueno… –Loki vaciló, y se encogió de hombros–, digamos que después me surgieron un par de problemas inesperados. En esa época era más joven y hacía las cosas más a lo bruto. Creía que simplemente presentándome aquí con un ejército podría someter a todos los mortales a la fuerza –sonrió, perdido en sus recuerdos–. Después aprendí que se podía conseguir ese resultado, pero sólo actuando de forma más sutil. Los mortales se precian en creerse indomables, y en cierto sentido lo son… son muy rebeldes ante la fuerza externa, pero después son esclavos de sus pasiones, de su consumismo, de su amor a la comodidad.

Mientras hablaban y caminaban, Tess comprobó asombrada que, aunque ahora aquellos soldados, los pilotos y todo el que anduviera por ahí podían verlos sin problemas, no les prestaban la menor atención; y se preguntó si su padre estaba volviendo a ejercer su influencia mágica para pasar desapercibidos, pero cuando se acercaban a una especie de cabina custodiada por dos guardias, él la aferró del brazo como si tratase de prevenir que se le escapara:

–Basta de charla. Ahora, silencio.

En su disfraz de agente enemigo, Loki mostró su identificación a los guardias de la puerta, los cuales lo dejaron pasar junto con Tess. Ésta pudo ver que lo que parecía una simple caseta era en realidad la entrada de unas escaleras que daban a un amplio corredor en el subsuelo, y allí se encontraron con una mujer de cabellos castaños. Era muy guapa, pero tenía una expresión bastante severa.

–Agente Hill… –Loki, que la había reconocido, la saludó como si la conociera de toda la vida–, soy el agente Quartermain –de nuevo sacó su identificación con toda naturalidad, ya que se la había robado al verdadero Quartermain, al que había dejado inconsciente–. Traigo a Tess Black, como se nos encomendó.

La mujer frunció el ceño, extrañada.

–Habíamos perdido la comunicación con ustedes. Pensamos que habían abortado la misión.

–Pues ya ve que no –le señaló a Tess con un gesto, la cual se esforzó en poner cara de enfadada por estar allí–, sólo que se nos estropeó la radio y no pudimos ponernos en contacto.

–Está bien –asintió Maria Hill, y sacó su propio intercomunicador–, déjeme que me comunique con el director Fury y…

–…El director Fury ya ha sido informado de que estamos aquí –la interrumpió Loki–, y me ha dado orden de que lleve a la chica a la misma zona donde retienen a su madre.

–¿En serio? –la agente pareció escéptica–. Está bien, pero no le importará que lo compruebe –añadió, activando el aparato.

–En absoluto –repuso Loki con una sonrisa, pero Tess pudo ver cómo a sus espaldas, de forma que Hill no pudiera verlo, hacía un gesto con la mano. La mujer probó varias veces a establecer contacto con el puesto de mando central, pero no recibió respuesta. Al final desistió, exasperada.

–No es un buen día para las comunicaciones –comentó él.

–Lo siento, no puedo dejarles continuar sin confirmación del centro de mandos –dijo Hill–. Es el protocolo.

–Conozco el protocolo –asintió Loki, pero se acercó a ella, con tono cómplice–, pero el caso es que el director Fury dio instrucciones muy explícitas de que llevara a esta chica junto con su madre cuanto antes. Y ya sabe cómo es. Si ve que hemos tardado más de la cuenta porque usted nos ha impedido pasar, poco le importará que el fallo esté en el sistema de comunicaciones o en usted. Sea como sea, se pondrá… –pareció dudar, y sonrió–… hecho una furia, si me permite el juego de palabras.

Ella pareció reflexionar. Conocía bien el carácter exigente de su jefe en cuanto a la rapidez en el cumplimiento de las órdenes.

–Está bien –se rindió, ante la alegría (bien disimulada) tanto del padre como de la hija.

–¿Dónde está la señora Black?

–En una de las salas de detención.

–Ah, sí. Área 2, ¿verdad?

–Sí, ¿cómo lo sabe?

–No es mi primera visita allí –Loki volvió a mostrarle los dientes en otra hipócrita sonrisa, pero cuando Tess y él continuaron su camino, Maria Hill los detuvo:

–Agente Quartermain.

Ambos se quedaron congelados, pero Loki se volvió hacia ella manteniendo la compostura.

–¿Sí, agente Hill?

–¿Dónde está el agente Pierce?

–¿El agente Pierce?

–Sí, su compañero. Debería estar con usted.

–Oh, sí –disimuló su alivio–. Al llegar aquí, ha ido directamente al baño. Ya sabe… algo de la comida no le sentó muy bien.

–Ah –Maria Hill pareció avergonzada–. Está bien, continúe.

–Ufff… –susurró Tess después de alejarse y tomar el ascensor–, estuvo cerca.

–Eso no fue complicado –repuso Loki en voz baja–, lo complicado comienza ahora.

Apenas habían bajado el ascensor cuando el pasillo que los rodeaba vibró bajo una violenta sacudida, la luz que los iluminaba desapareció y después pasó a ser roja y una ensordecedora alarma hirió los oídos de ambos, sobre todo los de Loki, poco acostumbrado a los sonidos estridentes. Durante unos segundos tuvieron la sensación de estar cayendo, lenta pero manifiestamente, pero por suerte aquello acabó cesando y la alarma y la luz roja desaparecieron.

–¿Qué ha sido eso? –exclamó Tess, que aunque no le gustaba admitirlo se había asustado.

–No tengo ni idea –repuso Loki–. Pero sea lo que sea, significa que tenemos poco tiempo. Apresúrate, percibo a tu madre cerca. Espero que esté bien… –murmuró preocupado, y añadió con tono más amenazador–: Más les vale a estos mortales que lo esté.

–*–*–*–*–*–

"Creo que me he pasado un poco", había sido el primer pensamiento de Sigyn cuando oyó la alarma. Después de haber causado un cortocircuito general en todo el sistema, se había producido un pequeño caos en el ala donde se encontraba ella, y se imaginaba que debería haber sido igual en todas las dependencias del Helitransporte. La habitación en torno a ella se había sacudido y durante unos segundos había tenido la sensación de que toda la nave se caía, pero ella se esforzó por no entrar en pánico: Stark era un diseñador muy eficaz y se imaginaba que aunque hubiese inutilizado el generador principal, él habría instalado uno o más generadores secundarios que se activarían enseguida. Efectivamente, aquello no tardó en ocurrir y la alarma cesó en unos minutos.

Por desgracia, el corte del suministro eléctrico no abría todas las puertas sino que las bloqueaba, pero a la vez anulaba cualquier orden de apertura o de cierre proveniente de la consola central, por lo que se podían controlar de forma manual. O, en el caso de Sigyn, mentalmente; por lo que ella sólo tuvo que tocar un poco la puerta para transmitirle la orden de que se abriera, y ésta obedeció como si tuviera voluntad propia. Una voluntad muy obediente.

Pronto se vio en el pasillo, libre de su encierro. Éste se encontraba más tenuemente iluminado de lo que recordaba, y un montón de soldados y agentes de S.H.I.E.L.D. corrían de un lado a otro como locos, buscando localizar el origen de aquella inaudita avería en el sistema.

No obstante, aquel estado de caos la benefició. Aunque por precaución se decidió también a usar su habilidad de ocultarse a los ojos de los mortales que había aprendido de Clea, no habría sido necesario, ya que todo el mundo pasaba corriendo a su lado casi sin reparar en ella, por lo que mientras no corriera y llamara la atención, no tendría problema. Así que procuró no perder la calma y actuar con normalidad mientras buscaba la salida; aunque a la vez intentaba no entretenerse demasiado: incluso con todo aquel jaleo, sus captores no tardarían en percatarse de que había escapado.

Le costó orientarse en aquellos cuasi laberínticos pasillos, pero razonó que simplemente debía seguir cualquier camino que la llevara hacia arriba. ¿Y qué haría después? ¿Cómo saldría de aquel portaaviones situado a tantísima altura? Bueno, un problema a la vez, se dijo. Ya lo pensaría cuando llegara a la superficie. Hasta entonces, se preocuparía simplemente de llegar.

Las puertas que separaban unos sectores y otros estaban igual de blindadas que la que había en la sala donde la habían retenido, pero ella sólo tenía que tocarlas y ejercer su poder para que se abrieran. Se movía rápido, consciente de que la suerte no le duraría eternamente. En una de las puertas, a través de la breve ventanilla que había en el marco –y que el cristal blindado convertía en una imagen borrosa–, creyó ver la figura difusa de un hombre con traje, seguramente uno de los agentes de aquella endemoniada organización, junto con una persona de menor estatura. A ésos no los podría esquivar, pensó ella, pero no la harían detenerse. "Más les vale apartarse de mi camino, porque pienso salir de aquí y nadie me lo va a impedir", se dijo agresiva y decidida mientras aplicaba su mano a la puerta y la forzaba a abrirse como había hecho con las anteriores.

Sin embargo, cuando la puerta se abrió y la entrada quedó despejada, Sigyn se llevó una sorpresa gigantesca al ver quién estaba del otro lado. Se frotó los párpados, asombrada: ¿no había visto la silueta de un hombre? Pero sus ojos debían haberle jugado una mala pasada, porque en vez del agente de S.H.I.E.L.D que había creído ver, quienes estaban allí eran las personas que más había echado de menos en aquellas circunstancias:

–¡Sif! ¡Tess!

La primera casi se le echó encima y la estrechó entre sus brazos. Pese a su confusión, tanto ante el mismo hecho de que estuvieran allí como ante la reacción demasiado efusiva de su amiga, Sigyn cerró los ojos, disfrutando del contacto. Sabía que aquello no era lo correcto, pero los abrazos de Sif la hacían sentir muy bien. Le daban sensación de seguridad, de cariño. Como los de Loki, durante el breve tiempo que su matrimonio marchó en condiciones.

Sif tomó su rostro entre sus manos como examinándola, lo que la azoró. Más que de una amiga, su forma de tocarla parecía la de un amante.

–¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?

–No, pero, ¿qué hacéis aquí? –se separó de ella y abrazó a su hija con fuerza– ¿Cómo habéis sabido que yo estaba aquí?

Sif pareció incómoda, como si no supiera qué contestar, pero Tess respondió por ella:

–Ha sido cosa mía. Tengo esos "flashes" premonitorios, ya sabes, como en mis sueños. Vi que estabas aquí y supe que teníamos que venir a ayudarte.

–¿Y cómo habéis llegado hasta aquí? ¿Acaso Thor…?

–También he sido yo –repuso la chica con naturalidad–. He descubierto que tengo muchos de los poderes de mi padre, incluido el de teletransportarme –miró de reojo hacia su padre, y éste asintió disimuladamente con aprobación. Ya aprendía a mentir cada vez mejor, lo cual les venía muy bien porque se habían librado por los pelos de que Sigyn les descubriera. Menos mal que él la había visto venir por la ventanilla y había cambiado instantáneamente a su forma de Sif antes de que ella abriera la puerta.

–¿Y has podido teletransportaros a las dos sin entrenamiento previo? –se extrañó Sigyn, algo lógico ya que sabía que al propio Loki le había costado años dominar sus poderes psíquicos, pero Sif intervino:

–Es una chica con mucho potencial –dijo rápidamente, como interesada en zanjar el tema–. No deberíamos demorarnos mucho discutiendo tonterías, sobre todo porque tenemos a todos los agentes de este maldito lugar pisándonos los talones.

–Pe-pero ya que estás aquí, podrías hablar con Thor… –arguyó Sigyn–. A ti te escucharía, y…

–No, no me escucharía –la contradijo Sif bruscamente–. Es un maldito testarudo, créeme, sé lo que digo. Nuestra única solución es salir de aquí sin que nos vean, y ya hablaré con él cuando te haya puesto a salvo y las cosas estén más tranquilas –la agarró de la muñeca y, sin darle tiempo siquiera a replicar, comenzaron a recorrer a paso veloz los pasillos en busca de la salida. Loki meditaba sobre cómo podría sacarlas de allí sin tener que recurrir a su poder de teletransporte. No podría usarlo delante de Sigyn sin descubrirse, porque aunque hasta el momento estuviera teniendo una suerte enorme, ella nunca se tragaría que era Tess quien lo estaba empleando: con su entrenamiento místico, lo detectaría en un segundo.

No quisieron arriesgarse tomando el ascensor y subieron las escaleras que llevaban a la superficie. En una planta superior, se detuvieron ante otra puerta, y aplicó su mano para abrirla como con las otras, pero esta vez su "toque mágico" no funcionó.

–Qué raro… –murmuró ella, ejerciendo más presión psíquica sobre la puerta, sin embargo ésta continuó resistiendo–. Deben haber reiniciado el sistema y la red de seguridad ha vuelto a bloquear las puertas, ya no responden a mis órdenes –dedujo preocupada–. Y no tengo suficiente poder como para abrirlas por la fuerza.

Loki se obligó a mantenerse callado. Él sí tenía poder psíquico suficiente como para forzar aquella puerta –de hecho era capaz de retorcer ese blindaje de varios centímetros de espesor como si se tratase de vulgar hojalata–, pero si hacía uso de él, Sigyn lo descubriría todo. El armazón sobre el que estaba asentando su impostura estaba cada vez más cerca de venirse abajo como un castillo de naipes, pero él tenía intención de mantenerlo todo lo que pudiera: no era precisamente un buen momento para confesar la verdad. Sólo le faltaba que Sigyn se pusiera histérica e hiciera algo que perjudicara la fuga.

Afortunadamente, al igual que antes, Tess le echó una mano con otra de sus ideas brillantes. Miró hacia arriba y descubrió una compuerta en el techo.

–¿Adónde llevará eso?

–A un conducto de ventilación –respondió Loki sin vacilar, ya que conocía la nave de haber estado allí antes, aunque luego añadió con tono más dubitativo para que Sigyn no sospechara–, supongo.

–Tal vez si me meto por ahí, podría recorrerlo hasta llegar a la sala y desde ahí abrir la puerta manualmente –propuso la chica–. Y si no, seguro que hay un ordenador cerca. No me costaría mucho hackearlo y desbloquear el sistema de seguridad.

–Ni hablar –replicó Sigyn sin pensarlo siquiera–, es muy peligroso. Si acaso, deberíamos ir alguna de nosotras dos –añadió, refiriéndose a Sif y a ella misma.

–¡Pero mamá…! –protestó Tess, buscando con la mirada a Loki para que intercediera por ella. Éste rastreó telepáticamente la sala a la que intentaban acceder, sin percibir ninguna energía: eso significaba que estaba vacía. No había peligro.

–Deja que lo intente –utilizó su mejor tono persuasivo con Sigyn–. Seguro que no hay problema, y si lo hubiera, con retroceder por donde ha venido es suficiente. El hueco es muy pequeño y nosotras no cabemos, pero ella sí.

–Está bien… –con un suspiro, la mujer se rindió, para alegría de la muchacha.

Entre los dos ayudaron a Tess a encaramarse hacia el techo, y con una leve presión de su poder Sigyn abrió la compuerta del conducto de ventilación. En pocos segundos Tess desapareció por el hueco ante la mirada preocupada de su madre.

Mientras esperaban que su hija llegara al otro lado de la puerta y les abriera, Loki tomó la mano de su esposa y se la apretó, intentando tranquilizarla. El bello rostro de Sigyn estaba pálido por la angustia.

–No te preocupes –le dijo–, todo saldrá bien.

–¿Tú crees? No lo sé –contestó ella–, a estas horas todo el mundo me debe estar buscando. Esa gente de S.H.I.E.L.D., Stark, Thor… ¡seguro que incluso Loki! Sabe que estoy aquí… Vosotras no lo habréis visto o sabido algo de él, ¿verdad? –preguntó ansiosamente, pero antes de que él pudiera abrir la boca ella continuó, sin dejarle responder–. Dios mío, espero que a ese idiota no se le ocurra aparecer por aquí.

Continuó mirando al conducto de la ventilación y después hacia la ventanilla traslúcida de la puerta blindada, pero el otro lado estaba en penumbra y la visión era demasiado borrosa como para ver nada claramente. No se dio cuenta de la expresión enfadada de Sif hasta que ella la tomó del brazo y la atrajo hacia sí, obligándola a mirarla a los ojos.

–¿Ni siquiera aunque su intención fuera sacarte de aquí? –le reprochó con tono indignado, como si le estuviera echando en cara el ser una desagradecida. Sigyn se quedó confusa ante aquella extraña reacción.

–¡¿Pero no te das cuenta de que eso es lo que quieren estos mortales? ¡Por eso me han traído aquí, esto es una trampa para él! –exclamó– Como a Loki se le ocurra asomar la cabeza por aquí, le matarán. O eso, o le encerrarán para siempre. Por eso tenemos que escapar, no puedo permitir que nos utilicen a Tess o a mí como armas contra él.

Sif pareció emocionada, aunque ella no podía imaginarse por qué.

–Entonces, ¿por eso no quieres que aparezca? ¿Para protegerle?

Azorada, Sigyn bajó la cabeza sin contestar, y Sif insistió:

–Aún te importa, ¿verdad?

Ella apartó la vista y se acercó de nuevo a ver si veía algo por la ventanilla, por supuesto inútilmente. Aunque lo que realmente pretendía era esconder su rostro, para que Sif no pudiera leer la turbación en sus ojos.

–¿De verdad tenemos que hablar de eso ahora? –repuso impaciente.

–Sí, tenemos –Sif la tomó de nuevo del brazo y la atrajo hacia ella obligándola a mirarle a los ojos otra vez–. Aún le amas, ¿no es cierto? ¡Admítelo de una vez, maldita sea! ¿Le amas?

–¡Sí! –respondió ella rabiosa e impulsivamente, para enseguida corregirse avergonzada– ¡Quiero decir, no! Yo… ¡no lo sé! ¡Ahora no puedo pensar en eso, Sif! ¡Tenemos que salir de…!

El agudo chillido de su hija al otro lado de la puerta sobresaltó a ambos e hizo que el rostro de Sigyn se desencajara por el miedo.

–¡Tess! –murmuró débilmente, y se soltó del agarre de Loki para pegarse desesperadamente a la puerta. Éste, aunque angustiado también, se esforzó por conservar la sangre fría. Al diablo con su disfraz, se dijo. Si tenía que derribar la puerta a la fuerza, lo haría, y…

Pero Sigyn le ahorró el trabajo. Con un gesto de rabia deformando sus usualmente dulces facciones, empujó violentamente a Loki hacia atrás.

–¡Apártate, Sif! –chilló, y a continuación hizo fuerza con su poder psíquico sobre la puerta, con todas sus energías. La furia, junto con el miedo por su hija, multiplicaron sus escasas fuerzas, y aunque antes no había sido capaz de forzar la puerta de la sala de interrogatorio para salir de su encierro, ahora hizo saltar aquélla, literalmente. La hoja de doble cuerpo de acero salió despedida a varios metros de distancia, estrellándose contra un panel de mandos.

Loki se quedó contemplando a su mujer asombrado. Cuando se trataba de sus hijos, Sigyn podía comportarse como una auténtica leona, y él sabía que tras perder a Narvi y a Váli, ella moriría –y mataría– antes de permitir que a su hija superviviente le pasara nada malo, pero nunca habría esperado aquello.

Con gesto decidido, ella penetró en la estancia sin esperarle siquiera.

–¡Sigyn, espera! –intentó detenerla, pero ella ya no le escuchaba.

Cuando Loki entró siguiéndola, se quedó atónito al ver a la cuadrilla de los Vengadores casi al completo: aquel zoquete de la armadura de hojalata, la ramera con traje ajustado, el grandote llamado "Capitán Nosecuántos"… y su "querido" ex hermano, el cual, cómo no, no podía faltar en ninguna reunión. Y por si fueran pocos, allí estaban también el calvo del parche y otro de aquellos mortales serviles que le hacían de perritos falderos.

Steve Rogers tenía atrapada a Tess entre sus brazos y la muchacha se debatía, aunque inútilmente. Si hubiera sido cualquier otra persona quien hubiese estado sujetándola, ella habría podido librarse gracias a su fuerza de mestiza de jotun, muy superior a la de un mortal corriente; pero aquel hombre no era un mortal corriente. Rogers la sostenía procurando no hacerle daño pero con firmeza.

Loki se había quedado paralizado, pero no por el miedo sino por la sorpresa. Se había enfrentado a todos ellos antes y, aunque éstos lo hubieran derrotado, él era más poderoso que antes y estaba seguro de haber aprendido de sus errores. Lo que verdaderamente lo desconcertaba era el error flagrante que había cometido en sus cálculos. Estaba seguro, merced al rastreo telepático que había efectuado en aquel lugar antes de permitir que Tess entrara allí, de que estaba totalmente vacío. ¡Maldita sea, estaba convencido de no haber percibido ninguna energía hasta entonces! ¿Cómo, por todos los demonios del Muspelheim, había podido equivocarse hasta ese punto?

Sigyn avanzó hacia ellos sin mostrar el menor temor. En sus ojos ardía un fuego asesino.

–Suelten a mi hija –siseó, con un gesto y tono terriblemente amenazadores que parecían muy fuera de lugar en aquella mujer menuda y de rostro angelical.

–Señora Black… –comenzó Coulson intentando sonar razonable, pero Sigyn no lo dejó terminar:

¡Que la suelten, he dicho! –chilló, y la sala de reuniones experimentó una nueva, aunque breve, sacudida, que sobresaltó a la mayor parte de los presentes–. No quiero hacer daño a nadie, pero como no dejen ir a mi hija ahora mismo, les garantizo que no será a Loki a quien deban temer.

Steve Rogers pareció indeciso y buscó con los ojos a Fury. Éste asintió con un gesto rápido y enérgico y Rogers liberó a la muchacha, quien enseguida corrió a refugiarse en los brazos de su madre.

–Lo siento, mamá… –musitó contra su pecho. Sigyn le acarició dulcemente el cabello.

–No hay nada que sentir, cariño… Nada esto es culpa tuya –levantó la mirada hacia los Vengadores, mucho menos maternal–. Debería darle vergüenza, Fury. Asustar así a una chica inocente… Pero no le va a servir de nada, ¿me ha oído? Me da igual lo que hagan, ya le he dicho que no pienso ayudarles a capturar a mi marido.

Pero Tony Stark mostró una sonrisa satisfecha, que podía verse a través del casco abierto de su armadura.

–En realidad, acaba de hacerlo –dijo mirando a Sif de una forma que a Sigyn no le gustó nada. Y aún menos la cara que puso Sif al oír aquello, como de… resignación.

–¿Qué está diciendo? –se separó de Tess y se acercó a Sif, no sólo angustiada, sino también confusa por la expresión de derrota que veía en su rostro. Empezaba a darle la impresión de que, más que ella, era Sif el verdadero objetivo de aquel operativo de captura, pero no sabía por qué– No entiendo nada. ¿Qué ocurre aquí?

Sif se acercó a ella y la abrazó.

–Lo siento mucho. Lamento haberos puesto en esta situación.

–Pero Sif… –protestó Sigyn, pero entonces Thor intervino, dando un par de pasos en su dirección.

–Aléjate de esa mujer, Sigyn –le advirtió con tono ominoso–. No es Sif. Es Loki.

–¡¿Qué…? –Sigyn se echó a reír incrédula– Eso es imposible, estás completamente loco… –se volvió a mirar a la mujer de cabello oscuro– Sif, dile a tu marido que eres tú… porque eres tú, ¿verdad?

Ésta no contestó y continuaba negándose a mirarla, como avergonzada. Sigyn frunció el ceño extrañada, negándose a creer las, para ella, absurdas palabras de su cuñado, pero entonces la asaltó una idea en la que no había pensado antes:

–Anoche… aludiste a lo que ocurrió la noche del funeral de Balder, cuando Loki me atacó y estuvo a punto de… –se detuvo, no quería siquiera volver a mencionar aquel recuerdo tan horrible–. Pero yo nunca le hablé a nadie de aquello, y sé que él tampoco se lo contaría a nadie. Entonces, ¿cómo lo sabías tú?

Al ver que su cuñada guardaba silencio con expresión culpable, una terrible sensación le congeló el corazón:

–No… no puede ser… –Sigyn retrocedió lentamente, sacudiendo la cabeza como negándose a creerlo, pero la incredulidad fue dando poco a poco paso al horror a medida que iba cayendo en la cuenta.

Perdido el factor sorpresa, Loki creyó llegado el momento de deshacerse ya de la forma de Sif. Lo primero que cambió fueron sus ojos. El azul profundo de la asgardiana se convirtió en el verde intenso que Sigyn conocía tan bien, y la mujer se sintió desfallecer cuando el resto de la forma femenina se difuminó y en su lugar apareció la de su marido, con su armadura completa y su casco de majestuosos cuernos dorados. En su mano portaba también su cetro de origen alienígena, y no era la primera vez que la utilizaba en una batalla contra los Vengadores.

–Dios mío… –susurró ella aterrada, mientras contemplaba cómo Loki esbozaba una sonrisa ufana ante todo el mundo– Eres tú… ¿qué le has hecho a Sif?

–¿Yo? Nada. Vaya fama que tengo… –protestó entre dientes, aunque todos sabían que bromeaba ya que era muy consciente de merecerla–. Esa frígida valkiria sigue tan ricamente en Asgard. No le he tocado un pelo, sólo he "tomado prestada" su forma.

–¿Quieres decir que has sido tú todo el tiempo? –las palabras casi no le salían a Sigyn. Si antes le había parecido estar horrorizada, ahora no podía ni medir la conmoción que le provocaba aquella revelación– Eres… eres un…

Retrocedió aún más, temblando de ira:

–¡Eres un maldito hijo de perra embustero! –gritó, y agarrando a Tess por la muñeca para obligarla a ir con ella, retrocedió y se alejó de Loki con ademán furioso. Acabó situándose al lado de Stark y de Thor, como buscando su protección.

Si Loki se sintió herido al ver a su esposa ponerse del lado de sus adversarios, no lo demostró. Su expresión continuaba altiva y sus ojos contemplaban desafiantes al grupo que se oponía ante él.

–Cuidado –comentó Stark a sus compañeros–. No cantemos victoria aún. Este tío se nos puede desvanecer en nuestras narices.

–No lo hará –replicó Fury con gesto orgulloso–, porque sabe que si lo hace nunca volverá a ver a su familia. ¿Verdad, Loki?

Él entrecerró los ojos amenazadoramente, sin mostrar la menor emoción que pusiese de manifiesto ante sus enemigos su inquietud interior. Sabía que lo que decía Fury era cierto. No tenía miedo de ser capturado: puede que ellos fueran muchos más, pero él era un dios. Lo que temía era verse obligado a huir sin su familia y no poder volver a verlas nunca más.

Por primera vez pareció vacilar, y Nick Fury aprovechó la leve sombra de duda en sus ojos para seguir minando su seguridad en lo que ahora confirmaba que era su único punto débil:

–Si huyes, despídete de ellas. A tu mujer la encerraremos por complicidad con un terrorista, y la rodearemos de tantos hombres que no podrás volver a acercarte a menos de un kilómetro de ella. Y lo mismo haremos con tu hija, ya que es menor; nos quedaremos con ella. A menos, claro, que prefieras que acabe en un centro de acogida, sola y abandonada.

Sigyn palideció. El rostro del dios del engaño se tensó ante la amenaza a su familia, y se adelantó un paso con actitud peligrosa.

–Destruiré todo esto si os atrevéis a tocarlas.

Coulson y Natasha Romanoff se apresuraron a desenfundar y a apuntarle con sus armas, pero Thor se adelantó hacia él, con su mano derecha sosteniendo el Mjolnir. Aunque Loki no manifestó el menor cambio en su actitud desafiante, su rostro se tensó levemente.

–Por favor, hermano… no empeores las cosas –dijo el dios rubio.

Loki hizo rodar sus ojos con expresión aviesa.

–Sigues con lo mismo. ¿Cuándo dejarás de llamarme así? ¿Cuántas veces tengo que decirte que no soy tu hermano? No sé por qué has metido las narices en esto, tú no tienes nada que ver. Es un asunto de familia.

–Yo soy tu familia. Nuestro padre me habló de…

–Di mejor tu padre –escupió él rápidamente–. Yo no soy nada, ni de él ni de ti.

–La sangre es lo de menos. Crecimos juntos, jugamos juntos y combatimos juntos. ¿Cómo puedes no recordar nada de eso?

–Recuerdo cosas –asintió él, desviando la vista–. Recuerdo haber crecido a tu sombra. Recuerdo que todo el mundo te quería más a ti. Recuerdo que nunca fui príncipe de Asgard de pleno derecho, pero eso es todo. No recuerdo nada de haber sido hermanos.

Thor bajó la vista, apesadumbrado.

–Yo sí recuerdo haber tenido un hermano. Y le echo de menos –admitió en voz baja. Loki se sorprendió por un instante, pero enseguida recuperó su actitud fría y despectiva.

–¿Por qué? –sonrió desdeñoso– ¿Acaso no tienes suficientes lacayos?

El hombre rubio pareció golpeado por la réplica.

–Tú nunca fuiste…

–Así era como me sentía, Thor. Como uno de tus lacayos –esta vez los ojos esmeralda buscaron los celestes de su hermano adoptivo, enfrentándolos agresivamente–. Me manejabas a tu antojo, y yo me limitaba a sonreír y a asentir a todo lo que me ordenaras. Pero esos tiempos ya no volverán, porque ahora soy yo quien da las órdenes. Pad… Odín me utilizó, tú me utilizabas. Jamás os importé un bledo a ninguno. Nunca fuisteis mi familia, todo era mentira.

–Loki, eso no es cier…

–…Y ahora que intento tener mi propia familia, lo estropeas todo, como haces siempre –añadió señalando con la mirada a Sigyn y a Tess–. Yo sólo venía a recuperar a mi mujer y a mi hija, y tú te confabulas con estos miserables mortales para impedírmelo. ¿Y yo soy el malo? –apretó los dientes furioso.

Thor bajó la cabeza, como avergonzado; pero en ese momento Tony Stark intervino:

–Ya está bien, Thor, no intentes razonar con este energúmeno. No es realmente tu hermano, no quiere serlo, y no merece el privilegio de tu compasión. Y en cuanto a ti, Loki, deja intentar dar pena y ríndete de una maldita vez –dijo sin cortarse. El dios del engaño se encaró con el empresario con una sonrisa socarrona, ni siquiera en aquella situación desesperada perdía su sangre fría. No era la primera vez que ambos se enfrentaban.

–Ah, Stark… tanto sin vernos. Me acuerdo de nuestro encuentro en esa torrecita tuya. Cuando te saqué a respirar aire fresco por la ventana. Podemos recordar esos viejos tiempos, aunque mejor sin esa chatarra oxidada que llevas encima, si no sería trampa. ¿Cuánta altura crees que habrá desde esta nave hasta el suelo?

Éste le devolvió la sonrisa arrogante.

–¿Sabes? Fanfarroneas demasiado, debe ser porque te sientes acorralado –Se volvió hacia Steve Rogers y comentó–: Parece que la gente nunca deja de sorprenderle a uno, ni siquiera viniendo de otro planeta. El astuto e impasible dios Loki jugándose el tipo por una simple mujer.

–No es una mujer cualquiera –siseó él, empezando a irritarse–, se trata de mi esposa.

–Así que es eso. Tu esposa. Es extraño, no te veía como un hombre casado o familiar, siempre te vi más del tipo "chiflado que quiere conquistar el universo". Aunque… –añadió acercándose a Sigyn y contemplándola de arriba abajo con una mirada ciertamente lasciva que empezó a enfurecer a Loki–, viéndola, se entiende que hayas perdido la cabeza. Demonios, hasta yo me dejaría domar por una como ésta, es realmente guapa. ¿Y sabes qué, Laufeyson? Estos últimos años, ella ha trabajado para mí –antes de que ella pudiera reaccionar, la atrajo hacia sí, en un ademán posesivo–. No sé si sabes lo que eso significa en Midgard. Eso es como si me perteneciera. Podríamos decir que ahora mismo tu mujer es mía. Sólo mía.

Sigyn miró a Stark con los ojos como platos:

–Pero bueno, qué estupideces está dicien…

–Ssshhh –le susurró Stark con una sonrisa cómplice, intentando tranquilizarla–, no haga caso. Sólo le estoy fastidiando un poco, como él nos ha fastidiado a nosotros durante años. No tiene mayor importancia.

¿Que no tenía importancia? ¡Ese mortal era un suicida! Si conocía un poco a Loki –y debía conocerlo, después de tantos años enfrentándose a él–, debía saber que aquello era algo con lo que no se podía bromear. En Asgard, que un hombre bromeara a propósito de la mujer de otro era un atentado contra la honra del segundo. Y más si se trataba de alguien tan celoso y posesivo como Loki.

Y la mirada de éste, oscura y homicida como pocas veces le había visto –y eso que lo había visto mirar con odio a menudo–, demostraba a las claras lo que debía estar pensando: "Iron Man… maldito mortal insignificante, eres hombre muerto".

–Más te vale que te alejes de mi esposa, mortal –amenazó suave, pero incuestionablemente–. Como se te ocurra ponerle un solo dedo encima, yo…

Stark se echó a reír sin dejarle terminar.

–¡Un solo dedo, dice! No le pega al dios del engaño ser tan celoso –con una sonrisa socarrona, pasó el brazo por encima de los hombros de Sigyn, hasta acabar con su mano sobre su brazo– A ver, dices que un solo dedo… ¿así, por ejemplo? –lo provocó, dejando deslizar suavemente su índice cubierto de metal por el hombro de la mujer, quien no podía creer que aquel mortal estuviera desafiando de esa forma a alguien que era muchísimo más poderoso que él, por mucha armadura tecnológica que tuviera. Se había vuelto completamente loco.

No, se dio cuenta espantada. Stark no estaba loco, sabía muy bien lo que hacía. Bajo su máscara de desenfadada irresponsabilidad, era un brillante genio, tanto como el propio Loki. No lo estaba provocando por el simple placer de hacerlo. Lo hacía para hacerle perder el control. Para distraerle.

Y aquella sospecha se confirmó cuando vio, a espaldas de Loki, a aquel hombre semiescondido tras un panel del nivel superior, ya que la sala tenía dos plantas. Cosa extraña, el hombre no portaba una pistola o un rifle como hubiese sido lo normal, sino un arco, como los propios asgardianos o los elfos de Alfheim… y en ese momento estiraba la cuerda, preparado para disparar a su marido.


El que Tony Stark tenga un dispositivo de rastreo telepático de ondas mentales en su traje de Iron Man a lo Cerebro del Profesor Xavier es pura invención mía. Pensé que en el Universo Marvel no sería descabellado que Stark y Xavier pudieran trabajar juntos, y que el segundo le hubiese enseñado al primero a diseñar un dispositivo como un "mini" Cerebro en su traje. Si las ondas mentales de los mutantes son diferentes de las de los humanos normales, es de suponer que las de asgardianos, jotnar, etc. sean también distintas. En el caso de Xavier, Cerebro se limita a amplificar sus poderes; en el de Stark, que no tiene poderes mutantes, el rastreo lo llevaría a cabo el sistema operativo de su traje de Iron Man (y tendría un menor radio de alcance que Cerebro).

Los nombres de los agentes que seguían a Loki y a Tess corresponden a Clay Quartermain y a Alexander Goodwin Pierce, dos agentes del Ultimate S.H.I.E.L.D.

Y la escena de Stark utilizando a Sigyn para provocar a Loki está sacada de otro de los alucinantes cómics de Saku-Zelda, buscad el enlace en mi perfil.