Caminé lentamente por el estrecho pasillo entre las mesas, observando como todos intentaban cederme lugar, para que me sentara junto a ellos. A mí, a quien tantas veces habían despreciado. Mantuve el gesto de apática superioridad hasta llegar junto a un muchacho delgado, pálido, de apariencia frágil, que sostenía un libro entre sus manos.
-te importa?- pregunté, dejándole claro con la mirada que era más una cortesía que una pregunta real. Theodore Nott, me miró con la vista levemente desenfocada por la sorpresa. De todos los lugares para sentarme, había elegido acompañar en la cena al hijo de un públicamente reconocido mortifago encarcelado en Azkaban.
-Por favor- murmuró, aun contrariado, pero cediéndome más espacio. Sentí la mirada de todo el mundo en mi nuca, mientras tomaba asiento. Parecía como si nadie estuviese respirando. Miré disimuladamente hacia Snape, y el pareció asentir levemente, como aprobando mi decisión al sentarme con Nott. Mi padre ya me lo había advertido, la primera impresión lo era todo, el lugar que eligiese para sentarme por primera vez a la mesa, enviaría el mensaje sobre quién soy, y que tipo de persona soy, al resto de las serpientes. No podía ir por ahí, sentándome a conversar sobre el tiempo con Crabbe y Goyle.
El murmullo se extendió por el gran comedor cuando, sin ninguna otra palabra, el director hizo aparecer el banquete de bienvenida.
Comencé a cenar, tranquilamente, ignorando las miradas, algunas furtivas, otras descaradas, por parte de mis compañeros.
-Hermione? Quería darte la bienvenida y espero que-
-Gaunt-
-disculpa?- Malfoy me miró, mitad extrañado, mitad ofuscado por interrumpirle. Sabía a que iba esto. El, intentando darme la bienvenida, él, el heredero de los Malfoy; trataba de probar un punto, llamándome por mi nombre, ofreciéndome su mano para unirme a SU grupo, estableciendo jerarquías. Le iba a dejar muy en claro cuál era la jerarquía de ahora en más.
-No "Hermione", Gaunt, que no hemos nacido de la misma madre- aclaré, girando el cuchillo de plata contra el plato, de manera ausente- y te devolveré el favor, Malfoy- el me miró con furia contenida, y nos retamos con la mirada por un minuto que pareció eterno. Finalmente, el bajo la mirada, ante el asombro de todos. Sonreí, y bebí de mi copa.
-y gracias por la agradable bienvenida-
En minutos, toda la mesa sabría, que el príncipe de slytherin acababa de ser destronado.
"Es princesa, ahora" me burlé de mi misma, interiormente.
El resto de la cena pasó sin contratiempos, lo difícil llegó al ingresar a la sala común. Allí me esperaban muchos de mis nuevos compañeros.
Me concentré en lograr el hechizo que había aprendido en estos días, con ayuda de mi padre. De pronto, comencé a vislumbrar la ligera aura de magia que envolvía a cada uno de ellos. Todos entre amarillo y verde, entre intrigados y emocionados por mi presencia. Ninguna presentaba muestras de sentimientos hostiles hacia mí.
Me relajé un poco, pasando entre ellos y acercándome a uno de los ventanales que daba hacia las profundidades del lago.
-Gaunt- la voz, algo chillona por los nervios, era de una chica que debía de tener 12 o 13, como máximo y se encontraba en el grupo de fans, que me esperaban con muchas preguntas. Decidí ser "amable"
-pregunta-
-ummm b-bueno, ese es tu color de cabello real?- todos le lanzaron una mirada envenenada por haber desperdiciado una pregunta así. Luché por ocultar la sonrisa que quería nacerme en el rostro, "es como si Lavander Brown estuviese justo aquí".
-lo es- mantuve mi expresión aburrida, y comencé a caminar hacia los dormitorios.
-no, espera… por favor?- esta vez era un chico de 16 años, parado junto a él también estaba Nott, había algo de curiosidad en el, también.
-algo más?-
-esa fue una pregunta estúpida, pero algunos tenemos preguntas reales… no ha habido un heredero de slytherin entre nosotros desde…en mucho tiempo- se corrigió, al final.
Suspiré y volví sobre mis pasos, sentándome en el único sillón de un cuerpo, "el trono", pensé. Rápidamente todos se habían sentado en los sillones alrededor, y los más pequeño se habían acomodado en la alfombra. Mantuve la mirada inescrutable y dura, como la que solía poner el profesor Snape, por el alborozo de todos, y la forma en la que se sentaban a mi alrededor en círculo, cualquiera diría que estaba a punto de leerles un cuento antes de dormir.
Intenté relajarme, este no era el plan. Se suponía que debía ganármelos, no atemorizarlos. Era una slytherin que no podía confiar en ningún slytherin. Ridículo.
-los escucho- traté de sonreír.
-yo tengo una duda- Goyle? Esto me apestaba a Malfoy- si eres la heredera de Salazar Slytherin, debes de poder hablar con las serpientes; TODOS los descendientes de Slytherin podían-
-si, Gaunt, enséñanos tus talentos- Malfoy apareció, varita en mano. "Maldición"- ¡serpensortia!-
