"me siento muy atraída por la inteligencia, Severus, y jamás elegiría a alguien que no la poseyera"
Hermione podría ser mejor, ella podría darme esa oportunidad que aquella lejana joven pelirroja alguna vez me había negado tajantemente.
Tengo una oportunidad, y esta vez no voy a perder contra un imbécil montado en una escoba.
Viktor había aparecido de repente, sin ningún aviso previo, irrumpiendo en el comedor y acercándose a mí, como si yo fuese la misma Hermione que llevó al baile años atrás. Y venia con su propuesta matrimonial…
Le sonreí y me lo llevé de allí, lejos de todas las miradas curiosas, directo a Hogsmeade. Apenas si me contuve de mirar hacia la mesa de profesores, ¿qué estaría pensando él?
-Creo que será mejor devolverte esto- dije, una vez estuvimos en Hogsmeade, alejados de ojos curiosos. El miró el pergamino que me había entregado previamente, y luego a mí, antes de tomarlo y guardarlo bajo su abrigo.
-¿puedo llevarte a tomar algo, al menos, Hermione?- sonreí, ante su particular acento, y su tono levemente resignado, mezcla de abatimiento y simpatía- tal vez así puedas contarme por quien soy tan rotundamente rechazado-
Le di una mirada de advertencia al verlo encaminarse hacia la tienda de té de madame Poddifoot, y el sonrió con inocencia, abriéndome la puerta. Incapaz de rechazarlo dos veces en menos de 5 minutos, entré soltado un bufido poco femenino que le hizo reír entre dientes.
Pasamos cerca de tres horas allí sentados, poniéndonos al día sobre nuestras vidas diarias y riendo. Siempre ha sido tan fácil hablar con Viktor… creo que si él me hubiese enviado su propuesta hace apenas unas semanas… tal vez habría aceptado. Todo había cambiado tanto, no, no todo, yo cambié tanto, en apenas una semana…
-y bueno, vas a decirme quien es el bastardo afortunado al que debo felicitar y responsabilizar de que rechazaras mi propuesta?- sonrió, pero sus oscuros ojos mostraban su tristeza. Sonreí a modo de disculpa, y me permití dejarle ver mi tristeza también.
-no hay nadie a quien felicitar-suspiré- al principio crei que… no, no, solo yo estoy… afectada; pero me temo que no soy correspondida- mi amigo tomo mis manos sobre la mesa, haciéndome levantar la vista.
-Hermione- dijo, con severidad- no sé quien sea ese hombre, pero debería estar ciego, sordo e imbécil para no notar la gema que eres- sonreí ante sus palabras. El siempre había sido tan dulce conmigo, como lamentaba solo verle con ojos de amistad. Todo sería más fácil si me enamorase de Viktor- con todo el dolor en mi corazón, debo aconsejarte que no te rindas, pequeña leona, si quieres a ese hombre él es en verdad un bastardo afortunado, oblígalo a que lo note, si es necesario- me reí, y le regalé un apretón cariñoso antes de soltarme de su agarre.
-muchas gracias, Viktor. Eres un gran amigo, en verdad-
Luego de salir de la casa de té, Viktor y yo nos despedimos con un cariñoso abrazo, y yo decidí continuar mi camino sola.
Iba distraída, caminando lentamente, pensando en que haría para "obligar a Snape a notarme" cuando unos brazos me tomaron por detrás, y sentí la desagradable sensación en mi estomago que solo produce una aparición.
"Oh, por Merlín, ¿qué acabo de hacer? Mierda, mierda, mierda, estoy condenado" me tambaleé hasta la ventana, con la estúpida y vaga esperanza de que la lechuza estuviese esperándome allí, para devolverme la carta que acababa de enviar, por ser un ebrio imbécil. Obviamente, eso no sucedió. Esa carta ya debía de estar en su destino.
"Esto va a ser tan humillante" ¿se reiría de mi? Podía apostar que así seria, o tal vez intentase fingir que nada había sucedido, "claro, eso va a ser taaan cómodo". Miré con desprecio la botella semivacía de whisky que yacía sobre la mesa, culpándola de mi estupidez, justo antes de desaparecerla con un movimiento de varita. Luego tomé aquel sello que nunca había usado, "hasta ahora" , y observé la cera azul ya seca sobre él. Derrotado, me senté a esperar alguna respuesta, mientras limpiaba con mis dedos el escudo metálico.
Solo que el tiempo pasó, y la respuesta no llegó. La falta de respuesta era peor que la respuesta en si misma, y volví a sentir esa presión en mi pecho, esa misma sensación de ahogo que, tantos años atrás, había experimentado frente a la puerta de la torre Gryffindor, suplicando en llanto por un nombre muy distinto, de una mujer completamente distinta, pero esta vez la puerta también estaría cerrada…
-donde estas, Hermione?- murmuré, dejándome que el sueño producido por el alcohol me llevara a algún lugar menos doloroso. Me hundí en la inconsciencia con una última sensación, de unas lágrimas rebeldes, recorriendo mi rostro. Las primeras en los últimos veinte años.
