Hola Mundo ! Bueno... les debo una disculpa por toda esta ausencia, la cual estuvo principalmente asociada al fin de mi etapa como colegiala xD y al tema de la PSU (unas pruebas que se dan aquí en Chile para postular a la Universidad), eso hasta hace casi unas 3 semanas... luego de dar las pruebas me tomé una semana de no hacer nada de nada y desde entonces he estado trabajando en la traducción de manera lenta... muy lenta... pero segura...

Espero que disfruten el cap ! :D


Capitulo 18:

Por muy extraño que parezca, la idea de ir a un Pub fue de Gilbert. Me sorprendió ya que ha Gilbert siempre le han gustado los Clubes Nocturnos, todo acerca de la música a todo volumen y las chicas bailando. Sin embargo, había pasado mucho tiempo desde que habíamos ido a algún lugar tranquilo y acogedor como lo era este Pub y realmente me había gustado el cambio de escenario. Al fin no tenia que gritar a todo pulmón para poder ser escuchado y eso estaba bien para mí, porque de verdad tenía muchas cosas que decir.

Nos sentamos alrededor de una pequeña mesa, lejos de la barra, cada uno de nosotros sosteniendo una cerveza. La mía era la más llena, ya que no había tenido mucho tiempo para beber, estaba demasiado concentrado en lo que quería decir como para llenar mi mente de alcohol. La de Francis también estaba casi llena: el nunca había sido del tipo de los que beben mucho, pero tampoco es como si fuera a decir que no si alguien le ofreciera un trago. Francis estaba asintiendo a cada palabra que yo decía, con una expresión de satisfacción en su rostro. Gilbert por el otro lado, ya se estaba tragando como su tercera botella de cerveza.

"…Así que Alfred estaba muy sorprendido al principio. Nunca esperó que Romano renunciara a su trabajo…" Estaba contando. "…pero ahora se comporta como un 'Héroe' y va a ayudar de vez en cuando…"

"¿Entonces la remodelación va bien?" Preguntó Francis, sonriéndome un poco. Yo le devolví la sonrisa.

"¡Sí! Esta poniéndose todo muy hermoso, ¡Ya te lo había dicho! Estamos pintando las paredes ahora mismo y…"

"No entiendo porque te acomplejas tanto por el Restaurante…" Dijo Gilbert de la nada, hablándome por primera vez. "¡No es como si fuera tuyo!"

"Quiero ayudar a Romano…" Le respondí. "Después de todo… fui yo quien consiguió el lugar…"

"¡Si, bien, lo entiendo!" Dijo Gilbert. "¿Pero acaso Romano está dándote algo a cambio?"

Parpadeé un par de veces, no entendiendo realmente que es lo que me quería decir. ¿Qué se suponía que Romano debería darme? ¿Dinero? Había mucho tiempo para ello… Al final, fue Francis quien vino a mi rescate.

"Quiere decir que si Romano te ha dejado hacerlo con el…" Dijo Francis como si estuviera hablando sobre el clima, tomó un sorbo de su cerveza. Me volví abruptamente hacia Francis, sorprendido.

"No, pero…"

"¿Acaso no era esa tu meta?" Interrumpió Gilbert. "¿Llegar a tener sexo con él? ¿No era esa la razón por la que empezaste todo esto?"

"Si, pero…" Estaba bastante sorprendido por el enojo que se veía en la cara de Gilbert, pero no dejé que me afectara. "Ahora no es el momento. Tenemos un Restaurant ahora, no puedo…"

"Por favor, Antonio…" Dijo Gilbert, mostrando toda su frustración en su voz. "Estoy diciendo esto por tu propio bien. Si sigues arrastrando todas las cosas, el al final va a apegarse a ti. ¿No sería extraño para el que tuvieran sexo y tu súbitamente desaparecieras?"

Sus palabras tocaron una fibra sensible en mí y miré hacia abajo a donde estaba mi cerveza hace un momento. Volví a poner mi atención en Gilbert, quien estaba bebiendo lo que se supone que yo debería. No es como si en realidad me importara en ese momento.

"Romano va…"

"No me digas que el va a entenderlo, porque no es así" Dijo Gilbert antes de que pudiera decir otra palabra. "¿Qué pasa si el termina enamorándose de ti? ¿Qué vas a hacer en ese caso?"

"Por primera vez Gilbert tiene razón…" Dijo Francis, apoyando en una mano. "Últimamente Romano parece estar muy interesado en ti. Si nos ponemos a pensar en la manera como te trataba las primeras veces que se vieron, yo diría que de verdad le agradas ahora…"

"Tal vez no me odia lo mucho que me odiaba antes. Pero, en serio chicos, Romano no está enamorado de mí. Yo lo sabría." Dije. Francis y Gilbert levantaron una ceja.

"¿Acaso te ha dicho algo al respecto?" Preguntó Francis.

"Tal vez el no esté enamorado ahora. ¿Pero qué pasa si lo llega a estar? ¿Qué es lo que vas a hacer? Tenemos un pacto, ¿o no…?" Volvió a interrumpir Gilbert una vez más. Arrastró las palabras, el alcohol que había ingerido finalmente estaba haciendo efecto en su organismo. Francis y yo lo miramos, antes de que Francis le quitara la botella de cerveza de las manos. Las quejas de Gilbert pasaron desapercibidas. Nuestro amigo albino le lanzó una mirada de decepción a su botella de cerveza antes de volver a mirarme una vez más.

"¡Deberías hacerlo ahora!"Dijo. "Ahora que no está pegado a ti como una estúpida colegiala…"

"Por favor, no hablen así de Romano…" Dije, un poco molesto. De verdad no entendía que era lo que estaba pasando por la cabeza de Gilbert y más de una vez quise creer que no estaba hablando de Romano.

"Enamorarse el algo muy sobrevalorado…" Dijo Francis, mas para si mismo que para mi. "Antonio…" Dijo entonces mirándome directamente a los ojos. "Deberías pensar bien que es lo que quieres de Romano. Gilbert tiene razón. De verdad no te queda mucho tiempo…."

Me quede mirando a ambos: la expresión preocupada de Francis y la mirada un poco cabreada de Gilbert.

No sabía que decirles. La única cosa que quería hacer era ayudar a Romano con su sueño.

Romano había aceptado finalmente comprar el Restaurante y, juntos, habíamos comenzado a redecorarlo dándole un aspecto más italiano. Mis días se habían llenado: trabajaba en el Jardín Infantil en las mañanas, ayudaba a Romano en las tardes y, cuando tenía los ánimos para ello, salía con mis amigos al anochecer.

Por el momento Romano seguía trabajando para Alfred, pero una vez que el Restaurante estuviera abierto, iba a dejar definitivamente el trabajo. Le había costado un montón a Romano para tener el valor de ir a decirle a Alfred que tarde o temprano iba a renunciar, pero cuando le había dicho que iría yo en su lugar, se lo tomó como una amenaza y finalmente lo hizo sin ninguna otra protesta.

Por otro lado, cuando se lo contó a Feliks este se había sorprendido en un principio, antes de empezar a quejarse acerca de quién lo iba a llevar a casa ahora que Romano no iba a estar. Toris había tratado de hacerlo callar, pero fue en vano, hasta que finalmente se rindió y le prometió que él iba a ser su chofer a partir de ese día. Solo entonces, Feliks felicitó a Romano por el Restaurante.

A veces, incluso Herakles y Kiku venían a ayudarnos. Esta tarde había sido una de esas veces.

Kiku era de verdad un buen artista. El era quien había sugerido que pintáramos las paredes con imágenes de inspiración italiana. Romano había aceptado, aunque en un principio no estaba muy seguro. Sin embargo, Kiku demostró que era muy bueno pintando y, al final, a Romano le estaba gustando la forma en que se veía la pared.

Ese día, Kiku ya estaba en el Retaurante haciendo su trabajo. Se había subido a una escalera y estaba pintando lo que parecía un tomate. Asintió con la cabeza cuando lo saludé e inmediatamente volvió a su trabajo manual.

Romano estaba hablando con Herakles en ese momento, ambos tenían la ropa sucia y manchada con pintura blanca. Romano estaba apuntando algo, que después entendí que era en dónde iban a estar las nuevas luces, y Herakles lo estaba escuchando, con una expresión pensativa en el rostro.

Me pregunto cuanta paciencia habrá tenido Herakles en ese momento. A Romano realmente no le agradaba Herakles y se aseguraba de demostrarlo cada vez que podía, tratándolo como a un perro.

Siempre quise disculparme con Herakles por el comportamiento de Romano. El y Kiku estaban ayudando voluntariamente después de todo y no era justo que como recompensa fueran tratados así. Pero todas las veces que lo veía Romano trataba de alejarme de Herakles lo más que pudiera. Yo de verdad no entendía que era lo que el temía.

"¡Hola!" Dije llamando su atención. Romano se volvió bruscamente hacia mí y puso sus manos en sus caderas.

"¿En dónde has estado?" Exclamo, acercándose a mí. "¡Tenemos que mover las mesas hoy y no puedo hacerlo yo solo, bastardo!"

"Tuve unos problemas en el trabajo…" Le dije, poniendo mi chaqueta en una de las sillas. Romano puso mala cara y yo le sonreí. Tenía una mancha de pintura en su nariz y se veía realmente adorable. Le saqué la pintura con mi pulgar y él se sonrojó al instante. "Adorable ~" Dije en voz alta.

"¡No soy adorable!" Exclamó Romano, rojo, ya sea por la vergüenza o el enojo, no lo sé. De todos modos, es difícil distinguirlo. "¡Ahora ayúdame con las mesas, idiota!" Y corrí hacia donde estaban las mesas amontonadas.

"A tu novio de verdad le gusta darle ordenes a los que tiene a su alrededor…" Dijo Herakles mientras veíamos a Romano caminar hacia el otro extremo de la habitación. "…mientras que el no hace nada…"

"Si, lo sé, y quería…" Traté de decir, pero Romano gritó.

"¿Vas a venir o no?"

Suspiré y noté que los labios de Herakles se curvaron un poco hacia arriba formando una sonrisa.

"Voy a ir a reparar el grifo roto…" Dijo Herakles con un suspiro y sin decir una palabra más desapareció en la cocina.

"¿Estás seguro de que no quieres llamar a un plomero?" Exclamó Kiku desde su posición sobre la escalera. Yo me di vuelta bruscamente en su dirección: me había olvidado completamente de que estaba allí. Era tan silencioso…

"¡Yo puedo hacerlo!" Gritó Herakles desde la cocina y decidí finalmente acercarme hacia donde estaba Romano, quien estaba inspeccionando en ese momento una de las sillas frunciéndole el ceño.

"¿Pasa algo malo?" Le pregunté, arrodillándome a su lado. El me miró y dijo:

"Vamos a necesitar sillas nuevas…" Dijo rotundamente enseñándome la pata rota de la silla. Asentí con la cabeza mientras ambos nos poníamos de pie. Era una lástima, porque las sillas eran relativamente nuevas y no creía que podríamos costearnos unas nuevas.

"¿Podríamos ir con un carpintero o algo así?" Dije en cambio. Sabía que Romano había estado pensando lo mismo pero me sorprendió cuando Romano se sentó súbitamente en una de las sillas, como si estuviera probando cuanto resistirían, lo que no fue mucho…

"¡Chigiii!" Gritó y yo salté a agarrar su brazo antes de que pudiera caerse y hacerse daño el mismo. Al final los dos nos caímos al suelo y me encontré a mi mismo mirando el techo durante un minuto entero antes de estallar en carcajadas.

"¡¿De qué te estás riendo, idiota?!" Gritó Romano directo en mi oreja desde donde su lugar al lado mío. "¡Casi me mato!"

"Vamos, ¡Fue divertido!" Dije, aun riéndome mientras me ponía de lado apoyando todo mi peso sobre un brazo. Romano me miró desde su posición en el suelo y lentamente copio mis movimientos. En un momento estábamos los dos mirándonos directamente en los ojos.

"¿Así que crees que es muy divertido cuando otra persona se lastima?" Dijo, frunciéndome el ceño y empujándome nuevamente hacia el piso. El empujón por sí solo no hizo nada pero la mirada de sorpresa pura que tuvo mi rostro debió haber divertido a Romano. "¿Te gustó eso?" Me sonrió. Yo levanté mi vista hacia él y le agarré la camisa, tirando de él hacia mí. El gritó sorprendido y yo reí.

"Ja, ja…" Rió, rodando lejos de mi tan pronto como pudo. Yo me senté lentamente, aun riéndome, y se volteó abruptamente a mirarme, molesto.

"¿No tienes nada mejor que hacer con esa boca tuya que estar riéndote?" Exclamó Romano entonces. Yo lo miré, calmando mi risa.

"Ahora que lo dices…" Dije, formando una idea en mi cabeza.

Algo que quería hacer mucho.

Había sido desde ese día en el parque que había querido hacerlo. Romano se volteó a mirarme, con una ceja levantada, y no se esperaba que yo me acercara a él y lo tirara para tenerlo más cerca. Le tomó un segundo entender que es lo que yo quería hacer, pero esta vez no me moví para alcanzar sus labios. Nos mantuvimos así por un momento, sintiendo el aliento del otro en nuestra piel. Y luego súbitamente me acerqué (o fue el, no estoy muy seguro) y nos encontramos a mitad de camino.

Mi corazón comenzó a palpitar más fuerte y sentí como si mis labios se incendiaran mientras Romano me besaba tentativamente de vuelta. Deje que mis instintos sacaran lo mejor de mí y lo empujé hacia el piso, sin romper el beso en ningún momento. En ese momento no me importaba que Herakles o Kiku nos vieran, de hecho, había olvidado completamente que existían, ya que para mí no había nada más que Romano y esos labios en el mundo. Me moví hacia abajo para besar su cuello y su clavícula…

Sentí sus dedos deslizarse por mi cabello. El estaba enfrascado en el momento y yo con él. Sin embargo, se sentía diferente a la otra vez en el parque. Era como si los dos hubiéramos estado esperando por este momento, pero que ninguno hubiera tenido el coraje de pedir permiso. Romano no estaba alejándome de él. Romano no tenía miedo y no iba a escapar.

Finalmente sentía que todo estaba como debía estar.

"Bueno… Romano me había dicho que tenias un buen trasero, ¡Pero no le había creído hasta ahora!"

Ambos nos congelamos en el lugar.

Los ojos de Romano se agrandaron cómicamente y miraba fijamente un punto detrás de nosotros, aterrado. Todavía estaba aturdido por el beso y mi cerebro no podía procesar con normalidad, pero sabía que algo estaba mal desde el momento en que Romano me empujó bruscamente.

"¡PAPÁ!" Gritó y me dio una patada una vez más, antes de levantarse abruptamente. Al oír la palabra mi respiración se detuvo y vi a Julius Vargas riéndose sobre nosotros, con las manos en las caderas. Detrás de él se encontraba Feliciano, quien se estaba riendo y… Ludwig, quien estaba mirando todo lo que no fuera ni yo ni Romano.

"¿Qué están haciendo USTEDES aquí?" Gritó Romano, camuflando su vergüenza con enojo.

"¡Vine a revisar el lugar!" Dijo Julius, ignorando el tartamudeo de Romano. Poco a poco me puse de pie y salude a Feliciano, quien me sonrió de vuelta. Kiku nos miraba confuso, aun con la brocha en mano. En ese momento Herakles también salió de la cocina, perplejo por todo el ruido. Estaba completamente mojado y entendí que su lucha contra el grifo aun no había terminado.

"¿Qué esta pasando…?" Preguntó y luego nos miró. Kiku le envió una mirada con preocupación, luego suspiró y decidió bajarse de la escalera. Julius, Feliciano y Ludwig se voltearon a mirarlo y los ojos de Herakles se enfocaron inmediatamente en la figura de Julius. Julius también parecía estar interesado en Herakles y parpadeó por un momento, perplejo, antes de echarse a reír.

"¿Herakles? ¿Herakles Karpouzi? ¿Eres tú?" Exclamó. "¡Oh, cuanto has crecido desde la última vez! ¿Cómo estás?"

Todos se voltearon a mirar a Herakles, quien repentinamente pareció recordar.

"¡Oh, Señor Vargas! No lo había reconocido…" Comenzó a decir Herakles, pero antes de que pudiera tener la oportunidad de decir algo más, Romano levanto sus brazos al aire y gimió.

"¿Este bastardo los conoce a todos aquí?" Exclamó Romano, puse una mano en su hombro para detenerlo. Inesperadamente, se calmó bajo mi tacto. Este gesto no paso inadvertido por Julius, quien puso una mueca pero no emitió comentarios.

"Por favor, Romano…" Dijo en cambio. "La madre de Herakles fue una de mis más queridas amigas…" Dejo de lado el asunto y cambió el tema. "¿Quién eres tú, querido?" Preguntó entonces Julius, dirigiendo su atención hacia Kiku, quien se había trasladado cerca de Herakles.

"Soy Honda Kiku, señor. Encantado de conocerlo…" Dijo Kiku, sonrojándose un poco por la atención recibida. Herakles inconscientemente dio un paso más cerca de Kiku y puso uno de sus brazos alrededor de la cintura del otro.

"¡El placer es mío!" Sonrió Julius. "¡Así que… Romano!" Exclamó, volteándose hacia su hijo mayor. "¡Veo que te has hecho un buen montón de…" Me lanzó una mirada. "…amigos!"

"Amigos mi…" Comenzó a decir Romano. Apreté su hombro y se calló. Julius miro a su alrededor e hizo un sonido de apreciación.

"¡El Restaurante es verdaderamente lindo! ¿Cuándo van a abrir? ¡No puedo esperar!"

Romano le lanzó una mirada.

"Tan pronto como se termine la renovación…" Dijo Romano. "¡Y eso no va a pasar si siguen retrasándonos!" Exclamó, golpeando mi mano y alejándose camino a las sillas.

"¡Oh, ya veo!" Dijo Julius. "¡Entonces debería ayudarte!"

"¡Si, yo también!" Dijo Feliciano alegremente, hablando por primera vez. Luego miró las paredes a medio pintar y exclamó un 'wow'. "Kiku, ¿Ese es tu nombre cierto?" Dijo dirigiéndose al chico Japonés, quien miraba a Herakles con aprehensión. "¿Tú hiciste esto?"

"Ehhh…" Dijo Kiku sintiéndose bastante incomodo. "E intentado hacer lo mejor…"

"¡Son maravillosos!" Exclamó Feliciano. "¡Eres muy bueno! ¡Por favor! ¡Déjame ayudarte en esto!" Luego le dirigió una mirada a Romano. "¿Puedo? ¿Puedo?"

"Como sea…" Romano ni siquiera se molesto en voltearse a mirarlo.

"¡Excelente!" Feliciano tomó las manos de Kiku. Yo sonreí al mirar la escena: Feliciano era tan diferente a Romano. Ludwig se volvió a mirar a Feliciano, quien ya se encontraba hablando animadamente con Kiku, y suspiró.

"Supongo que yo también puedo ayudarles…" Dijo Ludwig entonces, rindiéndose antes las acciones de los otros. Los ojos de Romano brillaron.

"¡Si, por supuesto!" Dijo demasiado dulce para sonar natural. "El lugar necesita una limpieza… Toma un trapero y comienza a fregar el suelo…" Sonrió. Pude ver su cara, parecía estar tan satisfecho consigo mismo, como si nunca hubiera pensado que iba a llegar la oportunidad para humillar a Ludwig. Ludwig, por otro lado, no pareció ni inmutarse y camino hacia donde Herakles. Ambos comenzaron a hablar, pero no escuche ninguna palabra de lo que dijeron.

Mis ojos se enfocaron en Julius.

El me miraba, duro, como si intentara con todas sus fuerzas leer mi mente.

Le devolví la mirada y en ese momento supe que el había visto ese beso.

Y que no estaba muy contento por ello.

El hecho de que aun podía saborear los labios de Romano, no me hacía sentir ni un poco mejor.

"Díganme chicos…" Dijo Julius rompiendo el silencio. "¿Qué estaban haciendo antes de que llegáramos?"

Estaba sonriendo y caminaba lentamente hacia nosotros. Romano se tensó ante las palabras de su padre y se dedico a abrir y cerrar la boca durante un minuto entero, sin saber exactamente qué debía decir. Decidí que sería yo el que hablara.

"Oh, estábamos viendo las sillas… la mayoría de ellas están rotas y…" Dije tratando de sonar lo más indiferente posible.

"¡Así que es eso!" Exclamó Julius y se agachó para poder examinar mejor la silla rota. Romano no se atrevía a mirar a los ojos a su padre y estaba mirando el piso.

"¡Tienes suerte de que haya venido!" Dijo Julius con una sonrisa después de un molesto minuto de silencio.

"¿Ah?" Dije. Romano levantó una ceja en duda y finalmente miró a su Padre confundido.

"Una vez trabajé para un carpintero…" Explico Julius. "¡Y se como reparar esto! ¡No tienen que preocuparse en gastar su preciado dinero en comprar unas nuevas! ¡Tu padre se encargará de esto!"

Romano y yo intercambiamos miradas mientras que Julius se veía absorto en el trabajo.

"¿Dónde tienen las herramientas?" Dijo de repente, haciendo que desviara mi vista de Romano.

"Ehh…" Busqué a mi alrededor hasta que recordé que Herakles se las había llevado para reparar el grifo roto. Agarré la mano de Romano cuando Julius estaba lo bastante ocupado con las sillas para verlo y exclamé: "¡Vamos a ir a buscarlas!"

"¿Vamos…?" Dijo Julius mientras comprobaba como estaba la pata de una de las mesas. "¿No puedes ir a buscarlas tu solo?"

Pero antes de que pudiera levantar la vista y perforarnos con la mirada yo ya estaba afuera del Restaurante con Romano. Tan pronto como estuvimos en la calle, Romano se volvió a mirar al Restaurante, confuso, y luego me miró a mí.

"Herakles las tiene y el está en la cocina…" Me dijo. "¿Por qué nos trajiste aquí afuera?"

"Quería estar un poco mas contigo a solas…" Le contesté, con sinceridad. Las mejillas de Romano se tiñeron de rojo y miró hacia abajo en donde estaban nuestras manos entrelazadas, dándose cuenta de súbito que aun estaba sosteniendo mi mano.

"Es una pena que tu padre nos haya interrumpido…" Dije entonces, dejando salir mis pensamientos. Los ojos de Romano se dispararon hacia mí, tenía la boca semi abierta y muy apetecible.

"¿Q-Qué…? ¡No! ¡Al contrario, me alegro! Yo…Yo…" Su rostro se veía adorable y sentí como se me formaba una sonrisa. "Vamos, idiota…" Tiró de mi mano. "Entremos. Si el bastardo de mi padre viene, tu…"

Quise gritarle un 'Que importa'. Quise ir adentro donde Julius y decirle que se metiera en sus propios asuntos. Quise llevarme a Romano de ahí y llevármelo a mi casa. Quise ir donde mis amigos y decirles…

Decirles…

"¡Vamos, Antonio!" Exclamó Romano, enojado y frustrado. "¡Deja de ignorar lo que digo!"

"¡Que venga!" Exclamé entonces y miré a Romano directamente en los ojos. Mi corazón comenzó a latir más rápido y sin pensarlo lo atraje hacia mi hasta que nuestros pechos se tocaron. Romano trató de alejarme, pero cuando me incliné hacia abajo y lo volví a besar dejo de luchar y movió sus brazos alrededor de mi cuello.

Sí. Pensé.

Sí.


Perdón por horrores ortográficos :/

Y espero que nos leamos luego :)

Yaya Romance ! ~