-Zeleni dice que le agradas mucho-
-A mi también-
La vi marcharse, con paso rápido, pero manteniendo la elegancia al caminar. "¿Acaso a ella también le agrado mucho?... ¿yo?".
Observé como muchos se levantaban de sus sitios para saludarla cuando llegó a la mesa. No era de extrañarse, ella había aparecido, trayendo con ella el perdido linaje de Salazar Slytherin, no habría familia sangre pura no intentando conseguir un contrato matrimonial. Las invitaciones a fiestas y reuniones no se harían esperar. Y lo que es más, todos esos chiquillos que ahora la recibían en la mesa no se rebelarían en absoluto a un matrimonio concertado con Hermione Gaunt.
Podía admitirlo, aunque solo fuese para mí, la joven que había aparecido el día anterior no tenía nada que ver con aquella gryffindor delgada y de rasgos aniñados, con ese atroz cabello similar a un nido de aves, ni vestida con esos uniformes holgados y faldas hasta las rodillas; no, cuando el sello se había roto algo más que su cabello y sus ojos habían cambiado, su cuerpo, había notado, aunque no había querido mirar, había cobrado una sinuosidad sorprendente, la exuberancia propia de una guerrera de las Highlands, cortesía de su descendencia MacFusty. Pero mas que eso, lo notable era lo segura que se sentía de esa nueva apariencia. Habia irrumpido en el Gran Comedor, para ser seleccionada, como si fuera la ama y señora del lugar, vistiendo un uniforme que se amoldaba a cada curva de su cuerpo como si hubiese sido hecho a medida, y ya no mas faldas hasta las rodillas. Y a pesar de todo, nadie podría acusar a Hermione Gaunt de tener un 0,01% de vulgaridad en ningún aspecto desempeñado hasta ahora.
Cualquier slytherin en esa mesa mataría a su mejor amigo por el derecho de desposar a la última Gaunt.
"Ella está desempeñando bien su papel", es agradable, para variar, no estar corriendo tras alguien remarcablemente estúpido e indisciplinado, siempre metiéndose en problemas innecesarios.
"y le agradas" bufé, enojado conmigo mismo, ¿y qué si le agradaba? No es mi trabajo convertirme en su mejor amigo. Agradarle o no, es totalmente irrelevante.
Tras el desayuno lidié con el primer grupo a mi cargo en DCAO, hufflepuffs y ravenclaws de 3er año que no podían siquiera tomar bien la varita. Para el final de la clase, tres habían llorado, otros cuatro parecían a punto, la varita de uno había hecho explotar el aire, ¡literalmente!, ya me dolía la garganta y la cabeza me iba a estallar. "Estoy listo para presentar mi denuncia, o morir, en este momento morir suena bien".
No fui al almuerzo, comí algo que un elfo me trajo a las mazmorras, mientras la poción que había tomado para el dolor se encargaba de todo, excepto del estrés, que algún día terminaría por lograr lo que el Señor Tenebroso aun no hizo, enloquecerme y/o matarme.
La siguiente clase en mi cronograma: 6to año: Slytherin y Gryffindor, dicho de una forma menos halagüeña: Malfoy, Gaunt, Potter y Weasley hechizándose unos a otros. Con suerte, los gryffindors aun estarían demasiado deprimidos por el castigo con Filch como para hacer nada estúpido y alargar la condena.
Caminé lento por los pasillos, hundido en mis pensamientos. Albus había intentado, según sus palabras `hacerme entrar en razón´ y regresar a la Orden; y me había intentado sacar información sobre los planes de Hermione, "es tan extraño llamar a un alumno por su nombre, pero llamarla Gaunt…", planes sobre los que yo no tenía ni idea… ella no me había dicho nada, a pesar de decir que confiaba en mi; y yo le había ofrecido unirme a su causa… ¿estar bajo las ordenes de una chiquilla? Cierto, ella ya no es una chiquilla… pero aun así, no me había dado ni una pista… ¿intentaría convertirme, también, en su títere? Aquel mismo día de la selección había reportado al Señor Tenebroso su aparición, tal como ella lo había pedido, pero no se lo dije. Él me pidió que la tuviese vigilada… ¿cuál era el próximo paso?.
Aún distraído, entré al salón de DCAO y una tanda de aplausos me dio la bienvenida, sacándome de mis pensamientos. Sentados al frente, la mitad del curso, más precisamente todos los slytherins, estaban de pie, aplaudiéndome al entrar, y ella, seguramente la mente tras esta organizada bienvenida, estaba parada también, frente a mi escritorio, en el que había dejado una gran caja de un gris casi negro, con un gran moño plateado. Ella también aplaudía.
-En nombre de todos mis compañeros, quiero darle la enhorabuena por conseguir el puesto de profesor de defensa contra las artes oscuras. Es un privilegio para todos nosotros saber que, al fin, tendremos un buen profesor en esta materia- sonrió y tras una leve y rápida reverencia se dirigió con paso elegante hacia su pupitre que, de nuevo, compartía con Nott. Aunque no pareciese particularmente dispuesta a hablar con él.
-Gracias por la bienvenida- dije, tratando de mantener el tono seco e indiferente. Aun así, mi agradecimiento sorprendió tanto a los gryffindor como a los slytherin. Y ella solo sonreía. Mentiría si dijera que el recibimiento no me había agradado, había alimentado mi orgullo. Fue una sensación cálida el ser bien recibido, quizás por primera vez en mi vida, algo que jamás admitiría en voz alta.
Sin más, comencé mi clase, dejando de lado el presente que aun estaba sobre mi escritorio. Sabía que tan mal debían de estar en DCAO. Sería difícil recuperar todas las falencias de los cinco años previos de negligencia docente.
-quiero dos filas- señale los lados- Gryffindor a la derecha, Slytherin a la izquierda- todos se apresuraron hacia sus respectivos puestos, alegres de alejarse de la otra casa, "pues que mal". Con un movimiento de varita, desaparecí todos los pupitres-bien, a quien tienen en frente, será su oponente-
Y allí estaba, la prueba de fuego para ganarse la confianza de sus compañeros: Hermione Gaunt y Harry Potter se miraron, antes de acercarse y quedar frente a frente en medio de la sala, y adoptar la posición de duelo.
