–25–
Con el generador auxiliar también "quemado", la energía tardaría más en volver, aunque en ese momento se activaron unos pequeños focos alimentados por baterías autónomas que se habían instalado en previsión de casos como ésos; de forma que todo se iluminó de nuevo, aunque teñido con un siniestro tono rojizo.
Las puertas habían vuelto a bloquearse, pero lo más importante fue que el avanzado dispositivo en forma de anillo que había aprisionado a Loki quedaba igualmente inutilizado. Tony Stark soltó cinco palabrotas seguidas en tres segundos al ver que el sistema que había creado para protegerse ahora les impedía llegar hasta prisionero y evitar que escapara.
–¡Si al menos tuviese aquí ahora mi traje, podría hackear este maldito panel! –exclamó exasperado. La próxima vez que se lo pusiera, pensó, no pensaba quitárselo ni para ir al lavabo.
Dentro de la sala interior, Sigyn retiró la mano de la placa, pero no se alejó, sino que se dejó caer sobre ella: estaba tan cansada que las piernas casi no le sostenían. Tenía los ojos clavados en el suelo, como negándose a ver lo que había hecho.
–Tess, ayuda a tu padre a salir de ahí –dijo en voz baja. El Mjolnir, reclamado insistentemente por Thor, ejercía cada vez más presión y el cristal que los separaba de sus enemigos estaba a punto de romperse.
La chica miró a su madre y vio que ésta se llevaba los dedos bajo la nariz, retirándolos manchados de sangre: el intenso y prolongado esfuerzo que había realizado con sus poderes le había provocado una pequeña hemorragia nasal.
–Mamá… –se acercó a ella preocupada, pero Sigyn la cortó de inmediato:
–¡Haz lo que te digo! ¡No hay tiempo!
Sobresaltada, la joven obedeció y acudió presurosamente al dispositivo que aún tenía atrapado a Loki. Se estiró para quitar los pasadores de aleación que sujetaban los cepos que aprisionaban sus manos, y después se agachó para repetir la operación con las piernas. Por un momento esperó que su padre se desplomara sobre ella sin fuerzas, por lo que se sintió doblemente atónita cuando le vio salir del aparato por su propio pie y bastante más entero de lo que le habría parecido en un principio.
Loki aún se sentía un poco débil –algo comprensible tras haber sido sometido durante horas a descargas eléctricas potencialmente letales–, pero sabía que no tardaría demasiado en recuperarse. Después de todo, era un dios.
–¿Estás bien? –le preguntó su hija, inquieta.
–Lo estaré –afirmó él muy seguro de sí mismo–. Sigyn, has estado a punto de freírme a mí antes que a este maldito trasto –añadió, pero no sonaba como un reproche. De hecho, parecía estar de bastante buen humor.
–¿Quién te ha dicho que no era eso lo que quería? –gruñó ella, todavía negándose a mirarle. Él se echó a reír ante la respuesta, y con un gesto de su mano hizo aparecer, envuelto en una luz dorada, su traje de cuero y metal cubriendo su pecho desnudo. Aunque aún estaba un poco pálido, el gesto de dolor, el sudor, la apariencia de debilidad… todo había desaparecido.
–Tú y tus maquinitas, Stark… –se dirigió burlón a la pared de cristal blindado, justo al lado del Mjolnir que ejercía cada vez más presión sobre él y estaba a punto de romperlo, algo que sin embargo no parecía inquietarle. Ni siquiera se molestó en tratar de apartar el martillo del cristal, sabía que aunque lo intentara jamás podría moverlo–. Ni siquiera sabes cómo torturar en condiciones. Es una pena que no tenga tiempo, porque en cuanto te pille me encantará darte un par de lecciones prácticas sobre el particular.
Al otro lado del cristal, el aludido apretó los dientes, más por la rabia y la impotencia de no poder llegar hasta su enemigo que por la amenaza de éste.
–Deja de pavonearte –Sigyn cortó a su marido con severidad–, esto se va a romper y entonces todo esto no habrá servido de nada. Tienes que irte. Ahora. Teletranspórtate, o lo que sea que hagas.
Él asintió y extendió sus manos invocando sus poderes… pero nada ocurrió. Extrañado, se concentró y volvió a intentar realizar su hechizo de teletransporte durante un par de segundos, con el mismo resultado nulo.
–Qué extraño… esto nunca me había pasado antes.
–Sí, eso dicen todos… –apostilló Sigyn maliciosamente, dándole a sus palabras un doble sentido que a Loki no le gustó nada. En su rostro se reflejó fugazmente una mueca irritada, pero no tenía tiempo de reconvenirle su insolencia: estaba demasiado preocupado por el fallo en sus poderes.
–Debe ser por culpa de esa condenada máquina –dedujo en voz baja, rápidamente–, que ha estado absorbiendo durante horas mi energía psíquica, supongo que la ha agotado. Pero seguramente es temporal. Mis poderes no tardarán en regresar, sólo necesito unos minutos.
Sigyn miró hacia el panel de cristal. El Mjolnir continuaba ejerciendo presión sobre éste, intentando regresar a su dueño, y por si aquello fuera poco, Coulson y Fury estaban descargando sus armas sobre el cristal blindado, ayudando a debilitarlo. Éste aún resistía, pero no lo haría por mucho tiempo más. Ya apenas se veía nada entre todas las grietas que surcaban la superficie, y ella sabía que se rompería en cualquier momento.
–¡No tenemos unos minutos! –exclamó impaciente.
–¿No puedes volver a recitar ese hechizo para abrir ese portal, o lo que sea, para que podamos escapar? –sugirió Tess– Dijiste que para ese tipo de hechizos no necesitabas poderes.
Loki echó un vistazo al rincón vacío por el que había desaparecido Stephen Strange y esbozó una mueca maliciosa.
–Mejor que no. Ese portal no conduce a un sitio demasiado recomendable.
Durante unos segundos desesperados, Sigyn se devanó los sesos en busca de una solución rápida y eficaz, y milagrosamente le llegó la solución:
"El helicóptero…" El vehículo donde la habían llevado hasta allí sería también su forma de escape.
–Tenemos que subir a la superficie del portaaviones –decidió.
–¿"Tenemos"? –repitió Loki– ¿Eso quiere decir que vais a venir conmigo?
Ella apartó la vista, decidida a no dejarse ganar por el brillo de esperanza en los ojos de él.
–No te hagas ilusiones –dijo muy seria–. Como te he ayudado a escapar, estos mortales me considerarán tu cómplice, y si nos quedamos aquí no nos tratarán mejor que a ti. Así que saldremos de aquí juntos, pero después de eso cada uno se irá por su lado –advirtió.
–Como quieras –asintió él condescendiente. Claro que no tenía la menor intención de dejarlas ir cuando llegara el momento, aunque tuviera que llevárselas a la fuerza. Pero eso Sigyn no tenía por qué saberlo… todavía.
Sin embargo, ella no parecía estar pendiente de sus planes ocultos, su mente estaba ocupada en otro problema más inmediato:
–…¿Cómo salimos de aquí? –se preguntó en voz alta, viendo que la única puerta de la estancia estaba bloqueada, y tras ella estaban sus enemigos. Estaban encerrados.
Tess lo pensó un momento y se dirigió a la pared que comunicaba la habitación con el pasillo exterior. Apoyó las manos en ella y cerró los ojos.
El cristal que los separaba de los Vengadores comenzó a crujir ya sonoramente: estaba cediendo. Pero ni Loki ni Sigyn prestaron atención a eso, ya que contemplaban maravillados cómo las manos de Tess se coloreaban con un tono grisáceo, y al contacto con ellas, la pared se congelaba rápidamente. Cuando la escarcha cubrió una parte lo bastante amplia, la joven abrió los ojos y se apartó con una sonrisa orgullosa.
–Buen trabajo, pequeña –aprobó Loki, para alegría de su hija. Después, se acercó a la pared y le asestó una enérgica patada. Al hallarse el material de la pared mucho más frágil tras haber sido congelado por Tess, aquello fue suficiente para que saltase en pedazos.
Rápidamente los tres atravesaron el amplio boquete y salieron al pasillo. Lo hicieron justo a tiempo, ya que en ese momento oyeron un estrépito de cristales rotos a sus espaldas: el muro transparente que los separaba de los Vengadores había acabado por ceder. Ya estaba tardando demasiado, teniendo en cuenta que su resistencia se estaba probando contra el formidable poder mágico del Mjolnir; pero eso también significaba que sus enemigos podían acercárseles.
Loki se detuvo con actitud desafiante, dispuesto a luchar contra ellos otra vez.
–¿Os atrevéis a intentar cazar a un dios, miserables mortales? Pero yo os enseñaré a…
–Tú no vas a hacer nada, idiota presuntuoso –lo interrumpió Sigyn, aferrándolo de la muñeca y arrastrándolo con ella a la salida–, excepto salir de aquí con nosotras. ¿Has olvidado que estás demasiado débil para enfrentarte a todos ellos, sobre todo a Thor?
De mala gana, pero reconociendo que ella tenía razón, Loki se dispuso a salir por el hueco abierto en la pared, no sin antes dedicar una última mirada aviesa hacia su hermano adoptivo.
–¡A todos los efectivos, detenedlos! –ordenó Nick Fury a través de su intercomunicador– ¡Que no escapen!
Los tres atravesaron a la carrera la galería en dirección al ascensor, con sus perseguidores pisándoles los talones. La llamada de Fury había tenido respuesta y pronto acudieron un montón de soldados con intención de detenerlos, pero Loki pronto solucionó aquello. Sobre su mano, invocado por él y envuelto en un resplandor dorado, apareció su cetro entregado por los chitauri tantos años atrás; aunque se lo habían quitado al capturarle, éste estaba sujeto a un encantamiento similar al del Mjolnir con Thor, que lo obligaba a acudir a la mano de su dueño cada vez que lo reclamaba. Dicho cetro estaba rematado por la Joya del Alma, que aumentaba sus poderes de control mental de forma exponencial, por no hablar de que era capaz de proyectar letales rayos de energía.
Así, cada vez que alguno de los soldados de S.H.I.E.L.D. intentaba interceptarlos, Loki les disparaba con su cetro. La energía que despedía los golpeaba tan violentamente como un rayo láser, enviándolos varios metros atrás envueltos en una nube de chispas.
Consiguieron llegar al ascensor, dejando atrás a Fury y a los demás. Al haber inutilizado el generador que alimentaba aquel área, éste estaba igual de paralizado que cualquier otro dispositivo electrónico, pero inmediatamente Sigyn lo puso en marcha con su telequinesis. Estaba forzando demasiado sus limitados poderes, pensó ella, pero no era el momento de andarse con quejas ni remilgos: su libertad estaba en juego.
–¿Qué era ese sitio donde has encerrado a Strange? –preguntó Tess mientras el ascensor subía a gran velocidad, llevándolos a la superficie del Helitransporte.
–Una dimensión más allá del tiempo y del espacio –respondió Loki–. En ella también moran dioses… pero son de una clase muy diferente a nosotros. El menos monstruoso de ellos hace parecer a Surtur un corderito inofensivo.
Tess no dijo nada, pero recordó aquella sombra con tentáculos, y esa espantosa música de flauta.
–No me hago ilusiones –continuó él–, Strange es poderoso y sé que tarde o temprano conseguirá escapar de ahí. Pero tardará un tiempo… y confío en que mientras tanto mis primigenios amigos le hagan pasar un mal rato, igual o peor de lo que él me lo ha hecho pasar al ayudar a atraparme ahí dentro. Nadie se la juega al dios del engaño sin pagarlo antes o después –sonrió siniestramente.
–Entonces, ¿todo era un plan? –preguntó la chica, refiriéndose a la escena del interrogatorio y a las descargas con las que Sigyn le había torturado– ¿Mamá y tú estabais compinchados?
–No exactamente –replicó Loki–. Pero a tu madre siempre se le ha dado bastante bien la… improvisación.
–¿Pero no te estaba haciendo daño? ¿Estabas fingiendo? –Por mucho que Strange hubiera avisado, era difícil creerlo viendo el penoso aspecto de Loki mientras estaba atrapado en aquella máquina. Un aspecto que, como había dicho el mago, sólo era un atrezzo, un elemento más de su actuación.
–En parte sí –admitió él–. Dolía bastante, desde luego; pero me he visto en peores situaciones, como tu madre ya sabe. Aunque lo peor era no poder liberarme por culpa de ese maldito armatoste que absorbía mis poderes. Pero como te dije, no es la primera vez que estoy aquí en la Tierra. Sé cómo funcionan las máquinas midgardianas, y una verdad universal es que, por muy bien hechas que estén, todas en mayor o menor medida tienen un límite, y si intentas forzarlas más allá de ese límite, se estropean.
–Por eso provocabas a Fury y a Stark –dedujo Tess–. Para ponerles furiosos y empujarlos a seguir utilizándola.
Loki asintió.
–Bueno, al principio quise divertirme un poco, hacer el papel de inocente víctima para ver hasta dónde podían llegar… pero cuando Thor me descubrió con lo del Cofre de los Antiguos Inviernos, supe que tenía que dejarme de juegos y salir de allí cuanto antes. Así que les conté la verdad sobre mi plan; total, tampoco es que puedan hacer mucho a estas alturas… Quería ponerles de los nervios, esperando que haciéndoles enfadar utilizarían ese mecanismo de tortura hasta el punto de saturar el aparato, pero no funcionaba. Supongo que Stark estaba allí conteniéndoles –supuso acertadamente–. Así que tu madre tuvo que echarme una mano.
–Pero… pero… ¡habrías podido morir! –exclamó Tess escandalizada.
–Ya te advertí que no me subestimaras, ni tampoco me juzgues según estándares mortales. Esos idiotas lo han hecho y en el futuro pagarán caro ese error –sonrió de nuevo–. Admito que me pillaron con ese maldito gas de amapola de Niflheim, pero es la única vez que han tenido ventaja sobre mí, y no volveré a darles esa ventaja. Nunca llegué a estar en verdadero peligro. Todo fue una actuación.
–Entonces, ¿todo lo que le confesaste a mamá mientras estabas atrapado, eso de que la hacías sufrir porque temías debilitarte por amarla, también era mentira?
A aquella pregunta, Loki no supo cómo contestar. Su expresión de superioridad satisfecha con la que había explicado su plan se desvaneció, y desvió la vista muy serio, casi malhumorado. Pero antes de que dijera nada, Sigyn respondió por él:
–¿No has oído a tu padre? Acaba de decir que todo fue una actuación, y por supuesto eso también. Nadie en su sano juicio alegaría una razón tan ridícula para arruinar un matrimonio –dijo con tono severo y sin querer mirarles–, sólo fue una excusa como cualquier otra para que yo empezara a utilizar la máquina.
Loki la observó fríamente, irritado, pero no quiso contradecirle. Visto ahora, tenía toda la razón: era un motivo ridículo que lo hacía quedar como un cobarde, como el cobarde que había sido. Y tenía que agradecerle a Sigyn que le ahorrase a su hija aquella imagen de él, aunque no iba a perdonarle que le hubiese obligado a confesar aquella íntima debilidad delante de sus enemigos. Pero ya tendrían tiempo de hablar de eso. Antes tenían que salir de allí.
Para entonces el ascensor había acabado de subir del todo. Otra cuadrilla de soldados estaba esperándole para detenerlos, por lo que se quedaron muy sorprendidos cuando, al abrirse las puertas, vieron al ascensor abrir sus puertas totalmente vacío. Con las armas en ristre, avanzaron con precaución, preparados para casi cualquier cosa… pero no se esperaban aquello. Súbitamente un rayo de energía salido aparentemente de ninguna parte golpeó con dureza a aquéllos que estaban más cerca; y Loki, Sigyn y Tess, que se habían hecho invisibles del mismo modo que lo habían hecho Strange y su mujer horas antes, se materializaron en ese momento. El primero continuó disparando su cetro contra aquellos guardias hasta que no quedó ninguno en pie.
Con una arrogante sonrisa de triunfo, Loki recorrió la galería ya sin más obstáculos que esquivar que los cuerpos de los soldados que había en el suelo fuera de combate, inconscientes los más afortunados y muertos los que no tuvieron tanta suerte. Aunque Sigyn y Tess estaban muy impresionadas ante aquella carnicería, no había tiempo para dejarse llevar por la compasión. Eran esos mortales o ellos.
Caminando sobre aquellos cuerpos inmóviles, Loki se detuvo al lado de uno de los que parecía menos malherido y extendió su cetro, apoyando el puntiagudo extremo sobre su pecho como si fuese a atravesárselo, aunque no llegó a ejercer la fuerza necesaria para hacerlo. La Joya Alma se iluminó y una especie de luz blanquiazulada brotó del cetro, trasladándose al pecho del soldado. Éste abrió los ojos, cubiertos por una nebulosa película de un tono azul muy similar al de la propia gema.
–¿Sabes manejar un helicóptero? –preguntó Loki.
–Sí, mi señor… –respondió el hombre como si su interlocutor hubiese sido su dueño toda su vida.
–Pues te vienes con nosotros. Nos hace falta un piloto.
Los tres, acompañados por el improvisado e hipnotizado piloto –el cual cojeaba marcadamente, pero aparte de eso no parecía estar grave– consiguieron llegar casi sin contratiempos a la superficie del portaaviones del Helitransporte. La noche había caído. La temperatura había bajado mucho y soplaba un fuerte viento que hacía que la sensación térmica de frío fuera aún más intensa, pero ellos apenas se dieron cuenta.
Con la ayuda de su cetro, Loki se deshizo de los vigilantes que obstaculizaban su camino al helicóptero con la misma facilidad que en las galerías de los niveles inferiores. Recorrieron los casi cincuenta metros que los separaban del helicóptero, pasando entre depósitos de carga con cargamento desconocido y un montón de bidones de combustible que habían descargado allí pocas horas antes y permanecían allí en espera de ser trasladados a un depósito más abajo.
El helicóptero continuaba en el mismo lugar donde había dejado a Sigyn aquella tarde, y el soldado hechizado por el poder del cetro avanzó renqueando y se puso a soltar los cables que lo sujetaban al pavimento, para poder despegar. Después subió y encendió los motores, y las aspas comenzaron a girar.
Sólo les quedaba subirse al helicóptero. En cuanto lo hicieran y despegaran, serían libres. Sin embargo, cuando estaban a punto de subir, alguien apareció detrás de ellos.
–Lo siento. No puedo dejaros marchar.
Se trataba de un hombre con una bata blanca de laboratorio. Las solapas de ésta y los cortos cabellos ondulados de su dueño se agitaban movidos por el frío viento nocturno, pero él no parecía sentirlo. El rostro de aquel hombre, tranquilo pero lleno de determinación, le resultaba conocido a Sigyn, aunque en ese momento no recordó de qué. Loki se detuvo con expresión contrariada, y también un poco tensa.
–¿A qué estás esperando? ¡Vámonos! –exclamó ella, pero Loki continuaba inmóvil, contemplando a aquel hombre con gesto alerta como si fuera aún más temible que el tenebroso ser con tentáculos que se había llevado a Strange.
Extrañada, Sigyn observó de nuevo al desconocido. Aparte de la impresión familiar, lo único destacable en él era su aspecto inofensivo, casi débil en comparación con los soldados de los que Loki se había deshecho tan fácilmente con su cetro, por lo que no entendía la vacilación y el gesto preocupado de su marido.
–¡Él no va a detenernos! ¡Noquéalo si quieres, pero vayámonos ya! –insistió. Sabía que estaba siendo muy cruel al decir aquello, pero estaba histérica por salir de allí. Pero Loki sacudió la cabeza.
–No. A éste no –Su rostro estaba mortalmente serio.
–¿Qué? ¿Por qué?
–No nos conviene hacer enfadar a un antiguo amigo… ¿verdad, doctor Banner?
Entonces Sigyn recordó de quién se trataba aquel hombre, y lo potencialmente peligroso que era pese a su apariencia serena. Retrocedió un paso, agarrando el brazo de su hija con actitud protectora.
–Diles a la mujer y a la chica que se alejen, Loki –pidió Bruce Banner suavemente.
–Banner… –Loki continuaba altivo y desafiante–, hace mucho que no nos veíamos, pero ni siquiera tú vas a detenerme.
Éste no respondió a la provocación.
–Dile a tu familia que se aleje –insistió con la vista clavada en el suelo–. No me gustaría hacerles daño por accidente.
–Ya habéis oído. Marchaos –comandó Loki un poco tenso.
–Pero papá… –protestó Tess débilmente, y Loki la acalló con aquel gesto imperioso que la chica no había visto jamás, pero que Sigyn conocía tan bien:
–¡No discutas y obedece!
–Vamos, cariño –Sigyn tomó a la joven por los hombros y con suavidad la hizo retroceder, alejándose de Loki y refugiándose tras uno de los aviones anclados al suelo de cemento. Observó a su marido con preocupación–. ¿Te sientes con energía suficiente como para enfrentarte a él?
Loki asintió.
–Noto cómo mis poderes regresan a mí cada vez más rápidamente. Aún no llegan al punto de teletransportarnos a grandes distancias, pero bastarán para esto.
–¿Estás seguro?
Él se encogió de hombros.
–Tendrán que bastar –sonrió torcidamente–. ¿Es eso que detecto en tu voz preocupación por mí, querida esposa?
Las mejillas de Sigyn se colorearon un poco.
–Más quisieras –escupió con dureza mientras se alejaba con Tess.
Él se echó a reír, pero durante toda aquella conversación no apartó la vista de Banner, como si en vez de un hombre se tratara de un perro rabioso que pudiera atacarles en cualquier momento.
Ahora estaban en auténtico peligro, y lo sabía. Él había desatado a Hulk en el pasado, pero la broma le había costado cara, ya que posteriormente aquel ser de fuerza colosal le había vencido en combate… aunque calificar aquel encuentro de "combate" era bastante benévolo, ya que Hulk se había limitado a propinarle una brutal y fulminante paliza. Por supuesto, la culpa había sido suya, por confiarse, por subestimarle. En cuestión de fuerza bruta, nadie era rival para Hulk, ni siquiera él. No debía volver a cometer ese error.
–No quiero problemas, Banner –le ofreció una de sus tranquilizadoras sonrisas–. Sólo he venido a buscar a mi esposa.
–Debes quererla mucho.
–Sí, así es. Así que, ¿por qué no…?
–Yo también tenía una esposa, y también la quería muchísimo –lo interrumpió Banner con gesto sombrío–, pero la perdí.
–Sí, ya me lo imagino –replicó Loki cansinamente–. Ella te veía como un monstruo y te dejó, blablabla…, y seguro que pretendes echarme la culpa a mí.
–Oh, ella no me dejó –el hombre sonrió con tristeza–. Fui yo quien rompió con ella.
Loki alzó las cejas con sorpresa. Eso no se lo esperaba.
–Betty quería quedarse conmigo, pero yo no podía arriesgarme a que sufriese algún daño por estar cerca de mí, o de los peligros que corro, o por los enemigos que hice… o mejor dicho, que hizo… el "otro tío" –continuó Banner–. Cuando se tiene un monstruo dentro, como yo… o como tú… la única manera de proteger a la gente que quieres es mantenerte alejado de ella.
Loki no comprendía cómo alguien podía renunciar voluntariamente a estar junto a un ser querido, y encontraba el razonamiento de Banner ridículo y carente de sentido.
–Los mortales sois tan estúpidos… ese afán de sacrificio es inútil. La única manera de proteger a la gente que uno quiere es aplastar a todo el que intente hacerles daño.
Banner sonrió de nuevo, esta vez de forma un poco más maliciosa.
–Aplastar… tiene gracia que digas eso. He estado escuchando lo que hablabais antes. No quise estar presente durante tu captura ni en tu interrogatorio porque, por alguna razón, verte me pone… furioso. Pero he oído todo lo que decías a través del canal de comunicación, que tenía abierto en mi laboratorio. Sé que planeas destruir mi mundo y someter a la humanidad, y eso incluye a mi Betty. De modo que, según tu filosofía, si quiero protegerla voy a tener que aplastarte –mientras hablaba, comenzó a temblar–. No tuviste suficiente con lo de aquella vez, pero no tengo problema en darte más. Al "otro tío" tampoco le gusta tu cara. Mira por dónde, una de las pocas cosas en la que los dos estamos de acuerdo.
Cada vez temblaba más, y de repente se dobló como si sufriera un gran dolor y cayó al suelo.
–¡Sigyn, Tess! –exclamó Loki– ¡Alejaos todo lo que podáis!
Las dos mujeres retrocedieron unos pasos más, pero ambas se encontraban demasiado asombradas, o tal vez horrorizadas, como para moverse. Ante sus ojos atónitos, el doctor Bruce Banner se retorcía entre convulsiones, y entonces empezó a cambiar. Su ropa se desgarró, como si sus músculos se expandieran, y la piel que se veía bajo la ropa rasgada comenzó a tomar una tonalidad verdusca. No era la primera vez que Loki era testigo de esa metamorfosis, pero ellas dos sí, y no podían quitarle los ojos de encima. Era un espectáculo horripilante… y fascinante.
Cuando se completó la transformación, Hulk se incorporó, y por primera vez mostró sus ojillos también verdosos, que contemplaron aviesamente al dios del engaño.
Todavía sin sentir auténtico miedo, pero consciente de la gravedad de la situación, Loki retrocedió unos cuantos pasos. Sabiendo que se avecinaba un combate complicado, transformó su traje habitual en su armadura de combate y materializó sobre su cabeza su casco de cuernos afilados. Con su poderoso centro en ristre, ya estaba listo para pelear.
Sin perder un instante –al contrario que su alter ego, conversar no era su estilo–, Hulk se lanzó contra él, rugiendo y levantando los puños para aplastarle con ellos. Resultaba sorprendente que una mole tan enorme fuese además tan rápida, pero él lo era.
Si Loki se hubiera quedado donde estaba, todo lo que habría quedado de él habría sido una mancha contra el suelo del Helitransporte, pero se teletransportó con una carcajada, apareciendo sólo cinco metros más atrás, y todo lo que golpearon los puños de Hulk fue el cemento. La fuerza del impacto fue tal que toda la nave se estremeció durante un segundo. El gigante esmeralda miró al suelo y pareció desconcertado cuando no vio nada aplastado bajo sus puños.
Loki apareció por detrás de él, tan fresco que parecía que su cansancio producido por la tortura eléctrica durante el interrogatorio no había sido más que una mera anécdota. Aún no había recuperado la totalidad de sus poderes, pero sí lo suficiente como para teletransportarse a cortas distancias o utilizar otros de sus pequeños trucos mágicos, siempre que no requirieran un excesivo gasto de energía. Aquél era uno de los principales peligros de Loki, reflexionó Sigyn. A menudo solía parecer agotado o derrotado, justo para que sus enemigos se confiasen, pero cuando realmente le interesaba no tardaba en recuperarse; y entonces éstos no tardaban en lamentar su error.
–¿Buscas algo, amigo? –Loki usó su cetro para darle una pequeña descarga de energía en el trasero, y aunque eso no dañó a Hulk, sí le sorprendió y le hizo respingar– Si estoy aquí.
Hulk se volvió, momento que Loki aprovechó para volver a teletransportarse fuera del alcance de su vista y darle otra descarga por la espalda, desvaneciéndose otra vez cuando el gigante se daba la vuelta de nuevo, de forma que nunca conseguía encontrarle.
–¿Pero qué te pasa, es que no me ves? –se burlaba mientras cambiaba de sitio sin cesar, aumentando el desconcierto de su enorme adversario– Estoy aquí. No, aquí. No, ahora en serio: estoy aquí.
Al rato Hulk ya se encontraba totalmente mareado y confundido, confusión que aumentó cuando, de no ver ningún Loki buscara donde buscara, de repente empezó a ver una docena de ellos alrededor de él, todos llamando su atención de forma que no sabía a cuál de ellos golpear. Lo intentó con uno, y después con otro, pero todos parecían esfumarse como humo antes de que su letal puño los alcanzara.
–¡Loki, deja de jugar! –chilló Sigyn– ¡Tenemos que irnos!
El aludido puso los ojos en blanco.
–Síii, ya lo sé. Ahora que estaba empezando a pasármelo bien… –rezongó con fastidio. Pero en ese momento Hulk aprovechó su distracción para aferrarlo por una pierna y empezó a sacudirlo por los aires y a golpearlo contra el suelo, como un niño particularmente violento jugando con un muñeco de trapo. Sigyn y Tess se abrazaron, conteniendo ambas una exclamación de horror al ver la espantosa escena.
Los labios del gigante se alargaron en una sonrisa malévola al ver a su enemigo inmóvil en el suelo y repitieron la misma burla que le dedicaron en el pasado. "Dios canijo…", su voz cavernosa gruñó con desprecio el apelativo con el que solía designar a Loki. Sin embargo, su sonrisa pronto desapareció para ser sustituida por una expresión de enorme desconcierto cuando vio que el cuerpo inconsciente desaparecía en medio de unos destellos dorados. Lo que Hulk había estado golpeando sin compasión no había sido más que otro doble.
Simultáneamente, el verdadero Loki se volvió a materializar a su derecha con una velocidad pasmosa, muy superior a la de su adversario; y cuando un asombrado Hulk se volvió hacia él, enarboló su cetro sin perder un segundo, alzándolo de forma que su puntiagudo extremo contactó con el amplio pecho del gigante.
El temible poder de la Joya Alma volvió a manifestarse tal y como lo hiciera con el soldado que ahora esperaba en el helicóptero, y transmitió su luz azulada a través del extremo del cetro hacia el cuerpo de Hulk. Ahora era Loki quien sonreía, y su sonrisa era aún más aviesa y siniestra que la de éste.
–Sí, seré un dios canijo… –se mofó–, pero has olvidado que también soy mucho más listo que tú. Y a diferencia de ti, bestia estúpida, yo aprendo de mis errores. Lástima que tú no puedas decir lo mismo.
A medida que la luz de la Joya Alma iba apoderándose de su voluntad, Hulk dejaba de ser un enemigo. Los brazos cuajados de músculos cayeron laxos a ambos costados, olvidada ya toda resistencia; y los ojos, antes fieros, ya no tenían su color verde oscuro original, sino un azul intenso y brumoso. Sin alma.
–Ah, y si tu otro yo me está escuchando dentro de esa mole descerebrada… –añadió Loki con los dientes apretados–, te equivocas totalmente, Banner. No somos iguales. Puede que los dos seamos monstruos, pero la diferencia entre nosotros es que yo no me miento a mí mismo fingiendo que lo no soy.
Cuando el sortilegio de dominio mental sobre Hulk estuvo completo, el dios del engaño se volvió con una sonrisa de superioridad y le dio la espalda al gigante, sabiendo que éste ya no suponía un peligro para él.
–Nos vamos –se dirigió autoritario hacia Sigyn y Tess–. Subid al helicóptero.
Ellas volvieron a acercarse al aparato, pero en ese momento un rayo rojo y dorado surcó el cielo y descendió ante éste, interponiéndose entre los fugitivos y su única vía de escape: Tony Stark había tenido tiempo de ponerse su armadura de Iron Man y había ido volando hasta allí. Loki contuvo una maldición, y de nuevo las dos mujeres se vieron obligadas a retroceder.
Casi simultáneamente, la puerta que comunicaba la superficie del portaaviones con los niveles inferiores se abrió con un estridente sonido metálico, y por ella salieron el general Fury, Coulson, el Capitán América, la Viuda Negra, Ojo de Halcón y Thor, que habían subido a la carrera las escaleras. Otra vez estaban rodeados y sin salida, pero Loki no se dejó arredrar por eso: parecía incluso satisfecho por la aparición de sus enemigos. Ahora que dominaba a Hulk, no quería desaprovechar una ocasión inmejorable para deshacerse de ellos de una vez por todas.
–Estúpidos Vengadores… creéis que vais a vencerme porque me superáis en número. ¡Pero yo soy un dios y apenas he comenzado con vosotros!
Los héroes corrieron hacia donde se encontraban Loki y Hulk, pero se detuvieron de sopetón cuando vieron que el segundo se volvía hacia ellos con aquella expresión extraña, como ida, que hubieran visto en el pasado, cuando se descontroló y causó el caos por aquellas ciudades de la Costa Este, provocando tantas víctimas. Tras él, Loki esbozaba una sonrisa satisfecha y maliciosa.
–¿Hulk? –preguntó cautelosamente el Capitán América.
–Ya no te escucha, Rogers –repuso Loki con petulancia–. Ahora sólo me obedece a mí. E impedirá que podáis llegar hasta nosotros, ¿verdad, amigo verde?
–¿Hulk? –insistió Rogers, intentando que su voz llegara hasta su enorme compañero.
El gigante no se movió. Había empezado a temblar de nuevo, pero en esa ocasión era por el esfuerzo de estarse conteniendo. Era como si el Bruce Banner que estaba en su interior, que no estaba hipnotizado, estuviera librando una dura lucha con su alter ego para no dañar a sus amigos. Pero sólo era cuestión de tiempo: aquella batalla estaba perdida de antemano.
–Aplastar… –gruñó, para repetir con un rugido– ¡Aplastar!
Echó a correr hacia ellos a gran velocidad, y el suelo de cemento del portaaviones retumbó con cada uno de sus pesados pasos. Aunque aquellos héroes se habían enfrentado a mil peligros sin temor, no pudieron evitar un escalofrío al ver la estampa aterradora del enorme gigante dirigiéndose hacia ellos, con un gesto feroz en el rostro.
–¡Eso es! –exclamó Loki con gran regocijo– ¡Aplástalos! ¡Destrúyelos a todos!
–Dios mío… –murmuró Sigyn horrorizada.
–¡Vengadores, dispersaos! –no tuvo más remedio que comandar el Capitán América. La Viuda Negra, Ojo de Halcón, Fury y Coulson, sin poderes ni resistencia especiales, se lanzaron bajo las ruedas de algunos aviones, buscando esconderse de la enfurecida persecución de su antiguo compañero. Eran valientes, pero no suicidas.
El Capitán América y Thor, los únicos con fuerza sobrehumana, se quedaron en primera línea para proteger la retirada de los demás. El primero le lanzó su escudo de vibranium a Hulk, pero aunque su puntería fue excepcional, éste rebotó contra un lado de la cabeza del gigante esmeralda sin hacerle más daño que si le hubiese lanzado un plato de papel. Hulk siguió avanzando hacia ellos, acercándose cada vez más peligrosamente.
Thor decidió probar suerte: enarbolando a Mjolnir, lo alzó sobre su cabeza invocando su poder sobre las tormentas; y el cielo, que estaba cubierto de oscuros nubarrones ya desde por la tarde, retumbó al instante. La electricidad, que llevaba horas acumulándose sobre él, se propagó por las nubes de una forma similar a la que había animado artificialmente el aparato que había aprisionado el dios del engaño, en medio de los vibrantes estallidos que acompañan a ese tipo de cúmulos de energía.
Apenas tardó unos segundos en condensarse en un punto situado justo por encima de la cabeza de Thor, y se descargó sobre su martillo en un majestuoso y colosal despliegue de poder. El Mjolnir redireccionó la energía de los cielos proyectándola hacia Hulk con tanta intensidad que consiguió hacerlo retroceder. De hecho, el choque entre el gigante y el potente rayo fue tan violento que no sólo el primero salió despedido hacia atrás –estrellándose contra una de las avionetas del hangar, la cual acabó totalmente machacada por su peso como si estuviese hecha de hojalata–, sino que el rayo rebotó igualmente contra el dios del trueno, lanzándolo también a él por los aires.
Ambos quedaron aturdidos, pero Hulk se levantó enseguida: ni un voltaje cien veces superior al que había estado a punto de matar a Loki lo habría afectado. Y ahora sí estaba realmente enfadado. Empezó a recoger trozos de la avioneta sobre la que había caído –y que había quedado destrozada–, y a lanzarlos contra los Vengadores, no sólo contra Thor sino también contra los demás. Los que tenían instrumentos defensivos, como el Capitán América con su escudo o Thor haciendo girar a Mjolnir a modo de hélice, los rechazaban; los que no eran tan afortunados volvieron a esconderse entre los aviones caza para protegerse. El problema se agravó cuando Hulk acabó con los trozos pequeños y empezó a lanzar los realmente grandes.
Entretanto, el único que se libraba de aquello era Iron Man, que seguía manteniéndose en el aire ya como único obstáculo que se interponía entre Loki y su familia y el helicóptero. Preocupado, Tony Stark echó un vistazo a sus amigos, preguntándose si debía ir a ayudarles contra el nuevo y agresivo Hulk, pero eso supondría permitir escapar a Loki, y entonces nada de lo que habían hecho habría tenido ningún sentido. Además, confiaba en que sus amigos sabrían arreglárselas solos. De modo que se quedó allí delante del helicóptero.
El dios del engaño no pareció inmutarse.
–Cambio de juego, Stark… –comentó, empuñando su cetro– El escondite con el gigantón ha sido divertido, pero el tiro al blanco contigo lo va a ser aún más –añadió mientras descargaba su energía contra él. Stark lo esquivó con relativa facilidad:
–¡Lo siento grandullón, has fallado! Como en todo tengas la misma puntería… Pero ahora es mi turno. Así es como disparamos aquí en la Tierra.
Activó el sistema de ataque del Repulsor del guante de su armadura y lanzó un rayo de energía calorífica contra su adversario. Loki no se molestó en esquivarlo –o tal vez no tuviera tiempo–, y el rayo le acertó de lleno, impulsándolo bastantes metros más atrás y haciéndolo chocar violentamente de espaldas contra los bidones de combustible apilados a un extremo del hangar. Los bidones saltaron por los aires debido al impacto del cuerpo del dios y rodaron por todas partes.
–¡Hey, casi hago strike! –exclamó Stark alborozado, como si estuviese jugando una partida de bolos.
Pero su sonrisa se desvaneció enseguida cuando vio a Loki incorporándose. Tenía algunos cortes y magulladuras en el rostro, pero aparte de eso no parecía haber sufrido demasiado daño. Y sonreía.
–Veo que te gusta jugar duro, mortal –se irguió majestuosamente–. Algo que me complace… ¡porque a mí también! –exclamó al tiempo que volvía a lanzarle otro rayo de su cetro, el cual Iron Man volvió a esquivar, aunque con mucho menos margen que la vez anterior. Se inició un rápido y violento intercambio de disparos entre ambos, pero el cetro mágico de Loki le daba la ventaja sobre su enemigo ya que absorbía todos los intentos de Stark, en cambio su armadura de Iron Man empezaba a acusar los impactos del primero.
Stark empezaba a sudar dentro del traje. Sería sencillo evitar ser alcanzado, sólo tenía que alejarse; pero si lo hacía, dejaría el camino libre a Loki para que escapara. Tal vez, si volaba un poco más bajo, dificultaría a su enemigo la tarea de apuntar… pero al intentar aquello, ni él ni Loki se dieron cuenta de que se había posicionado justo delante del helicóptero. La siguiente vez que Loki le disparó con su cetro y Stark lo esquivó, el rayo de energía impactó contra el aparato, haciéndolo explotar en medio de una gran llamarada.
–¡Maldición! –renegó el dios del engaño.
–¡Sí! –se alegró Tony Stark, hasta que recordó al soldado hipnotizado que pilotaba el helicóptero, y que también había quedado carbonizado en la explosión– Oh, mierda…
–Oh, no… –susurró Sigyn, también pensando en aquel desgraciado que había muerto de forma absurda, como todos los demás.
–¡Voy a acabar contigo, Stark! –vociferó un Loki casi tan enfadado como el propio Hulk, y arreció con los ataques de energía de su cetro contra Iron Man, el cual continuaba esquivándolos, aunque cada vez con mayor dificultad.
Sigyn contemplaba horrorizada el panorama desde debajo de uno de los bombarderos de mayor tamaño, bajo el cual se había parapetado junto con Tess.
Aquello se había convertido en un infierno. Poseído por la cólera por haber perdido el helicóptero, Loki parecía haber olvidado su intención inicial de simplemente escapar con ellas y ahora sólo estaba concentrado en destruir a Iron Man como fuera para desquitarse. Y mientras, el resto de Vengadores se afanaba por combatir la furia destructiva de un Hulk de nuevo embrujado por el vengativo dios del engaño. El gigante esmeralda había acabado con todos los trozos del caza que había destrozado al caer, pero entonces empezó a arrancar de sus sujeciones avionetas enteras del hangar y a arrojarlas contra ellos.
"Lo sabía, si es que lo sabía…", rezongó la mujer para sí. Por mucho que manifestara que esta vez sus intenciones eran pacíficas, Loki no había cambiado, en absoluto. Cuando se le presentaba una oportunidad de atacar a sus enemigos, perdía toda la perspectiva y sólo pensaba en la victoria, costara lo que costara. Ya estaba empezando a arrepentirse de haberlo rescatado de allí, si bien sabía que, de haberse repetido la situación, habría actuado de idéntica forma.
Pero no era el momento de lamentarse. El corazón se le detuvo al ver que, de los bidones de combustible contra los que había colisionado Loki la primera vez que Iron Man le disparó con su guante, empezaba a formarse un pequeño charquito de líquido carburante: uno o más de los bidones debía haberse reventado con el impacto. Y debido a las turbulencias, el Helitransporte no estaba totalmente recto, sino ligeramente inclinado hacia un lado. Una inclinación muy ligera, de apenas unos grados, pero que representaba un peligro mortal, ya que el combustible empezó a fluir en dirección al helicóptero en llamas.
Sólo era un chorrito minúsculo avanzando sobre el cemento, pero si llegaba a contactar con el incendio… todo acabaría. La combustión llegaría hasta aquellos bidones, donde había almacenado combustible suficiente como para convertir toda la superficie del Helitransporte en una inmensa bola de fuego. Ella no podía calcular bien el alcance de los daños, pero sabía que aquello podría suponer una catástrofe y la pérdida inútil de más vidas, tal vez incluso las suyas propias. E, inmersos en toda aquella pelea, ni Loki ni ninguno de los Vengadores se habían dado cuenta de aquello, sólo ella.
–Quédate aquí –le ordenó a su hija en voz baja, y se forzó a salir de su relativamente seguro refugio pese a las protestas de Tess:
–¡Mamá, espera! ¿Qué haces?
Sigyn no la escuchó. No había tiempo de vacilar ni tampoco de ponerse a discutir con su hija, así que se apresuró hacia la zona donde el combustible avanzaba sin detenerse hacia el fuego, un río diminuto que desembocaría en el desastre si ella no lo impedía.
Dudó de si echar a correr, pero seguía demasiado lejos y se dio cuenta de que no llegaría a tiempo. En cambio, observó que el Capitán América se encontraba a apenas unos pocos pasos de aquel lugar, pero estaba pendiente de detener a Hulk y no se había percatado del peligro. De modo que intentó llamar su atención.
–Señor Rogers… ¡Señor Rogers! –llamó con voz moderada para no atraer más atención de la deseada, pero en cuanto vio que éste no la escuchaba, no le quedó más remedio que ponerse a chillar y a saltar– ¡Señor Rogers!
El héroe por fin se dio cuenta de los gritos, y se giró para ver el origen de éstos. Al ver saltando a la mujer de su enemigo frunció el ceño extrañado –e incluso con cierta desconfianza, ya que le habían informado de que ella había ayudado a escapar al prisionero–, pero pronto se dio cuenta de que ella intentaba avisarle de algo. Siguió con los ojos hacia la zona que le indicaban las señas desesperadas de la mujer, y no tardó en percatarse él también del peligro que corrían. Asintió decidido, confirmando que había recibido el mensaje.
No perdió un segundo calculando: en esos casos, era su instinto de supersoldado el que le dictaba cómo actuar. Viendo que en ese momento el flujo de combustible pasaba al lado de un cargamento de suministros militares almacenados en cajas de madera, apiladas en dos compactos bloques contra una pared, agarró su escudo y lo lanzó con gran precisión contra las cajas de las filas superiores en la parte más próxima a la zona por donde circulaba el combustible.
El escudo destrozó las cajas, prácticamente convirtiéndolas en astillas, y su contenido –armas de pequeño tamaño– voló por los aires. Éste no interesaba a Rogers: su plan era que el serrín que se suele incluir en las cajas para proteger su contenido cayera sobre el líquido, embebiéndolo, aunque había olvidado que ya no estaban en los años cincuenta y que en los embalajes ya no se utilizaba serrín sino poliestireno expandido, de origen sintético. Afortunadamente para todos y a pesar de que dicho material no era permeable como el serrín, varios trozos de aquel corcho blanco cayeron en medio de la trayectoria del combustible, frenando su mortal travesía a unos treinta metros del helicóptero ardiendo.
"Ufff…", Sigyn respiró aliviada al ver que se había evitado la catástrofe. "Estuvo cerca…". Pero su tranquilidad apenas duró un segundo. Un presentimiento la hizo volverse hacia su derecha y un escalofrío recorrió su cuerpo cuando se dio cuenta de que Hulk estaba mirándola, más cerca de ella de lo que había calculado… y con una expresión feroz deformándole el semblante.
–Mierda… –murmuró, llena de horror. Afanada como había estado en llamar la atención de Rogers, no se había dado cuenta de que sus gritos y saltos habían atraído también la de un ser mucho más grande que él y en absoluto tan amigable. En teoría, Hulk seguía aún bajo el control de Loki, pero las órdenes de éste habían sido "Destrúyelos a todos", no "Destrúyelos a todos salvo a mi mujer". Hasta entonces, el afán de violencia del dios del engaño no había necesitado de tales matizaciones.
Sigyn miró desesperada hacia su marido, deseando llamarle para pedirle ayuda, pero la atención de éste estaba completamente centrada en su combate personal contra Iron Man y ella sabía que no le escucharía. Además, ni siquiera tenía tiempo de avisarle: Hulk ya corría hacia ella, de nuevo sus pesados pasos retumbando duramente contra el cemento.
Echó a correr como una exhalación también hacia la zona del cargamento de suministros, donde su instinto le indicó que estaría menos al descubierto. Con una rapidez desesperada, se escabulló por el estrecho pasillo de no más de sesenta centímetros de ancho que separaba ambos bloques de cajas, justo cuando sentía los enormes y peligrosos dedos de Hulk rozar las puntas de su cabello. Aterrada, se adentró más profundamente por el angosto hueco mientras que Hulk, frenético por no poder alcanzar a su presa, alargó un brazo intentando agarrarla pero sus anchos hombros lo frenaron. Sin embargo, consiguió aplastar las cajas situadas en la parte más externa, haciendo que éstas crujieran sonoramente. Ante aquello, se puso a arrancar las que estaban a continuación en un intento de llegar hasta ella.
El Capitán América, viendo aquello, ya no se detuvo a pensar si Sigyn estaba de su lado o no: todo lo que veía era una persona indefensa y en peligro, de modo que actuó sin vacilar. Había visto que su anterior intento de lanzarle su escudo no le había hecho daño alguno, así que directamente corrió para tomar impulso y saltó sobre él para distraerle, en una tentativa que en cualquier otro habría resultado poco menos que suicida.
Se colgó de sus hombros, pero el enfurecido alter ego de Bruce Banner se lo sacudió quitándoselo de encima y lanzándolo por los aires como si fuera un animalillo molesto. Pese a su heroico intento, el golpe aturdió a Rogers durante un buen rato y Hulk renovó sus esfuerzos para conseguir atrapar a Sigyn, que al esconderse había despertado su instinto cazador. Aunque intentaba mantener la calma, la mujer no pudo evitar una exclamación aterrorizada cuando el enorme ser reanudó sus embates contra el improvisado refugio.
Mientras, Tess asistía horrorizada al peligro que estaba corriendo su madre. Deseaba ayudarle como fuese, pero el miedo la tenía paralizada, impotente:
–¡Papá! –trató de atraer su atención– ¡Por favor, mira hacia aquí! –suplicó, pero en vano. Loki, todavía inmerso en su batalla contra Stark, no dio muestras de oírle.
Agachada, Sigyn retrocedió aún más en el hueco hasta que su espalda chocó contra la pared: ya no había más escapatoria posible, estaba atrapada como una rata. Por su parte, Hulk continuó arrancando una caja tras otra y sacudiendo violentamente la estructura para hacer caer las que estaban en las filas superiores y por tanto más allá de su alcance; cuando de repente sintió un aguijonazo en la nuca que le escoció un poco, como un humano normal sentiría una picadura de mosquito. A aquella picadura le siguió inmediatamente otra, y luego varias más.
Irritado, Hulk abandonó su destructiva tarea y se volvió intrigado por el origen de aquellos pinchazos. Entonces descubrió a dos de esos diminutos humanos: una mujer vestida de cuero negro y un hombre con un extraño instrumento en las manos. Incluso para alguien con el limitado intelecto de Hulk, era fácil deducir que era ese instrumento el que lanzaba a aquellos dardos que tanto le molestaban, de modo que enseguida se olvidó de Sigyn y se lanzó a otra carrera contra sus dos nuevas presas. Sin embargo, Clint Barton y Natasha Romanoff formaban un equipo formidable, y se separaron. Cuando Hulk estaba persiguiendo a uno y se acercaba demasiado, el otro llamaba su atención de alguna manera, haciéndole cambiar de objetivo y acabando por confundirle y marearle.
Aún sin moverse de su escondite, Sigyn jadeaba ahogadamente, intentando recuperarse del miedo que había pasado. No podía dejar de temblar y le parecía un milagro haberse librado de aquello. En ese momento oyó otro fuerte crujido como de madera partiéndose por encima de su cabeza y cuando miró hacia arriba se dio cuenta de que para ella el peligro no había pasado, en absoluto.
Antes de que empezara todo, aquel cargamento de suministros había estado almacenado en cajas pulcramente apiladas en filas con aquella estrecha oquedad entre ambos bloques, convirtiéndose en una especie de fortificación que había salvado a Sigyn de la persecución de un Hulk tan destructivo como en sus peores momentos. Sin embargo, después de que éste hubiese roto las cadenas que las mantenían sujetas, destrozado muchas de las cajas de las filas que formaban la base y sacudido aquella estructura de arriba abajo, el sólido equilibro se había desestabilizado y algunas de las cajas de las filas superiores se habían desviado de su posición original, amenazando con caer sobre ella. Lo que antes había sido una firme fortaleza ahora se había convertido en una trampa mortal.
Sigyn se movió rápidamente, a gatas, tratando de salir de allí antes de que toda la estructura cediera, pero no lo logró. Otro crujido aún más aterrador que el primero le indicó que las pesadas cajas comenzaban a caer encima de ella como las cartas de un castillo de naipes derrumbándose.
En un último intento desesperado, quiso recurrir a su energía psíquica para crear un campo de fuerza que la protegiera al menos de la mayor parte del peso que iba a caer sobre ella, sólo para hacer el espantoso descubrimiento de que las máquinas no eran lo único que dejaba de funcionar si se les exigía demasiado. La energía psíquica de Sigyn ya estaba muy débil después de que ella la hubiese estado forzando todo aquel día –primero causando el fallo energético para escapar de aquella sala de interrogatorios y luego aplicando todas aquellas descargas eléctricas a Loki–, por lo que el frágil campo de fuerza que logró hacer aparecer sólo aguantó el enorme peso que se abatía sobre él durante unos segundos, y después simplemente desapareció.
En un primer momento, Sigyn no se sintió tan asustada como irritada. "Maldita sea, qué oportuno", se dijo con amargo sarcasmo. Pero después oyó crujidos aún más fuertes, y entonces le asaltó la terrible realidad de que era posible que no sobreviviera a aquello. Pese a lo que creyeran los antiguos vikingos, los asgardianos no eran inmortales, y menos aún ella, ya que su resistencia física era mucho menor a la de aquellos héroes que eran considerados dioses.
–Oh, Tess… Loki… –murmuró, justo antes de que cientos de kilos de madera y metal se desplomaran sobre ella.
¿A alguien le suena una "reinterpretación" de cierta escena de la peli de Avengers? XD Sí, quería reivindicar a Loki en su enfrentamiento con Hulk, que en la peli quedó en ridículo, el pobre; pero que aquí ha aprendido la lección (así aprenden los hombres: a base de golpes :P)
De nuevo, mil gracias por la positiva respuesta y sus comentarios a todo el mundo: Xymee, stephsak, dilandau93, LadyDraconian, Emilyackles, ZenHeyerdall, Kaiera, jeny borjas, Alva Loki, Gaby Hiddleston, silvia (encantada de conocerte y gracias por tu comentario! Sí, Narvi y Váli :( ), daniela lopes, RemyStrawberry y Jibriru (también los comentarios de MissTheMisery sobre EW), así como los comentarios por facebook de Saku-Zelda (que de nuevo me ha brindado inspiración con sus cómics, buscad de nuevo los enlaces en mi perfil), Arantxa y Trio-Infierno (mirad su fantástico fanart de los hijos de Loki, también en mi perfil), además de Lisbeth Poe, que está trabajando en unos lindos diseños manga de Loki y Sigyn, buscadlos en los enlaces de mi perfil, en la sección de Early Winter.
Igualmente, un saludo a ladyvesper y a kamikaze-fruit, a las que también agradezco sus amables comentarios por tumblr; a somedaymorning (gracias por tu interés en la historia); y a Cenntennial (para las fans del pairing Clint/Natasha, os recomiendo el fabuloso fic que acaba de comenzar en la sección de Avengers en español; y para todas las Lokifans en general, checad los fanfics de Trio-Infierno y de MissTheMisery, en la sección de Thor - son realmente interesantes).
