–26–

¡MAMÁ!

El grito horrorizado de Tess obró por fin el milagro de atraer la atención de Loki, así como la de Tony Stark. Ambos hombres dirigieron la vista hacia la zona de donde provenía el chillido, y al seguir la mirada llena de espanto en el rostro desencajado de la chica, pudieron ver el montón de cajas desmoronadas. Antes, concentrados en su combate entre ellos, ninguno de los dos había prestado atención a aquel sitio, ni siquiera al estruendo que produjeron las cajas al caerse; pero tras el grito de Tess, enseguida comprendieron lo que había ocurrido.

–No… –Loki ni siquiera se planteó cómo demonios había acabado su mujer ahí debajo, todo lo que sentía era una creciente angustia atenazándole la boca del estómago– ¡Sigyn!

Sin preocuparse más por Stark, echó a correr hacia la montaña de trozos de madera, mientras su armadura de combate volvía a transformarse en su habitual traje de cuero y metal. Enseguida empezó a aferrar tablones y a lanzarlos apresuradamente a un lado, buscando a su esposa. Con impaciente desesperación, pasó a sacar cajas enteras ayudándose con su cetro a modo de palanca; por desgracia no podía utilizar sus rayos de energía para ir más rápido, pues no quería arriesgarse a provocar un incendio mientras Sigyn continuara allí atrapada.

Iron Man, por su parte, parecía indeciso: de nuevo tenía la oportunidad de atrapar a su enemigo ahora que estaba distraído, pero entonces una mujer inocente moriría, y su afán de victoria no llegaba a tanto. De modo que se dispuso a olvidar momentáneamente su confrontación con el dios del engaño y comenzó a apartar tablones él también. Loki apenas se dio cuenta del generoso gesto de su adversario: estaba demasiado preocupado por Sigyn. Tampoco se percató de la presencia de su hija, que había corrido hasta el lugar y estaba también ayudando en lo que podía, aunque su fuerza fuera mucho menor que la de los dos hombres.

Después de un angustioso rato, la figura de Sigyn apareció al fin bajo un montón de listones partidos: Loki sintió que su corazón se detenía durante un instante al ver su lastimoso aspecto. Parecía más joven y más pequeña, casi diminuta, en medio de aquellos restos amontonados de armas –pues tal era el contenido de las cajas–, corcho blanco y pedazos de madera. Su cabello dorado estaba teñido de sangre en el lado derecho de su cabeza, su pantalón deportivo también estaba roto y ensangrentado en el muslo izquierdo, pues uno de los tablones partidos y puntiagudos había traspasado la tela y se había clavado en el músculo; y su pálido rostro se veía magullado y penosamente arañado por las astillas.

Loki se detuvo, paralizado durante un segundo ante aquella terrible visión. Si antes no había sido capaz de parar hasta encontrarla, ahora que lo había hecho era incapaz de enfrentarse a uno de sus mayores temores hecho realidad.

–Sigyn… –repitió en un murmullo, inclinándose sobre ella y sosteniéndola entre sus brazos. Ella continuaba inmóvil, ni siquiera la sentía respirar. "No, no, no…" se repetía una y otra vez. ¡No podía estar muerta! ¿Así era como acababa todo? ¿Para eso había viajado a la Tierra, para eso había pasado una semana en aquel estercolero y había vuelto a enfrentarse solo y casi desarmado a sus enemigos? No podía ser… ¡se negaba a aceptarlo!

Tan angustiada como él, Tess observaba la escena con lágrimas en los ojos y mordiéndose los nudillos: aunque sintiera mucha afinidad hacia un padre al que había deseado conocer desde su infancia, al fin y al cabo era su madre quien la había criado, y la idea de perderla la aterrorizaba hasta un punto que no quería reconocer. Siempre había dado por hecho que su madre siempre estaría allí para ella.

A su lado, Iron Man también contemplaba a la pareja con una sensación desagradable, incómoda. Aunque no lo pareciera, ya que externamente su actitud solía ser desenfadada y en ocasiones hasta irresponsable, se tomaba muy en serio lo que le parecía importante. Y que una civil cayese en medio de aquella lucha, aunque fuera una que estuviera en el bando contrario y hubiese ayudado a su enemigo a escapar… no le gustaba nada. Si alguien tenía que diñarla allí, era Loki y no ella.

Éste continuaba acunando a la mujer entre sus brazos, apartando mechones de cabello sucio de sangre y sudor de su rostro ceniciento y buscando en éste el menor signo de vida.

–Amada mía… –le susurró– No puedes dejarme ahora. Acabo de volver a encontrarte… –su rostro se ensombreció amenazadoramente, mientras añadía– ¿Crees que pienso permitir que vuelvas a abandonarme? Nunca, ¿me oyes? –la sacudió por los hombros enfadado, pero enseguida su enojo se quebró, y repitió con voz trémula– Nunca… No lo soportaría una segunda vez. Por favor…

En ese momento Sigyn se movió imperceptiblemente y sus párpados se estremecieron. "Mmm…", gimió, saliendo de su inconsciencia.

Imposible describir el alivio que desbordó a Loki, reanimando su alma como una fresca brisa de esperanza. Su Sigyn, su amada, estaba viva. Por fin podía volver a respirar, porque perderla habría sido como perder su propio aire.

–Vives… –murmuró con voz temblorosa, pero esta vez de alegría–. Gracias…

–Loki… –ella abrió los ojos (francos, claros, cuyo hermoso color había temido no volver a ver jamás) y no mostró ningún rechazo al verlo sosteniéndola entre sus brazos. Tal vez estaba demasiado aturdida para ello–. Lleva… llévanos a casa. Por favor… –dijo con voz más clara aunque aún débil–. Quiero ir a casa… –volvió a cerrar los ojos, fatigada o tal vez desmayada.

–A casa –él asintió apresuradamente. En ese punto, le habría dado el universo entero si se lo hubiera pedido–. No te preocupes, amada. Te sacaré de aquí, te lo prometo.

Tony Stark sintió un nudo en la garganta. Era la primera vez que veía a Loki así. Siempre lo había considerado un bastardo completamente incapaz de preocuparse por nadie que no fuera él mismo, pero ahora estaba viendo una faceta de él desconocida hasta el momento. Sintió el impulso de burlarse, de hacer algún chiste sobre que hasta los villanos tenían su "corazoncito", pero no le salieron las palabras. Se preguntó cómo actuaría él si estuviera en la misma situación… si algo le sucediese a Pepper. Seguramente reaccionaría de la misma forma que él. Y en ese momento identificó la sensación incómoda que lo estaba mortificando: era empatía. Compasión por alguien a quien durante años no había hecho otra cosa que odiar.

–Loki… –dijo sin poder evitarlo, pero éste lo cortó con voz dura y hostil, muy diferente a la dulzura con la que se había dirigido a su mujer:

–Calla, mortal. No oses pronunciar una palabra más –Alzó el rostro, y Stark quedó impactado al ver su expresión, especialmente sus ojos brillantes por las lágrimas–. Todo esto es culpa vuestra. Si no hubieseis interferido, nada de esto habría sucedido. Habéis lastimado a alguien que vale infinitamente más que todos vosotros juntos. No creo que entiendas lo que habéis hecho.

–Oye hombre, eso no es justo –empezó a justificarse Stark. Ni siquiera sabía por qué perdía el tiempo intentando razonar… tal vez era porque él mismo también se sentía culpable–. Si ella se hubiese mantenido al margen, ahora no estaría…

–No Stark, no lo entiendes… –mientras con su brazo izquierdo seguía sosteniendo a Sigyn, Loki agarró disimuladamente su cetro con su mano derecha. Súbitamente lo alzó y lanzó un rayo de energía contra Iron Man, al tiempo que exclamaba–: ¡pero yo voy a hacer que lo entiendas!

A tan poca distancia y tomado por sorpresa, Stark no fue capaz de esquivar aquel rayo disparado a bocajarro y su cuerpo se vio despedido otra vez hacia atrás, chocando contra una de las avionetas de mayor tamaño situadas a unos veinte metros, una de las pocas que Hulk –que continuaba persiguiendo a Ojo de Halcón y a la Viuda Negra– todavía no había derribado. De nuevo, la armadura volvió a salvar la vida del empresario, pero la resistencia de ambos se había visto forzada al límite y el carismático héroe quedó fuera de combate.

Con todo, Loki aún no estaba satisfecho. Con una aterradora expresión de rabia deformando su habitualmente hermoso semblante, se incorporó; y Tess se apresuró a ocupar su lugar sosteniendo a su madre en su regazo. El dios del engaño levantó su cetro colocándolo en posición vertical, en un gesto similar al que Odín, su padre adoptivo, solía realizar con su lanza Gungnir. Una de las cosas que sus enemigos ignoraban, y que él no había considerado necesario revelar hasta el momento al disponer de Hulk, era que el poder de aquel cetro ya no se limitaba a disparar rayos de energía y a robar las voluntades de los hombres. Durante aquellos años, Loki había efectuado ciertas incorporaciones que lo convertían también en un generador de campos de energía sónica.

En cuanto el extremo inferior del cetro impactó contra el suelo de cemento, originó una onda de puro sonido que se percibió como el tañido de una campana especialmente grave y vibrante, y que se expandió en círculo en torno a él en un efecto similar a las ondas sobre el agua cuando algo perturba su superficie.

Cuando dicha onda sónica llevaba a los oídos de algún Vengador, éste caía al suelo tapándose las orejas con gestos de dolor, ya que había sido especialmente creado para atacar el oído interno y el sentido del equilibro de los mortales, aunque sus efectos sólo durarían unos minutos. Ni siquiera Hulk se libró de aquella perniciosa sensación, ya que tenía un oído hipersensible, similar al que poseían muchos animales; y eso lo hacía incluso más vulnerable a aquel ataque que el resto de sus compañeros. En un momento, también estuvo retorciéndose por el suelo y tapándose desesperadamente las orejas, tratando de escapar de aquel sonido torturante, mas no había escape posible.

Por fin Loki tenía lo que siempre había buscado, sus enemigos estaban a su merced aunque fuera sólo temporalmente, pero en ese momento no se sentía contento ni triunfal. Tan sólo quería una cosa: venganza.

–Voy a destruiros a todos… –comenzó a avanzar hacia ellos con un gesto feroz de rabia–. Lenta y dolorosamente, hasta que me supliquéis que acabe con vuestra miseria, y…

Se interrumpió al sentir que algo tiraba de su gabán de cuero hacia atrás, como si se hubiese enganchado con algo. Miró hacia atrás irritado, sólo para descubrir que era su hija quien le había agarrado para detenerle. Continuaba sosteniendo a su madre y tenía los ojos llenos de lágrimas.

–No, papá, por favor… –suplicó–. Mamá necesita atención médica urgente…

La expresión de ciega ira desapareció enseguida del rostro de Loki. Tess estaba en lo cierto: poseído por su ansia de venganza contra sus enemigos, volvía a olvidar lo más importante. No era la primera vez que le pasaba, pero esperaba que fuese la última. Sobre todo esperaba que el precio a pagar no fuera tan alto como en el pasado.

–Tienes razón, pequeña –concedió en voz baja. Retrocedió y se agachó junto a ella y junto a Sigyn–. Nos vamos de aquí.

No estaba totalmente seguro de si había recuperado la totalidad de sus poderes como para poder teletransportarlos a los tres de vuelta a Jotunheim. Ahora se arrepentía de haberlos estado utilizando sin mesura para "jugar" con Hulk –¿por qué cuando tenía un enemigo delante perdía la perspectiva y no pensaba más que en derrotarle, costase lo que costase?–; pero en ese momento el arrepentimiento era inútil. Tenía que encontrar un modo de que la poca energía que le quedaba bastase, pero cómo hacerlo, ¿cómo?

Sin embargo, la fama de su inteligencia y habilidad para la estrategia y la improvisación no era infundada. Súbitamente se le ocurrió una idea que podría funcionar:

–Vas a tener que "prestarme" tu energía, Tess –le dijo a su hija–. La energía acumulada de los dos será suficiente como para que podamos largarnos de este asqueroso planeta y regresar a casa. ¿Te ves capaz de hacerlo?

La chica asintió apresuradamente.

–Sólo dime lo que tengo que hacer.

–Toma mis manos –le indicó, alargándoselas. Ella obedeció sin perder un segundo–. Sentirás como si te "absorbieran" el alma, pero no te resistas. Sabes que yo no te haría daño, ¿verdad?

Ella vaciló durante un mínimo instante. Después de todo, había presenciado cómo organizaba todo aquel caos en el Helitransporte, y había visto su verdadero ser, el oscuro y destructivo dios del engaño; era difícil no sentirse intimidada con todo aquello. Pero aun así… era su padre. Y tenía razón: si aquellos hombres no se hubiesen llevado a su madre, ella no estaría herida.

–Claro –asintió de nuevo y sujetó las manos de su padre, atenta a seguir manteniendo la cabeza de su madre sobre su regazo. Pero en cuanto Loki empezó a murmurar el hechizo que canalizaría la energía de ambos y la fusionaría para poder llevar a cabo el encantamiento que los trasladaría a casa, se oyó un estridente sonido metálico acompañado de una potente voz masculina:

–¡Loki! –Thor se acercaba, y como uno de los trozos de avioneta destrozada le estorbaba el paso, lo había apartado violentamente golpeándolo con su martillo. Loki había olvidado que el sistema sónico que había colocado en su cetro sólo atacaba el oído de los mortales, y por tanto no había afectado al dios del trueno.

Éste se plantó frente a ellos con actitud severa, no parecía nada contento. En su mano derecha, medio levantada, sujetaba a Mjolnir, pero no parecía dispuesto a utilizarlo. Todavía.

Loki no miró a los ojos de su antiguo hermano adoptivo.

–Thor, tienes que dejarnos marchar.

–Sabes que no puedo hacer eso, hermano. El Ragnarök…

–¡No hay tiempo! –lo interrumpió él, desesperado– Y no pienso perder el poco que tengo con charlas inútiles. Sigyn podría morir… –añadió lleno de angustia, y su rostro se oscureció amenazadoramente al tiempo que clavaba sus ojos llenos de fuego verde en los de Thor–. Y si eso ocurre, si pierdo a mi esposa porque me has estado entreteniendo aquí, te juro por todo lo que me es más sagrado que arrasaré esta Tierra que tanto amas. Hasta ahora sólo tenía pensado en controlar el exceso de población, pero ten por seguro que exterminaré hasta el último hombre, mujer y niño y borraré esta bola de barro del mapa; y no me importa lo que diga Jormungand. Lo que intenté hacer con el rayo del Bifrost en Jotunheim cuando éramos jóvenes te parecerá de risa en comparación con lo que le haré a este miserable planeta como no nos dejes ir ahora mismo.

Thor escuchó el despiadado discurso de su hermano sin alterar su gesto adusto ni mostrarse impresionado en absoluto.

–¿Sabes, Loki? Me parecías más convincente cuando te dedicabas a persuadir en lugar de amenazar –comentó, pero a pesar de todo bajó su martillo, suspirando–. Llévate a tu mujer y haz que la atiendan.

El rostro del dios del engaño pareció algo más ligero, como si se hubiese quitado un peso de encima, pero se esforzó por disimular y no demostrar su alivio, porque eso habría supuesto admitir que se sentía agradecido. Sabía que si Thor se hubiese empeñado en pelear, no habría podido impedirlo, y aunque se las hubiese arreglado para vencer –algo improbable por otra parte–, la pérdida de tiempo podría haber tenido consecuencias irreparables para Sigyn.

Intentando mantener la sangre fría, volvió a tomar a la mujer en brazos y se levantó con gesto altivo, sin despegar los ojos de su antiguo hermano.

–Agárrate a mí, Tess –ordenó a su hija–. Recuerda lo que te dije: no te resistas. Sigo necesitando tu energía.

–No te preocupes, papá –contestó ella, pálida y asustada pero también decidida.

Loki inspiró profundamente y concentró su energía para iniciar el sortilegio del teletransporte. Cuando empezó a notarse un poco débil, invocó la joven y vigorosa energía que percibía a través de la mano caliente de su hija aferrando su brazo. Tal y como él le había advertido, Tess sintió como si el alma estuviera escapándosele del cuerpo, pero dominó su natural impulso de ofrecer resistencia. Ambas energías se fundieron, fluyendo alrededor de los tres cuerpos como una sola y condensándose en un campo de fuerza esférico que emitía una luz anaranjada, y que era surcado por rayos centelleantes.

–Esto no cambia nada, Thor –fueron las palabras de despedida de Loki, pronunciadas con rostro sombrío y mirada hosca–. Un día no muy lejano, tú y yo tendremos que ajustar cuentas.

–Lo sé –asintió éste con expresión triste pero resignada, demostrando que era consciente de que el futuro enfrentamiento entre ambos era inevitable–, pero eso no importa ahora. Adiós, hermano, y cuida de tu esposa. Espero de veras que se recupere.

La amable y sincera preocupación que había en sus palabras obligó a Loki a bajar la vista. ¿Por qué demonios tenía que ser tan asquerosamente noble? Parecía que lo hiciera a propósito para que le costara trabajo odiarle. ¡Pero no le serviría de nada! No importaba las veces que le favoreciera, las veces que se mostrara bondadoso o compasivo con él: siempre serían enemigos y él siempre le odiaría, y algún día le destruiría. Lo había jurado.

Apretó los dientes: sentía que los ojos se le humedecían y no quería de ningún modo que Thor lo viera así. ¡A él, que tantas veces se había burlado de Thor por ser un sentimental cuando eran jóvenes! Ahora, después de tantos años y tantos golpes recibidos, tanto físicos como morales, había aprendido que nadie se libraba de los sentimientos, ni siquiera él. Pero prefería morir antes de que Thor viese una sola muestra más de debilidad por su parte.

Se sintió aliviado cuando la esfera de luz dorada que los rodeaba implosionó hacia su núcleo, lanzándolos a través de las dimensiones. Por fin dejarían aquel mundo que comenzaba a odiar cada vez más y volverían a casa, donde él volvería a tener el control. Ya no tendría que enfrentarse más a la mirada preocupada y amable de su antiguo hermano, que lo hacía sentirse peor que todas las torturas eléctricas de aquella máquina. Y sobre todo, por fin podría ocuparse de Sigyn: ella se repondría y ocuparía por fin el lugar que le correspondía a su lado como su esposa y futura reina del universo. Todo volvería por fin a su sitio… al menos, eso esperaba.

–*–*–*–*–*–

Cruzado de brazos, Thor contempló cómo Loki desaparecía con su familia. Después, sacudió la cabeza con un largo suspiro melancólico.

"Buena suerte, hermano…", le deseó en silencio.

Pero no tuvo demasiado tiempo para pararse a reflexionar. Una vez libres de la presión sónica del cetro de Loki, todos los Vengadores comenzaban a recuperar poco a poco la consciencia y el equilibrio, esforzándose por levantarse y sacudiendo la cabeza para librarla del pitido que continuaba resonando en sus oídos como sensación residual. Por desgracia, no fueron los únicos: Hulk también se puso trabajosamente en pie, trastabillando y ladeando la cabeza como un gigantesco borracho. Pero eso no le restaba ni un ápice de agresividad, ya que continuaba poseído por la maligna influencia de la Joya Alma, la cual no se limitaba a actuar en presencia de Loki.

–¡Cuidado! –les gritó el Capitán América, viendo que embestía contra la persona que tenía más cerca, y que no era otra que la Viuda Negra, que había tenido la mala suerte de caer víctima del ataque sónico demasiado cerca de Hulk minutos antes. Ella intentó alejarse, pero aún estaba aturdida y sus movimientos eran más lentos de lo que lo hubieran sido de ordinario.

Por un momento, Natasha Romanoff estuvo convencida de que iba a morir, pero en ese momento Ojo de Halcón se interpuso valientemente entre ella y la bestia y disparó a Hulk con su arco. Éste se tapó la cara con sus enormes manos para que la flecha no le alcanzara en la cara, y ésta se le clavó en la palma de una de ellas. El monstruo aulló de dolor y, de nuevo enfadado, lanzó un manotazo a Clint Barton que lo envió varios metros más lejos.

Después volvió a dirigir su atención a Natasha, pero ésta ya había tenido tiempo de recuperar la sangre fría. Aunque aún estaba un poco mareada, la adrenalina y sus reflejos bien entrenados de soldado le dictaron qué hacer: con tanta rapidez que Hulk casi ni la vio, se dejó caer al suelo y se deslizó por el hueco abierto entre las piernas del gigante, acabando detrás de él. Gruñendo irritado al darse cuenta del ardid, éste se volvió, pero la espía ya estaba alejándose ágilmente. Hulk rugió y salió detrás de ella.

–¡Thor! –chilló ella mientras corría hacia él, con Hulk pisándole los talones– ¡Tu martillo! ¡Tienes que darle en la cabeza!

El asgardiano, que en realidad no había intervenido porque todo aquello había ocurrido en apenas unos pocos segundos, por fin salió de su estupor y levantó a Mjolnir.

–¿Estás segura? –preguntó dubitativo. Pese a querer detener a Hulk, temía excederse y hacer daño a su amigo el doctor Banner.

–¡Del todo! ¡Tienes que darle entre los ojos, es la única forma! –gritó ella, recordando que así habían conseguido sacar a Clint Barton de su hipnosis aquella vez que Loki había utilizado la Joya Alma para poseerle a él también.

Thor no dudó más. Haciendo girar el asa de cuero del martillo sagrado entre sus manos para darle más impulso, lo lanzó con fuerza colosal y una increíble precisión hacia la cabeza del gigante esmeralda, que avanzaba hacia él imparable como una locomotora. El Mjolnir pasó por encima de la cabeza de Natasha, haciendo volar sus cabellos rojos con la corriente de aire que levantaba desplazándose a aquella velocidad vertiginosa, y se estrelló justo entre las cejas de Hulk. El impacto fue tal que el enorme corpachón de éste se vio levantado casi un metro antes de ser despedido hacia atrás y caer pesadamente contra el suelo. Todo el Helitransporte se estremeció, como sacudido por un terremoto, ante la potencia de la caída; y después de eso la zona quedó en silencio, envuelta en una nube de polvo que tardó varios minutos en disiparse.

Antes de que aquello ocurriera, los Vengadores que aún se encontraban en pie ya corrían hacia el inconsciente Hulk. Cuando la totalidad del polvo levantado acabó aposentándose sobre el suelo, Natasha Romanoff, Steve Rogers, Nick Fury y el agente Coulson se encontraban rodeando el cuerpo semidesnudo, tiznado y cubierto de moratones de Bruce Banner. El despliegue de potencia mostrado por su alter ego durante la dura batalla, más el golpe del Mjolnir, habían agotado la energía del monstruo y precipitado la transformación.

–Maldita sea, ¿dónde está Loki? –gritó Fury, encolerizado al no verlo. Coulson miró por todas partes y con expresión de circunstancias sacudió la cabeza hacia su jefe, dando a entender que ya no se encontraba allí. Mientras, la Viuda Negra estaba más preocupada por el doctor Banner.

–¡Bruce! –se inclinó sobre él, mientras éste recuperaba poco a poco la conciencia– ¿Estás bien?

–Mmm… dame un momento –contestó un aturdido Banner. Siempre que volvía a su ser normal después de ser el "otro tío", se encontraba débil y confuso, reflejo del extremo desgaste que su cuerpo debía sufrir cuando se encontraba bajo el control del Hulk.

–¿Recuerdas algo? –le preguntó Steve Rogers.

–¿Que si recuerdo algo? Lo recuerdo todo –gruñó él malhumorado… o todo lo malhumorado que podía mostrarse estando tan débil. Toda su furia se la había llevado Hulk, pero aun así no podía evitar sentirse irritado al saber que Loki había vuelto a controlar a la bestia mientras que él, atrapado dentro de aquel corpachón, no había podido hacer absolutamente nada por impedirlo–. Yo… espero no haberos lastimado demasiado.

Todos se miraron entre sí, haciendo un recuento de los daños. El Capitán América se había dislocado un brazo, el traje de Iron Man estaba casi totalmente destrozado –aunque afortunadamente él había salido ileso– y Ojo de Halcón había salido con un par de costillas rotas tras el último vapuleo de Hulk, por lo que Nick Fury ordenó a unos soldados que lo recogieran y lo trasladaran a la enfermería. Desde la camilla, el lacónico agente restó importancia a las excusas de Banner con la mano, declarando:

–No tiene que justificarse, doctor. Sé cómo se siente. Por lo que a mí respecta, es ese dios loco el que me ha hecho esto, y de todas maneras no es lo peor que me ha hecho.

–Aun así, fue culpa mía –insistió Banner–. Me confié, al igual que él mismo se confió la primera vez que nos enfrentamos. Creí que usando al "otro tío" me sería fácil derrotarlo como en aquella ocasión. No conté con su maldita astucia de zorro.

–Sí, al final se lució –comentó Natasha, antes de marcharse acompañando a Barton–. Esta vez no le ha hecho falta ningún ejército para estar a punto de acabar con todos nosotros.

–Lo cual demuestra que es aún más peligroso que antes –dijo duramente Nick Fury–, y el error tan grave que han cometido dejándolo escapar. ¿Alguien me puede decir qué demonios ha pasado?

–Ni idea –repuso Stark–, yo no recuerdo nada después de la segunda vez que me golpeó con ese rayito suyo de las narices.

–Y luego la onda sónica nos incapacitó al resto –añadió Rogers.

–Entonces, ¿desapareció? ¿Así, sin más? –insistió Fury, cada vez más impaciente.

–Se llevó a su familia –la voz de Thor, que intervenía por primera vez, llamó la atención de todos. Él no se había movido del mismo sitio desde el que se había despedido de su hermano, y permanecía de pie, cabizbajo y pensativo. Giró la cabeza hacia ellos, y el largo cabello húmedo por la lluvia se deslizó por su frente–. Eso era lo único que quería, lo que había venido a buscar.

–¿Y tú lo dejaste ir? –Fury caminó hasta él, encarándose con el dios sin importarle que le sacara más de una cabeza. Estaba tan enfadado que se habría enfrentado al mismísimo Hulk sin pensarlo.

–Sí –admitió él. No acostumbraba a mentir y tampoco veía motivo para hacerlo–. Tenía que hacerlo, Sigyn estaba herida.

–¿Y no se te ocurrió pensar que podríamos haberla atendido aquí, en nuestra enfermería? –preguntó Coulson. Thor pareció aturdido y negó con la cabeza.

–Ésa no es la cuestión. ¿No lo entendéis? Toda esta destrucción, la transformación de Banner, todos los heridos, incluida Sigyn… todo es culpa nuestra. Esta vez Loki no venía a atacarnos, ni a nadie de la Tierra. Fuimos nosotros los que le obligamos a hacer todo esto para escapar –abarcó con un gesto aquel escenario destrozado–, a forzar a Hulk a ponerse en nuestra contra, y a herir y a matar a tantos soldados.

–Y nada de eso ha servido de nada –escupió Fury, cada vez más indignado–; no ahora que le has dejado escapar. ¿Se puede saber de parte de quién estás?

–Como siempre, estoy de parte de lo que es justo –espetó Thor, empezando a molestarse también por la reprimenda de Fury. No estaba acostumbrado que un mortal le pidiera cuentas en un tono tan poco respetuoso, y pese a su bondad aún tenía bastante genio cuando se enfadaba–. Multitud de veces os he ayudado contra mi hermano cuando él os atacaba injustamente, pero esta vez no ha sido así. Todo lo que él quería era recuperar a su familia, y hemos sido nosotros los que le hemos tendido una trampa utilizando a una mujer y una chica inocentes como cebo, los que le hemos torturado de forma ignominiosa y los que le hemos obligado a actuar así. Yo no habría reaccionado de forma muy distinta si hubiese estado en su lugar. Os tenía por hombres de honor, pero los métodos que habéis utilizado esta vez no me han gustado nada.

–Con que no te gustan nuestros métodos –replicó Fury con despectivo sarcasmo–. ¿Acaso me has visto cara de boy scout? –Thor no sabía qué significaba aquel término, pero de todos modos Fury prosiguió sin dejarle contestar– ¡Porque no lo soy! ¡Ninguno de aquí lo somos! ¡Yo me dedico a proteger mi país, y mi mundo, de terroristas como Loki, sea cual sea su origen! ¡Y si tengo que recurrir a métodos que no están bien vistos por el libro de los buenos modales de tu pequeño reino de fantasía, lo haré sin dudarlo, ¿me has entendido, muchacho?

Thor se quedó tan impresionado por el estallido de Fury, que no dijo nada. Pero éste no había acabado:

–Que no le gustan nuestros métodos, dice… –rezongó en voz baja, antes de volver a dirigirse a Thor–. Puede que esta vez Loki no viniera con propósitos malvados, ¿pero has olvidado las cientos de veces que sí los tuvo? ¿Y que volverá a tenerlos? Recuerda lo que nos dijo durante el interrogatorio. Ese lunático de hermano tuyo, al que has dejado ir tan compasivamente, va a lanzar un ataque sobre nuestros dos planetas en menos de un año. Cuando estés en tu mundo, luchando por tu vida y con los cadáveres de tus amigos y parientes rodeándote, recuerda que permitiste que ocurriera dejando huir al causante de todo porque "no te gustaban nuestros métodos".

El dios del trueno, reprendido como un niño, bajó la mirada incómodo ante aquel argumento, que por lo demás era cierto. Sin añadir nada más, Fury se marchó, tan enfadado que casi parecía echar humo. Coulson le ofreció a Thor una sonrisa de circunstancias, que intentaba suavizar las cosas sin desautorizar a su superior, lo cual era bastante difícil.

–Se siente contrariado, el plan no ha salido precisamente como esperábamos –lanzó una mirada alrededor, como evaluando la multitud de daños causados–. Hemos tenido muchas bajas, incluido Strange, y… disculpad –enseguida salió detrás de su jefe.

Thor seguía cabizbajo, observado por sus compañeros Vengadores. No era la primera vez que Fury se enfadaba con uno de ellos, pero sí la primera que un error cometido por uno podía costarles demasiado caro.

–He metido la pata, ¿no? –murmuró. Tony Stark se acercó a él, y le palmeó un brazo con una de sus manos enguantadas en metal.

–Pues no sé, chaval. Yo soy hijo único, así que no sé qué haría en tu lugar, si tuviera un hermano chiflado como el tuyo –No comentó que esta vez le había parecido ver a Loki ligeramente distinto, preocupado por alguien aparte de por sí mismo. Su ser consciente se resistía a defender a quien hasta entonces había sido uno de sus más acérrimos enemigos. "Después de todo, hasta los chacales se preocupan por sus familias", se dijo.

–Hiciste lo que creíste correcto –intervino Steve Rogers, sosteniéndose el brazo dolorido–, sólo espero que Fury se equivoque y que ese momento del que hablaba no llegue nunca. De todas formas, si llega… estaremos preparados –declaró con firmeza.

Uno a uno, el resto de los Vengadores se marcharon al interior del Helitransporte, el cual puso rumbo hacia una de las bases estacionarias de S.H.I.E.L.D. para efectuar las reparaciones de los daños que habían causado tanto Loki como Hulk. Thor fue el último en abandonar la devastada superficie, y se quedó unos minutos allí solo, reflexionando mientras contemplaba el cielo nocturno.

La tormenta había cesado y ahora sólo una leve llovizna caía sobre el cemento. Las gotas heladas se estrellaban como leves pinchazos contra el rostro del dios del trueno, pero éste apenas parecía sentirlas, inmerso en su caos interior.

Seguramente Fury tenía razón. Lo más probable era que hubiese cometido una estupidez dejando marchar a Loki, y que se arrepintiera amargamente de aquello en el futuro. Pero, por otro lado, seguía convencido de que todo aquello había estado mal desde el principio. Aquel plan, aquella forma de manipular y torturar, todo aquello habría sido más propio de Loki que de sus amigos; pero esta vez habían sido éstos los que habían recurrido a aquellos detestables métodos. Después de oír a Fury y a Loki, casi podía entender por qué lo habían hecho, pero aún así… Thor siempre había creído tener claro el lado de la línea en el que se encontraba, por qué luchaba; pero esta vez se sentía confuso. ¿Qué era lo correcto? ¿Qué estaba bien y qué estaba mal? Ya no podía saberlo. Por eso había dejado marchar a Loki, pese a que una parte de sí mismo le advertía de que estaba cometiendo un error.

Además, Fury no había estado allí, delante de Loki. No había visto la desesperación en los ojos de su hermano, en aquella amenaza que en realidad no había sido tanto una amenaza como una súplica. Si hubiera suplicado, Thor habría sabido que estaba mintiendo: Loki no suplicaba en serio jamás. Aquella amenaza desmedida, aquella pérdida de control, habían sido su forma de suplicar.

Aquélla era la otra razón por la que había cedido. Durante años, había creído que el corazón de Loki estaba completamente muerto, en especial después de la indiferencia con la que había parecido tomarse la muerte de su familia. Ahora descubría conmovido que aquella indiferencia no había sido más que otra de sus mentiras y que Loki aún era capaz de sentir algo, una emoción noble más allá del odio y la ambición. Todo su comportamiento hasta entonces, por destructivo que hubiese sido, reflejaba amor… a su propia y particular manera, pero así era. Era lo mismo que había percibido por un momento Tony Stark, aunque éste no quisiera admitirlo.

Eso daba a Thor cierta esperanza. Estaba seguro de que si había alguna posibilidad de que Loki volviese a recobrar el alma y la compasión, sería gracias a la mujer y a la adolescente que se había llevado con él. En su amor por ellas estaba la clave de su salvación… de él y de todo el Universo. Si el amor podía cambiarle, ya no habría guerra y Thor recuperaría a su hermano.

Era una apuesta muy arriesgada: si se equivocaba, el Ragnarök ocurriría y se perderían millones de vidas. Pero él confiaba. Aún quedaba un año: en un año podían ocurrir muchas cosas. Y como bien sabía, el poder del amor era algo que no se debía subestimar. Si había conseguido cambiarlo a él, al mayor arrogante y cabezota del Universo, con Loki podría ser igual. Sólo esperaba que reaccionara a tiempo.

"Por favor, Loki, reacciona… Tienes que reaccionar".

–*–*–*–*–*–

–¡Maldita sea Sigyn, reacciona! –angustiado, Loki palmeó las mejillas de la mujer semiinconsciente, intentando mantenerla despierta– ¡Por lo que más quieras, no te duermas! –Sabía que si lo hacía, había peligro de que no volviera a despertar.

–Mmm… –ella se quejó débilmente, pero aparte de eso no mostró más reacción.

En un principio, Tess se vio superada por el aturdimiento ante el nuevo cambio de escenario, aún no estaba acostumbrada a la extraña forma de viajar de su padre. Sintiéndose un poco débil y mareada tras haber estado "prestando" su energía a Loki para poder teletransportarse, miró a su alrededor. El entorno al aire libre y la lluvia sobre el portaaviones donde se encontraban había dado paso a un interior. Ahora se encontraban en una enorme habitación lujosamente decorada aunque un estilo un tanto antiguo, como medieval, en tonos verdes y oscuros con toques de luz en dorado. Pero enseguida olvidó su extrañeza y su incertidumbre sobre el lugar en donde se encontraban, diluidas en su miedo por el preocupante estado de su madre.

Incorporándose, todavía con el cuerpo de Sigyn en brazos, Loki la depositó sobre el lecho con colcha de seda, apartándole con suavidad el pelo que le tapaba el rostro. Exploró delicadamente la cabeza de la mujer mientras evaluaba los daños. La sangre teñía el cabello en los alrededores de la herida, confiriéndoles un color rojo oscuro muy parecido al suyo original.

–Se pondrá bien, ¿verdad, papá? –le preguntó Tess llena de ansiedad– ¡Por favor, dime que se pondrá bien!

–Claro que se pondrá bien. Y haz el favor de mantener la calma, lo último que necesita tu madre es que te pongas histérica –Loki hablaba en voz baja y tensa, como si también se lo estuviera diciendo a sí mismo–. Ahora escúchame. Vas a salir fuera y les vas a decir a los guardias que hay en la puerta que vayan a buscar a Lady Amora.

–Lady Amora –repitió ella para que no se le olvidara.

–Y que le digan que se traiga todas sus pócimas sanadoras y piedras curativas de que disponga.

Tess pareció extrañada.

–¿Piedras…?

–¡No tengo tiempo de explicártelo! –le interrumpió él impaciente–. Simplemente sal y repíteles lo que te he dicho.

Tess asintió apresuradamente y corrió hacia fuera de la habitación. Salió como una exhalación, esperando a encontrar a aquellos guardias a los que debía dar el recado, pero se detuvo estupefacta cuando vio que dichos guardias ¡no eran humanos!

Abrió mucho los ojos al ver a aquellos seres enormes que duplicaban el tamaño de una persona normal, vestidos con taparrabos y chalecos de piel adornados con grandes piezas de marfil con forma de dientes puntiagudos –aunque ella no sabía de ningún animal que tuviera dientes de ese tamaño–, y que portaban lanzas que parecían hechas de hielo. Ellos la contemplaron con una curiosidad recelosa pintada en sus ojos del color de la sangre, que destacaban aún más en sus rostros de piel azul como el hielo de sus lanzas. Eran idénticos a los gigantes que había visto en su sueño.

La joven se quedó paralizada, pero se esforzó para reponerse y de alguna manera logró retransmitir a base de balbuceos el mensaje de su padre. Pero aquellos seres, en lugar de obedecer, se la quedaron mirando con cara de sospecha.

–¿Y tú quién eres, muchacha? –gruñó uno con un grave vozarrón, mientras se agachaba y acercaba su rostro al de ella para observarla mejor. Ella respingó, pero consiguió no retroceder.

–Pues… yo… –Pero no tuvo que seguir hablando, ya que Loki, impaciente por la tardanza de su hija, había salido para ver qué ocurría. Al verlo, los guardias cambiaron del todo su actitud. El gesto escéptico y curioso con el que miraban a la chica se convirtió en una expresión de completa sumisión e incluso miedo.

–¿Se puede saber por qué tardas tanto? –inquirió su padre molesto– Tess, ¿no les has dicho ya lo que tienen que hacer?

–Sí, pero…

–¿Y entonces a qué esperáis para cumplir lo que se os ha ordenado? –esta vez se dirigió hacia los guardias, en un tono de pésimo humor. Éstos se sobresaltaron ante la voz del dios del engaño al igual que ella lo había hecho ante ellos– ¿Es que no hacéis nada bien a menos que os castigue? ¡Largo!

Los enormes seres asintieron a la vez como un solo hombre y salieron corriendo. Tess no sabía si sentirse más impresionada por la visión de aquellos gigantes o por el efecto que tenía su padre sobre ellos, pero Loki no parecía sentirse orgulloso o siquiera extrañado por lo último, lo tomaba como algo normal. Y estaba demasiado preocupado por su esposa.

Padre e hija regresaron a la habitación. Sigyn seguía inconsciente y pálida como el papel, y parecía como sepultada en aquel enorme lecho de colchas de seda. Casi sin darse cuenta de que lo hacía, como un reflejo automático, Loki chasqueó los dedos y un fogonazo brotó en los troncos de una chimenea que había enfrente de la cama. Con otro gesto de sus manos, un aguamanil de plata que había sobre un escritorio de madera rojiza se llenó de un agua que parecía surgir de la nada.

–Caliéntala en el fuego –le ordenó a su hija–. Mientras Amora llega, vamos a limpiarle las heridas –añadió, mientras tomaba una de las sábanas y comenzaba a rasgarla. En otras circunstancias, habría sido una pena destrozar una pieza tan bonita, pensó Tess, pero en aquel momento esas cosas no importaban.

Ambos se dedicaron a limpiar todos los cortes y rasguños del cuerpo de Sigyn, y casi estaban terminando cuando entró en la estancia una hermosísima mujer de cabellos rubios, cargando con los enseres que Loki había ordenado. Vestía una bata de dormir de seda color esmeralda, traía cara de sueño, un poco malhumorada, y su hermosa melena dorada estaba revuelta, como si acabasen de sacarla de la cama.

–¿Se puede saber a qué viene esto? –preguntó molesta–. Tus guardias me despiertan a estas horas de la noche sin los más mínimos modales y me dicen que traiga todo esto, y… –la frase quedó en suspenso cuando vio a Sigyn yaciendo en la cama.

–Déjate de preguntas –replicó Loki sin rodeos–. Tú tienes conocimientos de curación, ¿verdad?

–Eh… bueno, sí –admitió ella, aún sorprendida y sin comprender–. Es lo más básico que debe aprender un hechicero. ¿Pero por qué lo dices? ¿Y quién es ella?

–Es mi esposa y está herida –respondió él con voz tensa–. Debes curarla. Ahora.

–¿Tu-tu esposa? –Amora abrió los ojos con un inmenso asombro, ya olvidado todo rastro de sueño– ¿Pero no me dijiste que ella estaba muerta?

–Soy el dios del engaño, ¿recuerdas? Miento cuando me conviene –él parecía deseoso de zanjar el asunto de una vez por todas. Sí, mentía cuando le convenía… como en ese preciso momento. Y es que prefería que Amora (y todos) creyeran que la había tenido oculta durante todo aquel tiempo antes que confesar que él había sido el primer engañado con su supuesta muerte–. Y ahora, ¿vas a seguir haciendo preguntas estúpidas o vas a hacer algo útil?

Lanzándole una mirada molesta por el grosero comentario de Loki, mirada que éste ignoró, Amora se inclinó sobre el cuerpo inconsciente de Sigyn para hacerle un examen inicial.

–No parece haber nada roto… –murmuró, mientras movía las manos sobre su cuerpo, palpándolo–, casi todo son heridas superficiales. Suerte que traje estas piedras curativas conmigo cuando me marché de Asgard.

Tess ahogó una exclamación de asombro –la enésima aquella noche– al observar cómo aquella mujer tomaba una de aquellas piedras grises que había traído consigo y la deshacía fácilmente entre sus manos convirtiéndola en una especie de ceniza, que dejó caer sobre las heridas de su madre. A medida que aquel polvo tocaba un corte o una magulladura, éstas parecían sanar completamente, sin dejar la menor señal ni en el rostro ni en la herida más profunda de la pierna. Ahora entendía lo que tanto su padre como aquella mujer llamada Amora querían decir con el término "piedras curativas".

Al terminar, Amora volvió a examinar el cuerpo de Sigyn en busca de más heridas, pero las habían sanado todas, o casi todas: quedaba la de la sien. Tomó delicadamente la cabeza de Sigyn con sus manos blancas y elegantes, procurando no moverla demasiado; y al inspeccionarla con más detenimiento, torció el gesto preocupada.

–Esto es más grave… –diagnosticó–. Creo que no hay traumatismo, pero probablemente tiene una conmoción. Lo que sí es seguro es que esta lesión va más allá del poder de una piedra curativa.

Loki no mostró demasiada reacción, pero sus ojos brillaron con el fuego de un maniático.

–Pues haz algo, maldita sea –de repente se incorporó y la aferró por el brazo con desesperada violencia–. ¿Para qué demonios te tengo aquí, si cuando te necesito no me puedes ser de utilidad? Algún hechizo tiene que haber que la haga sanar. Más te vale que lo haya… –añadió amenazador–. Respondes de su vida con la tuya.

–¡Está bien! –Amora se soltó irritada–. Existe un antiguo conjuro que se practicaba en las antiguas eras, un sortilegio que transfiere energía de un ser a otro con propósitos curativos… Eso podría ayudar a su organismo a regenerarse desde dentro.

–Bien –asintió él con decisión–. Lo haremos los dos. Transferiremos mi energía a Sigyn.

–¡Papá, espera! –exclamó Tess, preocupada–. Tú apenas tienes energía, con todo lo que has pasado esta noche… te quedarás demasiado débil. ¡Por favor, déjame que lo haga yo!

–Ni hablar –la negativa de Loki fue tajante–. Ya me has ayudado lo suficiente por esta noche y esto podría ser peligroso –volvió a mirar a la hechicera–. Vamos, Amora.

Ésta asintió y extendió las manos, poniendo una de ellas sobre la cabeza de Sigyn.

–Haz lo mismo que yo –le indicó a Loki. Éste tomó la mano que la Encantadora le ofrecía y puso la que le quedaba libre sobre la frente de su mujer–. Y ahora repite conmigo:

"Sôse bênrenkî, sôse bluotrenkî, sôse lidirenkî:

bên zi bêna, bluot zi bluoda,

lid zi geliden, sôse gelîmida sîn!"

Loki cerró los ojos e inspiró concentrándose, y repitió como un niño obediente aquellas extrañas palabras que para Tess no tenían sentido alguno. Al principio no ocurrió nada, pero tras unos segundos la joven se quedó sin aliento al observar cómo el aire pareció vibrar y una luz dorada se empezaba a formar, como una extraña niebla surgida de ninguna parte, alrededor de Loki, Amora y Sigyn, recayendo principalmente sobre esta última, el punto donde conferían las energías acumuladas en aquel hechizo.

La mujer, aún inconsciente, frunció el ceño con la frente sudorosa. Loki pareció inquieto al verlo y, temeroso de hacerle daño, fue a quitar la mano de su frente, pero Amora se lo impidió.

–Que reaccione así es normal. Si interrumpes el hechizo a la mitad, será peor.

Por unos instantes el brillo se hizo tan intenso que Tess se vio obligada a cerrar los ojos para no quedar deslumbrada, pero podía seguir viendo la reverberación de aquella luz brillando con pequeños destellos tras sus párpados cerrados; pero era como si aquella transferencia de energía trascendiera la simple percepción de los sentidos normales.

Volvió a abrir los ojos y vio cómo Sigyn parecía aspirar toda aquella luz, y poco a poco su rostro se fue viendo algo menos pálido.

–¿Será suficiente? –preguntó Loki. Amora se encogió de hombros.

–Imposible saberlo. Podemos repetir el encantamiento, si quieres asegurarte –Él pareció interesado.

–¿Se puede repetir?

–Todas las veces que quieras, mientras tengas fuerzas.

–Pues hagámoslo más veces.

–¡Papá, no! –exclamó Tess– Podría ser peligroso para ti.

–Eso da igual –replicó él secamente–. Ahora tu madre es lo más importante.

Amora abrió un poco los ojos, perpleja ante la primera muestra que daba el dios del engaño de darle prioridad a otra persona antes que a sí mismo, pero prudentemente decidió no decir nada.

Repitieron el hechizo durante lo que a una inquieta Tess le pareció una eternidad, y cada vez la energía de Loki era más luminosa y potente al "filtrarse" en el cuerpo de Sigyn; pero pasado un rato el dios del engaño alzó una mano, pidiendo detenerse.

–Paremos un momento. Creo que necesito un descanso… –trató de levantarse, pero vaciló, como si estuviera mareado.

–¡Papá! –alarmada, Tess corrió hacia él para ayudarle a sostenerse–. ¡Tienes que dejarlo ya, estás demasiado débil!

Loki sacudió la cabeza, en parte para despejarse y en parte para expresar su negativa.

–No… tu madre aún me necesita…

–¡No si tú también caes enfermo! ¡Mírate, tienes peor aspecto que ella!

Era cierto. Ahora era él quien estaba pálido como un cadáver, mientras que Sigyn había recuperado casi todo su buen color. Respiraba profunda y tranquilamente, como si sólo estuviera dormida; y en cambio las heridas recibidas por Loki durante su combate contra los Vengadores se habían vuelto a abrir. Él se llevó la mano a la cara al sentir una sensación húmeda: estaba sangrando de nuevo.

–No es nada. Aún tengo mi resistencia de jotun. Tardaré un poco más, pero terminaré curándome.

–La chica tiene razón, Loki –intervino Amora, cruzada de brazos–. Le has transferido prácticamente toda tu energía, de nada servirá que le des el resto que te queda y te mueras de agotamiento. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano, ahora depende de ella –señaló a Sigyn con la cabeza, y Loki tuvo que acceder a regañadientes.

–De todas maneras estaremos controlándola durante las próximas horas. Ya me he aprendido ese estúpido hechizo de tanto repetirlo, así que en cuanto me haya recuperado un poco podré hacerlo solo, sin necesidad de tenerte aquí.

–Como quieras, pero ahora debes descansar. Todos debemos descansar –añadió la hechicera, pasándose una mano por la cara. También ella parecía fatigada.

–Tienes razón –concedió él, más debilitado de lo que él mismo quería admitir–. A todos nos vendrá bien dormir un poco, ha sido una noche muy larga. Puedes regresar a tus habitaciones, Encantadora.

Ella asintió como con una especie de breve reverencia, y se levantó para marcharse, pero entonces pareció recordar algo:

–Por cierto, ayer estuvo aquí un enano que quería verte. Dijo algo de no sé qué planos que tenías que aprobar. Pero como no te encontró, dijo que volvería mañana por la mañana.

Exhausto, Loki se pasó las manos por la cara y por los cabellos, que estaban revueltos y sucios después de todo por lo que había pasado: las torturas, la batalla, la preocupación por Sigyn… todo él se sentía sucio, sudoroso y agotado, era una sensación de lo más desagradable. Eitri… con todo aquello, se había olvidado completamente del ingeniero de Nidavellir y el encargo que le había hecho… ¿tan sólo había sido una semana atrás? Porque parecían haber transcurrido siglos.

–Mmm, es verdad… –rezongó cansadamente– ¿Y no lo atendieron Fenrir o Jormungand? –Ellos también estaban al corriente del proyecto de la construcción de la nave con la que atacarían Asgard.

–Ellos llevan unos días sin venir por el castillo. Creo que están de caza.

Loki torció el gesto. Para una vez que los necesitaba… Bien, había sido él quien les había dicho que tenían que divertirse, pero no imaginó que se irían de parranda durante varios días y en un momento tan poco oportuno. Aunque, pensándolo bien, mejor que fuera así. Si uno quería algo bien hecho, era mejor ocuparse personalmente.

–De acuerdo, entonces yo mismo atenderé al enano por la mañana –No le apetecía mucho, pero en aquel momento se encontraba muy cansado. Al día siguiente pensaría de otra forma.

–¿Y no seguirás débil mañana? –intervino su hija, inquieta. Loki sonrió un tanto vanidosamente.

–No me conoces bien, de lo contrario no te preocuparías tanto. Ya te he dicho que soy un dios. Sólo necesito dormir unas horas y estaré como nuevo –Amora puso los ojos en blanco al oírlo: ni herido y medio muerto de cansancio ese hombre podría renunciar a su orgullo. Abrió la puerta para salir.

–Bien, entonces yo me retiro… con tu permiso, por supuesto –las últimas palabras pareció pronunciarlas de forma irónica, pero él no dio muestras de darse cuenta.

–Tienes mi permiso –dijo sin mirarla: de nuevo había puesto toda su atención en Sigyn, que continuaba respirando profundamente, como dormida. Amora alzó una ceja extrañada: resultaba chocante verlo tan preocupado por otra persona– Amora… gracias.

La extrañeza de ella se convirtió en completa incredulidad. También era la primera vez que él le daba las gracias por nada desde que se conocían.

–¿…Qué?

–Has hecho un buen trabajo, y te lo agradezco.

–Bien… no tiene importancia –De repente le parecía estar hablando con otra persona. ¿Dónde estaba el Loki egoísta y tiránico que creía que todos debían arrodillarse ante él y obedecerle por el simple hecho de existir? Aquél no era el mismo Loki. Tranquilizado con respecto al estado de su esposa, casi parecía una persona civilizada–. Después de todo, para eso me tienes aquí, ¿verdad? Para cumplir tus órdenes –añadió otra vez con sarcasmo, sarcasmo que de nuevo Loki pareció no captar. Estaba demasiado concentrado acariciando el rostro de su esposa dormida, apartando de su frente los mechones que pudieran molestarla.

Y ya la cosa no podía resultarle más increíble a Amora. ¿Loki, el cruel dios del engaño, teniendo algo parecido a un gesto tierno hacia otra persona? No, aquél no podía ser él. Seguro que era uno de sus dobles, enviado allí con objeto de gastarle alguna de sus perversas bromas.

–Si no te importa, te agradecería que volvieras mañana a controlar cómo está –añadió él, ajeno al desconcierto de la Encantadora, y contribuyendo aún más a éste. ¡Loki pidiendo algo con educación!

–Eh… sí, por supuesto. Buenas noches.

Él ya no contestó. Su atención había vuelto a concentrarse por entero en su esposa.

–Buenas noches –le dijo Tess. Amora le devolvió la sonrisa por puro reflejo y abandonó la habitación.

Cuando salió, no prestó atención a los guardias. Pese a su cansancio, en su mente aún daban vueltas todos los acontecimientos de aquella extraña noche. Ella, como Tony Stark, había sido testigo de una faceta del dios del engaño que jamás habría sospechado. Estaba claro que había mentido al afirmar que nunca había querido a su esposa.

Eso abría para ella un amplio abanico de posibilidades, pensó con una sonrisa calculadora. Hasta el momento, nunca había creído que Loki tuviera otra debilidad que su temeraria arrogancia, una arrogancia que sin embargo ella nunca había encontrado forma de aprovechar. Pero aquello era diferente. ¿Qué había dicho él tiempo atrás? Que el amor era una debilidad que podía ser explotada. Ahora estaba claro cómo lo sabía: por experiencia. Aquel sentimiento tan intenso, tan poco propio de él… era su auténtica debilidad, una que lo hacía realmente vulnerable. Ella sólo tenía que pensar cómo iba a convertirla en una baza a su favor.

Continuó sonriendo mientras recorría el corredor de vuelta a sus habitaciones y pensaba en aquel giro en su situación. "Ahora estamos a la par, Loki…", pensó. Éste podría estar utilizando a Lorelei contra ella, pero ahora ella tenía a una persona a la que manejar y volver contra él si era necesario. Dos, si contaba a la chica.

Entonces se detuvo, su sonrisa esfumándose al instante y convirtiéndose en un ceño fruncido. Acababa de darse cuenta de que tendría que informar a Lorelei de que la esposa de Loki seguía viva. Gruñó con fastidio, desvaneciéndose su buen humor. Conocía de sobra a su hermana, y le apetecía menos que nada aguantar su reacción cuando le diera la noticia.

–*–*–*–*–*–

Dentro de la cámara donde reposaba Sigyn, Loki y Tess continuaban atentos al menor cambio en el estado de la primera, aunque no hubiera ninguno destacable, lo cual era buena señal. Continuaba respirando de forma suave y constante y parecía totalmente tranquila. Él escudriñó entre sus cabellos para observar de nuevo la herida de la cabeza y se sintió reconfortado al comprobar que parecía cerrada y mucho más pequeña, como si hubiesen transcurrido varios días desde que se la hiciera, en lugar de sólo unas horas. Obviamente el hechizo había funcionado y la transferencia de energía había acelerado el ritmo de curación natural del cuerpo. Esperaba que el cerebro, si había sufrido daños, estuviese sanando de igual forma.

–Estoy segura de que se pondrá bien –lo animó Tess, confiada–. Ella es fuerte.

–Lo sé –asintió Loki. Sabía que su delicado aspecto era sólo una apariencia y que su salud era más que robusta; por eso, entre otras cosas, la había elegido como esposa en el pasado. Había alumbrado sin demasiados problemas a tres mestizos de gigante de hielo en el pasado, así que un estúpido golpe en la cabeza no podría con ella. No había pasado por todo aquello… no habían pasado por todo aquello, para acabar así–. Se pondrá bien. Ahora tengo que ocuparme de ti: estarás muy cansada y tienes que dormir. Te enseñaré tus habitaciones.

–¡No! –protestó la chica– No quiero estar lejos de ella. Por favor, déjame dormir aquí, aunque sólo sea esta noche. No la molestaré, te lo prometo. Aquí hay espacio de sobra para las dos… –señaló la enorme cama, de la que Sigyn ocupaba una mínima parte–, para los tres, si me apuras.

–Está bien –accedió él, sin energía para discutir. Tess sonrió contenta y se metió entre las sábanas a la izquierda de su madre, con cuidado de no rozarla. Loki se inclinó sobre ella y la besó suavemente en la frente–. Buenas noches pequeña, y descansa. Mañana te espera tu nueva vida.

Ella asintió sin perder la sonrisa. Ahora que sabía que su madre se recuperaría sólo con un poco de descanso, se sentía más tranquila, confiada y ahora también emocionada con esa nueva vida que le estaba prometiendo su padre, de la cual apenas había vislumbrado un poco en sus sueños, y que ahora sabía que había estado añorando desde hacía mucho tiempo aunque fuera de forma inconsciente.

El cansancio obró con rapidez y, tras sólo unos pocos segundos después de cerrar los ojos se quedó profundamente dormida.

Loki regresó del lado de Sigyn, inclinándose sobre ella y besando sus cálidos labios como antes había besado la frente de su hija. Ella continuaba durmiendo plácidamente, y pese a su fatiga, otra tierna sonrisa asomó a los labios del dios al contemplarla.

Por un momento su amorosa expresión se transformó en una mueca de rabia en pensar que había estado a punto de perderla por culpa de aquellos miserables mortales. Ellos habían complicado una simple y secreta operación de regreso hasta convertirla en una batalla campal. Las humillaciones e intensas torturas a las que lo habían sometido no le importaban tanto como el peligro que había corrido su familia, y el hecho de que hubieran herido a su ángel, a su esposa. Estaba demasiado cansado para hacer planes de venganza, pero indudablemente haría pagar a aquellos Vengadores por aquella indigna trampa. A ellos y a Thor, les haría pagar por todo.

Pero no quería estropear aquel momento con el recuerdo de sus enemigos. Después de todo, y aunque las cosas se habían complicado hasta un punto que jamás habría sospechado, al final todo había salido más o menos bien. Ellas estaban de vuelta, y aunque Sigyn había resultado herida, no había sido nada irreparable. Podría haber sido mucho peor, pero prefería no pensar en eso. Sólo imaginar lo que hubiera podido pasar lo llenaba de pánico y de furia.

Se frotó los ojos, le costaba mantenerlos abiertos. Incluso para alguien como él, su resistencia tenía un límite. Tess tenía razón, la cama era lo bastante grande para los tres. Hasta en los sentimientos padre e hija coincidían: él tampoco quería separarse de Sigyn, al menos aquella primera noche. Después de haber pasado todas las noches de aquella semana a su lado, aborrecía la idea de dormir solo aunque fuera en su lujosa habitación, de modo que se tumbó junto a su esposa, en el lado opuesto del que ocupaba Tess. Tomó la mano de la mujer, comprobando satisfecho que la temperatura volvía a ser la normal en ella, y se la llevó a los labios, besando con dulzura sus delicados dedos. Después de haber tenido que estar conteniéndose durante las noches anteriores para no tocarla, poder hacerlo sin tener que reprimirse era todo un placer que hacía merecer la pena todos los sufrimientos que había soportado.

"Te pondrás bien, amada", dijo en silencio, sin dejar de mirarla. Dormida tenía un aspecto especialmente adorable. "Te pondrás bien y retomarás tu papel en esta casa… y en mi vida, como te prometí. Al fin todo será como tenía que haber sido desde el principio".

Su sola presencia le infundía confianza y fuerzas. Si había podido recuperarla, podría hacer todo lo que se propusiera. Al día siguiente se reuniría con Eitri y juntos construirían la nave más grande e impresionante contemplada jamás por el ojo humano; y la próxima vez que Thor volviera a verle, en vez de un hombre asustado que le había suplicado clemencia para huir, sería el poderoso líder de un ejército tan vasto y temible que los asgardianos temblarían de terror ante su sola visión. Y entonces su antiguo hermano se arrepentiría de haberle dejado marchar tan generosa y tontamente, pero ya sería tarde.

Pronto sería rey, como había marcado su destino. Y tendría a su reina a su lado, como debía ser. Ahora que Sigyn y su hija estaban allí, todo saldría bien, pensó con una sonrisa antes de dormirse.

Todo saldría bien. Por fin estaban en casa.


Hola de nuevo! Antes de nada, quiero pediros un millón de disculpas por el parón temporal del fic y por haber estado totalmente desaparecida del mapa durante las últimas semanas. Como ya sabréis algunas, últimamente he estado muy, muy baja de energías y de inspiración, y prácticamente no tenía ni ganas de meterme en un ordenador. Pero ahora ya estoy algo mejor, y aunque sigo baja de energías estoy intentando obligarme a escribir un poquito y continuar el fanfic, porque siento que os lo debo.

Así que os ruego que tengáis un poquito de paciencia conmigo (sí, aún más :) ), y me sigáis disculpando si el ritmo de actualizaciones es irregular, y sobre todo si la calidad del fanfic baja un poco, porque escribir me cuesta más que antes.

En este capítulo decimos adiós a los Vengadores (lo siento chicas, sé que os encantaban, pero ya estaba planeado… además, ya hay un montón de buenos fics sobre ellos) y abrimos un nuevo arco argumental: Sigyn y Tess en la fortaleza de Loki. Es un arco que creo que os gustará porque comienza la preparación de la reconciliación de nuestra parejita, y por tanto estará lleno de UST, que sabéis que a mí me chifla. Pero eso no quiere decir que lo vaya a poner fácil :)

Las palabras del hechizo que recitan Amora y Loki pertenecen al segundo Encantamiento de Merseburg, un encantamiento medieval del siglo X escrito en Antiguo Alto Alemán, que es un ejemplo del tipo de magia curativa practicada en el mundo indoeuropeo de la época, y apunta al tipo de encantamientos que utilizaban los Vikingos.

Os agradezco un montón todos y cada uno de vuestros comentarios, incluso los anónimos; todo el apoyo y motivación que he estado recibiendo me emociona y ahora me hace falta más que nunca. Un millón de gracias a los estupendos comentarios de LadyDraconian, stephsak, silvia, lalala, dilandau93, Cenntennial, MissTheMisery, LaDahliaNegra, Emilyackles, TrioInfierno, Torunn, jenyborjas, lupelatina (gracias por tu extenso comentario y por la canción, super linda!), RemyStrawberry, daniela lopes, Cirze, clementine, los diversos anónimos, CMeza y Silver Jackie; y a LeelooKido e Indhi en dA, y slythfoy (la cual tiene también un estupendo fic Logyn en español en tumblr, os lo recomiendo) y walrusblackbird en tumblr. Igualmente los comentarios de amigas muy queridas de fb como mi inspiradora Saku-Zelda, Gaby, Arantxa, Esther y todas las Hiddlestoners del grupo. ¡Cuánta gente esta vez! Espero no haberos disgustado mucho por la dilatada espera, de nuevo os pido disculpas.

Iré contestando a los reviews poco a poco y lo mismo con un montón de fanfics vuestros que tengo pendientes de leer y comentar. A las lectoras nuevas, si tienen cuenta en facebook pueden agregarme (Valdemar Poe), especialmente a las que no tengan cuenta en ffnet, si quieren que les responda los reviews.

Un último comentario: he recibido varios avisos de que los enlaces de las imágenes que ponía como fanart/ilustraciones de los últimos capítulos no funcionaban, agradezco a todas las que me habéis avisado. Al parecer, ahora el site de ffnet corta los links que hay dentro de los capítulos por muchos espacios de separación que ponga en medio, así que no me ha quedado otra que ponerlos todos en mi perfil, cuando hablo del fanfic (casi abajo del todo). Pongo los enlaces de cada fanart por capítulo al que corresponden, como los nuevos cómics de Saku-Zelda que corresponden a este capítulo 26.

Nada más, os quiero a todas y como siempre ¡un millón de gracias por leer!