—Vino por ella—
—Ya lo se genio—
Me senté en la cama y tomé mi cabeza con mis manos, ¡maldición!, ¡Maldición!,¡MALDICIÓN!. El maldito Lucario al final había vuelto por ella y justo cuando estaba tan cerca para que lo olvidara
—Yo te lo dije— dijo Shadow burlón
—Ahórrate tus palabras y diles a todos que se han robado a Renamon—
—¿Qué?, piensas seguir mintiéndole a tu reino—
—No son mentiras, diles que ese Lucario a entrado a mis aposentos y que la ha raptado—
—Ángel ya déjalos en paz—
Trató de tocarme el hombro pero me aparté bruscamente de él poniéndome de pie y mirando por la ventana ahora rota como la lluvia caía pacíficamente
—Ella es mía Shadow—
—Ángel por favor, ya les has causado suficiente daño con haberla hecho creer que Lucario estaba muerto, ya no te entrometas más con ellos—
—¡NO!, ella es mía y no la voy a dejar ir—
—¿Esa es tu decisión?—
Me giré viendo a Shadow detrás de mi esperando mi respuesta, lo miré a los ojos y solo eso bastó para que Shadow comprendiera mi decisión
—Ahora diles a los demás que se preparen, mañana al amanecer los buscaremos y mataremos a ese Lucario— Shadow solo se quedó de pie observándome con sus violáceos ojos
—No—
—¿Qué has dicho?—
—No te ayudaré con esto, ellos merecen estar juntos—
—¿Recuerdas que tienes un trato conmigo?, mi alma a cambio de todo lo que yo te ordene—
—Lo siento pero no voy a cumplir con el trato, tu has dejado de tener ese gramo de alma que tenías cuando hicimos el pacto—
—No me importa tienes que hacer todo lo que yo te digo—
—Adiós Ángel—
Y sin más me dio la espalda comenzando a marcharse, ¡Maldición! tenía que hacer algo para que se quedara, algo lo que sea para que me ayudara a tener conmigo a Renamon y matar a ese Lucario, ¿pero qué?. En ese instante fue como si una chispa me hubiera iluminado: chantaje. Esa era la respuesta, después de todo me encantaba actuar
—¿Te iras?— le pregunté en el tono más lastimero que pude encontrar en mi, Shadow paró en seco y giró un poco su cabeza para verme, ya lo tenía en mis manos —dijiste que jamás me dejarías—
Shadow por un segundo parecía estar dudando entre si creerme o no, me miró por unos segundos más y luego suspiró, ya lo tenía
—No me digas eso— respondió girándose y viéndome
—Prometiste que jamás me dejarías solo, lo prometiste— le dije al borde de las lágrimas mientras me sentaba en la cama y abrazaba mis piernas
—Oye no te pongas así te estoy diciendo que no me iré— se acercó sentándose frente a mi
—Ya no sé si creerte, prometiste que estarías conmigo siempre sin importar lo que pasara y a cambio te daría mi alma— respondí escondiendo mi cara entre mis piernas y sollozando, ¡esto era divertido!
—Hey tranquilo— escuché su voz y de pronto sentí como me envolvía entre sus brazos, no era que sintiera algo más que el calor que irradiaba de su ser ya que era una sombra después de todo
—¡Prometiste estar a mi lado siempre!— le grité agónico mientras me aferraba a su abrazo
Sentí como Shadow se tensaba ante mis palabras, al parecer estaba muy sorprendido por la forma en que se las dije, en especial por que estaba "llorando".
Después de eso Shadow se quedó a mi lado, no me dijo nada, solo acariciaba mi espalda con ternura mientras yo seguía llorando, pero cerca de media hora me aburrí de sollozar y simplemente permanecimos así por otro buen rato
—¿Estás mejor?— me preguntó temeroso
—Si...— le respondí quedamente —¿te quedarás a mi lado?— le pregunté en cambio mientras me separaba un poco de sus brazos y buscaba su rostro
Sus ojos violáceos me miraron por algunos segundos mientras evaluaban mi rostro preocupados, después suspiró sonoramente y me volvió a abrazar transmitiéndome su calor lo cual me sorprendió, al parecer le había preocupado el que yo estuviera llorando. Por un segundo me pareció muy cruel lo que había hecho pero, me daba igual después de todo yo sólo quería a Renamon y punto.
—Me quedaré a tu lado... y haré lo que me pidas—
Con esas palabras Shadow había sellado el trato y sin más volvió a estar a mis servicios.
.
—Ingenuo—
