Renamon salió de la habitación dejándonos a Shadow y a mi solos

—¿Sabes que significa lo que hizo?— me preguntó en un tono molesto

—Lo sé, sacrificó su libertad por cuidarnos a ti y a mi, créeme que también me asombró que lo hubiera hecho— le dije mientras giraba mi cabeza para verlo

—Cómo sea, será mejor que vaya a dar una ronda para saber donde está— dijo y luego se levantó mientras temblaba un poco, justo cuando llegó a la puerta de la habitación Renamon llegó y lo miró enojada

—¿Qué haces de pie Shadow?— cuestionó

—Yo iba a...—

—Nada, regresa a la cama— ordenó, yo solo miraba la escena, sin duda Shadow estaba helado por la reacción de Renamon—¿qué haces todavía aquí?—al parecer Renamon se exaspero por que le dio la vuelta a Shadow y lo empujo hasta que se volvió a meter en la cama—¿tienen hambre?—Shadow y yo nos miramos y luego simplemente asentimos con la cabeza—bien les traeré algo de comer y espero que se queden en la cama— dijo para luego volver a dejarnos solos

—Tranquilo no es para tanto— le dije burlón al ver que Shadow todavía tenía una cara de estupefacción

—Sólo me tomó por sorpresa su reacción— se defendió pero incluso siendo una sombra lo noté nervioso

—Vamos solo se preocupa por nosotros— le dije para animarlo, eso pareció sacarlo de sus pensamientos

—Espero que sepas que ella hace esto de todo corazón y no por obligación— me reprochó

—Claro que lo sé, ¿porqué crees que ella es la hembra perfecta para mi?—

—Ambos sabemos que no la mereces y que ella no siente nada por ti—

Le guiñé un ojo el me miró frunciendo el entrecejo, los pasos de Renamon se escucharon desde la distancia alertándonos

—Ya verás— le dije para luego cerrar los ojos y simular que estaba durmiendo

—Les he traído una sopa de...¿se quedó dormido?— preguntó

—Si, dijo que estaba cansado y que mejor descansaría un rato— respondió Shadow, estaba seguro que cuando le entrara la curiosidad se acercaría y aprovecharía ese momento para besarla. Pasaban los minutos y Renamon no respondía

—Bien entonces te daré de comer y luego también te irás a dormir como Ángel— sentenció

—No es necesario que me des de comer, yo mismo...—

—No digas nada y abre la boca— regañó Renamon

En mis adentros maldecía a Shadow, claro el muy sufrido se dejaba consentir por Renamon, podía sentir incluso cómo su corazón se aceleraba, al parecer no era el único que se sentía atraído por Renamon.

—Gracias— dijo un poco nervioso

—No es nada, ahora duerme, después vengo a darle de comer a Ángel— dijo y escuché sus pasos alejándose, abrí mis ojos y vi como Shadow tenía una sonrisa boba en el rostro

—Creo que alguien también disfruta de que Renamon haya renunciado a su libertad— dije mientras me cruzaba de brazos, Shadow me miró con la sonrisa intacta en su rostro.

—Sólo disfruto de sus cuidados— dijo y luego cerró sus ojos —si me disculpas voy a dormir— y sin más me dejó con la palabra en la boca.

Ese maldito también la quería pero no podía negarlo, era imposible no enamorarse de alguien que dejó de lado su libertad para volverse a encadenar por su cuenta con su verdugo. Por un momento me sentí mal por ella, de seguro pensaba que su amado Lucario estaba muerto y yo me regocijaba en ello.

—¿Te sientes mal?—

Su voz me sorprendió y me sacó de mis pensamientos,se acercó a mi y me tocó la frente, involuntariamente me sonrojé por ello, al ver su cara de preocupación quise terminar con esta farsa, quise decirle que ya no era necesario que se quedara y que se podía ir pero el mismo tiempo no sabía que no podría dejarla marchar, ella era especial y sabía que podría llegar a curar mi podre y solitario corazón.

—No te preocupes estoy bien— le dije con mi mejor sonrisa.

Ella me sonrió y luego tomó una charola con mi comida y sin dejarme decir nada me estampó una cucharada de la sopa en mi boca, no dije nada y en cambio me dejé alimentar, en todo el trascurso de ese instante jamás dejé de buscar sus ojos, de vez en cuando me miraba y me sostenía la mirada pero luego la desviaba y prefería concentrarse en la sopa, cuando terminó de alimentarme intentó escapar rápidamente de la habitación pero yo la tomé de la muñeca y por el brusco movimiento ella perdió el equilibrio y terminó encima de mi.

Nuestras narices esteban muy cerca y era sólo cuestión de segundos para que se tocaran.

—Ángel yo...—

Sin darle tiempo a responder o escapar posé mi mano en su espalda, la sentí tensarse e incluso escuché como su respiración se atascó en su garganta lo cual me hizo sonreír, estaba a punto de reclamar sus labios cuando de pronto un estruendo se escuchó en la ventana

—¡Suéltala!—