Afuera de la cabaña llovía a cantaros y parecía que no iba a parar sino hasta mañana, Renamon salió de la cabaña dejándome sólo, pero en vez de estar relajado y descansando no paraba de pensar...

—Quien te viera, todavía ni la conoces y ya arriesgaste tu vida por ella—

—Ella lo vale— le respondí a mi mente

—Valla que si te cautivó—

—Es muy deferente a las demás, ella es muy especial lo siento en mi corazón—

Después de decir aquello en voz alta Renamon entró en la cabaña empapada con algunos troncos que pronto se convirtieron en una fogata

—Toma sécate o te enfermarás— le dije mientras le ofrecía una manta, ella la tomó entre sus manos

—Gracias, pero dime ¿dónde te hirió?—

—En la parte izquierda de mi abdomen—

—¿Puedo verla?—

Me recosté medio de lado viendo como Renamon se acercaba a mi para ver la herida, su mirada impactada al ver mi herida me sorprendió, aparte de que sentía como agua recorriendo esa parte de mi cuerpo

—Tengo que limpiarte— dijo, y sin más tomó una de las mantas y con sus garras la partió por lo ancho quedando así dos pedazos largos, tomó uno y salió a fuera y lo dejó mojar, cuando estuvo lo suficientemente húmedo, me lo paso varias veces por la herida pero yo sólo resistía el dolor, cuando terminó de limpiarme la herida, con el pedazo sobrante me vendó aunque la verdad ya me sentía un poco mejor con la limpieza que me había dado

—¿Ya estás mejor?—

—Si—

—La herida no es profunda, para mañana debes de estar recuperado pero ahora tienes que dormir, yo te cuidare toda la noche— me dijo con una débil sonrisa en su rostro, entonces una idea cruzó por mi mente

—¿Que tal si me cuidas mejor durmiéndote conmigo?— dije en un tono un tanto seductor

—¡¿Qué?!— me encantó ver la cara de alteración de Renamon

—Vamos duerme conmigo, prometo que no te haré nada malo— dije en un tono sexy, ella pareció pensar la idea hasta que por fin respondió

—E... esta bi-en— dijo totalmente sonrojada

Le hice un espacio a mi lado para que ella pudiera dormir conmigo, Renamon lo dudó un poco más pero al final terminó metiéndose en la cama junto a mi, me sentí como un acosador ya que en todo el escaso tiempo que ella se metió en la cama no dejé de observarla

—Buenas noches— dijo mientras cerraba sus ojos

—Que descanses— le deseé en un susurro

Al verla dormida no pude evitar verla por un buen rato, era la chica más hermosa que sin duda jamás había conocido, nunca nadie me había cautivado de esa manera, sus ojos verde esmeralda me encantaban, su hermoso pelaje dorado. Toda ella era perfecta para mi y sentí que no éramos tan diferentes como yo pensaba.

Quería decirle la verdad de mis sentimientos, que me había enamorado como un tonto sin remedio cuando la vi, era lo que mi entrenador solía llamar amor a primera vista.

Quería decirle que con ella me sentía feliz, me sentía completo y que tenía unas tremendas ganas de jamás dejarla ir, al parecer había sido buena idea luchar contra ese Zoroark ya que gracias a él se abrió el portal hacía mi felicidad.

Con esos pensamientos cerré mis ojos y me dejé llevar por el sueño...

A la mañana siguiente desperté por el canto de unos pajarillos, abrí los ojos perezosamente y sentí como que estaba abrazando algo... o más bien a alguien... abrí los ojos desmesuradamente cuando vi que abrazaba a Renamon mientras ella sólo se dejaba llevar por el sueño y al mismo tiempo me abrazaba.

Mis ojos se quedaron prendados de su rostro, un rostro tranquilo y sereno lleno de paz, parecía como si nadie pudiera perturbar su sueño y al mismo tiempo te invitaba inconscientemente a estar en paz.

La observé durante un rato viéndola dormir pacíficamente hasta que sus ojos comenzaron a abrirse, me miró y me regaló una sonrisa que me dejó aturdido. Pero entonces ella se dio cuenta de la posición en la que estábamos y rompió el abrazo algo sonrojada

—Lo siento...— dijo sonrojada mientras salía de la cama a toda velocidad

—N-no fue nada—

De pronto fue como si Renamon recordara algo, me miró expectante y luego se fue acercando a mi

—¿Como está tu herida?—

—Creo que ya sanó—

Renamon se acercó a mí mientras yo me sentaba a en la cama, con sus manos tomó el vendaje y con cuidado me lo quitó para ver mi herida

—Ya se cerró— dijo con una pequeña sonrisa en su rostro y con sus ojos brillantes— ahora sólo tienes una pequeña cicatriz—

Me sentí aliviado cuando dijo eso, estaba apunto de agradecerle sus cuidados cuando de pronto sentí como su mano traviesa tocaba el lugar donde debería estar la cicatriz, y como respuesta obtuvo una pequeña risa mía

—Eso cosquillea un poco— le dije con una sonrisa mientras ella se apartaba un poco de mi

—Me alegro que ya estés bien— dijo con una sonrisa la cual yo correspondí, nuestras miradas se perdieron en los ojos del otro y de pronto, sin saber como ni cuando, ambos ya nos estábamos besando dulcemente, cuando nos separamos por la falta de aire, vi como en las mejillas de Renamon se esparcía un sonrojo— yo...creo...creo que iré por algo de comida— dijo mientras huía de mi corriendo hacia la puerta de la cabaña

—Te acompaño— dije mientras me levantaba de la cama y caminaba junto a ella

Cuando estuve a su lado, Renamon se sonrojó, pero luego me dio una sonrisa tierna que terminó por cautivarme.