Desperté un poco aturdida, me dolía la cabeza y todo me daba vueltas

—¿Dónde demonios estoy?— miré en todas direcciones sin saber que hacer, entonces recordé que Shadow me había inyectado algo, ese maldito

Me levanté de donde estaba y por lo que vi pude deducir que era la habitación de Shadow, sin esperar caminé hasta la puerta pero esta estaba cerrada, caminé hacia la ventana, la distancia no era tanta como para matarme pero sin duda no podría correr después de un salto como ese.

Seguí pensando desesperadamente hasta que de pronto la puerta se abrió, sin más vi mi oportunidad. Cuando la puerta estuvo abierta por completo no lo dude y salí corriendo de ahí, pero para mi desgracia lo único que veía eran pasillos y pasillos y más pasillos, me estaba desesperando, tenía que escapar de ahí a como diera lugar. Entonces vi unas escaleras, bajé por ellas y al llegar al final me asombré de ver a cientos de guardias apuntándome con sus lanzas y dispuestos a luchar, si ellos lo estaban yo también.

En cuestión de segundos los estaba atacando con mi koyotetsu mientras ellos me atacaban con sus lanzas, cuando los derroté a todos caí al suelo de rodillas y tosí sangre, inspeccioné mi cuerpo y me sorprendí al ver montones y montones de heridas por mis costados y estómago, mis guanteletes estaban rasgados y muy apenas podían mantenerse en su lugar.

Sin perder más tiempo me levanté con pesadez y me recargué en la pared para buscar estabilidad, a cada paso que daba mis piernas temblaban más y más, seguí caminando por un buen tiempo hasta que encontré una puerta, caminé hasta ella y la abrí.

Me decepcioné al ver la habitación donde me encontraba, era la habitación de Shadow, quise volver por donde vine pero era demasiado tarde, caí pesadamente al suelo bocabajo, había perdido demasiada sangre, lo único que me consolaba era que por lo menos Shadow jamás me tendría.

Al despertar me sentía totalmente dolorida, abrí mis ojos e intenté levantarme, no me podía mover por más que lo intentaba y lo peor era que estaba en la habitación de Shadow.

Como si fuera un fantasma apareció tras la puerta de la habitación mirándome con una sonrisa arrogante

—¿Creías que podrías escapar?— me cuestionó mientras se acercaban a la cama donde ya hacia yo

—¿Supongo que no debo responder esa pregunta tan obvia verdad?— respondí con altanería, él se enojó y se sentó en la cama, extendió su mano sobre las sábanas que me cubrían haciendo reflejar su sombra y con ella me recorrió lentamente el cuerpo.

Podía sentir como si fuera su propia mano la que me acariciaba gentilmente mi cuerpo teniendo especial cuidado en mis heridas y sin tocar mis partes íntimas, cuando alejó su mano sentía todavía la sensación de sus caricias

—¿Qué me hiciste?— pregunté tratando de mantener mi tono neutro pero sonó más como una súplica

—Es un poder especial, lo llamo sensación oscura, puedo enviar a mi sombra a otros lugares siendo totalmente consciente de lo que hace porque en si somos iguales, soy yo. Cuando mi sombra te acarició te acaricié yo—

—En pocas palabras puede toquetearme cuando quiera y yo no podré hacer nada...—

—De ahora en adelante mi sombra te seguirá a todos lados, será tu guardia personal y cuando llegue el día te desposarás conmigo— dijo sin más para luego irse

Cuando cerró la puerta sentí toda mi frustración crecer, me quité de encima las sábanas y observé como todo mi estómago y vientre estaban vendados, posé mi mano en el lugar y sentí un ligero dolor, sin importarme si me dañaba más de lo que ya estaba comencé a golpearme el vendaje como si hubiera un polvo inexistente, quería borrar la sensación de las manos de Shadow en mi cuerpo.

Me levanté de la cama con pesar y caminé lentamente hasta la ventana, estaba lloviendo pacíficamente afuera pero no me interesaba la lluvia, miraba a los alrededores buscándolo a él, a Lucario.

Sólo había pasado un día desde que lo vi por última vez pero sentía la necesidad de volver a verlo, quería verlo sonreír, quería que me abrazara de nuevo, que me besara de nuevo. Acaricié mis labios de forma refleja al recordar como me había besado. Mi corazón se sentía desgarrado, lo único que quería era comprobar si Lucario seguía vivo, si aún me amaba y me estaba buscando.

—Y si no lo hace él, lo haré yo—

Me alejé de la ventana buscando un lugar donde poder ejercitarme, como única opción encontré la cama, era de cuatro postes que se unían con otros fragmentos de metal. Sin pensar en el dolor que eso me conllevaría, con mis manos tome el fierro superior de la cama y al instante mis músculos protestaron por la posición pero sin importarme doblé mis piernas quedando solo agarrada del fierro.

Los músculos de mis brazos ardían y dolían como jamás lo habían hecho, después de unos cuantos segundos más me solté y me senté en la cama quejándome del dolor, pero estaba segura de que para mañana ya no me dolería tanto como hoy. Para mi desgracia las heridas de mi vientre se abrieron, busqué por toda la habitación algo con que vendarme hasta que de pronto se materializó frente a mi la sombra de Shadow con todo lo necesario para tratar mis heridas.

Quería negarme a que me vendara pero obviamente era lo mejor para mi

—Siéntate— dijo en un tono extrañamente tranquilo

A regañadientes obedecí y me senté en la cama, la sombra me quitó los vendajes y comenzó a limpiarme las heridas

—¿Y cómo se supone que debo llamarte?— le pregunté, sus ojos violáceos me miraron

—Yo soy Shadow— dijo y sin más comenzó a vendarme de nuevo

—Claro, era obvio, después de todo eres Shadow—

Cuando terminó de vendarme me miró, extrañamente era como si me mirara con, ¿ternura?

—Y soy Shadow, el es Ángel— dijo y luego me colocó un seguro en las vendas para que no se movieran

—¿Quién?— pregunté confundida

—Él se hace llamar Shadow pero se llama Ángel—

Esto me estaba confundiendo, ahora resulta que Shadow no es Shadow

—¿Podrías explicarme?—

—Y soy un ser creado a partir de la sombra de Ángel, el me convocó hace ya mucho tiempo—

—¿Porqué te convocó?—

—Para no estar solo—

Eso fue suficiente para que sintiera un poco de compasión y empatía por Ángel... él era igual que yo

—¿Podrías contarme su historia?— estaba intrigada por saber como había sido el pasado de Ángel

—Lo haría con mucho gusto pero él es consciente de lo que platicamos y no me parece correcto decir algo que él no quiere— dijo para luego atravesar la pared e irse, miré la cama y en ella estaban mis guanteletes, los tomé e inspeccioné, me sorprendí al ver que hasta parecían nuevos, me los puse pensando en que tal vez Ángel y yo no éramos tan diferentes... pero eso no me importaba, lo único que importaba ahora era encontrar a Lucario y huir de ahí.