Iba distraída, caminando lentamente, pensando en que haría para "obligar a Snape a notarme" cuando unos brazos me tomaron por detrás, y sentí la desagradable sensación en mi estomago que solo produce una aparición.
Apenas pude mantenerme en pie, sorprendida como estaba, pero los brazos que me sujetaban también me impidieron caer al suelo. De un rápido movimiento, lancé mi mano hacia atrás, conjurando un expelliarmus sin varita, haciendo que mi atacante volara contra el árbol más cercano. Me giré, ya libre, para enfrentarme a quien sea que fuera quien me había secuestrado; pero solo me encontré con unos ojos negros que me miraban con neurótica admiración.
-Mi señora, discúlpeme por tomarla por sorpresa- Bellatrix Lestrange se levantó apenas acomodándose las ropas, para luego acercarse a mí, intentando tomar mis manos. Un amenazante siseo rompió el silencio, y solo entonces noté a Zeleni, que miraba amenazante a Bellatrix, con los colmillos expuestos y ya cubiertos de sangre. Observe la mano que me había atrapado por la cintura durante la abducción. Estaba cubierta por 5 feas mordeduras semi-rasgadas, y la bruja frente a mí apenas parecía notar el dolor.
-Cálmate, Zeleni. Lo has hecho bien, y me has dado una gran oportunidad- mi pequeña no comprendió, pero asintió y volvió a enrollarse en mi muñeca, simulando un accesorio.
-Ven aquí, te curaré eso- tomé la mano de la mortífaga, que intentaba protestar, no queriendo verse débil frente a mí, y comencé a aplicar hechizos de sanación básicos, hasta que las heridas cicatrizaron y solo se veían como finas líneas blancas, como si llevasen años ahí. Ella agradeció, mirando su mano, casi fascinada. Su fanatismo seria de mucha ayuda, uno de estos días- por qué me has traído aquí?- ella sonrió, y dio unos cuantos saltos, antes de comenzar a casi trotar entre los árboles, conmigo siguiéndole el paso.
-Ya verá, mi Señora, le tengo un presente de bienvenida digno de una verdadera heredera de Slytherin, y lo preparé todo para que fuese igual a como mi Señor lo hizo alguna vez el mismo. El ama contar esa historia- soltó una risita por demás perturbadora, justo cuando llegamos frente a una especie de maltrecha cabaña.
La seguí dentro de la derruida construcción que francamente parecía a punto de venirse abajo, y al entrar, tuve que usar todo mi autocontrol para mantener mi expresión impasible. Atados a dos potros de hierro, dos figuras humanas encapuchadas soltaban lastimeros gemidos de dolor, posiblemente estaban amordazados. El olor a sangre me revolvió el estomago. Bellatrix me estaba obsequiando dos muggles para que los torturara y luego matara.
-Gracias por el obsequio, querida- dije, con un tono monocorde- pero creo que ya lo has desenvuelto por mí-
-no, no, no son simplemente muggles, mi Señora- ella se acercó a ambos cuerpos, sus zapatos hicieron un desagradable sonido al pegarse a la sangre coagulada en el piso a cada paso- son los asquerosos muggles que casi le quitan su magnificente destino- y entonces ella tomó ambas capuchas y las jaló con fuerza. Sentí que mis piernas iban a fallarme cuando dos pares de ojos castaños me miraron aterrorizados desde aquellos horribles instrumentos de tortura que los sostenían- los Granger intentaron robarle su vida, mi Señora, ¡ahora usted puede tomar las suyas!- la desquiciada excitación relampagueó en los negros ojos de la mortífaga, que me sonreía con la enferma esperanza de recibir un halago por su "obsequio".
Parecía que habían pasado solo minutos desde que había caído en la inconsciencia cuando alguien aporreó mi puerta, arrancándome del dulce sopor que el alcohol me había proporcionado. Me levanté, alerta y con varita en mano; parte de mi esperando un inesperado ataque mortífago, parte deseando que fuera Hermione, y parte aterrorizado ante la idea de que fuese Hermione. Pero todas mis predicciones iban erradas; tras la puerta estaba Albus Dumbledore, que se vio totalmente horrorizado por mi presencia.
-estas aquí- dijo, totalmente angustiado. Levanté una ceja ante la obvia observación.
-si no desea verme, creo que no va por buen camino aporreando mi puerta a esta hora, Director-
-no entiendes, hijo, mi esperanza era que tú estuvieses con ella, pero estas aquí…-
-ella? Habla de la señorita Gaunt? Que sucedió con ella?- intenté mantener mi usual frialdad, pero esos ojos azules parecieron ver directo a través de mí y mi ansiedad rayana en pánico.
-ella no regresó del viaje a Hogsmeade, Severus. No tenemos ni una sola pista de su paradero- Oh, Dios, y yo preocupándome porque ella no había respondido mi carta, alimentando mis celos, imaginándola con el descerebrado de Krum; todo mientras ella estaba desaparecida, tal vez en peligro…
-entrevisté al señor Krum, que fue la última persona que la vio, pero dice que se separaron en las cercanías del local de madame Poddifoot alrededor de las 6 pm, de ahí en más, no tenemos como saber a donde pudo haber ido. Ya son las 3am…- Dumbledore se veía estresado, y claramente quería decir algo como "si yo fuese participe de sus planes esto jamás habría sucedido", o algo así. Mi pequeña serpiente lleva nueve horas desaparecida.
-bien, me haré cargo desde aquí-dije, a pesar de que no tenía ni idea de que hacer. Hermione no quería a Dumbledore metiendo su nariz en ningún asunto que la involucrase. Yo debía ser quien la encontrara.
El director me miró con enojo mal disimulado, pero a sabiendas de que no lograría nada conmigo, se giró sobre si mismo y se marchó por donde vino, no sin antes dejar un pergamino sobre mi escritorio, y susurrar un "buena suerte, muchacho".
Desenrollé el pergamino, para darme cuenta de que se trataba de aquel que ya una vez había intentado requisar y solo había logrado que ese estúpido pedazo de papel me insultara. Pero ahora estaba "abierto" y me mostraba todo Hogwarts, y todas las personas, profesores o alumnos, que habitaban el castillo, y no había ni rastro de Hermione Gaunt…
Me apresuré hacia mi armario de pociones, tomé todas las que podían ser útiles en caso de que ella estuviese herida y las dispersé por los múltiples bolsillos de la capa de piel de dragón que ella misma me había obsequiado. Una vez listo y con varita en mano, me dispuse a salir de mi despacho, tomando el mapa, solo para asegurarme, y entonces sucedió, una mancha de tinta comenzó a formarse hasta que en las habitaciones femeninas de Slytherin pude leer "Hermione Gaunt". No se movía, estaba petrificada en medio de la habitación, comencé a preocuparme, tal vez estaba inconsciente, iba a comenzar a correr hacia allá, sin importar lo que pudiera pensar cualquiera que viera al jefe de la casa de las serpientes corriendo escaleras arriba hacia los dormitorios femeninos; pero entonces ella comenzó a caminar lentamente hasta su cama y allí se quedo sentada unos minutos más hasta que, de pronto, desapareció nuevamente. Estruje el mapa entre mis manos temblorosas, buscando como poseso el nombre de la pelinegra por todo el colegio cuando…
-S-Severus…- fue un sonido sollozante y entrecortado; me giré rápidamente, dejando caer el mapa, horrorizado por la visión ante mí. Allí estaba mi pequeña serpiente, aparentemente sana, pero con los ojos rojos, lagrimas aun surcando su rostro, su cabello despeinado, pero más importante aun: su ropa estaba empapada en sangre y suciedad-mis padres…- hipó, mirándome con los ojos desenfocados, antes de lanzarse sobre mi y aferrarse a mi torso casi dolorosamente- tuve que hacerlo, Severus…- murmuró, rota, helándome la sangre.
-ellos están…?-…
