Gorrión y ganso 5
Tercer semana desde que Berthold había llegado y no sabía nada de él, el "sastre mentiroso" como había cambiado de nombre al personaje, no había vuelto a pasar por la tienda tampoco, y mientras más sanaban sus heridas más inquieto se sentía, le costaba mucho más dormir, la comida le producía nauseas y los deseos de ver a Berthold sin camisa como en muchos de sus sueños... perdería la cordura, si es que aún le quedaba algo de eso.
Contra su voluntad, pero sin resistirse había firmado algunos documentos, que ni siquiera sabía de donde los habrían robado, o como los habrían falsificado. Dijo que no cooperaria con ellos, pero sus deseos de ver a Berthold una vez más eran más fuertes, él suponía que su herida se había complicado, o quizás que lo odiaba a él y todos los alemanes lo suficiente para no volver a acercarse.
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-Reiner.- el rubio se dio cuenta, era la voz de Berthold al fin- te ves terrible...- se sentó junto a su cama como antes, como "siempre". Humedeció un trapo en un tazón de agua y comenzó a limpiar su brazo, a pesar que ya no quedaba ningún magullón o raspón sobre su piel.
-Berthold!- se preguntaba si era un sueño, por ese motivo colocó su mano sobre la del Judío y se sintió reconfortado al no despertar, entonces levantó la vista y vio esos ojos obscuros mirando a los suyos directo.- e-espera... ya no necesito ayuda con eso...
-claro... -dijo un poco desanimado- ...me enteré que acabaste dándonos una mano...-cambió de tema.
-no tenía alternativa... quería verte otra vez- sonrió quitando la mirada.
-Reiner
-es más, estaba preocupado de que odiases tanto a los alemanes que ya no quisieras volver a verme y decidieras con tus amigos deshacerte de mí
-preguntaste un par de veces por mi... ¿porque?
-también recé por ti, mucho. Bueno, no sé si ayuda, porque no se rezar en judío...- Berthold intentó mostrarse aprensivo, pero como Reiner no lo dijo con ninguna maldad se echó a reír, y fue música para los oídos del prisionero
-eso explica porqué mejoré tan rápido- dijo con su voz calmada y acarició el cabello del otro hombre, el rubio sintió su piel estremecerse y levantó la mirada, para encontrarse con los ojos del otro joven mirándolo - en realidad te ves muy bien...
-debo cortar mi cabello. Me gusta llevarlo más corto.-pasó su mano acariciando su pelo dorado.
-mañana podrás cortártelo en una barbería...- entonces entendió que lo sacaría de ahí. Aunque significaba también un adiós.
-preferiría que tú me cortes el cabello. Deben tener un par de tijeras por ahí...- Berthold volvió a su lugar, junto a Reiner y revisó la pierna herida- no es la pierna más bella que hayas visto?-dijo bromeando, pero nervioso de tener al otro hombre tan cerca, sus hormonas se disparaban y su mente suponía cosas inapropiadas todo el tiempo.
- no seas tonto...- comenzó a remover el entablillado, cambiándolo por otro. Menos aparatoso y cubriéndolo con vendaje algo tirante- además de cortarte el pelo podrás hacerte tratar esta pierna, lamento habértela dañado.
-hey, estaba molesto, se suponía que debía estar en Berlín por mi cumpleaños... -dijo algo sonrojado.
-oh, feliz cumpleaños Reiner...
-eso fue hace más de un mes...- dijo sin querer corregirlo y Berthold se sintió apenado-
-ya podrás festejar el siguiente, no te preocupes.
-lo festejaré el día que te conocí de ahora en adelante.- al notar el silencio, Reiner se apresuró a continuar algo nervioso- me salvaste la vida.
- "si tienes miedo es porque no estás seguro de que sea lo correcto" -repitió el más alto- ¿tienes miedo de regresar a casa? te imaginé arrastrándote hasta la carretera con o sin mi ayuda... y ahora me dices todas estas cosas...
-si me voy será genial, pero no sabré que fue de ti, y eso me importa mucho...
-que más da, Reiner, después de todo solo soy un judío igual al resto- Berthold intentó quitarle importancia al comentario de Reiner, porque esas palabras le confundían, más bien le aseguraban que esos sentimientos que tenía en el pecho eran verdaderos, a pesar que no debían serlo, o al menos no con un hombre y menos si era un SS. Reiner al escuchar esas palabras se mordió el labio hasta que juntó valor para decir una frase que sonaba torpemente
- eres la persona que mas me importa, eres la única persona que me importa.- dijo cada palabra con la vista en el suelo, el silencio de varios segundos le hizo maldecir por lo bajo- lo siento. No sé en que estaba pensando...- se agarró la cabeza con ambas manos. Los nuevos segundos de silencio eran aun más horribles que los anteriores.
-si tu sueño no se cumple, veámonos en el futuro...- dijo Berthold, Reiner se quedó sin aliento y levantó la vista para verlo, y el otro joven ahí, mirándolo con una sonrisa muy triste, casi conteniendo lágrimas.
El rubio había olvidado por completo que su "sueño" era incompatible con que Berthold se quedara en el país, o en cualquier otro sitio. Ese arco que formaba la sonrisa del joven alto le partía el alma, ¿acaso se burlaba de él?. Las manos de Berthold acariciaron despacio las de Reiner, este acabó sujetándolas con dulzura, ambos sintieron la piel quemarse hasta fundirse ante el tacto.
-yo quiero volver a verte siempre, te conseguiré algún boleto para que vayas a Suiza o Norteamérica, y puedas escribirme...
-Reiner, no me iré a ninguna parte, yo nací en Alemania, quiero quedarme, este es mi hogar... además en tu sueño debes tener una hermosa esposa y varios saludables niños... no habla en ninguna parte de un amigo que te escriba a diario...
-yo no quiero una esposa desde que te conocí...- lo miró sonrojado, y cerró el agarre en las manos del judío que también las sujetó con fuerza.- no quiero un sueño que no te contemple a mi lado. Pero ninguna realidad, ni en un millón de años aceptará el sueño que tengo en mente...- ante estas palabras Berthold lentamente acercó su cara a la del rubio, que también se acercó delicadamente hasta la boca ajena, estaban tan cerca que podían sentir las respiraciones acariciando sus rostros, sus ojos se cerraron en el segundo que acortaban la mínima distancia que los separaba. Sus labios se fundieron en un beso tierno, pero capaz de electrificar ambos cuerpos como una descarga de rayos, aunque se vio apenas como un roce, había dejado a ambos sin aliento, porque sus corazones casi explotaban de emoción.
Al separarse se quedaron mirándose a los ojos, sus manos aun sujetas.
-siempre será mi sueño- dijo Reiner decidido
-nada más que un sueño- le recordó Berthold soltando su mano despacio, mirando hacia afuera
- Reiner, pondremos un poco de peso sobre tu pierna, ya debió haber sanado, y debemos prepararnos para esta noche.
-aun no quiero irme...- bajó los pies y disfrutó al sentir la tierra entre sus dedos, y las manos de Berthold sobre sus hombros.
- ya estuvimos aquí demasiado tiempo, debemos mover el campamento y no podemos llevarte. Lo siento.
-me iré, pero solo si aceptas mi propuesta de irte lejos de todo esto.
-lo haré entonces- le cabeceó suavemente, habría tiempo para hacerle entender en otro momento. Ayuda a Reiner a pararse, sujetándolo con firmeza.
El rubio seguía sintiéndose asombrado de la fuerza de Berthold, se sostuvo sobre su pierna sana y apenas apoyó la otra, escuchaba como el otro joven le felicitaba y le explicaba cómo debía proceder con cuidado, esa voz pausada le daba toda la tranquilidad que necesitaba y ese agarre firme toda la seguridad.
-¿como podré localizarte para darte tu boleto?
- me quedaré en esta zona yo solo, esperándote a que regreses, no te preocupes por eso...- dijo concentrado en sujetar a Reiner.
Ninguno lo dijo pero había magia en ese momento, sus cuerpos estaban muy cerca, casi en un abrazo, con las caras casi juntas, y fugaces miradas. En un universo paralelo, en donde la música invadiera los ambientes sin necesidad de una radio, ellos parecerían una pareja normal bailando, pero no eran ni una pareja ni normales, eran dos enemigos naturales, uno de ellos intentando de aprender a andar nuevamente en su pierna.
-Berth, te gusta leer?- preguntó Reiner intentando de buscar algo que lo distrajera de mirar su tez colorida y su cabello negro, sus ojos de un marrón que parecía tan corriente y aun así nunca había visto unos tan hermosos.
-eh, si, aunque hace mucho que no leo nada nuevo... ¿te gusta leer Reiner?
-no realmente, confesó- moviendo la cabeza, el aliento de Berthold tan cerca le daba deseos de besarlo otra vez- pero me encantaría que me leyeses algo...
-leerte? espero que comiences a leer más seguido cuando comience a escribirte a diario... de lo contrario, no tendré respuestas nunca...
-si me canso de leer tendré la excusa para ir por ti.- se acercó a la cara de Berthold y lo besó, el otro hombre se sonrojó un poco, sería difícil dejarlo irse de su vida, pero desde un principio, solo quería verlo recuperarse y volar alto, esperaba haberle quitado la venda de los ojos, que pudiese liberase de ese corral en que lo habían puesto, como si solo fuese un ganso tonto -
-me parece lógico...- fue lo único que pudo decir, en su garganta se había formado un nudo y su boca se había puesto amarga, personas como él no tenían chance de hacer planes a futuro y estar seguros de siquiera tendrán vida para ese entonces.
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Se acercaba la hora, con inexorables minutos que corrían veloces para transformarse en minutos, y los minutos en horas, por desgracia para ellos, no pudieron pasar todo ese día juntos, el campamento de hecho se estaba desmontando, no era una labor difícil considerando que todo estaba montado sobre palos y atado con cuerdas, casi no quedaban provisiones y lasque quedaban eran fáciles de transportar. Desde su asiento de troncos y atado de las muñecas a este, Reiner veía por primera vez fuera de la tienda, la cual no existía. "el sastre mentiroso" se acercó con su uniforme en la mano y se lo dejó caer en el regazo.
-no puedo ponérmelo si estoy maniatado...- dijo en un tono que quiso que sonara arrogante, pero eso es difícil cuando estás en ropa interior, atado a un tronco
Y la otra persona te mira de pie.
-bueno, se acabó el espectáculo..-dijo sacando un trozo grande de tela, con el cual le vendó los ojos- no podemos dejar que veas a donde nos estamos moviendo.
-van a dejarme aquí desnudo?- ahora estaba ciego. Apretó los puños y chistó, pero el hombre solo hizo un suspiro sonoro y realizó otro nudo más en la tela.
-todos ya están listos...- se escuchó la voz de Berthold acercándose.- es su turno de partir...- Reiner escuchó decirse algunas cosas en un idioma que no reconoció, hebreo quizás, y luego unas palmadas un abrazo muy fuerte seguro. Sonaba muy parecido al abrazo que su padre le había dado la ultima vez, partiendo hacia el cuartel después de unos días libres.
Unos pasos se alejaron y los de Berthold se acercaron más, entonces sintió como levantaban el uniforme de sus piernas. Y como desataba sus muñecas de aquel tronco. Ese silencio era incómodo, pero el rubio no se atrevió a romperlo, hasta que sintió una gota de agua en su rodilla.
-Berth, estás llorando?- levantó las manos, tras un par de intentos encontró la cara del joven más alto, mojándose la palma con algunas lágrimas.- ...- intentó bajarse la tela que le cubría la visión, pero Berthold no le dejó hacerlo, ya que con cuidado le sujetó la mano y la regresó a su lugar original.
-es solo que no quiero verte con este uniforme horrible...-
-es solo eso?- Reiner sintió que esas lagrimas no podían ser solo por su ropa.
-y lo dices como si fuese poco...- Reiner estaba por contestar, pero casi pierde el equilibrio cuando Berthold le coloca el pantalón y se lo sube hasta las rodillas, abrochándolo mientras elige las otras palabras- me gustaría arrancarte de todas esas personas horribles... que no hagas todo lo que hacen...- el alemán no había pensado en eso, y no supo que responder, solo sintió como Berthold le colocaba la camisa y se acercaba para meter cada botón en su ojal.
Reiner aprovecha ese momento para sacarse la venda de los ojos, Berthold parece no haberlo notado, mientras termina de abotonar la camisa, él aprovecha y toma lacara húmeda de su querido entre sus manos y lo besa, simplemente no quiere soltarlo, y lentamente el otro se deja besar, haciendo que la sorpresa pasara rápidamente a un manso consenso.
La serie de besos fue cálida y no muy profunda, era como si se acariciaran el alma suavemente, era un espejismo dulce como la miel. Los dedos largos de Berthold terminaron su tarea, y comenzaron acariciar los hombros anchos de Reiner, extrañaría todo de él. A su vez el alemán tenía el cuerpo de Berthold contra el suyo, ya había tenido a algunas muchachas de esa forma, pero nunca le habían significado nada, en cambio ahora, en un momento así todas esas estúpidas charlas de enamorados que tenían sus compañeros tenían sentido, todas esas canciones que se oían en la radio... Berthold le había dado sentido a muchas cosas en su vida.
Cuando dejaron de besarse, Reiner alzó su chaqueta y se la colocó , se sentía tan extraño teniéndola puesta y al lado de Berthold, prendió los botones y tomó aire, sacándole algunas pelusas al atuendo. El otro joven estaba ahora sentado en el suelo. Y no le dirigía la mirada.
-Berth... Yo- Reiner se rascó la nuca.
-todo va a salir bien- se acercó y le acomodó el cuello de la camisa, que había quedado revuelto después de sus besos, y también el traje, que lamentablemente se veía esplendido en la fisonomía del rubio.- tu vida volverá a ser la misma, cómo si este mes jamás hubiese ocurrido.
-no quiero que eso pase... este mes ha sido mi mejor obsequio de cumpleaños.
-Reiner... dime "todo va a salir bien" y sujeta mi mano... - la mano de rubio sujetó la suya y mirándolo a los ojos repitió cada una de esas palabras.
-todo saldrá bien. Berth
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juntos pasaron un par de horas apoyados contra un árbol, Berthold releyendo un libro casi de memoria, disfrutando de como Reiner le miraba mientras lo hacía, y el Alemán se sentía en un estado de ensueño, escuchando esa dulce voz grave, mirándolo atentamente, sus ojos marrones parecían revivir cuando acariciaban las letras que leía, y su piel de un ligero tono oliva se hacia increíblemente tentadora de acariciar, su nariz le daba carácter a su rostro, y el lóbulo de su oreja se veía sumamente masticable... no parecía un cuerpo inferior en lo absoluto, parecía una descarada obra de arte, que despertaba todos los sentidos a la vez.
La ensoñación de Reiner acabó cuando sintió el ruido de una página arrancándose. Y vio a Berthold arrugar el pedazo de papel en su mano.
-que paso?
-nada, solo... que ya está obscuro, deberíamos comenzar a movernos...- le ofreció el libro, Reiner lo guardó en uno de los bolsillos frontales.
...
Fin del capítulo 5
Si bien el fic estaba pensado para tener solo 5 capítulos, la descripción de ciertas cosas estiró un poco esa idea, so... serán 6 capítulos, mi mayor problema radica en que no quiero acabar este fic xD de ser por mi lo haría eterno
