Cambiando de tema... ¿Como te fue?

Tormenta corrió detrás de Chimuelo, este aún corría como loco había la cafetería, aún con la mochila en una de sus malos. De vez en cuando miraba si su oponente estaba cerca, sin embargo no cálculo bien el voltear la cabeza, pues al ir corriendo se dio de lleno contra la puerta de cristal, cayendo con la mitad del cuerpo dentro del establecimiento. Chimuelo trato de levantarse, pero en cuestión de segundos, una mata de cabello azul lo devolvió bruscamente al suelo, Tormenta le gruñía y con sus uñas trataba de quitarle a Chimuelo su mochila, este no le dejaba y se retorcía con gran agilidad.

Un gritó los detuvo.

–¡Chicos! ¡¿Que están haciendo?!– preguntó la voz– ¡Levántese, que no quiero tener que limpiar en piso con ustedes!

Chimuelo por fin le cedió la mochila a Tormenta cuando esta estuvo a punto de arañarle la cara.

–¡Tu ganas, tu ganas!– dijo en son de paz, Tormenta tomó su mochila, se levantó y se echo la mochila al hombro. Le tendió la mano al peli negro, para ayudarlo a levantarse, este la acepto gustoso.

Ambos voltearon a ver quien era el que los hacia frenado, era el maestro de "Estructuras Metálicas*" de la escuela y el casi dueño del restaurante. Tormenta sonrió, tímida y apenada por actuar como siempre frente a un profesor, Chimuelo, en cambio, lo trato con naturalidad.

–¡Hola maestro, Bocón!– lo saludo el peli negro y chico los cinco con el–¿Cómo le va con mi hermano Hiccup?

– Hiccup es torpe, pero es realmente bueno dibujando diseños o soldando– comentó Bocón, el maestro solo daba clases medio tiempo, lo que le restaba del día era o quedarse allí, o ir a su querida fragua, donde sólo quien tuviese mucho dinero le pagaba para restaurar cosas.

– Siempre le gusto tu fragua, aún más que los deportes– opino Chimuelo, Bocón puso su atención en Tormenta, silbo.

–¿Tormenta Hofferson, eh?– exclamó Bocón, mirándola de arriba a abajo– La mayor corredora de todo Borg ¿No es cierto?

Tormenta se cubrió el rostro con el brazo de Chimuelo para que Bocón no vise su sonrojo, asintió débilmente, arrancándole una carcajada a Bocón.

– No seas tímida, chica– la calmo Bocón– Hey, Chimuelo, ¿Desde cuando tu me haces caso, muchacho?– le preguntó a Chimuelo– Creí que jamás le hablarías.

– Bocón– advirtió Chimuelo entre dientes. Tormenta rió.

–¿Que? Creí que te gustaban sus ojos– dijo Bocón mirando con sorna a Chimuelo, que se puso mas rojo que un tomate maduro en una olla exprés.

– Bueno, creo que ya es suficiente–lo corto Chimuelo–Vamos, Tormenta, búsquenla una mesa.

La jalo hacia el interior de el comedor, y mientras se alejaban, Bocón lo gritó:

–¡Cuida de mi muchacho! ¡Es un buen partido!

Tormenta se rió y siguió a Chimuelo hasta que encontraron una mesa, Chimuelo le dijo que esperará ahí, que no tardaba. Tormenta se sentó y se dejó caer con los brazos extendidos diré la mesa, apoyando su barbilla en la unión que hacían sus brazos, estaba nerviosa y temblaba un poco. Le pasaba cada vez que Chimuelo la miraba de reojo cuando este no sabia que ella si se daba cuenta, cuando le hablaba ocasionalmente, cuando el le hablaba y Ella hablaba de más, como la vez que Chimuelo le pidió su examen, terminó diciéndole que tenía una forma de pedir adorable.

–Si que te dio fuerte–escuchó una vez decir a Gordontua.

–¿Ah?–preguntó ella, incapaz de recordar la mitad de la oración.

Lo peor era cuando Chimuelo la ayudaba con matemáticas (humanos y sus extraños geográficos llamados números, y no solo eso, si no que también involucran a las letras) el era realmente bueno en eso, acababa los problemas más rápido que cualquier otro y era muy bueno explicando. El problema es que cada vez que hablaba, pasaba algo más o menos así:

–¡Chimuelo! ¡No se como se hace esto!–gritó ella, desesperada por no poder resolver el problema de la casita rara de matemáticas–¿Podrías explicarme?

–¿Aún no sabes hacer las raíces cuadradas?–preguntó Chimuelo, tomo la libreta de Tormenta y la colocó en la última hoja–Bien, te lo explicaré por enésima vez, Tormenta–ella asintió–Lo único que tienes que hacer es...

Y ahí era donde se perdía, el brillo de inteligencia de sus ojos, cada vez que su largo cabello le tapaba los ojos y se lo acomodaba primero con un rápida movimiento de cabeza, y al ver que no funcionaba, con sus manos, la miraba para ver si ella estaba prestando atención, cosa que ella hacia en un 10%, y le sonreía alagado de que ella le pidiese ayuda. Cuando terminó, le preguntó.

–¿Entendiste? Es fácil, como...

Se detuvo al ver que Tormenta miraba el cuaderno con cara se "mi no entender esto"

–¿No entendiste nada verdad?–preguntó Chimuelo, pero ya sabia la respuesta.

–No, la verdad no–rió Tormenta nerviosa.

¡Ay! ¡Tantas veces que la ponía en ridículo!

Temía ahora decirle algo tonto, o fuera de contexto o decirle lo lindo que estaba hoy, o lo mucho que le gustaba.

–Ya vine–dijo Chimuelo con dos bandejas grandes de comida, ambas con una hamburguesa cada bandeja, papas, algún tipo de salsa y una sopa como primer plato.–Espero no te moleste la hamburguesa de salmón, algunas personas prefieren la de res o las de pollo, pero yo soy casi un vegetariano.

–¿Vegetariano?–preguntó Tormenta– ¿Pero que los vegetarianos no comen carne, solo vegetales?

–Bueno, soy casi uno. No tolero el sabor de alguna otra carne que no sea pescado–explicó Chimuelo–Y los vegetales, bueno, no tengo ningún problema con ellos, pero con la carne si.

–¡Vaya!–exclamó sorprendida Tormenta.

–¿Que? ¿Ahora crees que soy raro?–preguntó Chimuelo con un adorable puchero.

–No, solo que creí que yo era la única a la que o pasaba eso–Tormenta le sonrió– la carne de res es un asco.

–Si, no entiendo como la gente puede comer eso–coincidió el pelinegro, dándole un mordisco a su hamburguesa y sorbiendo un poco de sopa. Si algún día ella y el andaban tendría que enseñarle a comer de forma más civil... ¡Al diablo con eso! Ella comía así o peor, pero cuando iba a tomar la hamburguesa para "atacarla" alguien gritó por atrás:

–¡Oye, Chimuelo! ¿¡Estas ligando verdad!?

Ese no podría ser otro más que...

– Shhh... Cállate, ¿Que no ves que están compartiendo de una comida romántica vegetariana?

Y claro, ella. Los gemelos Barf y Belnch, los revoltosos e idiotas, aparte de Brutacio y Brutilda, claro.

–¡Hey! ¿Cuando llegaron?– preguntó Chimuelo–¿ Y que tan pronto pueden irse?

– Acabamos de entrar– dijo la chica, de cabello teñido de rojo y verde, al igual que su hermano–¡Hola, Tormenta!

–Hey–saludo Tormenta algo nerviosa, si había algo que odiaba era el hecho de que la alburearan o peor, se burlaban y la hicieran ponerse como tomate rojo al vapor.

–Chimuelo, creo que Hiccup te está buscando– aviso Barf confuso, se volvió hacía su hermana rascándose la cabeza– ¿Si era Hiccup, Verdad?

–Me parece que si–resolvió Belnch –Es sobre una... Err... ¿Que ha dicho? Ah si...

Chimuelo los miraba con irritación, aunque los trataba con paciencia y mentalmente contaba hasta el cien. No sería suficiente.

Tormenta, en cambio, muy dentro de sí deseaba que se fueran para seguir charlando con Chimuelo, por otro lado, se sentía egoísta, no era plan de dragones pelearse con humanos, a menos claro, de que estos empezarán.

–¡Oh si, si.! ¡Ya me acorde! –exclamó de pronto Barf– Quiere que llegues a casa, necesita hablarte de algo así como una prótesis...

–¡Pero claro! Era eso.

Chimuelo miro con pena a Tormenta, aquello era injusto, decidió disculparse y tratar de no... Bueno, echarlo a perder.

–Este, yo... ¿No te importa si yo...?

–Oh descuida, yo haría lo mismo si mi Astrid me necesitara. –Lo consoló Tormenta un tanto decepcionada.

–Te llamare más tarde, ¿Bien? –prometió Chimuelo antes de irse.

–Y yo contestare– dicho esto la dejo sola con Barf y Belnch.

Ambos gemelos le miraron con miradas picaras, Tormenta siguió mirando como Chimuelo se iba del lugar ; lo noto un tiempo después, cuando Chimuelo se perdió de vista.

-¿Y ustedes que están mirando?-replico Tormenta, notando al fin la mirada de los gemelos sobre ella.

-Nada- contestaron ambos.

-Mas les vale- Murmuro Tormenta. Siguió comiendo tranquilamente, o aparentando eso.

Aun miraba la puerta.

...

Hiccup se encantaba sentado en la sala de la casa del alcalde. Era bonita y sin duda muy bien cuidada, poseía algunas cosas que nadie podría comprar con un sueldo promedio. Y no era de extrañarse, puesto que leguas se veía que la casa era rica y enorme; sin embargo, tanto como Chimuelo como Hiccup nunca la sintieron como una casa, si no como un lugar de trabajo.

Hiccup mas que nadie, se llego a sentir solo desde que sus padres se divorciaron. Su madre se fue llevándose a su querido hermano mayor con ella. No fue hasta los quince años (hace, exactamente un año) que volvió a compartir una habitación con su hermano; en realidad, es una larga historia de como se reencontraron, sin embargo no era tan sobresaliente como pensaran muchos.

El simple hecho de que un terrorista secuestrase a su hermano fue suficiente como para que sus padres volviesen a juntarse. Y fin.

Bueno, en realidad, Hiccup tuvo algo de protagonismo en la historia. Sin embargo, el es bastante modesto, muy modesto en realidad.

¿Eso que quiere decir? Que no la contara hoy.

De hecho, tiene algo que mostrarle a su hermano. La prótesis tenia algo que ver en eso, en eso y en la historia de antes.

-Hey, Derek, ¿Ya estas?-dijo después de escuchar como se cerraba la puerta.

-No-respondió el muchacho pelinegro entrando al la sala, de forma sarcastica-. Acabo de irme.

Hiccup le miro con fastidio.

-Ja ja ja- rio el menor de los Haddock de igual manera que su hermano- Muy gracioso, Chimuelo.

-Ya, no seas llorón ¿Que querías mostrarme?

Hiccup saco detrás del sillón principal de la sala lo que parecía un converse rojo. Sin embargo no era un converse rojo cualquiera, en realidad era lo que su hermano estaba esperando con ansias.

-¿Como...?- tartamudeo el mayor de los hermanos Haddock- ¿... lo conseguiste?

-Mira, necesitaba un tenis. En realidad, pude haberlo hecho con un zapato cualquiera, pero se lo mucho que te gustan los converse; debo admitir que forrarla fue la parte fácil, sin embargo tenia que conseguir que fuera aerodinámica o no serviría de nada, por lo que... Bueno espero no te enfades, pero...

-¿Que? ¿Que hiciste?- cuestiono Chimuelo, aun sin caber del asombro.

-Le robe a Bocón parte del hierro- confeso Hiccup con aire de culpa, su hermano mayor le miro con reproche- No me mires así, tu y yo sabemos que el hierro que tenia no nos alcanzaría, además, no podía pedirle mas a Heather. Te juro que si vuelvo a besarla voy a vomitar.

-Aun no puedo creer que hayas accedido a salir con ella- comento Chimuelo, tocando el tenis.

-Tenia que hacerlo, era el trato de que su padre, el gran y respetado director del hospital general de Borg-agrego con cierto respeto fingido- no le dijera a papa que estabas...

-Lo se- lo corto Chimuelo, repentinamente serio.

No le gustaba hablar de eso.

-Si nuestros padres se enteran...-comenzó Hiccup, una vez que Chimuelo se llevaba el converse a la habitación que compartía con el.

-No se enteraran- dijo Chimuelo subiendo las escaleras-Mira, la prótesis...

-¡Estoy en casa!- grito una mujer.

"Oh no" pensaron ambos hermanos.

-¿Que prótesis?- cuestiono la mujer.

-Oh no- murmuro Chimuelo, mirando el converse con nerviosismo.

-Mama- dijo Hiccup de improviso-Que bueno que llegaste, Chimuelo tuvo una cita con una linda chica llamada Taylor ¿Verdad Chimuelo?

El pelinegro, al no saber que hacer, simplemente asintió.

-¿Una chica?- replico su madre, olvidándose (para alivio de los dos muchachos) de la prótesis- Y dime, Chimuelo, ¿Cómo te fue?

-Si... me fue...- Su voz paro en ese instante. El sentido volvió al poco tiempo.

Oh.

Por.

Dios.

Deje.

A

Tormenta.

Sola.

-¡No puede ser! ¡Debo disculparme!- grito Chimuelo saliendo de la casa.

-¿Qué mosca le pico?- pregunto su madre aturdida.

-A mi ni me veas- dijo Hiccup, subiendo las escaleras- No se nada.