¡Feliz San Valentín atrasado! :33 *aventando corazones violentamente* Eh... hehehe...

Ah, cierto. Entonces pasemos a la parte donde de repente todos ustedes me odian. *escalofríos* Sí, bueno, la cosa es que... éste será el penúltimo color. Efectivamente hay muchos más colores, y muchísimos más personajes que explorar, pero creo que con 23 colores estamos bien.

¡Por supuesto! Eso no significa que ya no me vayan a ver por aquí. Todavía tengo otros muchisisísimos proyectos. Mythological está entre esos.

Y bueno... no me peguen. :C *se hace bolita*

Reviews?


Colors of my Life

Color #22: Ámbar

La cerveza tenía un bonito color ambarino, pero un horrible sabor amargo también.

Aquello a Juvia le resultaba contradictorio, viéndose dulce, antojable; pero quemando gargantas al primer trago. Y aún con eso, sorpresivamente —sólo para ella— ésa era la bebida preferida en el gremio.

Ése día, por ninguna razón en específico, casi todo mundo se había dedicado a beber. Parecía como si fuese el día declarado del 'no trabajo'; el día por demás favorito de Nab, cuando ninguno de sus compañeros lo podía molestar por no querer buscar una misión.

Desde que el equipo de Tenroujima había regresado, él había vuelto a su pereza acostumbrada.

El tacón de unos zapatos hizo que Juvia saliera de su debate mental.

—Juvia, bebe conmigo —canturreó Cana tendiéndole un barrilito.

La maga elemental miró espantada la bebida que su compañera le ofrecía, encima de que realmente no le agradaba ni un poquito, no tenía ninguna resistencia a ella. Unas cuantas gotitas y Juvia se convertía en una ebria llorona.

—J-Juvia prefiere beber un poco de jugo… —respondió tímidamente.

—Ándale —insistió echándole los brazos encima—, incluso puede que Gray te cuide celosamente de los demás.

—¿G-Gray-sama cuidando de Juvia? —repitió emocionada—, ¡¿ce-celosamente?!

Un doki doki sonó inmediatamente en el corazón de la Lockser, tan audible que la misma Cana sonrió maliciosamente; si creían que Mirajane era la única que hacía travesuras con las parejas del gremio, estaban equivocados.

La hija de Gildarts volvió a mecer el barrilito frente a su amiga, captando su atención.

—Juvia acepta gustosa tu ofrecimiento, Cana-san —le sonrió embobada.

—Cuando quieras más sólo avísame, ¿sí? —asintió haciéndole un guiño cómplice.

x-x-x

Unas pocas horas más tarde, el estado de ebriedad se percibía a kilómetros. Específicamente el de las mujeres, vaya que sí, ellas no tenían mucha resistencia al alcohol. Inclusive la Maestra Mavis lloraba desconsolada mientras Laxus y el Maestro Makarov intentaban en vano calmar sus alaridos fantasmagóricos.

Porque eso hacía: aullar como fantasma.

Gray entró cautelosamente al gremio, mirando con los ojos entrecerrados a sus compañeros. Era cosa de todos los días que hubiera más de un ebrio en el gremio. Luego de pasear la mirada por el lugar atinó a ensanchar los ojos; es que ésa no era la típica borrachera.

Instintivamente comenzó a buscar a los demás: Lucy le ronroneaba cariñosamente a un espantado Natsu, había una nube de polvo de la que salían espadazos que identificó como Erza, y Wendy estaba desmayada debajo de una mesa.

Estaba a punto de ir a recoger a la Dragon Slayer —la que corría más peligro con sus salvajes compañeros— cuando unos delgados brazos lo atraparon por detrás. Había un perfume femenino mezclado con alcohol. De inmediato palideció.

—¿J-Juvia, eres tú? —inquirió.

—Gray-sama… —pronunció Juvia con tono pausado, pegándole más el cuerpo.

—¿Q-qué pasa? —respondió nervioso.

Mierda. ¿Por qué Juvia se le estaba pegando tanto? Maldita sea, que él también era un hombre. No estaba hecho de hielo.

—Juvia quiere un beso.

—¿¡E-eeeh?! —balbuceó completamente rojo—. N-no.

—¿Gray-sama no quiere a Juvia? —la peliceleste inmediatamente lo soltó, mirándolo con los ojos cristalizándosele poco a poco.

Gray tragó dificultosamente. Él jamás había sido bueno con las mujeres que lloraban.

—¡N-no es eso! —replicó sonrojado.

—¡Pero Gray-sama no quiere besar a Juvia! —replicó comenzando a lagrimear—. Nadie quiere a Juvia, sería mejor si Juvia escondiese su rostro en la tierra, como los avestruces, así todos sólo verían el trasero emplumado de Juvia.

Gray suspiró al tiempo que se revolvía el cabello. "¿De qué mierda está hablando?" pensó entrecerrando los ojos inevitablemente. Disimuladamente volteó a su alrededor para confirmar que nadie los veía: Natsu aún lidiaba con Lucy, Erza apaleaba a todos los hombres mientras los llamaba '¡Jellal estúpido!', Wendy seguía noqueada donde mismo y Levy se carcajeaba del puñetazo que Titania le había metido a Gajeel.

¿Quién más podría estarles prestando atención? ¿Mirajane o Lisanna? No, las dos estaban acurrucadas en un rincón a punto de dormir; ¿Cana entonces? Ésa mujer competía como los machos, a ver quién tomaba más, con los pocos hombres que seguían en pie.

Aparentemente nadie los veía a ellos.

—Poc poc —cacareó Juvia, totalmente ida—, Gr-Gray-sama.

Gray inhaló suficiente aire.

—Juvia, voltea —le llamó.

—¿Eh?

Rápidamente el mago de hielo pegó sus labios a los de su compañera, apenas unos cuantos segundos, antes de separarse completamente sonrojado. Joder, que ése había sido como su primer beso. Juvia instintivamente se llevó un dedo a sus labios, mirándolo perpleja, para después caer desmayada en sus brazos.

x-x-x

Al día siguiente.

Lucy entró a paso tambaleante al gremio, sentándose como pudo, en la mesa donde estaban sus amigos. Los pocos que estaban: sólo Natsu y Juvia.

Erza seguía por ahí, exhausta luego de haber destrozado la mitad del gremio; Wendy no estaba, alguien la había llevado a los dormitorios, y Happy estaba por ahí llorando porque Charle lo había obligado a ser su caballo.

—¿Dónde está Gray? —preguntó Lucy.

—Ni idea —respondió el Dragneel—, si Erza lo atrapó debe estar bajo algunos escombros.

No. Gray estaba escondiéndose detrás de un pilar, no podía ver a Juvia, ¡bajo ninguna circunstancia! La maga elemental armaría un escándalo de proporciones bíblicas apenas lo viera.

—Ah, me duele la cabeza —volvió a hablar la rubia.

—Juvia se siente igual —comentó la peliceleste suspirando—, Juvia no recuerda nada de lo que ocurrió ayer —añadió con tono confuso—, ni siquiera sabe cómo regresó a los dormitorios de Fairy Hills.

Y entonces Gray suspiró aliviado. ¡Bien! Se había salvado del cataclismo.

—Yo sé qué hiciste la noche pasada, Gray —susurraron en su oído.

Un grito amenazó con salir de su garganta, mientras la maldita de Cana se reía a carcajadas. De acuerdo, Gray Fullbuster ya no se sentía tan aliviado.