Me senté en el sofá, e hice lo único que podía hacer: la acerque a mí y la deje abrazarse a mí, mientras mis manos peinaban su cabello, esperando que fuese suficiente. No había nada que pudiese decir que fuera a sonar más alto que los gritos torturados que harían eco en su mente en estos momentos. Y yo lo sabía muy bien.
Una vez Hermione estuvo más tranquila, y comenzó a mostrar los primeros signos de cansancio, pasé mi varita, retirando cualquier rastro de sangre y tierra de sus ropas y cabello, obligándola a pararse, aun abrazada a mí, para aparecernos en su habitación, envueltos en su oscura niebla helada.
Rápidamente moví mi mano, encendiendo la chimenea, y me solté del agarre de la pelinegra, depositándola en el sillón de un cuerpo que yacía en la esquina de la habitación. Entonces, me giré hacia la cama, abriendo las sabanas y aplicándoles un discreto hechizo de calor que la ayudaría a dormirse rápidamente y a gusto.
-Bien, ven, debes acostarte. Me retiraré para que puedas cambiarte si así lo deseas- no recibí respuesta- Hermione?- me giré, creyendo que ya se había dormido. Pero no, ahí estaba, de pie, con aquella maldita carta, que yo había olvidado momentáneamente, entre sus pálidas manos. Esa carta con ese sello azul ya roto, el sello de la familia Prince… mi carta.
-Severus…- susurró, levantando sus ojos del pergamino y conectando su mirada sorprendida a la mía.
-yo…-no supe que decir, lo había arruinado, justo cuando ella más me necesitaba. Esa carta iba a cambiarlo todo- yo no… creo que, en realidad, fue una pésima…-me detuve, al verla sonreír y girarse hacia el mueble tras ella. De uno de los cajones, tomó con determinación un pergamino ya cerrado con el característico sello esmeralda de Salazar Slytherin y, en tres pasos, ya se encontraba frente a mí, tomando mi mano y cerrándola sobre aquel trozo de papel en apariencia tan inocente. Pero no lo era, mi corazón latía tan aprisa que temí estar a segundos de un ataque cardiaco, mis manos sudaban y sufría un ligero temblor. Ni en mis más salvajes sueños hubiese creído que esta sería la reacción a esa carta. Había imaginado decenas de otros escenarios, y ninguno terminaba bien.
-Hermione, esto es… tu estas…?- ella sonrió, sus ojos habían recuperado algo del brillo que usualmente poseían. Sus manos hallaron el camino hacia mi rostro, su pulgar se deslizó en una efímera caricia por mi mejilla.
-La escribí el mismo día que me enteré sobre la tradición matrimonial de los sangre pura, por eso he rechazado todas las demás cartas sin siquiera abrirlas- me sentía ligero, casi a la espera de despertar, pero era real, ella estaba frente a mí, diciéndome que había rechazado a cada familia sangre pura… que había rechazado al apuesto, joven, famoso y asquerosamente rico jugador de quidditch búlgaro porque ella me quería a mí. A mí.
-pero…Hermione, estás segura…? Es decir- me aclaré la garganta, rompiendo el contacto visual para ordenar mis ideas. Tras la euforia de los primeros segundos, mi determinación se había evaporado. Ella había rechazado al apuesto, joven, famoso y asquerosamente rico jugador de quidditch búlgaro por mí. Por mi, un mestizo sin atractivo, demasiado viejo para ella y pobre, que vivía en una casa derruida en la que no querían habitar ni las ratas, en un sucio barrio muggle. No había derecho. No puedo vivir en la ilusión de que soy suficientemente bueno para ella, porque no lo soy, ¿Cuánto tiempo tardará ella en darse cuenta de que hecho su vida por la borda, atándose a un paria social, un mortifago, un títere sin valor que no puede brindarle nada? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que ella se dé cuenta de que es hermosa, y brillante, y de buena familia, y de que podría tener lo que quisiera y a quien quisiera; y luego mire a su lado y me vea a mí, las arrugas prematuras en mi rostro, mi amargura sofocando lentamente su luz, su vivacidad, y decida que ya tuvo suficiente, y se aleje de mi, dejándome muerto por dentro, sin mirar atrás, buscando el futuro brillante y alegre que merece, en los brazos de un hombre joven y apuesto que pueda darle todo?
-Severus?- su voz me atrajo hacia el presente, ella estudiaba mi mirada, seguramente había podido ver el dolor brillando en mis pupilas-nunca, jamás en mi vida, había estado más segura de algo- la miré, buscando medir su determinación y sinceridad. Y parecía tan sincera al decirlo.
-por qué?- pregunté, casi con miedo de hacerle notar que no había razón alguna para que ella quisiera tenerme siquiera cerca. Ella sonrió un poco más y se alejo de mi, tomando mi mano y acercándose a la cama. Me soltó para treparse en ella y acostarse de lado, invitándome a hacer lo mismo a su lado. Intenté negarme, pero ella me calló de inmediato.
-Oh, por todos los cielos- suspiró- sabes? Técnicamente con la propuesta, y la aceptación del contrato por mi parte, eres mi prometido. Creo que mi prometido puede acostarse junto a mí en la cama y hablar conmigo, especialmente después de haber tenido un día tan horrendo, verdad?- la miré, un poco mareado al oír la palabra "prometido". Dudoso aun, me acosté a su lado, tenso, mirando el techo. La oí suspirar con frustración- en serio? No vas a mirarme, Severus? No voy a abusar visualmente de ti, querido, tranquilo- ella rió. Fruncí el seño, antes de girarme y observarla con los ojos entrecerrados, desaprobando su comentario. Niña tonta, no era ella quien me preocupaba. Era en mi en quien no confiaba- mucho mejor- aprobó.
-por qué?- repetí. Y ella me sonrió tan dulcemente que pensé que se me iba a parar el corazón. Sus ojos brillaban antinaturalmente, mientras me dedicaban una mirada llena de admiración, y ternura, y… amor. Nunca había sido el destinatario de una mirada así. Nunca una mujer me había visto de ese modo. Pero había visto esa mirada de cerca antes, esa ferviente mirada de absoluta y dulce devoción; en los ojos de Lily, al observar a James Potter cuando creía que yo no lo notaba. Y ahora, por fin, luego de veinte años de soledad y amargura, esa mirada era para mí. Solo había tenido que esperar más que los demás, para al fin encontrar a mi…prometida.
-Eres increíblemente inteligente- murmuró ella. Estábamos a escasos centímetros el uno del otro, pero sin tocarnos. Sus ojos se conectaron con los míos mientras hablaba- antes de dejar de ser Granger para convertirme en Gaunt, era mucho más restrictiva con mis emociones, sentía que todo estaba ya planeado, como debía ser en mi vida. Así que llamé a lo que sentía por ti "profunda admiración". Aun cuando eras cruel conmigo, tu inteligencia me dejaba fascinada, tu humor irónico y retorcido; a veces tenía que usar todo mi autocontrol para no sonreír al escuchar alguno de tus sarcasmos- alce una ceja, incrédulo, haciéndola sonreír. Ella continuo hablando- pero cuando todo cambió, cuando yo cambié… mi personalidad también cambió. A mucho mas slytherin- bromeó, sacándome una levísima sonrisa- ese futuro que todos habían planeado para mí, todo lo que el mundo esperaba de mí, había desaparecido en un instante. Y por primera vez en muchos años, tal vez desde siempre, me sentí libre. Nadie sabía que esperar de mi. La pizarra estaba en blanco y yo tenía el mando. Y tú estabas más cerca de mí que nunca- sus mejillas se comenzaron a colorear al mirarme, sacándome una sonrisa socarrona- y ya no me detestabas- me sentí un poco culpable. Tantos años de ser un cerdo con ella- y entonces me permití apreciar el conjunto absoluto- la miré, confundido, y ella rió nerviosa, sonrojándose fuertemente, antes de girarse para mirar al techo, rompiendo el contacto visual conmigo, abochornada. Sonreí burlón ante su vergüenza, pero me sentía francamente sorprendido ante lo que ella quería implicar con esa frase. En un murmullo aun más bajo, ella confesó- comencé a admitirme a mi misma que, si bien tu inteligencia me atraía como el canto de una sirena, también me sentía atraída físicamente por ti-
-eso es difícil de creer- dije, secamente. De verdad quería creerlo, pero resultaba irrisorio que aquella bellísima criatura encontrase algo atractivo en mí.
-claro que no!- dijo, aun sonrojada, pero el enfado por mi comentario le insufló algo de su antiguo coraje gryffindor-no te ves a ti mismo como realmente eres, Severus- su mano se acercó lentamente a mi rostro de nuevo, llevando mi cabello tras mi oreja, y luego acariciando mi mejilla- es cierto que no tienes lo que se llama una belleza clásica- alcé mis cejas, sintiéndome levemente insultado. Ella solo sonrió, obviamente divertida- eres complejo de definir. Y es por eso que me atraes tanto- su rostro estaba completamente rojo, pero esta vez no pude burlarme. Sentía como mi propia cara aumentaba levemente de temperatura- tus ojos, Severus- ella suspiró, mirándome como si fuera lo más increíble que hubiese visto en su vida- tienes una mirada tan penetrante, que parece poder decirlo todo, pero a su vez no suele dejar que sepas nada. Podría mirarte por días enteros, sin aburrirme. Y tu nariz- sus dedos se deslizaron por mi desproporcionada nariz. A pesar de la dulzura de su tacto, me sentí completamente avergonzado. Mi nariz siempre había sido mi gran complejo, junto a mi asqueroso cabello. Me sentí tenso, esperando su comentario-puedes decir que es grande, si, pero te hace ver varonil y le da un toque elegante y característico a tu rostro- ella se alzó un poco sobre el agudo ángulo de su codo y deposito un efímero pero dulce beso en el puente de mi nariz que, si no hubiese pasado tanto tiempo aprendiendo como manejar mis emociones, me hubiese hecho llorar. Era ella, aceptando y amando mis defectos junto a mis virtudes, por igual- y tus labios- ella suspiró nuevamente, su mirada no se despegaba de mi boca. Nunca había recibido esa femenina expresión de deseo de una mujer, y mucho menos de una tan increíblemente preciosa. Tragué, nervioso, sin poder evitar que mis ojos se desviaran hacia sus carnosos y húmedos labios- sabes? Acabo de notar que has cometido un error imperdonable- la miré, algo preocupado, pero sus pupilas me devolvieron una mirada deliciosamente atrevida y juguetona que hizo que mis pantalones se sintieran más ajustados en menos de un segundo- no es que espere que seas el jodido Fitzwilliam Darcy, pero ni siquiera he recibido un beso para sellar nuestro compromiso- ella hizo un sexy mohín, fingiendo estar enojada, pero con una sonrisa estirando levemente su tentadora boca.
Y yo no pude más que lanzarme a corregir mi error.
Cerré los ojos al sentir los finos labios de Severus rozar los míos, disfrutando de la cosquilleante calidez que dejaba su boca sobre la mía, por primera vez. El fue muy suave, apenas era un roce. Suspiré, acercándome un poco más, mi mano pasando de su mejilla a su cuello y luego a su nuca, en un intento de obtener más de su cercanía. Lo sentí sonreír contra mis labios, ante mi ansiedad, antes de unir firmemente sus labios a los míos, mientras sus dedos se hundían en mis lacios cabellos, atrayéndome hacia él. Parecía que el corazón iba a salírseme. Este era el momento con el que había estado fantaseando desde que vi a Severus Snape desde estos nuevos ojos. Y aquí estábamos, comprometidos, robándonos el aliento el uno al otro, con nuestras bocas unidas en una danza tortuosa, de pasión contenida.
Y sin embargo, él se separó de mi muy rápido. Abrí los ojos, a tiempo para ver el hambre y la lujuria arder en su oscura y pecaminosa mirada, antes de que él los extinguiera con férrea disciplina.
-Fue un día realmente complicado para ti- dijo con suavidad inusitada, a la que desde luego no estaba acostumbrada. Sus dedos acariciaron apenas perceptiblemente mi mejilla, con adoración, como si estuviera grabándose mi rostro en su mente. Sonreí, sabiéndome sonrojada y con una mirada igual de ardiente que la suya hacia apenas unos segundos- debo dejarte descansar- me abracé a él, cuando apenas se había movido unos centímetros. El me observo con sorpresa, ante mi inesperada efusividad.
-quédate conmigo- supliqué, y vi en su rostro que iba a negarse porque, claro, seria "inapropiado". Hable antes de que el tuviese oportunidad de rechazarme- por favor, solo… duerme a mi lado hoy. Tienes razón, ha sido un día horrendo y si cierro los ojos veré cosas que no quiero ver, tendré pesadillas. Pero… cuando estás conmigo me siento a salvo, entiendes?- el me miró, indeciso, pero sus dedos regresaron a mi cabello, peinándolo cariñosamente- Hoy era el día mas traumatizante de mi vida, hasta hace una hora, cuando se convirtió en la noche más feliz, gracias a ti. Solo tú puedes hacerme sentir feliz y segura en un momento como este- sabía que estaba siendo un poco manipuladora, pero no había mentido, tenerlo cerca me brinda paz, y me siento segura al cerrar los ojos.
El se dejo caer sobre su espalda en el colchón y me atrajo hacia sí, dejando que me recueste sobre su pecho, mientras su brazo rodeaba mi cintura- nunca dejaré que nada te suceda, Hermione. De ahora en mas, te protegeré con mi vida- sentí su nariz hundirse en mi cabello, inhalando mi aroma- nadie volverá a hacerte daño, ahora lo eres todo para mí- oyendo ese suave murmullo ahogado contra mi cabello, caía rendida por el cansancio en un cálido y acogedor sueño, inundado por el aroma a pergamino, whiskey de fuego y hierbabuena.
