Lo sé, he demorado semanas y semanas en publicar un nuevo capítulo... pero ya está aquí ^^. Pido disculpa a mis lectores, pero como he dicho por interno, estoy trabajando en dos novelas originales. Como sea, procuraré publicar capítulos más seguido.
¡Disfrute de la lectura!
Importante: Fic inspirado por 'Tempest' de kaiserklee (s/9972423/1/Tempest)
Disclaimer: Frozen NO me pertenece, sólo a Disney y sus asociados.
Honor
Por E. Waters.
Capítulo III
La vida de Anna en Arendelle, era muy cómoda, y es más, era tratada como una princesa, cosa que realmente era así en su reino.
Desde hace algunos días atrás, que no había visto a Elsa, o al menos no a solas. Siempre estaba Kirstoff u Olaf, un amable sirviente del inmenso castillo, o bien, algún que otro paje o guardia que estuviesen presente en las horas de comida. Y la muchacha de ojos verde azulados, no sabía muy bien si eso le agradaba o no.
Ella podía sentir la mirada azul hielo de Elsa sobre su figura, pero cuando trataba de alzar sus ojos y chocarlos con la vista de la reina, los ojos de ésta ya no estaban sobre ella, casi como si se tratase de un juego.
Un juego que ciertamente, estaba cansando a Anna.
-Kristoff, ¿tú has estado desde siempre el castillo, no?-
El muchacho se había convertido prácticamente en la única compañía de la princesa de Lanntz, orden de la mismísima reina de Arendelle.
-Así es, princesa.-
-Entonces, ¿conoces bien a Elsa, no?-
-Se podría decir que sí.-
-¿Por qué crees que me recluye?-
Los ojos marrones del chico, miraron con gentileza a Anna.
-Los asuntos del corazón, princesa, son muy misteriosos.- Y dicho esto, el joven se dirigió hacia la puerta de la adornada y amplia habitación de la muchacha.
Anna, siendo así, se quedó completamente sola. No lo comprendía, no lo entendía, pero tampoco es que quisiese realmente hacerlo. Por supuesto, era más fácil decir que la reina era un ser despiadado, vil y por lo demás cruel, que la había sacado de Lanntz por mero capricho, alejándola de su gente en el acto.
La odiaba. La odiaba. La odiaba.
De pronto, la puerta de su habitación se abrió de forma lenta y sigilosa, cosa que la joven no notó, hasta sentir una sombra sobre ella. Lenta, muy lentamente, la muchacha alzó la mirada, y a diferencia de aquel juego, esta vez sus iris se conectaron con los ojos de la otra chica.
-Anna.- Dijo Elsa, agachándose hasta la altura de la otra muchacha.- Es hora de que hablemos.
-¿Qué?-La voz de ella cada era vez más y más fuerte.-¿Acaso quieres aprovecharte de mí?
-Anna.-Elsa suspiró.- ¿En serio no recuerdas nada?
-No sé a qué te refieres.-
-Fue hace diez años atrás… Arendelle daba el baile invernal, y el reino de Lantz, el que en ese entonces estaba en buenos términos con Arendelle, estaba cordialmente invitado. Por supuesto, Hans era el apropiado para bailar conmigo, pero…-
Los ojos de Anna se abrieron mucho, y escenas sueltas comenzaron a aparecer en su cabeza… una hermosa niña de cabellos rubios platinados, la cual fue la única persona quien le prestó atención.
-Yo lo hice.-Finalizó la otra joven.
-Anna, yo… sólo quiero una oportunidad contigo. No te forzaré a nada…-
Y seguidamente, la mayor de ambas chicas, tomó con delicadeza el mentón del pecoso rostro de la princesa, y depositó un helado y frío beso en sus labios, beso el cual contradictoriamente era cálido y estaba lleno de calor.
Era demasiado excitante, era demasiado delirante, era demasiado eufórico. Toda esa combinación de emociones, hizo que Anna abriese la boca, dándole la bienvenida a la lengua de la reina. Aspiró ella aire fuertemente, con la respiración sumamente agitada, debido al remolino de emociones que estaba sintiendo.
La necesitaba.
No se sabía con exactitud quién era la más necesitaba, pero estaba claro, a juzgar por las acciones de ambas muchachas, que se necesitaban, y con urgencia…
Mientras Elsa estaba completamente segura de lo que estaba haciendo, siempre pensando fríamente, Anna sentía mareos y la mente completamente nublada, dejándose caer en los brazos de la reina como una muñeca de trapo.
La joven de ojos de azul hielo, desprendió sus gélidos labios de los palpitantes de Anna, dándose cuenta para su gran sorpresa, que los ojos de la princesa estaban cerrados, y que su respiración de a poco volvía a su natural ritmo. Elsa besó la frente de la joven, y la dejó sobre su lecho.
-Al menos ahora recuerda lo del baile.-Pensó la reina, la cual tenía otras razones más, aparte de su inevitable atracción hacia Anna, como para haberla despojado así nada más de su reino natal.
Al día siguiente, Anna estaba abrazada de su almohada.
-Uhm… Elsa…- Dijo ella, aferrándose más aún a la almohada.
-¿Elsa?-Los ojos de la muchacha se abrieron mucho, dándose cuenta de forma consciente de lo que estaba diciendo.- ¡Elsa!-Y cubrió por completo sus labios, con su mano.
Observó a todas partes, como tratando de deducir que qué había pasado, y se dio cuenta como se aferraba a la almohada, a la cual ella tan amorosamente había llamado 'Elsa'.
Lo primero que vino a su cabeza, fue el rostro de la otra joven, contándole lo del baile, al momento siguiente… El rostro de Anna se volvió rojo hasta la raíz del cabello. ¡Se habían besado, al igual que la otra vez!
Pero había algo diferente en ese beso, porque quiera ella reconocerlo o no, Anna había correspondido, y hasta disfrutado del beso. Sí, lo recordaba a la perfección, como Elsa invadía su boca, como Elsa había sostenido con delicadeza su mentón… pero ¿qué había pasado con Elsa, porqué ella no estaba allí?
-¿Y qué me importa a mí si Elsa está aquí o no?-Pensó la muchacha, como enojándose consigo mismo, debido a su repentino interés en ella.-Además, no es que tampoco fuese tan buena besando… aunque claro, sólo la he besado a ella…-
¿Cómo sería besar a alguien, que no fuese Elsa?
-Anna, ¿todo está bien con tu comida?-
-¡Claro!-Respondió a ella a Elsa, sonrojándose y sin pudiendo evitar mirar los labios de la reina, en vez de mirarle a los ojos.
-De acuerdo, cuando termines de merendar, tú y Kristoff me acompañarán a los jardines, quiero inspeccionar que todo esté bien para el baile.-
-¿Baile?-Los ojos de Anna se abrieron mucho.
-Sí, pero en un par de meses, pero como sabrás, soy muy cuidadosa con todos los detalles, hasta el más ínfimo.-
-Oh, claro.-
De esta forma, y apenas que Elsa y Anna terminaron de merendar, mandaron a llamar a Kristoff, que estaba en las caballerizas, para que éste los acompañase a ambas jóvenes.
En todo el trayecto, tanto Kristoff como Elsa, estaban adelante hablando cuestiones varias sobre el oficio del muchacho, mientras Anna se encontraba detrás de ellos, a unos cuatro o cinco pasos de distancia.
-Bien, yo me adelantaré un poco, necesito hablar con el cuidador de los pinos… Kristoff, Anna, ustedes pueden descansar aquí.
Elsa entonces caminó hacia la derecha, y en cuanto Anna se encontró a solas con el muchacho, no pudo eludir su pensamiento, el que surgió en la mañana antes de siquiera levantarse.
¿Cómo sería besar a alguien que no fuese Elsa?
Miró entonces a Kristoff de reojo, él cual estaba muy distraído mirando el cielo. Al pensar la opción de probar besar al chico, otra vez el pecoso rostro de Anna enrojeció. Aquel criado, si bien no era directamente guapo, como su hermano Hans, si tenía algo de atractivo…
-Hey, Kristoff.-
Dijo la princesa, no estando muy segura si sería muy buena idea, de lo que iba a hacer ahora. Pero Elsa le estaba lejos, así que… ¿pero, qué le importaba tanto que Elsa los mirase?
-¿Si, princesa Anna?-
Y sin pensárselo ni una sola otra vez, y aprovechando que la cabeza del muchacho estaba ladeada hacia su dirección, Anna se arrojó a sus brazo, lo rodeó del cuello, y le plantó un beso al joven sus labios, tratando de que éste abriese la boca.
Aparentemente, el muchacho estaba disfrutando del beso, pero Anna…
Nada. A la princesa no le pasó absolutamente nada, por lo cual rápidamente se deshizo del beso.
Giró entonces su rostro hacia el frente, y fue cuando vio la desencajada cara de Elsa.
-¡Elsa!-
Gritó la muchacha, levantándose rápidamente del pasto, en donde estaba sentado Kristoff algo anonadado con el beso.
-No ahora, Anna.-
-Pero, yo te puedo explicar…-
-Ahora no.-Y la reina miró con una frialdad inmensa a la otra muchacha.
-Reina…-
-Kristoff, vuelve a tus tareas.-
-Si hay algún culpable…-
-Por favor, sólo déjenme sola.-
Y la figura de la reina de Arendelle, se perdió entre el largo pasillo que conectaba los inmensos jardines del inmenso castillo de Arendelle, con el castillo mismo.
-¿Anna?-
Dijo el joven, pero era demasiado tarde; Anna ya estaba corriendo lo más rápido posible hacia donde Elsa se había dirigido. El chico soltó un suspiro, y se rascó en la nunca, no sabiendo muy bien cuál era su papel es esa delicada y complicada situación.
-¡Elsa! ¡Elsa!-
Y fue cuando el hielo comenzó a inundar el castillo. Aún así, eso le importó poco y nada a la princesa, la cual hacia sus mejores intentos por no caer resbalada en el piso. Era una tarea difícil, pero haría lo que sea necesario, como para hablar con Elsa.
Justo cuando las puertas de la habitación de la reina se iban a cerrar, ya consumidas por el hielo, Anna logró llegar antes que se cerrasen de forma definitiva.
-¡Elsa!-
La mujer se dio media vuelta, y se encontró con la angustiada mirada de la muchacha. Los ojos de la joven, estaban más helados que nunca, muy diferentes a esos ojos que la miraron la noche anterior, cuando ella había besado tan delicadamente a la princesa.
-¿Amas a Kristoff?-
-¡Claro que no!-
-¿Entonces por lo que lo has besado?-
-Yo… sólo quería probar… y..-
-Ya me ha quedado clara, tu filosofía de vida, Anna.-
Y tras decir esas últimas palabras, casi en un cruel y herido siseo, la reina cerró las puertas, y una helada ráfaga de hielo invadió todo el sector.
Y entonces, la muchacha de rostro pecoso, comenzó a llorar y a llorar. Las lágrimas saladas recorrían por su cara, y la lengua de la joven probó lo saladas que éstas eran. Al igual que Elsa, cerró las puertas de sus aposentos.
Lo bueno de todo esto, fue que Anna logró meditar y recapacitar sobre el asunto.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
¿No sería acaso, que ella había comenzado a desarrollar sentimientos por la propia reina Elsa?
¡Pero eso no podía ser! ¡Ella era mala reina Elsa… no su… su…!
Tocaron entonces la puerta de su habitación, y esperanzada bobamente con que fuese la reina de Arendelle quien tocaba, ella la abrió rápidamente, encontrándose para su desilusión con Kristoff… sencillamente Kristoff.
-¿Qué haces aquí?-
-Quiero hablar con usted, princesa.-
-Pues yo no tengo nada que hablar contigo.-
-¿Por qué me besó?-
-Eso no te incumbe, eres un simple sirviente.-Dijo Anna, no pudiéndose medir sus palabras, con el humilde chico.
-Pensé que usted era diferente… princesa.-
Y el dolido Kristoff se dio la media vuelta, y se encaminó hacia las estancias de empleados. Fue cuando Anna reaccionó, y se dio cuenta que cómo había tratado al único con el cual podía confiar, en todo el castillo.
Cuando tocó la hora de cenar, Anna bajó hacia el gran comedor del castillo, esperanzada de que Elsa también bajase a cenar… y es que ella era tan adepta a las normas, rutinas y reglas, que de seguro que se encontrarían.
Sin embargo, cuando se sentó en su puesto respectivo, se encontró sola, solamente acompañada con los guardias y los respectivos sirvientes.
-¿Y la reina Elsa?-
-Ella no se siente bien, princesa, por lo cual cenará en su oficina.-
-Oh, entiendo.-
Aquella fue la peor cena en toda su estancia en Arendelle. Incluso más desdichada de la primera, cuando recién se estaba adaptando al castillo al que sería en adelante el reino en donde ella viviría.
Una vez que finalizó aquella desolada cena, Anna de inmediato se levantó de la mesa y en un acto de bravura y se dirigió hacia donde estaba Elsa, o sea, la oficina. Tocó con suavidad la puerta, y no obtuvo respuesta alguna.
Tocó otra vez, sin contestación.
Y la tocó otra vez más, y nada ningún sonido emitido.
-¿Elsa?-
Susurró la princesa, aguantando las inmensas ganas que tenía de llorar.
Ahora estaba sola. Y lo peor de todo, era que todo por su culpa, por su curiosidad, por sus ganas de probar que la reina de Arendelle no significaba nada para ella, cosa que en la práctica no era así, en lo absoluto.
Al otro lado de la puerta, se encontraba la propia Elsa, la cual estaba acurrucada en la entrada de su escritorio de trabajo, sólo rodeada con hielo, frío y mucha, pero mucha nieve, a la vez que su corazón se endurecía.
Sin dignarse a responderle a Anna, se mantuvo bien callada, hasta que sintió que los pasos de la muchacha desaparecían entre los pasillos del castillo.
Dolía, de una forma tremenda dolía.
Y es que ella había cometido el gran error, en que creer que ese beso, el mismo en donde su invitada había quedado dormida en sus brazos, las cosas habían cambiado… y bueno, tal vez sí fue así, pero con un cambio en lo absoluto positivo, tanto como para tres partes inmiscuidas en el asunto.
Y la nieve cubrió a Arrendell aquella noche, demostrando la inestabilidad de su fría y gélida reina.
Esa misma, a la cual había hecho trizas, su corazón de hielo solido.
¡Envíen reviews! Eso sería genial, y bueno... como siempre digo, me animan y me inspiran a seguir con la historia :).
