¡Hola! Bueno, aquí les dejo el segundo capítulo de esta historia, que hace un buen tiempo que no la actualizo. Espero que sea de su agrado ^^.
¡Disfrute de la lectura!
Importante: Fic inspirado por 'Tempest' de kaiserklee ( s/9972423/1/Tempest)
Disclaimer: Frozen NO me pertenece, sólo a Disney y sus asociados.
Honor
Por E. Waters
Capítulo II
Todas las noches, desde que el barco había zarpado rumbo a Arandelle, que la reina Elsa, la egoísta, caprichosa y egocéntrica reina Elsa, o al menos eso Anna pensaba de ella, la visitaba todas las noches, justo, casi como si usara un reloj para ello, cuando ella estaba a punto de dormirse, repitiéndose siempre la misma rutina, una que dejaba muy confusa a la princesa de Lantz.
-Buenas noches, Anna.-
Y como siempre, la chica de ojos azul hielo besaba el rostro de la joven, muy cerca de sus labios.
La muchacha de ojos verde azulados, se preguntaba una y otra vez que por qué la reina Elsa-o secamente Elsa, como ella misma se lo había pedido.-, la quería junto a ella, en el reino de Arandelle… y más aún, que por qué la trataba de esa forma.
Finalmente el barco arribó en las costas de Arandelle, siendo ya medio media. En verdad, Anna esperaba que fuese Elsa fuese a buscarla, pero en vez de eso entró un chico corpulento y muy rubio, a su habitación.
-Kristoff Anderson, a sus servicios, princesa Anna.-
La chica miró algo desconfiada, más que nada porque ese tal Kristoff era sirviente de… Elsa, no porque tuviese algo personal contra él, sino más bien porque era de Arandelle, y a ojos de la joven, todos los pertenecientes a ese reino eran iguales a su reina.
-¿Te ha enviado tu soberana, verdad?-
-Así es, princesa. Sepa que usted es considerada como una verdadera libertadora, después de todo, fue gracias a usted que la guerra finalizó.-
-Gracias… supongo.-Dijo Anna, no sabiendo muy bien qué decir.
-La reina me ha pedido que la lleve al castillo… Pero antes, tome.-Y Kristoff le tendió un paquete a la joven.-Es un vestido nuevo.-
-De acuerdo.-Anna internamente, le agradeció a Elsa el gesto, puesto que su vestido ya estaba sucio y feo.
-Yo la estaré esperando afuera del barco.-Y dicho esto, el tal Kritoff hizo una reverencia y salió de la habitación.
Anna abrió el paquete, y se encontró con un precioso vestido color verde esmeralda, el cual seguramente haría juego con sus ojos. Se aseó como pudo, y se colocó el vestido, amarrándose el cabello le mejor posible.
Cuando salió del barco, se encontró con un gentío que lanzaba vítores en honor a ella.
-¡Larga vida a nuestra salvadora, la princesa Anna de Lantz!-
Decían las voces. Y es que tal y como Kristoff había dicho con anterioridad, fue gracias a ella que la guerra había finalizado, al ser escogida por la reina Elsa como 'intercambio' por la paz de ambas tierras. Anna, entonces, sonrió como pudo, y se dirigió hacia Kristoff, quien le esperaba con un carruaje.
-¿Y Elsa?-Preguntó Anna, más que nada por mera curiosidad.
-La reina ya descansa en sus aposentos, pero me ha dicho que apenas usted llegue al palacio, tendrá una reunión con ella.-
La chica asintió, y su corazón se oprimió en el acto. ¿Qué se podía esperar de esa tal Elsa de Arendelle?
Durante todo el viaje, la joven trató de distraerse mirando a través de la ventanilla del carruaje, encontrándose con gente que sólo la quería ver a ella. Ciertamente, y aunque tal vez no debía sentirse de tal forma, Anna se sentí feliz de ver a esa gente tan contenta.-De seguro que en mi reino natal, pasa lo mismo.-Pensó.
El carruaje se estacionó entonces a las afueras de las inmensas rejas del castillo, las cuales sea abrieron al ver como el carruaje se acercaba.
La chica se bajó del carruaje, y escoltada por Kristoff, se encaminó hacia la entrada del palacio, estando más nerviosa y ansiosa que nunca. ¿Qué le pediría esa malvada reina a ella?
-La reina la espera en la segunda habitación hacia el lado izquierdo.-Le informó un paje, el cual resguardaba la entrada al palacio. Anna asintió, y con mucho temor acumulado en el pecho, pero llena de la más inmensa bravura, ella caminó según las instrucciones del paje.
Una vez que se encontró frente a la puerta indicada, ella tocó suavemente la puerta.
-Pase.-Escuchó la princesa, a lo que ella entró de forma prudente y pausada.
Y allí estaba ella, a solas con la horripilante reina Elsa. Anna empuñó con fuerza sus manos, al punto que sus nudillos se pusieron blancos, y avanzó de forma valiente hacia la joven de ojos azul hielo.
-Princesa Anna, ¿qué le ha parecido Arandelle, hasta ahora?-
-¿Qué que me ha parecido el reino, que gracias a él toda mi gente sufrió de hambre y violencia? Pues es más civilizado de lo que esperaba.-Dijo Anna, casi escupiendo con sus palabras.
-Se acostumbrará, Anna, se acostumbrará.-
-Elsa.-Dijo entonces la muchacha pecosa.-¿Qué pretende, con traerme a este reino? ¿Sólo quería regocijarse ante la tristeza de mis padres, hermanos y mi gente?-
-Por lo veo, Anna, no lo recuerdas.-
-¿Qué cosa, Elsa?-La voz de la joven era dura, tajante, molesta.
-Yo tenía diez años, tú unos siete u ocho…-
-¿De qué hablas?-
-De nuestro primer baile.-
-No lo recuerdo.-
Pero la verdad, es que ahora que lo mencionaba, sí unas imágenes pasaban de forma desordenada en su cabeza, pero ella se negaba rotundamente a recordar. ¿Para qué?
-Ya te acordarás…-Y una peculiar sonrisa se dibujó en delgados y rojizos labios de la reina de Arandelle.
Y esa sonrisa, por alguna razón, provocó algo en su estómago. Sin embargo, su tozudez podía más, y muy altiva se quedó la princesa mirando a la reina, a los ojos, como si quisiera desafiarla en el acto, cosa que Elsa no entró en ese juego.
-Sé directa conmigo, ¿para qué me quieres?-
-Simplemente, quiero que estés a mi lado.-
-¿A tu lado?-Anna confundida alzó una ceja.
-Exacto, Anna, conmigo…-Elsa se acercó a la chica, y le acarició con su mano derecha, la mejilla izquierda de la princesa.-Y como tu reina, te exijo completa fidelidad.-
-No entiendo.-O tal vez era, que ella no quería entender.
Y fue entonces, cuando sucedió lo inesperado para Anna. La muchacha de cabellos platinados, cogió el fino mentón de la princesa, sólo para después posar sus labios, esos fríos labios, sobre los cálidos de la joven.
Nunca, nunca ella había sido besada por nadie, absolutamente nadie… Es más, ella muy romántica, durante años fantaseó que cómo sería su primer beso, e imaginaba, por supuesto, que un apuesto príncipe se lo daría, y no una reina, ¡una mujer, por Dios!, tal y como estaba sucediendo ahora mismo.
Pero no pudo negar, ni siquiera para sí misma, que algo se removió en su vientre. Cuando de forma impulsiva, Anna estuvo a punto de responderle el beso, fue Elsa que lo interrumpió, alejándose con una astuta sonrisa en su pálido rostro.
-Puedes irte a dormir, Anna.-
La chica algo aturdida, aceptó y de forma casi automática se dirigió a la puerta de la habitación, la cual la reina Elsa la usaba como oficina. Una vez que estuvo afuera del cuarto, el rostro de la princesa enrojeció, al punto de parecerse al color de su cabella.
Se dio cuenta, sólo después de unos instantes, lo que Elsa había hecho con ella, y peor aún, lo cerca de que ella había estado de corresponder aquel beso.
Siendo así, y sin aún poder recuperarse de la impresión, el chico corpulento que la ayudó cuando estaba embarcada, caminó hacia ella.
-La reina Elsa me ha comunicado, que la acompañe a sus dependencias, las cuales estarán junto a las dependencias de la propia reina.-
En todo el trayecto hacia su nuevo cuarto, la muchacha permaneció en completo silencio, aún estupefacta por el beso, su primer beso. De esta forma, Kristoff dejó a Anna frente a una inmensa puerta, hizo una inclinación con la cabeza, y desapareció entre el inmenso pasillo del lugar.
La muchacha ingresó entonces a su nueva habitación, y se lanzó de inmediato sobre la cama, y lo único que atinó a hacer fue llorar. Estaba lejos de su hogar, en un reino que la consideraban casi como una heroína… y con una reina de perversas acciones.
Aún con lágrimas corriendo por sus ojos, la joven se levantó de la cama, se deshizo como pudo el vestido, y se colocó el camisón de dormir, el cual se encontraba debajo de la almohada de la que ahora era su cama. Cansada, la chica abrió las cubiertas de la cama, y se tapó hasta la cabeza.
Lloró siendo así, hasta quedar dormida, y en sus sueños habían imágenes sueltas, pero todas ellas con un protagonista en común, una joven alta, muy esbelta de cabellos platinados y unos enormes ojos azul hielo.
Al día siguiente, la reina Elsa no podía evitar sonreír de manera triunfal, mientras estaba en su típica reunión semanal junto a todos sus ministros. Como era de esperarse, la muchacha estaba sentada de cabecera, y en los costados de la mesa los funcionarios principales de su gobierno, uno constitucional.
-La aprobación a su gobierno, reina Elsa, se ha incrementado de cuarenta y tres por ciento, que era el número cuando estábamos en guerra, a uno noventa y dos por ciento.-Decía contentísimo el ministro de relaciones públicas.
-Sí, y ahora tenemos tratados de libre comercio, con todos los reinos del Norte.-Dijo el ministro de economía, evidentemente entusiasmado.
-Debo admitir, reina Elsa, que tener a la princesa Anna como rehén, fue una brillante idea.-
-Ella no es mi rehén, ministro Morgen, ella es mi invitada.-Corrigió Elsa, algo molesta.
-Como sea.-Insistió el ministro Morgen.-Gracias a ella que los reinos del Norte han cedido ante nuestras ambiciosas peticiones, todo porque las cuñadas de los reyes, son las hermanas de la propia princesa Anna.-
Todos los ministros asintieron, ignorantes de las verdaderas intenciones de su reina.
Y es que la reina Elsa no quería a Anna por un mero interés político-estratégico. La reina Elsa quería a Anna, la quería de un modo romántico, amoroso. Si bien, la joven no estaba segura si era un amor verdadero, sí estaba segura que lo que más quería en esos momentos era tener a Anna junto a ella, y hacerla suya… solamente suya.
Después de acabar la reunión, en donde todos concluyeron que la idea de 'invitar' a la princesa Anna al reino, había sido una idea más que brillante, Elsa mandó a llamar a Kristoff.
-¿Si, reina Elsa?-
-¿Cómo está la princesa Anna? ¿Se levantó? ¿Ha desayunado bien?-
-Bueno, la verdad es que aún no sale de sus dependencias.-
-¡Pero si es muy tarde!-
-Lo sabemos, pero como usted dijo que no la molestáramos…-
-Está bien, Kristoff, gracias.-
La muchacha, de esta forma, se encaminó hacia la habitación de la otra joven, y con suavidad tocó la puerta de la habitación de la chica.
-¿Puedo pasar?-
Al no haber respuesta alguna, y ya habiéndolo intentado más de tres veces, la muchacha decidió tomar las riendas por el asunto, y abrió la puerta del cuarto de Anna.
Lo primero que vio Elsa, fue un bulto sobre la cama, totalmente cubierto hasta la cabeza. El bulto era claramente Anna, y hasta donde estaba ubicada la reina de Arandelle, ella podía escuchar con claridad el llanto de la joven.
Si bien, ella pudo haberse compadecido de la joven, no lo hizo; Ahora mismo, Anna de Lantz era suya, y ella, por muy caprichoso que llegase a sonar, la chica se quedaría junto a ella hasta cuando para la propia Elsa fuese pertinente. Sin embargo, ella no pretendía tratar mal a la muchacha, después de todo, la joven era una princesa, de noble y alta estirpe.
Siendo así, la chica se acercó a paso lento hacia la cama de Anna, y una vez que estuvo frene a ella, posó suavemente su mano sobre la cabeza de la joven de cabellos cobrizos.
-¿Anna?-Susurró suavemente la chica.
-N-no me toques.-
Elsa descubrió a la otra muchacha por completo, descubriendo la frágil figura de la princesa de Lantz, totalmente en posición fetal, sollozando en el acto.
-Lo siento, pero si te he traído hasta aquí es para estés junto a mí, no para que llores como una niña pequeña.-La voz de Elsa sonaba dura, pero se dio cuenta demasiado tarde.
-¡Déjame en paz!-Gritó Anna, y se dio la media vuelta, para así no encarar a la chica.
La muchacha mayor, aunque se mantuvo con una expresión estoica en su cara, esa que siempre colocaba, por dentro se despedazaba, al ver a la otra chica en tal situación.
-Está bien, por ahora te dejaré tranquila, pero recuerda de por qué estás aquí.-
Y dicho esto último, la reina de Arendelle abandonó los aposentos de Anna, con la esperanza de que cambiase la percepción que la princesa tenía sobre ella…
Continuará…
¡Si es posible, dejen review! Como ya he dicho con anterioridad, me sirven de mucho para inspirarme =). Otra cosa, trataré de subir capítulo todos los sábados (sip, esta fue una ocasión especial).
