-estás segura de esto, princesa?- observé el rostro contraído por la preocupación de mi padre. Me armé de fuerzas y sonreí.
-lo estoy, es lo mejor para todos- cepillé mi cabello un poco más, antes de sujetar la mitad con un listón verde, logrando un peinado semi-recogido. Seguía fascinándome la facilidad para peinarlo, la diferencia entre mi alborotada melena de león, en comparación con los suaves y lacios mechones azabaches verdosos que se deslizaban entre mis dedos como sigilosas serpientes. Tan cambiado como mi interior- Harry y Ron desprecian Slytherin, una vez que me vuelva una serpiente, alguna charla poco amigable de por medio, estará hecho. Ahora deben estar preocupados, porque no les he contestado ninguna carta. Eso solo hará que se sientan más traicionados y furiosos- miré a mi padre, que cada vez se veía más preocupado, puse mi mejor cara de superación- es lo mejor, mantenerlos fuera de la línea de fuego, Harry ya no es responsable de la situación, así que debería, por una vez, mantenerse al margen del peligro; y Ron… solía estar enamorada de él, sabes? No puedo tenerlo cerca ahora- miré mi reflejo en el espejo, mis ojos, de un confuso color entre celeste y gris me devolvieron la mirada- he cambiado tanto, padre, y no solo físicamente, hace solo una semana creía estar enamorada de Ron, y ahora… me resulta simple, tan falto de… astucia, inteligencia, tan aniñado- me reí- eso es lo único que me aterra, siento que todo ha cambiado dentro de mí, tengo estos impulsos, y a veces no puedo controlar mi magia… que me está pasando?- estaba segura de que la desesperación ahora se podía leer en mis ojos.
-oh, mi princesa- se lamentó Alcíone, jalándose el cabello con desesperación contenida- lo lamento tanto, pequeña. Sé exactamente lo que sientes, me temo que es la sangre Gaunt, no sabría explicarlo con claridad, pero es como si trajera una maldición consigo- sus ojos se veían tan tristes- esos impulsos, esos sentimientos negativos…siempre habrá oscuridad en tu corazón, y tendrás que pelear cada día contra ella, para que no te consuma. Será duro, pero yo tengo fe, sé que lo lograrás. Eres fuerte, Hermione- me sequé las lágrimas que, sin notarlo, habían corrido por mis mejillas.
-claro que lo lograré, tu lo lograste, verdad?- sonreí, y acaricié el cuadro- pues yo soy una digna hija de mi padre- por primera vez vi a Alcíone Gaunt perder toda compostura, ahogado por la emoción. Y lamenté no poder abrazarlo. Nunca podría, Tom Riddle me había robado eso, y yo me encargaría de hacérselo pagar, lentamente- bueno, bueno- me aclaré la garganta- es hora de ir al gran comedor, todos deben haber llegado ya- me di una última mirada al espejo, y con un gesto vago de mi mano, coloqué un leve glamour sobre mis prendas y el lazo en mi cabello, volviendo todo lo verde en negro.
Al llegar a las puertas del gran comedor, que permanecían cerradas, me encontré con el grupito de niños que debían ser seleccionados este año. Desde el interior del comedor podía oírse el constante murmullo de los demás estudiantes, que ya debían estar sentados en las mesas. Seguramente, Harry y Ron me habrían buscado en el tren por cada vagón, y ahora debían de estar preguntándose qué me sucedió. Suspiré.
La profesora Mc Gonagall hizo acto de presencia, indicándoles a los más pequeños que debían acompañarla dentro. Luego se dirigió a mí.
-Usted entrará luego de que ellos sean seleccionados, debido a la particularidad de la situación, que requerirá una explicación previa por parte del director- dolió, no iba a negarlo. Aquella bruja a la que admiré todos estos años me hablaba con frialdad, como si fuese una total desconocida. Pero simplemente asentí.
Y luego me quedé sola en el corredor. Bueno, no sola, el cuadro de Alcíone permanecía en mi bolsillo, esta vez sin el hechizo silenciador, para que pudiera oír en que casa quedaría. Hubiese deseado hacerlo flotar tras de mí, y ver su sonrisa cargada de orgullo cuando el sombrero gritase "¡Slytherin!", pero no era posible, eso arruinaría todos mis planes, y mi coartada de niña huérfana que no sabe nada sobre su familia. Y las noticias volaban, y Tom sabría sobre mi padre, sabría que yo lo sé todo, y entonces yo sería una amenaza para ser erradicada. En cambio, si yo jugaba bien mis cartas, Tom oiría sobre mí, huérfana y desvalida, luego oiría sobre mis magnificas capacidades mágicas, y eventualmente, más temprano que tarde, me buscaría. El mismo me atraería hacia él, buscando ganarse mi confianza, utilizarme. Y yo jugaría mi papel, ganándome la suya, viéndome como la inocente primita que admira a su primo, al Señor Tenebroso, y lo quiere como mentor. Sí, poco a poco me inmiscuiría más y más, con Snape de mi lado, el premio mayor debía ser Bellatrix, tenía que ganármela a ella, lentamente, y cuando estuviese casi en mi mano, dejar escapar el sucio secretito de Tom, el mestizo, la vergüenza de la familia Gaunt… Luego pensé en Draco, tal vez, los Malfoy deberían ser un paso previo a Bellatrix.
Pero una cosa estaba clara, Tom Riddle me pagaría por toda la sangre de mis antepasados, lenta y dolorosamente. Lo haría suplicar por la muerte.
-señorita Gaunt?- Mc Gonagall estaba frente a mí, intentando hacerme reaccionar. Borré la sádica sonrisa en mi rostro y compuse una más amable. Ella apartó la mirada- es su turno-.
Mientras caminaba por el pasillo, sentí los ojos de todos sobre mí, y por sobre los murmullos, oí el grito de Ronald, llamándome desde la mesa gryffindor. Pero mantuve mi vista al frente, con el mentón alzado orgullosamente, hasta llegar a aquella butaca donde me había sentado, aquella primera noche en el castillo. Acomodé elegantemente mi falda al sentarme, con la espalda recta, mi vista sobre la mesa de Slytherin. Todos los estudiantes de la mesa se veían conmocionados, algunos algo atemorizados. Sabía que debían estar pensando "todos estos años llamándola sangre sucia", todos pensando en el parentesco con Salazar Slytherin, pensando "estamos muertos", suponiendo que me vengaría de cada uno de ellos. Pero yo tenía otras cosas en mente como para preocuparme por banalidades.
Mc Gonagall colocó el Sombrero Seleccionador en mi cabeza y una voz profunda inundó mi mente.
-mmm… pero que es esto? Ya te había seleccionado a ti, esta mente mmm… no, ahora es diferente. Tu lealtad por los tuyos sigue intacta, al igual que tu valor… pero nada iguala tu astucia-
-vamos al grano- pensé, molesta- sabes quién soy, sabes de quien desciendo, cuál es tu punto? Ambos sabemos que soy de-
-¡Slytherin!- el murmullo en las mesas enmudeció ante el grito del sombrero seleccionador. Y justo cuando la profesora lo retiró de mi cabeza, susurré un suave "finite" y mis ropas se convirtieron en el uniforme de slytherin, y entonces… uno a uno, cada estudiante de la mesa de las serpientes se puso de pie para aplaudirme, y darme la bienvenida a la mesa, mientras caminaba hacia allí, me pareció oír un leve sollozo viniendo de mi bolsillo, y al mirar levemente hacia la mesa de los profesores me crucé con unos ojos azules preocupados y cansados; pero también con una negra mirada que parecía brillar con cierto orgullo.
Después de todo, no sería el gryffindor favorito del director el que salvaría el trasero de todos. No, sería una Gaunt, del nido de las serpientes.
-Por supuesto, lo supuse- contestó, despreocupado, Dumbledore- nunca creí que sería de otro modo, del linaje de Slytherin-
Por supuesto, Snape recordaría eso. Su orgullo herido acababa de ser reivindicado, quien lo diría, por la insufrible sabelotodo.
