A la mañana siguiente intenté escapar como muchas otras veces lo hice pero esta vez la única diferencia fue que quién me detuvo al pasar fue Ángel y no sus guardias
—¿Piensas escapar aún a costa de lo que te he dicho?— me preguntó incrédulo y a la ver con un tono triste
En ese instante por extraño que parezca toda mi fuerza y determinación de escapar se fueron por la borda, ¿qué rayos me pasaba?, jamás le había tenido ningún sentimiento a este maldito asesino y ahora de buenas a primeras mi corazón latía desbocadamente a verlo y... Oh no...¿no me había enamorado estúpidamente verdad?.
Ángel comenzó a acercarse a mi lentamente hasta que ya estaba frente mio y me miraba con mucha intensidad y con chispas de amor en sus ojos.. espera, ¡¿AMOR?!
—Aléjate— le dije mientras me separaba de él, me miró dolido
—Se que no correspondes a mis sentimientos pero por favor déjame hacer el esfuerzo de agradarte un poco— me pidió suplicante
—Si me quieres agradar déjame ir— le dije desafiante
Me miró por unos segundos evaluando su respuesta, obviamente no me dejaría ir tan fácilmente
—Shadow— el nombrado apareció detrás de él y se posó a su lado, se miraron a los ojos— abre la reja— Shadow asintió con la cabeza y flotó hasta la reja, estuvo ahí por unos cortos segundos hasta que esta comenzó a abrir sus puertas, no podía creer lo que pasaba, ¿enserio me dejaría ir?. Ángel me miró y pude denotar en su mirada la tristeza y soledad de su alma. Extendió su mano al aire libre con dirección de la reja ahora abierta y muy decidido me dijo
—Puedes irte—
Al escuchar esas palabras sentí como mi corazón latía desbocadamente y sin siquiera darme cuenta ya estaba corriendo fuera de su castillo, tuve un ligero impulso de ver lo que él haría y cuando giré mi cabeza sentí como mi corazón se detuvo.
Ángel se estaba apuntando con sus garras el pecho y luego... se las clavó sin piedad, lo vi desvanecerse en el suelo y entonces sentí una opresión en mi pecho, quería con todas mis fuerzas dejarlo ahí tirado desangrándose pero entonces unos breves segundos juro que logre ver el cuerpo sin vida de mi Lucario.
Eso fue lo único que me hizo regresar con Ángel, yo no era como él que había dejado a Lucario abandonado a su suerte, simplemente no podía ser tan egoísta como para sólo irme y dejarlo ahí.
Me detuve y miré todo el camino que aún me quedaba por recorrer, si me apresuraba podría encontrar la cabaña donde había dormido con Lucario antes del anochecer. Resignada a mi recién adquirida libertad regresé corriendo lo más rápido que pude al lado de mi captor, de quien había sido el responsable de la muerte de mi Lucario... al lado de Ángel.
Me senté y tomé su cabeza entre mis manos colocándola en mis piernas, observé como Shadow permanecía cerca pero de un momento a otro comenzó a bajar hasta recostarse en el suelo
—¡AYUDA!— grité lo más alto que pude y en cuestión de segundos un montón de personas llegaron para ayudarme, les dejé el cuerpo de Ángel y todos ellos se fueron mientras llamaban a un médico, me dejaron sola pero de un momento a otro vi a Shadow recostado en el suelo
—¿Qué te ocurre?— pregunté mientras me sentaba a su lado
—Soy parte de Ángel, si el muere yo también— cerró sus ojos
Esto no podía estar pasando, Ángel había sido tan egoísta como para quitarse la vida sin importarle Shadow.
Cargué a Shadow entre mis brazos y caminé hasta la habitación de Ángel, al llegar lo recosté en la cama junto Ángel quien abrió sus ojos para verme
—Te has quedado— dijo en una sonrisa, lo miré enojada
—¿Cómo es posible que seas tan egoísta como para quitarte la vida sin importarte Shadow?— le reproché
—Pero te has quedado— repitió con una sonrisa, extrañamente sentí como mi corazón se paralizaba al verlo sonreír,¿cómo era posible que me hubiera enamorado estúpidamente de él?, con algo de vergüenza y nerviosismo me senté en la cama a su lado y tomé un pañuelo blanco que reposaba junto con un cuenco lleno de agua para limpiarle la frente
—Sólo me he quedado para pagar el favor de cuando estaba herida— dije logrando que mi voz saliera en un tono frío, sentí las manos de Ángel sobre las mías, las tomó y las colocó en su pecho, justamente donde se ubicaba su corazón, sentí como mis mejillas ardían
—Sea lo que sea estoy seguro que con tus cuidados lograrás curarnos más rápido— me regaló una sonrisa
Odie que cuando hubo terminado sus palabras mi corazón diera un vuelco, creo que me estaba dando esa enfermedad humana llamada Estocolmo. Estaba comenzando a enamorarme de mi captor y lo peor era que ni siquiera tenía un fundamento por el cual me hubiera enamorado de él.
