-Yo no soy Harry, y entenderá que no confíe siquiera en la hora que usted me dé- extendí mi mano, esperando que el aceptase mis palabras- yo le curaré, y Harry quedará fuera de esto- el iba a tomar mi mano, pero le hice un gesto para que siguiera escuchando- y recordará a partir de ahora que yo no soy Harry, no seré un peón en este tablero de ajedrez, no, en este juego, yo soy el Rey. Mi vida, mis reglas, ¿tenemos un acuerdo?-
El director dudó unos instantes antes de estrechar mi mano, pero luego me impidió retirarla, y me miró casi suplicante- espero que comprenda que todo lo que he hecho ha sido con el único fin de acabar con los horribles actos de Tom- retiré mi mano con decisión.
-Le suplico que me ahorre las explicaciones, ya que no hay forma en la que pueda excusar el haber ocultado la existencia de una nueva profecía y haber jugado de esta forma con la vida de Harry- mi tono de voz se oyó helado. Me sentí un poco orgullosa de mi misma, por poder disimular mis sentimientos ante aquel hombre al que tanto había admirado antes de saber que nos había utilizado de tantas maneras durante todos estos años.
-Pero, es que ¡debe entender! No conocía al completo el contenido de esta profecía, y si hablaba de un Gaunt… ¡era imposible! Se suponía que todos habían sido asesinados… Harry era la única esperanza- se defendió, solo haciéndome enojar aun más.
-¡No era una esperanza! ¡Era un sacrificio en el altar de su ego!- la profesora se escandalizó, e intentó interrumpirme, pero la acallé con un ademán y seguí hablando- en el enfrentamiento definitivo, Harry no tiene ninguna posibilidad, y usted siempre lo supo, atrévase a negarlo- el silencio del anciano fue de lo más elocuente.
Mc Gonagall jadeó, ante la silenciosa aceptación del director- Oh, Merlín, todos estos años, ¿cómo pudiste hacer algo así con Potter, Albus?- la anciana mujer se cubrió la boca, con la mano, en una expresión horrorizada.
-Me hiciste creer que lo estabas protegiendo, Albus- el siseo de Snape, cortó el aire y le agregó tensión al ya de por si cargado ambiente- también me utilizaste. Todos estos años…para enviarlo al matadero como un cerdo al que estabas engordando- la furia y el dolor de la traición era casi palpable en el aire que rodeaba al profesor. Su mandíbula apretada, sus puños blancos por la fuerza con la que los cerraba. De pronto se puso de pie, demasiado tenso como para mantenerse sentado y, sin que nadie lo esperase, estrelló su puño contra la pared más cercana, y se apoyó contra ella, parecía descompuesto.
-no hubiese querido que te enteraras así, muchacho. Lo siento tanto, pero todo era-
-si- interrumpió Snape, con la voz enloquecida- necesario, ¿verdad?- cada palabra estaba cargada de veneno- Al diablo con todo esto- se irguió tan largo era y miro con profundo rencor al anciano que le devolvía una mirada suplicante- al diablo contigo, renuncio a la Orden, consíguete otro títere para que te haga el trabajo sucio, desgraciado- de cinco largas zancadas, mi oscuro profesor estaba en la puerta del despacho, antes de cerrarla tras de sí de un portazo, se dirigió hacia mi- Mañana en mi despacho, después de su última clase, para su castigo- wow, un cabreo monumental, pero olvidar un castigo, jamás.
-Bueno, creo que la fiesta ha terminado-dijo Alcíone, tan placido como si hubiésemos tenido una ceremonia de té- dicho lo necesario, creo que podemos ir retirándonos-
-sí, me vendría bien algo de descanso antes de que todos lleguen y comience el banquete. Aun quedan unas cuantas horas- dije, incorporándome de mi asiento- no puedo esperar a mi ceremonia de selección- Ahora el director y la profesora me miraban boquiabiertos.
-¿Selección? Pero señorita- interrumpí de nuevo al pobre hombre.
-Gaunt, señorita Gaunt, llegando a Hogwarts por primera vez con el 100% de mis capacidades y sin ninguna capacidad de alterar el veredicto del sombrero seleccionador- sonreí, encantada con sus caras de incredulidad- ¿no me negará algo así, verdad? Además, me gustaría que mi padre pudiera presenciar la ceremonia, si no es mucho pedir-
El director me miró y de inmediato sentí su sutil intento de meterse en mi mente, y de inmediato mis muros mentales le cerraron el paso con facilidad. Sus ojos se abrieron un poco, intentando disimular su sorpresa. Sabía muy bien porqué, había oído por ahí que el único capaz de mantener sus barreras mentales contra la invasión de Albus Dumbledore era, ni más ni menos, Severus Snape. Pero claro, yo podía, yo ahora podía. Desde que el sello había desaparecido, al llegar a mi mayoría de edad, lo difícil era mantener mi magia bajo control, la sentía hormiguear bajo mi piel, chispear en la punta de mis dedos. A veces resultaba demasiado, a veces era insoportable, como si no entrase en mi propio cuerpo.
-por supuesto, señorita Gaunt- terminó por responder- pero ahora hablemos de toda esta historia que debe contarme desde el comienzo, y por supuesto, de los planes para vencer a Voldemort- su afable sonrisa apareció de nuevo en su rostro. No duraría.
-no- negué con la cabeza, sonriendo con condescendencia- no, verá, ¿mi historia? Diría que es… secreto familiar- el iba a replicarme, pero continué- y respecto a mis planes… ¿por qué no nos hacemos un mutuo favor y usted se dedica a manejar esta maravillosa institución educativa? y yo me encargaré de mi… primito. Si necesito ayuda, se lo haré saber. Muchas gracias por concedernos esta reunión. Con su permiso- Y, sin más, tomé el cuadro y me retiré con una leve reverencia, sin que nadie tuviera oportunidad de refutar mis palabras.
Solo al llegar fuera del castillo, al borde del Bosque Prohibido, Alcíone se permitió una sonora carcajada.
-Los has dejado estáticos, hija. Estoy orgulloso, muy orgulloso- me miró con un cariño paterno tan profundo que me humedeció un poco los ojos. Lo disimulé con un bostezo- Ese carácter tuyo, ha ido evolucionando en estos pocos días- meditó- deberás aprender a controlarlo un poco, con el tiempo- sonrió torcidamente- pero definitivamente, eres una slytherin de corazón- esa afirmación me contrarió profundamente. Sonreí intentando ocultar la confusión que sentía. Yo solía ser un Gryffindor de corazón, ¿tanto podía cambiar? ¿Quería hacerlo?
-No te apures, aun puedo acabar en Hufflepuff- bromeé. Nos miramos un instante, antes de romper en carcajadas. El estomago me dolía y las lágrimas corrían por mis mejillas. Y por primera vez en todos estos días, me sentí bien, y libre, y plena, y…como yo misma.
Solo me detuve cuando una sombra cubrió el sol sobre mi rostro.
-señorita…Gaunt, creo que necesitamos hablar-
