¡Holaaaaa! Otra vez les traigo algo de humorcín oxidado mezclado con crackeses.

Lo que pasa es que me puse a pensar en la convivencia del equipo B de FT durante el Daimatou Enbu, y me pareció que algo como esto era lo que pudo haber pasado. Además de que en realidad no se me ocurría otra historia para relacionar a Laxus... ejeje, ahh... y ésta vez el color como que no tiene mucho que ver exactamente. Metida de pata mía. xD

Y... y... ¡shíp, muchas gracias a todos por sus sensuales reviews! Ustedes son unas amoras... o unos amores(?). *w*

PD. Si de repente ven una palabra que, como que le falta una letra, o tiene una letra de más, o tiene letras que como que no van; hay disculpen, no le he estado atinando bien al teclado. :'C

PD2. Kuchiki RukiRuki, ¡vivan los azulitos supah amorosos, hermoshishímos ellos! *o*

Reviews!


Colors of my Life

Color #7: Pardo.

::Saga Daimatou Enbu::

El equipo B entró a su habitación en una de las respectivas posadas de Crocus.

Había cinco camas, una para cada miembro del equipo, de las cuales posiblemente sólo ocuparían cuatro. No sabían si Jellal se hospedaría con ellos como Mystogan o si se iría con Ultear y Meredy a vigilar la ciudad. Lo único cierto es que tendría que rondar cerca de ellos, o de Erza, para participar en el misterioso evento pre-eliminar de los Grandes Juegos Mágicos.

Fuera como fuera, porque ni de chiste lo esperarían, los cuatro restantes decidieron instalarse.

Juvia de inmediato se apoderó de la cama que estaba a un lado de la ventana, mientras Mira se quedaba con la que estaba al lado. Los otros por su parte aprovecharon la cama sobrante para poner distancia entre sí, no fuera que de repente se les pegaran las mañas raras de Freed.

Un ratito después la peliblanca tomó entre sus manos un par de cojines con manchas de guepardo, notando después que en cada cama había un par idéntico. Inmediatamente torció los labios y frunció el ceño con ternura como no gustándole la decoración. A Laxus por el contrario parecían gustarle, si hasta tenía camisas y abrigos con las mismas manchas.

–Quizá pueda robarme uno –comentó el rubio riendo socarronamente.

–Ara, ara –se rió ella tomándose una mejilla.

Gajeel mientras tanto miraba la ciudad por el balcón de la habitación en lo que Juvia terminaba de acomodar los miles de retratos de Gray que había empacado con su ropa, en el mueble situado a un lado de la cama.

La Lockser observó los retratos con una amplia sonrisa y unos enormes corazones rosas alrededor, luego fijamente con un destello de preocupación y después con los ojos todos acuosos. Finalmente de un momento a otro comenzó a llorar escandalosamente haciendo un enorme charco de agua.

Rápidamente Mirajane corrió a su lado para socorrerla al igual que Gajeel que se acercó a verla.

–¿Ahora qué tienes? –preguntó el Dragon Slayer.

–Es que Juvia se acaba de dar cuenta que pudo dormir con Gray-sama si hubiera sido parte del equipo A –explicó limpiándose ruidosamente la nariz con un pañuelo que Mira le había pasado–, ¡pero fue mi rival de amor la que se quedó con él! –añadió lloriqueando más fuerte.

Gajeel se golpeó la frente con fuerza dejándose la mano bien marcada. La Strauss en cambio sonrió resignada para luego levantarse e irse al cuarto de baño, mientras Laxus regresaba la mirada a una revista que había encontrado arrumbada en la habitación.

–¿Qué se supone que tienes en ésa cabezota tuya? –preguntó el Redfox.

–¡Gray-sama! –respondió entre sollozos.

–¿Y aparte del nudista?

–¡Rival de amor!

Por un momento el moreno se vio tentando a preguntar de nuevo, pero luego prefirió callarse. Las respuestas de Juvia a veces podían ser tan perturbadoras, incluso para él. Y por el rumbo de su imaginación sabía que la siguiente respuesta sería de ésas.

Laxus volvió a levantar la mirada observando a la moquienta Juvia. Un tic apareció en una de sus cejas después de un rato de estarla escuchando chillar. Lentamente deslizó su mano hasta alcanzar uno de los cojines con manchas pardo… para luego arrojárselo con fuerza directo al rostro.

Todo se vio como en cámara ultra-lenta. Gajeel haciendo un gesto como de estornudo por la impresión, Juvia recibiendo el golpe como peleador de box y Laxus haciendo una fiesta en su imaginación.

–Cielos… –se quejó el rubio–, ya cállate, mujer –la regañó serio.

Juvia se sobó su nariz enrojecida por el golpe para luego asentir varias veces. Es que el ceño fruncido del Dreyar y las chispas eléctricas que aparecían de la nada a su alrededor no le daban muy buena espina.