-Por Merlín…- me sostuve del librero, mareado, abrumado por la nueva información, y aun así…

"Desearía que no tuviese ocasión alguna de necesitar de ella, pero en caso contrario, espero que le sea de mucha utilidad en ese momento"

Eso era más de lo que Dumbledore se había preocupado por mí jamás. Más de lo que nadie se había interesado en mí desde que mi madre había muerto… más que Lily…

Casi en la lejanía oí un sonido seco, una, dos, tres veces; pero solo podía pensar en porqué había pensado eso de Lily, ella si se había preocupado por mi… verdad? "Al menos al comienzo".

-Severus?- la suave voz, junto a una mano que se posó delicadamente en mi espalda, me sacaron de mi trance- estas bien?- me giré, para encontrarme con dos ojos de indefinido color azul grisáceo mirándome con mal disimulada preocupación. Por un momento, antes de obligarme a volver a la realidad, me permití simplemente perderme en esa preocupación, y la sensación de calidez que me producía en el pecho. Preocupación por mí.

-Estoy bien- murmuré, recomponiéndome. Ella dudó unos momentos, pero luego asintió y retiró su mano.

-veo que has entendido mi pequeño mensaje- sus ojos estaban pegados al libro que aun tenía en mis manos- no esperaba menos, viniendo de ti-

Me tensé, y la calidez se convirtió en fría escarcha en mi interior.

-Por supuesto, que se podía esperar de un Slytherin? Cómo no iba a descifrar el pequeño enigma? Debe ser una tontería para un mortifago como yo encontrar información oculta, y ocultar información, verdad?- ella me miró enfurecida, y su furia calmo la mía, de algún modo. Solo por tomarme por sorpresa. Mis emociones estaban fuera de control, luego de tantos años de reprimirlas.

-No hagas eso- gruñó, girándose y jalando su cabello con frustración- siempre lo haces, verdad? Qué demonios crees que hago aquí si solo creo que eres un despreciable mortifago? Y te tengo noticias, yo SOY una slytherin- me miró de reojo, mientras se movía alrededor de mi despacho. Exactamente como yo lo hago cuando estoy enojado- imbécil- murmuró para sí, pero la oí de todos modos.

-acaba de llamar a su profesor `imbécil´, señorita Gaunt?- estaba intentando enojarme, pero mis emociones no cooperaban, aun prefería `imbécil´ a `despreciable mortifago´. Lo prefería bastante.

-Si- me enfrentó, aunque había una sonrisa tirando de la comisura de sus labios que ella intentaba disimular- te llamé imbécil, I-M-B-E-C-I-L- ahora ya sonreía abiertamente. Arrugué el seño, intentando asustarla un poco, pero también estaba perdiendo la batalla con una sonrisa. El efecto quedó arruinado- y es sorprendente- continuó- porque para algunas cosas resultas muy versado, pero bastó que yo hiciera un comentario que claramente solo resaltaba el hecho de que eres brillante, para que hicieras tu mejor esfuerzo para convertirte en un total idiota-

-ahora soy una idiota? Señorita Gaunt, creo que no le alcanzaran los años de escolaridad para quedar castigada- y entonces ella rió. Una carcajada fuerte y fresca que terminó de derretir la escarcha en mi interior.

"Y ella cree que soy `brillante´" Era agradable, verla reír y saber que yo había logrado eso. Hablar con ella y no sentir que juzgaba mis palabras, sospechando siempre de cada una de ellas. Tal vez esto era lo que sentían todos en la Orden, entre si. Yo nunca había pertenecido ahí; cuando Albus me había cobijado con los suyos y me había hecho parte de la Orden, creí que podría serlo, que podía ser realmente parte. Pero no había funcionado así, yo no era uno de sus preciados elegidos, solo era un peón que se llevaba la peor parte, siempre el que hacia el trabajo sucio, pero nadie apreciaba por eso de todos modos. Era la carnada. Era desechable. En cambio ahora, desde que me había unido (o algo así) a la causa de Hermione ella había tratado de hacerme ver que de hecho pertenezco aquí… y ella ni siquiera me necesita tanto como Dumbledore lo hacía. No soy estúpido, ella es una Gaunt, es poderosa, es todo lo que el Señor Tenebroso podría desear tener en su bando; ella podía no haberme dicho absolutamente nada, y aun así hacerse paso y conseguir la atención de Voldemort. Y aun así, ella me había aceptado en su grupo, bueno, su inexistente grupo. Me había tratado, incluso, como a un amigo. Tal vez podíamos serlo, tal vez si yo ponía de mi parte…tal vez había encontrado mi grupo de pertenencia.

-eeeeoooo tierra llamando a Severus Snape- parpadeé, viéndola mover su pequeña mano frente a mi rostro, mirándome divertida.

-Perdón, decías?- intenté sonar amable. Iba a tomar mi oportunidad, y aceptar el riesgo del fracaso.

-Dije, hace unos cinco minutos- puntualizó, fingiendo molestia- que di en el blanco con esa capa. Es del largo justo y te ves increíble- la miré, analizando el nivel de sarcasmo en su tono, pero no estaba ahí. Estaba siendo sincera. Simplemente levanté una ceja, intentando ocultar mi bochorno e incomodidad. Esperaba haberlo logrado. A que vino eso? Los amigos son tan malditamente agradables todo el tiempo? No creo poder resistir mucho más de eso. "Te ves increíble", había muchos adjetivos que podían describir mi apariencia, con y sin la jodida capa, e `increíble´ no era, definitivamente, uno de ellos- además- esperé el cambio de tópico- pregunté qué vamos a hacer ahora- la miré, confundido.

-No lo sé? Para que viniste?- ella encontró mi respuesta demasiado graciosa, aparentemente, porque termino por sentarse frente al escritorio, riendo nuevamente.

-Oh, Dios, ha llegado el fin de nuestros días, Severus Snape ha olvidado un castigo- dramatizó, alzando las manos hacia el techo teatralmente por un breve instante, antes de adoptar algo más de seriedad- Gracias a Merlín, soy una persona precavida, así que he traído un plan B, en caso de que esto sucediera. Vamos a salir-la miré, algo desconfiado.

-a dónde, y por qué?- ella sonrió y apoyó sus dos manos en mis hombros, mirándome directo a los ojos. No había sospecha en su mirada, ni desagrado, como solía ver en los ojos de algunos de los miembros de la Orden. Era una mirada limpia, de fresca simpatía. Un soplo de aire fresco en mi vida.

-El donde: Gringotts; el porqué: porque voy a enseñarte todo lo que he descubierto, así trabajaremos en el plan de acción de aquí en mas- sonrió- listo para irnos?-

-Tenemos que pedir permiso al director y no creo…-

-tengo mis ases bajo la manga- ella llevó su dedo índice a sus labios pidiéndome discreción y me guiño el ojo con complicidad. Me quedé demasiado perplejo por esa naturalidad con la que ella se desenvolvía conmigo "después de cinco años de maltrato de tu parte…"- venga- ella tomó mis manos- nadie notará que nos desaparecimos, lo prometo, y ya tenemos una discreta cita en Gringotts- entonces ella cerró los ojos y de a poco una densa niebla negra se levantó del suelo a nuestro alrededor, como una sabana, y nos envolvió a ambos. El frio me caló los huesos dentro de esa niebla, pero un segundo después, había desaparecido. Y nosotros nos encontrábamos frente a las puertas del banco mágico. Ella soltó mis manos, pero me dio unas palmaditas en el hombro antes de dejar su mano ahí.

-estas bien?- preguntó, y solo asentí, mientras veía a un duende, que ya nos estaba esperando en la puerta, acercarse a nosotros y pedirnos que lo acompañáramos.

Y entramos, porque las respuestas que solo yo recibiría estaban adentro, porque yo, Snape, el murciélago, el mortifago, yo, yo era el hombre de confianza de Hermione Gaunt. Y eso se sentía malditamente bien, para variar.

El malhumorado duende nos condujo hasta las profundidades de Gringotts, y allí nos dejó, gruñendo algo acerca de nosotros pudiendo salir cuando se nos diera la gana. Hermione rió con fuerza, mientras veía a la criatura alejarse, y entonces comprendí: ese hechizo que ella había utilizado, su "as bajo la manga" que era indetectable en Hogwarts, también era indetectable para la seguridad del banco, "bien, los duendes deben estar irritados, por decir poco".

-No te pidió ver la llave- noté.

-No hay llave- levanté la ceja, incrédulo. ¿Dejaba todas sus cosas sin protección?- Bueno, es una llave diferente. Ven, te presentaré- ¿presentarme? La seguí, curioso- protégete con la capa, por si las dudas. Hablaré primero- Me cubrí mejor con la capa, pero saqué mi varita de todos modos- no-regañó ella, reprobándome con la mirada- sin varitas, lo sacaras de quicio- dudé, pero finalmente gruñí y la guardé. "de todos modos, la magia sin varita no se me da mal".

-Cuvar , Jas sum Hermione Gaunt, nie sme sretnale- ella habló con fluidez, todo fue incomprensible para mi, excepto su nombre. Era glasmrt, y el gruñido que oí a continuación no me dejó ninguna duda. Un dragón, un dragón custodiaba la puerta de la bóveda, el glasmrt era la llave, porque solo un heredero de los MacFusty puede hablarlo. Y yo era la primera persona en oírlo en, tal vez, siglos- Ova e mojot svod- el suelo tembló un poco, cuando el enorme Hébrido Negro dio unos pasos, apareciendo levemente en la oscuridad. Sentí sus ojos posarse en mi, antes de soltar un gran, gran y amenazador gruñido. Hermione se movió, poniéndose frente a mí, a la vez que avanzaba unos pasos hacia la criatura- Jas denes donese eden prijatel , negovoto ime e Severus Snape . Toj e siguren, i mozebi nekogas ke go vidite tuka- Y ahí iba mi nombre.

Ella se acercó lentamente, y puso su mano cerca del rostro del bicho, y segundos después el se acercó y, como si fuese un gato, restregó su cara contra la pequeña mano de su Ama- ven aquí, Severus- ella me llamó, sonriente y tranquila frente a el enorme dragón que podía tragarnos a los dos como pequeños aperitivos- Déjame presentarte a Cuvar. Ven, debe familiarizarse con tu aroma- No me sentía particularmente tentado de ir a ofrecerle mi brazo al enorme dragón, pero parte de mi confiaba en que ella no me quería muerto; y realmente quería las respuestas. Además, no iba a ser el cobarde aquí. Caminé hasta ellos y extendí mi mano lentamente. Cuvar me olisqueó un poco, luego miró a su Ama, quien asintió con la cabeza, y entonces restregó su escamosa nariz contra mi mano. Respiré tranquilo- Le dije que eres de confianza, y que debe conocerte y dejarte pasar si vienes por aquí en alguna ocasión- la miré, sorprendido por ese enorme voto de confianza- tu sabes, por si algo me pasa y algo queda a medias…- sentí un tirón en el estómago al pensar en ella muerta; y me di cuenta de que nunca había dimensionado del todo la muerte cuando gente de la Orden había fallecido. Era lamentable, si, pero era algo secundario. Y aquí, con mi mano en la nariz de un Hébrido Negro, y su Ama sonriéndome, me di cuenta de lo horrible que sería perder a mi compañera, a mi equipo.

-Bien, vamos adentro de la bóveda, de acuerdo? Ya tendrán más tiempo para conocerse mas- Asentí, despidiéndome silenciosamente de Cuvar, antes de seguirla y atravesar la puerta tras ella-