Hola Mundo !

Hetalia no me pertenece. Ni la historia ._.


Capitulo 19:

"En una hora más o menos, vamos a poder ir a casa…"

"¿Estas tan cansada?" Le sonreí a Lilly mientras ella bostezaba y estiraba sus brazos en el aire. Ella me miró, luego miró a una de las mamas que había llegado a llevar a su niño a casa.

No podíamos irnos hasta que todos los niños estuvieran de vuelta sanos y salvos entre los brazos de sus padres, pero tampoco teníamos algo más que hacer y nos sentábamos en la única banca que hacía en el patio de juegos, aburridos en nuestras mentes. Sonreíamos cada vez que una madre se despedía de nosotros con la mano y nos asegurábamos que el resto de los niños estuvieran jugando con cuidado mientras esperábamos que sus padres llegaran.

Lily estaba exhausta. Lo podía ver por la forma en que cerraba los ojos y trataba de reprimir los bostezos. Se ruborizó cuando le dije que se veía linda y luego fingió que no había dicho nada en absoluto.

"¿Va a venir Vash a buscarte para ir a casa?" Le pregunté entonces, cambiando el tema, tratando de matar el tiempo. Sonreí mientras uno de los niños se despedía de nosotros.

"Si…" Dijo Lily, "Oye, Antonio…" se volvió hacia mi repentinamente, pero sus ojos estaban todavía pegados en algún punto fuera de mi vista. "¿Conoces a ese tipo? Ha estado mirándonos desde hace un buen rato…"

"¿Eh?" Me di la vuelta y al fin pude ver al tipo del que ella me estaba hablando, apoyado en las barras de metal de la reja principal. Mis ojos se abrieron al reconocerlo y sentí que empezaba a sonreír cuando me di cuenta de que se había alterado al percatarse de que lo había reconocido.

"¿Es algún maniaco o algo…?" Preguntó Lilly, ahora un poco preocupada. La miré sorprendido y comencé a reírme.

"No, es un amigo mío…" Le dije y luego me volví a mirar a Romano de nuevo. El estaba parado ahí, sin saber qué hacer, cambiando el peso de cuerpo de una pierna a la otra. Lo salude moviendo la mano y grité: "Romano ~"

Varias mamas se dieron vuelta a mirarnos y vi como se sonrojaba por culpa de la atención que no quería. El me miró, torció sus labios con disgusto y casi se da media vuelta y sale caminando. Sin embargo, lo vi dudar, y me di cuenta de que en realidad el no quería irse. Me levanté y caminé hacia él, quien miro cada movimiento mío con una mezcla de sorpresa y miedo.

"Hey…" Le dije cuando me encontraba a dos pies de distancia. Sonreí, el me miro directamente a los ojos por un momento y luego aparto la mirada.

"Hey…" susurro y cruzó los brazos alrededor de su pecho. Puse una mano en un hombro y el se sobresaltó al contacto.

"¡Es la primera vez que vienes a ver donde trabajo!" Le dije, contento. "¡Viniste justo a tiempo! Mi turno se acabo y puedo salir contigo a dar una vuelta alrededor y luego… ¡luego volver a casa juntos!"

Romano volvió a mirarme abruptamente, súbitamente con pánico.

"¡No! ¡No! ¡No es eso! Yo… yo… bueno…yo solo estaba pasando y… ¡oh, mierda!" Y se volvió para alejarse de nuevo. Esta vez en serio. Agarré su mano justo a tiempo y él se detuvo a mirar nuestros dedos entrelazados. Sus mejillas estaban rojas y tenía los ojos tan abiertos que parecía un reno encandilado por las luces de un auto.

"Vamos…" Le dije y lo arrastré hacia el patio de juegos, hacia donde Lily estaba sentada, mirándonos con asombro. Romano empezó a tratar de zafarse, pero sin resultados.

"¡Déjame ir, bastardo! ¡Ya te dije! ¡Solo estaba pasando por aquí! ¡No es como si quisiera verte!"

Ignoré su palabreo y seguí caminando hacia Lilly.

"¡Este es Romano!" Y atraje a Romano más cerca de mí, empezó a quejarse, pero se detuvo tan pronto como vi a Lilly mirándonos. "¡Ella es Lilly! ¡Trabajamos juntos!" Le dije.

Lilly se levanto y estrechó su mano con la de Romano con una sonrisa:

"¡Un gusto conocerte!"

"Ehh… un gusto conocerte también…" Dijo Romano, quien volvió a ponerse educado y sacudió su mano. Lilly volvió a sonreír y me miró.

"¿Estabas esperando a Antonio?" Preguntó entonces Lilly. Romano se sonrojo y volvió a mirarme, pero antes de que pudiera decir nada, Lilly continuó: "Supongo que tienen que irse ahora…" me sonrió y dijo: "¡Déjame traerte tus cosas!" y se fue caminando.

"¡No te preocupes! ¡Yo voy por ellas!" Dije, pero ella ya estaba adentro del edificio a nuestras espaldas y no era capaz de escucharme. Me quede solo con Romano, quien se veía bastante incomodo por el cambio de eventos. Seguía inquieto y estuvo jugando con sus dedos por un rato, antes de que se atreviera a decir algo para romper el silencio:

"Puedo volver a mi casa por mí mismo, sabes…" Dijo y miro hacia otro lado, hacia donde los últimos niños seguían jugando.

"Oh, por supuesto…" Le dije, para nada molesto. "Supongo que nos veremos en la tarde entonces, en el Restaurante…"

"Cierto…" Romano murmuro mas para sí mismo que para mí. El seguía mirando a los niños y yo no pude ver la expresión en su rostro. Hubo otro momento de silencio, en el que espere a que Lilly volviera y que Romano dejara de comportarse tan misterioso.

"Aunque me agrada que estés aquí…" Decidí decirle con una sonrisa. "…te extrañé…" Continué, con las palabras saliendo desde el fondo de mi corazón.

Romano permaneció en silencio y se veía como si estuviera teniendo una batalla mental con sí mismo. Súbitamente, dijo:

"Lilly parece ser una buena chica…" Dijo y juro no haber escuchado nunca su voz lo triste que sonó en ese momento. "¿Por qué no te casa con ella? Parecen tener buena química juntos…"

Sus palabras me tomaron completamente desprevenido y lo quede mirando sin palabras. De verdad no entendía lo que estaba pasando dentro de su cabeza, pero tampoco tuve tiempo de preguntarle mientras continuaba:

"Tendrías niños…" Dijo. "Tu amas a los niños… ustedes serian tan felices juntos…"

"¿De qué estás hablando?" Exclamé repentinamente. Sacando toda la confusión de mi cabeza.

"¿No es eso lo que jodidamente quieres?" Preguntó. "Yo no puedo darte una familia de verdad…" Se detuvo y tomo un profundo, y tembloroso, aliento. "¿Por qué te sigues molestando conmigo si yo no puedo darte lo que en realidad quieres…?" Su voz estaba cargada de sentimiento y me tomo un segundo darme cuenta de que estaba llorando y estaba ocultando sus lagrimas de mi. Sin ningún otro pensamiento, agarre sus manos y tiré de él para que se volteara a verme. La humedad en sus mejillas me molesto y su labio inferior estaba temblando. Avergonzado, cubrió su boca con sus manos y miró hacia otro lado.

"Tú sabes que no estoy interesando en Lilly de ese modo… en ninguna mujer, en realidad…" Le susurré. "Y no importa que no pueda tener niños propios. Mi trabajo basta para mi…"

El trato de esconder su cara de mi, pero yo puse mis manos en sus mejillas y lo obligue a mirarme.

"¿Qué es lo que de verdad está pasando, Romano?" Le pregunté, preocupado. Acaricié sus lagrimas con mis pulgares y el cerró los ojos ante el contacto.

"Lo sé todo acerca del pacto" Dijo Romano de repente y mi corazón se saltó un latido. No sabía que decir y busque por las palabras correctas en mi mente, pero nada se sentía correcto. Mi silencio debió haber gatillado algo, porque Romano súbitamente me empujó y me dio la espalda, fregándose los ojos con el dorso de su mano.

"¡Estuve todo este tiempo buscando una manera para deshacerme de ti y era tan… fácil!" Exclamó Romano. Yo lo quede mirando. "Nunca pude soportarte, Antonio…" Susurró. "Nunca me gustaste…" Me miró. "Pero eso…" Se las arregló para hacer un gesto vago con la mano. "…es todo lo que hace falta para no volver a ver tu horrible cara, ¿cierto?"

Sus palabras me dañaban de una forma en que nunca pensé que podrían hacerlo. Los ojos de Romano estaban rojos, pero había algo parecido a una sonrisa en sus labios. Yo lo seguí mirando y el cruzó sus brazos sobre su pecho con desafío.

"¿Si tengo sexo contigo finalmente me vas a dejar libre, cierto?" Dijo súbitamente Romano, con sus ojos perforándome el alma. Se veía enojado.

Me mantuve en silencio. Una neblina de pensamientos se arremolinó en mi mente: Todos los chicos y chicas con las que había estado. El aburrimiento. La primera vez que había visto a Romano, a quien no le importaba nada acerca de mí y que se mantuvo imperturbable frente a mis tontos intentos de coquetearle. La promesa que me había hecho a mí mismo y a mis amigos de que lo iba a tener en la cama un día de estos.

El hecho de que finalmente estaba accediendo a pasar la noche conmigo.

Las cosas que Francis y Gilbert me había dicho esa noche en el Pub.

Luego el Restaurante. Los besos.

El pacto. La promesa a mi mismo de no volver a enamorarme.

Lo había prometido. ¿Había hecho el pacto, no?

¿Esto era lo que siempre quise todo este tiempo, cierto?

"Si…" Dije repentinamente y tan pronto como las palabras salieron, mi corazón dolió. Me sentía horrible. ¿No debería estar feliz? Romano, por el otro lado, pareció aliviado inmediatamente y suspiro, como si estuviera esperando esa respuesta por un tiempo.

En ese momento, Lilly volvió. Ella volvió a sonreírle a Romano, quien le devolvió la sonrisa, con todos los rastros de haber estado llorando fuera. Ella camino hacia mí y me dio todas mis cosas como prometió.

"Tengan un buen fin de semana…" Dijo entonces, sin darse cuenta de la tensión que se había generado en Romano y yo. Le sonreí y le dije:

"Tú también… mándale saludos a tu hermano por mi…"

"Por supuesto…"

Romano asintió hacia ella y empezó a caminar alejándose. Al principio no sabía qué hacer, pero decidí que probablemente quería que lo siguiera. El estaba horrorosamente callado, caminando algunos pasos delante de mí, y yo de verdad no sabía hacia donde estábamos yendo. Cuando vi el nombre de la calle que estábamos cruzando me di cuenta de que estábamos haciendo el recorrido a mi departamento.

El estaba manteniendo su palabra y yo sabía que, esta vez, no iba a ser como la primera vez que Romano fue a mi casa. Esta vez no era una broma.

Quise decirle que se detuviera, pero seguimos caminando en silencio hasta que finalmente estuvimos en frente de mi edificio. Romano se detuvo y se volteo a mirarme, por un momento inseguro de sí mismo. Yo mire la puerta principal y tomé las llaves de mi bolsillo pero aun no abría la puerta.

Sentía que debía decir algo, pero todo lo que pensaba sonaba mal. ¿Esto era lo que yo quería, cierto? ¿Entonces porque me sentía así? Volví a decírmelo a mí mismo.

Romano pareció entender mi indecisión, porque abruptamente tomó las llaves de mi mano y abrió la puerta en mi lugar.

Lo miré mientras buscaba las llaves de mi departamento con sus manos temblorosas y abría la puerta.

"¡Tu departamento esta tan sucio!" Dijo Romano, un rastro del viejo Romano volvió, y tiró su chaqueta al piso. Súbitamente me sentí aliviado y cerré la puerta tras de mí con un suave click.

"Bueno, no tuve tiempo para limpiar…" Dije sonriéndole y miré a mí alrededor. De repente me di cuenta de que no sabía cómo moverme en mi propio territorio y que la actitud de Romano hacia todo aun mas difícil. El hizo un mohín mientras se paseaba por el living, como si fuera la primera vez que veía mi departamento y luego se detuvo en frente de mí, con determinación.

Vi sus ojos color avellana. Esta vez no aparto sus ojos de los míos. El se acerco unos pasos hacia mí y agarró la parte de delante de mi camisa, y por primera haciendo las cosas por sí mismo, tiró de mi para darme un beso.

Sentí el salado de sus lágrimas en mis labios, su esencia en mis fosas nasales. Se sintió como la primera vez que nos besamos y yo no quería que terminara. No ahora. Ni nunca.

Profundice el beso y encerré su cintura en un circulo con mis brazos. Solo cuando sentí sus dedos sobre mi pecho me di cuenta de lo que exactamente íbamos a hacer.

Lo aleje un poco y me percate de que se las había arreglado para desabotonar mi camisa casi por completo en el proceso. Romano me quedo mirando, sorprendido y con los ojos un poco encorvados; escondiendo una lujuria que no creía que el podría poseer y que me hizo tiritar por dentro. Sabía que yo me veía igual, pero esta no era la forma en que yo quería que acabara lo de nosotros. Eso estaba mucho más claro para mí.

"¿Qué?" Dijo, con su voz agrietada, dándose cuenta de que algo iba mal.

"No necesitas hacer esto…" Le dije, en parte en serio, en parte queriendo continuar desde donde lo habíamos dejado. Romano negó con la cabeza.

"No" Dijo. "Tú no me amas…" Miró hacia otro lado. "No me vas a hacer creer lo contrario. Yo sé lo que quieres y solo ya estoy enfermo de seguir jugando tu juego…Voy a darte lo que querías y a cambio tu me dejaras finalmente vivir en paz… justo como acordamos… esto no significa nada…" Sonaba tan convincente que me sentí enfermo. "No quiero volver a verte nunca más. Y si esta es la manera de que pueda deshacerme de ti… ¡entonces estoy jodidamente de acuerdo con ello!"

No sé por qué, pero mi cabeza me dijo que no creyera nada de lo que decía. Que detrás de esto había algo oculto, pero no pude determinar que era.

Trate de pensar en algo más que decir, algo para aclarar la situación, algo para hacer que se quedara incluso después de esto, pero no encontré nada. Lo miré, estudié cada centímetro de su rostro, la manera en que se ruborizó y el color de sus ojos.

"Si eso es lo que quieres…" Le dije entonces, acariciando una de sus mejillas, el no se alejó.

"Si, esto es lo que quiero…" Suspiró Romano y me tomo una mano. Me llevo fuera de la sala de estar y se adentro en mi pieza. No pude dejar de pensar en que las cosas estaban sucediendo muy rápido, que había algo que teníamos que decir primero, que si decíamos algo, las cosas serían mucho más fáciles. El hecho es que no tenía idea de que se trataba.

El no me miró cuando cerró la puerta y permaneció quieto por un momento, ocultando su rostro de mí, antes de volverse a mirarme nuevamente. Ambos nos acercamos uno al otro y luego, sin decir ninguna otra palabra, lo volví a besar. El me beso de vuelta, puso sus brazos a mi alrededor y ambos caímos a la cama.

No pude pensar nada más después de eso. ¿Quién podría? Cuándo Romano, el chico que quería, me estaba mirando de esa forma. Cuando me dejo desvestirlo… cuando me abrazo y escondió su rostro en la curvatura de mi cuello… cuando su boca ligeramente abierta se veía tan suave y tentadora… cuando no había nada mas en la habitación, en el mundo, que no fuera él.

Me dejo penetrarlo más de una vez.

Suspiró mi nombre en mi oído y me confesó algo en Italiano. Algo que pude haber comprendido en otras circunstancias, pero no en esta.

Y luego, repentinamente, todo había acabado.

Nos quedamos lado a lado en la cama por un momento, mirando el techo y con una de sus manos firmemente agarrada a la mía. También creo que nos dormimos un rato, porque cuando abrí los ojos y miré a través de la ventana, ya estaba bastante oscuro. En ese momento sentí a Romano moverse y levantarse lentamente.

Mire como Romano se vestía lentamente. El no me volvió a mirar, ninguna vez, incluso si sabía que yo estaba despierto, solo se dedico a vestirse.

¿Así es como iba a acabar todo? ¿Voy a volver a los extraños sin rostro y las noches sin sentido? Se lo había prometido… no… se lo había prometido a todos y a mí mismo también, lo iba a dejar ir después de esto, pero no podía concebir mi vida sin el Nightwave, el Restaurante, sin más Romano.

Tenía que tomar una decisión. Incluso cuando había dicho que no me quería mas en su vida, aun tenía una oportunidad…

Pero.

Nunca volver a enamorarse.

Romano se abrochó su propia camisa.

Este pacto que hicimos los tres. Sería injusto de mi parte… Me pregunte ¿Qué es lo que ellos habían sacrificado por este pacto?

Romano se abrocho los cordones de sus zapatos.

Estoy enamorado. Debo decírselo. Debo decírselo antes de que sea tarde.

No. Yo no puedo enamorarme.

Romano se levanto y camino hacia la puerta cerrada.

Repentinamente me senté en la cama y alce mis brazos como si pudiera alcanzarlo de esa manera.

El abrió la puerta sin volver a mirarme.

Abrí mi boca, pero no salieron palabras…

La puerta sonó al cerrarse.

Tomé mi decisión.


So Sad :cccc

Gracias por Reviews y Favoritos :3

Nos leemos el próximo año !

Yaya Romance !