No sé por dónde empezar, si deseándoles un Feliz Año 2015, o llorando porque alcanzamos los 100 reviews...

Akjbsakjbsajbaskjbsa! ¡ALCANZAMOS LOS 100 REVIEWS! Es la primera, primera, primerísima vez que me pasa esto. ¡Estoy bien p*nche feliz! *aventando margaritas y corazones violentamente* ¡GRACIAS A TODOS, LOS AMOOO! ;DDD

Y bueno, regresando a la normalidad. Aquí les dejo el primer color del año.

Éste fue un pedido de personaje, yo le agregué el color y la historia fumada. Espero les guste, yo sí me divertí escribiéndolo, la verdad. LOL.

Ahora sí, ¡TENGAN TODOS UN MUY FELIZ 2015! Espero éste año seguir contando con su apoyo, yo también les corresponderé con más cositas cracks.

Reviews?!


Colors of my Life

Color #18: Sepia

Era extrañísimo que Rufus Lohr suspirara casi soñadoramente, en serio, era demasiado extraño; tanto así que cuando repentinamente lo hizo, logró captar la atención de sus compañeros de equipo.

Lo que era malo, esos tres eran unos jodidos bastardos molestos. De acuerdo, Rogue no tanto, pero si se lo proponía podía ser igual de enfadoso.

—Hey Rufus —le habló el Eucliffe pausadamente—, suspiraste.

—A veces me sorprende lo perceptivo que logras ser —le respondió con ironía—, aunque no lo creas también soy un humano.

—B-bueno sí… pero no —balbuceó el rubio contrariado.

A su lado Rogue solamente rodó los ojos.

—Lo que Sting quiere saber es por qué suspiras —intervino.

Rufus se limitó a poner una expresión monótona, para después simplemente apartarles la mirada. Los dos dragones se miraron. Muy bien, el comportamiento de Rufus se estaba pasando de extraño.

—¿No era que estabas enamorado? —preguntó la voz de Orga.

Inmediatamente los otros dos voltearon a ver al peliverde, para que luego de que el Nanagear asintiera con los brazos cruzados, regresaran la mirada a Lohr que se había quedado estático, con un ligero carmín por todo el rostro.

—¿De quién, de quién? —saltó impaciente el líder de los Saber—. Dinos, hombre.

—De nadie.

—¿Eh? —volvió a sonar la voz de Orga. Inmediatamente el poeta brincó en su lugar—, ¿qué no se llama Juvia Lock-algo?

Juvia. Juvia. Juvia.

¿En qué momento había considerado buena idea decirle a Orga que Juvia le parecía una mujer bonita? ¿Por qué diablos no se lo había dicho a Dobengal? Él era la persona más discreta de todo el mundo.

Apenas oír el nombre de la misteriosa musa, Sting comenzó a reír escandalosamente, mientras Rogue se cubría la boca con una de sus manos para mitigar el sonido de su risa.

—¡Maldita sea, Orga! —exclamó el rubio cenizo todo sonrojado—, ¡deja de hablar!

El mencionado ni se inmutó, sólo se encogió de hombros.

—¿Y por qué no te declaras? —cuestionó el rubio amarillento luego de unos segundos.

—Una declaración de amor tiene que darse en un momento que se considere especial para ambas personas —respondió Rufus casi en automático—, cuando dos almas estén reunidas en un determinado espacio, pero pareciendo que no haya nada alrededor —añadió con dramatismo.

—Sólo dile "me gustas" —habló el Cheney con un gesto de repulsión.

—Y es por eso que un bruto bárbaro como tú no tiene novia.

—¡Esperen, esperen! —exclamó Sting efusivamente—, ¡se me acaba de ocurrir una gran idea!

Instantáneamente un severo tic nervioso apareció en uno de los ojos del Lohr.

—Tú confía en mí, Rufus. Te aseguro que Juvia-san se enamorará perdidamente de ti —le sonrió guiñándole un ojo.

¿Una idea —buena— de Sting funcionando? Ajá. Y los conejos volarían un día.

x-x-x

Retomando. Rufus Lohr debía considerarse una persona con un coeficiente intelectual digno de admirarse, posiblemente era él el más inteligente de todos los miembros de Sabertooth. Capacidad de memoria excepcional. Popular con las chicas. Talento artístico innato. Sin embargo, había algo que no tenía: voz ni voto.

Sting emulaba a la perfección al típico líder necio, persistente, estúpido y enfadoso de los mangas shonen. Ése al que jodidamente nunca se le puede decir que no.

Por eso en ése momento estaba, de noche, muriéndose del frío, de la vergüenza más que nada, parado afuera del complejo departamental en el que vivía Juvia.

—Sting —carraspeó rechinando los dientes—, repíteme cómo esto enamoraría a Juvia.

—Yo también quiero escucharlo de nuevo —secundó Orga con Rogue a un lado asintiendo.

—¿¡Qué acaso ninguno de ustedes me prestó atención!? —replicó el rubio cruzándose de brazos indignado—, cuando Juvia-san escuche que le trajiste serenata definitivamente se enamorará por el puro detalle. A las mujeres les encantan ésas cosas.

—Entiendo ése punto —asintió Rufus cubriéndose parte del rostro—, sin embargo, ¿es necesario llevar esto puesto? —inquirió señalándose a sí mismo.

El trío Saber observó con atención al rubio. Un vistoso —por no decir totalmente ridículo— traje de trovador, un laúd en las manos y un sombrero con una larga tira de terciopelo, era el ajuar que le habían puesto. Parecía como sacado de una foto vieja en color sepia.

—El terciopelo rosa te hace ver como una mujer callejera —comentó tranquilo el Nanagear.

—No tienes que decirme lo evidente, Orga —refunfuñó—, ni siquiera sé tocar el laúd, Sting.

—Por eso trajimos una grabadora —sonrió el rubio sacando el aparato tras de sí.

—Tampoco sé cantar.

—Rogue cantará por ti detrás de los arbustos —respondió animado. El Cheney sólo atinó a querer fulminar a su amigo con la mirada—, tú únicamente preocúpate por mover los labios.

"Maldito protagonista shonen", pensó de nuevo. Inmediatamente los otros tres Sabers corrieron a los arbustos del boulevard que se ubicaba en frente del edificio, escondiéndose lo mejor posible. Lo mejor posible, es que Orga era gigantesco, era como un niño queriéndose esconder detrás del palo de la escoba de su mamá.

Ignorando aquello de sus compañeros, el Lohr tragó saliva. Juvia vivía en el mismo departamento que Gajeel, ¿qué pasaría si en vez de salir ella salía él, con la intención de golpearlo? Maldita sea, todo por el estúpido de Sting.

—Ya vamos a empezar —susurró el mencionado asomando la cabeza del arbusto.

Sting prendió la grabadora, subiéndole todo el volumen. Rogue por su parte miró con malos ojos el megáfono que su compañero le había pasado para que cantara, ¿cómo mierda iba a sonar bien así? Como fuera, comenzó a cantar lo primero que se le ocurrió, una letra sin sentido y sin rima. Rufus que medio bailaba de un lado a otro mientras simulaba tocar y cantar se golpeó mentalmente.

Las luces de uno de los departamentos se prendió después, por el piso en el que estaba, parecía ser que era el de la peliceleste.

—¿Rufus-san? —preguntó una vocecita a su lado.

—¿Juvia-san? —preguntó poniéndose pálido.

Sting apagó poquito tarde la grabadora, haciendo notar el playback, y a Rogue le habían dado un codazo en las costillas para que dejara de cantar. Juvia traía consigo unas bolsas de papel café, que parecían bolsas de mandado.

¿Entonces las luces? ¿Gajeel…?

—¿Qué está haciendo aquí… vestido así…?

—B-bueno… —balbuceó.

Antes de siquiera poder pensar en una excusa que sonara coherente, la ventana del departamento que se había iluminado se abrió, haciendo que todos voltearan a ver quién la había abierto.

—Oh, querido —dijo una voz chillona—, ¿por qué dejaste de tocar?

Todos quedaron boquiabiertos con la persona.

—¿Bob, el dueño de Blue Pegasus? —se preguntaron detrás de los arbustos.

—Rufus-san, ¿estás intentando conquistar a Bob-san? —preguntó Juvia llevándose una mano a la boca, por el asombro. Después lo señaló acusadoramente—, si es así, espero no te le quieras acercar a Gray-sama también. ¡Gray-sama es de Juvia! —gritoneó corriendo apresurada a la entrada del edificio.

—¡No es así!

Una fracción de segundo después, Sting apareció a su lado, pasándole un brazo por los hombros.

—El plan A falló —comentó tranquilamente—, pero te aseguro que el B funcionará. Sino tenemos hasta la Z.

—Sting… desgraciado —gruñó.

Aunque la tira de terciopelo lo hiciera ver como una mujer de calle, debía admitir que servía perfectamente para intentar matar a alguien. Como a Sting Eucliffe, por ejemplo.