Tras aquel día había dejado el tema a un lado de la misma forma que había tratado de olvidar lo sucedido, aunque eso fue bastante más difícil, pues al principio incluso desconfiaba de volver a meterme en la bañera con él, algo que tenía que hacer obligatoriamente ya que debía remojarme al menos una vez, claro que siempre manteníamos la distancia, por no hablar de que me había pedido perdón por hacerlo, algo que aprecié bastante, claro que como supuse aquella tranquila rutina no podía durar eternamente.
Era bastante tarde y yo aún seguía en la cama, siendo despertado únicamente por los rayos de sol que se colaban a través de la ventana, aunque aquel tranquilo despertar no duró demasiado, pues escuché la voz de Haru desde el baño, algo que al ser tan repentino realmente me alarmó, por lo que rápidamente me levanté y fui directo hacia el baño, que afortunadamente estaba justo al lado de mi habitación.
-¿Qué pasa? -Observé al tritón desde la cola hasta el cuello, no parecía tener ningún problema visible aunque nunca se sabía, por lo que dirigí mi mirada a la suya esperando una respuesta, claro que cuando haces eso esperas que la otra persona te esté mirando, y en este caso no era así, por lo que seguí su mirada que no iba a otro sitio sino a mi propia entrepierna, al parecer no había sido el primero en levantarme aquel día.
Traté de ocultar mi vergüenza por todos los medios, dispuesto a volver a preguntarle pues parecía no querer responder- ¿Haru? ¿Para qué me has llamado?- Esperé un poco más pero seguía sin responderme, parecía haberse quedado completamente bloqueado, o eso pensaba hasta que literalmente se me echó encima, dejando que todo su peso, incluido el de la cola me apastaran contra el suelo, y lo peor aún, Haru parecía completamente concentrado en lo que hacía, completamente ajeno a lo que le decía y eso me ponía los pelos de punta, pues por primera vez sentí verdadero miedo de aquellos ojos cuyo iris reflejaba un deseo helador...pero ¿de qué?
No tardé mucho en averiguarlo pues sus dientes, más afilados de lo que me pudieron parecer en un principio, se habían clavado en mi piel a la profundidad suficiente como para hacerme una herida, aunque aquello estuvo lejos de de ser doloroso, por alguna razón aquel mordisco fue...excitante, aquella erección la cual pensaba dejar que bajara sola solo se puso más dura, quedando completamente pegada al cuerpo ajeno aunque desgraciadamente aquel cuerpo no me era muy útil en aquel momento.
- H-Haru...estate quieto -No dejaba de moverse por encima mía, provocando toda clase de reacciones en mi cuerpo, hasta el punto de que tuve deseos de besarle, pero no lo hice, sabía que él no quería hacerlo y tuve que respetarlo incluso en aquel momento.
Entonces comenzó la verdadera tortura, mi erección compleramente aprisionada entre ambos cuerpos, de tal forma que no podía aliviarme hiciera lo que hiciese y mi cuerpo, completamente mojado por la humedad generada en aquella habitación más la que traía consigo la criatura que ahora se dedicaba a morder todo mi cuello, dejando unas marcas más que claras. En aquel momento, pensaba que realmente iba a comerme. Pero se detuvo, por alguna razón que desconozco detuvo aquellos mordiscos, cambiando sus dientes por una traviesa lengua que se paseaba por aquellas heridas, retirando la sangre que se aventuraba a salir se ellas, como si solo aquello ya le hiciera sentir mejor, aunque yo estaba lejos de sentirme así.
Se enderezó, ciertamente pensaba que por fin me iba a dejar en paz, que se iba a volver a su bañera y yo podría aliviarme en mi habitación pero una vez más estaba equivocado. Los mordiscos volvieron esta vez sobre mi camiseta, bajando despacio, provocándome un temblor incontrolable a medida que se iba acercando a aquella zona más que sensible, y por fin llegó.
Un mordisco, un único mordisco de aquellos dientes sobre mi sexo me hizo gemir como nunca lo había hecho. Mi pantalón desapareció, y con él lo hizo mi ropa interior, dejándome al descubierto de cintura para abajo con un tritón sediento de deseo entre mis piernas. Abrió la boca, vi como aquellos finos labios me envolvían completamente, sacándome mil y un suspiros con la simple caricia de estos. Lo sacó, empezó a envolverlo con su lengua, quedando único a esa parte de mí por un hilo de saliva que rápidamente eliminó con aquella misma lengua brindándome una vista fascinante.
No tardé demasiado en correrme, lo hice dentro de su boca y vi bajar toda mi esencia por su garganta, produciéndome una sensación extraña, y me abrazó, me abrazó con un cariño que pensaba que no podía darle a nadie, y por ello me atreví a preguntar de nuevo- Haru, ¿que ocurre?
Se separó de mí, mirándome a los ojos con un azul mucho más cálido que el que había visto antes y con una inocencia que te haría creer que jamás hubiera habido una pizca de deseo o excitación en ellos.
-Nada, solo tenía hambre, ayer no me trajiste nada- Serena, igual de serena que siempre era la voz que me hablaba, como si no hubiera ocurrido aquello aunque siguiera encima de mi.
Me limité a decir "ya veo" tratando de quitarle importancia, pues mi cabeza aún estaba nublada por el placer y el sueño del que había despertado pocos minutos atrás. Por lo que tras quitármelo de encima me puse en pie cogiéndole para devolverle a la bañera, la cual tuve que llenar de nuevo, claro que al inclinarme para poder llenarla nuestros rostros habían quedado cerca...demasiado cerca...cada vez más cerca...no, negué con la cabeza sujetando la suya para girarla a la vez que me separaba de él, aquello no estaba bien, pero sus ojos confundidos pedían una respuesta.
-Deberías lavarte la boca...no creo que eso sea sano- Se limitó a asentir con desilusión a la vez que yo salía del baño para ir a la cocina pasándome la mano por los mordiscos y sintiendo un escozor, un escozor que me hizo saber que aquello había ocurrido, que realmente acababa de rechazar sus labios.
"Idiota..."
