El se dejo caer sobre su espalda en el colchón y me atrajo hacia sí, dejando que me recueste sobre su pecho, mientras su brazo rodeaba mi cintura- nunca dejaré que nada te suceda, Hermione. De ahora en mas, te protegeré con mi vida- sentí su nariz hundirse en mi cabello, inhalando mi aroma- nadie volverá a hacerte daño, ahora lo eres todo para mí- oyendo ese suave murmullo ahogado contra mi cabello, caía rendida por el cansancio en un cálido y acogedor sueño, inundado por el aroma a pergamino, whiskey de fuego y hierbabuena.
Me removí lentamente, buscando, aun medio dormida, acercarme a Severus. Abri los ojos rápidamente, al notar que la cama estaba fría y solo yo estaba allí. El se había ido mientras dormía, ¿acaso se había arrepentido? Comenzaba a escalar niveles de nerviosismo cuando…
-el Amo fue llamado por el director- Zeleni me miraba con simpatía, acercándose a mi rostro y pasando su fina lengua por mi mejilla, haciéndome cosquillas-aquel anciano envió una carta preguntando si la había encontrado, y el tuvo que ir a dar cuentas del asunto- Asentí, relajándome un poco.
-dijiste "el Amo"?- Zeleni solo asintió, pero alguien más se inmiscuyó en la plática.
-Por supuesto, princesa- busqué con la mirada a mi padre, que me observaba con juguetón reproche desde uno de los cuadros- después de todo, es tu prometido, aun cuando yo no tenía ni idea de tus planes- sonreí a modo de disculpa.
-lo siento, padre. Debí hablarlo contigo primero- el negó con la cabeza.
-cariño, no voy a aparecer 17 años después en tu vida creyéndome en el derecho de interferir con tus decisiones y elegir por ti. No es mi estilo. Sin embargo, tenemos una charla pendiente los tres- su mirada, llena de calidez paternal, me provoco un agudo aguijonazo en el pecho, recordándome a los Granger, a mis otros padres… esos que nunca volvería a ver…- ellos estarán bien, querida-dijo, adivinando el hilo de mis pensamientos- Hiciste lo correcto, ellos no pertenecían en tu mundo, y eran vulnerables. Mantenerlos en tu vida hubiese sido egoísta- asentí, limpiando algunas lagrimas que, rebeldes, habían escapado y corrido por mis mejillas- Snape me agrada, será un buen esposo para ti, y un buen compañero en los tiempos más oscuros que deberás atravesar. De mas esta decir que tienen mi bendición, y la de tu madre, estoy seguro, donde quiera que mi Selene esté- la nostalgia invadió su mirada por unos segundos, recordando a mi madre.
-Gracias, padre, significa mucho para mí- sonreí.
-Bien, bien, basta de sentimentalismos. Hora de arreglarse e ir a clases, jovencita- me reí ante el falso tono de rigidez parental, y me metí al baño. Realmente necesitaba esa ducha.
Tras un torbellino de actividad, ahí estaba, frente al espejo, con mi uniforme perfectamente arreglado y mi cabello meticulosamente cepillado. Pero hoy es lunes, y lunes solo significa una cosa en mi mente: clases de pociones. Y sentí que necesitaba poner algo más de esfuerzo en mi preparación el día de hoy. Vi de reojo, en el reflejo del espejo, la mirada divertida de mi padre cuando me vio sacar con vacilación algunos productos cosméticos que guardaba en mi mesa de noche, pero preferí ignorarlo olímpicamente; ¿y que si estaba arreglándome un poco más para ir a clases de pociones? No es extraño, ¿verdad? Cualquier mujer querría verse lo mejor posible para su- inspiré nerviosamente- prometido. Luché por contener la euforia que la palabra me producía y dejé que Zeleni se enroscara en mi muñeca antes de salir con paso digno de mi habitación.
Me senté en la mesa, junto a McGonagall, sintiéndome absurdamente nervioso. Habia tenido la intención de quedarme con Hermione hasta que despertase, como ella habia querido, pero Dumbledore, con su inusual don para arruinarlo todo para mi, había requerido mi presencia con una lechuza; claramente, creyendo que yo estaba en mis mazmorras, pero aun así. Así que había tenido que alejarme de su lado a hurtadillas, bajando las escaleras y saliendo de la sala común como un ladrón en la noche para ir a notificar su aparición al director.
Y claro, ya no podía arriesgarme a regresar a hurtadillas a su habitación para cuando la charla terminó. En cambio, había ido a mis habitaciones, había tomado un baño mientras pensaba en que de pronto, en cuestión de horas, todos mis infundados temores al rechazo habían terminado conmigo teniendo una prometida, una excepcionalmente bella, y joven, prometida. Y al salir de la ducha, me había mirado al espejo con ojo crítico, intentando encontrar aquello que Hermione podría haber visto en mi, sin éxito.
Tras vestirme, regrese de nuevo frente al espejo y evalué nuevamente mi reflejo, pasándome la mano por el cabello, que ya estaba secándose y convirtiéndose en el usual desastre demasiado grasoso y fino, que se deslizaba sin gracia a los costados de mi rostro. Era oficial, mis barreras, esas que había construido para no volver a sentir el dolor que una pelirroja una vez me había causado con su rechazo, habían sido destrozadas y quemadas hasta los cimientos por cierta pelinegra de ojos inciertos que se había metido en mi vida y en mi mente como un elefante en un bazar, hacia apenas unas semanas. Y no estaba seguro de que eso me gustara; al ver caer mis muros de indiferencia y desdén que había protegido celosamente durante estas últimas dos décadas, descubrí que no había cambiado en nada, no me había hecho más fuerte. Aquí estaba yo, de nuevo el niño aterrado al rechazo y al dolor, y a la soledad. Lleno de inseguridades. Los muros que me habían protegido, también habían impedido que madurara, que enfrentara los miedos productos de mi propia insignificancia. Todo estaba ahí, esperando, acechándome para saltar sobre mí en cualquier momento, cuando algún jodido Potter contemporáneo apareciera y encandilase a Hermione con su atractiva sonrisa y estúpida galantería. Con todo lo que yo no tenía.
Y ahora, pasado ese ataque de pánico en mi habitación, estaba teniendo otro en la mesa durante el desayuno, esperando verla llegar y dedicarme una de sus preciosas sonrisas para indicarme que estaba bien, que no estaba arrepentida y/o que no estaba enojada por haberla abandonado durante la noche. ¿y qué tal si creía que era yo el que se había arrepentido?
Gracias a Merlín, mi sesión de psicosis matutina acabó cuando Hermione cruzó las puertas del Gran Comedor, acomodándose el largo cabello sobre su hombro derecho justo antes de mirar directo hacia mí y darme una deslumbrante sonrisa y articular un silencioso "buenos días" que me hizo añorar el buenos días que podría haber recibido si me hubiese quedado junto a ella hasta que despertase. Incliné levemente mi cabeza, devolviéndole el saludo, incapaz de ser más expresivo, por miedo a que algún profesor, o el mismo Dumbledore, notara algo. Ella pareció comprender mi inexpresividad, mientras se deslizaba grácilmente hacia la mesa de las serpientes y se sentaba a desayunar tranquilamente.
Mis primeras horas con los pequeños descerebrados de tercero pasaron sin mayores problemas. Bueno, sinceramente no recuerdo nada, estuve tan metido en mis pensamientos que alguno bien podría haber muerto, en todo lo que pensaba era en este momento. Entre al salón donde impartía clases a los alumnos de sexto, y allí estaba ella. No sabia que esperaba que cambiase, simplemente sabia que era la primera vez que estábamos en una misma habitación luego de habernos "comprometido".
Ella permaneció sentada, con la espalda recta y el porte orgulloso, igual que el resto de los slytherins. Solo cuando todos se distrajeron, sacando sus libros, ella atrapo mi mirada y me dio una calida y atractiva sonrisa, entonces noté que llevaba algo de discreto maquillaje, sus ojos delineados y sus labios con algo de brillo, que capturaron mi atención y me impidieron apartar mi vista por unos buenos segundos, recordando su textura, su calor, su suavidad. Apenas pude contener la sonrisa tonta que quiso aparecer en mi rostro. Estaba preciosa. Era preciosa. Y se habia arreglado para mi.
La clase avanzó, y a cada minuto mermaba mi paciencia. Slytherins, y algunos gryffindors, le lanzaban lascivas miradas a mi pequeña serpiente. Claramente, todos los demas habían notado, al igual que yo, lo bella que se veía. Lo único que me calmaba lo suficiente como para no lanzarles un avada a cada uno de esos mocosos era la apatía de Hermione. Ella parecía no darse por enterada la mayor parte del tiempo, y cuando sus ojos inevitablemente terminaban por cruzarse con alguna de esas flirtuosas sonrisas, ella le devolvía una punzante y orgullosa mirada, capaz de congelar el mismísimo infierno, que dejaban al individuo en cuestión temblando en su sitio. Si habia alguna cosa que haría que cualquiera pudiera identificar a Hermione Gaunt en medio de una multitud, aun con los ojos vendados, seria el poder que emanaba de su cuerpo en ondas expansivas. Era algo que uno podía sentir pero no explicar; era algo instintivo, como en los animales, la sensación de la presa cuando el depredador esta cerca. Su misma esencia resultaba oscura y sin duda, para estos chiquillos, debería sentirse como si la gravedad los aplastara contra el suelo y el oxigeno desapareciese, impidiéndoles respirar. Al menos cuando ella concentraba su negatividad en ellos, como acababa de hacer.
Al terminar la clase, la vi guardando sus cosas lentamente, como esperando que todos salieran antes; pero no sucedió. Potter y Weasley se acercaron a ella. La comadreja se veía muy pagado de sí mismo, confiado. Apreté mis puños y esperé. Noté que Draco y Nott también se habían quedado, observando.
-Hola, Hermione- el pelirrojo usó una voz melosa y le dio una bobalicona sonrisa que pretendía ser seductora. Casi me carcajeé al ver a Hermione ponerse de pie y mirarlo con incredulidad y disgusto, como si fuese una cucaracha.
-Soy Gaunt, para ti. Y solo si hay una necesidad absoluta de tu parte de dirigirme la palabra, cosa que dudo- el cabeza de zanahoria sonrió, como si ella no le hubiese insultado en absoluto.
-Basta, Hermione, Harry me contó que estabas enamorada de mi, ya no tienes que fingir. La verdad es que yo también sentía cosas por ti, pero- no pudo continuar, las carcajadas ahogaron sus palabras. Hermione habia caído sentada de regreso en su silla, sujetándose el estomago y riéndose a todo pulmón, mientras su mano derecha, que sujetaba su varita, restregaba las lagrimas que caian por sus mejillas, producto del concierto de carcajadas.
-Oh Dios- su voz entrecortada por la risa y la falta de aire, apenas podía articular palabra- sois idiotas- rió de nuevo- Merlín, nunca noté que fueran tan idiotas, ¿amarte, Ron?- un movimiento de varita y el pergamino que el sostenía quedo frente al rostro del pobre gryffindor, que estaba tan rojo como su cabello. Un segundo después, ella lo habia reducido a cenizas- tu peor defecto, Ronald, querido, fue nunca ser realmente consciente de tu propia insignificancia, ¿Qué creían, tu y Potter? Diganme, ¿creian que yo caería a tus pies y regresaría a ustedes para hacerles de niñera, como hice tantos años? Jamas. Tu, Ronald, eres estúpido como un troll, y tienes sus mismos modales. Eres mediocre, y de algun modo, eso te enorgullece. Siempre creías que todo debía serte dado, y te enojabas cuando no te ayudaba con tus deberes, claramente porque no tienes la capacidad para hacer nada por ti mismo. Eres un niñito de mama Molly, siempre corriendo a ocultarte en sus faldas cuando las cosas se ponen difíciles. Y tu Harry, Oh, Gran Salvador del Mundo Magico, estarías muerto desde primer curso si no fuera por mi, siempre corriendo tras de ti para salvar tu trasero. La leyenda del niño que vivió no es mas que un modo bonito de contar la historia del crio mas torpe y temerario del mundo que siempre corre a ponerse en peligro, haciendo que todo el mundo se sacrifique por el. Asi es como logras ponerte a salvo- el gesto de ella se endureció, ni rastro de la risa de hacia unos momentos- y aun asi, siempre me trataron como si se supusiera que yo solo hacia mi trabajo, como si yo tuviera que correr todo tipo de riesgos por ustedes, "Oh, Ron, eres mi mejor amigo" todo el tiempo, siempre poniéndote de su lado ante cualquier riña producto de vuestros caprichos, y "Oh, Hermione, eres como mi hermana" solo cuando podía ser utilizada para algun fin, verdad?- Ella suspiro. Ellos estaban estaticos, asustados ante el despliegue de furia que ella habia producido- por que alguien querria regresar a eso una vez que ha escapado de tal situación? Hermione Granger esta muerta. Era solo un palido reflejo de Hermione Gaunt. Era estúpida, apocada, sumisa e ingenua, tan acostumbrada al trato que le habían dado en esos colegios muggles en los que la llamaban "bicho raro" y la marginaban, que tomo las migajas que ustedes le dieron, las etiqueto de amistad y estuvo agradecida. Ella era patética, y me alegro de que este muerta. Yo soy Hermione Gaunt, y destrozaré a cualquiera que se interponga en mi camino, con mis propios dientes, de ser necesario- ella los empujo y se abrió paso hacia la puerta, dejando cinco atónitos pares de ojos mirando el lugar por el que desapareció, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Nunca habia imaginado que todo eso pudiese estar dentro de ella, carcomiéndola por dentro. Habia tanto rencor encerrado en ella que me recordó a mi mismo, cuando Lily se negó a perdonarme, dejándome solo y lleno de oscuridad, hundiéndome en el odio que no mucho después me haría portar una máscara de plata y tomar un camino maldito, hacia un destino del que no habia podido deshacerme, y que aun me tenia atrapado, tantos años después.
