-Bien, vamos adentro de la bóveda, de acuerdo? Ya tendrán más tiempo para conocerse mejor- Asentí, despidiéndome silenciosamente de Cuvar, antes de seguirla y atravesar la puerta tras ella.

La habitación era enorme, cuando digo enorme, me refiero a escala Gran Comedor de Hogwarts, y tal vez un poco más grande. Y la mitad de la habitación era intransitable, ¿por qué? Porque una inmensa cantidad de oro, joyas y mas oro llenaba hasta la última parte de ese sector de la sala.

-por aquí- salí de mi asombro, y la vi observarme algo divertida- lo sé, es ridículamente excesivo, pero es la fortuna de los MacFusty al completo, mas algo de mi madre. Ahora ven- me acerque hacia la esquina donde ella estaba. Había un gran sofá de cuero negro, una especie de pensadero de cristal y un paquete de gran tamaño, envuelto en papel madera. Ella se acercó al pensadero y comenzó a revolver, buscando un recuerdo con su varita, me puse a su lado, esperando- aquí esta! Listo?- Asentí, y nos sumergimos juntos en el recuerdo.

oooOooo

Una mujer de cabello rubio, casi albino, reía mientras un hombre, que en este momento nos daba la espalda, la guiaba. Ella tenía los ojos vendados, y él la sujetaba cada vez que ella parecía a punto de tropezar. Ambos reían y se besaban, claramente enamorados.

Aparte la mirada, algo incomodo por la escena, y busque una explicación. A mi lado Hermione sonreía, mirándolos.

-Son mis padres- aclaró- este es un recuerdo de mi madre. Mi padre la trajo a San Kilda por primera vez solo luego de que mis bisabuelos murieran. Alcíone nunca les perdono por todo lo que le hicieron pasar a mi abuela. Ahora es cuando él va a contarle a mi madre sobre su talento con los Hébridos Negros. Ella ya sabe lo del parsel, pero nadie fuera de los MacFusty había oído jamás hablar glasmrt antes de Selene- los observé sin prestarles atención. Yo había sido la segunda persona en el mundo en oír hablar glasmrt.

-Bien, detente aquí un momento- dijo el joven de cabellos negros verdosos, antes de girarse hacia la arboleda que estaba frente a él y hacer una seña con la mano. Una pequeña y fea cría de Hébrido Negro camino tambaleante, tratando de no hacer ruido, hasta llegar a él. El padre de Hermione lo tomo en brazos y susurró algo en el oído del dragón- bien, puedes quitarte las vendas pero, ante todo, pido calma-

-va a poner un dragón frente a su cara y le pide calma?- dije, sarcástico. La pelinegra a mi lado rió, y me miró con la diversión bailando en sus ojos.

-Si, mi padre no me heredó solo su cabello, también su falta de tacto- dijo- al menos el preparo un dragón pequeño para la ocasión. Me di cuenta de que iba a ser un poco chocante lo de conocer a Cuvar cuando ya estábamos casi frente a él- sonrió a modo de disculpa. Solo pude sonreír con sarcasmo ante su rostro arrepentido. No había manera en que yo fuese a decir que casi sufrí un ataque cardiaco. Mi reputación no soportaría ese golpe.

La mujer jadeó por la sorpresa, pero el bebé dragón se veía bastante indefenso en brazos de Alcíone Gaunt, así que ella no retrocedió. Detallé su rostro con la mirada, y luego miré a Hermione. Tenía los ojos de su madre.

-c-cómo lograste amaestrarlo?- el sonrió y la invitó a sentarse en el pasto.

-Hay una lengua, muy poco conocida que solo los MacFusty pueden hablar- explicó el, mientras dejaba ir al dragón, que dio un par de vueltas alrededor de ellos antes de recostarse junto a la mano de su Amo- se llama glasmrt. Los Hébridos Negros comprenden este lenguaje. Y, siendo mi madre una MacFusty, yo puedo hablarlo. Hay una leyenda sobre eso, ¿quieres oírla?-

-¿una leyenda como la de los Peverell?- dudó ella.

-Exactamente como la de los Peverell, solo que sin todas las muertes y sin terminar como cuento para niños- rió él- bien, aquí voy. La historia de la familia cuenta que el primer MacFusty registrado por nuestro árbol genealógico, Priviot MacFusty, jamás conoció a sus padres, ¿sabes? Hasta los 12 años vivió en un bosque, en alguna de estas islas que conforman las islas Hébridas, y fue lo que los muggles llaman "niño lobo". A sus doce años fue encontrado por un matrimonio que andaba de excursión por el bosque, junto a su pequeña de diez años; para ese entonces él era un salvaje, y ellos sintieron lástima por el pobre niño, así que se lo llevaron con ellos y se esforzaron por educarlo lo mejor que pudieron, para subsanar todos esos años de vivir como un animal en la naturaleza. Pero algo extraño sucedía, por las noches el frio se volvía insoportable, incluso en pleno verano, y el ganado desaparecía de un día a otro en el pueblo. Pero no tenían ninguna explicación. Pasaron tres años, y Priviot se enamoró de Gwyll, la hija del matrimonio, que ya tenía 13 años y entonces le contó su secreto. La llevó al bosque y hablaron por horas, y él le contó cómo había sobrevivido en el bosque durante 12 años.

Le contó que lo primero que recordaba era el frío, intenso al principio, que luego, naturalmente se había convertido en calidez para él. Lo había naturalizado- él se interrumpió un momento- ¿sabes por qué los Hébridos Negros tienen tanta mala fama?- preguntó.

-porque son muy violentos, verdad?- el sonrió y negó.

-en parte, si, pero hay algo mucho más fuerte que eso. La gente es muy supersticiosa, y muchos los relacionan con la muerte, sabes? Nadie sabe muy bien de donde proviene esa relación que la mayoría hace al verlos, pero es algo que ya se tiene internalizado. Como la superstición muggle de los gatos negros. En fin, prosiguiendo con la historia. El frio era lo primero que recordaba, frío y oscuridad, algo que se movía y lo envolvía como un manto negro hecho de humo. Y luego vino el calor, pero más oscuridad, y una sensación escamosa contra su piel. Esos eran sus primeros recuerdos. El no había estado solo. Lo habían cuidado, lo habían criado, lo habían protegido-

-quién? O qué?- el sonrió y le acomodó el cabello, retirándoselo de la cara.

-chica lista! Un qué, y no un quién. Fue una parca, hoy en día están "domesticadas" por el ministerio, y las llamamos dementores, pero sabes? Aquella parca, la que "adoptó" a Priviot, parecía mantener algún resquicio de su antigua humanidad. Se cree que los dementores pueden alimentarse de alguien inocente tanto que lo reducen a algo como ellos mismos... desalmado y perverso. Hay muchos "tal vez" en esta historia, pero Priviot MacFusty dejo escrito que aquel dementor no recordaba una vida pasada; y deberemos creerle, porque fue el dementor quien le "enseño" o le dio el don de hablar glasmrt al primer MacFusty, y lo dejaba junto a un Hébrido. Dragón y dementor se comprendían, a través del glasmrt. Dragón y dementor cuidaron del niño humano, que también pudo comprenderlos-

-y ellos lo visitaban por las noches…por eso el frio… el frio de los dementores y la pérdida del ganado por el dragón- razonó la rubia, pensativa.

Ellos continuaban hablando, mientras la madre de Hermione se animaba a acariciar por primera vez al pequeño Hébrido, pero mi acompañante tomó mi mano, y en un segundo emergimos del recuerdo, de nuevo en la bóveda.

oooOooo

-Un dementor?- murmuré, dejándome caer sobre el sofá tras de mí. Hermione se sentó a mi lado- hablaba en serio?- ella se encogió de hombros.

-yo reaccioné igual, pero el hecho de que la "leyenda" familiar es un secreto muy bien guardado por los MacFusty, y que siempre se tomó muy en serio, es real. De cualquier forma, nadie puede saber- la miré, mientras ella jugaba con sus propios dedos, ausente- hablar parsel ya es suficiente para que te etiqueten como un mago tenebroso, pero ¿hablar con los llamados servidores de la Muerte? Esta a otro nivel. La gente hubiese estado muy atemorizada y, muggles o magos, hacen cosas estúpidas gracias al miedo. Caza de brujas, por ejemplo- asentí, la gente solía ser así de estúpida- y además, es un gran As bajo la manga. Nadie se lo vería venir- la miré, ella sonreía de nuevo- que pasa? Te asusto, Severus?- sabía que estaba bromeando, pero negué enfáticamente, de todos modos- Gracias- dijo, más seria esta vez.

Luego de eso, me ofreció una serie de recuerdos con cosas que ya me había contado. Los vi todos, de todas maneras, porque era su forma de demostrarme que no me estaba ocultando nada. Y yo necesitaba eso, necesitaba creer.

Ella no me acompaño en los recuerdos sucesivos. Y tras lo que parecieron horas, al fin emergí de ellos y la vi recostada en el gran sofá, aparentemente dormida.

Me tomé el tiempo de observarla, tranquilo al saber que ella no lo sabría. Su larguísimo cabello caía sobre el brazo del sofá, y rozaba el piso, era tan pálida como yo mismo, excepto por sus mejillas, que siempre conservaban un suave tono sonrosado apenas visible. Sus labios estaban entreabiertos, eran de un rosado pálido, su boca era pequeña, pero sus labios eran algo gruesos, como una fruta madura. Llamativos.

Recorrí su cuerpo con la mirada, levemente, sin detenerme demasiado. Se sentía inapropiado. Retiré la vista de inmediato al llegar a sus piernas, y notar que su falda se había subido un poco más de lo acostumbrado mientras ella dormía.

Decir que no me sentía atraído físicamente hacia ella sería ridículo, porque era notable lo que ella hacía en todo el género masculino. Y soy un hombre, después de todo. Pero eso no significa que no me sintiese culpable por ello, ante todo, ella es mi alumna. Y luego, es la primera persona que ha confiado en mí y me ha tendido su mano en muchísimo años, casi una vida. Debía enfocarme en aquellas cosas que podía obtener: una amiga. Mezclar las cosas sería inútil y no traería nada más que innecesario sufrimiento, Lily le había enseñado esa lección.

¿Atracción? Bien. Pero eso debía quedar en una parte recóndita de mi mente, como algo de común conocimiento. Todos en Hogwarts sabían y aceptaban que Hermione Gaunt es atractiva. Fin.

Suspiré, preguntándome si, después de todo, era buena idea intentar ser su amigo. Tal vez no había nacido para pertenecer a ningún sitio. Di un paso hacia atrás, girándome para ver el pensadero, cuando, accidentalmente, golpeé con el pie la caja forrada en papel madera. Algo tintineo dentro. Me acerqué cuidadosamente, preocupado, tal vez algo se había roto. Al mirar de cerca, noté una pequeña inscripción al costado del papel: "Para: Severus Snape".

Intrigado, rasgué el papel suavemente, para observar el extraño contenido del paquete…