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Colors of my Life

Color #23, Final: Arcoíris

Gray Fullbuster, el mago alquimista de hielo, llevaba buen rato con el ceño fruncido. (Claro que, primero había que reconocer que su expresión usualmente era así). Desde hacia varios minutos que algo lo molestaba, algo que seguramente estaba mal en el gremio, pero que ni él mismo podía reconocer. Y, el no saberlo únicamente lograba perturbarlo más.

No había ruidos estridentes en el gremio, Natsu y Gajeel habían salido en misiones separadas, y Erza y Lucy acompañaban a Wendy en una petición que había tomado. Él era el único que no tenía un trabajo que realizar.

—Oye, Juvia, ¿tú-?

El pelinegro volteó a sus costados, percatándose de la ausencia de la maga elemental cerca de él.

Por supuesto. Eso era lo que andaba mal, y que tanto lo molestaba: no había visto a Juvia en lo que iba del día.

Con pasos cautelosos se acercó a la barra, ubicándose en frente de Mirajane que limpiaba con calma un par de tarros.

—Mira-chan, ¿has visto a Juvia? —preguntó. Inmediatamente la Strauss mayor curvó los labios, provocándole una serie de escalofríos—, ¡e-es para una misión! —se apresuró a explicarle.

—Ah, eso —sonrió con diversión. Gray simplemente atinó a desviar la mirada avergonzado—. Juvia está arriba en la terraza —le dijo.

—¿En la terraza?

—Me parece que está dibujando algo —añadió con tono pensativo—, me pidió prestados unos marcadores hace un rato.

El mago alzó una ceja con intriga, acercándose después a la escalera que conducía al segundo piso.

Mira sólo lanzó un suspiro soñador.

Luego que el Devil Slayer subiera las escaleras del segundo piso que conducían a la terraza, observó a Juvia sentada frente a una de las mesitas que el Maestro había ordenado poner, totalmente concentrada en los dibujos que hacía.

Por curiosidad, Gray agudizó la mirada, notando un arco de colores en las hojas de papel.

—¿Qué se supone que estás haciendo?

—¡Gray-sama! —sonrió ampliamente la peliceleste—, Juvia está haciendo unos bonitos arcoíris.

—Los arcoíris no son de ése color —dijo entrecerrando los ojos.

Juvia miró todas sus hojas regadas en la mesa, como por reflejo. Sí había un arcoíris con los siete colores 'principales', pero los demás tenían colores que discernían con los otros, inclusive en algunas hojas había colores que ni siquiera eran colores para empezar.

"¿Rosa con manchas?", pensó el moreno.

—Gray-sama, se llaman "arcoíris" porque el iris del ojo capta de manera diferente el arco de colores.

—Eso lo sé —contestó—, pero dudo que tus ojos vean siete colores distintos en cada arcoíris.

—Por supuesto que no —respondió medio riendo.

—¿Entonces? —inquirió él de vuelta.

—Juvia sería inmensamente feliz si su vida estuviese repleta de colores —respondió sin mirarlo, con extraña voz calmada—, eso es lo que Juvia cree.

Gray sólo cerró la boca, asegurándose de no abrirla como un tonto. No tenía idea de qué responderle a Juvia, su comentario había estado mezclado con melancolía, eso lo había percibido. Y él no era especialmente bueno con las palabras.

Rápidamente él también se sentó en un banco, en una mesa diferente, dándole la espalda a la maga. Juvia instintivamente alzó el cuello, intentando ver qué cosa hacía su compañero tan repentinamente.

Pocos segundos después, Gray se levantó de golpe, con una expresión que denotaba vergüenza.

—¿Gray-sama?

—Ten —dijo extendiéndole algo—, éste debería ser un buen arcoíris también —añadió apenado—, a-aunque no tiene colores…

Juvia tomó con cuidado una figurita de un arcoíris hecho de hielo, mirándolo fascinada. Era precioso, y brillaban colores con la luz del Sol reflejándose en él.

—Éste es el mejor arcoíris, Gray-sama —le sonrió de inmediato—, porque Gray-sama lo hizo especialmente para Juvia —añadió sonrojada.

Gray le sonrió de vuelta, inclinándose un poco más a ella. Juvia era más bajita que él, por eso. La Lockser en cambio alzó un poco el cuerpo, logrando pegar su frente a la de él por un instante.

La vida de Juvia era como un arcoíris. De distintos colores.