–23–
A Nick Fury le habría encantado acabar con Loki, aquel megalómano que llevaba años causándoles dolores de cabeza, pero lo necesitaba vivo. Tenía muchas cosas que preguntarle. Además, sabía que no huiría, no mientras su apreciada familia estuviera en poder de ellos. Así que mientras Tony Stark lo distraía, Fury había dado disimuladamente la señal que estaba esperando Clint Barton. En el nivel superior de la sala de reuniones, el Vengador con nombre en clave Ojo de Halcón permanecía escondido a espaldas de Loki y con el arco preparado, alerta a las órdenes de su jefe para dispararle un dardo tranquilizante. En todo momento tenía al dios del engaño en su objetivo y tanto Fury como él estaban atentos a que éste se distrajera sólo un segundo para actuar.
"Ahora, Barton", asintió el militar, y levantó la vista complacido para observar cómo éste estiraba la cuerda de su arco. No fallaría, Barton jamás fallaba un blanco. Loki no era el único que hacía planes, y el de Nick Fury era similar al que Coulson había llevado a cabo con Thor mucho, mucho tiempo atrás. Pero no contaban con que, aun con toda su furia por haber sido engañada, el instinto de Sigyn siempre la impulsaba a proteger a su marido:
–¡Loki! ¡Cuidado!
El grito de la mujer puso en alerta al dios, el cual sólo tuvo que observar una panorámica del entorno a su alrededor para descubrir que Fury estaba mirando expectante hacia un extremo elevado de la habitación, por detrás de él.
–Mmm, así que tú de nuevo, ¿eh? –murmuró pensativo–. No debió de sentarte muy bien que me apoderara de tu mente en el pasado –sonrió juguetón y chasqueó los dedos, concentrando su poder en localizar la energía de Ojo de Halcón, dondequiera que se estuviese escondiendo. Transcurrieron unos segundos y no sucedió nada. Contrariado, Fury alzó el rostro:
–¡Barton! ¡A qué estás esperando!
Loki sacudió la cabeza.
–Lo siento, pero me parece que he inutilizado a tu arquero.
–¿Qué quieres decir?
En el nivel superior de la sala de reuniones y apenas un instante antes de disparar, Clint Barton había tenido una sensación rara en el mismo instante en el que Loki había chasqueado los dedos. Ahogó una exclamación asqueada cuando sintió vibrar su arco y al segundo siguiente contempló horrorizado cómo se transformaba en una serpiente en sus manos.
–¡Joder! –la soltó lleno de repugnancia. No podía entenderlo: en un segundo sostenía su arma favorita tensando la cuerda, preparado para disparar; y al segundo siguiente lo que tenía en las manos era una enorme y asquerosa serpiente negra que dejó caer al suelo, alejándose ésta en medio de amenazadores silbidos.
Abajo, Nick Fury se sintió furioso al ver que su plan había fallado, pero eso no le iba a hacer rendirse. Hacía mucho que no estaba tan cerca de atrapar a su objetivo principal.
–¡Papá! –chilló Tess al tiempo que Loki vio un rápido movimiento casi a sus espaldas, un borrón oscuro casi con el rabillo del ojo… y se dio la vuelta a tiempo para interceptar con su telequinesis a la Viuda Negra, que lo había atacado por la espalda. El cuerpo de Natasha Romanoff quedó inmóvil y suspendido en el aire, como si levitara, ante los ojos asombrados de sus compañeros y los aún más atónitos de la propia Natasha. Pese a no tener fuerza sobrehumana, sus expertas habilidades de combate cuerpo a cuerpo la hacían una rival a temer, por lo que Loki solucionó el problema impidiendo que se acercara a él. De esa forma no tendría ocasión de poner en práctica ninguna de sus peligrosas técnicas.
–Tch, tch, tch… –el dios del engaño realizó un burlón gesto de negación con el dedo, como un adulto riñendo a una niña traviesa–; mal, muy mal. Ya sé que las midgardianas os sentís fascinadas por mi natural encanto, pero no me parece muy correcto que te me eches encima así. Después de todo, soy un hombre casado…
Levantó dos dedos y de inmediato, como arrastrado por un vendaval, el cuerpo de la espía rusa salió despedido y cayó pesadamente sobre uno de los escritorios, quedando inconsciente.
–En cuanto a ti, Stark… no digas que no te lo he advertido. ¡Te he dicho que te alejes de mi mujer! –exclamó Loki al tiempo que un rayo de energía blanquiazul surgido de la gema de su cetro golpeó a Stark con precisión casi matemática. Thor, que estaba al lado de ellos, aferró a Sigyn y también a Tess, empujándolas y apartándolas de la línea de fuego del ataque; aunque la onda expansiva los hizo caer a los tres al suelo.
A Iron Man el rayo de energía lo envió varios metros atrás, haciéndolo chocar contra otro de los paneles de control de la sala de reuniones, el cual quedó totalmente destrozado al recibir el impacto del hombre con su pesada armadura; pero fue la armadura lo que salvó la vida de Stark. De no haberla llevado puesta, habría muerto carbonizado o de las lesiones derivadas del violento choque; pero aun así, quedó momentáneamente aturdido debido al fortísimo impacto. Sigyn, aún en el suelo pero ilesa al igual que su hija, se quedó espantada al ver a su imponente jefe derribado en el suelo, con la armadura aún humeante por la descarga de energía recibida.
–Stark… –murmuró horrorizada.
Entretanto, Loki había vuelto a apoyar su cetro en el suelo, satisfecho de haber castigado el "atrevimiento" de su adversario.
–Como iba diciendo, nadie toca a mi Sigyn, mortal estúpido.
El machismo que encerraban esas palabras consiguió que Sigyn saliera de su estupor y se levantó, enfrentándosele con una energía que pensaba que ya no le quedaba.
–¡¿Tu Sigyn? ¡Entérate de una vez, Loki! –chilló– ¡No soy de tu maldita propiedad!
–Bueno, eres mi esposa –arguyó él, como si una cosa indefectiblemente implicara la otra.
–¡Eso tampoco! ¡Ya te he dicho muchas veces que quiero el divorcio!
El dios del engaño respondió con una sonrisa afectada.
–¿Te importa que discutamos eso en otro momento, querida? Estoy un poco ocupado ahora mismo. Por si no te das cuenta, te estoy rescatando de nuestros enemigos.
–¿Nuestros enemigos? Querrás decir tuyos. Siempre acabo en problemas por tu culpa.
–El caso es que te estoy rescatando. Podrías tener el detalle de agradecérmelo, aunque sea un poco.
–¡No quiero que me rescates! ¡No quiero nada que venga de ti!
Loki resopló haciendo rodar sus ojos como si le costara comprender que alguien pudiera ser tan ingrato.
–Uno se preocupa por la familia y esto es lo que consigue…
Entretanto, Nick Fury volvió a levantar la cabeza. Esta vez no parecía mirar a ningún punto en particular, pero su expresión era muy atenta… como si estuviera escuchando a una voz invisible.
–Está bien… –murmuró entre dientes y sorprendiendo mucho a Coulson, quien no sabía que su jefe tuviera la costumbre de hablar solo.
Sin que Loki se diera cuenta, lo observó disimuladamente, y después desvió la mirada hacia una zona del suelo en el centro de la sala. En aquella parte del suelo de resina de poliuretano en color gris oscuro, había una leve marca circular de unos dos y medio o tal vez tres metros de diámetro, pero que era difícil de detectar a simple vista. El suelo dentro de aquel círculo era diferente al resto, estaba a un nivel un poquito más bajo, y unos orificios diminutos y casi indetectables atravesaban la resina volviéndola porosa. La diferencia con el resto del suelo era tan sutil que nadie salvo el director de la Agencia –y su invisible interlocutor– se había fijado en ella y mucho menos preguntado si significaba algo.
Fury contempló aquella marca, después miró hacia el techo durante un par de segundos, como haciendo secretos cálculos, y finalmente asintió como para sí:
–Plan B…
Mientras el matrimonio continuaba riñendo, el general se acercó subrepticiamente al Capitán América y le susurró algo al oído.
–¡¿Qué? –exclamó éste, y Fury le chistó para que bajara la voz. No podían permitirse que Loki se diese cuenta de que planeaban otra cosa– ¿Me quiere decir cómo demonios consigo eso?
–Como se hacían las cosas en su época: a la antigua usanza. Usted verá cómo, pero arrégleselas para que acabe ahí –señaló con la cabeza a la depresión circular en el suelo que había estado observando con tanta atención–. Aproveche ahora que está distraído, no vaya a acabar como Romanoff.
Steve Rogers suspiró, haciendo rodar los ojos. Sabía que Fury tenía razón y que alguien como Loki no bajaba la guardia durante demasiado tiempo, así que, sin pensárselo dos veces, aprovechó que seguía enfrascado en su discusión con su mujer para saltar sobre él.
Con una agilidad extraordinaria y reflejos sobrehumanos, realizó un placaje perfecto, imitando los movimientos de los jugadores de fútbol americano cuyos partidos veía con envidia cuando no era más que un adolescente escuálido; y calculó su impulso justo para llevarlo a aquella zona donde Fury estaba tan interesado en tenerlo, aunque él no supiera por qué.
El dios del engaño se vio tomado por sorpresa por segunda vez aquel día y no pudo evitar perder el equilibrio cuando Rogers se arrojó sobre él, cayendo ambos a unos metros más lejos. Si se hubiese tratado de cualquier otro, a Loki no le habría costado deshacerse de él, pero aquél no era un mortal corriente. Era, precisamente, el único mortal cuya fuerza era capaz de competir con la suya de jotun, como bien sabía ya que no era la primera vez que se enfrentaban cuerpo a cuerpo, y nunca debería haberle perdido de vista, pensó Loki irritado mientras trataba de deshacerse de su agarre.
No temía ser derrotado: por mucha fuerza sobrehumana que tuviese Rogers, no dejaba de ser un mortal enfrentándose a un dios; y sus golpes tampoco le dañaban demasiado. Lo que le molestaba era no ser capaz de quitárselo de encima. Con su poder de telequinesis, atrajo su cetro, que se le había caído, de nuevo a su mano, pero Rogers le asestó un violento puñetazo que la hizo soltarlo. Aquel mortal fastidioso se le estaba pegando como una lapa y ni siquiera le dejaba concentrarse en usar sus poderes o conjurar alguno de sus hechizos para alejarlo, por lo que lo único que podía hacer era forcejear contra él, momento que aprovechó Nick Fury, ahora que lo tenía donde quería:
–¡Rogers! –exclamó imperioso– ¡Salga de ahí, ya!
El Capitán América no comprendía el por qué de la premura de las palabras de su jefe, pero sí sabía que no solía dar órdenes gratuitas. De modo que, al igual que antes había procurado con todas sus fuerzas aferrarse a Loki para mantenerlo dentro de aquella zona, en ese momento lo soltó inmediatamente y saltó alejándose de él, al tiempo que Fury apretaba un botón del intercomunicador de su muñeca, que claramente funcionaba también como control remoto. Sin que a Loki, aún en el suelo, le diera tiempo a reaccionar, un panel blindado transparente y con forma cilíndrica surgió del techo y cayó con la velocidad de una guillotina, chocando contra el suelo con un ruido gomoso y a la vez retumbante.
Aunque atrapado en aquella especie de trampa de cristal, éste no se mostró impresionado. Todavía un poco jadeante por su breve pero intenso forcejeo con Rogers, aferró su cetro y se sujetó sobre ella para levantarse lentamente, atravesando a todo el mundo con sus ojos esmeralda. Había tal seguridad en ellos, tal malevolencia, que pese a la protección del cristal blindado que lo separaba de ellos, todos en mayor o menor medida sintieron el impulso de retroceder.
–Vaya, Fury… –se burló– ¿Otra ratonera, esto es lo más brillante que se te ocurre? Te recuerdo que así no lograsteis contenerme la otra vez, y eso que me metisteis en la celda que teníais preparada para Hulk, bastante más segura que esto… –dio unos jocosos golpecitos con los dedos contra el cristal blindado, como tanteando su resistencia, y después extendió su cetro, listo para descargar de nuevo su poder– No me costará demasiado reducirlo a añicos.
–No te daré tiempo –repuso el militar, y apretó otro botón de su intercomunicador. En ese momento, unos chorros de vapor blanquecino brotaron de los orificios del suelo. Loki sonrió sarcástico, en absoluto intimidado.
–¿Pretendes gasearme, mortal, dormirme como a un ratoncillo de vuestros laboratorios? Pero olvidáis que yo soy un dios. Para mí, sois vosotros los ratones. ¿Cómo podéis pensar que vuestras drogas me afectarán? Ah, Fury… suponía que me tendrías alguna trampa preparada, pero pensé que sería algo mejor que esto. Incluso me siento un poco decepcionado.
Pero el general no parecía contrariado por la reacción de Loki. De hecho, le devolvió la sonrisa de una forma que a Sigyn no le gustó nada.
–Nada más lejos de mi deseo que decepcionarte. Como sueles hacer tú, yo también me he guardado mis ases en la manga. Esta vez he tenido asesoramiento externo, y si esperas un poco, comprobarás que lo que estás respirando no es en absoluto el tipo de gas nervioso que utilizamos de ordinario –comentó, haciendo desaparecer la socarrona sonrisa de Loki–. No, éste lo hemos mandado traer desde muy lejos, especialmente para ti.
Como corroborando sus palabras, Loki comenzó a sentirse cada vez más mareado. El sueño empezó a atacarle con fuerza, algo que no esperaba ya que estaba positivamente seguro de ser inmune a todas las drogas conocidas… o a casi todas.
Levantó la cabeza olfateando el aire, a pesar de que así aspiraba más de aquel gas infernal que poco a poco le hacía perder los sentidos… Y en poco tiempo reconoció aquel olor dulzón y ligeramente mohoso, como de algo guardado durante mucho tiempo en un sitio muy húmedo y oscuro.
–Þokavalmr… amapola de las brumas… –murmuró. Aquella especie de opiáceo, terriblemente escaso, sólo se encontraba en Niflheim, y era el narcótico más potente de todo el universo. Respirar sus efluvios podía tumbar a un elefante de la Tierra en pocos segundos, por no hablar de un humano… y que Loki estuviera aguantando consciente tanto tiempo sólo daba una idea aproximada de la resistencia de los gigantes de hielo, que podían soportar venenos letales como el Eitr durante horas sin morir.
Pero eso no consolaba a Loki, quien veía que Nick Fury tenía razón y que, por una vez, aquel midgardiano insignificante le había ganado por la mano. Intentó disparar su cetro y quebrar el panel transparente que lo aprisionaba, pero era demasiado tarde: se sentía cada vez más mareado y su poder psíquico había perdido toda su fuerza. Agobiado, se quitó el casco y lo tiró: estaba muy débil y empezaba a pesarle. El cetro, sin ningún poder que lo activara, disminuyó su luz azul al mínimo y se escurrió de entre sus dedos. Los dos símbolos del poder del dios del engaño rebotaron contra el suelo con un estridente sonido metálico.
Poseído por una mezcla de angustia y furia, y ya olvidada su actitud arrogante, Loki se lanzó contra aquella pared de cristal reforzado y la golpeó con los puños, sólo para descubrir que la amapola de las brumas lo había debilitado tanto que ahora parecía uno de aquellos mortales a los que despreciaba. Y la sensación que llegaba con aquello era algo que no había experimentado desde hacía mucho, pero a la vez era espantosamente familiar: era la impotencia que uno sentía al estar indefenso en manos de sus enemigos… al igual que en la Mina Norn.
Incluso próximo a desmayarse, la cólera le dio fuerzas para conservar la conciencia durante unos segundos más:
–¡Dejadme salir de aquí, mortales asquerosos! Dejadme salir u os garantizo que en cuanto me libere os…
No pudo seguir: el narcótico hacía su efecto cada vez más rápido. Apretando los párpados, se tambaleó y volvió a apoyar sus manos contra el cristal transparente, pero esta vez sólo para conservar el equilibrio: ya no habría podido quebrarlo ni aunque se hubiese tratado de un cristal corriente. Jadeando, casi al límite de sus fuerzas, apoyó su frente contra el vidrio.
–Sigyn… –murmuró.
Ella no pudo soportarlo más. Alejándose del lado de Thor y de la protección que éste le ofrecía, corrió antes de que pudieran detenerla hacia la campana, apoyando las manos en el cristal, como tratando de llegar a su marido. Parecía haber olvidado completamente su rencor de unos minutos atrás por el engaño de Loki y en su rostro sólo se leía la angustia y la desesperación de ver sufrir al ser amado.
–¡Loki…! –susurró con voz trémula y los ojos brillantes por las lágrimas.
Él abrió las manos –que aún mantenía agresivamente cerradas en puños– y las posó sobre el cristal, en la zona donde estaban las de ella, intentando tocarla sin conseguirlo.
Aunque estaba a pocos segundos del desmayo y apenas podía pensar con coherencia, una duda invadió su mente. Los mortales no conocían la existencia de la amapola de las brumas, a menos que alguien versado les hubiera hablado de ella y hubiera viajado hasta Niflheim para traerla. ¿Habría sido Sigyn, para vengarse de él? Pero ella le había avisado del ataque de aquel arquero, y las lágrimas que veía sus ojos le decían que estaba sufriendo por él; no podía ser ella. Pensó en Thor, pero éste no sabía nada de pócimas ni narcóticos, ni de los habituales ni de ninguna otra clase.
Pero si Sigyn no había sido ni Thor tampoco, ¿quién les había aconsejado a aquellos mortales que utilizasen el único somnífero existente en los Nueve Reinos que podría tener efecto sobre él? ¿Quién más podría saberlo?
En ese momento, una voz masculina invisible, como surgida de ninguna parte, resonó en la sala del Helitransporte, sobresaltando a casi todos los presentes y resolviendo aquella incógnita que atormentaba a Loki:
–Pareces sorprendido, dios del engaño… No continúes preguntándote quién les ha ayudado a capturarte. Fui yo.
Acompañando aquella voz, Sigyn percibió una presencia invisible en la sala, o mejor dicho dos presencias, que hasta el momento se las habían arreglado para mantenerse ocultas a los ojos de todo el mundo. Eran dos personas que conocían lo suficiente sobre Loki y sobre magia como para haberse escondido de él, lo cual explicaba también por qué éste no había percibido a nadie antes en aquella sala cuando realizó el rastreo psíquico, antes de enviar a Tess. Fueran quienes fueran, debían haber confundido sus sentidos de alguna forma, encubriéndose no sólo a ellos mismos sino a todos los Vengadores.
Las dos presencias se materializaron casi simultáneamente. La primera, la más débil, una mujer que se apareció al lado de Sigyn; era de una belleza intemporal, casi inhumana, con el cabello platinado y los ojos celestes, del mismo color que su túnica.
La segunda era un hombre de poderosísima energía, casi comparable a la del propio Loki, que apareció enfrente de la campana de cristal que aprisionaba a Loki, observándolo mientras cruzaba los brazos con complacida satisfacción. Estaba vestido con un elegante traje azul que a Thor le recordó bastante a la ropa asgardiana, aunque era un tanto diferente. Su edad era difícil de calcular: algunas canas en sus sienes y su cuidada barba podrían hacer pensar en un hombre maduro, pero en su rostro no había ni una sola arruga. Sólo sus ojos, de un color gris acuoso, revelaban su verdadera edad. Eran unos ojos muy viejos, pero también muy profundos y de mirada penetrante. Una mirada que, al igual que la del propio Loki, podía ver lo que muy poca gente más podía.
Loki lo reconoció enseguida, pese no haberle visto jamás antes, y sus labios se retiraron en una agresiva mueca que dejaba ver sus dientes en un gesto similar al de un lobo que se ve apresado en un cepo.
–Strange… –siseó lleno de odio justo antes de desplomarse.
Inconsciente. Atrapado. Indefenso.
Derrotado, al final.
–*–*–*–*–*–
Tras tantos años de intentos y de planes fallidos, los Vengadores y el jefe del Servicio de Inteligencia que los comandaba, Nick Fury, habían conseguido lo que parecía imposible: tomar desprevenido y capturar a su enemigo más astuto y escurridizo, Loki, el dios del engaño. Pero para ello, habían resultado cruciales dos factores: el primero de ellos era que su objetivo se había descuidado fatalmente en sus precauciones, llevado por sus emociones y su obsesión por su mujer; y en segundo lugar, pero no menos importante, habían contado con la inestimable ayuda de alguien prácticamente tan poderoso e inteligente como el propio Loki, y ese alguien era el Doctor Stephen Strange.
Cuando Loki cayó inconsciente, Fury pulsó otro mando en el intercomunicador de su muñeca, y en pocos segundos el vapor blanco que parecía inundar la zona en la que se encontraba el primero fue aspirado por unos ventiladores muy potentes en el techo, despejando la zona y volviéndola respirable de nuevo. Después, cuando ya no quedó ni rastro de aquel humo, Fury dio otra orden a su intercomunicador, y la campana de cristal blindado que había separado a Loki del resto de los presentes se retiró, ascendiendo de nuevo hacia arriba.
–¡Papá! –exclamó Tess angustiada, y se lanzó llorando sobre el cuerpo inconsciente de Loki, intentando protegerlo.
Varios soldados de los que tanto Sigyn como Tess habían visto circular por el Helitransporte, todos con sus trajes de combate y armados hasta los dientes, entraron en la estancia y se dirigieron hacia ellos.
–¡Atrás! –gritó la muchacha, con los ojos llenos de lágrimas de rabia. En su mano derecha comenzó a surgir una luz verde grisácea– Si se acercan a mi padre, les mataré a todos, ¡lo juro!
Nick Fury intervino severamente, pero sus palabras no estaban dirigidas a Tess sino a Sigyn:
–Señora Black, controle a su hija o nos veremos obligados a encerrarla a ella también.
Ella no se movió enseguida, señal de que estaba indecisa. Como percibiéndolo, la mujer que había aparecido a su lado, que no era otra que Clea Strange, la tomó por el brazo amablemente:
–Haz lo que te dice –le susurró con suavidad–. Es la única manera en la que tu hija y tú podréis salir con bien de todo esto. Ya no puedes hacer nada por él.
Sigyn observó dubitativa a la mujer que había sido su mentora en las artes místicas durante más de dos años. Siempre había confiado en ella, pero ahora, por primera vez, le parecía estar viendo a una extraña de la que ya no se podía fiar. Y no obstante, Clea tenía razón en una cosa: ya no podía hacer nada por ayudar a Loki, aunque hubiese querido. La cuestión era: ¿realmente quería ayudarle? Porque era en Tess en quien tenía que pensar. Ella era lo primero.
–Vamos, cariño –avanzó hacia ella hablando calmadamente para tranquilizarla, como si en vez de una adolescente fuese una bomba de relojería capaz de estallar en cualquier momento–. Apártate y deja que estos hombres hagan su trabajo.
–¡No! –chilló ella con el rostro rojo por el sofocón y grandes goterones salados cayéndole por las pestañas.
–¡Maldita sea, Tess! ¡Aunque sólo sea por una vez en tu vida, obedéceme sin protestar! –ordenó Sigyn con un tono autoritario más propio de su marido que de ella. La chica pareció aturdida, pero al final cedió y se alejó de su padre para ir hacia ella. Al instante, los soldados se echaron encima del desmayado Loki con una voracidad que a Sigyn le recordó a los coyotes lanzándose sobre los despojos de una presa que había visto una vez en un documental del National Geographic. Levantaron el cuerpo inmóvil y lo ataron a una camilla con tantas y tan sólidas correas que casi no tenían nada que envidiar a las cadenas de la Mina Norn.
–Extremen las precauciones, muchachos –decía Fury mientras tanto–. Por muy inconsciente que esté, recuerden que las víboras pueden picar hasta dormidas.
Tess se abrazó a su madre, no podía dejar de llorar.
–¡Por favor mamá, no dejes que se lo lleven! ¿Por qué no haces nada para impedirlo?
Sigyn no supo qué contestar. Se limitó a devolverle el abrazo con fuerza, contemplando con un nudo en la garganta cómo inmovilizaban a su marido, aunque realmente no hacía falta, ya que estaba totalmente noqueado.
Sabía que debía sentirse aliviada, libre ahora que él las dejaría en paz para siempre, pero lo único que notaba era un terrible frío en su pecho, una sensación de angustia. ¿Qué sería de él ahora? Ni siquiera cuando más le odiaba había podido soportar que le ocurriera ningún mal, por eso se había quedado en la Mina Norn ayudándole cuando el veneno de la serpiente estaba torturando sus sentidos. Pero ahora ya no podía ayudarle.
Otros soldados acudieron a atender a Natasha Romanoff y a Tony Stark, subiéndolos en camilla para llevárselos a la enfermería, aunque el estado de ninguno de ellos revestía demasiada gravedad, y el segundo insistió en que estaba perfectamente y no quería irse ni perderse nada. Por tanto, fue sólo a Natasha a quien se llevaron, acompañada por Clint Barton, el cual parecía visiblemente preocupado por ella.
–¿Pero alguien me puede explicar qué demonios está pasando aquí? –estalló Thor, visiblemente enfadado– No sé qué enrevesado plan habéis estado tramando ni durante cuánto tiempo, pero me parece indignante que nadie me haya dicho ni una palabra, teniendo en cuenta que afecta a mi familia. No me lo esperaba de vosotros, se supone que sois mis amigos –Como subrayando sus palabras, afuera del Helitransporte se oyó retumbar violentamente el cielo, y era improbable que se tratara de una casualidad.
–No te enojes, dios del trueno –dijo amigablemente Clea Strange, aún rodeando con el brazo a Sigyn–, si no te contamos nada fue para impedir que tu comprensible amor por tu hermano te llevase a hacer algo que estropeara el plan.
–Fui yo quien pidió que se te dejara fuera de esto –intervino su marido–, no deseaba ponerte en una situación comprometida, hacerte elegir entre tu familia y tus amigos. Pero ahora que todo ha acabado, con mucho gusto explicaré lo que deseas saber.
Algo más calmado por las palabras de la pareja, Thor se sentó, y al igual que el resto de los Vengadores, escuchó a Strange relatar cómo había tenido lugar una conspiración que había comenzado desde mucho antes de lo que todos hubieran pensado:
–Normalmente no me gusta intervenir de forma activa en este tipo de asuntos –comenzó–, yo sólo soy un mero asesor. Pero si no lo hubiese hecho, nunca habríamos podido atrapar a Loki. Después de todo, es un dios, y el más astuto de todos.
–No tan astuto, cuando se refiere a esa mujer –apostilló Fury, señalando a Sigyn. En respuesta, ella lo fulminó con la mirada.
–Lo sé, por eso diseñamos el plan en torno a usted, Sigyn –continuó Strange, dirigiéndose a la asgardiana–. Cuando el general Fury descubrió quién era usted y que se estaba escondiendo en la Tierra, me consultó cómo podríamos aprovechar eso para obtener ventaja sobre nuestro adversario. Usted era su única debilidad, el único motivo por el que él perdería la cabeza y empezaría a cometer errores. Habría sido ideal que usted hubiese colaborado voluntariamente con nosotros, pero tras enviar a Clea para que la tanteara, me di cuenta de que no sería posible.
Atónita y herida, Sigyn se separó de Clea, soltándose de su abrazo. Ahora entendía por qué Clea siempre le hacía tantas preguntas sobre lo que aún sentía por su marido. Invariablemente ella le contestaba que ya no sentía nada por él, pero ahora veía que nunca había llegado a convencer a Clea. Tal vez porque insistía demasiado en ello.
–¿Eso es verdad? ¿Por eso me buscaste? ¿Y por eso te mostraste tan amable y dispuesta a ayudarme a aprender magia?
–Al principio sí –admitió la bella hechicera–. Pero realmente te tomé aprecio. Has pasado por mucho, querida. Y me preocupa que tu amor por un hombre tan oscuro acabe apoderándose de tu luz.
–¡He dicho mil veces que yo ya no le quiero! –exclamó ella, enfurecida. Clea hizo rodar sus ojos, demostrando que, por mucho que lo repitiera, nunca la creería.
–En cualquier caso, él sí la quiere a usted –volvió a tomar la palabra Strange, haciéndola bajar los ojos y morderse los labios–. De hecho, estaba totalmente obsesionado con usted.
–¿Y cómo sabe eso? –preguntó Thor– Durante todos nuestros encuentros, mi hermano sólo la mencionó una vez, y como de pasada. Nunca pareció acordarse de ella –Strange sonrió.
–No es él el único mago competente del Universo. A menudo realizo viajes astrales a muchos lugares del universo, especialmente donde percibo energías extraterrenas que puedan resultar una amenaza a la Tierra, y la de tu hermano es una de las más poderosas, así que lo vigilaba en secreto, sin que él se enterara. Pero la energía de él tiene algo que no he visto en las de otros seres malvados que se complacen en la destrucción y en la violencia. Está llena de oscuridad, de ambición y de odio… pero a la vez también veía tristeza, soledad, dolor; aunque los mantenía ocultos, y bastante eficazmente por cierto… Pero a mí no se me puede engañar. Mi vista puede alcanzar los secretos más íntimos de cualquier corazón, y el de Loki era un corazón que sangraba por el amor perdido.
Thor, y todos los que habían quedado en pie en aquella sala, observaron a Sigyn admirados, casi sin poder creer que aquella menuda y discreta mujer fuese capaz de inspirar unos sentimientos tan fuertes en alguien a quien siempre habían creído prácticamente incapaz de sentir nada. Ella se limitó a bajar la cabeza, incómoda, y Strange continuó su relato:
–Como iba diciendo, él estaba obsesionado con usted Sigyn, pero no la buscaba porque creía que estaba muerta, así que teníamos que sacarle de su error para tentarle a retomar el contacto con usted. Lo malo era que había que hacerlo de forma sutil para que no sospechara que nosotros estábamos detrás de todo. Yo le enviaba ciertos sueños, para que reflexionase un poco y se diese cuenta de que había gato encerrado en su supuesta "muerte"… pero no fue suficiente. Supongo que se interponían sus sentimientos de culpabilidad.
–¿Culpabilidad? –exclamó Tony Stark, incrédulo–. No puedo creer que ese tío sienta nada parecido al remordimiento.
–En cierto modo tiene razón, pero sí, en ciertos aspectos sí que puede sentirlo. No se imagina el caos que hay en la mente de ese hombre, Stark. El caso es que los sueños no daban resultado, y estaba empezando a pensar otro sistema para decírselo sin hacerle sospechar; pero afortunadamente Hela nos ahorró el trabajo. Y el resto, ya lo sabéis. Como calculaba, en cuanto supo que estaba viva él perdió la cabeza, vino aquí y empezó a descuidarse y a cometer errores cada vez más graves.
Sigyn sacudió la cabeza, todo aquello le superaba. Tanto trabajo que había puesto ella en construirse una vida, oculta de Loki; cuando ellos estaban intentando dejarla al descubierto, sólo para cazarle a él. Desde el principio, Tess y ella nunca habían dejado de ser un cebo. Carnaza para tiburones.
–Le felicito, Strange… –su voz salió trémula por la ira reprimida–, un plan perfecto.
–Oh, nada de perfecto. Lo de que él se enterase de su existencia fue una mera casualidad, ya se lo dije. Y pese a todo, nos engañó, como siempre. Apareció en esa fiesta de beneficencia justo cuando estábamos desprevenidos y no había nadie para detenerle y después pareció desvanecerse en el aire, sin que pudiéramos sospechar que aún seguía ahí, con esa forma de mujer.
–Es algo que yo habría podido deciros si me hubierais informado –gruñó Thor, un tanto molesto.
–Sí, a veces el excesivo afán de secretos tiene esas cosas, ¿verdad, director Fury? –Strange rió levemente, y el aludido esbozó una mueca de contrariedad– Ya te he explicado por qué te ocultamos nuestro plan. Pero aun así, entre una cosa y otra, todo ha estado a punto de estropearse. Loki nos tomó el pelo con esa forma de mujer, Sigyn intentó huir obligándonos a detenerla y después escapó cuando no tenía que haberlo hecho y Loki neutralizó fácilmente a Barton. Por fortuna, siempre teníamos el Plan B: el gas de amapola de las brumas.
–Así que por eso la prisa de Fury en encargarme el diseño de esa trampa de la campana de cristal con el gas nervioso aquí en el Helitransporte –comentó Tony Stark–. Thor tiene razón: podríais habernos dicho algo de todo esto.
–Cuanta más gente lo supiera, más posibilidades había de que hubiera fugas de información y el plan se viera comprometido, especialmente teniendo en cuenta que nuestro blanco era capaz de leer las mentes –replicó el general–. Dejen de lloriquear por su orgullo herido y céntrense en lo importante: hemos logrado nuestro objetivo. Nuestro terrorista ha sido capturado.
Sigyn sintió que Clea volvía a rodearla con el brazo, seguramente para confortarla, pero se desasió llena de rabia.
–No me toques –siseó. Sus ojos y su voz estaban llenos de odio–. Me habéis utilizado. Os dije claramente que no quería verme metida en esto, pero a vosotros no os importó. Sólo os interesa saliros con la vuestra.
–Pero es que usted ya estaba metida en esto, señora Black –le espetó Nick Fury–, lo ha estado hasta el cuello, desde el mismo momento en que le dio el "sí quiero" a ese criminal.
Sigyn se sintió herida. Cuando se casó con Loki no tenía elección, ni tampoco sabía que él era un criminal… aunque, ¿habría cambiado algo si las circunstancias hubieran sido distintas? Intentaba convencerse de que sí.
–No lo vea así ni se torture, piense que ya ha pasado lo peor –comentó Coulson–. Todo ha acabado. Su hija y usted son libres.
–Libres… –repitió ella con voz casi inaudible.
–Sí, pueden retomar su vida normal –añadió Stark–. Por supuesto usted puede continuar trabajando en la Fundación Stark si lo desea. Y le daremos un generoso aumento, desde luego.
–¿Un aumento? –repitió ella con un hilo de voz, como si estuviese tan indignada que se estuviese conteniendo para no ponerse a gritar– ¿Y eso qué es, mi precio por haber servido de cebo? No quiero su maldito aumento, ni tampoco el puesto en la Fundación. Por mí, puede metérselos donde le quepan.
Sin esperar respuesta, se volvió a darle la espalda y salió con toda la dignidad que podía… aunque era una altivez totalmente fingida. Pero antes, se detuvo junto a Thor y le fulminó con la mirada al igual que a Stark.
–En cuanto a ti, Thor… deberías avergonzarte. Lo llamáis a él tramposo, pero vosotros no sois mucho mejores que él.
–Ya has visto que yo no sabía nada… –intentó justificarse el dios del trueno, pero fue en vano.
–¿Y si lo hubieras sabido, lo habrías impedido? –atacó ella, haciéndole bajar la mirada– Estás del lado de una gente que ha tendido una trampa a tu hermano, manipulando sus sentimientos y utilizándonos a nosotras como cebo. ¿Son éstos tus amigos?
–Lo han hecho por el bien de la Tierra… –murmuró él, aunque, no sabía por qué, dicho en voz alta sonaba mucho más artificial que como había sonado siempre en su cabeza–. Sigyn, yo…
–No, no quiero más excusas ni explicaciones –lo interrumpió ella. Se dirigió hacia Tess, quien lo había observado todo casi sin ser capaz de reaccionar, y la abrazó de nuevo–. No quiero saber nada más de todo esto. Sólo quiero volver a casa con mi hija.
–Mamá… –la chica se apretó contra ella como cuando era más pequeña; su voz estaba temblorosa y cercana de nuevo a las lágrimas–, ¿qué va a pasar ahora con papá?
Sigyn estrechó el abrazo. También ella sentía ganas de llorar.
–No lo sé, cariño. Y no… –se interrumpió antes de decir "y no me importa", porque sonaba muy cruel para decírselo a su hija. Y además, era mentira.
–*–*–*–*–*–
No pudieron regresar a casa aquella noche como Sigyn habría deseado: aquello habría sido demasiado fácil, y parecía que aquel día todo se conjuraba para no ponerle las cosas ni un poco fáciles. El tiempo estaba demasiado revuelto y amenazaba tormenta, y aunque la enorme estructura del Helitransporte apenas parecía inmutarse ante las turbulencias, era arriesgado hacer volar un helicóptero en aquellas circunstancias. Les gustara o no, tendrían que pasar la noche allí. Sigyn suspiró ante aquello, pero ya no se quejó. Se sentía demasiado cansada y abatida para protestar ante nada.
Las habían alojado a Tess y a ella en uno de los cuartos de la zona de descanso, en el Área 3 del Helitransporte. El cuarto era pequeño e impersonal pero estaba limpio y no daba sensación de agobio. Y tenía dos literas, supuestamente era para que los soldados descansaran allí entre guardia y guardia. Natasha Romanoff le había prestado a Sigyn un pantalón deportivo y una sudadera suyas para que las usara como ropa de dormir; y tras mucho insistir, ella había conseguido convencer a Tess de que se comiera un sándwich, pero ella misma no había podido probar bocado. La angustia le había cerrado el estómago y no le entraba absolutamente nada.
La luz de la lámpara halógena de la habitación se apagó un momento, para después volver a encenderse a trompicones. Sigyn no sabía si era por la tormenta o porque, pese a que ella hubiera reestablecido el flujo eléctrico, en el sistema central habían quedado daños residuales. Si se trataba de lo segundo, arreglarlo del todo les costaría decenas de miles de dólares, pensó. Que se fastidien, añadió con una sonrisa maliciosa.
Tess se había quedado dormida en su regazo, agotada por tantas emociones y los acontecimientos de aquel largo e intenso día. Sigyn le acarició el cabello con suavidad para no despertarla. Lamentaba profundamente que tuviera que pasar por aquella situación: ver detener a su padre como un criminal –como el criminal que era–, había supuesto un duro golpe para la muchacha. En sus mejillas aún quedaban restos de lágrimas que se estaban secando, todavía lloraba cuando se durmió. No entendía cómo ella había podido permitir que le hicieran aquello a su padre. ¿Pero cómo podía explicárselo? Ya no se trataba de lo que hubiese ocurrido entre Loki y ella, tenía que pensar en su hija. Porque si ella no hubiese estado allí, Sigyn habría… ¿qué? ¿Qué habría hecho? ¿Enfrentarse a la fuerza a varios de los superhéroes más poderosos de la Tierra y a dos magos consumados, sin contar con todos los soldados de aquella nave, para salvar a un hombre que la había engañado múltiples veces y al que tenía todas las razones del mundo para odiar? Era absurdo.
Pero eso era lo que había hecho él, había desafiado a todos aquellos peligros para rescatarla de allí y lo habían capturado. Y todo aquello había sido… ¿por ella? ¿De verdad era ella la debilidad de su marido como decía Nick Fury, de verdad él la amaba sinceramente como había afirmado el Doctor Strange? No podía, no quería creerlo. Porque cuando se permitía creerlo un poquito, cuando se concedía a sí misma la menor esperanza sobre el tema, se descubría volviendo a sentir de nuevo aquellas maravillosas aunque terribles sensaciones que Loki le provocaba en su juventud, cuando se enamoró de él… y, lo peor de todo, se descubría deseando regresar con él, perdonarle. Algo que jamás podría hacer.
Aquellos quince años no le habían servido para nada. Daba igual lo fuerte que fingiera ser, o que deseara ser, era igual de débil y tonta que en aquel entonces. Seguramente era la mujer más tonta del universo… porque, por las barbas de Odín, ¿cómo no se había dado cuenta en ningún momento de aquella semana de que aquella Sif no era realmente Sif? Desde el principio todas las señales habían estado allí y ella no había sabido ver a través de ellas. La forma en la que aquella Sif defendía a Loki, sus alusiones a que tal vez debería darle otra oportunidad, su casi excesivo interés en Tess… ella les había atribuido casi todas las explicaciones posibles, salvo la correcta.
Hubiera debido imaginar que, entre tantísimos otros poderes, Loki poseía también el de cambiar de forma, pero en lugar de eso, ella, con todo el candor del mundo –toda la estupidez del mundo–, había aceptado su identidad de Sif y todas sus inconsistentes explicaciones y lo había metido en su casa. Demonios, lo había metido en su cama. Durante una semana entera había estado durmiendo con él y ni se había enterado. Sí, se había sentido a ratos inquieta, y a ratos emocionada, pero siempre pensó que aquello se debía a que él andaba cerca… sin sospechar siquiera lo cerca que estaba. Ni siquiera había sospechado nada cuando él la besó la noche anterior, había que ser imbécil.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos golpecitos en la puerta:
–¿Sigyn? –la voz masculina atrajo su atención– ¿Sigues enfadada?
Thor estaba en el quicio de la puerta como esperando que le dieran permiso para entrar, como si temiera que ella se pusiera a chillar si la asustaba. A su pesar, no pudo evitar sonreír. Era curioso: tan impetuoso que había sido en su juventud, creyéndose con derecho a tener a todo el mundo a sus pies, y ahora era un hombre de lo más considerado, casi humilde para tratarse de un príncipe asgardiano. Había cambiado mucho, ¿significaba eso que todo el mundo era capaz de cambiar? ¿Incluso Loki?
–Hola, Thor. No, pasa –dijo muy bajito, y se llevó un dedo a los labios señalando a Tess con la mirada para que él se diera cuenta de que dormía. Él comprendió, y durante el resto del tiempo hablaron en susurros.
–Escucha, siento lo de antes. Si hubiera sabido lo que Fury y Strange se traían entre manos, las cosas habrían sido muy diferentes –aseguró–. Vosotras no deberíais haber estado metidas en esto. Yo nunca habría permitido que corrierais peligro si hubiese podido evitarlo.
–Lo sé… –suspiró ella–. En realidad soy yo quien lo siente. Estaba muy nerviosa. Sé que tú no has tenido la culpa de nada –admitió a su pesar.
El dios del trueno asintió, contento de aclarar las cosas –al parecer con su cuñada era más fácil que con su hermano– y se sentó a su lado en la litera. Le costó, porque era una litera pequeña incluso para los mortales, pero él lo resolvió inclinando la espalda hacia delante.
–¿Cómo estás? ¿Y Tess?
–Bien, las dos bien. Un poco cansadas, nada más. En realidad… muy cansadas –se corrigió–, pero nada que no se pueda arreglar con unas buenas vacaciones.
–¿Seguro que quieres una sola habitación? Quiero decir, esto es enorme… –Thor abarcó el aire con un gesto para subrayar sus palabras–, supongo que no tendrían problemas en daros un cuarto para cada una.
Sigyn sacudió la cabeza.
–No, estamos bien. Yo… no quiero separarme de mi hija. Ni aunque esté en la habitación de al lado.
–Comprendo –dirigió una cariñosa mirada a Tess–. Es muy guapa. Se parece un montón a…
–…A Narvi, ya lo sé.
Thor vio una sombra en sus ojos y enseguida se corrigió, disgustado:
–Lo siento, no quería traerte recuerdos tristes. En realidad, iba a decir que se parece a Loki cuando era un adolescente. Era un chico alegre, aunque callado. Normalmente era tranquilo, pero de vez en cuando se ponía a gastar bromas, supongo que para llamar la atención. Algunas no tenían gracia, pero aun así se hacía querer.
La luz volvió a oscilar y ambos cuñados miraron un momento el tubo fluorescente, que titilaba como una vela a punto de apagarse; pero enseguida se restableció de nuevo.
–No entiendo por qué se siente así respecto a mí –dijo él–. Admito que yo era bastante… atolondrado de joven, y que muchas veces avasallaba a todo el mundo sin darme cuenta. Pero nunca lo hice con mala intención, tienes que creerme, y desde luego jamás sospeché que Loki se sentía tan mal –añadió, aludiendo a lo que éste le había escupido durante su enfrentamiento–. Sí, a veces le mandaba a callar o le ordenaba cosas, pero nunca le traté con desprecio. Para mí no era un lacayo, sino mi hermano pequeño. Todos los hermanos mayores mangonean alguna vez a los pequeños, ¿verdad?
–Sí, pero tal vez eso fuera la gota que colmó el vaso de un chico solitario que sentía que no encajaba en aquel mundo –se le escapó severamente a ella, haciendo aparecer una débil expresión de dolor en los ojos de su cuñado.
–Es posible. ¿Crees que no sé que la culpa de que Loki sea así es principalmente mía? Por mi egoísmo, por mi ceguera al no haber sabido ver su dolor, al igual que no supe ver el tuyo. Llevo años intentando disculparme con él, pero… no quiere escucharme.
Sigyn se arrepintió al instante de haberle hablado con tanta dureza. Loki era el criminal que había sembrado el caos por donde pasaba, y sin embargo era Thor el que deseaba disculparse; indudablemente era una de las mejores personas que hubiera conocido. Pero, con todo, ella no podía librarse de aquella idea soterrada de que eran su perfección y el amor y la admiración que inspiraba a todo el mundo los que habían hecho que Loki enloqueciera de envidia. Aun así Thor estaba siendo muy paciente tanto con él como con ella, aguantando que ella le escupiera su dolor de esposa cada vez que tenía oportunidad, y eso la hacía sentirse avergonzada:
–No, no es verdad; tú no tienes la culpa de nada –repitió–. Lo siento… de nuevo. Os agradezco vuestra ayuda y que nos hayáis salvado y dado refugio, después de todo lo que ha pasado. Que yo me haya estado escondiendo, que me negara a colaborar… Si no llega a ser por vosotros, él se habría salido con la suya.
Esta vez fue Thor el que se encogió de hombros.
–En realidad no tienes por qué disculparte. Comprendo tus razones para hacer lo que hiciste. Es normal que ahora desconfíes de todo el mundo.
Ella sonrió con sarcasmo dirigido hacia sí misma.
–He sido tan estúpida. Y yo que pensaba que podía anticiparme a todos sus movimientos y sus trucos…
–Eso es imposible –replicó su cuñado casi burlón–. Nadie puede, es el dios del engaño. No seas tan dura contigo misma.
–Me creía tan lista intentando engañarle, ¡a él! Creyendo que podría huir de él. Haciéndome ilusiones de que podría empezar una nueva vida. No debí intentar algo tan descabellado.
–Nadie te culpa por huir, Sigyn. Loki te trataba espantosamente, y ninguno de nosotros hizo nada para impedírselo, por lo que en parte es culpa nuestra también. Tenías todo el derecho del mundo a huir.
–Salvo que no creo que sirva de nada. Ni eso, ni la protección que podáis darme… nada.
–¿Qué quieres decir?
Ella acarició de nuevo la suave frente de Tess, que respiraba acompasadamente.
–¿Qué ocurrirá ahora? Quiero decir, qué pasará con él.
–Creo que lo han confinado en una celda de máxima seguridad –repuso Thor.
–¿Le dejaréis encerrado en un agujero para que se pudra? –el dios del trueno creyó detectar un tono herido en las palabras de su cuñada.
–No, al menos no es mi intención. Sigue siendo un Odinson. Cuando encontremos una manera segura de hacerlo, lo trasladaremos a Asgard para ser juzgado allí como le corresponde.
–Por tu padre.
–Así es.
–Le condenará a muerte.
Thor pareció escandalizado.
–¡Claro que no! Te lo repito, es de la familia –dijo, aunque en su mente volvió a formarse el recuerdo de aquella conversación entre ellos dos en la fiesta posterior a su proclamación como Campeón de Asgard:
"¡No está muerto, padre!"
"A veces, desearía que lo estuviera"
–Pero aun así será condenado. Pudrirse en un agujero aquí en Midgard o hacerlo en Asgard, qué importa.
–Sus crímenes han sido muy graves. Y no me refiero sólo a Balder, o a conspirar para traicionarnos. También hablo de lo que ha estado haciendo aquí.
Sigyn agachó la cabeza.
–Lo sé.
–Yo sería el primero al que le gustaría que lo indultaran, pero por justicia tiene que responder por lo que ha hecho. Además, para merecer un indulto como mínimo debería arrepentirse, y dudo que él se arrepienta de nada.
–Lo sé –repitió ella.
–Salvo de lo que te ha hecho a ti.
Esta vez Sigyn no respondió, recordando las palabras de Strange sobre que el corazón de Loki sangraba por haberla perdido. Thor aprovechó su silencio para preguntar:
–¿Tú querrías que fuera indultado?
La mujer contempló el vacío durante unos instantes, mirando sin ver.
–Nunca he soportado verle sufrir. Soy tan idiota...
–No –Thor sacudió la cabeza–. Sólo le quieres, al igual que yo.
Ella iba a protestar de nuevo, pero renunció. No la creería, de todas formas.
–Aunque él no haya hecho nada para ganárselo –dijo, en cambio.
El dios del trueno se encogió de hombros.
–Muchas veces no se quiere a la gente porque se lo merezcan o no. Se la quiere y punto.
Ella lo observó con una ligera sonrisa.
–Loki dirá lo que quiera, pero en el fondo eres realmente sabio.
–Será que me estoy haciendo viejo.
Sigyn se echó a reír, pero en ese momento las luces volvieron a titilar, esta vez con más fuerza, subiendo y bajando de intensidad como si realmente el sistema estuviera a punto de fallar.
–Pero qué demonios está pasando… –murmuró ella, y se incorporó de la litera. Aunque lo hizo delicadamente, no pudo evitar que Tess se despertara. La muchacha se sentó sobre el jergón, restregándose los ojos adormilada, en un gesto que le hacía parecer de cinco años otra vez, en lugar de los casi quince que tenía.
–¿Qué pasa, mamá?
–Nada. Túmbate y sigue durmiendo –dijo Sigyn, pero obviamente Tess no la obedeció. Enseguida se dio cuenta de que Thor estaba sentado en la otra punta de la litera, que en comparación con su enorme tamaño parecía aún más pequeña. El dios del trueno le ofreció una sonrisa que intentaba inspirar confianza, pero que no obtuvo el efecto deseado.
–¿Qué hace usted aquí? –preguntó, empezando a sonar agresiva– Usted ayudó a los que han capturado a mi padre –lo atacó, haciendo sentirse a Thor un poco incómodo.
–En realidad Tess, yo sólo quiero ayudarle…
–Silencio –los acalló Sigyn, observando que el tubo luminiscente que iluminaba la habitación volvía a centellear entrecortadamente, como si la energía fuera y viniera a trompicones. Un extraño presentimiento empezó a apoderarse de ella: tanta oscilación eléctrica no era nada tranquilizadora. Aquello no se debía a la tormenta, como había pensado en un principio. Si aquello hubiese sido sólo por la tormenta, lo normal era que a aquellas oscilaciones le hubiesen acabado siguiendo otro apagón. Pero aquellas continuas subidas y bajadas de tensión… parecía como si estuviesen forzando el sistema–. Thor, ¿adónde han llevado a Loki?
Él pareció confuso. Cuando antes habían capturado a Loki, él había querido acompañarlo a la celda donde lo habían encerrado para estar con él cuando despertara, pero en lugar de eso Nick Fury lo había convencido de que su hermano iba a estar inconsciente mucho tiempo y que en lugar de eso sería mejor que fuera a ver cómo estaban su cuñada y su sobrina.
–Creo que al Área 2, a las salas de detención.
Un área muy cercana a aquélla en la cual se encontraban, y que seguramente sufría de las mismas oscilaciones eléctricas. ¿Pero por qué razón? ¿Podría ser por…?
De inmediato Sigyn abrió la puerta y se precipitó fuera de la habitación. Tess saltó de la litera y echó a correr detrás de ella, y Thor las siguió. No creía que fuera verdad lo que ellas estaban pensando… pero ahora compartía, en cierto modo, el terrible presentimiento de Sigyn.
A medida que caminaban apresuradamente por los pasillos, se iban encontrando con más soldados que sin embargo no les ponían problemas en continuar. Capturado ya el terrorista que buscaban, Sigyn había vuelto a ser lo que era antes: una civil más que no revestía mayor peligro. Habían preferido silenciar el hecho de que había sido ella quien había provocado el caos energético de unas horas antes.
Cuando, tras unos minutos, llegaron al Área 2, todo parecía vacío salvo un par de guardias que hacían la ronda. Sigyn examinó la habitación donde la habían estado interrogando aquella tarde, tan desierta como el resto. La iluminación en los pasillos era mortecina, aunque seguían viendo ocasionales oscilaciones en la energía. Durante unos segundos la luz parecía ser más brillante, y al momento se apagaba, para volver de nuevo a su baja intensidad habitual. Sigyn no se dio por vencida. Hasta que no lo viera con sus propios ojos y descartara la espantosa idea que estaba pasándole por la mente, no se iría de allí.
Al final, en la sala más alejada del último pasillo, el más oculto a la vista, divisaron señales de vida. Allí la luz era constante, indicando que había gente dentro. Hacia allí se dirigieron, y mientras llegaban también les dio tiempo a escuchar voces e incluso un zumbido bastante extraño, como de un transformador eléctrico gigante encendiéndose y apagándose.
Olvidando cualquier norma de cortesía, Sigyn abrió de un golpe y sin llamar, como intentando pillarles in fraganti en lo que fuera que estuvieran haciendo. Pero aunque hubiera llamado a la puerta, era imposible que pudieran esconder aquello.
La habitación, más grande de lo que parecía, era doble y estaba separada por lo que parecía otro cristal blindado similar al primero que habían utilizado para crear la "ratonera" que había ayudado a capturar al dios del engaño, aunque en ella había una pequeña puerta para pasar de una zona a otra. En la zona donde habían llegado ellos, la más externa, estaban Tony Stark, Nick Fury, el agente Coulson, el doctor Strange y la mujer de éste; el primero estaba sentado frente a un gigantesco panel de control, con un montón de mandos de los cuales ni él mismo podía saber la función de la mitad de ellos, de tantos como había. A Sigyn todo aquello le recordaba absurdamente a un estudio de grabación.
En la otra zona, aquélla que estaba separada por el cristal, estaba Loki. Y la posición en la que estaba llenó de horror a Sigyn, a Tess e incluso al propio Thor, que durante su larga vida había visto prácticamente de todo.
–Pero… –murmuró el dios del trueno terriblemente impresionado– ¿Pero qué está pasando aquí?
Como últimamente actualizo con menos regularidad debido al trabajo, para las que no tengáis cuenta en ffnet y por tanto el servicio de alertas, podéis agregarme como amiga en facebook (Valdemar Poe), ahí suelo avisar cada vez que actualizo, al igual que en mi tumblr (Mischievousvaldreamer). También encontraréis arts míos (y de otras lectoras) del fanfic y de Loki en general.
El diálogo entre Thor y Sigyn, al menos una parte de él… sí, lo adivináis: lo saqué de otro de los cómics de Saku-Zelda, que podéis ver en mi perfil.
