Lo sé, he tardado mucho en subir el tercer capítulo de este fanfic... pero, ¡ya ahora está! Espero que les agrade el capítulo, que es más bien un conector a los otros capítulos.

¡Disfrute de la lectura!

Importante:Fic inspirado por 'Tempest' de kaiserklee (s/9972423/1/Tempest)

Disclaimer: Frozen NO me pertenece, sólo a Disney y sus asociados.


Honor

Por E. Waters

Capítulo IV

Anna estaba desesperada, o tal vez, más que desesperada. Habían pasado casi dos semanas después que se lanzó a los brazos de Kristoff y lo había besado de esa forma tan impetuosa, impulsiva, y por qué no también, hasta caprichosa… todo para probar cómo era besar otros labios, que no fuesen los de Elsa.

-¡Aigh!- y por quinto vez en ese día, se dio vuelta a las afueras del escritorio de la reina, como intentando de juntar la bravura necesario para enfrentar otra vez a Elsa.

Pero sencillamente, no podía hacerlo. ¿Cómo no, si después de todo, ella poco menos había trisado el llamado 'corazón de hielo', de la reina de Arendelle? ¿Y, ¡oh!, qué pasaría con ella desde ahora? Porque claro, la reina sólo la quería para eso, y nada más, ¿no?

En vista que Kristoff, el cual era su único cercano en el palacio, Anna entonces empezó a buscar otras personas con las cuales hablar, y en su búsqueda encontró al simpático paje Olaf, el cual incluso era más antiguo que Kristoff en el palacio, estando trabajando allí desde de que Elsa era prácticamente era una bebé.

-Ella me odia, me odia, Olaf.

-Ya se le pasará, princesa Anna… si la reina Elsa se caracteriza por algo, es por extremadamente benévola y piadosa… además, lo suyo debe de ser amor verdadero.

-¿Amor verdadero?

-Así es, mi querida princesa…- los negros ojos de Olaf, miraron con calidez a los ojos azules verdosos de Anna.- Si me disculpa, me debo retirar, tengo muchas cosas que hacer.

Y Anna se quedó entonces al frente a la puerta, y cuando estuvo a punto de tocar esta misma, pudo oír como habían numerosas voces en el despacho de Elsa. No pudiendo eludir la curiosidad, la chica apegó su oído derecha a la madera de la puerta.

-El reino de Lanntz reclama a su princesa, reina Elsa.

-¿Y cuál es la razón, del cambio de opinión del rey?

-Es que… no fue el mismo rey, el cual ha tomado la decisión, sino su hijo mayor Hans.

-Lo suponía, nuestros espías tenían razón… Hans todos estos últimos meses, ha planeado del derrocamiento de su padre.

-Pero, ¿por qué lo ha hecho?- preguntó uno de los ministros.

-Sencillamente, porque el rey deseaba de hacer de Lanntz un gobierno constitucional, y no absolutista y monárquico, como lo es ahora.

Los ojos de la princesa Anna se abrieron mucho, y con su rostro totalmente blanco, y con los dedos temblorosos, de a poco se alejó de la puerta, hasta toparse con la muralla. Sus manos temblaban, y sintió una especie de dolor en su pecho… ¿Qué era eso de que su hermano había suplantado a su propio padre?

Siendo así, las puerta de abrió de golpe, y tanto los ministros como la mismísima reina Elsa salieron de la oficina de esta última, se toparon con la choqueada princesa Anna.

-Anna… ¿has escuchado todo?- preguntó preocupada Elsa, que olvidando todo lo del beso con Kristoff , rodeando por los hombros a la muchacha.

-¿Qué le ha sucedido a mi padre?

-Princesa Anna…- uno de los ministros, el más anciano, se adelantó y miró con genuina preocupación a la princesa.-Su padre, el rey de Lanntz, ha muerto por la espada del propio príncipe, ahora nuevo rey de Lanntz, Hans… su hermano.-

-¡Hans no haría eso! ¡Es mi hermano… yo lo conozco!

-Pues al parecer, no lo suficiente, princesa… la noticia llegó al reino esta madruga.

-¿Y… qué pasará conmigo?- dijo la chica, titubeando en el acto.

Las heladas manos de Elsa, se desprendieron de los hombros de Anna, y se irguió por completo. Posó entonces sus ojos azul hielo, un hielo que estaba más reconfortante que nunca, sobre los enrojecidos ojos de la otra joven.

-Yo… bueno, más bien dicho, yo y mi primer ministro, sabíamos algo sobre las ideas de Hnas, debido que hace un par de años, instalamos un par de espías en el reino de Lanntz, alertados por nuestro embajador.

-¿Entonces…?

-Exacto, Anna, la verdadera razón, de por qué te he traído a Arendelle es para protegerte de la revolución, que ahora sufrirá tu pueblo.

-Así que no era por… digo, para…

-Si te refieres, a que te traje aquí para que fueses mi 'concubina' personal, no.

Siendo así, la muchacha aludida se sonrojó de forma poderosa, hasta la raíz del cabello. ¡Por favor! ¡De qué manera se había equivocado! Ahora estaba más avergonzada que nunca, pero toda aquella vergüenza desapareció, al ponerse fríamente en la situación que estaba actualmente viviendo.

-El problema, princesa, es que el ahora rey Hans pide que seas devuelta al reino.

-¿Por qué mi hermano me quiere de vuelta?

-Le ha prometido su mano, a un tal Morgen, aliado sumamente pudiente de su hermano, princesa-

-¿Se refiere, a que me quiere casar?- los ojos espantados de Anna, miraron a todos los presentes.

-Eso es correcto.- dijo finalmente la reina, la cual volvió a adquirir su frialdad actual en sus ojos helados, los mismos que se volvieron a ese toque desde que ella había pillado a Anna besando a Kristoff.

-Pero… yo…

-Lo siento, Anna, pero no es hora de pensar lo que tú quieres, si no lo que al pueblo de Arendell le conviene.- la voz de la muchacha, la reina, sonaba dura, totalmente a la contraria con la cual antes se dirigía a la princesa.

La chica menor bajó la mirada, y de nuevo apareció en su cabeza las situaciones más recientes en su vida, las cuales se habían opacado de forma momentánea debido al asunto de la traición de su ambicioso hermano.

Dicho ya esto, la reina se alejó del pasillo en donde Anna se encontraba, hacia otra zona del inmenso castillo, siempre, por supuesto, acompañada de su comitiva.

-En serio, reina, ¿qué haremos con la princesa? Lo que menos queremos, es que Lanntz nos declare guerra, cuando hace algo de un mes firmamos la paz.

-Tranquilo, Alois, que aún no sabemos cuántos aliados tendrá ese tal Hans.

-¿A qué se refiere, reina?

-Hans no es un aliado de fiar, es demasiado codicioso y ambicioso, como para confiar en él y formar en el acto una alianza, o algún pacto… Si somos rápidos, podremos captar los otros reinos, como por ejemplo esos en los cuales las hermanas de Anna, son las consortes.

-Muy bien pensado, reina.

De esta forma, las siguientes semanas fueron cruciales para restaurar el poder en Lanntz. Hans, y ese tal Morger, hacia y deshacían como querían dentro del pueblo, de aquel reino, lo que provocaba marchas populares contra él. Por suerte, y como Elsa lo había ya previsto, prácticamente nadie quería aliarse con ellos, debido a su dudosa fama.

-Tengo que hacerlo.

-Pero, reina… es peligroso.

-Es más peligroso, que Hans consiga a la gente del reino del Oeste, a que yo me embarque directamente a esas tierras para conseguir yo misma esa alianza.

Los ministros no tuvieron más que aceptar la decisión de la reina, y pronto la noticia invadió todo el palacio, inclusive llegando la noticia al pueblo mismo de Arendelle, y en el acto, hasta a la mismísima Anna.

-Iré con ella.

-¿Habla en serio, princesa Anna?

-Sí, yo… yo… necesito hacer las paces con Elsa.

-Me alegra escuchar eso, princesa.- y Olaf esbozó una sonrisa en su blanco rostro.- Ya se lo he dicho, princesa, lo suyo es amor de verdad… pero, ¿cómo hará para embarcarse con la reina? Ella no querrá que usted esté propensa a dañarse, o algo por el estilo.

-Bueno, esperaba que tú me pudieses a ayudar con eso…

-¿Y cómo yo podría ayudarla?

Una astuta sonrisa apareció en la cara de Anna.

-¿Dónde está Anna?- dijo entonces Elsa, esa fría mañana en la cual se embarcaría hacia el reino del Oeste.

-La princesa aún duerme, majestad.-Dijo Olaf, sonriendo.

-Oh, está bien, no la despierte.-

Si bien, ya había pasado un mes del incidente con Kristoff, Elsa aún no olvidaba, no olvidaba lo que la otra chica había hecho… aún sabiendo, que no le podía exigir nada a ella, puesto que, hablando fría y objetivamente, ellas no tenían ningún tipo de relación oficial, ni mucho menos.

La reina ingresó entonces al inmenso barco, en donde le acompañaría una que otra criada, para arreglarse como una reina debía.

Lo que ella no notó, es que dentro de la servidumbre, y vestida como una simple criada más, se encontraba la propia princesa Anna, la cual ayudada por Olaf, logró colarse entre los criados que acompañarían a Elsa.

-Muy bien, reina, en dos días más, desembarcaremos en el muelle del reino del Oeste.

-Excelente, capitán Gustav. Ya es tarde, así que me retiro… si surge algo en la noche, no dude en enviarme a una criada para avisarme.

-Así lo haré, reina Elsa.

Una vez que salió de la habitación de mando del inmenso barco, la joven se encaminó a sus dependencias, donde seguramente estaría su vieja criada Agnes, la cual el ayudaría a ponerse el camisón, para así acostarse y descansar un poco de una buena vez, de toda esa tormentosa semana.

Elsa se sentó frente al tocador, encontrándose con un rostro algo cansado, con unas ojeras ligeramente marcadas, y un poco más pálida de lo que ya era comúnmente. Suspiró. Desde la muerte de sus padres, hace algo más o menos medio año atrás, habían sucedido más cosas que en décadas bajo el poderío del antiguo rey.

Alguien tocó la puerta, y pensando que se trataba Agnes, la chica dio el permiso para entrar. La muchacha se dio entonces la media vuelta, para así encarar a la supuesta Agnes, pero en vez de ello se encontró con el pecoso rostro de Anna.

-¿Anna?- los ojos de la reina se abrieron mucho, llenos de sorpresa.- ¿Pero qué haces aquí? ¿No que estabas en el palacio en Arendelle, durmiendo en tu habitación?

-Así es, pero… no podían dejarte ir sola, Elsa.

-¿No querías acaso, quedarte mejor con Kristoff?- y la chica enarcó una ceja.

-Kristoff no significa nada para mí.

-No me gustan las mentiras, Anna.

La menor de las dos muchachas, suspiró. ¿Cómo lo haría para disculparse con ella? O más aún, ¿cómo lo haría para que, para que…? Anna se sonrojó un instante, al recrear en su cabeza la última vez que ella y Elsa se besaron.

-Yo… - Anna desvió ligeramente la mirada.- Pensaba que, bueno, yo he sido algo insolente contigo, y creo que eso está mal, considerando que tú me salvaste de la revolución, y bueno…-

-Al grano, Anna.

-¿Empecemos de nuevo?

Elsa miró fijamente la figura de la princesa, la cual tenía un brazo extendido, como para que la otra muchacha estrechase su mano, símbolo de alguna especie de alianza. La reina estrechó los ojos, y aunque dudó, finalmente con su enguantada mano, estrechó la mano de la otra joven.

-Elsa de Arendelle.

-Anna de Lanntz

Sin embargo, Elsa aún no podía olvidar, mas prefería apaciguar su problema con Anna, ya que su cabeza estaba suficientemente liada con eso de las alianzas y los problemas del infame Hans como para ocuparse de un tema meramente hormonal con –precisamente- la princesa de Lanntz.

-Bueno, siendo así, me voy… las habitaciones de la servidumbre está en el primer piso del barco.

-No, Anna, tú dormirás aquí.

-¿C-contigo?- el rostro de la muchacha, enrojeció.

-Por supuesto que no, ya me ha quedado muy claro cuáles son tus intereses.

-¿Entonces…?

-Simplemente, cada una se acurrucará a un lado de la cama y ya, si te parece muy repulsivo puedes acostarte en el piso.- las palabras de Elsa, eran ligeramente crueles, como heridas.

-Elsa, yo…-

-¿Aceptas o no?

-C-claro.

Siendo así, Anna se acostó al extremo de la orilla derecha de la cama, y Elsa hizo lo mismo, pero en la parte izquierda, cada una acurrucada con su propia manta. Las dos muchachas tenían lo ojos muy abiertos, y la una de la otra, podían percibir sus respiraciones.

El corazón de la princesa latía muy a prisa, al punto de que casi llegaba a doler. ¡Tan cerca de ella, pero a la vez tan lejos! Y esto sumado a ese especie de retorcijón en su vientre, la joven se sentía más inquieta que nunca… vamos, que hasta lograba percibir algo del adictivo olor de Elsa.

¡Si tan solo, pudiese retroceder el tiempo, y evitar aquel horrible beso con Kristoff! Pero no, ya había sido así, y había malinterpretado a Elsa en todo los sentidos. ¿Qué hacer ahora, al respecto?

De pronto, Anna pudo percibir que la respiración de la reina comenzaba a ponerse cada vez más lenta y pausada, dando a entender que había caído profundamente dormida. La princesa se irguió, y ladeó su rostro hacia su 'compañía', notando que efectivamente, estaba durmiendo.

La muchacha se llevó su dedo índice a sus labios… ¿Y si...? Al imaginar que podría hacer, rápidamente enrojeció por ya segunda vez en aquella noche.

Se desprendió de sus mantas, se bajó de la cama, y se dirigió hacia el otro extremo de esta misma. Una vez que estuvo al frente de la dormida Elsa, la chica inclinó lentamente la cabeza, y una vez que estuvo a la altura, depositó un beso en los labios helados de la reina.

Y entonces, Anna de Lanntz se propuso a reparar el trisado corazón de hielo, de la temida reina de Allesberg.


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