–24–

En la zona tras el cristal de aquella sala de detención casi oculta, el cuerpo del dios del engaño estaba suspendido de un extraño mecanismo circular en forma de gigantesco anillo. Estaba desnudo de cintura para arriba y cuatro sujeciones de metal que refulgían bajo la fría luz de las lámparas halógenas aprisionaban sus manos y pies manteniéndolos en forma de X e inmovilizándolos por completo. Una banda también metálica ceñía su frente, perlada por el sudor, y se conectaba con el resto del dispositivo por unos cables transparentes hechos de fibra óptica, que se iluminaban ligeramente de vez en cuando.

Loki respiraba pesadamente, exhausto. Estaba pálido, más aún que de costumbre, y sus ojos se veían vidriosos, revelando que se encontraba en un estado de semiinconsciencia y al límite de su resistencia física.

–¿Qué significa esto? –repitió Thor, estupefacto. Nick Fury pareció incómodo.

–Habría preferido que no tuvieras que verlo –comentó, y miró contrariado hacia Tess y Sigyn, que también contemplaban la escena sin que el estupor las dejara reaccionar–. Y que tampoco lo vieran ellas. Se suponía que debías entretenerlas.

–¿Era a ellas o a mí a quien queríais tener entretenido? Tony, ¿me vas a explicar qué le estáis haciendo a mi hermano? –insistió Thor, empezando a sonar agresivo. El dios del trueno tenía un aspecto bastante impresionante cuando se enfadaba, pero había pocas cosas que impresionaran a alguien como Tony Stark.

–Un interrogatorio de rutina –repuso sin inmutarse–. Antes de que te cabrees, déjame decirte que todo esto se ve más aparatoso de lo que es. Lo que estás viendo es un dispositivo de mi invención, especialmente creado para contener mutantes psiónicos peligrosos. Tecnología punta de Stark Industries.

–¿Psiónicos? –se extrañó Thor, que nunca había oído esa palabra. Coulson se lo aclaró enseguida:

–Con poderes psíquicos.

–Exacto –asintió Tony–. Es la única manera de que tu "querido" hermano no se nos escape. Este aparatito capta las ondas de energía psiónica generadas por él y las transmite en forma de impulsos electrónicos a los cierres de seguridad de esos cepos de adamantium que sujetan sus extremidades, por lo cual, cuanto más intenta utilizar sus poderes para liberarse, más fuertes se vuelven sus ligaduras. No puede utilizar su telequinesis para romperlas, ni teletransportarse, ni nada.

–Y… –Thor hablaba débilmente, aún estaba anonadado– ¿y qué hay de esas cosas que tiene pegadas al pecho y a la cabeza? –señaló la banda en su frente y los electrodos colocados en su pecho desnudo.

–Oh, eso. Son para registrar su actividad cerebral y sus constantes vitales –le señaló unas pantallas donde se mostraba una línea que oscilaba de forma rítmica y constante, y unos numeritos al lado de un corazón–. Es que además le hemos conectado a un polígrafo.

De nuevo Thor no tenía ni idea de lo que estaban hablando, así que volvió los ojos a Coulson para que se lo tradujera:

–Un detector de mentiras.

–¿Y por qué está así? –preguntó Sigyn, angustiada.

–Es que se trata de un detector de mentiras un tanto "particular" –respondió Nick Fury. Aunque intentaba mantener la compostura, le costaba contener la satisfacción–. Si el sujeto nos miente o se niega a cooperar, recibe un ligero… escarmiento.

–¿Cómo que un escarmiento? ¿Qué quiere decir con…?

En ese momento Loki se movió un poco y gimió, al parecer había salido de su estado de semiinconsciencia. Sus ojos se aclararon y se clavaron llenos de odio en los presentes.

–¿Puede vernos? –preguntó Thor.

–No. Esto es un cristal polarizado de doble fondo, aunque especialmente blindado. Todo lo que él puede ver es un vidrio oscuro –explicó Coulson–. Nos comunicamos mediante esto –añadió, señalando un interfono.

–Basta de interrupciones. No tenemos tiempo –El doctor Strange apretó el botón del mismo, reabriendo el canal de sonido–. Bien Loki, volvamos a empezar desde el principio, a ver si esta vez estás más receptivo. ¿Cuánto tiempo le queda a la Tierra?

Tanto Thor como las dos mujeres se quedaron mudos y conteniendo la respiración por la sorpresa. Loki respondió consternado:

–¿Cuántas veces queréis que os lo diga? ¡No sé de qué me estáis hablando! ¿Por qué creéis que yo estoy detrás de eso? ¿Por qué siempre que ocurre algo extraño en vuestro patético planeta pensáis que ha sido por culpa mía? –en sus palabras había un genuino tono ofendido y cansado.

–Porque la mayor parte de las veces es verdad –repuso tranquilamente Fury.

–¡Pero es absurdo! ¿Cómo podría hacer yo algo así?

–Eso es lo que queremos que nos digas.

–¿No os dais cuenta de que es imposible? ¡Esta vez no tengo nada que ver, lo juro! Por favor, basta… no lo soporto más… –susurró, al borde del desmayo. Sigyn sintió que se le estrujaba el corazón de la angustia.

Stark se volvió hacia Fury y Strange, se veía confuso.

–Parece que esta vez dice la verdad.

Pero Strange sacudió la cabeza.

–Miente.

–Oiga "Doctor Rarito", este polígrafo lo diseñé yo, y es uno de los aparatitos más sensibles que he hecho. Y la señal del electroencefalograma sale totalmente limpia –añadió, indicando una pantalla de la extensa consola de mandos. La línea que se veía en ella oscilaba de arriba abajo de forma casi constante, sin el menor salto brusco–. Así que, por mucho que me fastidie, debemos empezar a pensar en la posibilidad de que, por una vez y sin que sirva de precedente, esté diciendo la verdad.

El Doctor Strange respondió con una sonrisa condescendiente.

–Señor Stark, no dudo de la eficacia de sus aparatos electrónicos, pero no nos las vemos con uno de sus criminales comunes, sino con el auténtico dios del engaño. Las mentiras son su especialidad. Mírelo –lo señaló con un gesto de su cabeza–: sus ojos cansados, su expresión macilenta, esa palidez y ese sudor que hacen pensar en un gran sufrimiento… no son más que pruebas de una actuación impecable. ¿Y cree que no puede engañar a su aparato?

Se acercó al cristal para observar a Loki más de cerca, con actitud satisfecha por ser el único que no se dejaba engañar.

–Pero el aura nunca miente.

–¿El aura? –repitió Fury, curioso.

–Así es. Es una manifestación visible del alma y de los sentimientos, aunque sólo ojos entrenados pueden verla –explicó Clea–. Eso es algo que ni siquiera el dios del engaño puede disfrazar.

–Fue así como me di cuenta de que, bajo toda su impasibilidad, aún seguía enamorado de usted, Sigyn –añadió el propio Strange. La aludida no contestó, sólo miraba hacia el cristal con un nudo en la garganta y los ojos empañados en lágrimas.

–¿Y qué ve ahora mismo en su aura? –preguntó Thor. Strange contempló a Loki durante unos segundos más antes de afirmar:

–Que se está riendo de nosotros.

–Será cabrón… –murmuró Stark furioso–. Se va a enterar –alargó la mano hacia una pequeña palanca que había en el panel de mandos. Aquella palanca estaba acompañada por una señal de luz que se iluminaba aumentando gradualmente de intensidad a medida que la palanca se levantaba. El empresario alzó la palanca sólo hasta su altura media–. Toma electricidad, cretino.

De nuevo se oyó aquel sonido como de una enorme máquina poniéndose en marcha, y las luces volvieron a oscilar. Unas ráfagas eléctricas azuladas recorrieron de arriba abajo aquella gigantesca trampa, e inmediatamente el rostro de Loki se contrajo de dolor. Apretó los dientes con el cuerpo en tensión, y por su rostro lívido se deslizó una gota de sudor. Sigyn empezó a sentir náuseas. Su expresión le recordaba bastante a todo lo ocurrido tantos años atrás, en aquella cueva.

–¡Le estáis torturando! –exclamó frenética, y se volvió hacia Thor con una mirada de reproche– ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Que ellos no hacían estas cosas?

–Yo… –él vaciló– Creía que no. Basta, Tony. ¡Déjalo de una vez!

Resoplando molesto, como de mala gana, el empresario bajó de nuevo la palanca y el vibrante sonido desapareció y las luces volvieron a estabilizarse. Loki se relajó, y volvió a respirar afanosamente.

–Malditos cerdos, ¡dejen a mi padre en paz! –chilló Tess, con voz cercana a las lágrimas.

–Señora Black, controle a su hija o las echaremos a ambas –amenazó Fury–. De hecho, no deberían estar aquí.

–Ssshh, cariño –la mujer la abrazó para confortarla y hacerla guardar silencio, aunque en el fondo la comprendía. En realidad, ella también estaba a punto de echarse a llorar.

–Lo siento, Sigyn –le dijo Clea–. Sé que todo esto es muy duro, pero créeme que no lo estaríamos haciendo si no fuera necesario. Hay demasiado en juego.

–¿Demasiado en juego? ¿Qué es lo que hay en juego que justifique que hagáis esto? –señaló el cuerpo maltrecho de Loki.

–El futuro de la humanidad –contestó el Doctor Strange. Sigyn enmudeció ante la solemne respuesta. Quería contradecirle, pero recordó todo lo que habían hablado Loki y ella allí en la cueva, durante las interminables horas que ella había estado apartando el veneno de su rostro. Ragnarök, había mencionado. Y recordó también el presentimiento que la había atenazado en ocasiones durante aquellos últimos meses.

–Sigyn tiene razón –dijo duramente Thor–. Da igual lo que esté en juego, nada justifica esta salvajada. Una cosa es vencer a un enemigo en un combate honorable, o incluso matarlo cuando no hay más remedio, y otra cosa es… –miró horrorizado al cuerpo medio agonizante de Loki, atrapado en aquel dispositivo similar a los potros de tortura medievales, sólo que del siglo XXI–… esto. Maldita sea, ¡es mi hermano! ¿Creéis que voy a permitir que sigáis torturándole? –añadió, dirigiéndose hacia el cristal y abriendo la puerta que comunicaba ambas habitaciones, pese a que Stark intentó detenerle:

–No Thor, ¡espera!

Sin que nadie pudiera impedírselo, Thor entró en la sala donde Loki permanecía atrapado en aquel cepo tecnológico. Por un momento, no supo qué hacer, sólo se quedó allí observándole lleno de angustia y de compasión. Daba igual que fuera su enemigo, el dios del engaño, el supervillano que muchas veces les había puesto a sus amigos y a él trampas que habían estado a punto de matarlos. También era su hermano pequeño y no podía dejar que siguieran haciéndole daño.

"…A veces puedo ser un poco envidioso, pero nunca dudes que te quiero…", aquellas antiguas palabras, casi olvidadas, aparecieron en su mente sin saber por qué. ¿Había mentido Loki al decir aquello? ¿O mentía ahora cuando afirmaba que sólo sentía odio por él?

Con la mirada caída y su cabello negro y húmedo por el sudor resbalándole por los ojos, Loki tardó un poco en darse cuenta de que estaba acompañado, y por quién. Pero en cuanto lo reconoció, una sonrisa torva se dibujó en sus labios:

–Ah, Thor… así que tú también estás aquí. Estarás pasándotelo en grande viéndome en esta posición.

–Sabes que eso no es verdad –le aseguró él, pero en vano.

–Disfrútalo, porque algún día las tornas se cambiarán y seré yo el que te vea a ti atrapado y humillado ante mí.

Thor sacudió la cabeza. Podría estar días discutiendo con él, intentando que comprendiera que aún seguía queriéndole, pero Loki era terriblemente obstinado. Así que decidió obviar el tema e ir al asunto que inquietaba a sus amigos Vengadores.

–¿De qué te están acusando ahora?

–Del cambio climático, del invierno permanente en que llevan sumidos durante estos dos últimos años. Está claro que ellos han arruinado el clima de este miserable planeta con tanta contaminación, y ahora me echan la culpa a mí. Por favor… –añadió Loki con una mueca despectiva y agotada a la vez–. Como si yo fuera capaz de hacer eso. Me halagan, de verdad, pero no soy tan poderoso.

Pero Thor se había quedado boquiabierto, sus ojos reflejando su enorme asombro.

–Claro que puedes. El Cofre de los Antiguos Inviernos. Es eso, ¿verdad? Es así como lo estás haciendo.

El gesto cansado de Loki desapareció, y durante un segundo fue él quien pareció golpeado por la sorpresa. Después, se echó a reír a carcajadas. Aquel radical cambio de actitud reveló que Strange había tenido razón todo el tiempo y que aquella pose de víctima herida de Loki no había sido más que otra comedia que había estado representando para divertirse.

–Vaya, Thor… parece que no eres un completo inútil después de todo. De acuerdo, me has pillado –asintió con voz firme, y miró hacia el espejo, donde sabía que estaban observándole sus otros enemigos–. ¿Veis, idiotas? No era tan difícil –se volvió a mirar a su hermano adoptivo–. Lo del Tesseracto no salió bien, admito que tal vez no fuera tan buena idea después de todo, pero ya no lo necesito. Y lo que estoy preparando ocurrirá sin que ninguno de vosotros lo podáis impedir. Está predestinado.

–No creo en el destino –repuso Thor–. O en cualquier caso, creo que es uno mismo quien se construye su propio destino.

–Sí, en eso estoy de acuerdo. Y el destino que estoy construyendo yo es uno en el que gobierno sobre los Nueve Reinos… o todo será arrasado. Y si tanto os interesa saber cuándo ocurrirá… falta poco, menos de un año terrestre. Para el próximo invierno midgardiano, todo esto será nieve, ceniza y humo procedente de las hogueras donde ardan los cadáveres.

Thor sacudió la cabeza, incrédulo y horrorizado de nuevo, pero esta vez ante las palabras de su hermano.

–Padre me dijo lo que estabas haciendo… lo que ibas a hacer. ¿Tenía razón? ¿Es verdad que vas a desatar una guerra que acabe con Asgard, con Midgard… y posiblemente con el resto de los reinos?

–Es lo que le prometí aquella vez en Asgard, durante la cena de Balder –declaró Loki desafiante–. A veces el dios del engaño sí cumple sus promesas.

–¿Pero por qué? –insistió Thor– Entiendo que nos odies a padre y a mí… bueno, no lo entiendo, pero puedo intentar entenderlo… ¿Pero qué te han hecho los mortales, y la demás gente de Asgard? No puedes seguir haciendo esto… dañar indiscriminadamente a gente inocente.

–Yo hago lo que quiero, Thor –Loki prácticamente le escupió a la cara–, no tengo que contar con tu permiso. Además, les estoy haciendo un favor. Lo he dicho siempre, ni los mortales ni los asgardianos saben qué hacer con su libertad; en realidad es un yugo para ellos. Yo les libraré de ese yugo.

–Y lo cambiarás por el de la esclavitud bajo tu tiranía –replicó el dios del trueno con dureza.

–Siempre será mejor que lo que tienen ahora. Constantes luchas entre ellos, hambre, sufrimiento, enfermedades, injusticia… El mundo de los mortales es un caos, tú lo sabes, por culpa de su absurdo libre albedrío; y en Asgard tampoco están mucho mejor, a pesar de su apariencia de perfección. Yo les liberaré de esa infelicidad. Estarán mejor bajo mi mando, te lo puedo asegurar.

–Quieres decir, los pocos que sobrevivan a tu guerra por la conquista.

–Eso es –Loki pareció divertido por la matización–. Podrán considerarse doblemente afortunados.

–Te crees original, pero no lo eres –se oyó la voz de Nick Fury a través del interfono–. Esa argumentación ya la han utilizado antes que tú muchos dictadores y tiranos, y al final el tiempo los ha puesto en su sitio. Dinos cómo paramos esto.

La única respuesta del dios del engaño fue una amplia y maligna sonrisa, lo que enfureció al general.

–Dinos cómo lo paramos, malnacido, o…

–¿…O qué? –lo provocó Loki, burlón.

Ya no se oyó nada por el interfono, pero Fury debió dar instrucciones muy explícitas sobre la medida a tomar, porque de nuevo empezó a oírse el zumbido retumbante.

–Oh-oh… ahí vamos otra vez… –murmuró Loki, con un tono divertido que intentaba ocultar su preocupación. Pronto su sonrisa se desvaneció y apretó los párpados lleno de dolor cuando sintió el elevadísimo voltaje atravesando su cuerpo, el cual se convulsionó violentamente. Angustiado, Thor se lanzó hacia él deseando ayudarle, pero retrocedió cuando sintió un doloroso calambre al tocarle. La corriente eléctrica que torturaba a su hermano debía ser enorme, más que de sobra para matar a un mortal corriente. Suerte que él no lo era.

–Basta, Fury… –susurró Thor con los dientes apretados, y repitió con más firmeza– ¡Ya basta!

Dentro de la sala desde donde se estaba manejando todo aquello, Tony Stark bajó la palanca que conectaba la corriente eléctrica, disminuyendo de nuevo su intensidad.

–No he dado orden de cesar en el escarmiento, Stark –dijo el general, implacable.

–Ya lo sé, pero hay que ir con cuidado –repuso el empresario–. No olvide que estamos funcionando con uno de los generadores secundarios, que tienen menor potencia que el principal; y este dispositivo ya consume demasiada energía, por eso se están produciendo esas oscilaciones de luz en esta parte de la nave. Si le exigimos demasiado, nos arriesgamos a sobrecargar también ese generador y fundirlo. No nos estrellaríamos porque aún seguirían funcionando los otros tres, pero nos quedaríamos sin maquinita que retenga a nuestro… sujeto.

–Mmm… –gruñó Fury, pero no objetó nada. Él era experto en tácticas militares, pero era Stark quien más sabía de las cuestiones tecnológicas de las que dependía la nave.

Dentro de su trampa, Loki se estaba recuperando del último "escarmiento", pero parecía que el tremendo daño infligido sólo afectaba a su cuerpo. Aún se le veía agotado, pero sólo físicamente: su mente estaba en plena forma.

–Estáis perdiendo el tiempo, insectos… –siseó provocador– Podéis torturarme todo lo que queráis, pero no entendéis que esto ya no se puede parar. Aquí ya no hay ejércitos alienígenas contra los que podáis luchar, ni forma en la que podáis proteger o vengar a la Tierra, ya que vuestros enemigos sois vosotros mismos. El invierno permanente intensificará la crisis alimentaria y económica, y con todas las armas que llevo años repartiendo por el planeta, la tensión se incrementará hasta que todo estalle como una de esas bombas que a los mortales se os da tan bien fabricar. Boom… –concluyó con una risita siniestra–. Yo ni siquiera tendré que hacer nada: me limitaré a mirar cómo os matáis entre vosotros y luego vendré a recoger los pedacitos de vuestro pobre mundo desierto.

Dentro de la sala de control, los Vengadores y los miembros de S.H.I.E.L.D. presentes intercambiaron una mirada horrorizada.

–A ver si lo he entendido bien… –murmuró Tony Stark. Por primera vez en mucho tiempo, la seguridad en sí mismo que parecía ser su seña de identidad había desaparecido de su rostro–. ¿Está diciendo que en menos de un año tendrá lugar el fin del mundo… y que nosotros no podremos hacer nada para impedirlo?

–Exactamente –asintió Clea–. Eso es lo que está diciendo.

Sigyn escuchaba sin decir nada, pero no podía evitar que las lágrimas volvieran a rodar por sus mejillas. Sin poder contenerse, se lanzó hacia la puerta que dividía ambas salas y la atravesó, seguida de inmediato por Tess.

–¡Eh! –protestó Coulson– ¡Que alguien la detenga! –Pero fue en vano. Las dos mujeres se plantaron en la sala donde estaba atrapado Loki sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.

Él no las vio llegar hasta que las tuvo al lado; y si bien antes se había mostrado burlón al ver a su hermano, al verlas a ellas parecía mucho menos contento. Su sonrisa de superioridad también desapareció y observó a su hermano de nuevo con expresión rencorosa.

–Esto es un golpe bajo, Thor –le reprochó–, traerlas aquí.

–Deja de echarle la culpa a él –dijo fríamente Sigyn–. En realidad, hemos sido nosotras quienes lo trajimos a él aquí, y no al revés. Él sólo intenta ayudarte.

–Mmh… –él apartó la cabeza con desprecio–. No quiero su ayuda para nada –Al girar la cara su vista se posó en Tess, quien lo contemplaba en silencio con los ojos cubiertos de lágrimas–. Lo siento, pequeña… vosotras no teníais que verme así.

–Papá… –susurró la chica con voz ahogada.

Mientras hablaban, en la otra sala, el general Fury empezaba a sentirse realmente contrariado por aquellas interrupciones de su interrogatorio.

–Maldita sea Thor, sácalas de ahí –rezongó por el interfono, pero todos se quedaron sorprendidos cuando Sigyn alzó un brazo hacia ellos, como deteniéndolos.

–Enseguida nos iremos –declaró con voz firme–, pero antes yo también quiero hacerle un par de preguntas a mi marido, aprovechando que por una vez no puede mentir.

Nick Fury comenzó a protestar de nuevo.

–Señora Black, no tenemos tiempo para cuestiones personales, y…

–¡Me lo deben! –exclamó ella con un fuego desconocido en los ojos, y continuó más calmadamente– Ustedes lo han dicho: si no fuera por mí, no lo habrían capturado. Me lo deben. Un par de preguntas, y después mi hija y yo nos marcharemos y no los molestaremos más. Ustedes podrán hacer con él lo que quieran.

En la sala de mandos, Tony se apoyó sobre un codo en su mesa, cansado.

–Esa mujer es bonita pero todo un dolor de cabeza… –comentó–. Dejad que le dé un par de gritos a ese imbécil, que después de todo seguro que se los merece, y cuando se desahogue se largará, se llevará a su hija y ya no nos dará más problemas.

Nick Fury apretó los labios, parecía disgustado. Eso quería decir que transigía. Cualquier cosa para quitarse encima a aquella molestia cuanto antes.

–Está bien, pero que sea rápido. No estamos como para perder el tiempo.

Strange asintió y se adentró en la otra sala con aire solemne para controlar la situación, y también para evaluar el aura de Loki como forma de confirmar que decía la verdad, ya que el polígrafo de la máquina no era totalmente fiable. Una vez allí, se cruzó de brazos y observó a Loki, expectante… y también un poco divertido, como esperando un entretenido espectáculo.

–Bien, Loki… –Sigyn avanzó hacia el prisionero, con los brazos en jarras– Después de tantos años de matrimonio, por fin vas a empezar a ser sincero conmigo. ¿Para qué demonios has regresado? –empezó a alzar la voz, cada vez más alterada– ¿Por qué has aparecido de nuevo en mi vida, para fastidiármela otra vez? Y por favor, no vuelvas a empezar con toda esa historia de lo mucho que me quieres y lo que me has echado de menos durante estos años.

–Pero es la verdad –repuso él. Ella miró hacia Strange como pidiendo confirmación, y éste se encogió de hombros con expresión de circunstancias. No, no estaba mintiendo.

–Está bien –Sigyn suspiró profundamente, reflexionando–. Tal vez creas que me quieres, por eso tu aura no refleja que mientas; pero no es así. Lo que sientes por mí no es amor. Si todo empezó en la cueva, nunca lo fue. Sólo es… gratitud, por raro que parezca algo así en ti. Te sientes agradecido porque me quedé a tu lado y te ayudé, después de que todo el mundo te hubiera abandonado. Eso es todo.

–Eso no es cierto –Loki parecía haber olvidado al resto de los presentes que estaban allí, y las palabras le salían apasionadas, sinceras; deseosas de ser creídas–. No empezó en la cueva. Allí fue donde me rendí a la evidencia, pero había empezado mucho antes. Desde el principio, desde la primera vez que te vi, desde la primera vez que te escuché defenderme de quienes me criticaban –porfió–. Te amaba ya mucho antes de darme cuenta de que lo hacía.

–¡¿Entonces por qué me trataste así? –le gritó ella a la cara, a pleno pulmón– ¿Como si me despreciaras? ¿Por qué me diste de lado durante años, por qué te buscaste a otra mujer? –al oír aquello, Tess dio un pequeño respingo– Si me querías tanto… miserable… –la voz de Sigyn se apagó.

Ahora Loki parecía mucho más torturado que cuando recibía aquellas descargas eléctricas.

–Yo… no lo sé, te juro que no lo sé. Era un inconsciente… en ese momento pensaba en otras cosas. Y siempre creí que a ti no te importaba… que eras feliz simplemente siendo Princesa de Asgard y teniendo la vida confortable de una noble… Creía que eras feliz –repitió–. No me daba cuenta de cuánto podía herirte mi comportamiento.

Aquello indignó a Sigyn. Ni siquiera miró a Strange para pedirle confirmación, sino que se enfrentó a su marido con los ojos ardiéndole de cólera.

–¿Que no te dabas cuenta, canalla embustero? ¿Que no te dabas cuenta? ¡Maldita sea, deja ya de mentir! ¡Claro que te dabas cuenta! Te dabas cuenta y lo hacías a propósito… sádico desgraciado… –las lágrimas de rabia empezaron a resbalar por sus mejillas– ¡Dime la verdad!

–¡…No! –protestó él– ¡Ya te he dicho la verdad!

Sigyn buscó con los ojos a Strange, el cual sacudió la cabeza de forma negativa.

–¡Ésa no es la verdad, ni siquiera se acerca! –chilló ella, fuera de sí, y acercó una mano sobre un pequeño panel de control manual que había en uno de los lados de la base del mecanismo que inmovilizaba a Loki– Yo te haré confesar la auténtica verdad.

De su mano comenzó a surgir una luz azul, y de inmediato el dispositivo se puso en marcha de nuevo, con su sonido electrizante. En la sala de mandos, Tony Stark y los demás observaron atónitos cómo el mando que el primero había utilizado para liberar la electricidad sobre el dios del engaño se accionaba solo y comenzaba a moverse hacia arriba, sin que hubiera ninguna mano que lo guiara. La propia Sigyn era quien estaba activando el mecanismo para el "escarmiento" con sus poderes, y aunque Stark lo intentó, no pudo bajar la palanca, ni siquiera forzándola manualmente.

Loki apretó los dientes al sentir cómo el voltaje volvía a atravesar su cuerpo… pero lo más doloroso de todo era que ya no eran sus enemigos quienes le estaban torturando, sino su propia esposa. Una de las escasísimas personas en el universo que le importaban.

–¡Mamá, basta! –exclamó Tess angustiada, acercándose a ella, pero Sigyn la cortó con severidad.

–Silencio, Tess. Tú no tienes nada que opinar. Esto es entre tu padre y yo –dijo fríamente, pero apartó la mano de la placa. Al instante, la tortura cesó y Loki pudo volver a respirar, cosa que hizo agitadamente, intentando recuperar aire y reestabilizar de nuevo su ritmo cardíaco.

–Está bien… –jadeó–; está bien, tienes razón. Estaba mintiendo.

Los labios de Sigyn se curvaron levemente en una sonrisa nada alegre, pero triunfal.

–Sí que me daba cuenta de cuánto daño te hacía… –continuó él–, pero me daba igual. O al menos eso creía, o quería creer. La verdad es que cada vez que te lastimaba era una forma de demostrar a los demás… a mí mismo… que no me importabas. Porque no podía permitirme que me importaras.

–No… no es cierto –Sigyn sacudía la cabeza–, de nuevo estás mintiendo.

–No esta vez –intervino el Doctor Strange–, lo veo en su aura. El dios del engaño dice la verdad, puede que por primera vez en su vida. ¡Vaya milagro! –se burló.

–Espera a que salga de aquí, mago de opereta… –siseó Loki entre dientes– Te haré pagar todo esto antes de lo que crees.

–¿Pero por qué? ¿Por qué no podías permitirte que yo te importara? –preguntó Sigyn con un hilo de voz.

Él sacudió la cabeza, agotado… ahora de veras, sin fingimiento alguno. Empezaba a sentirse cada vez más furioso, no sólo por la burla de Strange, sino por verse obligado a confesar sus sentimientos más íntimos delante de algunos de sus peores enemigos.

–No quiero seguir hablando de esto. No aquí, ni delante de esta gente.

–¡Este momento y este lugar son lo único que tienes! –exclamó ella.

–No. Puedes electrocutarme todo lo que se te antoje.

–No hace falta. Dime lo que quiero saber o Tess se enterará de todo lo que ocurrió entre nosotros, incluido lo que les pasó a Narvi y a Váli.

Tess palideció. No se enteraba de nada, ni sabía quiénes eran los mencionados, pero tampoco era el momento para preguntar. Atemorizado y furioso a partes iguales, Loki fulminó a su mujer con la mirada.

–No te atreverás a hacer eso.

–Ya lo creo que me atreveré, a menos que me expliques por qué no podías quererme como un marido normal.

Él apretó los labios obstinadamente, dando a entender que consideraba un farol la amenaza de su mujer. Pero enseguida ella le sacó de su error:

–Narvi y Váli eran tus hermanos, Tess –comenzó–. Murieron antes de que tú nacieras. Y murieron porque tu padre…

–¡No quería amarte porque tenía miedo! –rugió él, interrumpiéndola encolerizado. Sigyn parpadeó, sin comprender.

–¿Miedo? ¿Cómo podías tener miedo de amarme?

–Míralo a él… –Loki señaló a Thor con la cabeza, con ademán despectivo– El más poderoso guerrero de Asgard, tanto como para poder acabar con todo un ejército de gigantes de hielo con sus propias manos… y tras sólo unos pocos días en Midgard, se convierte en un tonto… mojigato… y blando infeliz. Dispuesto a perdonar la vida de los seres que siempre habían sido nuestros enemigos, ¡mostrándoles lástima! Míralo, míralo ahora, ¡hasta se rebaja al nivel de estos mortales! Y todo por amor… ¡por aquella estúpida mujer mortal! –exclamó indignado, para continuar con voz lastimera y los ojos brillantes– ¿Cómo podía dejar que a mí me pasara lo mismo? Yo nunca fui tan fuerte, ni tan poderoso como él… lo único que tenía era mi voluntad de venganza, y rendirme a lo que sentía por ti lo habría arruinado todo. ¡No podía permitirlo, ¿lo entiendes? ¡No podía permitirme volverme aún más débil!

Tanto Sigyn como la propia Thor se quedaron helados ante aquella inesperada confesión, que parecía surgida –o más bien vomitada– de las entrañas de Loki. La burla y la expresión de superioridad habían desaparecido del todo del rostro del dios del engaño. De nuevo el sudor resbalaba por su frente, más pálida aún que antes, y se le metía en los ojos, que observaban llenos de rencor a su esposa y a su hermano adoptivo.

–Puedes alegrarte, Sigyn –añadió con los dientes apretados–. Si yo te humillé en el pasado, tú me lo acabas de devolver con creces.

Thor se había quedado sin palabras. Conocía lo bastante bien a Loki para saber que no exageraba. Que le hubieran arrancado, a la fuerza, la admisión de una de sus debilidades más íntimas delante de él y de varios de sus acérrimos enemigos, debía ser insoportable para él. Que lo dejaran desnudo y expuesto ante ellos no le habría resultado más humillante.

Pero no tuvo tiempo de preocuparse por los sentimientos de su hermano, porque en ese momento Sigyn se echó a llorar. Parecía que la fuerza a la que se había estado aferrando para permanecer entera había terminado por quebrarse.

–Oh, por el abismo… –rezongó, bastante incómodo. Él estaba acostumbrado a tratar con mujeres de gran fuerza interior, como Sif, Natasha, Frigga o incluso Jane, mujeres que nunca habían necesitado de su consuelo, y no sabía muy bien cómo darlo. Vacilante, abrió un poco los brazos y de inmediato su cuñada se refugió en ellos, sollozando contra su pecho–. Tranquila, Sigyn… todo saldrá bien.

La aflicción de su esposa obró el milagro de apaciguar la hostilidad de Loki. Aunque sintió un momentáneo chispazo de rabia al ver a su mujer en los brazos de su hermano y rival –tal como lo sintiera muchos años atrás en una situación similar–, en su ánimo predominaba el deseo de abrazarla y consolarla él mismo, más que los celos.

–Sigyn… –murmuró descorazonado. Impotente para hacer nada más, apartó la vista para no seguir con aquella visión insoportable para él, pero no pudo evitar que aquellos sollozos se le metieran en los oídos.

Entretanto, Thor seguía intentando tranquilizar a su cuñada:

–Ya está… Por favor, deja de llorar… –Incluso a un duro guerrero como él le rompía el corazón verla así. Para sostenerla mejor, dejó el Mjolnir en el suelo y la estrechó con algo más de fuerza.

En ese momento, ella lo miró a los ojos con expresión grave. Su rostro estaba enrojecido y surcado por las lágrimas, pero ya no lloraba.

–Loki tiene razón. Esto es un asunto de familia. No debes estar aquí.

Thor parpadeó desconcertado por el repentino cambio de actitud de la mujer.

–¿De qué estás hablan…?

Antes de que pudiera completar la pregunta, sintió un violento golpe invisible que lo empujó hacia atrás. En pocos segundos, la energía telequinética de Sigyn lo había arrastrado hacia la puerta como el impulso de un huracán, y lo expulsó de la habitación antes de que pudiera recuperar su martillo.

Thor cayó aterrizando dolorosamente sobre su trasero en la parte exterior de la estancia, donde se encontraban Fury y los demás; y emitió un "¡Uf!" gutural que reflejaba más sorpresa que dolor. Simultáneamente, la puerta se cerró sola, accionada por la misma fuerza invisible, y todos pudieron oír un leve pitido que indicaba que el seguro había sido activado.

–¡Señora Black! –exclamó Coulson dirigiéndose a la puerta–. ¡Deje de jugar! –Intentó abrirla, pero en vano; y tecleó unas cifras en el panel numérico adyacente, con el mismo resultado inútil– Ha cambiado la clave, y ha bloqueado la entrada…

–Sabía yo que no debíamos permitir que esa loca se metiese en esto… –rezongó Fury, visiblemente enfadado. Thor, ya de pie, se dirigió hacia la puerta y la golpeó:

–¡Sigyn, abre la puerta! ¡No hagas tonterías!

Dentro de la otra habitación, ella lo ignoró y continuó mirando duramente al que había sido su marido durante tantos años. Con el dorso de la mano se secó las lágrimas de las mejillas, unas lágrimas que no se sabía realmente si eran auténticas o falsas.

–Estoy harta de ti –empezó–. De ti y de tus patéticas excusas.

–Ayer dijiste que me entendías –contraatacó Loki, acusador–. Que comprendías mis razones.

–Y así era, pero eso no significaba que tuvieras que pagar conmigo tu estúpida inseguridad. Pero ahora yo te voy a hacer pagar a ti.

Llevó su mano a la misma placa de antes, y de nuevo invocó su poder.

–Esto es por Balder y por Nanna.

La palanca que determinaba la intensidad de la descarga volvió a elevarse por el poder telequinético de Sigyn hasta alcanzar la mitad de su potencia. Las luces de la habitación oscilaron otra vez y de inmediato, la corriente atravesó de nuevo el cuerpo de Loki, quien se estremeció y apretó los dientes del dolor.

Después de la tortura moral, siempre venía la física. Al igual que en sus sueños.

La semejanza a su expresión en la Mina Norn volvió a dar a Sigyn una impresión irreal, como de pesadilla, pero pese a todo continuó ejerciendo presión psíquica para forzar la máquina a proseguir el castigo. Loki se esforzó por no gritar, pero su cuerpo temblaba. O tal vez fuera la propia electricidad la que lo hacía estremecerse, manteniéndolo en una tensión que estaba cerca de resultar insoportable incluso para un dios.

Mientras, Strange sólo observaba.

–Mamá… –murmuró Tess con voz trémula, llorosa– Por favor, detente…

Sigyn no pareció escucharla, pero tras unos segundos quitó la mano de la placa de la máquina y la descarga cesó por el momento. Ahora ella también respiraba pesadamente: estaba requiriendo demasiado de sus limitados poderes aquel día. Poner en marcha una maquinaria tan compleja y voluminosa debía suponer un esfuerzo bastante grande para ella, pero una mujer con ansia de venganza no suele escatimar esfuerzos, reflexionó Strange.

Mientras, en la parte exterior, Thor y Coulson seguían intentando entrar:

–¡Sigyn, maldita sea, abre! –el primero golpeaba la puerta, cada vez menos comprensivo con el estado de su cuñada y más enfadado. No comprendía cómo ella, que se había escandalizado tanto al ver a sus amigos torturar a Loki, hacía lo mismo o peor.

Nick Fury parecía también bastante furioso, pero Tony Stark se limitaba a mirar, fascinado. Él siempre había ido un poco por libre, y suponía que no tardaría mucho en hackear el código de la puerta si se lo proponía… pero por el momento prefería esperar. Siempre había opinado que aquel dios rastrero se merecía algo más que una patada en el culo, y si encima quien se la daba era su propia mujer, pues mejor. Para que luego Pepper dijera de él que era un machista, pensó divertido.

De nuevo en la estancia interior, y sin que ni una horrorizada Tess ni el impasible Strange se interpusieran, los dos esposos se miraron en silencio. Ambos jadeaban, una por el esfuerzo de aplicar la tortura, y el otro por el esfuerzo de soportarla. Pero aquello no duró demasiado tiempo. En cuanto Sigyn se recuperó un poco, volvió a aplicar su mano a la máquina e invocó otra vez sus poderes para ponerla de nuevo en marcha.

–¡Esto es por Narvi y por Váli!

La palanca que regulaba la potencia dentro de la sala de control se elevó por sí sola hasta tres cuartas partes de su máxima capacidad, sin que hubiera fuerza humana que pudiera moverla hacia abajo. El cuerpo ya al límite de Loki se convulsionó de nuevo ante otra terrible descarga, y el dios del engaño apretó los párpados y los dientes, olvidadas toda burla o intención desafiante. Parecía estar concentrado en soportar el dolor en silencio, aunque tenía aspecto de que en cualquier momento perdería la batalla y se pondría a gritar.

–¡Basta, mamá! –suplicó Tess, acercándose a su madre para detenerla– ¡Lo vas a matar!

Por toda respuesta, Sigyn alzó su mano libre, la que no estaba en contacto con la máquina; e inmediatamente la chica fue incapaz de continuar, como si un campo de fuerza le impidiera llegar hasta su madre.

–Te he dicho que no te metas –le dijo severamente ella, en sus ojos brillaba una luz extraña–. Tengo mis razones para hacer lo que estoy haciendo –volvió la vista hacia el místico que los observaba de brazos cruzados–. Y más vale que usted tampoco se meta, Strange. Si de verdad puede leer las almas, sabrá que tengo muchas cosas que cobrarme de este miserable.

Strange entrecruzó su mirada con la de Sigyn, llena de fuego y de determinación. Y, tal y como había dicho ella, leyó en su aura mil y una emociones: odio, tristeza, rencor, un poco de amor también; pero por encima de todo, el afán de llegar hasta el final. Había algo ambiguo y sutil mezclado con todo aquello, compasión y un cierto remordimiento, aunque Strange supuso que era normal. Pero ella estaba en lo cierto: tenía derecho a tomarse esa venganza sobre él, después de todo lo que la había herido. Así que continuó de brazos cruzados. La dejaría que se desahogara un poco más, sólo un poquito. Su pensamiento era similar al de Tony Stark: ya era hora de que alguien le enseñase modales a aquel fanfarrón.

Tess no se sentía tan impasible. Pensaba que su madre había enloquecido y ni siquiera podía acercarse a ella para detenerla. Desesperada, se acercó a Loki pero sin atreverse a tocarle: había visto lo que le había ocurrido a Thor por hacerlo. Se sentía espantosamente impotente, pero no podía hacer más que contemplar con los ojos llenos de lágrimas el sufrimiento de su padre.

Éste parecía haber olvidado todo lo que lo rodeaba. Con los ojos cerrados y respirando afanosamente como antes, movía los labios como si rezara, aunque casi no se oía lo que murmuraba. Curiosa, Tess se arriesgó a acercarse un poco más a él, con cuidado de no tocarle, y le pareció escuchar una extraña letanía:

"Soy desde antes que todas las cosas.

Soy el Dios de Dioses,

Soy el Señor de la Oscuridad, y Amo de Magos.

Soy el Poder y el Conocimiento,

Soy desde antes que todas las cosas."

Dentro de la sala, a través del interfono también se podían oír retazos de aquella chocante plegaria, y ninguno de ellos entendía el significado.

–¿Qué está haciendo? –se extrañó Tony Stark.

–Recita un mantra, creo –contestó Clea Strange–. Para abstraer su pensamiento del dolor.

Tras unos segundos que parecieron interminables, Sigyn retiró su mano de la placa de metal y la máquina detuvo la descarga de electricidad. Loki jadeó ahogadamente, intentando recuperar la respiración. Dentro de la sala de mandos, Coulson comprobó la pantalla indicadora de sus constantes vitales: aunque sus pulsaciones comenzaban a descender, en cada "ataque" de Sigyn aumentaban hasta un ritmo que en un mortal común ya habrían desencadenado en un fallo cardíaco.

–Deberíamos parar esto –comentó–. Ese hombre… o lo que sea, realmente está al límite.

–Y aún tenemos cosas que preguntar –asintió Nick Fury–. Lo bueno es que nos lo ha debilitado bastante, pero no podrá responder a ninguna pregunta si está muerto –se dirigió al intercomunicador, activándolo– ¡Ya está bien, señora Black! Ya se ha divertido bastante. Salga de ahí, todavía no hemos acabado el interrogatorio.

En la sala del dispositivo, Sigyn ni siquiera hizo el gesto de volverse hacia ellos, continuaba dándoles la espalda.

–Aún no he acabado –murmuró, aunque nadie habría podido decir si se dirigía a Fury y a los demás o al propio Loki. Él, aunque agotado, levantó la cabeza contemplándola y durante un par de segundos las miradas de ambos se entrelazaron, como comunicándose sin palabras. Después, ella añadió–: He de llegar hasta el final, Loki. Sabes que tengo que hacerlo.

Él, todavía respirando pesadamente a través de su garganta reseca, asintió con gesto ambiguo, tal vez derrotado, creyó ver Strange.

–Sí, lo sé. No vaciles.

Tess estaba atónita: ¿su padre le estaba dando permiso a su madre para que continuara castigándole? Tal vez, pensó, después de todo lo que estaba viendo y escuchando, él realmente creía que merecía ser castigado.

–Tenías que pagar por Balder y Nanna, y por Narvi y Váli. Ahora pagarás… por mí –Sigyn aplicó su mano a la placa metálica y concentrándose, activó su poder con todas sus fuerzas, haciendo subir la palanca de la sala de mandos hasta su nivel máximo de potencia. Las luces volvieron a oscilar bruscamente, como en una tormenta eléctrica.

En aquella ocasión la descarga fue tan intensa que el cuerpo de Loki se convulsionó violentamente, de una forma casi idéntica a como ocurrió en la Mina Norn, cuando el Eitr lo torturaba sin compasión. Después se estabilizó y dejó de convulsionarse, pero su expresión de sufrimiento, su palidez de cera, y cada uno de sus músculos en tensión, revelaban que el dolor debía estar sobrepasando todo lo imaginable. Con los párpados y puños apretados de nuevo, volvió a mover los labios, ensayando aparentemente aquella letanía que distraía su mente de tanto sufrimiento.

–¡Maldita sea, Sigyn, para de una vez! ¡Entiendo que quieras tomarte tu revancha, pero esto es demasiado! –exclamó Thor, golpeando de nuevo enérgicamente la puerta. Aunque lo hiciese sólo con el puño desnudo (ya que el Mjolnir se había quedado dentro de la otra sala), ésta vibró bajo los poderosos golpes del dios.

Alarmado, Coulson observó de nuevo las constantes vitales en la pantalla indicadora. Las cifras, antes verdes, ahora se habían coloreado de rojo, indicando que el sujeto encerrado en la máquina estaba próximo a sufrir un colapso.

–Que alguien detenga a esa loca… ¡se lo va a cargar!

–Eso si no se carga antes el generador –comentó Tony Stark, observando preocupado las agujas de unas ruedas que indicaban el nivel de potencia alcanzado–. Os lo estaba avisando: le está exigiendo demasiado al generador auxiliar y no aguantará tanto. A este paso, lo va a fundir en un santiamén.

El semblante de Nick Fury se demudó al caer en la cuenta de algo que ninguno de ellos había pensando hasta el momento.

–Eso es lo que quiere… –murmuró, para añadir con más energía– ¡Maldición, eso es lo que quiere! –prácticamente se lanzó sobre el intercomunicador– ¡Strange, deténgala! ¡Esa perturbada quiere liberarlo, está intentando saturar la máquina y hacer saltar el generador!

El Doctor Strange frunció el ceño, molesto al haber sido engañado con respecto a las intenciones de la mujer. Había creído tenerlo muy claro al leer su aura, pero las auras sólo revelaban los sentimientos, no las intenciones. Y los sentimientos de Sigyn continuaban oscilando entre el odio, el amor y el remordimiento. Pero no era remordimiento por torturarle, ahora se daba cuenta.

–Muy lista Sigyn, pero se acabó. Su plan se ha descubierto –se acercó a ella dispuesto a separarla de aquella máquina que estaba forzando hasta su límite, pero entonces se detuvo al sentir algo extraño en la habitación. En un rincón alejado de la sala, a unos pocos metros de ellos, se empezaba a formar una neblina de un enfermizo tono grisáceo; y dentro de ella Strange percibía una presencia que por el momento era invisible como las habían sido las de ellos mismos horas antes, pero mucho más poderosa… y maléficamente monstruosa.

Sorprendido, y olvidada momentáneamente su misión inicial de impedir que Sigyn liberara al prisionero, Strange se acercó con cautela a aquel rincón. Mientras lo hacía, lo acometía la extraña sensación de que allí hubiera algo que no debiera estar; como si, al acercarse a aquel lugar, dejara de estar en aquel Helitransporte, en aquel planeta, incluso en aquel universo… y se adentrara en un lugar completamente distinto. Como en otra dimensión, una espantosamente oscura, caótica… una que incluso él temía pisar.

Súbitamente Loki alzó la voz, y sólo entonces Strange se dio cuenta de que había cambiado su letanía:

"¡Te llamo a ti, Criatura de la Oscuridad, por los Trabajos de la Oscuridad!

¡Te invoco a ti, Criatura del Odio, por los Trabajos del Odio!

¡Te llamo a ti, Criatura de los Yermos, por los Ritos del Yermo!

¡Te llamo a ti, Criatura del Dolor, por las Palabras del Dolor!

¡Iä Yog-Sothoth! ¡Ho-mor athanatos nywe zumquros, Ysechyroro-seth Azathoth! ¡Iä Nyarlathotep! ¡Iä Hastur! ¡Iä Shub-Niggurath! ¡Desgarrad el tejido de la realidad, criaturas del abismo tenebroso! ¡Abrid el portal!"

–Maldición… –murmuró Strange. Al igual que su mujer, ese condenado dios del engaño se la había jugado a todo el mundo, y a él el primero. Había hecho creer a todos que había estado recitando un inofensivo mantra para distraerse del dolor, cuando en realidad lo que llevaba un buen rato murmurando no era inofensivo en absoluto. No se trataba de ningún mantra, sino de una invocación. Un hechizo para abrir un portal interdimensional.

Concentró su poder y una luz dorada protectora se empezó a crear en torno a él para defenderse, pero no tuvo tiempo de formar completamente su escudo místico. Tess pensó que se estaba volviendo loca cuando creyó oír una especie de música de flauta, cuya melodía no se parecía a nada de lo que hubiera escuchado antes: un ritmo demencial, malsano, que le producía náuseas. Y impresión de locura aumentó cuando observó horrorizada cómo de aquella sombra del rincón surgía un gigantesco tentáculo negro, maloliente y supurante de un icor repulsivo, que envolvió al mago sin que éste pudiera hacer nada para evitarlo y comenzó a arrastrarlo hacia el vacío. Loki, a pesar del terrible dolor que debía seguir sintiendo, reía como loco:

–¡Ah, estúpido mortal! ¿Te creíste que sólo dependía de mis poderes psíquicos? ¡Pero conozco hechizos oscuros que tú ni te atreverías a imaginar! ¡No necesito mis poderes ni ya tampoco el Tesseracto para abrir brechas entre universos!

Strange, aún irradiando aquella luz dorada –lo cual probaba que intentaba conservar la calma y no dejarse arrastrar por el pánico–, se debatió como pudo contra aquel monstruo tentacular, pero fue en vano: fue arrastrado con una fuerza colosal y acabó siendo tragado por aquella abertura entre dimensiones, desapareciendo de la vista de los presentes. La neblina que rodeaba al portal fue desvaneciéndose en torno a Strange y al tentáculo que lo envolvía como los últimos restos de humo de una hoguera agonizante.

–¡Stephen! –murmuró aterrorizada Clea Strange y se esfumó también, probablemente trasladándose a la misma dimensión a donde había sido arrastrado su marido para intentar ayudarle, pero ninguno de los demás pudo saberlo con certeza; y además tenían cosas más graves por las que preocuparse.

Loki, aunque todavía sufriendo los efectos de aquellas fortísimas descargas eléctricas, parecía no sentirlas. Aún seguía con aquella expresión de regocijo maníaco.

–Te lo advertí, mago, te dije que te las haría pagar antes de lo que creías. Espero que disfrutes de tu estancia en el infierno –soltó una risotada triunfal, aunque Strange ya no estaba allí para escucharle.

A partir de ahí, todo ocurrió muy deprisa. Antes, todos habían estado demasiado impresionados y horrorizados contemplando el destino de Strange para hacer nada o moverse siquiera de su sitio, pero pronto Stark saltó de su asiento y se abalanzó contra la puerta tratando de desbloquearla, mientras maldecía su pasividad anterior y su deseo de dejar que escarmentaran a Loki.

Entretanto, Thor se esforzaba por recuperar a Mjolnir, algo difícil ya que seguía encerrado en la otra sala. Aun así, extendió su mano invocándolo, y el martillo mágico respondió a su llamada intentando acudir a la mano de su dueño como si estuviera magnéticamente unido a ella, pero se vio interceptado por la puerta, forrada por una lámina de acero de varios centímetros de grosor.

Tenso, el dios del trueno intensificó su llamada y el Mjolnir volvió a intentar regresar a su mano, esta vez estrellándose contra la pared transparente que separaba ambos habitáculos. El grueso cristal blindado, prácticamente irrompible y supuestamente resistente a cualquier golpe, aguantó el impacto, pero una delgada grieta comenzó a formarse en su superficie.

Sigyn continuaba forzando su poder al máximo para saturar la máquina y colapsar el generador por sobrecarga, aunque eso supusiera seguir torturando a Loki hasta el límite. Tess, esperanzada ahora que conocía las auténticas intenciones de su madre, empezó a animarla:

–¡Vamos mamá, puedes hacerlo! –se volvió a mirar el cristal blindado, que comenzaba a mostrar cada vez más grietas por la presión del Mjolnir– ¡No queda demasiado tiempo!

Sigyn no contestó, no podía hacerlo. Su concentración estaba completamente centrada en forzar la máquina en todos los sentidos de la expresión. Ahora estaba casi tan pálida como el propio Loki, todo aquello debía estar costándole un esfuerzo considerable; pero era consciente de que lo que decía su hija era cierto: el cristal estaba a punto de romperse. Las grietas eran cada vez más profundas y casi podía oír el sonido del vidrio resquebrajándose, y tampoco podía olvidar que en cualquier momento Stark conseguiría desbloquear la puerta…

…y en ese instante fue cuando el sistema colapsó y todo volvió a quedar a oscuras.


Este capi, sobre todo la escena del interrogatorio donde Loki confiesa sus verdaderos motivos de su comportamiento hacia Sigyn, está basada en otro de los cómics de Saku-Zelda (jejeje, cómo no: vamos a cómic por capítulo en esta parte de los Vengadores, como siempre buscad el enlace en mi perfil. Quienes queríais ver a Loki sufriendo, espero que aquí hayáis satisfecho vuestras sádicas expectativas ;) Y las que no, habéis visto que todo tenía un propósito.

La dimensión donde Loki encierra al Doctor Strange y el monstruo de los tentáculos son mi pequeño apunte lovecraftiano dentro del fanfic. Adoro a Lovecraft y sus Mitos de Cthulhu, y siempre quise escribir algo sobre ellos. Para quien no conozca el tema: H.P. Lovecraft creó una cosmogonía, inventada por él y alimentada por otros escritores, de dioses monstruosos y malvados. Algunos como Cthulhu están en letargo bajo el mar, otros están encerrados en otra dimensión o universo; y muchos de ellos suelen estar llenos de tentáculos (creo que Lovecraft tenía fobia a los calamares XD). A uno de ellos, Azathoth, se le describe como un dios ciego e idiota, una masa amorfa de increíble maldad que baila eternamente la melodía de una flauta demencial (por eso la música de flauta que oye Tess). La letanía y las invocaciones que recita Loki son fragmentos de supuestos textos del Necronomicón (la Biblia oscura de los Mitos).

SPOILER DE AVENGERS: Por cierto, esto de que Loki abriera un portal interdimensional basado en la literatura de Lovecraft para encerrar a Strange estaba planeado, y en parte escrito, antes de que yo viera la película, así que lo de que el Tesseracto también fuera la llave de un portal interdimensional es pura coincidencia, I swear… El Loki del fic ha vivido más y sabe mucha más magia que el de la película, y no necesita de Tesseractos, de ejércitos chitauri, ni nada XD